jueves, 12 de septiembre de 2013

A 22 güeyes por minuto. El destrozo del idioma.

  Esto nada tiene que ver con la Historia, mucho tiene que ver con las costumbres y es una visualización a lo que ya tenemos encima, producto de la pésima educación que hay, especialmente en los niveles populares, y que nos dice que, de no frenar esto, dentro de poco, no sabremos estructurar una idea, menos aun, transmitirla.... no digamos escribirla.

    Me sucedió apenas ayer, cuando venía al centro. Yo no tengo línea de Internet en mi casa, hago uso de la pública que está instalada, por fortuna, en la Biblioteca Municiapal. Más fortuna aun es el contar con una computadora, de las llamadas lap-top, obsequio de un estimado amigo. Mi rutina, a pesar de que no me gustan las rutinas, es abordar un autobús que yo conocí con el nombre de "urbano" y que ahora les dicen micros, el recorrido de 5 kilómetros dura 25 minutos, esto debido a una larga escala que hace en el Mercado Municipal, sitio en el que el caos impera. Aunemos a esto que la ruta da servicio a tres colonias antes de entrar en el centro, razón de los desvíos que hace.

  La hora en que lo abordo es entre 9 y 10 de la mañana, la hora que podemos clasificar como "de la tercera edad" pues es cuando mucha gente mayor va al centro o al mercado. Las pardas las hace en todos lados, sea en la esquina que en la siguiente esquina, que a media cuadra o dónde el usuario se quiera ubicar. Es un poco fastidioso ver cada día lo mismo, pero, sabemos de sobra que tenemos, los humanos, la capacidad de adaptarnos rápidamente y más aun a las rutinas. Procuro ir en mi mundo, organizando las ideas, haciendo borradores mentales de lo que serán las fotos que "suba" a mi Red Social, o la estructura de lo que será el artículo del día en éste Blog, procuro aprovechar ese tiempo que de otro modo sería "tiempo muerto".

  Y me sucedió ayer, fue inevitable adentrarme en la plática que un amigo del chofer tenía con él, iba sentado (al modo) en la base del parabrisas del copiloto, por lo que comentaba puedo deducir que era también chofer de micro y (al modo) le platicaba de los episodios más truculentos que había vivido recientemente desarrollando su oficio, solo que, el uso del güey lo llevaba al punto del vómito. Vómito para mi, que tenía que oír por cada 3 palabras un güey, era increíble la manera en que este individuo que no llegaba a los 25 años y el tercero de primaria, destrozaba palabra a palabra el idioma español, es decir, el idioma que hablamos en México: "ira güey, yo iba, güey, cuando llegó el güey y, entonces, güey...." así fueron aquellos 25 minutos de recorrido, llegó el momento en que era tan excesivo el uso del güey que decidí contar las veces que lo pronunciaba y la forma en que iba este sujeto estructurando su conversación.

  Saqué el celular de mi bolsillo, quería medir el tiempo, comencé.... fue algo increíble: 22 güeyes por minuto. Algo colosal, algo que, si fuera este un sondeo, nos diría el nivel de destrucción en el que estamos inmersos en este país.

  Me bajo, regularmente a tres cuadras de donde está la Biblioteca, en el camino me vino rebotando el güey una y otra y otra vez más.


2 comentarios:

  1. ja, ja, ja. Que historia tan graciosa, ja, ja, ja... Pero tan llena de realidad en nuestro México.

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  2. Muletilla le dicen, pero si impresionante.

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