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martes, 20 de octubre de 2020

El curioso y enigmático diseño del molino de la Hacienda de Tezontepec, municipio de Tepeyahualco, Puebla.

   En el viaje virtual que estoy haciendo, vuelvo de nuevo al estado de Puebla, por el rumbo del municipio de Tepeyahualco, un poco al norte de la cabecera municipal se localiza la comunidad de Tezontepec, sitio en el que hubo una hacienda de la que quedan algunos vestigios, quizá esté completa, no lo sé, pues solo me baso en la imágenes que he podido ver desde el satélite y en las fotografías que los usuarios han subido al sistema Google Maps. Y es justo ahí donde encontré una imagen que me impactó por su diseño, pensé se trataba de una noria, dado que por el rumbo está una de singular forma, la de la hacienda de San Roque pero no, no lo es, se trata de un molino.

   ¿Molino de qué? Quizá de metales, quizá de piedras de cal, pues no lejos de ahí está una calera que sigue produciendo en nuestros días pero no lo puedo afirmar, así que, al buscar datos sobre el sito, entro en la Enciclopedia de los Municipios de México y encuentro esto:


   “Los primeros pobladores fueron tres asentamientos de origen olmeca, teotihuacana y náhuatl, posteriormente llegaron los mayas, residieron en lo que hoy son la ruinas de Cantonac, aproximadamente hace 2,000 años A.C.; el cual encuentran los españoles en 1519 de paso a la gran Tenochtitlán los recibe un cacique llamado Atonaletzin que en lengua náhuatl, quiere decir "Pequeño sol" o "Solecillo ".


   Dato que al desearse confirmar lo encontramos en el archivo de Indias en Sevilla España para confirmación precisa en la tercera carta de relación que le manda Hernán Cortés al Emperador Carlos V y I de Alemania.


   El paso obligado de los españoles que venían de la Madre Patria, y que se habían quedado a poblar por toda la ruta que hasta la fecha conoce en ese pueblo como "las ruinas de los mesones", que estuvieron en auge, lo que hoy se conoce como fábrica de cales Tepeyahualco, que antiguamente era la Hacienda Beneficiadora de Metales que procesaban extraídos al oriente de la población.


  Don Gastón de Peralta, Conde de Falces, Virrey de la Nueva España, "El Clemente", concedió la fundación de la población de Tepeyahualco con cédula del 26 de agosto de 1556. Quedó ubicado a 7 kilómetros al sur de Cantona”.


  Entonces, si hubo una hacienda de beneficio, que ahora es la calera, y veo que por el rumbo hubo minas de plomo… este molino ¿fue parte de ese sistema productivo? Si alguien lo sabe, agradeceré lo comente.




 

miércoles, 14 de octubre de 2020

Algunas de las haciendas y ranchos del estado de Puebla que había en 1901















Este listado que acabamos de ver fue realizado por John R. Southworth en 1901, ahí da cuenta de las haciendas y los ranchos localizados en las inmediaciones de las estaciones del Ferrocarril Mexicano del Sur, el que tenía como destino la ciudad de Oaxaca. Seguramente eran más las haciendas y los ranchos que había por cada uno de los rumbos pero estos son los que el autor consigna. Es interesante ver que incluye, además, el nombre del propietario. El libro en el que aparece el listado se llama Puebla Ilustrado. Fueron varios los tomos que el autor publicó, cada uno dedicado a un estado de la República Mexicana. Libros que estuvieron bajo el auspicio de Porfirio Díaz que él consideraba que esta era la manera de publicitar a México para atraer la inversión extranjera. Las publicaciones se limitaron a la edición sobre Baja California, Sonora, Sinaloa, Veracruz, Puebla, Oaxaca, Yucatán, el Distrito Federal y uno que era el directorio de minas y haciendas de la República. Los demás estados no fueron publicados pues no se concretó el contrato. Las ediciones abarcan de 1888 a 1902.



 

martes, 13 de octubre de 2020

Las haciendas azucareras de Guillermo (William) Jenkins en Puebla y la arqueología industrial

   Leía en la página de Haciendas de México que no hay municipio en toda la República Mexicana que no tenga algo que contar sobre una hacienda, y es muy cierto. A este concepto agrego que en toda historia de una Hacienda siempre surge un personaje que llama la atención por ser intrépido, astuto, brillante, sagaz, audaz y todos los calificativos que le quieras agregar. Y es justamente lo que apenas en el artículo anterior descubrí. Para ello es necesario ubicar geográficamente al municipio de Izúcar, el Valle de Matamoros y el Río Nexapa.
                     
             
El personaje se llama William O. Jenkins, originario de Tennessee en los Estados Unidos, que llega a México con su esposa que padecía tuberculosis, se instala en Monterrey, luego se va a trabajar en los ferrocarriles en Aguascalientes y ya comenzado el siglo XX se instala en Puebla, logra hacerse de unas máquinas que fabricaban calcetines y llega a amasar una fortuna que, aprovechando las consecuencias económicas que deja la Revolución, adquiere varias haciendas, doce, azucareras en el Valle de Matamoros, en conjunto representaban 120,000 hectáreas. (En la imagen vemos el río Nexapa en foto de 1902.)

             
   Llega a ocupar un importante cargo en el Consulado Norteamericano, se ve envuelto en un escándalo que se discute aún en nuestros días si fue secuestro o autosecuestro en tiempos de Venustiano Carranza. Le son expropiadas las hacienda cuando inicia el reparto agrario pero sigue siendo el acaparador del azúcar y su fortuna la mantiene, entra en el negocio del cine en tiempos de la Época de Oro, crea la cadena de cines más grande de México, además de participar en la banca, era accionista del Banco de Comercio, ese que luego conocimos como Bancomer y que BBVA, hace un año adquirió en su totalidad.

             
   En esta interesante foto de un cuexcomate en algún lugar de Izúcar, nos indica, quizá alguna cercanía a un ingenio azucarero, no lo sé, pero si tú no sabes de los cuexcomates, entra aquí.  Los números en el mapa anterior refieren a las doce haciendas que Jenkins adquirió, algunas están en el actual municipio de Tepojuma, otras en el de Chietla y una más en Huaquechula, pero en su momento se consideraban de Izúcar, la verdad desconozco a detalle la evolución de la división municipal del estado de Puebla, lo interesante está en lo que sigue, que son datos de cada una de esas doce haciendas.

             
1.- Hacienda de La Magdalena Tepeojuma.-  Fundada a mediados del siglo XVI-- después de que  los españoles conquistaran Izúcar-- bajo la advocación de Santa María Magdalena. De acuerdo a la información que menciona Paredes, ésta es una de las más antiguas haciendas azucareras del Valle de Matamoros, ya que la ruta que siguieron los hispanos para ingresar fue la de Huaquechula-Teyuca-Izúcar. (Paredes, 1991: 61). Está situada sobre la carretera Izúcar-Puebla, en la ribera occidental del río Nexapa. (Sánchez, 2007:55-57). Uno de los capitanes de Hernán Cortés, Diego de Ordaz, casó con Axóchitl, la hija del cacique de Tepeojuma, convirtiéndose así en el encomendero de Tepeojuma. Entre 1921-1938 fue propiedad de  los sucesores de don Sebastián Benito de Mier, quienes la vendieron a Guillermo Jenkins. (Gómez Carpinteiro, 2003:138).

              
2.- Hacienda de San José Teruel.-  Se localiza en las inmediaciones de la población de Teyuca, del lado izquierdo de la carretera Izúcar-Puebla. Fundada a mediados del el siglo XVI, se piensa que sea la segunda establecida por los españoles en el valle. (Sánchez, 2007:65-68). En 1924 pasó de las manos de sus antiguos dueños, don Francisco y don Manuel Conde, a las de Guillermo Jenkins. (Gómez Carpinteiro, 2003:138).

              
3.- Hacienda del Espíritu Santo Tatetla.- De acuerdo con Paredes, es una de las tres más antiguas del valle, está ubicada en el poblado de Santa María Tatetla, sobre  la carretera Izúcar- Puebla,  del lado derecho. En 1600 aparece como dueño  don Juan Márquez Amarillas. (AGN, Tierras, 571-64). En 1924 los hermanos Pérez Acedo la vendieron a don Guillermo Jenkins. (Gómez Carpinteiro, 2003:254). El 20 de noviembre de 1954, el Ingenio Atencingo S. A. vendió a Bacardí y Compañía el casco de la hacienda, para ser sede de la Destilería Bacardí, en La Galarza, Puebla, como hasta la fecha. (Tradición oral 2004.). (Sánchez, 2007:74-76).

              
4.- Hacienda de San Juan Colón.- Aparece en 1613 mencionada como la Hacienda de Los Padres (Von Wobeser, 1989:51). Se ubica en el poblado de Tilapa, que depende políticamente de Izúcar de Matamoros, a un kilómetro del crucero de la carretera Izúcar- Atencingo- Atzala. En 1924, doña Herlinda Llera viuda de don Vicente de la Hidalga, vendió a Guillermo Jenkins, las haciendas e ingenios de San Juan Colón, San Félix Rijo y San Lucas Matlala. (Crespo, 1988:829).

              
5.- Hacienda de San Félix Rijo.-Situada en el poblado de San Félix Rijo, sobre la carretera Izúcar- Cuautla, del lado derecho. Formó parte del patrimonio de doña Herlinda Llera viuda de la Hidalga, quien la vendiese a Guillermo Jenkins en 1924. (Crespo, 1988:829). Se registra la fecha de 30 de mayo de 1684 como la de su fundación, cuando por Cédula Real, le conceden licencia a don Juan Rijo Briceño para construir un trapiche y moler caña en la región de Izúcar. (AGN, Reales Cédulas, 30-1104-291 vta.)- Actualmente ha sido restaurada cuidadosamente por su nuevo propietario, quien la adquirió  de su anterior dueño, el Gobierno Federal Mexicano, como parte del Fideicomiso Atencingo 80326.

              
6.- Hacienda de San Lucas Matlala.- En 1600 esta bella hacienda era propiedad del Convento Jesuita de Nuestra Señora de los Ángeles de la ciudad de Puebla., posteriormente lo fue de los frailes dominicos del Convento de Santo Domingo de la ya citada ciudad de Puebla. (Sandoval, 1951:49). Se localiza en el poblado del mismo nombre  al que se accede por un camino de terracería que sale de la carretera que une el poblado de Tlapanalá con  San Felipe Tepemaxalco. Hoy día, políticamente pertenece al municipio de Huaquechula. Como ya se ha dicho en otros párrafos, en 1924, la propietaria doña Herlinda Llera viuda de la Hidalga vendió esta hacienda y su respectivo ingenio a don Guillermo Jenkins, en conjunto, éste adquirió las tres propiedades ya mencionadas las que sumaron una extensión territorial de 35.122 hectáreas de tierra irrigada, cultivable y sembrada de caña.(Crespo, 1988:948). (Sánchez, 2007:98-99).

                   
7.- Hacienda de San Pedro Mártir Ballinas.- Esta hacienda se encuentra completamente en ruinas, primero por la destrucción que hicieron los diversos grupos en pugna durante la Revolución, y después porque se construyó la carretera Izúcar- Cuautla, en la década de los años 60 del siglo XX, con lo que terminó su destrucción. Se sitúa a dos kilómetros del poblado de Rijo, sobre el lado izquierdo de la citada vía, únicamente hay vestigios del templo y otros paredones. Uno de los primeros dueños de que se tienen datos fue el capitán Juan López Ballinas. (Paredes, 1991:64).

              
8.- Hacienda de San Guillermo Xaltepec.-Se localiza en las inmediaciones de la ciudad de Chietla. Aparece documentado en 1600 como dueño del trapiche don Cristóbal de Mendizábal. Posteriormente, los frailes agustinos del convento  de Chietla lo adquirieron. En 1924 don José Peláez y de Teresa vendió esta propiedad a William Jenkins. (Sánchez, 2007:130.132).

                       
9.- Hacienda de San Cosme y San Damián.- Las ruinas de ésta se encuentran en el poblado de Don Roque, situado entre Ahuehuetzingo y Chietla. Aparece igualmente señalado en 1600 don Cristóbal de Mnedizábal como propietario con licencia para sembrar caña de azúcar. En 1923 William Jenkins adquirió esta propiedad de sus dueños la Sociedad Peláez y de Teresa.(Sánchez, 2007:141-143).

              
10.- Hacienda de San Nicolás Tolentino.- Situada entre los pueblos de Matzaco y Ayutla, sus tierras han sido reconocidas desde sus inicios como de las más productivas de la región. Sus primeros propietarios fueron los frailes agustinos de los conventos de Chietla y Chiautla y en 1603 fue adquirida por don Gonzalo Pérez Gil. Durante el Porfiriato fue propiedad de don Sebastián Benito de Mier, yerno de don Porfirio Díaz. En 1924, don William Jenkins compró la hacienda a doña Guadalupe Cuevas de Mier (Sánchez, 2007:144-148).

                        
11.- Hacienda de San Juan Raboso.- Se localiza al sur de Izúcar de Matamoros, y era famosa por la fertilidad de sus campos y por los ricos hacendados dueños del ingenio de Raboso y sus administradores, quienes en conjunto hicieron progresar esta hermosa y señorial hacienda. Don Antonio de Herrera la fundó en 1591 con el nombre de San Juan Atotonilco, y  a partir de 1646 pasó a manos de don Alonso Raboso de la Plaza, quien cambió el nombre a San Juan Raboso. En 1935 doña María Gambú viuda de Maurer la vendió a William Jenkins. (Sánchez, 2007: 159-161).

             
12.- Hacienda de San José Atencingo.- Data de 1705 la primera información de este antiguo trapiche, aparece como su propietario don Nicolás Torres Castillo y Merlín. (AGN, Tierras, 225-2-158). Sede del Complejo Agroindustrial Atencingo instituido en 1921 por Guillermo Jenkins, quien lo adquirió, en 1924 de sus antiguos propietarios la familia Díaz Rubín, herederos de don Ángel Díaz Rubín. (Crespo, 1988:286). Desde el punto de vista de la geografía histórica de la caña de azúcar, el valle de Matamoros es una zona adyacente a los fértiles y bien ubicados valles de Cuautla y Cuernavaca, que durante siglos fueron la principal región cañera de México. (Crespo, 1988: 38). Durante el gobierno de Porfirio Díaz, se hacía mención del Estado de Morelos como el primer productor mundial de azúcar ya que contaba con numerosas factorías azucareras. Hoy día, de aquella bonanza sólo quedan dos ingenios en operación: Emiliano Zapata (Zacatepec) y La Abeja (Casasano). La producción cañera de las tierras limítrofes con el Estado de Puebla se industrializa en Atencingo, ya que han quedado dentro de la zona de abasto respectiva y los productores cañeros morelenses reciben avío y asistencia técnica del Departamento de Campo del propio ingenio. Jenkins reconstruyó Atencingo para que fuese el ingenio central del valle, el que operó bajo la razón social de Compañía Civil e Industrial de Atencingo; los demás ingenios fueron desmantelados y su equipo enviado a Atencingo. Desde su fundación a la fecha, Atencingo ha sido y es el ingenio más productivo y moderno, no sólo de México, también de América Latina, reconocido como el mejor indiscutiblemente por su capacidad instalada de molienda—9,500 toneladas diarias—y sus instalaciones fabriles; por las condiciones geográficas de su región, la tecnología agrícola implementada en su zona de abasto, por el rendimiento de materia prima por hectárea y de sacarosa  en caña obtenida en fábrica, y las características de su sistema de regadío. A todo lo anterior hay que sumar las facilidades de comunicación con otros lugares. En la tercera y cuarta décadas del siglo XX, los campesinos demandaron el reparto de tierras propiedad del industrial estadounidense. Ante las presiones de los agraristas, en 1938, el presidente Cárdenas decretó la expropiación del complejo agroindustrial de Jenkins para formar el enorme ejido colectivo de Atencingo y una sociedad cooperativa ejidal para su administración como zona productora de caña de azúcar. Los supuestos beneficiarios serían trabajadores de Jenkins, quienes como “ejidatarios” continuarían sembrando caña para seguir abasteciendo el molino que éste aún mantuvo. La decisión del presidente fue favorable para Jenkins, pues se aseguró que su complejo no fuera desbaratado y el agua siguió destinándose para la producción de azúcar, además se generó una nueva categoría política en la región: los ejidos colectivos, cada uno de ellos tomó su nombre de la antigua ex hacienda correspondiente, cuyos terrenos recibieron en dotación. El día 14 de abril de 1947 se constituye la empresa Ingenio Atencingo Sociedad Anónima, la misma que adquirió los nueve cascos de las haciendas antes mencionadas a la Compañía Civil e Industrial de Atencingo, el 15 de mayo del mismo año, exceptuando la zona de protección decretada en la dotación ejidal. Actualmente, el ingenio Atencingo es propiedad de Grupo Zucarmex,  una empresa privada.


Fuente:

Ramón Rivera Espinosa, Jorge Ramón Gómez Pérez. Libro 1701: “Arqueología industrial y patrimonio”, Biblioteca virtual de Derecho, Economía y Ciencias Sociales (enero 2018). En línea:
//www.eumed.net/2/libros/1701/arqueologia-industrial.html

 

lunes, 12 de octubre de 2020

Haciendas Azucareras en Puebla, de Hernán Cortés a William O. Jenkins (1520-1935)

   De lo mucho que hemos visto en este espacio sobre las Haciendas, hasta donde recuerdo el tema de las azucareras, es decir, los Ingenios, no los habíamos considerado, si bien compartí un texto sobre una de esta especialidad en Morelos, pero relacionado a una migración italiana que allí vivió, bueno, trató de vivir. Otro más fue enfocado a los acueductos, que mucho tienen que ver con la producción azucarera y uno más, también en Morelos, cuando tuve la oportunidad de visitar una en Cuautla, de Coahuixtla, de monumentales dimensiones.

   Esta vez, en estos “ácidos” tiempos de desentendimiento en torno a lo que, como lo cantó José José, “ya lo pasado, pasado…”, enfocamos el Ingenio azucarero (las Haciendas Azucareras) al ingenio de sus inversionistas para hacer un negocio enorme en torno a este producto, el endulzante natural por excelencia y veremos cómo, el abanico del tiempo se abre desde que Hernán Cortés comienza con los plantíos, los cañaverales, hasta que un norteamericano, avecindado en México y quizá nacionalizado,  William O. Jenkins, amasa una enorme fortuna en base a la siembra de caña y producción de azúcar. 

   No está de más recordar, dado que siempre hago comparaciones con lo ocurrido en el Bajío, que al comenzar el siglo XX y durante varias décadas, los cañaverales fueron siembras abundantes en los municipios de Santa Cruz, Villagrán, Cortazar y Jaral del Progreso en Guanajuato. Dicho esto, entremos en el tema apoyándonos en el texto de Ramón Rivera Espinoza, et alt.

   “El desarrollo histórico del valle de Matamoros se remonta a tiempos prehispánicos puesto que los naturales fueron los primeros residentes y principales propietarios de las tierras y aguas de la región. Ellos organizaron su economía y su sociedad según un sistema comunal. Más tarde, en el siglo XVI, cuando Hernán Cortés sembró caña de azúcar en las inmediaciones de la hacienda  San Juan Bautista Raboso, dio inicio  la industria azucarera del futuro Estado de Puebla. Junto con el Conquistador, arribaron al área otros hispanos conquistadores, colonizadores y misioneros. A los nativos se les explotó mediante el sistema de encomiendas, primero, y por medio de la hacienda, después. (Ronfeltd,1975:19). En octubre de 1520 los invasores españoles al mando de Hernán Cortés aniquilaron a los defensores itzocanos, capitaneados por el valiente guerrero Nahuaiácatl. Tiempo después, en 1528 el emperador Carlos V otorgó a Pedro de Alvarado la encomienda de Izúcar.

   Con la llegada de los españoles se alteró el equilibrio ecológico en la región de Izúcar, pues se introdujeron  la caña de azúcar y el arroz, los cítricos, el ganado vacuno, equino y caprino. Proliferaron las haciendas cañeras y los acueductos, además, a mediados del siglo XVI se inició la disputa por la propiedad de la tierra y el agua entre los hacendados españoles y las “repúblicas de indios” de la región. El cultivo del arroz, por su parte, permitió el desarrollo del mosquito Anopheles, transmisor del paludismo, que se combatió constantemente fumigando con DDT, sólo hasta que se dejó de cultivar arroz en plantíos inundados, se controló esta terrible fiebre palúdica.

   Una vez realizada la Conquista de México, los  conquistadores pasaron a ser colonos;  rehabilitaron y continuaron usando estos sistemas hidráulicos, los que complementaron  la edificación de haciendas y acueductos europeos,  al mismo tiempo que introdujeron nuevos cultivos como el trigo, el arroz y la caña de azúcar; esta última Hernán Cortés la  sembró en la región veracruzana de Los Tuxtlas, primero, en Tlaltenango, Morelos, después y,  más tarde en Tepeojuma, Puebla. Hernán Cortés destaca dos cosas notables de Itzocan: su centenar de templos (teocalli) y su sistema de acequias, que aún subsiste. Mandó arrasar los teocalli y edificar en su lugar templos católicos, para combatir la idolatría.

   Dado que la caña es un cultivo tropical, en la región de Izúcar hallaron los españoles las condiciones propicias para su cultivo, desarrollo, cosecha e industrialización. De tal modo que muy pronto, en el fértil valle izucarense proliferaron las haciendas cañeras, sustituyendo la caña al nativo algodón; los bosques fueron talados para sembrar la dulce gramínea y los árboles se quemaron en el proceso extractivo del azúcar; las acequias prehispánicas irrigaron los cañaverales; cada hacendado construyó su propio acueducto para mover las ruedas hidráulicas de sus trapiches con agua proveniente de la cuenca del río Nexapa y sus afluentes y estableció así su propia zona de abasto cañera y su trapiche para moler caña. Los siglos XVIII, XIX y XX han sido los más prósperos en la región en cuanto a la producción de azúcar.

   Desde el siglo XVI los usos del agua en la región izucarense estuvieron reglamentados por el gobierno virreinal, como consta en las ordenanzas de Juan González de Peñafiel, que datan de 1643, que disponían las dotaciones de agua para las haciendas cañeras, propiedad de españoles, las huertas y campos de indígenas, los pueblos y barrios. Para zanjar los problemas que surgieron en torno al uso y posesión del agua, en 1635 la Corona española envió a la región al fiscal González de Peñafiel a investigar los fuertes conflictos entre naturales  e hispanos. Su sentencia estuvo encaminada a frenar las prácticas de los españoles en detrimento de las comunidades indias, consistentes en tomar más agua de la requerida y almacenarla en jagüeyes, para el cultivo de siembras  y crianza de animales. Estableció los surcos de agua, medida antigua del líquido, que correspondería a cada propietario español y a cada comunidad indígena. Esta medida generó “usos y costumbres” entre la población y favoreció la privatización del agua. (Gómez Carpinteiro.2003:13-42).

   A lo largo del siglo XIX, el valle de Matamoros se convirtió en una de las regiones productoras de azúcar más importantes de México. Numerosas haciendas cañeras se fundaron, a saber, San Nicolás Tolentino, Espíritu Santo Tatetla (La Galarza), San Juan Colón, San Félix Rijo, San Lucas  Matlala, San José Teruel,  San Juan Bautista Raboso, San Guillermo Jaltepec, La  Magdalena Tepeojuma, Amatitlanes, San José Atencingo, San Cosme y San Damián, San Pedro Mártir Ballinas y San Andrés. Pocas han sido restauradas por sus nuevos propietarios, tal es el caso de La Galarza, propiedad de Bacardí y compañía; la de San José Teruel, la de Rijo y la de San José Atencingo que alberga el complejo agroindustrial del mismo nombre. De varias más sólo quedan en pie algunas edificaciones y de otras únicamente el recuerdo, la referencia oral o el topónimo.

   Para procesar la caña dentro de su propiedad, casi todos los hacendados construyeron su propio trapiche. El más grande de todo el valle estaba en Atencingo. Estos rudimentarios ingenios, durante la dictadura porfiriana se modernizaron rápidamente ya que los hacendados introdujeron energía hidráulica, electricidad y nueva maquinaria. Como fuerza de trabajo, cada propietario contó con un grupo de peones, que en muchos casos estaban obligados a vivir y trabajar en la hacienda. De las antiguas haciendas azucareras quedan en pie los acueductos, los llamados "cascos de hacienda" en cuyo perímetro se edificaron "la casa grande "o de los patrones, la casa de máquinas, la capílla, el cárcamo, las bodegas de  y otras construcciones, que son parte del patrimonio cultural tangible de la industria azucarera en Izúcar de Matamoros. El sistema de las acequias prehispánicas sigue intacto y en uso.

   Durante el Virreinato Izúcar de Matamoros se distinguió por ser una importante región azucarera, de allí que para su estudio, las haciendas  se agruparon en cinco zonas, según un criterio geográfico. En la tercera década del siglo XX, al término de la Revolución Mexicana, entre 1921 y 1938, las haciendas azucareras del valle de Izúcar pasaron a conformar el Sistema Atencingo, propiedad de William O. Jenkins. Zona 1. Agrupa las haciendas siguientes: La Magdalena Tepeojuma, San José Teruel y EL Espíritu Santo Tatetla. Zona 2. La conforman las haciendas de: San Juan Colón, San Félix Rijo, San Lucas Matlala y  San Pedro Mártir Ballinas. Zona 3.- La integran las haciendas de: San José Atencingo, San Guillermo Jaltepec  y la de San Cosme y San Damián. Zona 4.- Forman parte de ésta las haciendas de: San Nicolás Tolentino y San Juan Bautista Atotonilco Raboso. Zona 5.- Dentro de ésta se consideran las haciendas de: Amatitlanes y  San Andrés. (1)


   Al inicio de la Ley seca en los Estados Unidos, Jenkins asume el negocio azucarero y del alcohol. Para 1938 ya era dueño del Sistema Azucarero de Atencingo, habiendo adquirido todas las haciendas dedicadas a este ramo: Tepeojuma, San Nicolás de Tolentino, Matlala, San Juan Raboso, la Galarza, San Félix Rijo y otras más que sumaban once, obteniendo un completo dominio económico y político de la zona. Cosechaba más de cuatrocientas toneladas anuales de caña y su producción de alcohol era considerada fantástica y fuera del control de impuestos, al grado de ser detenido en una ocasión en la cárcel municipal, junto con quien más tarde sería patrono y su apoderado Manuel Cabañas Pavia en septiembre de 1934, siendo después absueltos y haciendo desaparecer todo registro de su detención. Un tal Gabriel Alarcón Chargoy, comerciante abarrotero de la calle 3 Norte y 8 Poniente, había declarado que los camiones cargados de alcohol eran suyos y no de Jenkins, además de comprobar el pago de impuestos (Wikipedia).

 Fuente:

1.- Ramón Rivera Espinosa, Jorge Ramón Gómez Pérez. Libro 1701: “Arqueología industrial y patrimonio”, Biblioteca virtual de Derecho, Economía y Ciencias Sociales (enero 2018). 
En línea: //www.eumed.net/2/libros/1701/arqueologia-industrial.html