viernes, 22 de marzo de 2019

Sobre cartas, evangelistas, usos costumbres y repetidas palabras

    Nuevamente en esta mi scribanía (escritorio) me siento frente al ordenador y ya no con papel y pluma de ave, sino tecleando en la lap me engalano al recordar aquel oficio que había, el del escribano, no el real, no el de cabildo, sino el del público en general que algún escrito requerían, sea para enviar un saludo, que una declaración amorosa, que dejar asentado y por escrito, algo de importancia. Y como en la época virreinal todo giraba en torno a la religión, a aquellos que sabían escribir se les asociaba con los Evangelistas, pues los Evangelios fueron escritos por alguien, y ese alguien era un Evangelista, de ahí que la idea se asociara con esa palabra y de este modo se les refería a los escribanos como Evangelistas, en la ciudad de México sobrevive en la Plaza de Santo Domingo el portal de los Evangelistas, que igual que yo, ya no mecanografían o con papel y bolígrafo, mucho menos con papel y pluma de ave escriben, sino, frente a un ordenador.

   Este "choro", "rollo" o elucubración que acabo de hacer es en torno a una carta escrita en 1809 por un personaje llamado Ignacio que se encontraba en La Habana, Cuba, y envía una carta a Diego Casa Rul, mejor conocido como el Conde Rul para notificarle de los avances de ciertos pedimentos. Sabiendo que Rul fue en algún momento próspero mercader y comerciante, y ahora administraba una gran fortuna, parece ser que Ignacio era su agente de negocios en la isla, y noto que esa relación era de tiempo pues bien informado estaba del quehacer de don Diego. Pero lo interesante que veo aquí es la redacción de la carta. Recordarás que hace algún tiempo publiqué una anécdota que me ocurrió y me sorprendió, en la que contaba la cantidad de veces que oí decir a una persona "guey" en una conversación de diez minutos... pues bien, en esta carta veo que Ignacio hace uso y abuso del "Vuestra Merced", dieciocho veces en un texto tan corto. Veamos:

 Don Señor Conde de Casa Rul:

Mi siempre querido amigo mío. Por fin al cabo de nueves meses he tenido el gusto de recibir su muy amada carta de 26 de noviembre último, la cual me ha sido tan satisfactoria por ser de un amigo a quien siempre he querido y amo, sin embargo, de que Vuestra Merced no me corresponde, pues la experiencia así me lo ha hecho conocer en este espacio que refiero; pero en fin ya he dicho a Vuestra Merced que a pesar de todo lo he de querer y que ésta satisfacción no me la puede quitar ningún viviente de este mundo; estaba sumamente quejoso de Vuestra Merced y aun dispuesto a haberle dicho muchas cosas pero todas han desaparecido en el momento mismo de que recibí su carta, pues yo no sé qué imán tiene Vuestra Merced para mí.

Siento infinito que Vuestra Merced no hubiese disfrutado de los quesos que le mandé y que por ser legítimos ingleses de piña, que cogí cuando estuve en Providencia con el objeto de que fuesen para Vuestra Merced, lo que siento que aquí no hay de ellos para repartir su remisión, pero si logro de otros buenos irán para esa.

Remitiré a Vuestra Merced con mucho gusto los encargos que me pide de licor y espelma, bien que todos no irá de una sola vez por lo delicado que me escriben de Veracruz se hallan las cosas para su introducción.

La mantilla o chal, que Vuestra Merced me pide buscaré y remitiré, pues como la que mandé a María Teresa vinieron tres y se vendieron al instante.

En cuanto al capellán ayuda de cámara y señora que me encarga, los solicitaré y avisaré a Vuestra Merced su resultado y si en éste intermedio lograse de la ayuda de cámara, son las circunstancias que Vuestra Merced me encarga se lo remitiré sin aguardar su aviso, pues de mandar yo estos sujetos ha de ser completos como Vuestra Merced los necesita y quiere, y así descuida Vuestra Merced penas que deseo complicarle y acreditarle como siempre, que lo amo mucho, aunque Vuestra Merced a mi poco.

Mariquita me ha escrito el estado en que se halla la hacienda y lo que con acuerdo de Vuestra Merced ha determinado para que sus antiguos dueños la vuelvan a recibir por los avalúos que entregaron; yo espero que Vuestra Merced haga todo lo posible para que así se verifique, pues al efecto le pueda Vuestra Merced decir a don Joseph María Bonilla, que es el tutor del Chichón, que esto mismo teníamos tratado con su hermana y que se iba a beneficiar; en fin yo espero que Vuestra Merced por medios de sus respectos tomará las medidas que son necesarias para que se logren nuestros deseos.

El navío San Justo llegó a éste puerto felizmente con el excelentísimo virrey don Jospeh de Yturrigaray, el cual los días que dicho navío estuvo aquí no bajó ni él ni ninguno de su familia a tierra y solo lo verificó la baronesa y si hija.

De noticias de España no sabemos nada porque no ha estado en estos días ningún buque procedente de allá.

Amigo cuando creí que lo dejasen a Vuestra Merced descansar va su regimiento a la provincia y sobre las armas, yo no sé por qué es esto, pus creo que por allá no se necesitan ahora tropas, yo celebraré que le vaya a Vuestra Merced muy bien en la marcha y que cuando llegue a Valladolid y viese al amigo Obeso le dará Vuestra Merced mis memorias.

No deje Vuestra Merced de escribirme, pues sabe que aprecio mucho sus cartas, este su siempre apasionadísimo amigo que lo ama mucho de corazón.

Ignacio

   Y tú, mejor dicho, Vuestra Merced, qué opinas del uso y abuso, aunque, claro está que al adentrarnos en documentos antiguos, encontraremos continuamente esa repetición, como es el caso del "dho", abreviatura de la palabra "dicho" que en ocasiones se repite 4 o 5 veces en una sola frase, con aquello de "o dicho por el dicho tal que dicho tal ha dicho"... dho y dro son abreviaturas que, cuando entres al fascinante mundo de los Archivos Históricos verás continuamente, por cierto, "dro" quiere decir derecho.

  Y hablando de abreviaturas, Vuestra Merced en ocasiones se anotaba como V. Mrd. juego de palabras por demás interesante que dejó profunda huella en nuestro idioma, eso lo puedes ver aquí.


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