lunes, 13 de julio de 2020

La expulsión de los jesuitas por alguien que la vivió

   Varios fueron los padres jesuitas que, en el exilio escribieron sobre México… cuando aún se llamaba Nueva España. Clavijero hizo su célebre Historia antigua de Méjico, La Historia de la Antigua o Baja CaliforniaDiálogo entre Filaletes y Paeófilo, De las colonias de los tlaxcaltecas, Breve descripción de la Provincia de México en el año 1767, Un ensayo titulado Physica particularis. Una disertación titulada Cursus philosophicus, Una historia en que narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Un ensayo titulado Frutos en que comercia o puede comerciar la Nueva España. El padre Zelis escribió el Catálogo de personajes. El padre Andrés de Guevara y sus Pasatiempos o entretenimientos familiares de cosmología acerca de la disposición del universo. Andrés Calvo y su Historia civil y política de México. El padre Miguel Venegas y su Noticia de la California. 

   Quien hoy nos ocupa es el padre Francisco Javier Alegre que en su Historia de la Compañía de Jesús describe con estas palabras el episodio de la expulsión:

   El 25 de junio de 1767 poco antes de rayar la luz matinal se intimó á una misma hora el decreto de expulsión de los jesuitas discutido a presencia del rey Carlos III, con el mayor sigilo. Este monarca anduvo tan solícito de su ejecución que dirigió una carta autógrafa al virrey de México para que se verificase del mejor modo, y que pudiera llenar sus deseos, la cual existía en la secretaria del virreinato.

   Para que el golpe se diese simultáneamente y se evitasen conmociones de los pueblos que amaban cordialmente á los jesuitas, se tuvo presente en el consejo privado del rey la carta geográfica de ambas Américas; midiéronse las distancias de todos los lugares donde había colegio de jesuitas, el tiempo que gastaban los correos, y se tuvieron presentes hasta las menudas más circunstancias conducentes al intento, con achaque de levantar las milicias provinciales del reino que resistieran una invasión enemiga como la que acababa de sufrir la Habana, habían venido varios regimientos veteranos de España conocidos por el pueblo de México con el nombre de Gringos, y la organización de los nuevos batallones se había confiado á buenos generales, como el teniente general Villalba, el marqués de la Torre, el marqués de Rubí, y Ricardos; así es que en México había entonces una gran fuerza capaz de contener cualquier asonada. Era provincial de la Compañía en la provincia de México el padre Salvador de la Gándara, que á la sazón estaba en Querétaro de vuelta de la visita de los colegios de Tierradentro, y venia tan satisfecho del arreglo en que los había encontrado y dejaba, que aseguraba no haber tenido en ellos que reprender ni reformar cosa alguna.
La intimación del decreto de expulsión se hizo á los jesuitas en la Casa Profesa de México por el fiscal de la real audiencia D. José Areche, y notificado el padre prepósito con toda la comunidad presente, rezó con ella el Te Deum. El comisionado dispuso que se consumiese el copón de las sagradas formas para inventariar y ocupar los vasos sagrados. Entonces el padre ministro Irágori preguntó si alguno de los jesuitas presentes quería comulgar, y luego todos los padres presentes y aun los legos ó coadjutores se arrodillaron y recibieron la sagrada Eucaristía. Este acto de religión sublime conmovió al comisionado, y cierto que debía producir este efecto, principalmente si iba prevenido contra aquellos religiosos, pues además de la pureza de sus conciencias, manifestaba que todas aquellas víctimas estaban de antemano dispuestas á tamaño sacrificio.

   Quedaron desde este momento los jesuitas presos en sus colegios de México y las avenidas de las calles tomadas con tropa y cuerpos de guardia. Salieron de México para Veracruz el día 28 de junio en coches; pero escoltados de no poca tropa. Hicieron alto en la villa y santuario de Guadalupe, y el visitador D. José Gálvez, honrado después con el título de marqués de Sonora, les permitió entrar en dicho santuario. Este magnate regentaba la expedición con bastante calor. En aquella iglesia hicieron los últimos y más fervientes votos por la felicidad de un pueblo que los idolatraba; multitud de este los rodeaba derramando copiosas lágrimas que no podía restañar la severidad del gobierno ni de sus satélites, y casi llevaba en peso los coches. Como el camino de Veracruz no era entonces todo de ruedas, tuvieron que cabalgar muchas veces ó que andar á pie largas distancias; trabajos á la verdad insoportables principalmente para los ancianos y enfermos. Su llegada á la villa de Jalapa parecía una entrada de triunfo, aunque mezclada con amargura; calles, ventanas, azoteas y balcones se veían llenos de toda clase de gentes que bien mostraban en sus semblantes lo que pasaba en sus pechos: necesitóse que la tropa que escoltaba á aquellos expatriados se abriera paso á culatazos por en medio de la mucha gente.

  Llegados que fueron á Veracruz aquel puerto insalubre quitó la vida en pocos días á treinta y cuatro. El 24 de octubre se embarcaron para la Habana, pues hasta entonces hubo competente número de barcos que los condujeran. Los demás que se hallaban en las misiones de Tierradentro fueron después llegando á aquella ciudad paulatinamente. A los cuatro días de navegación se levantó un temporal tan deshecho que dispersó el convoy y estuvieron á punto de perecer. El 13 de noviembre llegaron á la Habana casi todos á una hora, menos un Pailebot que llegó á las ocho de la noche del mismo día.

  Era gobernador de aquella isla el Baylío D. Frey Antonio María Bucareli, que después fue nombrado virrey de México, jefe lleno de virtudes que los trató con la consideración y humanidad que formaba su suave carácter. Los expulsos semejaban unos esqueletos estropeados de la navegación y abrumados de pesares. Hospedáronse en el convento de padres Betlemitas, y en su iglesia se sepultaron nueve: á los convalecientes se les trasladó á una casa de campo contigua á la ciudad. Reembarcáronse para Cádiz en 23 de diciembre y fondearon allí el 30 de marzo: al siguiente día se les trasladó al puerto de Santa María, reuniéndose en un hospicio hasta cuatrocientos jesuitas. El padre provincial Gándara que navegaba en la barca Bizarra, fue impelido por una tormenta á la costa de Portugal, y por poco perecen en unos arrecifes.

   A mediados de junio del siguiente año se les reembarcó para Italia, dejando muertos en el puerto de Santa María, quince. Partieron en convoy para la isla de Córcega con indecible incomodidad por la estrechez de los buques, no menos que por la aspereza con que fueron tratados por los jefes de aquellas embarcaciones en la mayor parte.

   Era moda entonces mostrarse crueles con los jesuitas |y detraerlos desvergonzadamente. Llegados á los puntos de Italia que se les designaron, se distribuyeron en varios colegios, en los que guardaron su instituto, hasta que en 10 de agosto de 1773 por medio de dos monseñores se intimó en Roma en el colegio de Jesús al padre general Lorenzo Ricci el breve de extinción. Igual diligencia se practicó en los otros lugares con los rectores por los comisionados del papa. A los de América se les intimó que no podrían regresar á su patria: este fue para ellos un golpe muy más sensible que los infortunios pasados hasta entonces. Dióseles una ratera y vilísima cantidad para sus alimentos de los fondos de sus rentas llamadas temporalidades, que ocupó el rey con prepotente mano, en las que creyó hallar un inmenso tesoro, que todo se volvió sal y agua, porque sus agentes no tenían los conocimientos de los jesuitas para manejarlos con acierto, ni tampoco los veían como cosa propia. Distribuidos los jesuitas así españoles como americanos en Bolonia, Roma, Ferrara y otras ciudades escribieron obras muy luminosas quo admiraron á la Europa, tanto más, cuanto que eran en ella tenidos por frailes de misa, panza y olla. Recordaré con placer los ilustres nombres de Alegre, Abad, Clavijero, Landívar, Cavos, Maneiro, Lacunza, Márquez, y otros cuya idea trae como correlativa a sabios dignos de la inmortalidad y de mejor suerte.


Fuente:

Alegre, Francisco Javier. Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España. Tomo III. Imp. J.M. Lara. México, 1842, pp. 301-306


domingo, 12 de julio de 2020

El Sagrado Corazón en la imaginería

  Entiendo bien que por imaginería se entiende la representación de los santos a través de imágenes de bulto y si hay algo en esa serie de fotografías no son bultos de santo alguno sino pinturas en las que se representa al Sagrado Corazón. Entiendo también que fue el pasado mes de junio cuando lo celebramos pero sale de sobra decir que este 2020 las cosas se hacen cuando buenamente se puede y, caso específico de la celebración con que se cierra la Octava de Corpus, fue el pasado viernes 19. Ahora comparto la compilación que preparé con tal fin.









  El día del Sagrado Corazón de Jesús conmemora el Corazón de Cristo, tal y como se le manifestó a Santa Margarita María de Alacoque en visiones. Es una devoción que tiene antecedentes a partir de siglo XII, en la espiritualidad de algunos santos como San Bernardo de Claraval, San Buenaventura y Santa Catalina de Siena. Sin embargo es a partir del siglo XVII que se extiende su apostolado. A partir de las visiones de Santa Margarita María de Alacoque, de la espiritualidad de San Francisco de Sales y del sentido misionero de San Juan Eudes, entre otros. En aquel momento la fe en el Sagrado Corazón fue una respuesta ante el jansenismo, herejía que tenía una visión excesivamente pesimista del ser humano, como no merecedor del amor de Dios. La devoción al Sagrado Corazón invita a practicar la humildad, y la confianza en el amor de Cristo. En 1856 el Beato Pío IX extendió la festividad a toda la Iglesia. Su fecha es móvil, pero por lo general se celebra durante el mes de junio. Se calcula por el día de pentecostés (luego del segundo domingo, el primer viernes). En México, se celebra ese viernes pero en otros países la fecha se puede trasladar. (Tomado de WinCalendar.)


viernes, 10 de julio de 2020

Don Manuel Payno nos describe su llegada a Guanajuato.

   Ya son varias, quizá muchas, las veces que hago el comentario de que, “si tienes más de 5 décadas”… (o 6, como yo), entonces ahora te comento que seguramente te acuerdas de los billetes de diez pesos, que eran una fortuna pues, si para el recreo veinte centavos bastaban para una coca y unas galletas (con salsa búfalo), con diez pesos bien nos podríamos comprar el mundo… el mundo infantil en el que vivía en esa época, claro es. Entonces, si conociste los billetes de diez pesos con la escena del Camino Real a la llegada a Guanajuato, en la “cuesta del Tecolote”, muchos recuerdos te traerán los años vividos entonces. Pero, de lo que hoy se trata es de un texto que la extraordinaria pluma de don Manuel Payno escribió, como vivencia que tuvo en uno de sus tantos viajes, a bordo de una diligencia, cuando llegaba a Guanajuato. Anoto (ya lo hice antes) que tan solo oír el nombre Payno, me hace recordar los deliciosos meses que pasé leyendo, su magnífico libro Los bandidos de río Frío, hace ya unas cuatro décadas, en las tibias mañanas de Cancún, cuando gozaba de aquella tranquilidad y solo me dedicaba a leer.

 Una de las jornadas más deliciosas que pueden hacerse en diligencia por el interior de la república, es la de Querétaro á Guanajuato; entiéndase esto en la buen a estación del año, pues cuando las aguas están muy avanzadas, las vertientes de toda la serranía inundan lo que  propiamente merece el nombre de bajío, y las cuarenta y dos leguas que hay de camino forman materialmente una sucesión de lagunas y de atolladeros donde es molestísimo y aun á veces imposible caminar. Pero no quiero conducir á mis lectores por en medio de los tristes nubarrones y de las recias tormentas que se forman en las crestas elevadas de los Andes mexicanos en los meses de Junio ú Septiembre, sino por el contrario, en esos días diáfanos y puros del mes de Abril, en que la naturaleza rejuvenecida, galana, y bellísima, parece una égloga de Virgilio, un canto de amor de La-Martine. Entonces al entrar á Querétaro se percibe la ciudad meciéndose materialmente entre las copas de los árboles, y al salir se divisa como una canasta de llores, resplandeciendo las veletas de las torres y las cúpulas de los cimborrios, con esa luz dorada, viva y trasparente del cielo de México. El camino á poca distancia de Querétaro, es perfectamente plano é igual, y la diligencia volando pasa por una sucesión de calzadas y de bosques de mezquite y huizache salpicados con flores y matas silvestres. No es verdad la perspectiva voluptuosa y oriental de los bosques de liquidámbares y guayaba de Jalapa; pero sí una sucesión no interrumpida de paisajes tranquilos, de escenas de so siego y de paz, que hacen gozar al alma de una suave delicia. En los bosques de Jalapa es preciso recordar el amor, las pasiones enérgicas y violentas, que hacen de la vida un sabroso martirio. En las llanuras del Bajío se medita en la vida quieta, en la paz doméstica, en la existencia profunda y silenciosa de los campos. De los plantíos de naranjos y plátanos de Jalapa cree uno ver salir una de esas jóvenes ardientes, de ojos negros y de sonrisa fascinadora, que nos prometen con sus miradas y con su voz sonora, un mar de delicias, un paraíso en la tierra. En los valles extensos y verdes del Bajío cree uno ver vagar una de esas figuras pálidas y resignadas de una madre de familia que tiene su amor en sus hijos y su pensamiento en Dios. Tales son las ideas que me han ocurrido cuando en diferentes situaciones y épocas de mi vida, me he visto por una ú otra parte metido en una diligencia, con compañeros absolutamente desconocidos y extraños, y reducido á encerrarme en mis propios pensamientos y, á entretener el cansancio del camino, con estas meditaciones interiores.

   El Departamento de Guanajuato es uno de los más ricos y más hermosos de la república. La Providencia sin duda en un momento de buen humor sacudió sus manos sobre ese pequeño rincón de tierra, y cayó el oro y la plata en las montañas, y los gérmenes de vida en los valles y cañadas. Así el viajero ve una sucesión de sementeras de caña de maíz, y unos inmensos trigales que agitan sus espigas amarillas, y forman oleaje como un océano, donde los granos producen hasta doscientos por uno, y observa que el límite de estas llanuras es la cordillera, atravesada toda como un cuerpo humano, de arterias de plata y oro. La agricultura y la minería se dan la mano: el minero y el labrador duermen en una misma cabaña. Esto es prodigioso y parece ya imposible aglomerar  en un pequeño espacio de tierra más elementos de vida y prosperidad.

   Luego que se ha pasado por el frondoso pueblito de Apaseo, que se ha visto el magnífico puente, y el bellísimo Carmen de Celaya, que se ha recorrido rápidamente á Irapuato, desaparecen las haciendas y las llanuras; el paisaje cambia totalmente. El carruaje va sobre los cerros, y delante se ven otros cerros altísimos y majestuosos. En el corazón de esas montañas está edificado Guanajuato, ó más bien, incrustado en las peñas como un mosaico. Pasada la cañada de Marfil, que es un verdadero laberinto se entra a Guanajuato; pero Guanajuato no se ve hasta que se halla uno dentro de sus calles. Como me es forzoso por ahora abandonar la idea de describir la ciudad, y de dar razón de las minas y de las haciendas de plata, apelo á que los lectores echen una ojeada á la lámina que acompaña á este artículo, la cual les dará una idea de la situación caprichosa y singular de la ciudad, así como de la majestuosa y espesa serranía que la rodea, en cuya cima se halla la famosa Valenciana, Mellado, Rayas, la Luz y otras minas que han tenido bonanzas prodigiosas, y dignas de consignarse en los anales mineros.

   La entrada de Guanajuato es por una calzada de piedra bien construida. A la izquierda se nota inmediatamente un extenso y bello edificio cuadrado, de gruesas paredes, altas almenas, y que por las cornisas y troneras que tiene, puede conocerse á primera vista que fue construido con el fin de que sirviera de fortaleza. En efecto, creo que la primera intención fue esa; más después se dedicó á que sirviera de alhóndiga para encerrar los granos, y hoy tiene simplemente el prosaico nombre de fábrica de cigarros. Sea lo que fuere, fortaleza, alhóndiga ó fábrica de cigarros, Granaditas ha pasado ya al dominio de la historia, pues pasaron dentro de este edificio algunos de los acontecimientos más terribles que puedan citarse en la historia de la independencia de México. 

Manuel Payno


Fuente:

Museo Mexicano, Tomo IV. Imprenta de Ignacio Cumplido, México, 1844, pp. 204-205

jueves, 9 de julio de 2020

Discurso sobre la Aurora Boreal que se vio en México el día 14 de noviembre de 1789

   Un fenómeno que pocas veces acontece en regiones de corta latitud, como es México, puso en la mayor consternación á toda la ciudad la noche del día 14 del pasado Noviembre. Conmovida la gente al ver iluminada una gran parte de nuestro hemisferio por el lado del Norte. No hacía sino dar voces por las calles, esperando por instantes morir abrasada entre las llamas que le figuraba su temor. Esta luz (que no es otra cosa que un a aurora boreal, observada frecuentemente en muchos lugares septentrionales de la Europa) comenzó á aparecer, según se ha podido averiguar, á las siete y media, tomando su principio por el rumbo de N. E. detrás de los cerros de la Villa de Ntra. Sra. de Guadalupe, por unos rayos blanquizcos en forma de escoba, que se fueron extendiendo poco á poco, y cargando hacia el Norte y Nordeste, hasta las ocho y media, en que parece haber sido su mayor incremento. A esta hora se veía en el horizonte la luz, que formaba la base de un color entre rojo y amarillo, de cuyos extremos se percibía una porción de circunferencia más iluminada que el resto del segmento de círculo que representaba de color rosado oscuro por un humo denso con que parecía estar mezclada la luz. Quedaron enteramente cubiertas con este humo colorado, á más de las estrellas del cuello del Canello, y de las piernas de Cepheo, la Polar, y demás de la Osa menor, hasta las ocho y 50 minutos en que empozó á descubrirse la Polar, quedando aún las domas ocultas. A los 58 minutos apareció Reta, é inmediatamente Gamma; desvaneciéndose del todo el fenómeno 13 minutos después de las nueve, en que se descubrió Zeta con toda su claridad.

   Las circunstancias de haberse visto esta luz en figura circular: la altura en que se manifestó, superior á las más elevadas nubes; al haber comenzado después de dos horas de puesto el sol, en un tiempo sereno, y limpio el cielo; y la inclinación que tuvo hacia el Occidente, no dan lugar á dudar haber sido esta una aurora boreal semejante á otras muchas que se han observado en Europa. La misma luz se vio en la Villa de Ntra. Sra. de Guadalupe, un a legua al Norte de esta ciudad, y en San Juan Teotihuacán, distante de ella siete leguas al mismo rumbo; pero tan corta y debilitada, que no mereció la atención de sus vecinos; antes bien se sorprendieron los de Ntra. Sra. de Guadalupe, al ver entrar en aquella villa en tropas la gente que iba huyendo de México.

Fuente:

Museo Mexicano, Tomo IV. Imprenta de Ignacio Cumplido, México, 1844. p. 132

miércoles, 8 de julio de 2020

Los veintes: post dedicado a los millennials

   Esta imagen corresponde a 1975 en la esquina de las calles Allende y Sánchez Torrado. Verás por ahí un teléfono público, es esa especie de cápsula de acrílico color naranja. En esa década, era común ver en muchas esquinas esos aparatos públicos. Hubo otro tipo de cabinas, era lo más normal que teníamos y en ocasiones era necesario esperar mucho tiempo para hacer uso del teléfono. En las ciudades grandes, la de México, por ejemplo, las colas que se hacían para esperar un teléfono eran grades... y desesperantes. 

  En esta escena, también de la década de los setenta, vemos otra escena normal, es en alguna calle del centro de la ciudad de México, eran normales los boleros y eran normales los puestos de periódicos y revistas. Y si ves con atención la imagen verás que el bolero, harto de lo que sucedía todos los días a todas hora, puso el letrero "no cambio veintes", eso debido a que era necesario tener un veinte... o varios, para que el teléfono público funcionara. Era normal pedir veintes a los amigos, o cambiar monedas grades por veintes. De ahí también el término "ya me cayó el veinte", que quiere decir que ya entendí algo, en referencia a que, cuando el veinte caía en la alcancía del teléfono público, éste funcionaba.

  Estos eran los codiciados veintes, codiciados por los telefonómanos. Eran de cobre, ahora codiciados por los recicladores, y en ese tiempo, el tipo de cambio era de 12.5 pesos por un dólar, es decir, un veinte era 0.016 dólares.

martes, 7 de julio de 2020

1844, el monumento a la Independencia que no se construyó.

  La historia es por demás conocida. Fue en 1843 que el general Antonio López de Santa Anna decidió que era necesario cambiar la fisonomía de la Plaza Mayor de la ciudad de México, convocó a los artistas al concurso para elegir el monumento que iría al centro de dicha plaza, el proyecto incluía estandarizar los portales y eliminar el parián. Cuando se presentan los proyectos, el elegido fue el del arquitecto de la Hidalga y se comenzó a construir  el monumento que sería una columna y que para levantarla había la necesidad de construir primero un zócalo lo suficientemente grande para soportar lo que sería ese monumento a los héroes de la Independencia, se conmemoraría con ello el XXV aniversario de la Consumación de la Independencia 1821-1846, pero, ante la inestabilidad reinante y la huida del general el proyecto quedó en eso, en el zócalo solamente y esa es la razón por la cual conocemos a la Plaza de la Constitución con ese nombre. Historia romántica a más no poder pero de terribles consecuencias pues lo único que reflejaba era esa inestabilidad política reinante.  

  La imagen que sigue es ese monumento creado por De la Hidalga y el texto que va a continuación es el que describe el proyecto que presentó, al parecer fuera de tiempo, el ingeniero José María Echeandía, él mismo lo escribe y, al modo de la época se va al detalle de cada cosa y lo complementa con el dibujo del mismo. Quizá no te sea familiar el nombre del personaje, pero su andar por el norte del que era entonces el territorio de la Alta California, es interesante, llegó a ser gobernador de la misma, lo puedes ver aquí, texto en inglés.

  El deseo que nos anima de alentar por cuantos medios sean dables, las empresas de los mexicanos aficionados á la literatura y las artes, nos obliga á insertar la siguiente descripción que nos ha sido remitida por su autor, y que va acompañada de una litografía, persuadidos que aunque tal monumento no pueda adoptarse ya para la plaza mayor de México, si podría servir acaso para cuando se pensase en perpetuar por este medio en Dolores, Iguala ó Tampico la memoria de los triunfos nacionales. De todas maneras nos es grato sacar á luz un trabajo hecho por un compatriota nuestro, pues manifiesta el estudio y el empeño, y servirá de estímulo para que en caso semejante se ejecuten trabajos perfectos y grandiosos. El artículo á que nos referimos es el siguiente.

   "Perpetuar la serie de acontecimientos que lijaron la suerte de la sociedad; inmortalizar los nombres de los heroicos caudillos que le dieron el ser; y trasmitir á la posteridad sus gloriosas hazañas, ha sido en todos los tiempos el sagrado objeto de las naciones del globo. La mexicana, grande por su extensión, opulenta por sus riquezas, fecunda en producciones esquistos, y abundante en los mejores elementos para distinguirse entre las más cultas, no es menos acreedora a consignar para siempre en las páginas de la historia, la célebre de su independencia y libertad. Un testimonio auténtico que eternice su memoria, y sea al mismo tiempo digno premio de honor y gratitud á los beneméritos atletas, que lucharon en sus diferentes épocas hasta su consecución, fue por sin duda el patriótico y noble fundamento que motivó el plausible decreto de 27 de Junio del año próximo anterior. Convocados en consecuencia los profesores de arquitectura para proponer el diseño del monumento que debía erigirse, y encontrándome en el número de estos, con el título de académico de mérito de la de bellas artes de San Carlos, habiendo seguido mi carrera militar en el cuerpo de ingenieros, y siendo mexicano por mi nacimiento, me consideré con una precisa obligación á la empresa. Yo penetré muy bien su importancia, como que en ella se interesaba nada menos que el decoro nacional; pero no tuve la libertad necesaria para la invención, porque el programa de la academia me limitaba á ciertas bases que fue preciso observar sustancialmente hasta determinado punto. Circunstancias imprevistas de mi posición individual, hicieron difícil la presentación de mi proyecto de otra manera que la que era suficiente para la calificación por diestros peritos, A la vez que me ha sido dable manifestar al público su alzado perspectivo, lo verifico, no porque esté persuadido de que sea lo mejor en su clase, sino únicamente para que vean mis conciudadanos, alguna de las varias ideas que dieron los artistas mexicanos, del mismo modo que han visto las que produjeron los originarios de otros países. La descripción del proyecto es la siguiente.

  El obelisco comienza á levantarse por una gradería sencilla y espaciosa, que recibe un basamento circular con cuatro pedestales repartidos en el perímetro, y en los espacios que entre ellas resultan, están colocadas otras tantas puertas. Sobre esa base se eleva una pirámide cuadrangular, truncada por un grupo de estatuas entre nubes. Las huellas de las gradas que sirven de zócalo, son escarpadas, porque si bien tienden á hermosear su vista, simbolizan igualmente la dificultad que hay para ascender al apogeo del honor y la gloria. Los pedestales llevan encima diferentes figuras, que respectiva y ordinariamente forman los emblemas del ejército y armada, de la agricultura y comercio, de la industria y las artes, de la moralidad y las ciencias: elementos indispensables al engrandecimiento de las naciones, y que progresando hoy ventajosamente en la mexicana, la encaminan con rapidez al mayor grado de su felicidad y esplendor. Lo demás del basamento va adornado de epigramas, inscripciones y jeroglíficos, alusivos á los objetos del obelisco.

  En los cuadros del cuerpo ático de cada puerta, situados en medio de los grupos de estatuas que sustentan los pedestales, y en las bases de la pirámide, se retratan de alto y bajo relieve los principales personajes y perspectivas locales de las épocas más distinguidas de la revolución desde el año de 1810 hasta el de 1843. Ocupan el primero los de los inmortales Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo, que con valor admirable lanzaron el grito de independencia en Dolores, y abrieron inermes la desventajosa lucha para destruir el oneroso yugo que agobiaba á su patria. El remate de este cuadro lo compone una estatua de la América, cuyas cadenas de humillación intentan destrozar los genios de la ilustración, que son también de bulto. La cara de la pirámide que pertenece á este lado, lleva esculpidos de relieve á ciertas distancias, algunos sucesos del principio de la revolución.

  Tienen lugar en segundo cuadro, los retratos de los denodados Morelos, Matamoros, Bravos y Mina, que difundiendo por todas partes el fuego de la libertad, mientras que en ardorosas lides las sostuvieron mientras que en algún tiempo, ha obteniendo no pocas victorias, establecieron provisionalmente el primer gobierno republicano. 

  El remate lo forma un grupo de estatuas, alegoría de la asamblea constituyente de Apatzingán. En este lado de la pirámide, van representadas de la manera que en el anterior, una que otra acción de gloriosa remembranza entre las muchas de guerra que hubo en aquella época. En el tercero, se encuentran los de los célebres Iturbide, Guerrero, Victoria, y otros de sus dignos compañeros. Su valor y talentos consumaron en breves días, maravillosa y extraordinariamente, la grande obra de la emancipación del Anáhuac. Dos esferas con una cadena tronchada por los genios de la concordia fraternal, emblema bastante conocido, con varias insignias y trofeos análogos, es el remate de este cuadro.

  Las reñidas acciones de Córdoba, de la Huerta, Arroyo-Hondo y Azcapotzalco, son las grabadas en ese lado de la pirámide. El último cuadro aparece con las imágenes del invicto Santa Anna, y las de los valientes y famosos colaboradores de la regeneración política de la república. A este benemérito caudillo es debido un servicio de tanta importancia, entre los muchos y muy señalados con que se ha distinguido en todos tiempos y circunstancias. Dio nueva vida y leyes a su patria. Remata el trozo histórico un simulacro de la libertad, ofreciendo con una mano las bases constitucionales y con la otra la oliva de la paz y la palma de la prosperidad. La prudencia acompaña al genio y el lagarto, el cuerno de la abundancia, las armas y banderas nacionales coronan la empresa, que es cubierta por el águila mexicana.

  En este lateral de la pirámide, recuerda el cincel, las brillantes jornadas de Veracruz, Tampico, y campo de la Estanzuela.

  Una estatua de la inmortalidad saliendo de las nubes, con el genio de la fama y el nacional, termina el obelisco. Su actitud es la de conducir á su augusto templo la historia mexicana. El primero de los genios denota con el símbolo de un laurel, el triunfo de la independencia y libertad de la nación en 1821; y con el clarín de la mano diestra, que publica al mundo la consolidación de su gobierno popular, representativo moderado en el de 843. El segundo, desarrolla una grímpola de los colores del pabellón de la república, que descendiendo espiralmente se envuelve en la pirámide. En ella irá grabada con letras de oro una inscripción, manifestando la época y objeto de la erección de este monumento, digno premio de los hijos predilectos de la patria, noble estímulo para los demás ciudadanos, y eterna memoria de la gratitud nacional.

  En lo interior del basamento, se encuentra un espacio cómodo y adornado, que puede servir para depósito de trofeos, antigüedades, a otros objetos preciosos, dignos de conservarse en todo tiempo. En el centro de la pirámide se coloca una escalera de hierro bastante alumbrada, que conduce hasta su cúspide.

   A la existencia del obelisco es consiguiente el arreglo del pavimento de la plaza y el adorno de los edificios que la circundan, para que todo presente más agradable perspectiva. Las vertientes de aquel, procederán del centro á unirse con las de la línea de las calles: se cubrirá de losas, que por el arte de su colocación y diversidad de colores, formen labores agraciadas. A las esquinas de entrada á los cuatro ángulos de la plaza, se les dará la configuración que tiene la del Portal de Agustinos y Mercaderes, para mejorar su vista y proporcionar mayor amplitud á su tráfico. Desembarazado el Portal de la Diputación de las paredes que impiden el tránsito por sus extremidades laterales se proseguirá el de las Flores hasta la encrucijada del Volador, y á estos y á los de Mercaderes se les pondrán exteriormente columnas, cornisamentos y adornos diferentes, cuyas modificaciones accidentales los embellezcan y uniformen en lo posible. Por el mismo estilo se fabricará otro portal en la extensión del frontispicio del Empedradillo que sea necesaria para cubrir el cuadro de la plaza. Una suntuosa columna con su cuerpo principal respecto, reformará la fachada del palacio. Al frente de Catedral se construirá un magnifico vestíbulo con dos portalerías a sus lados, y en los espacios que resultan à la espalda de estas, igual número de edificios destinados a objetos públicos. La parte exterior de las fábricas del cuadro de la plaza, llevará amplios embanquetados, que aumenten la comodidad que va a proporcionar la continuación de sus pórticos.

México, Julio 26 de 1844.—José María Echeandía,

Fuente:

Museo Mexicano, Tomo IV. Imprenta de Ignacio Cumplido, México, 1844, pp. 223-224