domingo, 27 de agosto de 2017

Disertación sobre la granada: El fruto su presencia y simbología

   Es finales de agosto y la granada comienza a aparecer en abundancia por todos lados, especialmente en los mercados de esta parte de México y, supongo por Puebla y, en general por todo el centro del país. El emblemático rojo "grana" dominará por varias semanas, eso me hace recordar los muchos símbolos que encierra.

 Granada, grana, granate... todo nos conduce al color rojo, rojo intenso. Y el nombre nos conduce a la península ibérica, ya que allá había el Reino de Granada, el último en integrar lo que propiamente se denominó España, razón por la cual aparece dentro del escudo de ese reino, el cual vemos ahora.

   Y la granada, el fruto, tiene un fuerte simbolismo católico, lo vemos dentro del rebuscado adorno de las fachadas barrocas, como es el caso de la Parroquia Antigua de Salamanca, Guanajuato, en donde aparece esa fruta continuamente. El que se incluya a la par de los racimos de uva nos indican de la importancia de su simbolismo, en el caso de la granada, esto es debido a que, desde antaño, significa amor, en este caso el amor de Dios.

 "El nombre del género “Punica”, viene de la cultura fenicia o púnica, grandes mercaderes de la antigüedad que introdujeron el árbol del granado y sus frutos desde Fenicia a Roma. El nombre de la especie “granatum” significa fruto lleno de granos,  su introducción y cultivo por los árabes en  al-Ándalus dio nombre a la bella ciudad de Granada, convirtiéndose en símbolo del reino de granada". Los grandes pintores del renacimiento, en este caso Boticelli, incluyeron la granada dentro de sus obras, siempre asociadas al amor. Para ver más, entra aquí.

  En la noche de los tiempos se pierde la idea de asociar a la granada con la abundancia, la fecundidad y, por consecuencia, el amor, eso lo puedes ver aquí. Y por estos lados de la tierra, en el llamado Nuevo Mundo, hubo una zona, que ahora conocemos por Colombia, que luego de su descubrimiento (no sé si por allá hubo conquista) se le llamó como Reino de la Nueva Granada, razón por la cual el fruto está integrado a su escudo.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Diccionario de Autoridades - Tomo IV (1734)

GRANADA. s. f. Fruta bien conocida, que tiene la cáscara mui dura y de color pardillo, y en la parte contrapuesta al pezón cierta coronilla, formada de la misma corteza. Está toda llena de granos colorados, divididos a quarterones, con unas túnicas blancas mui sutíles. Hállanse tres diferentes especies, unas dulces, otras ágrias, y otras compuestas de ágrio y dulce. Llamose Granada por estar llena de granos. 

  En el clasicismo griego encontramos a Perséfone, o Proserpina en la mitología romana, a la granada asociada a este personaje que representa el mito de la Primavera, es decir, de la resurrección, y la fidelidad del matrimonio. "Preocupado, Júpiter envió a Mercurio para que mandara a Plutón que liberase a Proserpina. Éste obedeció, pero antes de dejarla ir le hizo comer seis semillas de granada (un símbolo de fidelidad en el matrimonio), de forma que tuviese que vivir seis meses al año con él, pudiendo permanecer el resto con su madre. Pues es esta la razón de la primavera: cuando Proserpina vuelve con su madre, Ceres decora la tierra con flores de bienvenida, pero cuando en el otoño vuelve al Hades, la naturaleza pierde sus colores" (Wikipedia).






sábado, 26 de agosto de 2017

Antes y ahora: El Santuario de Guadalupe en Zamora, Mich.

Zamora, Michoacán, 1914. Colocada la primera piedra el 2 de febrero de 1898, se planeaba erigir una nueva catedral para la diócesis de Zamora, los trabajos se suspendieron diez y seis años después debido a la Revolución, permaneció en el abandono por varias décadas.

Zamora, Michoacán 2017. Fu en 1988 que el proyecto se retomó, siendo inaugurado el recito el 12 de diciembre de 2008, declarado Santuario Guadalupano diocesano. Su estilo es de tipo neogótico.

viernes, 25 de agosto de 2017

El Baile de Palacio: Reminiscencias de otros bailes del porfiriato

   Quien, Caras, Hola, amén de las secciones especializadas de los principales periódicos de circulación nacional son, actualmente, los grandes escaparates para mostrar a la alta sociedad de México. Eventos de todo tipo vemos allí, especialmente bodas, cenas, galas para recaudar fondos, el lanzamiento de algún producto... el desfile de personalidades es deslumbrante, pensamos los gastos en que se incurre para la organización de un evento de tal magnitud y, cuando volteamos a ver la historia, aparecen por ahí eventos de semejante (o más) glamour, boato y elegancia. Esta vez tenemos varios casos:

 Con motivo del último baile dado en el Palacio Nacional por el Señor Presidente de la República á nuestros dignos huéspedes los Señores Delegados á la Segunda Conferencia Internacional Americana, no hemos podido menos que traer á la memoria el recuerdo de otros bailes, tan faustosos y elegantes como del último de que hablaremos á su tiempo, dados, el uno, en honor del Señor Presidente de la República la noche del 16 de Enero de 1897 en  la Escuela Nacional de Minería, y el otro como un obsequio de Año Nuevo á la Señora Doña Catalina Cuevas de Escandón, en la quinta de los esposos de la Torre, en Tacubaya, la noche del 1° de Enero de 1898.

  Antójasenos recordar algo del adorno del gran patio de Minería, convertido en gran salón de baile: el pavimento quedó alfombrado de yute rojo: en los arcos se veían cortinajes de peluche guinda y azul pavo, recogidos con pliegues graciosos.   En los corredores había multitud de plantas y flores, unas en grandes macetas bronceadas y otras en macetas blancas, y por entre sus hojas y flores centelleaban los rayos de la luz eléctrica. Más de doscientos focos de arco y millares de lámparas incandescentes, resaltaban entre las hojas de las verdes palmeras, dándoles un tinte especial que las hacía aparecer más frescas y lozanas. Lunas biseladas, con marcos de rosas, reproducían dos lados del salón, en el arco del frente y en el opuesto, aquel mar de luces, de plantas y de flores, y las bellas figuras de las damas, que ataviadas con gasas de seda, raso y terciopelo, se les veía girar rítmicamente á los voluptuosos acordes de los valses y de las polkas. Las columnas, en lo que formaba el salón, desaparecían literalmente bajo las palmas y otra multitud de plantas que las cubrían. Artísticos bullones de gasa blanca, verde y de otros matices; cubrían las bóvedas de la escalera. Los corredores de la planta alta, tapizados de seda azul, finísima, con adornos de plantas y flores, formaban serves y festones: anchos cortinajes pendían de los arcos, siendo de color raso naranjado el del Poniente, blanco el del Sur, verde el Oriente y amarillo el del Norte.

  A este baile concurrieron más de mil quinientos invitados. La orquesta, compuesta de cincuenta y ocho profesores de los de más nombradía, estuvo dirigida por el violinista D. Pablo Sánchez. Las toilettes de las damas eran espléndidas; el buffet y el entusiasmo y la alegría de esa noche, dejaron grato recuerdo en todos los asistentes, y como prueba de ello, diremos para concluir esta reminiscencia histórica, que el Señor General Díaz y su distinguida consorte se retiraron á las tres de la mañana. 


  En cuanto á la fiesta con que los esposos de la Torre obsequiaron á la distinguida Señora Doña Catalina Cuevas de Escandón, como dijimos ya en un principio, fue una de aquellas que marcan época por su suntuosidad y por la escogidísima concurrencia que fue invitada al aristocrático baile. La quinta del Señor de la Torre, que por sí sola es una maravilla de arte, de elegancia y de buen gusto, se convirtió en aquella noche del 1° de Enero de 1898, en una verdadera mansión de hadas, en algo feérico y extraordinario.

  Uno de los principales adornos consistía en luces eléctricas brotando de cálices de seda, guirnaldas de flores y follaje decorativo; mármoles por doquier, jarrones del Japón, grandes vasos artísticos con palmeras, y allá en el fondo de una gruta, bajo una escalera, la orquesta, que dirigió en esa noche el señor profesor Vega. Los muros cubiertos de tapicerías de hermosos Gobelinos, representando escenas de caza. Una vez traspuesto el dintel de la puerta de cristales, se entraba al salón de honor tapizado de rojo con brocados blancos; muebles y cortinajes del mismo color; espejos en marcos de madera tallada; jarrones, obras de arte como en una galería italiana, y profusión de flores que le hacían á uno creer que se encontraba en algún jardín encantado de las Mil y una Noches. Este salón, que hemos llamado de honor, y el principal, comunicaban con otros tres que contenían, lo mismo que el primero, espléndidos muebles que sería imposible describir aquí. Pinturas originales de autores célebres y otras réplicas ó copias, pero copias magníficas; bronces de figuras desnudas, jarrones y bibelots de todas clases y condiciones y de todos los países.

  Los caballeros vistieron para ese baile la casaca roja, y nuestras damas, que siempre saben ataviarse con grande elegancia y propiedad, parecía que en aquella noche se habían esmerado en gusto y en la elección de sus magníficos trajes, así como en el lucimiento de joyas de gran valor. Los caballeros, como ya dijimos más antes, vestían en su mayoría casaca roja y pantalón rojo: algunas personas serias, frac negro, y unos cuantos, frac azul. Diremos, para concluir, porque esto no es más que una reminiscencia de aquel suntuoso baile, que el comedor fue la maravilla más grande del adorno, y á él vamos á dedicar unas cuantas líneas solamente.

  Un inmenso patio quedó convertido en una caprichosa galería; el techo, imitando un gran encaje, cuyas orlas caían sobre las cornisas, y del centro parecía desprenderse una Diosa rodeada de amorcillos, es decir, de niños desnudos que vertían flores: aquello no parecía una pintura; el efecto era mágico, teatral, permítasenos la frase, pero exacto y verdadero. De trecho en trecho, columnas aéreas como de filigrana, sosteniendo el escudo de armas de la casa: dos leones rampantes á los lados de una torre almenada. En este sitio de hadas, se sirvió la cena. 

  Y ahora veamos al baile de Palacio, motivo de esta digresión, que esperamos nos perdonarán nuestros lectores de la Crónica Social. Nuestros colegas de la capital dieron á conocer ya, urbi el orbi, todas las bellezas que contenían los salones de la mansión del Ejecutivo la noche del 4 de Enero de 1902.

  El adorno en todos los departamentos era una notabilidad: en unos se marcaba esa sencillez de buen gusto y tan propia en un Palacio Nacional; en otros se notaba una severidad regia, y el salón principal de que tanto y tanto se ha hablado, y en verdad con toda justicia, quedó convertido en una gruta encantadora, bella por su originalidad v espléndida por su decorado. Desde antes de entrar, la fachada del Palacio pregonaba la hermosa fiesta por su radiante iluminación á giorno. Una valla formada de gendarmes, marcaba el paso de los carruajes. La entrada de éstos estaba señalada por la puerta del centro, á excepción de los que llevaron á los Señores General Díaz y Embajador Clayton, los cuales penetraron por la Puerta de Honor.

  Los coches llegaban hasta el arco que queda junto á la escalera que conduce á la Presidencia, al pie de la cual se formó un salón con tela rosa y adornado con plantas. Las escaleras estaban tapizadas de alfombra rosa y pasillos rojos. En cada descanso se admiraba un adorno de plantas perfectamente combinadas y grandes jarrones de mármol.

  El primer departamento estaba destinado á guarda-ropa; seguíale un salón de descanso y al fondo quedaba una toilette de señoras, cubiertos los muros por lienzos azul y blanco y cuajado de tocadores con maniqueas lunas, y conteniendo sobre los mármoles exquisitos perfumes y flores para que los usaran las damas y señoritas. El primer salón de baile estaba adornado con haces de follaje y flores delicadas, que cubrían los muros y los espejos, metidos en marcos de peluche rojo y molduras doradas. El mobiliario era de ricos sitiales tapizados de rojo, y el pavimento estaba cubierto por lona blanca. Todos los demás departamentos de la Presidencia lucían sus espléndidos mobiliarios y una iluminación que, á veces, fatigaba la vista.

  El Salón Amarillo se destacaba de entre los otros salones como una maravilla de arte, ya por su decorado habitual, cuanto por la iluminación que en esa noche hacía apreciar el menor de sus detalles, desde los suntuosos artesonados hasta los portiers de sus balcones y los ricos visillos de sus vidrieras. Espléndidas lámparas de metal, de las que brotaban por todas partes rayos incandescentes, daban luz á este salón. Grandes sofás primorosamente tallados y una elegante sillería austriaca, formaban el mobiliario. Allá, en el fondo, sobre vistosa mesita de mosaico de colores, se alzaba una gran luna, y á los extremos de la mesita, se destacaban dos magníficos bronces que sostenían varios focos de luz y representaban, el uno, el Arte, y el otro, la Ciencia.

  El salón que representaba la gruta, era más para visto que para descrito; porque admirándolo, se estimaban todos los efectos combinados, que dieron por resultado aquella maravillosa gruta. Servía de fondo un lienzo verde obscuro, sobre el cual se colocaron armazones de madera pintados de verde y que desaparecían al ser cubiertos por un tupido revestimiento de flores artificiales de las más escogidas. La ilusión era completa, pues se necesitaba hacer uso del tacto para convencerse de que aquellas flores eran artificiales. En el fondo de esta gruta y en plataforma invisible, se colocó la Banda de Artillería, bajo la dirección del Capitán Pacheco, tocando piezas á propósito para los que se entregaban á las delicias de Terpsícore.

  Minutos después de las diez de la noche, comenzaron á llegar los numerosos invitados. El Señor General Díaz y su distinguida esposa Doña Carmen Romero Rubio, en pie, á las puertas del Salón Amarillo, hacían los honores á sus invitados, teniendo para todos y cada uno de ellos amables frases de bienvenida. El Introductor de Ministros, ayudado por un Secretario de Legación, recibía al Cuerpo Diplomático acreditado cerca de nuestro Gobierno, y á los Señores Delegados á la Conferencia. Las once y media de la noche habían sonado en el reloj de Palacio, y aún llegaban familias y personas invitadas al espléndido baile. A las doce, los salones estaban literalmente henchidos: se caminaba con dificultad para no chiffonner los trajes de las señoras.

  Y ya que hemos hecho reminiscencia de los bailes de Minería y del ofrecido por el Señor Ignacio de la Torre, justamente para parangonarlos con el de que nos ocupamos ahora, diremos que éste superó á aquéllos en la numerosa concurrencia, que pasaba de dos mil personas, y en que estaban representadas allí, tanto por el Cuerpo Diplomático, como por los Delegados á la Conferencia Internacional, en cuyo honor se dio esta fiesta, todas las Naciones del mundo: fue superior moralmente, en que los otros bailes fueron, el uno, dado en honor del Señor Presidente, y el otro, en honor de una de nuestras damas más distinguidas de la sociedad mexicana, mientras que el que estamos describiendo, revestía carácter oficial y era debido por el Señor General Díaz á los honorables miembros que representaban á todo el Continente Americano.

  Las damas y señoritas que concurrieron á este baile, se esmeraron á porfía en sus toilettes, de irreprochable gusto y de magnífico corte, luciendo, las primeras, joyas de gran valor y trajes lujosísimos. Meternos á describir los trajes de unas cuantas señoras y señoritas, sería cosa impropia é infructuosa, y á la vez sumamente raquítica, pues nunca podríamos pasar de dar una mezquina idea al hablar de las más elegantes y de las más bien alhajadas, cuando allí se contaban por millares. Nuestros grabados dan una idea vaga de los espléndidos salones. Lo más granado, lo más selecto de nuestra sociedad, y lo escogido y distinguido de otros países, estaba allí representado por el Cuerpo Diplomático y por los Señores Delegados, que á su carácter unían el de Enviados Extraordinarios y Ministros, etc., vestían de gran uniforme. Los señores Generales, Jefes y Oficiales que forman la guarnición de esta Capital, vestían como era consiguiente, también de uniforme.

  Vimos á todos los Señores Secretarios de Estado y sus familias, á los más altos funcionarios de los Poderes Judicial y Legislativo, y lo más distinguido del comercio, de la Banca, de la industria y de las colonias extranjeras. La orquesta estuvo dirigida por el hábil profesor Don Arturo Rocha, y entre otras piezas nuevas y de mérito que se tocaron en esa noche, citaremos unas cuantas: 

WALZER Myosotis, Diana Chasseresse, Marie Louise, Rose ét Margueritte. Flots de Joie, Mon Réve, Hommage aux Dames, Jeunesse dorée, Folie Ivresse, Nid d'amour, de Waldtenfel.
QUADRILLE Vino, mujer y canto, Strauss. "Der Bettelstudent," Millocker." Viccadmiral," "Carmen, " Bizet." Le Jardin de Paris," Mabille.”
DANZAS Villanueva, Rocha y Pomar.
TWO-STEPS Tic-Tac-Toc, L. Tocaben. Princesse Yorke, Lewis-American Beauty, Laurendan.

  Después de la media noche, los invitados comenzaron á invadir el buffet, precedidos por las personas de mayor categoría y respetabilidad, las cuales ocuparon, como era debido, la mesa de honor. Esta estuvo irreprochablemente organizada según las instrucciones del Sr. Lic. D. Ignacio Mariscal, Ministro de Relaciones Exteriores.

  Damos á continuación una pequeña lista de las personas que podemos recordar de entre aquella multitud de selectos invitados: Señor Mariscal y señora, señor Ivés Liinantour y señorita Teresa Limantour, señor González Cosío y señora, señor Leandro Fernández y señora. señor Reyes y señora, señor General Mena, señor Embajador Clayton y señora, señor Ministro de Francia y señora, señor Ministro de Bélgica, señor Ministro inglés, señor Senador Davis y familia, señor Foster y familia, señor Bello Codecido y señora, señor Leger, señora é hija; señor Elmore y familia, señor Alvarez Calderón y familia, señor Doctor Reyes y señora, señor Lic. Joaquín D. Casasús y señora, señor General Rafael Reyes é hijo, familia Buch, General Pedro Rincón Gallardo y familia, señor Francisco Fortuño y señora, señor González Misa y señora, señor Ministro del Japón, señor Roberto Núñez y señora, señor Lic. José Algara, Subsecretario de Relaciones; señor Lic. Guillermo Obregón, señor Dr. Juan Ramírez Arellano y señora, señor Walker Martínez, señor Dr. Bermejo, señor Lic. Lazo Arriaga, señor Lic. Guachalla, señor Procurador de Justicia y señora, señor Magistrado Horcasitas, señora é hija; señor Lic. Justo Sierra y señora, señor Lic. Joaquín Baranda, señor Honnorat y señora, señor Diener, señor Raigosa v señora, señor Julio Limantour y señora, señor Lic. Ramos Pedrueza y señora, señores Generales Arce, Hurtado, Huerta, Rascón y Pérez; Coroneles Quintas Arroyo, Beltrán, Iberri, Blázquez, Campuzano y otros muchos; señor Ingeniero Santiago Méndez y señora, señor Ingeniero Díaz Lombardo, señor Roberto Gayol y familia, señor Adolfo Díaz Rugama, señor Senador Francisco Azpe, señor Lic. Julio Guerrero, señor Lic. Manuel Mercado, señor Juez Uriarte, señor Ricardo Otero, Generales Ruiz y Carbdleda, Balbino Dávalos y señora, Francisco Búlnes y familia, Lic. Victoriano Agüeros, Lic. Sepúlveda y señora, Gabriel Mancera y familia, Emilio Pardo jr. y señora, Lic. Rosendo Pineda, Ignacio Pombo, Ramos /Vrizpe, Lic. González Suárez y señora. Kosidowsxv y señora. Dr. de Garuy y señora, Lic. Rafael Dondé, Lic. Pablo Macedo. General Pradillo é hija, Coronel Rodrigo Valdés y señora, José Sánchez R imas, Santacilia y señora, Lauro Obregón y señora, Gobernador Corral, Landa y Escandón v familia, Javier Algara y familia, Dr. Galaviz y señora, Dr. Fernando López y señora.

  El baile se prolongó hasta que el horizonte comenzó á colorearse con esas primeras ráfagas que produce el sol naciente.

  El entusiasmo en las parejas bailadoras no decayó ni por un momento, especialmente entre las que formaban el elemento joven, y cuando ya fue preciso abandonar el Palacio, del que ya se habían retirado muchas personas serias, oímos decir á varias señoritas cuchicheando entre sí: «¡Ay! qué temprano amanece cuando éramos tan felices bailando!»  

Fuente:

Morales, Vicente y Rosales, José María. Crónica Social. 2ª Conferencia PanAmericana. Laso y Compañía. México, 1902. pp. 333-338

jueves, 24 de agosto de 2017

Antes y ahora: El cableado aéreo

 México, 1920.- Primero hizo su aparición el telégrafo, pero ese cableado iba a la par del tendido férreo, que pasaba fuera de las poblaciones. Luego vendría el teléfono, hubo la necesidad de instalar cables al por mayor, más aún cuando entra una segunda empresa a dar el servicio: la Ericsson. Luego la luz eléctrica y los postes con sus respectivos cables llenaron cada calle de las principales poblaciones del país.

México, 2017.- A todo agreguemos el servicio de TV por cable y las ciudades se han vuelto complicadas redes que siendo tan comunes, ya ni les hacemos caso. A pesar del crecimiento de la telefonía celular.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Antes y ahora. La frontera México-Estados Unidos en Nogales

Nogales, Sonora. 1905.- Luego de que el Gobierno Mexicano mandara colocar la mojonera que marca el territorio de México a lo largo de su frontera norte, la que corresponde a la ciudad de Nogales quedó justo en la banqueta de Nogales, Arizona.


Nogales, Son.-AZ. 2017.- Ahora, claro está, hay una barda que divide uno y otro lado.

martes, 22 de agosto de 2017

Antes y ahora. Esquina Madero y Eje Central, CDMX

 Ciudad de México, 1895. La esquina de Plateros que se había llamado Primera de San Francisco con la calle de San Juan de Letrán no era ya, como en tiempos novohispanos, el límite de la ciudad y ya había sufrido un cambio desde mediados del siglo XIX cuando fue derribado el Convento "Grande" de San Francisco. Se levantaba un estupendo edificio con mansarda y otros elementos propios de la arquitectura francesa tan replicados en México.

 CDMX, 2017.- Ya desde 1950 la fisonomía de esa esquina comenzaba a cambiar, se levantaría en la Calle Madero con San Juan de Letrán el edificio que conocemos como la Latino, es decir, la Torre Latinoamericana. Al poco la calle cambia de nombre a Lázaro Cárdenas, para luego ser designada como Eje Central. La calle Madero pasará a ser Peatonal Madero.

lunes, 21 de agosto de 2017

1901: Un baile en el Jockey Club de la Ciudad de México

   El Jockey Club era, al finalizar el siglo XIX y durante la primera década del siglo XX, el lugar de reunión de la alta sociedad de la Ciudad de México, seguramente tú has estado en sus instalaciones, se trata de lo que hoy conocemos como Casa de los Azulejos, sede del Samborn’s. Quizá has comido unas enchiladas suizas en el salón principal, mismo que fue el lugar en el que hubo estupendos bailes, como este que, por suerte, fue descrito cabalmente en una crónica no de página social del Mundo Ilustrado, sino dentro de la memoria del Segundo Congreso PanAmericano realizado en noviembre de 1901.

   “El Jockey Club es el centro en donde se reúne la sociedad selecta de la ciudad de México, el más aristocrático de los clubs y de los casinos. Un verdadero palacio es el edificio en que se halla establecido; levántase éste en la mejor avenida de la Metrópoli; su Mesa Directiva la forman personas caracterizadas, encumbrados personajes en la política y en la banca. Cuando el Jockey Club anuncia una fiesta en sus elegantes salones, la noticia es recibida como el acontecimiento que deja gratísimos é imperecederos recuerdos, y en las familias de la crema social, produce el mayor entusiasmo.

  Con motivo de la estancia de los Señores Delegados á la Segunda Conferencia Pan-Americana, los caballeros que forman el Jockey Club, deseosos de agasajarlos, organizaron un baile en honor de aquéllos y de sus familias, para el cual hicieron grandes preparativos, poniendo en juego los cuantiosos elementos de que disponen. La fiesta se ofrecía lucida, pero resultó brillante en extremo, digna de la magnificencia de los que la organizaron, y digna también de las conspicuas personas á quienes fue ofrecida.

  Las invitaciones, grabadas en finas esquelas, llevaban el emblema del Club, siendo suscritas por el señor General D. Francisco Z. Mena y por el señor D. Genaro Raigosa, Presidente y Secretario, respectivamente; y aunque muy limitadas, fueron distribuidas con tal esmero y acierto, que una concurrencia escogidísima se vio reunida la noche del gran baile, efectuado el 30 de Noviembre de 1901.

  El edificio que ocupa el Jockey Club es conocido generalmente con el nombre de El Palacio de Azulejos; presentaba un aspecto semejante al de los palacios encantados de que nos hablan Las Mil y una Noches. El patio estaba cubierto por una vela, y en el pavimento se colocó una rica alfombra. En el centro se veía un parterre de musgo y heno, con multitud de flores delicadas y numerosos focos incandescentes de colores. La base de todos los pilares fue cubierta por paniers de flores, y alrededor de las columnas corrían guirnaldas de flores también, que ocultaban entre sus tallos foquitos incandescentes. Los capiteles igualmente se hallaban cubiertos con flores artísticamente combinadas y mezcladas con focos de luz. La fuente que está á la izquierda del patio y que es una joya de arquitectura, lucía muy bonito adorno de flores y focos de luz. En la balaustrada, al Norte del patio, se colocó un escudo formado con las banderas de todos los países de América, entrelazadas con listones de seda de los colores nacionales de México.

  El pasadizo que conduce al segundo patio, tenía á uno y otro lado numerosas plantas tropicales, entre cuyas hojas lucían focos eléctricos de pequeño tamaño: al fondo destacábase una estatua de bronce, representando á la América sosteniendo un haz de doscientos focos incandescentes. De uno á otro ángulo del patio corrían en sentido diagonal, dos hilos de focos á la altura de la vela, y otros muchísimos se habían instalado en la cornisa y en otras líneas de la arquitectura, con lo que la claridad era semejante á la del día. A un lado de la escalera principal se formó una gruta de plantas tropicales, y entre las hojas se veían también focos de colores. La balaustrada de la escalera estaba toda cubierta de flores delicadas y en los descansos se colocaron estatuas de bronce, que sostenían candelabros cargados de focos. El adorno tenía la particularidad de estar amoldado al orden arquitectónico del hermoso vestíbulo, haciendo resaltar su belleza. Concluida tan ligera descripción del principal ornato, vamos á ocuparnos de la distribución de los departamentos.

   En el entresuelo se dispuso el guarda-ropa para caballeros, servido por lacayos, é inmediato al primer descanso de la escalera principal. El guarda-ropa para las señoras se colocó contiguo al salón principal de baile, y contenía amplios armarios para los abrigos, que se sujetaban con una cinta de seda y el número de orden. Para el arreglo de toilettes y tocados se destinó una encantadora pieza inmediata al guarda-ropa de señoras, ocultándose la entrada con magníficas lunas de Venecia, colocadas en forma de biombo y con marco de flores pintadas en vistosos conjuntos. El interior del camarín era una delicia por sus muebles y por sus tapices; el vestidor, provisto de las esencias más delicadas y de cuanto es imaginable para reparar el tocado de una dama, lucía clarísima luna apaisada y era de un gusto refinado. En los muros del salón-tocador se veían espejos de gran tamaño. En uno de los ángulos se colocó el palco de la orquesta, detenido de la techumbre por cuatro varillas figurando graciosas columnas, que soportaban deslumbrantes luces; la balaustrada blanca, con adornos oro  embellecida por preciosos tallados y adornada con gasas crema y ramos de rosas sujetos por anchos listones, se veía iluminada en sus contornos, por centenares de luces: el centro tenía las cifras del Club, formadas por diminutos focos incandescentes. A continuación de la sala de baile, estaban los salones de desahogo y el de fumar, ajuarados apropiadamente. Seguían los comedores, adornados con plantas exquisitas, cuyos artesones se constelaron por incontables luces.

  En las mesas había suculentos manjares servidos en vajilla de plata, valiosos centros y candelabros también de plata, que sostenían blancas espermas veladas con pantallas; ramilletes de fragantes violetas esparcían sus delicados perfumes. El adorno y distribución del local, mereció elogios para los comisionados, Señor Ingeniero Don Luis de la Barra y Señor Don Francisco de Lauda y Escandón, quienes hicieron, tanto en el conjunto como en los menores detalles, derroche de buen gusto y de inspiración. Una de las mejores músicas del ejército, se colocó en el vestíbulo para que alternara con la orquesta. La servidumbre del palacio vestía de gran librea y ocupaba sus puestos.

  En las afueras del edificio se organizó un servicio especial de policía, para dar colocación á los carruajes y entregar la papeleta que indicaba el número que les correspondía y el sitio de colocación. La multitud se agolpaba en las inmediaciones del Jockey Club, deseosa de ver, aunque momentáneamente, los invitados y las soberbias toilettes de las damas. Poco antes de las diez comenzaron á llegar los primeros carruajes, y media hora después, los salones se hallaban, en toda su grandeza, ocupados por los invitados. El golpe de vista que presentaba la fiesta a media noche, era indescriptible, maravilloso. No pretendemos describir el fausto, la riqueza, el lujo, la suntuosidad y la magnificencia de aquellos salones; diremos sólo, que en ellos se veían acumulados todos los componentes de una fiesta excepcional, y que los organizadores de ésta, deben estar satisfechos. El Señor Presidente de la República, los Secretarios de Estado, los Señores Delegados á la Segunda Conferencia Internacional, el Cuerpo Diplomático, prominentes personas en la banca y en las letras, y los caballeros más distinguidos de las colonias extranjeras, con sus familias, formaban la selecta concurrencia. Las piezas de baile se sucedían unas á otras acrecentando más y más la alegría de los jóvenes, de los que viven en la plenitud de las ilusiones y se transportan á los mundos de lo ideal, con las melódicas notas de la orquesta y los cadenciosos balanceos del wals.

  Las etiquetas de las damas se llenaban como por encanto, y el implacable tiempo, desplegando sus grandes alas, volaba más que en otras horas de alegría. Pronto pasó la media noche; fueron al comedor, el Señor General Díaz y sus Ministros, los Delegados, los miembros del Cuerpo Diplomático, las personas que forman la Mesa Directiva del Club, las familias de los enumerados y los demás concurrentes. En la imposibilidad de describir con todos sus detalles, los ricos y suntuosos trajes de las aristocráticas damas, nos limitamos á dedicar á cada uno dos ó tres líneas.

  La distinguidísima y virtuosa señora Doña Carmen Romero Rubio de Díaz, estaba deslumbrante, vestida de gasa plateada sobre falda de seda blanca; valioso collar y ahogador de hermosas perlas, roja camelia en el pecho y soberbia diadema de límpidos diamantes, completaban su gran toilette.

  La muy estimable señora Doña Laura S. de Mariscal, esposa del Ministro de Relaciones Exteriores, lucía una de las admirables creaciones de Madame Van Rooten. El cuerpo del vestido era de seda blanca, cubierto con encaje crema de antiguo chantilly bordado; el corpiño estaba guarnecido con grandes cabochons. Llevaba valiosas joyas, distinguiéndose por la elección acertada de su traje.

  La aristocrática señora de Clayton, vestía faya negra moteada de blanco sobre seda negra, y adornada su elegante tenue con admirables piedras preciosas.

  La muy apreciable señora Doña Luz Acosta de González Cosío, esposa del Ministro del Interior, llevaba una real creación de Madame Lafage. Era de seda perla cubierta por encaje negro de Chantilly; se engalanaba con joyas del mejor gusto.

  La muy distinguida señora Doña María Cañas de Limantour, esposa del Ministro de Hacienda, ataviada con una exquisita creación de París, de chiffon plateado sobre seda color de rosa; era modelo de elegancia, luciendo perlas y diamantes de hermosas aguas.

  La distinguida esposa del Ministro inglés, Mr. George Greville, se vestía con primoroso traje estilo Imperio, de gasa oro sobre rosa pálido; plumas blancas y brillantes en el tocado.

  Madame Blondel, esposa del Señor Ministro francés, llevaba un admirable vestido duquesa, de raso crema, adornado con encaje del mismo color.

La señora Luz González Cosío de López, se presentó con elegante confección estilo Imperio, de seda China blanca.

  La señora de Don Juan Dublán, admiraba por la grande tenué de Madame Van Rooten. Un traje Imperio de tela de raso crema cubierto con muselina de seda blanca, pintada á mano según el estilo arte nuevo, con inserción de Chantilly oro; diamantes, rubíes y zafiros.

  La hermosa y distinguida señora Doña Catalina Altamirano de Casasús, llevaba con donaire, soberbia toilette formada por rico encaje negro de Chantilly sobre piel de seda color de rosa; collar de gruesos brillantes en el cuello, y rica diadema en el tocado.

  La señora de José Castellot, hermosa toilette de tela realzada amarilla, corpiño bordado con adornos de tul lentejueleado de oro.

  La señora Miranda de Fernández, estaba encantadora con un vestido de raso blanco, cubierto con vaporosa gasa de seda del mismo color, y adornos de encaje lentejueleado de plata.

  La señora Luisa Raigosa de Díaz, se ataviaba con una distinguidísima toilette de seda de China azul pálido, adornado con encaje lentejueleado de plata, corpiño guarnecido con rosas; soberbios diamantes.

  Mrs. William Heimke, vestido de raso cubierto con tul negro, adornos de terciopelo negro bordado y aplicaciones de encaje blanco.

  La señora Scherer de Scherer, confección estilo Imperio, de seda color de rosa cubierto con tul moteado de blanco.

  La esposa de Don Pablo Martínez del Río, traje estilo Imperio de raso amarillo, cubierto con encaje de Bruselas, crema.

   Mrs. W. W. Graham, toilette de seda color de rosa subido, cubierto con muselina de seda amarilla, lentejueleada de oro y adornado con quillas de encaje de Bruselas, crema.

  Mrs. Maxwell Alexander Kilvert, correctísimo traje de piel de seda negra y guarnecido de encaje.

  Mrs. J. B. Body, vestido de raso blanco con guarnición de rosas.

  La señora de Don Roberto Núñez, soberbiamente vestida de raso blanco bordado de rosas, abierto en el frente; aigrette blanca con broche de diamantes; adornos de las mismas preciosas piedras.

  La señora de Sánchez Mármol, admirable vestido de brocado color de perla, adornado con raso color de rosa subido.

  La señora de Santiago Méndez, lujosamente ataviada de raso con adornos de encajes crema: joyas de brillantes.

  La señora de Don José F. Godoy, gran falda de seda color de rosa adornada con bordados de seda crema.

  La señora de Don Guillermo de Landa y Escandón, vestido duquesa de raso blanco recamado con rosas; aplicaciones ondulantes de chiflón negro lentejueleado de oro; collar y broche de perlas y diamantes, diadema de brillantes en el cabello.

  La señora de Duarte Pereira, esposa del Señor Ministro del Brasil, encantadora toilette de raso acerado con aplicaciones de encaje blanco.

  La señora de Don Manuel Escandón, elegantísima tenue de muselina color de rosa pintada á mano con fondo de seda rosa; soberbios diamantes y esmeraldas en el corpiño.

  La señora de Don Tomás Braniff, primoroso traje de seda de China blanca, adornado con encaje de Bruselas; rico collar de brillantes, aicrette blanca con diadema de perlas y grandes brillantes.

  La señora Sofía Romero Rubio de Elízaga, encantadora toilette de raso azul, adornado con encajes.

   La señora de Emilio Bello Codecido, traje de seda bordado con terciopelo iris arte nuevo; valiosas joyas. 

  Mrs. W. I. Buchanan, encantador y elegantísimo traje de encaje blanco sobre seda del mismo color.

  La señora de Don Francisco de Landa y Escandón, elegante vestido de faya bordada; rosas al lado izquierdo del corpiño.

La señora de Don José Porrúa, vestido de raso color de paja y Chiffon; hermosos brillantes y perlas.

  La señora de Don Dámaso Mazzenet, falda bordada negra sobre raso blanco con guarnición de terciopelo negro, abrochado con turquesas.

  La encantadora señora de M. M. Galavíz, toilette de seda rosa; collar de perlas y diamantes.

La señora del Dr. Don José Ramos, elegante confección de seda color de rosa, adornada de verde.

  Doña Elena Mariscal de Limantour, gran traje estilo Ana de Austria, de piel de seda blanca y amarilla; collar y broche de soberbios diamantes.

  La señora de Don Eduardo Rincón Gallardo, falda de brocado perla, corpiño adornado con paillettes azules; costoso collar de perlas y brillantes, media luna y estrella de hermosas piedras en el cabello.

   La señora Cristina Cortina de Alvarez Rul, faya negra bordada sobre seda blanca; adornos de brillantes.

La señora de Don Marcial Martínez, faya negra sobre seda blanca; collar de perlas.

La señora de Don José Ignacio Icaza, raso blanco con aplicaciones de terciopelo heliotropo.


La señora Concepción Miramón de Fortuño, encaje negro sobre raso color de rosa; bolero de terciopelo del mismo color; adornos de brillantes.

  La señora Rosenda de Alvarez, muselina blanca sobre seda blanca.

  Mrs. J. H. Hampson, soberbiamente vestida con brocado azul turquesa.

  Mrs. Charles M. Pepper falda de seda color violeta, con adornos de punto; violetas naturales en el corpiño y en el peinado; brillantes y perlas.

  La señora González de Algara, faya negra sobre seda del mismo color; guarnición de terciopelo amarillo canario y perlas.

  Mrs. John Cassel Wiliams, foulard púrpura y blanco, con adornos de terciopelo negro.

  Mrs. A. Grimwood, encaje negro sobre seda heliotropo, adornos de terciopelo del mismo color, un poco más obscuro.

  La señora de Carlos Rivas, se distinguía por la riqueza de sus joyas; lucía traje de raso negro bordado; collar de perlas, ahogador de brillantes; el corpiño adornado con brillantes y diadema de las mismas piedras preciosas.

  La señora de Don Arturo Ibáñez, faya negra bordada con paillettes azul tornasol sobre raso negro y adornos con "no me olvides."

  Mrs. Franz Ruvke, brocado perla y rosa con adornos de rosas bordadas y chiffon gris perla.

  Mrs. Pedron Laclau, brocado verde Nilo, adornado con chiffon lentejueleado de plata.

  La señora de Don Joaquín Palomo, encaje negro sobre seda blanca; ramillete de violetas artificiales en el corpiño; ahogador de raso blanco con brillantes.

  Señora Larraín de Walker Martínez, elegante faya negra bordada sobre fondo de piel de seda del mismo color.

  La señora de Don Manuel Zamacona é Inclán, raso blanco adornado con encaje, camelia roja en el corpiño.

  La señora de Don Pedro Rincón Gallardo, tul negro sobre raso blanco; perlas en el cuello, diadema de soberbios brillantes. Las encantadoras señoritas se ataviaban con admirables trajes de gran recepción, que multiplicaban sus encantos.

  Mss. Charlotte Clayton, vestido raso blanco. La señorita Catalina Clayton, seda China blanca; adornos de encaje crema, listones de raso blanco. La señorita María Teresa Limantour, faya moteada de azul sobre seda azul; perlas sobre el cuello. Miss. Bourke, tul blanco sobre raso blanco con «Lirios del Valle,» artificiales. La señorita Guadalupe de Landa y Buch, muselina blanca, fichú «María Antonieta,» del mismo material, y un ramillete de rosas reinas en el pecho. La señorita María Rincón Gallardo, chifón blanco, bordado de seda. La señorita Guadalupe de Landa y Lozano, encaje negro sobre seda del mismo color. La señorita Guadalupe Icaza y Camacho, brocado azul. La señorita Josefina Núñez y Prida, raso amarillo con aplicaciones de encaje crema. La señorita Lorenza Braniff, raso rojo y faya roja sobre seda del mismo color. La señorita María Matilde Ituarte, seda color de rosa, adornado con lentejuelas de oro. La señorita Luisa Alcázar, tul lentejueleado de plata sobre raso blanco. La señorita María Caramendi, chiffon azul lentejueleado de plata sobre seda azul. Las señoritas Dolores y Ana Rubio, vestían trajes de seda China blanca, adornados de raso rosa. Las señoritas Guadalupe y Anita Riba y Cervantes, lucían soberbios vestidos de brocado negro adornados con encaje y raso del mismo color.

   La señorita Eusebia Fox, un vestido que caía muy bien á su refinada belleza, de muselina de seda amarilla sobre taffeta amarillo, adornado con rosas del mismo color, "no me olvides," artificiales y encaje blanco de Bruselas. La señorita Isabel Vinent, radiante en un traje" de piel de seda blanca, revestido de tul lentejueleado. Señorita Dolores Mestre, encantadoramente ataviada con raso blanco cubierto con chiffon bordado del mismo color, adornado con listones de raso liberty, blanco también. Llevaba una graciosa guía de lilas blancas en el frente del corpiño. Señorita Cecilia Rebollar, elegante traje de muselina blanca sobre rica tela de seda, con adornos de terciopelo púrpura. Señorita Grace Thompson, de St. Louis, raso azul pálido jaspeado con lentejuelas de plata; adornos de cliiffon negro. Señorita Teresa del Villar, muselina de seda color de rosa, adornos de listón de raso del mismo color. Señorita Juanita de Sequeira, tul blanco bordado con terciopelo negro sobre seda blanca. Señorita Teresa Torres Rivas, muselina de seda blanca sobre piel de seda del mismo color; adornos de raso blancos. Señorita Paz Calderón, raso rojo con aplicaciones de encaje crema adornos de diamantes. Señorita Guadalupe Rincón Gallardo, raso azul pálido, adornado con blondas lentejueleadas. Señorita Concepción Sierra, muselina blanca sobre seda de igual color, con guirnaldas de rosas rojas artificiales. Señorita Florence Duchanan, fayá negra sobre seda negra. Señorita Dolores Duarte Pereira, muselina blanca sobre seda blanca. Señorita Rosita Alvarez Calderón, precioso traje de seda moteada de rojo, con amapolas del mismo color en el corpiño. Señorita Sara Chavero, crepé de China blanco, con listones de raso del mismo color. Señorita Mary Hay, crepé de China azul adornado con encaje blanco lentejueleado de oro, mangas á jour, de encaje lentejueleado; lila blanca en el cabello. Señorita Josefina Hay, crepé de China blanco, con rosas rojas en el cabello y en el corpiño. Señorita Josefina de Landa y Buch, apropiado traje juvenil de muselina de seda blanca, con chorreras y adornos de raso blanco.

  Pretendimos formar el más completo ramillete de soberanas flores al citar las distinguidas damas que asistieron á la gran soirée; quizá involuntariamente, por supuesto, hayamos incurrido en omisiones, y en tal caso humildemente esperamos una disculpa, pues por mucho esmero que el cronista tenga, fácilmente algunas violetas llegan a escapársele, si con tanta premura las recoge.


Visitaron los deslumbrantes comedores todos los invitados el Señor General Don Porfirio Díaz acompañó á la mesa á Madame Blond esposa del Señor Ministro de Francia; el Señor General Clayton, Embajador de los Estados Unidos de América, a la Señora Carmen Romero Rubio de Díaz; la Señora de Clayton, aunque permaneció algunas horas en los salones, antes de la cena abandonó la fiesta.

Los artísticos menús enumeraban los siguientes platillos:

Consommé en Tasse.
Petits paniers á la Mascotte.
Jambón de York Diplomate.
Pain de foie-gras á la Parisienne.
Chau-froid de poulardes á la ancienne.
Roastbeef garni á la Russe.
Welsh Rabbit.
Gateaux assortis.
Giace Crème au Café.
Café. Thé.

Después del ambigú, el baile continuó más entusiasta aún, notándose general complacencia y regocijo.

  Cuando las estrellas palidecieron para perderse luego en el espacio y las infinitas luces de los salones se amortiguaron al fulgor de la sonriente aurora, todavía se veían salir algunos concurrentes al aristocrático palacio; ellas, cubriendo la gran todte con rico abrigo de mullidas pieles, y el encantador tocado con finísimo pañolón de seda; y ellos, asomando la nítida corbata entre las aterciopeladas solapas del largo y abotonado gabán.

  El trotar de los frisones que tiraban de los suntuosos carruajes, fue perdiéndose poco á poco; la gran avenida se veía casi desierta; los torrentes de luz que despedían horas antes los balcones del Jockey Club, vencidos por las claridades del naciente día, se convirtieron en pálidos destellos.

El baile había concluido, la fiesta muerto, dejando á sus elegidos recuerdos de su rica magnificencia!


Fuente:
Morales, Vicente y Rosales, José María. Crónica Social. 2ª Conferencia PanAmericana. Laso y Compañía. México, 1902. pp. 283-291