viernes, 19 de febrero de 2010

Vestigio del Camino Real es el Puente de Tresguerras en Celaya, Gto.

Recuerdo que de niño, cuando íbamos a México, aun no había la red de autopistas actuales, y la más avanzada del país era la México Querétaro, la cual no era de la anchura actual. Querétaro comenzaba luego de la plaza de toros, y desde la carretera se podía ver claramente el cerro de las Campanas y el Acueducto, con eso creo que te darás una idea de cuando es que te hablo. Al pasar por Celaya había algo que me llamaba mucho la atención, un antiguo puente que estaba a un lado de la carretera, en despoblado, se veía grande y destacaban unos grandes pilares al principio y al final del mismo. Ante la obligada pregunta, mi mamá respondió: “ese es el puente de Tresguerras”. Siempre pedí que nos paráramos allí para conocerlo de cerca pero jamás sucedió, ahora, luego de poco más de cuarenta años llegué al límite de la ciudad y caminé hacia él. Es decir, Celaya creció con ganas.


Ahora le tomé mucha más atención que antes, pues no hay parte de la historia de México que no incluya una referencia en donde aparezca el Camino Real de Tierra Adentro, no hay escrito de los “espías”, turistas o inversionistas que visitaban México en el siglo XIX que no lo mencione y, ese puente, diseñado por Tresguerras es, precisamente, uno de los pocos que sobreviven en la actualidad de lo que fuera la espina dorsal del desarrollo carretero de nuestro país. Pero, que triste, en verdad, que triste que esté como otros monumentos: en el olvido. Grafiteado a más no poder y acabándose a pedazos. El puente se inauguró en 1809.


Hace creo que dos años o un poco menos, me enteré de un proyecto que había, bilateral, México-Estados Unidos, y multi estatal en la parte de México, el cual pretendía la recuperación del Camino Real en su totalidad, abarcando desde la ciudad de México hasta Santa Fe en Nuevo México, lugar en donde, por cierto, está cuidado a todo lo largo de su paso por ese estado de la Unión Americana. Aquí en México tengo entendido que es en el estado de Zacatecas donde mejor conservado está, por el rumbo de Sombrerete.


Pues bien, el proyecto sigue adelante. Hay una comisión que está trabajando para que el Camino Real de Tierra Adentro sea rescatado y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, si esto sucede, tendremos mucho que ofrecer en Guanajuato al respecto, solo que debemos diferenciar algo. El de Tierra Adentro es el que llegando a Querétaro continúa a San Miguel Allende, San Felipe, Ocampo y de allí a Ojuelos en Jalisco, etc. Y este de las fotos es el puente levantado sobre el Camino Real, así a secas, pues de Querétaro comenzaba la desviación que continuaba a Apaseo, luego Celaya, Salamanca, Irapuato, Silao, León y terminaba en Santa María de los Lagos.


Creo justo ponernos en acción, mis estimados celayenses, creo que es momento para comenzar a limpiar la zona del puente, recordar que allí se celebraba una tremenda fiesta que por tradición se realizó al menos durante dos siglos y que ahora, el “modernismo” nos la arrancó… todavía hace poco que fui a consultar la Hemeroteca del Sol de Bajío, leí una nota escrita en 1960 en donde decía que se prohibía la venta de bebidas alcohólicas en las fiestas del puente. Si ya se están haciendo los esfuerzos para recuperar y poner en el catálogo del Patrimonio de la Humanidad el Camino Real, será bueno comenzarle a dar su “manita de gato”, seguro estoy que don Francisco Eduardo Tresguerras dará brincos de alegría en el lugar donde esté descansando plácidamente.


Ese es el río de La Laja, baja en dirección norte sur de la Sierra de Guanajuato, aquí lo vemos justo en su paso por el Puente de Tresguerras en Celaya, pocos kilómetros más adelante dobla hacia el oeste, pasa por Cortazar y se une al Lerma en un lugar llamado Las Adjuntas, cercano a Salamanca.

En otro día te compartiré unas fotos de otro puente que aun sigue en pie y que me encontré por allí en una de esas maratónicas caminatas que de vez en cuando me hago por los maravillosos Caminos de Guanajuato, que pasan por tanto pueblo… como lo decía el gran José Alfredo Jiménez.



En esta placa leemos: “La MNYL Ciudad de Celaya, para solo tu beneficio, ha construido este puente pasagero. Año de 1809”. MNYL quiere decir, muy noble y leal.



Esta placa si que es difícil de leer.


A pocos metros de distancia del Puente de Tresguerras se levanta este que es el más novedoso monumento que se levantó en Celaya, está dedicado a Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, esto es debido a que esta imagen religiosa es la parte central del escudo de armas de la Ciudad.





jueves, 18 de febrero de 2010

Una de las tantas fiestas en San Juan de la Vega, municipio de Celaya, Guanajuato

Yo no me ando (por si no te has dado cuenta) con la cosa de que los mexicanos somos muy alegres y fiesteros. Es decir, no hago el comentario como habitualmente se hace y enfocado al consumismo, yo más bien me voy por otro rumbo que es ligeramente más profundo, el cual es que si tenemos el gusto por la fiesta es porque en México, por un lado tenemos la tradición antigua de los diez y ocho meses de veinte días cada uno que el calendario azteca marcaba como fiestas religiosas.


Y si a eso le agregamos que a la llegada de los españoles y la imposición del Catolicismo, con todo su boato y gigantesco calendario de celebraciones… ¿Qué obtenemos por resultado?, pues un pueblo que no concibe la vida si no está festejando una u otra cosa. Así pensando eso llegué a una que fue hacienda, congregación, rancho, pueblo y ahora comunidad, la más grande en Celaya, luego de la cabecera municipal, que se llama San Juan de la Vega.


La visita fue hace poco más de un mes, el tercer domingo de enero para ser precisos, yo iba con la intención de ver si sobrevivía allí la tradición de la bendición de los animales domésticos que por ser el día de San Antonio Abad se celebra… corrijo, se celebraba en las zonas rurales del Bajío y me topé con que no había tal festividad, en cambio si había la de la Virgen de Guadalupe, desfasada, pues, para ellos diciembre tiene tantas fiestas que mejor optaron por hacer su festejo el tercer domingo de enero.


Esa tradición, ya no en papel, ahora en plástico, de adornar las calles es, desde mi óptica, fantástica, le da una ambientación muy especial al pueblo. Eso de cerrar calles y poner vendimias también. Aquí en San Juan de la Vega aprendí una cosa: que el chile ahora se sirve de acuerdo al gusto de cada quien y que viene ya preparado en la medida de S-M-L o Chico, Mediano y Grande, es decir, pica poco, pica o pica mucho. Tal y como lo ves en la foto, tres bolsitas que incluso el color te advierte de la ferocidad del chile, cada quién se castiga a su gusto. Por cierto, esto no te lo he advertido, en los pueblos y ranchos del Bajío ten mucho cuidado cuando pidas cualquier cosa que tenga chile, cuando te dicen ¿de cuál? No se te ocurra pedir del que pica, lo digo, porque al principio me tocó devolver elotes, fruta y garbanzos, pues eran incomibles por lo picoso del chile.


Algo característico tiene este lugar y si, adivinaste, es una fiesta. La fiesta a la que llegué por casualidad, fue la de la Virgen de Guadalupe, eso fue en enero; pero, apenas hace dos días, el martes de Carnaval, se celebró su fiesta patronal, la cual es una mezcla un tanto cuanto extraña, pues el San Juan de la Vega no es ni San Juan Bautista, ni San Juan Evangelista, es un santo local que no es santo en verdad, sino más bien un héroe de leyenda, el típico Robin Hood, aquel que robaba a los ricos para darle a los pobres y se dice que en ese lugar, hace algunos siglos, (dos tal vez) hubo un tal Juan Vega que a eso se dedicaba, a saquear haciendas y asaltar caminos pero en buena lid, pues el botín era para ayudar a los pobres.


Entonces, la festividad del pasado martes de carnaval (que no es el retratado) incluyó procesión, vendimia, seguramente bailongo, y la quema de cientos de cuetes, palomas, petardos, como les dicen ahora, solo que con tal intensidad que uno de los asistentes acabó mutilado. Eso no lo vi, lo leí en el periódico de Celaya. El santo, a final de cuentas es San Juan Bautista, me refiero al oficial. Y esta fiesta, muy al modo de las carnestolendas, es eso, festiva, adjudicada a uno que no es santo que es leyenda y que sirve como pretexto para celebrar en algo que el idioma francés lo describe atinadamente: Joie de vivre, el gusto por vivir, la alegría de vivir. Cosa que ahora, más que nunca, nos hace falta en México. (Sin olvidar que trabajar es fundamental para que lo otro se de por consecuencia).




Leo en una edición del Sol del Bajío (13 septiembre, 2009) que “la tradición oral indica que la comunidad de San Juan de la Vega nace en 1558, pues existe uanreferencia de qque su fundación fue apropximadamente 12 años anterior a la de Celaya (1570). La fundación de San Juan de la Vega coincidió con un martes de carnaval y la imagen del Santo Patrono, san Juan Bautista, existe desde entonces, resguardada por religiosos franciscanos y por el párroco encargado que residía en Santacruz de Comonfort. Entre narraciones que han pasado de generación en generación, se cuenta que Juan Aquino de la Vega era un rico minero de Guanajuato que participó significativamente en su fundación, acompañado por el conde de Jaral de Berrio, colocó una cruz como representación de la primera piedra, cinco metros al oriente y la misma distancia al occidente e la iglesia”. Cabrá solo corregir el titulo, no es conde, sino marqués de Jaral de Berrio.




Para concluir esta rápida visita a San Juan de la Vega, comprobamos en el puente que aquí también hay historia. San Juan es una comunidad, dicen por ahí, más antigua que la propia ciudad de Celaya. Y lo que vemos aquí primero entre los puestos de la feria y luego en acercamiento, es la placa del siglo XVIII que recuerda la devoción Mariana del lugar.



Y mira lo que paso por acá… ahorita tenemos encima al frente frío treinta y tantos, hace dos semanas el otro frente dejó sus estragos terribles, se dice que trajo tanto como la que habitualmente cae en un periodo normal de 7 meses, y la que pasó hace un mes nos dejó casi nieve, bueno, para mi era eso, se que es granizo, pero luego de vivir tantos años en la playa, una granizada la sentí como una invernal tormenta, por acá en los trópicos. Recuerdo a un buen amigo de Mérida que me enseñó lo que quería decir la frase “Such is life in the tropics…” y pues, sí, así es la vida por los trópicos.





miércoles, 17 de febrero de 2010

De la Hacienda de la Labor al Ejido de la Labor en Apaseo el Grande, Guanajuato.

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Ayer nos sorprendimos con la magnificencia de la hacienda de La Labor, bueno, al menos a mí me sucedió cuando llegué a ella, me quedé con las ganas de pasear por su interior, en buena medida, me recordó la grandiosidad de la hacienda de Jaral de Berrio en donde pude constatar los excepcionales trabajos del decorado de sus habitaciones y pasillos, no dudo que aquí en la Labor sea algo similar, o, aun mejor.

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La Revolución, esa de la que celebraremos en unos meses mas su Centenario, fue la estocada final para lograr la desaparición de ésta y muchas más haciendas a lo largo y ancho del Bajío, una vez terminado el conflicto revolucionario y más aun, terminada la Cristiada y instalación del Sinarquismo, lo que fueron espléndidas haciendas se volvieron ejidos.

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Hay algo que no me gusta nada, lo he visto casi en todas las haciendas, que no las han respetado. Entiendo todo lo social que hay en el trasfondo del reparto de tierras, de la necesidad de un espacio donde vivir, pero, si dejaran unos metros y no construyeran sobre las paredes exteriores de las magníficas haciendas, pensando que algún día habrá fuertes inversiones y se volverán espléndidos sitios para el descanso, el reposo, la fiesta, en fin…. Teniendo como ejemplo lo sucedido en Yucatán con sus haciendas henequeneras que fueron muchas de ellas recuperadas y dignificadas. Soñar no cuesta nada, lo se.

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Llegar a La Labor es de lo más fácil, seguramente habrás pasado por la autopista Querétaro-Irapuato o, en todo caso por la Carretera Panamericana, la 45, la que va de Ciudad Juárez hasta Tapachula, pues bien, es precisamente en la intersección de estas dos vías que se ubica La Labor, solo que, como todos van a más de 100, no se dan cuenta de que, yendo de Celaya a Querétaro, volteando a la derecha en lo que es el puente que comunica a Apaseo el Grande, es allí donde encontramos la magnífica Hacienda de La Labor.

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Ejido, comunidad, rancho, llámale como quieras, la vida de La Labor es vida de campo, lo puedes ver en las fotos, los espléndidos campos ya sembrados, ahora si me disculpas pero no identifiqué lo que estaba sembrado, pero cerca hay mucha jícama y zanahoria, nos e si sea el caso de aquí. Puedes ver las vacas, chivos, gallinas, en fin, todo lo que implica la vida de campo.

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Encontramos el Cortijo, que era pare de la hacienda, pero ahora con bardas de ladrillo y seccionado, como quiera, respetaron su redondel, lo siguen usando, ya no para lo que fueron creados los cortijos sino para que las vacas sigan rumiando y produzcan abundante leche.

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Las fotos del frente no salieron del todo buenas pues me tocaron dos cosas, que llegué ya cuando estaba atardeciendo y la pared norte, que es el acceso principal no tenía la luz adecuada, la otra, creo lo notaste, que estaba instalado uno de esos circos que recorren todos y cada uno de los ranchos del estado, pero tuve la fortuna de encontrar en el libro de don Isaura Rionda, unas fotos tomadas por el Señor Rafael Doniz, que fue quién hizo todo el trabajo fotográfico del mencionado libro Haciendas de Guanajuato de Ediciones la Rana, 1992.

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Las quiero compartir contigo, no sin antes comentar a Ediciones la Rana, que estoy dando el crédito fotográfico, pero que si esto no está permitido, que me lo mencionen para sacarlas del blog, lo que menos pretendo es dañar los derechos de autor de alguien….ya he visto fotos mías circulando por ahí y se que no es nada agradable cuando no se da el crédito correspondiente.






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Ahora que veo la placa con atención, me doy cuenta de que estuve dos días después de la fiesta, razón por la cual estaba el circo y en este altar había mucho decorado, pues dice la placa que se levantó el 12 de enero de 1900.


Y así fue, el ayer y el ahora de la Hacienda de La Labor, que nos sirve como ejemplo para saber lo que fue y lo que es esta riqueza histórica tan abundante pero, lamentablemente, en vías de extinción, he visto censos levantados antes del 1900 en donde da cuenta del número de haciendas que había. Considerando que en ese entonces la vida de México era 80% rural y 10% urbana y que ahora es abreves…. Podremos predecir el futuro con facilidad.