Recién vimos el texto de la señora von Wobeser sobre la medida de la Estancia de Ganado Mayor, menciona de unas cuadradas y otras redondas, estas últimas las menos. En el caso de las cuadradas encuentro una serie de mapas en las que vemos con claridad como se trazaba ese cuadrado a partir de un punto central. Veremos en una de las imágenes el caso de una estancia sobrepuesta a otra o, en todo caso, que una parte de una caía en la otra, me parece sumamente interesante esta manera gráfica que nos deja más claro aun lo expuesto por la referida autora.
sábado, 5 de mayo de 2018
viernes, 4 de mayo de 2018
De pulgadas, sesmas, cuartas, varas, codos, cordeles y pasos: Las medidas decimonónicas en México
Uno de los "cocos" que enfrentamos al irnos introduciendo en la Historia de México son las medidas... ya no digamos los términos legales o las palabras que entonces se usaban y ahora o están en desuso o refieren a otra cosa. Para el caso legal, hay ciertos libros que nos conducen a entender el tema, en el caso de las palabras está el Diccionario de Autoridades que nos las define, pero en cuanto a medidas... estamos en un problema pues ese universo es tan vasto que no uno ni dos libros serán suficientes ya que las medidas dependerán de época y situación geográfica. Esta reflexión surge a raíz de algo que apenas veía sobre una medida que en México se usó en la segunda mitad del siglo XIX: los cordeles.
Por ejemplo en el acercamiento que hice al plano que ahora ves, de 1914, hace mención de una equivalencia, ya que mucha gente no acababa de asimilar lo que las hectáreas representaban y sabían muy bien lo que caballerías y fanegas eran. Así, al buscar la equivalencia de los cordeles, di con un escrito que bien nos puede ayudar a entender el complicado sistema de medidas de esa época:
pulgada 12 líneas = 4/3 dedo = 2.28 cm
sesma 6 pulgadas = 13.68 cm
cuarta 9 pulgadas = 20.52 cm
pie 12 pulgadas = 27.86 cm
codo 1/2 vara = 41.80 cm
vara 2 codos = 6 sesmas = 48 dedos
= 432 líneas = 83.61 cm
paso 1.39 m
estado, braza 1.67 m
cordel 5 pasos = 6.95 m
legua 5.57 km
línea 0.19 cm
milla 1.85 km
La cosa no es nada fácil, dependerá del lugar, la época y lo que en el lugar se conocía por medidas para entender bien el sistema o, mejor dicho, lograr una equivalencia adecuada a nuestro sistema métrico decimal. Para ver el documento completo, entra aquí.
jueves, 3 de mayo de 2018
Resumen de lo que fue el Camino Real en el siglo XIX (1826-1891)
El Camino Real de Tierra Adentro es tema apasionante, en él confluyen, más allá de lo que propiamente lleva o conduce un camino, una serie de conceptos que se arraigan a la idea de nación que tenemos. Pueblos, ranchos, haciendas y sus consecuentes tradiciones, sus fiestas, sus comidas, sus paisajes y cualquier otra cosa que queramos agregar. Es una ruta que da identidad a 2 900 kilómetros que incluyen una docena de estados y cinco siglos de historia. En esta ocasión me permito compartir algo que encuentro en las fichas descriptivas que elaboran en el Archivo General de la Nación y que nos da una idea bien clara de lo que fue el Camino Real una vez constituida la nueva nación: México. Lo de Tierra Adentro había quedado ya en el pasado, formando parte del bagaje histórico del periodo conocido como Colonia y Virreinato, ahora, era solo el Camino Real, que luego será transformado en el Camino Nacional:
"Una de las quejas recurrentes de la población mexicana, de los comerciantes sobre todo, fue la falta de caminos y puentes. En México hasta antes de que se estableciera el Ministerio de Fomento, los caminos se encontraban abandonados, pues se consideraba innecesario o muy insignificante el tratar de conservar las vías carreteras - sí las había -, y la apertura o mejora de nuevas vías no se pensaba, resultando de aquí, que cada vez se encontraban en peor condición. Así, la memoria presentada al Ministerio de Relaciones - antiguo responsable de este ramo - en 1827, mencionaba que en virtud del decreto de 9 de octubre de 1826, se había expedido convocatoria para que se presentasen proposiciones para la apertura o mejora de los caminos de la República, y que se habían dado algunas providencias a este fin; más no indicó ningún resultado satisfactorio, el cual seguramente no se obtuvo si se atiende a lo que manifiesta la presentada en 1829, que refiriéndose a la promoción de empresas, dice: que no había tenido efecto ninguna contrata para caminos.
La del año de 1829, comienza diciendo en la parte que se trata: ``Nada se ha adelantado en la apertura de nuevos caminos``, y luego muy ligeramente indica, que el camino de Toluca se había mejorado. La del año de 1831, dice: ``En cuanto a obras públicas, tales como caminos, puentes, etc., no se ha hecho adelanto alguno notable``, y luego añade: ``El camino de esta capital a Veracruz por Jalapa, que bajo todos aspectos debe considerarse como el principal de la República, se halla en un estado de deterioro que en breve quedará inutilizado para carruajes``. La del año de 1832 da una idea de los proyectos para la reparación de algunos caminos; más la de 1833 dice: ``Los barcos de vapor proyectados por algunos comerciantes de Tampico, así como el camino que se propuso abrir el gobierno en Oaxaca, desde las costas del Sur hasta Veracruz, es probable hayan tenido pocos o ningunos adelantos``.
La del año de 1838 indicó solamente la necesidad de procurar la seguridad y comodidad de los caminos; extendiéndose más sobre esta materia la del año de 1844, que manifiesta algunas providencias tomadas para la apertura y mejoras de las vías de comunicación; pero las de los años de 1847 y 1849 se limitaron a deplorar el mal estado de ellas, y la necesidad de ocurrir prontamente a su reposición. Este es el aspecto que presentaba ese ramo cuando se proveyó para su remedio el Ministerio de Fomento, éste expidió un decreto el 10 de mayo de 1853, donde establecía una administración general de caminos y peajes, encomendándosele inmediatamente los caminos generales por el mismo decreto, y por el que luego se dio en 15 de junio del propio año. Las juntas que estaban encargadas de uno que otro camino, tenían tan mal administrados sus respectivos peajes y los cortos trabajos que se ejecutaban, que el camino siempre se encontraba difícil y desatendido; de aquí la necesidad de que se extinguieran las dichas juntas.
Por otro lado, el Ministerio de Fomento no se limitaba a atender los caminos generales que por ley le correspondían, sino que también acordaba auxilios para los particulares de los estados en que se consideraba necesaria su cooperación, ya en recursos, como en medidas conducentes a remover cualquier obstáculo. Refiriéndonos a los puentes, para esta época comienza a darse la transición entre puentes hechos de mampostería y los hechos de fierro. Las funciones relativas al ramo de Puentes le fueron encomendadas al Ministerio de Fomento el 30 de enero de 1855 y en 1866 fue establecida la Dirección General de Caminos y Puentes. Con la creación del Ministerio de Fomento en 1853, dio inicio una nueva etapa en la promoción y ejecución de obras públicas. En ese mismo año, debido al decreto del 20 de junio, se dispuso que las obras de caminos se realizaran por medio de fondos públicos.
En 1861 apareció el reglamento los ingenieros adscriptos a la Dirección de Caminos. Los caminos fueron divididos en 1870 según la naturaleza de los trabajos que en ellos se realizaron como los caminos abiertos, en los que se hacían obras de conservación y perfeccionamiento; caminos en proceso de apertura y caminos en reconocimiento. En las memorias de la Secretaría de Fomento de 1873, el Congreso de la Unión decretó la apertura de los caminos nacionales para facilitar las comunicaciones al interior de la República con los puertos del Golfo y los del mar Pacifico. Posteriormente, y a través de decreto presidencial el 13 de mayo de 1891, el ramo de caminos pasó a formar parte de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.
BIBLIOGRAFÍA Memoria de la Secretaría de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República Mexicana, escrita por el ministro del ramo C. Manuel Silicio, México, Imprenta de Vicente García Torres, 1857.
Alcance y contenido: La documentación cuenta con: nombramientos de ingenieros directores de caminos; reglamentos para directores de caminos de los años 1861, 1868, 1878; relaciones de operarios de las obras realizadas; comprobantes de cuentas de gastos; memorias de gastos de construcción; órdenes de gastos, pagos por concepto de obras de camino; conclusiones de tramos; solicitudes para importación de materiales proveniente de Estados Unidos de Norteamérica; memoria de jornadas de trabajo y salarios; relación de materiales utilizados en la construcción de caminos; aranceles por el cobro de impuestos de peaje; obras de calzadas en la Ciudad de México; decretos estatales sobre caminos; solicitudes y permisos para la construcción de puentes, presupuestos de construcción, reparación y reposición de puentes; relaciones e informes de los de los trabajos realizados; relaciones de gastos; estados de cuentas; contiene presupuestos de obras de ferrocarriles; documentación referente a inundaciones. Incluye planos de caminos y puentes, se cuenta con documentación colonial que se refieren al impuesto del peaje para manutención y construcción de puentes y caminos reales. También hay documentación que se refiere a las obras del camino de México a Puebla y Veracruz; como son las memorias de gastos erogados, descripción de los caminos, construcción y reparación de garitas.
Fuente:
AGN. APF, Siglo XIX. Fomento, Caminos y Puentes. 1777-1891, 424 Volúmenes, 27.45 m.
Nota: Los 27.45 m que indica la referencia se refieren a los 27 metros, 45 centímetros que existen de documentos sobre el tema. Esto quiere decir que si apilamos todos esos papeles sería el equivalente a un edificio de 10 pisos y todos ellos están contenidos en 424 volúmenes, es decir en 424 libros.
miércoles, 2 de mayo de 2018
martes, 1 de mayo de 2018
Sobre sitios, estancias, ganado mayor y ganado menor
Es normal [creo], cuando comenzamos a adentrarnos en el mundo de la Nueva España y su organización, que aparezcan las dudas en torno a las medidas de tierra, más allá de leguas y varas, en las medidas de las tierras adquiridas: sitios, estancias, ganado mayor, ganado menor, suerte, caballería... solo por mencionar algunas. Para entenderlo bien, recomiendo ir a la mejor fuente que hay respecto al tema, la señora von Wobeser y claro, su maestro, Florescano:
El ganado se introdujo en la Nueva España con la llegada de los españoles. Durante el siglo XVI proliferó notablemente a causa de los pastos vírgenes de América y porque su explotación era relativamente fácil: requería de pocos cuidados y de una infraestructura mínima.
Las variedades de ganado menor, ovejas y cabras, encontraron una pronta aceptación por parte de la población indígena, que los integró a sus modos vivendi al igual que las aves de corral, traídas de Europa, y los puercos. Los rebaños de ovejas y de cabras, así como los corrales de cerdos, empezaron a constituir uno de los elementos característicos del paisaje rural novohispano.
Mientras los indios criaban sus animales a un nivel de pequeña economía casera, los españoles practicaron la cría de ganado menor y mayor con miras comerciales. Hubo muchos de ellos que poseyeron inmensos hatos que pastaban sobre grandes extensiones de tierra. Durante los inicios de la vida colonial, los pastos (y dentro de éstos se incluían todos los baldíos) fueron de uso común tal como era costumbre en España. Se consideraba que la yerba y las plantas silvestres se desarrollaban naturalmente y, por lo tanto su explotación correspondía a todos. También los rastrojos podían ser utilizados por el ganado, sin que el dueño del terreno lo pudiera impedir.
Tenemos escasas noticias sobre la utilización de los pastos durante estos primeros años, sin embargo, todo indica que muy pronto empezaron los conflictos. Las amargas quejas de los indios acerca de la invasión de sus tierras por el ganado son reiterativas, y el uso compartido de los pastos suscitó frecuentes contradicciones entre los diferentes ganaderos españoles de una zona.
El uso común de las tierras de pastoreo tuvo como consecuencia que los más poderosos se apoderaran de ellas en perjuicio de la mayoría. Esto fue posible gracias al poder político y económico que ciertos individuos ejercían en determinada región. Chevallier afirma que algunos de estos hombres lograron concentrar en sus manos extensiones considerables. Más adelante veremos que muchas de estas tierras llegaron a legalizarse posteriormente.
Para poder controlar este fenómeno, las autoridades virreinales tuvieron que modificar la noción de pacto común restringiendo su validez y empezando a hacer concesiones sobre el uso y la propiedad del suelo a los criadores de ganado. Esta medida preparó el camino para la repartición de amplios territorios a los ganaderos.
El primer paso en este sentido se dio, hacia 1530, cuando el cabildo de la ciudad e México empezó a autorizar a los criadores de ganado un derecho de uso sobre los pastos llamado “sitio” o “asiento” que no implicaba la posesión de la tierra. Estas cesiones de “sitios” o “asientos” garantizaban que ningún otro ganadero pudiera asentarse en la zona; pero no excluía la posibilidad de que algunas de las tierras fueran utilizadas para la agricultura, siempre y cuando los labradores se comprometieran a cercarlas. Se prohibía específicamente que se edificaran construcciones de piedra. (Una de las condiciones para obtener tierra de labor era la contraria). Es decir, como apunta Chevallier las reglas no daban más que un derecho negativo sobre los pastos.
En estas primeras cesiones de derechos sobre las tierras de pastoreo, el área solo estaba delimitada de una manera muy imprecisa. Hubo casos en donde las especificaciones del terreno eran tan vagas, que sus límites llegaban “hasta donde la vista alcance” o “a la distancia de un tiro de escopeta”. Aun cuando los linderos se precisaban, esto sucedía únicamente sobre el papel y no en la práctica.
Para delimitar las mercedes de estancias de ganado, se partía de un esquema teórico que prescribía 1500 pasos geométricos para la estancia de ganado mayor y 1000 para la de ganado menor, midiendo a partir de un centro hacia todas las direcciones.
Como las mercedes de estancias de ganado casi siempre se concedían en parajes baldíos la falta de puntos de referencia dificultaba su ubicación exacta. Además, existían impedimentos naturales, tales como ríos, barrancas, montes, etcétera, u obstáculos de índole legal (cuando la tierra ya pertenecía a un tercero) que imposibilitaban la aplicación rigurosa del esquema. Cuando había tales impedimentos la medición se extendía hacia otro rumbo. Es la razón por la cual cuando se regularizó la tierra mediante las “composiciones”, durante la primera mitad del siglo XVII, la división de los terrenos en muchas zonas fue irregular y no obedeció a los esquemas originales.
La falta de precisión en los límites propició innumerables irregularidades como, por ejemplo, la sobrexposición de mercedes, la transgresión de de los derechos de los pueblos indígenas, la apropiación legal de las tierras, etcétera. Un gran número de litigios por tierras y aguas se debieron a la vaguedad de estas primeras mercedes.
La forma usual que tuvieron las estancias fue cuadrada, pero durante los primeros años también las hubo circulares. Chevallier señaló la existencia de este tipo de estancias y Nickel comprobó su existencia en el valle de Ozumba (Puebla). Nosotros hemos encontrado solo un mapa en donde aparecen estancias circulares, de la zona de Tecamachalco (Puebla).
La división de la tierra en predios circulares sin duda traía consigo muchos inconvenientes porque entre círculo y círculo quedaban tierras realengas sin repartir que eran codiciadas por los colindantes. Tanto en Ozumba como en Tlalmanalco estaban en disputa estos “huecos realengos”. Nosotros creemos que, debido a que las estancias circulares tuvieron su origen en la época en que las mercedes para la ganadería todavía no implicaban propiedad de la tierra, fueron más bien el resultado de los términos en los cuales se formulaba la merced –tantos pasos o varas a partir de un centro-, que de una planificación intencionada.
A partir de la segunda mitad del siglo XVI no hemos encontrado vestigios de estancias circulares en los mapas, ni en la documentación. Únicamente existe un escrito firmado por el medidor del reino, Juan Cersillo, con fecha de 1675 (se trata de una copia de un plano de 1589), que le asigna la forma circular a las estancias.
Parece extraño que en una época tan tardía el medidor del reino todavía propugnara por las estancias circulares.
Hacia 1540 el gobierno virreinal empezó a otorgar mercedes de sitio de ganado que sí implicaban la posesión de la tierra. Las primeras concesiones que se conocen datan de 1542, 1543 y 1544 y, muy frecuentemente, se refieren a tierras que ya estaban ocupadas por aquél que las solicitaba desde hacía ocho, doce, quince y dieciséis años atrás. Mediante estas mercedes se trataba de legalizar una situación que ya existía de antemano, como a menudo sucedió en el nuevo mundo. Aunque durante algunos años las estancias de ganado no fueron reconocidos por la Corona española, la toma de posesión del suelo novohispano siguió su marcha a paso acelerado.
A partir de la segunda mitad del siglo XVI los sitios de ganado fueron cuadrados. A los sitios de ganado mayor se les asignaron 5000 varas por lado (3000 pasos geométricos) y a los de ganado menor 3333 varas una tercia (2000 pasos geométricos). También se efectuaba la medición partiendo del centro y lo que antes equivalía al diámetro del círculo de la estancia, ahora correspondía al largo de cada uno de los lados del cuadrado. Este es el motivo por el cual en muchos mapas se señala el centro.
Los lados se orientaban hacia los puntos cardinales, es decir, 2 lados corrían de norte a sur y 2 de oriente a poniente.
Las estancias tuvieron una importancia vital dentro de la economía novohispana, donde la ganadería era uno de sus recursos fundamentales. El ganado se expandió por todo el país, imprimiendo su sello característico al paisaje de la provincia mexicana. (1)
Será bueno recordar que todavía en la primera década del siglo XX a muchos sitios se les seguía midiendo en base a caballerías de tierra.
(2)
Fuente:
1.- Von Wobeser, Gisela. La formación de la hacienda en la época colonial. El uso de la tierra y el agua. UNAM. México. 1983. pp. 27-30
2.- sizes.com
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