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miércoles, 12 de agosto de 2020

Las Diligencias en los Caminos Reales mexicanos, 1858

  Dentro de pocos días se estará conmemorando el X Aniversario de la declaratoria del Camino Real de Tierra Adentro por parte de la UNESCO. Algunas entidades oficiales han celebrado la efeméride con conferencias virtuales debido al tiempo por el que atravesamos. Otras harán publicaciones, no sé si en papel, pero sí sé que habrá alguno que otro video para recordar lo que ese patrimonio significa. Y como el tema del Camino Real siempre ha sido de mi interés y porque va junto, de la mano, con el de Haciendas y Templos, entre otros, esta vez agregamos una nueva entrada con esta interesante publicación que hubo en 1858.

  “El establecimiento de diligencias está organizado bajo un pie brillante, debido en gran parte al señor Zurustuza, y al señor Don Isidoro Adone, que a la muerte del anterior ha quedado enteramente encargado de su dirección.

   En la línea de Veracruz, sale de aquella ciudad el carruaje todos los días, excepto los domingos, y de México para aquel puerto todos los días menos los sábados, el asiento vale 35 pesos 4 reales. Este viaje se hace en tres días y medio de esta manera: a las cuatro de la tarde sale la diligencia de Veracruz y sin detenerse en ninguna parte más que para cambiar caballos, llega a Xalapa el día siguiente a las siete de la mañana. Allí se almuerza y a las diez se continúa el viaje a Perote, a donde se llega entre cinco y seis de la tarde. Allí se duerme, y al día siguiente a las cuatro de la mañana continúa la diligencia a Puebla, a donde llega a las cuatro de la tarde, debiendo haber almorzado antes los pasajeros en el pueblo de Nopalucan. En Puebla se duerme, y al día siguiente a las cuatro de la mañana sale la diligencia, se almuerza en Río Frío a las diez y media, y a las cuatro de la tarde se llega a México.

   En la línea del interior sale de México todos los lunes, miércoles y viernes. De México a Tepic el viaje se hace en 9 días inclusive el domingo que descansa la diligencia en Querétaro, Lagos o Guadalajara. El boleto importa 80 pesos, la diligencia sale de la capital a las cuatro de la mañana, se almuerza en Tepeji del Río y se llega a Arroyozarco a las cinco de la tarde, allí se duerme, y a las cuatro de la mañana del siguiente día se continúa el viaje, para almorzar en San Juan del Río, de donde sale para llegar a Querétaro a las tres de la tarde. Allí se duerme y a las cuatro de la mañana del día siguiente se continúa el viaje para almorzar en León, de donde sale media hora después para llegar a Lagos a las dos de la tarde del mismo día. Allí se duerme y a las cuatro de la mañana del otro día se continúa el viaje para almorzar en San Juan de los Lagos, de donde se sale después para llegar a la venta de Pegueros entre las dos y tres de la tarde del mismo día. Allí se duerme, y a las cuatro de la mañana del día siguiente se continúa el viaje para almorzar en la posta la Hoya, de donde se sale enseguida para llegar a Guadalajara a las tres de la tarde. Allí se duerme y a las cuatro de la mañana se continúa la marcha para almorzar en Tequila, de donde se sale media hora después para llegar a El Tajo o la Barranca de Mochiltic entre las cinco y seis de la tarde del mismo día. Allí se duerme y a las dos de la mañana del día siguiente se continúa el viaje para almorzar en la posta el Ocotillo, de donde se sale para luego llegar a Tepic a las cuatro de la tarde del mismo día.

   La línea de Morelia se despacha todos los lunes, miércoles y viernes, y el viaje se hace en tres días y cuesta 20 pesos. La diligencia hace su salida de México a las siete de la mañana en punto, se almuerza en Cuajimalpa, y se llega a Toluca a las dos de la tarde. Allí se duerme, y a las cuatro de la mañana del siguiente día se continúa el viaje para almorzar en La Jordana, de donde se sale enseguida para llegar a Maravatío a las tres de la tarde del mismo día. Allí se duerme, y a las cuatro de la mañana se continúa la marcha para almorzar en Zinapécuaro de donde se sale al punto para llegar a Morelia a las tres de la tarde.

   En la línea de Cuernavaca, sale de México todos los días los lunes miércoles y viernes y de Cuernavaca todos los martes, jueves y sábados. El asiento cuesta 6 pesos. El carruaje sale de la capital a las seis y de Cuernavaca a las cuatro de la mañana, se almuerza en la posta el Guarda y se llega a aquella ciudad a las dos de la tarde del mismo día de su salida.

   La línea de Pachuca, tiene señalados todos los lunes, miércoles y viernes para su salida de la capital y para venir de allá todos los martes, jueves y sábados. Cuesta el boleto 3 pesos. El coche sale de México a las seis y de Pachuca a las cuatro de la mañana, se almuerza en Tizayuca y se llega a Pachuca a las tres y a México a la misma hora de la tarde del día de su salida.

Nota, el libro original está disponible en la Biblioteca Digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León, por si te interesa leerlo completo.


Fuente:

Arroniz, Marco. Manual del viajero en México. Librería de Rosa y Bournet. París, 1858. Copia Facsimilar: Editorial MaxTor, Valladolid, 2012, pp. 47-50.

jueves, 16 de julio de 2020

Jofre, presidio en el Camino Real de Tierra Adentro

   En la década de 1560 a 1570 se acrecentó la hostilidad chichimeca, al fracasar los intentos del gobierno virreinal por apaciguar a las tribus del norte; los mineros y ganaderos exigieron que entrara en acción resueltamente para acabar con la amenaza chichimeca. Así, se volvió
a emprender la guerra a gran escala, “a fuego y a sangre”, contra los nómadas (Powell, 1992: 86). Tras dos décadas de guerra, se implementó la política de establecer presidios, que incluía un sistema de escolta militar entre los puntos fortificados o con guarnición militar. La parte más peligrosa del camino se hallaba entonces entre San Miguel y Zacatecas.

   Los dos primeros presidios de un total de siete que se edificaron -hacia 1570- por orden del virrey Martín Enríquez de Almanza (1568-1580) son los de Portezuelo y Ojuelos, al norte de San Felipe, escenario de las mayores depredaciones de los guachichiles. Antes de terminar la gestión de Enríquez, entraron en operación otros dos fuertes. Uno se encontraba en el portezuelo de Jofre, estratégico punto ubicado unas pocas leguas al norte de Querétaro, para proteger los dos principales caminos que iban a Guanajuato y a Zacatecas. En el siglo XVII se estableció una hacienda con ese nombre.

   En el informe que en febrero de 1582 presentó al virrey Lorenzo Suárez de Mendoza, conde de la Coruña (1580-1583), un grupo de estancieros y residentes de la frontera chichimeca detallaron la crisis que padecían y las condiciones de la guerra en ese momento crítico, por lo que pidieron justicia. En el punto quinto hablan de la ubicación de los presidios que cuentan con escoltas para proteger los caminos que van a Zacatecas y Guanajuato. En el caso del ubicado en la estancia de Jofre, piden que se mude al Cazadero, pues entre ambos puntos corren mucho riesgo los carros y recuas.

  El virrey ordenó una investigación, tomando el testimonio de varios capitanes y otras personas experimentadas en la Guerra Chichimeca, quienes confirmaron la preocupación externada por los estancieros. El primero que prestó testimonio fue el capitán Alfonso López, quien se opuso a las opiniones de los ganaderos sobre el sistema de presidios y creyó que las guarniciones debían seguir como estaban. El capitán Bernardino de Santoyo, quien tenía a su cargo los presidios de Jofre, San Felipe y Ojuelos, el tramo más peligroso del Camino de la Plata, convino con López en que se debían dejar los presidios donde estaban (Powell, 1980: 105-115).

   Hace varios años recorrimos junto con Juan Ricardo Jiménez la región, ubicada al extremo norte de la actual Delegación Municipal de Santa Rosa Jáuregui, para determinar la posible ubicación de dicho presidio y platicar con las personas mayores de las comunidades aledañas para ver si recordaban la existencia de alguna edificación antigua. No hubo éxito, pero el reconocido investigador habló sobre la importancia de la fortificación por lo expuesto antes y, en caso de existir, sería la edificación virreinal más antigua fuera de los monumentos existentes en el casco histórico de la ciudad de Querétaro.

   Lo que sí pudimos ubicar en otro recorrido por la región limítrofe con el estado de Guanajuato, identificada por el autor de la Relación geográfica de Querétaro como la sierra que los españoles llamaron Margarita y los indios, en lengua otomí, Abaxasni, que quiere decir “sierra de zarsas” (Acuña, 1987: 240) fue un pequeño tramo del camino real entre la comunidad de La Monja y la localidad de La Españita. Entusiasmados por el hallazgo, caminamos sobre las piedras por donde circularon hace más de cuatro siglos las carretas que transportaban el mineral extraído de los ricos yacimientos de Guanajuato. La siguiente imagen es muy similar a lo que observamos Jiménez Gómez y quien esto escribe al andar por la antigua vía.

   Más al norte, sobre el río Jofre, se situó otro presidio en las minas de Palmar de Vega (hoy Pozos), durante la época en la cual se abrieron: 1575-1576 y 1582. Los dos fuertes se hallaban sobre el camino principal que se dirigía a Zacatecas después de salir de Querétaro y su establecimiento se debió a las continuas depredaciones cometidas en el sudoeste por los guachichiles y pames desde mediados de la década de 1570. Igual ocurrió con el presidio que se instaló entre abril de 1576 y octubre de 1578 en el valle de Maxcala (Amazcala), al noreste de Querétaro (Powell, 1992: 149-152).

   En el siglo XVI el camino real a Zacatecas no pasaba por Querétaro, pues desde San Juan del Río seguía por la hacienda de La Llave, continuaba a Santa María Atongo y Chichimequillas.
Posiblemente la creciente importancia de la actividad minera obligó a la Corona a trazar un camino más recto para hacer llegar los bastimentos y el mineral, lo que implicó ahorro en tiempo y recursos. El camino viejo se cita en varias mercedes, particularmente las relativas a ventas (Jiménez Gómez, 1996: 79).

Fuente:

Jiménez Jiménez, Lauro. Historia de la tenencia de la tierra y organización política en México. El Ejido de Santa Rosa Jáuregui, Querétaro. LXIII Legislatura de la H. Cámara de Diputados. México, 2018, pp. 96-100

viernes, 15 de mayo de 2020

Algo sobre el Real, la moneda, el camino y las minas...

 Bien sabes la afición que tengo (entre varias otras) a las palabras, sus significados, sus orígenes y, en ocasiones, su decadencia… o desuso en todo caso. Esta vez le corresponde a la “real”, y para ello me sustento, me soporto, y hago referencia a algo real, la Real Academia de la Lengua. Para comenzar vemos lo que allá en el 1737 en el Diccionario de Autoridades se definía por real:

REAL. Lo que tiene física y verdadera existencia. Se dice también lo que toca y pertenece al Rey. Vale asimismo, ingenuo en el trato, y que no usa cautelas ni reservas. Equivale también a generoso y noble, con semejanza al porte de los Reyes: como pensamiento reales. Se llama la principal galera de testas coronadas y Reinos independientes. El campo donde está acampado un Ejército: y rigurosamente se entiende del sitio, en que está la tienda de la Persona Real, o del General. Se toma también por el cuerpo del Ejército”. 

Si por acaso te ha surgido la duda del ¿por qué al camino se le decía Real?, aquí está, del mismo diccionario, la razón:

CAMINO REAL. Se llama el más ancho, principal, fácil y cursado de los pasajeros, y el más público: y por eso tienen obligación las Justicias de tenerle llano, y compuesto, y en partes empedrado. Llamase Real, porque es público, o guía a parajes grandes, y se camina por él con más conveniencia”.

   Seguramente has leído la historia de ciudades mineras como Guanajuato, Pachuca, Taxco, o cualquier otra, y has visto que se le referenciaba también con la palabra real, esto debido a que era la manera en que entonces se les llamaba a los distritos mineros, claro lo tenemos con Real del Monte o Real de Catorce:

“Junto con la villa, la provincia, la misión y el presidio, instituciones españolas, existió otro importante establecimiento llamado real de minas. Se trataba esencialmente de un distrito minero en donde las autoridades, además de ejercer las funciones de gobierno, judiciales, fiscales y militares, debían aplicar las medidas conducentes al incremento de la producción de metales. Las autoridades superiores habían elaborado unas ordenanzas que los administradores del real de minas debían aplicar con firmeza y sagacidad. Con frecuencia, el administrador era el mismo alcalde mayor de la provincia, ya que aquí se podían obtener las mayores ventajas económicas”. (Breve historia de Sinaloa, Sergio Ortega Noriega. Colegio de México, 1999)

 Y ni que decir de la moneda, que se llamaba, precisamente, Real:

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Diccionario de Autoridades - Tomo V (1737)

REAL. Moneda del valor de treinta y cuatro maravedís, que es la que hoy se llama real de vellón; pero no la hay efectiva. En algunas partes de España se entiende por real, el real de plata.

REAL DE A CINCUENTA. Moneda de plata del peso y valor de cincuenta reales de plata doble, de los cuales hay muy pocos, por no ser moneda usual.

REAL DE A DOS. Moneda de plata del valor de la cuarta parte del real de a ocho, o mitad del real de a cuatro.

REAL DE A OCHO. Moneda de plata que contiene el peso y valor de ocho reales de plata. El que contenía ocho reales de plata corriente, o del valor de real y medio de vellón, valía por consiguiente doce reales de vellón. El que contenía ocho reales de plata doble, valía quince reales y dos maravedís de vellón: y este por la última Pragmática ha subido al valor de diez y ocho reales y veinte y ocho maravedís de vellón, que corresponde a diez reales de plata doble.

REAL DE A OCHO DE MARIA. Moneda de plata que se fabricó en el año de mil seiscientos y ochenta y seis, de menor peso que el del real de a ocho común, y correspondiente al valor de doce reales de vellón. Diósele este nombre por tener gravado en la cara principal el Dulcísimo Nombre de María con una cruz encima.

REAL DE A QUATRO. Moneda de plata del valor de la mitad del real de a ocho.

REAL DE PLATA. Moneda que en lo antiguo valía lo mismo que el real de vellón; pero después que se le dio a la plata el premio de veinte y cinco por ciento, valió real y cuartillo de vellón, que es el real que se regula en la limosna de la Bula. Después se le dio a la plata el premio de cincuenta por ciento, por lo que subió al valor de real y medio de vellón, y hoy se llama real de plata corriente. Últimamente subió al valor de diez y seis cuartos, que es el que hoy se mantiene con el nombre de real de plata doble.

Ya para terminar vemos que el Real, como moneda, tomó carta de naturalización en México:

  “El real fue una denominación de moneda en México que se mantuvo vigente hasta 1863 por Benito Juárez, siguiendo la ordenanza de la Constitución de 1857 que implantaba de jure un decimal sin embargo de facto se seguía usando el antiguo sistema de fracciones en octavos. Las equivalencias eran de 1 escudo de oro por 16 reales de plata o 128 tlacos. El peso se convirtió, en 1897, en la única unidad monetaria vigente en México, con una tasa de cambio de 8 reales por 1 peso.

  Las monedas valuadas en reales emitidas por primera vez en México pertenecían al real colonial español. En 1822 se comenzaron a emitir monedas del real de México. En 1863, México comenzó a emitir monedas valuadas en centavos, la fracción del peso mexicano, pero las monedas denominadas en reales (en particular, las monedas de 8 reales) siguieron siendo acuñadas hasta 1897.” (Wikipedia)

viernes, 18 de octubre de 2019

Algo sobre la conducta de la plata en el Camino Real de Tierra Adentro

   La conducción de platas desde esta capital, ha sido y recibídose ellas para el pago de derechos, con la informalidad de que está informado el Real Consejo, y previene la adición á su real instrucción en el art. 7: así consta de las cuentas que presentan oficiales reales, y de que mi jefe fue informado y enterado por las que pidió y se reconocieron ya glosadas del año de 1756, y por las certificaciones que de varias partidas de otras y del mismo derecho, le pasó el Real Tribunal de Cuentas, el cual hizo ver en su informe que corre con este expediente, un reparo sobre esta informalidad, y cuya satisfacción, emitida desde 1755 en que se puso á las cuentas de 1753, hasta que se produjo últimamente por oficiales reales, el Tribunal remitió por prueba de haber intentado el remedio. V. E. hallará la cuestión suscitada sobre el mismo reparo, y lo justo que es el que hace el Real Consejo por esta tolerada informalidad de las cuentas. Así lo estimó mi jefe difunto; y para el remedio de un daño que no puede percibirse hasta dónde llegará, se propuso el formar una instrucción y gobierno para la conducción de platas; y encargado yo de su ampliación, con arreglo á los preceptos que me impuso, la formé, y quedo también sin autorizarse. Pero teniéndola ofrecida á la superioridad dicho señor Virrey, yo la dirigí con los documentos probantes de la necesidad de establecerla, y con las razones que piden la real aprobación si se estima conveniente, porque en parte varia lo que previenen las leyes citadas á su art. 19; y para que V. E. no carezca de este documento, acompaño la copia de dicha instrucción.  

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Diccionario de Autoridades - Tomo II (1729)

CONDUCTA. s. f. Transporte de una parte a otra, y lo mismo que Conducción. 

CONDUCTA. Por Antonomasia se llama el transporte de moneda, que en récuas se lleva de una parte a otra: y ordinariamente se dice quando se condúce la plata de flota o galeones, del Lugar donde desembarcó, a la Corte o otra parte donde se destína.



Fuente:

Instrucciones los Virreyes de Nueva España dejaron a sus sucesores. Tomo I. Imprenta de Ignacio Escalante. México. 1873.  pp. 589-590

Un descripción del Camino Real (Camino Nacional) entre Irapuato y Salamanca en 1907

La Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, dice al Gobierno, con fecha 19 de enero anterior, lo que sigue:
   “El ingeniero Luis Espinosa comisionado para la reivindicación de Caminos Nacionales, a quien se ordenó por esta Secretaría que practicara una visita de Inspección al camino de esa Ciudad de Guanajuato a Salamanca y Valle de Santiago, en oficio de 8 de actual me dice lo siguiente: “Cumpliendo con el acuerdo que se sirvió Ud. comunicarme en su oficia de fecha 6 del mes de diciembre ppdo., girado bajo el número 6,849 por la Sección 2ª., procedí a recorrer los Caminos de Irapuato a Salamanca y Valle de Santiago y examinarlos detenidamente con la mira de verificar en ellos la existencia de daños y el mal estado a que se refiere “El Avance”, periódico semanario de Irapuato, en sus números 57, 58, 59 y 60, correspondientes respectivamente a las fechas de 14, 21 y 28 de octubre y al 4 de noviembre del año ppdo. Ahora tengo el honor de comunicar a Ud. el resultado de mi reconocimiento. Desde luego recorrí el camino de Irapuato a Salamanca, al cual principalmente se refiere el periódico citado, e hice las siguientes observaciones procediendo por tramos.
   Primer tramo. Saliendo de Irapuato recorrí sobre 800 metros la Calzada de Guadalupe en la que se encuentran dos puentes: uno “El Puente crucero del F.C. Central”, y el llamado de las “Once compuertas” construido sobre el Río de Guanajuato. –La calzada está empedrada y en buen estado de conservación; siendo de notar sin embargo que la insuficiencia del puente de las “Once compuertas” para dar paso a las crecientes hace desbordar al agua que invade un buen tramo de calzada y la ha convertido en arenal.
   Segundo tramo con una longitud estimativa de 1,500 metros. Lo encontré en buen estado de tráfico; faltan cunetas en general y las que hay están azolvadas.
   Tercer tramo aproximadamente 1,900 metros, comenzando en el lugar en que se halla una Mohnonera de la Hacienda de Buena Vista. Al partir de la Mohonera se construyó un bordo de tierra a la orilla del Camino para represar agua en los terrenos de la izquierda. Este bordo extiende su pie hasta el Camino y lo estrecha en poca cantidad de manera que no se siente perjuicio en el tráfico. La calzada con firme de piedra a que alude el articulista de “El Avance” comenzó según las huellas en este tramo, hoy solo se observan algunos restos de piedra picada. Otra observación es la de que al fin del tramo se encuentran dos hoyos hechos probablemente para agregar alguna tierra al bordo, uno de ellos tiene un plano 10 m. x 3 m, y el otro que semeja una figura triangular de 4m. de base por 25m. de altura; ambos tienen una profundidad irregular que en promedio no excederá de 0.50m.

   Cuarto tramo estimado en 1,750 metros. Termina en un puente de dos ojos sobre un canal de la Hacienda de Buena Vista probablemente para derivar agua del Río Temascatío. En la primera mitad de este tramo se tiene a la vista la Calzada a que antes me he referido con 7m. de ancho y conservado su empedrado, pero en estado tal de deterioro que no se hace uso de ella; en lo demás solo quedan restos más o menos visibles del empedrado. En cuanto al tráfico sólo se hace por una huella lateral, formada a la derecha en lo que queda del terreno del Camino, y sin ningún tropiezo en la presente estación, pero deberá hacerse con bastante embarazo en la época de lluvias a causa del lodo que será abundante embarazo en la época de lluvias a causa del lodo que será abundante.
Quinto tramo de 750 metros terminando en el Puente de Buena Vista construido en una curva del “Río Temascatío”. El Puente tiene tres ojos de 4.20m de claro cada uno, pero uno de ellos está completamente azolvado, lo demás de él se conserva en buen estado. En cuanto al Camino en este tramo nada ofrece de notable.
   Sexto tramo de 4,759 metros terminando en una encrucijada de caminos En la mayor parte de este tramo, nada notable se observa sino es en los últimos 900 metros de él, en los cuales, a partir de una alcantarilla sobre una atarjea aparece una sobre elevación de una faja de camino formando el equivalente de un bordo para recoger agua en los terrenos de la izquierda, la cual se utiliza para regar tierras en la región opuesta. Esta especie de bordo que tiene 900 metros, termina en un puente sin tablero en el cual el camino se encuentra cortado por un bache, pero la interrupción  del camino se ha evitado supliendo el tablero del puente con un relleno de tierra hecho en el claro del puente. Como 200 metros adelante del bache está la encrucijada de los caminos, también allí se ha formado otro gran bache que corta el camino y que lo ha formado el agua que se deriva de los terrenos de la izquierda para utilizarla en riegos en el otro lado. Esta encrucijada está ya en la parte del camino que se conoce con el nombre de “La Charca”. 
   Séptimo tramo de 1,250 metros terminando en el crucero del ferrocarril Central, situado entre los kilómetros 340 y 341, y todo comprendido en “La Charca”. El terreno en este tramo es fangoso, contenido sin embargo el terraplén de la Calzada de que ya se ha hablado antes. En este tramo termina propiamente el empedrado de la Calzada del cual solo quedan algunos restos según dejo dicho al relacionar el que he llamado Cuarto Tramo. Con excepción de ésta la piedra ha desaparecido, según voz pública, por haber dispuesto de ella el Ayuntamiento de Salamanca.

   Octavo amo de 3,500 metros. Contiene un primer trayecto de 3,000 metros que no ofrece como particularidades que mencionar más que la existencia de un puente sin tablero  de un solo ojo; al terminar en otro puente de dos ojos cuyo tablero está arruinándose por tener varios agujeros; y también por existir entre dichos puentes una citarilla de mampostería a la izquierda que en combinación con el terraplén de la Calzada sirve para almacenar agua en los terrenos de la izquierda. El trayecto restante para terminar el tramo concluye en un puestecito de 2m. de claro cuyo tablero se ha suplido con ramas y tierra para dar un paso estrecho al camino; finalmente , y a continuación del puentecito tiene el camino una cortadura que es practicable actualmente el suelo está seco, pero dejara de serlo en la estación de lluvias.
   Noveno tramo de 2,750 metros terminado en las primeras casas de la población de Salamanca. Las particularidades que se observan en este tramo son: a 350 metros una cortadura del terraplén de la Calzada por donde pasa una zanja o conducto de agua de riego; y a 870 un puente sin tablero. Después sigue el camino hasta llegar al Caserío de Salamanca en buen estado con un ancho de 21 metros y en el centro el terraplén de la Calzada con restos de firme que fue hecho con piedra apisonada. La división en tramos que he hecho del camino me pareció a propósito para localizar mejor las particularidades que ofrece y anoté en mi reconocimiento; en cuanto a las distancias que consigno en mi relación solo son estimativas, deduciéndolas del tiempo que empleaba en recorrerlas. Haciendo ahora un resumen de mis observaciones terminaré lo relativo al camino de Irapuato a Salamanca con la apreciación siguiente: Hay una extensión de camino cuya longitud es de cerca de 7 ¾ kilómetros que está en buen estado, y se forma de fracciones intercaladas entre las otras con las “Once Compuertas” otro llamado Puente Blanco y el de “Buena Vista” sobre el río Temascatío.
   En las fracciones que completan el camino y que en conjunto hacen 10 ¾ kilómetros se registraron ocho puentes pequeños en que solo 3 tienen sus tableros y ocho cortaduras de las cuales dos están acompañadas de baches de consideración. En estas fracciones el camino está de hecho sujeto a una servidumbre, derivada de almacenamiento de agua que hace en los terrenos de la izquierda, de donde pasa por diversos puntos para regar terrenos a la derecha. Lo primero ha ocasionado que se haya aprovechado el camino como bordo cuando su altura lo permite; lo segundo ha dado origen a las cortaduras y baches que he citado. En estos tramos también están los restos de la calzada que se construyó en la época de la administración imperial, consistiendo en terraplenes y vestigios del firme de piedra, además un corto trecho de empedrado en mal estado e inútil para el tráfico, En las circunstancias que quedan expuestas al tráfico se hace fuera de la calzada aprovechando una huella que se ha formado en lo que queda del terreno del camino, pero con la dificultad del paso de los baches y cortaduras que coinciden con los puentecitos: estos son en número de ocho y de ellos como queda dicho tres solamente tienen tablero. Indudablemente que las cortaduras constituyen una dificultad en el tráfico y que esta reclama un remedio que es fácil, pues se reduciría a reponer los tableros que faltan en los puentes y encausar el agua a través del camino en conductos de mampostería donde faltan los puentes.

   Tramo del camino de Salamanca a Pénjamo terminando en el rancho de la Capilla. El camino se desprende del que viene de Irapuato a unos 700 metros del panteón de Salamanca, teniendo a su derecha tierras de la Hacienda de Mancera y a la izquierda fracciones pertenecientes a Salamanca. Después de haber recorrido sobre mil metros se llega a un punto en el que el camino se estrecha a 26metros de ancho que tenía a solo 15 metros, porque se tomó una faja de él para construir un bordo de tierra que tiene como 900 metros de longitud; este bordo sirve para depositar agua en terrenos de Mancera en combinación con una presa de mampostería perpendicular aparentemente al camino; delante de la presa y por otro trayecto de mil metros más el camino se ha sembrado en una franja de 14 a 15 metros de ancho, no quedando para el tráfico más que una huella de 4 metros; esta aun sale fuera del terreno propio del camino para situarse en la ladera adyacente. Continuando delante se pasa por caminos privados, dejando así el camino público en un trayecto como de dos 2,000 metros para evitar las dificultades que ofrece la mucha piedra que contiene en su vecindad con la barranca de Mancerita, así como la de cruzar esta. El agua de esta barranca que tenía un curso libre hoy ha dejado de serlo a causa de una pequeña presa de mampostería hecha por desviarla de su curso natural y utilizarla en riegos. En esta operación resultaron para el camino dos perjuicios. Uno es tener agua represada en el paso del camino por la referida barranca de Mancerita y otro el de servidumbre que se le impuso de conducir el agua desviada por una cuneta izquierda a cuyo efecto se abrió en terreno del camino un canal de 4 metros en el fondo, pero que además, para levantar los bordos, se ocupó en todo una faja de 9 metros; y esto por una longitud de 1,000 aproximadamente. Después del canal no aparece ya el camino sino hasta pasar del rancho de La Capilla, es decir en un trayecto de más de 2,000 metros, en el cual se hace el tráfico o por caminos privados que rodean los terrenos que están en cultivo. Estimo, en resumen de lo que dejo expuesto, que el camino de Salamanca a Pueblo Nuevo y Pénjamo, en el tramo que terminó en el Rancho de la Capilla solo hay un kilómetro en que no se le ha tocado; 1,900 metros o más bien dos kilómetros en que hay que revindicar las fajas que han ocupado la hacienda de mancera con sus siembras y presas; dos kilómetros de tan mal camino que hay ventaja en evitarlo sirviéndose de caminos privados; un kilómetro en que hay que revindicar el terreno que ocupa un canal de desviación de las aguas de la barranca de Mancerita; y finalmente sobre dos kilómetros de camino que se ha ocupado entre el final del canal de desviación y el rancho de La Capilla. 

Libertad y Constitución.-
Guanajuato, 4 de febrero de 1907
Rúbrica.


lunes, 7 de octubre de 2019

Un reglamento para el tránsito y uso del Camino Real de 1877

   Hacía tiempo no alimentaba este blog con uno de los temas preferidos {uno de los tantos temas}, el relacionado al Camino Real; y estando en revisión de cientos de documentos digitales que guardo en mi archivo y que no he acabado de procesar, encuentro [reencuentro] uno que fue emitido en 1877, año en que toma don Porfirio Díaz la Presidencia de la República. En el documento que a continuación comparto, encontrarás información de fechas y decretos que relacionados al mantenimiento del camino se habían emitido y lo que en ese tiempo se estipulo como faltas y que eran causa de multas:

Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio de la República Mexicana. Sección Tercera. Circular.- 

  Para el más eficaz cuidado y vigilancia de la conservación y policía de los caminos nacionales, dispone el C. Presidente de la República, que se recomiende a las autoridades y demás funcionarios a quienes corresponda, la exacta observancia de lo precedido por el art. 16 de la ley de 24 de septiembre de 1842 y por las circulares de 23 de febrero de 1856, 17 de enero de 1868 y 6 de enero de 1869 y que estas previsiones adicionadas y ordenadas convencionalmente se reúnan en un solo empleo, en los términos siguientes:


   Todos aquellos daños que las personas, carruajes, bestias o ganados que transiten por los caminos de que hasta esta ley, tuvieren en sus obras de cualquier especie, en sus árboles o adornos, de propósito o esto por falta de la debida precaución, maltratándolos, arrancando piedras, golpeando sus fábricas, desfigurando, ensuciando su piso o sus fuentes, extraviando o entorpeciendo el curso de estos, de las zanjas o alcantarillas, estropeando o desarreglando los árboles, arrastrando maderas, piedras, ramas o cualquier otro objeto, aunque de ello no se advierta de primera vista haber resultado perjuicios los mismo que aquellos que echen al camino las aguas de riego, las de las tormentas, arroyos o fuentes, o represen y entorpezcan el curso de las que van por las zanjas o alcantarillas, serán indemnizados por aquellos que lo causaren, o por las personas a cuyo cargo estuvieren estos, los que además, en caso de descubrirse malicia en la acción que causó el perjuicio, pagarán una multa proporcionada de 2 a 50 pesos.

   Las partidas de carros y recuas desfilarán en una sola línea, cargándose todos a su derecha; en los puentes pasarán uno a uno los primeros, de manera que no graviten dos o más sobre un solo arco: en estos no podrán descargarse ni los carros ni las bestias. Encontrándose dos recuas donde se estreche el camino, o en los puentes se detendrá una de ellas hasta que la otra pase y lo mismo harán los carruajes. Las partidas de toros irán condicionadas con todas las precauciones necesarias y los conductores serán detenidos en caso de ocurrir alguna desgracia para imponerles las fuerzas de que se trata adelante. En ningún punto de los caminos podrán ni pasarán carros, bestias ni ganados: no se arrastrarán maderas ni se clavarán estacas, ni andarán vagando animales, ni se tirarán sobre la vía los que estén muertos; no se abrirán caños o zanjas, ni se azolvarán los laterales; no se arrojarán aguas o tierras, piedras o maderas: no se destruirán los muros, terraplenes, guarda-ruedas y demás obras: no se destrozarán los árboles plantados  en los caminos: nadie se alojará en los puentes, por la parte superior ni debajo: nadie podrá por las útiles de ropa y herramientas con el pretexto de facilitar los malos pasos; en cuando hubiere urgencia para componerlos o se atascasen algunos carruajes o bestias, se recurrirá a la cuadrilla más inmediata de trabajadores y el sobrestante o capataz dispondrá que en el acto se desatasque lo que esté detenido y se componga oportunamente lo malo.

  Cada infracción de las prevenciones anteriores se castigarán con la multa de 2 a 50 pesos antes expresada, según la gravedad y circunstancias y en cuando se haya destinado o maltratado a alguna de las obras pagará el que lo haya causado, aunque sea por descontado lo que importe reponiéndola y no pagando, se consignará a la autoridad política más inmediata o se dará sí está el aviso de quien ha sido el infractor, para que le imponga un correcto proporcionado de dos días a un mil.

   Los directivos de los caminos, y en ausencia los sobrestantes, capataces o guarda caminos, detendrán al infractor y lo consignarán a la autoridad política más próxima. La calificación de lo que importe reponer lo destruido o maltratado la harán los directores, y en su defecto los sobrestantes.

   Cuando una municipalidad, empresa o particular tuviese que hacer alguna obra que se relacione con la vía pública, ocurrirá al director del camino para que este le dé por escrito el permiso correspondiente. Si el director se negase a darle por no creerlo conveniente y a pesar de esto la municipalidad, empresa o particular, comenzare la obra, el director ocurrirá a la autoridad política más inmediata para que esta mande suspender o destinar la comenzada obra según el pedido oficial de la Dirección quedando además el impacto, sea quien fuere, en el caso de edificaran a su costa el mal causado y de ser multado con arreglo a las prevenciones anteriores.

   Se recomienda a las autoridades políticas que vigilen por sí y por medio de sus subalternos el exacto de esta circular que procedan con toda eficacia a castigar las infracciones y a recabar de los inspectores el importe de las reparaciones, según presupuesto y el de las multas correspondientes. Dichas autoridades integrarán a los pagadores de los caminos el importe de los presupuestos de reparación de los perjuicios causados por los infractores, recogiendo de las referidas pagadurías los recibos respectivos. Las multas a que fueron condenados los infractores, ingresarán a los fondos de las municipalidades correspondientes, para que las destinen a sus mejoras materiales.

  En los casos que conforme a esta circular tuvieren que obran las autoridades locales por sí, sin intervención de las direcciones de caminos se dará conocimiento a estas a la vez que dichas autoridades darán cuenta a su supresión, del nombre del infractor del perjuicio causado de la multa impuesta y de la inversión de ella.

   Lo cual hago a Ud. saber que para su más exacto cumplimiento, en el concepto de que impedirá que por el camino de su cargo se hagan pasar las aguas de riego de las haciendas, y que cuando por la posición hidrográfica de estas fuere necesario hacerlo, los propietarios o encargados deberán construir alcantarillas o fuentes, cuya construcción y reparación será de su cuenta.

Libertad en la Constitución
México, Septiembre 23 de 1877
Riva Palacio.


viernes, 14 de diciembre de 2018

Un asalto ocurrido en Salamanca en 1830 y sus consecuencias

  El sistema blogger a través del cual publico El Bable, tiene la facultad de llevar una estadística, de todo tipo de datos, esporádicamente la verifico, (por mera curiosidad), en uno los pasos me dice de dónde son los lectores, es decir, de qué país. Es evidente que el más alto, algo así como el 80% de ellos se localizan en México, un 8 o 9% en Estados Unidos y el resto se reparte en países de Latinoamérica, es sorprendente que hay gente en la India, en Rusia, además de España, que siguen este espacio.

  Con esto lo que quiero decir es que no sé de que Estado de México seas tú que me sigues, lo que sí sé es que ninguno de los Estados del país se libra de estar en esta mala, negra, estadística del crimen, sea por el motivo que sea... pues hasta en el crimen hay diferencias, en términos estadísticos, no es lo mismo un asalto a un homicidio... por poner solo un ejemplo. El punto está en que, siendo el enfoque de este blog el asunto histórico, no es nada sorprendente que tengamos los índices (si bien ya se dispararon) delictivos, pues -para nuestra desgracia- siempre han estado.
  
  El asalto en los caminos reales de México comenzaron desde que el camino fue concebido, era cosa habitual ir con precaución extrema al ir de una población a otra, pues lo más seguro que podría ocurrir era un asalto. De ello muchos de los viajeros europeos que estuvieron en México han dado cuenta; en esta ocasión veremos algo ocurrido en las inmediaciones de Salamanca (Guanajuato), en 1830.

  Al leer el documento, nos trasladaremos en el tiempo, intuiremos cómo era la vida, apenas una década después de la Consumación de la Independencia y de cuál era la forma de actuar de la autoridad.

   La noche del 18 de mayo último fueron robados unos arrieros en tierras de la hacienda de Mendoza, á quienes los agresores intentaron quitar la vida, no consiguiéndolo por la esforzada defensa que les fue opuesta: consistió el robo en cuatro cargas de tabaco que conducían de contrabando en las mulas en que lo llevaban, y en algunas otras prendas. Corrió desde luego la voz de que este crimen había sido perpetrado por una gavilla de salteadores residentes en la villa de Salamanca en donde tenían sus reuniones, combinaban sus atentados, y salían a ejecutarlos, ya en los caminos, y ya en los ranchos. Sabedor de todo esto el Sr comandante general del estado coronel D. Antonio García, dictó las providencias más eficaces para su aprehensión, y al cabo de algunos días consiguió que unos soldados de la tropa auxiliar aprehendiesen á Víctor Moreno, Vicente Quintanilla y Cristóbal Prieto. Por ser ladrones en cuadrilla de más de cuatro, aprehendidos por la milicia destinada á este efecto, se dispuso que se juzgasen con arreglo á ley de 27 de setiembre de 1823 y en consecuencia el fiscal de la causa dio principio á ella el día 2 del próximo pasado julio: fueron examinados dos de los robados, porque los otros hallándose ausentes sin saberse su paradero, no pudieron ser habidos; de su declaración resultó que el mencionado día 18  como á las nueve de la noche, fueron asaltados por una  reunión de hombres, que al parecer creyeron serían siete u ocho, quienes se les echaron encima dándoles el quien vive, haciéndoles fuego con pistolas, y acometiéndoles con las espadas, y una lanza que llevaban, de cuyos tiros libraron á virtud de la resistencia que opusieron, animados más bien dé los deseos de conservar su existencia que de las fuerzas con que contaban: al fin fueron vencidos, saliendo bastante herido, y hecho pedazos un jorongo que presentaba uno de ellos a las estocadas: les quitaron cuatro cargas de tabaco, y lo demás que queda dicho: al día siguiente creído José Ana Martínez de que los que los habían robado seriar, de Salamanca, se dirigió á aquella villa y por Gabriel Moreno compañero suyo en los contrabandos vino á descubrir que su hermano Víctor y Cristóbal Prieto, eran de los agresores: le suplicó que con todo encarecimiento, que por lo menos les volviesen las mulas, lo que al cabo alcanzó después de haber sufrido graves, insultos de uno y otro, y vístose en peligro de que lo asesinaran por temor de que no los descubriese á la justicia, como así se lo repitieron varias veces. Víctor Moreno y Vicente Quintanilla, de liso en llano confesaron ser verdad lo relatado, exponiendo el primero que  él fue quien convocó la reunión, noticioso de que los arrieros habían de pasar de noche por el potrero de Mendoza: que se juntaron él, Quintanilla, Prieto, Leonardo Moreno (a) el Pato, y Leocadio Pérez y montados y armados, salieron de Salamanca como a las tres de la tarde caminando tan poco á poco, que llegaron al potrero ya oscureciendo: se ocultaron tres tras de la pila de Rastrojo, y dos se fueron á esperar a los caminantes en un portillo: que estos volvieron avisando que no aparecían y empeñándose Quintanilla en que se retiraran, a lo que replicó Moreno insistiendo en que los habían de aguardar, después dé cuya disputa se dividieron en dos partidas una por el camino real, y la otra por una vereda: que los encontró la que se componía de dos, y siendo rechazada por los arrieros contrabandistas, se unieron todos los ladrones; Moreno y Prieto se empeñaron más que ninguno en la lucha, echando pie á tierra el segundo para mejor maniobrar, y que lo demás de pasaje era como lo habían contado los robados. Cristóbal Prieto con la más inaudita obcecación y altanería, negó al principio ser  cómplice del delito: más agobiado de los cargos y reconvenciones, confesó era verdad que se había hallado en el robo y cuanto de él se aseguraba.

   Además de estos datos hubo la declaración del testigo Mariano Sánchez, y para la comprobación del cuerpo del delito se practicó el reconocimiento de las mulas robadas y del caballo herido, siendo esto lo que permitían las circunstancias, después de que habían pasado tantos días del robo, y el tabaco no podía ser habido. Contra Moreno resultó probado en la causa, que en unión de otros once que se reunieron en Salamanca en la casa de uno que le llamaban el Bañado, concurrió al robo del rancho del Paso de Cobo (a) Cora, la noche del 14 de  febrero último, de donde se llevaron más de dos mil pesos en dinero, plata labrada, ropa de uso, caballos, y otras alhajas. Resultó igualmente contra Prieto, que los testigos que citó en su abono declararon contra producentem, asegurando que se ejercitaba en robar acusándolo de esto la opinión y fama pública, y que otras tres veces había sido procesado por ladrón, dos en Salamanca y una en Puruándiro, de donde antes de la revolución de 810 fue remitido á la Acordada de México; pues, aunque se empeñó en persuadir que allá lo llevaron por un pleito, semejante especie no puede reputarse por verídica, cuando es bien sabido que aquel tribunal no juzgaba sino a los ladrones.

   Practicada la ratificación de los testigos, los careos y sustanciado el proceso en la forma que previene la ordenanza del ejército, se vio en consejo de guerra ordinario el día 27 del susodicho julio y este tribunal fundándose en que en la causa estaba plenamente probado el delito, ya con la confesión de los reos, ya con los otros adminículos que brotan del proceso, y fundándose así mismo en artículos expresos en la ordenanza, y en leyes del estado, condenó á Cristóbal Prieto y Víctor Moreno á ser pasados por las armas, y á Vicente Quintanilla á ocho años de presidio en atención á que consta que delinquió obligado de las seducciones de Moreno, en atención también á que respecto de él no hay una constancia plena de haber intentado matar á los agredidos, y en atención finalmente á que su culpa no aparece tan enorme como la de los otros que han reincidido con frecuencia en el robo. Se pasó la causa al Sr. comandante general para la aprobación de la sentencia, y de facto fue confirmada el día 28, previo dictamen de asesor, señalándose por punto á Quintanilla la Alta California, adonde deberá marchar tan luego como pueda ser conducido. Notificado á los otros reos el fallo se les puso en capilla, y acudidos con todos los auxilios espirituales han sido fusilados en la villa de Irapuato el día de hoy concluyendo así esos desgraciados la carrera del crimen, y desagraviando á la vindicta pública y á las leyes, que tenían ultrajadas con sus atentados.

   El imperio de la justicia comienza á restablecerse: la seguridad del estado, animará al pacífico y honesto ciudadano, que ya no temerá perder en un momento el fruto de los afanes y trabajos de tantos años, y su vida ya no será amagada: los malvados temblarán al ver en esta ejecución el golpe que sobre sus cabezas va á descargar la cuchilla inexorable de la ley: los ciudadanos guanajuatenses se convencerán da que sus gobernantes no ven con una fría indiferencia los males que los aquejan, sino  que saben proveerlo de los remedios necesarios los críticos mordaces que solo están dispuestos para ridiculizar á las autoridades, enmudecerán, mal de su grado, al ver este testimonio irrefragable de que se trabaja por el cumplimiento de las leyes, y de las respectivas obligaciones: los labradores, comerciantes y demás personas que han sido víctimas de esos hombres inmorales, que se han constituido el verdugo de la sociedad, cobrarán aliento, y convencidos de que si coadyuvan á la administración de justicia, breve será destruido ese coloso: ya no rehusarán tímidos delatar á los jueces y declarar contra los bandidos, pues descubriendo, con claridad sus crímenes, es una temeridad creer que se queden impunes, y que pueden ser el objeto de sus rabiosas y crueles venganzas. Cese, pues, ese temor, pánico y vergonzoso; declárese una guerra abierta á los que como lobos rapaces, se ceban en el rebaño inocente: denunciase los ladrones á los jueces; acúsese a estos ante los tribunales competentes, cuando no los castiguen con arreglo á las leyes, y si en lugar de hacer todo esto, se obra con apatía, con consideraciones, ó con respetos indignos y punibles, quéjense á sí mismos los que sufran los males consiguientes á este egoísta disimulo.

Guanajuato 1° de agosto do 1830.

Fuente:

lunes, 26 de noviembre de 2018

De bandidos y asaltos en tiempo de Santa Anna... 1840 ca.

  Cuando hice la convocatoria, que nada tiene que ver con estos tiempos que nos tocaron vivir de consultas, fue para darle el lugar que merecen, que les corresponde, a los seguidores de El Bable, especialmente en estas ante vísperas y vísperas del X Aniversario, preguntando qué tema gustaría que tratara. Alguien levantó la mano y propuso sobre los asaltos a las diligencias, así que, hurgando por ahí, encuentro esto que escribió Albert Gilliam al respecto:

   Así avanzamos dos o tres cuadras; de repente doblamos una esquina y en ella vimos a varios hombres embozados que se estacionaban a lo largo de la banqueta; cuando pasó el chocheo, uno de ellos le dio la señal de que se detuviese. Nuestro buen hombre no le hizo caso y siguió su marcha, dando un latigazo a los caballos; uno de los miembros de la banda no pareció dispuesto a dejarnos pasar y sacó una carabina con la que apuntó al cochero. El pobre diablo tuvo que detenerse y seis individuos se nos acercaron llegando a cometer la osadía de encaramarse sobre la diligencia. Al meter su cabeza por la ventana uno de los ladrones se encontró con la boca de mi pistola y, cortesmente, me preguntó si se trata de la diligencia que iba hacia la capital. Se le respondió que la nuestra iba camino de Guadalajara; se nos dejó partir sanos y salvos. Todo el resto de la noche conservé mis manos sobre la pistola, dispuesto a pelear apenas oyese la terrible amenaza: “boca abajo”, que era tan común en México.
  Aproveché la ocasión para bajarme del carro, y lo primero que vi fue al conductor mirando hacia atrás con mucha atención; yo dirigí también mis ojos hacia ese lugar. A poco, advertí que seis hombres bien montados avanzaban a toda velocidad hacia nosotros. Mi amigo movió la cabeza y el cochero continuó reparando lentamente la avería. Tres de los hombres desmontaron cerca, los otros se dirigieron hacia nosotros y se colocaron junto a mí.
   No fue muy difícil descubrir de que se trataba, y yo no estaba desprovisto para enfrentarme a una emergencia de ese género: en cada una de mis bolsas llevaba yo una pistola de doble cañón y un cuchillo. Puse mis manos sobre las pistolas, tomando la determinación de no empezar la ofensiva, sino de vigilar a los atacantes. El jefe de los bandidos –así l imaginé- empezó a hablar con mi amigo, en tanto que los otros cinco me rodeaban. Pude advertir que la conversación giraba en torno mío; me alejé unos pasos de mis guardianes pero me siguieron, en tanto que mi amigo me hacía indicaciones con la cabeza. El cochero había acabado de reparar su coche y esperaba calmadamente el fin de la aventura. Los bandidos se alejaron y nosotros montamos en la diligencia y seguimos hacia Querétaro. En esa ciudad pude saber, gracias a un intérprete que mi amigo evitó que nos robasen asegurando a los bandidos que no teníamos dinero, o por lo menos apenas el suficiente para pagar nuestros gastos hasta Lagos, y que además, siendo yo extranjero, estaba provisto de una buena pistola por lo que tendrían que arriesgarse para asegurar una pobre suma. Mis sirvientes y el intérprete continuaban ejercitando sus ojos dirigiéndolos a la retaguardia y examinando detenidamente la llanura. Marcelino comentó que si bien no tenía bienes que perder, los ladrones nunca desperdiciaban la ocasión de insultar a los pobres criados, llamándoles perros perezosos y azotándoles fuertemente, en tanto que el amo era tratado gentilmente, agradeciéndole que fura tan industrioso y capaz de amasar tan magníficas fortunas.
   Los bandidos nos lanzaron miradas impertinentes, examinando nuestras caras y nuestro equipaje pero sin hacer ningún signo hostil. Si lo hubiesen hecho, tanto mi compañero como yo hubiésemos defendido nuestras vidas y nuestros enseres, pues estábamos bien preparados para encuentros de este tipo. Pensábamos dividirnos el campo de acción controlando con nuestras pistolas al enemigo. Escapamos del peligro quizá porque viajábamos en el coche del sacerdote y también porque éramos extranjeros.
   Este estado de cosa imperante en un país que se dice civilizado y cristiano, y que permite costumbres bárbaras y deshonestas, ha de asombrar a los otros reinos de la Cristiandad; pero multitud de viajeros han confirmado esta verdad, viajeros que han tendido como yo, la osadía de atravesar el territorio de este desdichado país. Es muy peligros exponerse a viajar por aquí si no se toman las precauciones necesarias para defenderse en caso de ataque…
  En cada lugar que parábamos se nos contaban historia de robos y asesinatos. Los ladrones en México son tan abundantes como los mosquitos en el Mississippi… sentí que mi deber era estar preparado para recibirlos como se merecían… habíamos recorrido dos leguas cuando encontramos los cadáveres de dos hombres que habían sido asesinados el día anterior: uno de ellos había recibido un tiro, mientras que el otro mostraba múltiples heridas de sable.

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lunes, 3 de septiembre de 2018

El Camino Real por rumbos de Guadalajara y sus regulaciones

 Esta vez aprovecho el texto del maestro Serrera para adentrarnos en el camino real por los rumbos de Guadalajara y, de paso, aprender sobre las regulaciones que se implementaron para el tránsito por el mismo:

  Si en México Revillagigedo se preocupa personalmente de la ruta con Veracruz y del nuevo camino que une la capital con el ubérrimo valle de Toluca, en la región de Guadalajara, los intendentes rivalizaban en emprender nuevas obras de edificación de puentes y calzadas para facilitar el transporte terrestre.

   Durante los gobiernos de Ugarte y de Abascal la red viaria de la intendencia se perfecciona y se hace aún más compleja para cubrir con su maya los puntos más alejados e inaccesibles. En pocos años se construyen los puentes de Laja, Calderón, San Juan de los Lagos y Zapotlanejo; se proyectan y se comienzan otros dos más en Lagos y San Juan, otro en Zapotlán, varios en el camino a Sinaloa; se repara el de Aguascalientes, que comunicaba esta ciudad con Zacatecas; se inaugura la nueva Calzada de Tololotlán; se mejoran las salidas de la capital, Guadalajara, se compone el camino del pueblo de San Martín y se edifica un puente en el mismo pueblo; se reparan igualmente las rutas de los ocotes y la de Colima, empedrándose los tramos más importantes, haciendo posible en el caso de esta última el transporte de carruajes de todo el algodón que se consumía en la provincia; se levanta un puente en el camino a Zapopan en dirección a las provincias internas; se estudia la posibilidad de salvar el difícil trazo de las barrancas Mochitiltic que entorpecía el tránsito de las recuas en dirección al departamento de San Blas; se abre un camino directo que ponía en comunicación a la villa de Colima con la Nueva fundación de Santa María de Tecatitlán, por el cual se podía transitar en época de secas incluso en litera, etc. Se regulariza el tráfico periódico de diligencias entre Guadalajara y México; se contratan maestros, ingenieros y alarifes, algunos de gran renombre; se discuten proyectos y planos. Comienza a ser común por entonces la idea de que la inversión de fondos en estas empresas que facilitaran las comunicaciones terrestres a lomos de mulas o en coches de tiro, a la larga, proporcionaba a la región beneficios insospechados. Todo ello apoyado en todo momento por una institución joven como el Consulado de Guadalajara que, al igual que el de Veracruz, acoge con interés todas las iniciativas que fueran encaminadas a  incrementar la riqueza y el potencial económico y comercial de territorio.

 Resulta muy significativo el hecho de que una de las primeras medidas adoptadas por el consulado tapatío a los pocos meses de su reacción fuera precisamente el redactar un minucioso “Reglamento de Arrieros y Mercaderes” en marzo de 1796, con objeto –según sus miembros- de “acreditar su celo y actividad en promover cuanto conduzca al bien común del comercio”. El contenido del documento aporta valiosísimas referencias sobre el ejercicio de la arriería en la región, sobre todo si se tiene en cuenta que sus distintos artículos se apoyen en la práctica por entonces vigente. De interés son, por ejemplo, las disposiciones que fijan el plazo de tiempo en el que se tenían que entregar las mercancías transportadas a lomos de mulas desde la capital, Guadalajara, a determinados puntos importantes del virreinato y viceversa.

  En el mismo “Reglamento” se reconocía que era imposible establecer unas tarifas fijas para la conducción de géneros “por no se fácil ni conveniente el formarla por la variación que en este punto inducen el tiempo y la escasez o abundancia de víveres, de arrieros y otras circunstancias”. Se disponía el ajuste de fletes antes de prestar el servicio para evitar posibles controversias entre los comerciantes y los arrieros “Art.” Se regulaban determinadas inseminaciones en caso de que las mercancías se entregaran con retraso, Art 3. Se prevenía el caso de asalto o robo a las caravanas de mulas y se establecía que los conductores descansaran en parajes acostumbrados y que llevaran el suficiente número de personas, armas y perros para la defensa del cargamento, Art 4.

 En sus diferentes epígrafes se ofrecía, en suma, una normativa clara y precisa sobre todos los aspectos relacionados con el transporte a lomos de bestias. Muy concretos son lente este sentido los que hacen referencia a la entrega del producto; deterioro de las cargas; adulteración de los géneros; conducción de vinos, lozas y cristal; el aumento de peso en el cacao; el transporte de la canela; los requisitos en el acarreo de aceite, ropa, hierro y cera; el acondicionamiento de los cajones para la carga, la precaución en el enfardado; medios para evitar y controlar la extracción clandestina de productos; control para el peso, etc. Pocos puntos escapan realmente del contenido del “Reglamento”. Al margen de la teoría, su máximo interés reside en que nos ilustra acerca de la práctica diaria y de los abusos que por entonces cometían los arrieros –a veces lindando con el terreno de la más curiosa picaresca- al disponer medidas para vitarlos. Respecto a esto último, en casi todos los artículos “Reglamento” se expresa: “que si sucediere, como se experimenta en muchas ocasiones que los remitentes y arrieros…” ello induce a pensar que los agentes consulares conocían bien de cerca los usos y costumbres que por aquel tiempo imperaban entre los que desempeñaban esta profesión.


Fuente:

Serrera Contreras, Ramón. Guadalajara Ganadera. UAA. Aguascalientes, 2015. pp. 293-297

domingo, 2 de septiembre de 2018

De las mercancías que llegaban de Europa a Nueva España

   Las mercaderías que llegaban a Nueva España venían, en el caso de Veracruz, de Europa... por Acapulco llegaban las del Oriente a través de la célebre Nao de China que, más bien era el Galeón de Filipinas. En Acapulco ocurría una feria en la que se comerciaba todo aquello que del oriente llegaba y, dadas las condiciones de riesgo (insalubridad) que había en el puerto de Veracruz, la feria correspondiente se hacía en Xalapa. 

   La curiosidad de saber cuáles eran esas mercaderías que venían de Cádiz o de Sevilla la satisfacemos al leer una interesante compilación que Manuel Carrera Stampa publica en su artículo Las ferias novohispanas. A continuación el listado, en el caso de cosas que me son desconocidas doy el enlace para saber de que se trataba:

  —Los principales eran: lienzos, tafetanes, holandillas, hilos, calcetas, cintas de hilo, medias de estambre y de seda, mantos, sedas, encajes de seda y blancos, encajes de oro, galón de oro, sombreros, papel, libros, armas, acero, hierro, clavazón, bigornias para herrerías, planchuelas, serrotes, sierras, escoplos, barrenas de escora y alfarjía, picos, cinceles, cuchillos, gubias, escodas, formones, limas, azuelas, yunques, martillos de fragua y peña, escalfadores, navajas, palmatorias, candelabros, cafeteras, tijeras, azafates de azófar, botones, peines y barajas. Entre los alimentos: jamones, chorizos de roja y chacina, quesos parmesano y abadejo, aceite de oliva y de linaza, vinagre, aguardientes, aceitunas, avellanas, nueces, almendras, especias, sardinas, arenques y bacalao; medias pipas, pipas enteras y cuarterolas de vinos tintos y jereces, aloques y málagas. 

 Otros géneros eran: azulejos de Talavera de la Reina y de Sevilla, aguas de olor y de colonia, jabones y aceites aromáticos de tocador, bretañas, ruanes, bramantes crudos, velillos de erespón y crepones, lienzos de Flandes, lino, panas acolchadas y medio acolchadas, mahones, cambayas, jergas y jerguetillas, sargas de lana, paños y medios paños, marsellas de color, coquillo blanco, carrancíanes de la India, alemaniscos de algodón, mantilletas y encajes de Flandes, blonda francesa, zarazas anchas y angostas, pana, batista de Madrás y de Balazor, merlines, gran cantidad de pañuelos de cambray, enrejillados, bordados, de muselina con floreados, medias y calzas de punto de algodón y de seda, brin, estopillas y cañamazo... 

  A cambio de lo anterior, las flotas se llevaban productos agrícolas y metalúrgicos propios de la Nueva España, entre otros: añil, grana cochinilla; café, tabaco en rama y torcido, cacao en semilla y molido, azúcar, vainilla, palo campeche, henequén, ixtle, algodón en rama, bayetas y bayetones de Puebla, Tlaxcala y Querétaro, sarapes, bayetas y jergas de Saltillo y San Luis Potosí, plata y oro amonedado y en barras, vajillas de plata y artículos traídos por la nao de la China, como especias, cerámica, textiles, baratijas y muebles asiáticos, ya sea que hubieran sido encargados por los comerciantes de La Habana y de la Península, o bien que hubieran sobrado de los pedidos hechos en México.


Fuente:

Carrera Stampa, Manuel. Las ferias novohispanas. El Colegio de México. Vol. 2, No. 3. Puedes leer el artículo completo aquí.