Mostrando entradas con la etiqueta Imperio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Imperio. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de enero de 2020

¿No es verdad, ángel de amor…? Zorrilla en México

    Sin lugar a dudas, uno de los más recurrentes versos que, quienes hablamos español conocemos, es aquel que reza lo del ángel de amor… continuamente lo oímos, sea en películas, que en televisión o en alguna conversación y esto se debe a que se volvió tradición que en el teatro se representara la obra teatral de José Zorrilla asociada a la celebración de Día de Muertos, especialmente con la variante que de unas décadas para acá se impuso en su versión cómica. “Don Juan Tenorio: drama religioso-fantástico en dos partes es un drama romántico publicado en 1844 por José Zorrilla. Constituye, junto con El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1630), atribuida a Tirso de Molina y de la que Don Juan Tenorio es deudora, una de las dos principales materializaciones literarias en lengua española del mito de Don Juan” (Wikipedia).

 Viajó a Londres en 1853, donde le acompañaron sus inseparables apuros económicos, de los que le sacó el famoso relojero Losada; por entonces compuso su famosa Serenata morisca en honor de Eugenia de Montijo, quien en ese mismo año se había casado con el emperador Napoleón III; le iban a dar la legión de honor, pero de nuevo unas cartas de su iracunda esposa dieron al traste con ello. Después marchó a México, donde pasaría once años de su vida. Llegó a Veracruz el 9 de enero de 1855 y fue acogido con entusiasmo (a pesar de que habían divulgado unas falsas quintillas a su nombre contra el país), primero por el gobierno liberal (1854-1866), pasando largas temporada en el Valle de Apan, donde vivió una nueva historia de amor con una mujer llamada Paz, y después bajo la protección y mecenazgo del emperador Maximiliano I, con una interrupción en 1858, año que pasó en Cuba. Allí comenzaron a aquejarle ataques de epilepsia que ya lo acompañarían toda la vida. (Wikipedia)

  En Cuba probó suerte en el tráfico de esclavos. Estableció una sociedad con el librero y periodista español Cipriano de las Cagigas, hijo de un reconocido negrero, para importar indios prisioneros de la guerra contra los mayas de Yucatán (México) y venderlos a las haciendas azucareras cubanas. Zorrilla compró una partida de indios en Campeche, pero la muerte de Cagigas por vómito negro (fiebre amarilla) liquidó el negocio, y Zorrilla volvió a México en marzo de 1859. Llevó en ese país una vida de aislamiento y pobreza, sin mezclarse en la guerra civil entre federalistas y unitarios. Sin embargo, cuando Maximiliano I ocupó el poder como emperador de México (1864), Zorrilla se convirtió en poeta áulico y fue nombrado director del desaparecido Teatro Nacional. (Wikipedia)

 “Ni se sabe por qué vino a México el autor del Tenorio, ni queda claro por qué se fue. Cuando en sus memorias se refiere a los preliminares de este viaje, habla de él como de su “voluntaria, extemporánea, inmotivada e injusta expatriación, porque nadie me había dado en mi patria motivo para semejante fuga”, con lo que nos deja a la luna de Valencia respecto a las verdaderas razones de su viaje ultramarino. Y cuando doce años más tarde decide regresar a España lo hace a causa de un “acontecimiento que solo dependía de Dios, que varió por completo mi posición social”, y como no nos aclara qué acontecimiento fue ese, ignoramos que quiere decir con ello. Más adelante don José Zorrilla se despide nada menos que del emperador Maximiliano, quien, a causa de “el hecho con el cual Dios acababa de hacer en mi posición social un cambio tan radical como inesperado, convino que mi viaje era inexcusable”, con lo que nos deja tan in albis como antes.
   Lo que, a efectos de este libro realmente nos interesa de don José Zorrilla, es que estuvo en México entre 1855 y 1867 y fue, por tanto, testigo excepcional de cómo era la ciudad de México en tiempos de Maximiliano.

   Perpetuamente endeudado y corto de dinero, zorrilla no tenía reparo en hacerse invitar a casa y mantel por sus amigos ricos, y se pasaba la vida “de huésped y de gorrón”, en las haciendas y propiedades de sus muchos y generosos protectores, alternando el favor de unos y de otros. No hay forastero que venga a México que no haya visitado alguna vez el restaurante San Ángel Inn, enclavado en la vivienda central de una antigua hacienda española, en lo que hoy es barrio y entonces lejano pueblo de San Ángel. Inicialmente, este lugar fue un viejo monasterio de carmelitas; posteriormente, los virreyes españoles lo convirtieron en sitio de recreo y retiro; después perteneció a los condes de Pinillas y a la marquesa de Selva Nevada. El primer embajador de España después de la independencia, don Ángel Calderón de la Barca, residió allí y en tiempos de Maximiliano pertenecía al riquísimo hacendado señor Adalid, gran protector del bate español. Hoy día, una vez expropiadas por la revolución las 36,000 hectáreas colindantes, el edificio central ha sido declarado en México monumento colonial y está protegido por las leyes para que no sea modificado ni derribado. Este bellísimo lugar es uno de los muchos que fue puesto por sus dueños a disposición del autor del Tenorio, para que vagase, soñase, cazase y escribiese sin costarle un maravedí, otro de los lugares que frecuentaba y cazaba ardillas -lo que sería considerado hoy un grave pecado cinegético- era la hacienda de Los Reyes de la que hablaremos luego.
   “Meses hacía, tal vez cerca de un año –escribe Zorrilla-, que habían hecho su entrada y se titulaban emperadores, y como tales reinaban en la capital de México Maximiliano y Carlota, y aun no me conocían ni sabían que el poeta español, autor de Don Juan Tenorio, vagaba por los floridos dominios de su nuevo imperio.

   “Extranjero en aquel país, no me creí con derecho ni obligación de hacerme reparar por los nuevos soberanos; y vuelta con ellos la paz a las ricas campiñas de la mesa central del valle, volví a mi selvática vida de los llanos de Apam y a cazar ardillas en sus haciendas de Reyes y Ometusco, mientras sus propietarios […] asistían a la mesa y saraos imperiales. Tan poco afán tuve yo de ingerirme en el imperio ni empeño de alcanzar la protección de los emperadores, como esperanza de la duración de aquella monarquía. Asistí a su entrada en la capital, y penosa fue la impresión que en mi imaginación de poeta hizo en aquella ostentosa ceremonia."
   (“No tuve empeño –dice- en alcanzar la protección de los emperadores”… ¡pero la alcanzó y la aceptó… a pesar de la poca esperanza que tenía en aquel estado de cosas ¡)
   Vivía en aquel tiempo Zorrilla en la hacienda “de los Reyes” propiedad del señor Adalid, cuando el ministro de Instrucción Pública, señor Velázquez de León, le suplicó que escribiese un poema para ser leído ante los emperadores en un acto de distribución de premios académicos que debía celebrarse en el esplendoroso marco del Palacio de Minería. “hice lo que supe, y no debí hacerlo mal –escribe modestamente el bate-. El general Wolf, que era amigo mío y se hallaba detrás de los emperadores, les dijo quien yo era; miraronme toda la noche con mucha insistencia y al siguiente día recibimos todos cuantos participamos en la velada literaria una invitación a comer en palacio. Así fue como me conocieron Maximiliano y Carlota.”
   Equivocadamente, José Luis Blasio atribuye a otro episodio, en su Maximiliano íntimo, el primer encuentro del poeta con el emperador. Pero, evidentemente, aunque no era el primero, el que relata Blasio fue el más importante.
   Refiriéndose a una visita que hizo el emperador al rico hacendado, señor Adalid, escribe: “Allí se encontraban muchas personas de México muy adictas al imperio, y allí también le fue presentado a su majestad el poeta don José Zorrilla, popular autor de Don Juan Tenorio y de tantas otras obras. Conociendo como conocía Maximiliano la lengua y la literatura española, tuvo gran placer en platicar largamente con el peta español sobre asuntos literarios.”
   “Zorrilla era de baja estatura –prosigue José Luis Blasio- un poco grueso, de regulares facciones, ojos negros, mirada muy penetrante; bigote negro y espeso, y cabellos del mismo color, un poco largos, a la usanza de los románticos.
   “Después de las comillas se improvisó un salón un concierto y una velada literaria en la que obtuvo grandes ovaciones, muy perecidas por cierto, don José Zorrilla con la recitación clara y armoniosa de algunas de sus composiciones. El emperador, que como es bien sabido era un poeta excelente, felicitó con toda cordialidad al autor de Don Juan Tenorio y le dijo que jamás había oído hablar la lengua española con tanta corrección. La velada se prolongó hasta muy entrada la noche.

   “Al día siguiente, 26 de agosto, salimos de la hacienda de Los Reyes a las seis de la mañana. En el patio ya nos esperaban todas las señoras para despedirse del emperador, y los señores Adalid, Garcés, Carrasco y Zorrilla, listos para acompañarnos
   “Al pasar un arroyo que las recientes lluvias había convertido en torrente, fue precios echar pie a tierra, pues el puente para carruajes estaba en tan mal estado que uno de ellos al pasar, había caído a las aguas y costó gran trabajo a los mozos sacarlo de aquel atolladero. Zorrilla que iba en el carruaje volcado, recibió un susto fenomenal; y, cuando ya habíamos pasado el arroyo y nos encontrábamos todos sanos y salvos, decía riendo y con mucha gracia al emperador, que no porque sabía hacer versos estaba exento de tener miedo.” Aquel mismo día, el señor Adalid, dueño de la hacienda de “Los Reyes”, quedó designado caballerizo de su majestad… y don José Zorrilla, lector de la corte imperial.
   “Me nombró su lector –confiesa Zorrilla- no para que le leyera nada, sino para hablar con un hombre ajeno a la política y saber por él lo que del país no quería ni debía preguntar a los en aquel país nacidos.”
   En definitiva, Zorrilla entró de manos de las musas por la puerta grande a la corte de Maximiliano, fue amigo y confidente el Emperador y éste le encomendó convertir en Teatro u salón de Palacio para solas de las la Emperatriz y la Corte, donde se representó en sesión memorable Don Juan Tenorio un  de noviembre de 1866, obra que doña Carlota se aprendió de memoria satisfaciendo con ello en alto grado la lícita vanidad de su autor.

 Un escritor de la época, Antonio García Cubas, recuerda este episodio y lo reseña. “las decoraciones fueron ejecutadas por el hábil escenógrafo mexicanos Ignacio Serrano quien muchas veces se hizo aplaudir en el Teatro nacional por sus artísticos telones, particularmente en los que en la época fastuosa del teatro en México, representaban los molinos y catedral de Munster de la célebre ópera El Profeta del maestro Meyebeer. Al presentarse en el salón Maximiliano y su esposa fueron saludados por la orquesta con la ejecución de la Fnfarr que en su honor compuso el gran Rossini.
   Más tarde, Zorrilla fue nombrado director del Teatro Imperial con un sueldo nada desdeñable con lo que pasó a formar parte de la corte y sentarse con asiduidad a la maesa Imperial. Pero ¡qué corte era aquella? Hablar de ello nos parece esencial, porque lo que caracteriza a la ciudad de México en ese tiempo, lo que la distingue de cualquier otro momento de su historia, es, precisamente, esta Corte singular que flotaba sobre la realidad política, social y racial de México como una obra de arte a la deriva en un mar enfurecido."

Fuente:

Luca de Tena, Torcuato. Ciudad de México en tiempos de Maximiliano. Editorial Planeta. México, 1990. pp. 115-119

viernes, 11 de octubre de 2019

Una tabla detallada de equivalencias del sistema mexicano de medidas del siglo XIX al métrico decimal.

   Si hay algo que es complicado y, al principio, entender, ese es el sistema de pesas y medidas en uso durante la época virreinal, el cual se prolongó medio siglo más luego de la Consumación de la independencia y no sería hasta la presidencia de Ignacio Comonfort que, el 15 de marzo de 1857, se decreta el uso del Sistema Métrico Decimal, decreto que debido a la inestabilidad existente no se aplica, así que leguas, arrobas, caballerías y todas esas antiguas medidas seguirán en uso. Ocurre luego, ya en el Segundo Imperio, el 27 de octubre de 1865, el Emperador Maximiliano decreta el uso del sistema métrico decimal francés, cosa que tampoco ocurre dadas las circunstancias reinantes. No será hasta comenzar el siglo XX que se empiecen a dar medidas del mencionado sistema; las leguas, caballerías y arrobas seguirán siendo la referencia a lo largo del siglo XIX.

A continuación, para entender mejor las viejas escrituras emitidas por posesión de tierras, compra o venta de artículos, comparto las equivalencias que en ese decreto de Maximiliano I se dieron entre el sistema mexicano y el métrico decimal, de seguro te será de gran ayuda.















jueves, 10 de octubre de 2019

Algunos decretos previos a la llegada de Maximiliano, y una Ecuación del Tiempo

ECUACIÓN DEL TIEMPO PARA EL ARREGLO DE LOS RELOJES

   Ecuación del tiempo, es la diferencia que debe haber entre el tiempo verdadero y el tiempo medio. Tiempo verdadero se llama el que señal a realmente el sol en su marcha diurna, y se mide por los cuadrantes solares, como los que generalmente sirven en las haciendas, iglesias ó casas de campo, par a suplir la falta de los relojes.
   Tiempo medio es, el que señalará un buen reloj arreglado de tal modo, que apuntase exactamente las doce al mismo tiempo que un cuadrante en 15 de abril, 15 de junio, 1.° de setiembre y 24 de diciembre: en todos los demás días del año el reloj tendrá el atraso ó adelanto que manifiesta la tabla anexa, cuyo uso es muy sencillo, como se verá en el ejemplo siguiente:
   Si en 16 de setiembre el reloj está atrasado cinco minutos cuando el reloj de la catedral de Méjico (1) ó un cuadrante señala las doce, el reloj está bien arreglado y no se debe tocar porque ese es el número de minutos que para tal día nos da la tabla, así como para 8 de febrero, por otro ejemplo, la tabla dice que el reloj debe señalar las 12 y 14 minutos, cuando sean las 12 en los relojes públicos ó en un cuadrante.
  Cuando se necesite la ecuación para un día que no esté expreso en la tabla, se tomará la correspondiente al día más próximo de los expresos: así, para el día 8 de octubre, tomaremos la del 7 ó la del 9, y para el 19, la del 20.
   (1) Los relojes públicos de las catedrales del Imperio se arreglan diariamente por un cuadrante, y señalan por lo mismo el tiempo verdadero cada medio día.

DECRETO IMPERIAL.
MAXIMILIANO, EMPERADOR DE MÉXICO:
Oído Nuestro Consejo de Ministros, Hemos tenido á bien Decretar lo siguiente:

   ART. 1° Son festividades nacionales:
El 16 de Setiembre, aniversario de la Independencia.
El 12 de Diciembre, festividad de la Virgen de Guadalupe.
El día de la festividad del Corpus.
El día cumpleaños del Soberano.
  ART. 2º Los días de fiesta nacional, todas las autoridades, empleados civiles y militares y funcionarios públicos de cualquier categoría que sean, tendrán el deber de asistir á la función religiosa que con la mayor solemnidad se celebrará en el templo principal de cada lugar : y en la festividad del Corpus concurrirán á la solemne procesión de este día.
   ART. 3° La asistencia en México el 12 de Diciembre será al Santuario de N. S. de Guadalupe.
  ART. 4°  El 16 de Setiembre y el día de cumpleaños del Soberano, todas las autoridades y funcionarios de que habla el art. 2o, después de la función religiosa, concurrirán á las felicitaciones que recibirá la primera autoridad política del lugar á nombre del Soberano.
  ART. 5° En la capital del Imperio o lugar en que resida el Soberano, las felicitaciones se arreglarán al ceremonial especial que se prescriba.
  ART. 6° Los días de festividad nacional podrán hacerse voluntariamente todas las demostraciones que sugiera el patriotismo á los habitantes de cada lugar, con sujeción á las leyes y reglamentos de policía.
  ART. 7° En los días de festividad nacional se cerrarán las oficinas del Gobierno, y los establecimientos industriales y, mercantiles, con excepción de los expendios de efectos de primera necesidad. Nuestro Ministro de Gobernación queda encargado de la ejecución del presente decreto.

Dado en el Palacio Nacional de México, á 1°  de Noviembre de 1865.
MAXIMILIANO.

EL SUPREMO PODER EJECUTIVO PROVISIONAL DE LA NACIÓN. 
A LOS HABITANTES DE ELLA, SABED; 
QUE LA ASAMBLEA DE NOTABLES HA TENIDO A BIEN
Decretar lo siguiente:

  LA ASAMBLEA DE NOTABLES, en virtud del decreto de 16 del próximo pasado para dar á conocer la forma de gobierno que más convenga á la Nación, en uso del pleno derecho que ésta tiene para constituirse, y como órgano é intérprete de ella, declara con absoluta independencia y libertad lo siguiente:
  PRIMERO. La Nación mexicana adopta por forma de gobierno la monarquía moderada hereditaria, con un príncipe católico.
  SEGUNDO. El Soberano tomar á el título de Emperador de México.
 TERCERO. La corona imperial de México se ofrece á S. A. I. y R. el Príncipe Fernando Maximiliano, Archiduque de Austria, para sí y sus descendientes.
  CUARTO. En el caso de que por circunstancias imposibles de prever, el Archiduque Fernando Maximiliano no llegase á tomar posesión del trono que se le ofrece, la Nación mexicana se remite á la benevolencia de S. M. Napoleón III, Emperador de los Franceses, para que le indique otro Príncipe católico.

  Dado en el Salón de las sesiones de la Asamblea, á diez de julio de mil ochocientos sesenta y tres.
TEODOSIO LARES, Presidente.
ALEJANDRO ABANGO Y ESCANDON, JOSÉ MARÍA ANDRADE, Secretarios.

  Por tanto, manda se imprima, publique por bando nacional, circule y se le dé el debido cumplimiento.
  Dado en el Palacio del Supremo Poder Ejecutivo, en México, á once de julio de mil ochocientos sesenta y tres.
JUAN N. ALMONTE.—JOSÉ MARIANO SALAS.—JOAN B. GRMAECHEA.

Al Subsecretario de Estado y del Despacho de Relaciones Estertores.
Y lo comunico á V. para su conocimiento y fines consiguientes.
El Subsecretario de Estado y del Despacho de Relaciones Estertores, J. MIGUEL ARROYO.


Fuente:

Gran almanaque mexicano. Al uso del Imperio Mexicano. Eugenio Maillefert. México, 1867

sábado, 7 de julio de 2018

20 de enero de 1862 o El Caimán en Teocaltiche, Jalisco

   La segunda mitad del siglo XIX mexicano está lleno de episodios memorables para cada localidad, de héroes anónimos, de forajidos y asaltantes… recuerdo al Relumbrón que recrea Payno en Los bandidos de Río Frío, o a los Tilines de Nochistlán, a los que se ponían una hoja de roble en el sombrero por los rumbos de Villa del Carbón… ahora encontramos al Caimán, en Teocaltiche, Jalisco. Habrá que aclarar que la imagen de los personajes es meramente “decorativa” ellos no estuvieron relacionados con el Caimán, se trata de otros bandoleros por otros rumbos de México.

 “Narra el ilustre historiador teocaltichense don Victoriano Salado Álvarez este pasaje importante en el pasado de Teocaltiche, vísperas de la invasión francesa: La gloria del pueblo “ciertamente” fue la del 20 de enero de 1862. Tanto había sufrido el pueblo con las entradas y salidas de pronunciados, que un día se encontró capaz para lanzarse en contra una gran partida de bandoleros.

  Sucedió que don Manuel Doblado mandó formar guerrillas que resistieran a los franceses, cuya invasión se temía caso de invasión súbita y si llegaban a romperse las negociaciones de la Soledad. El encargado de este patriótico propósito fue lo fue un individuo cuyo nombre de pila era Romualdo N., pero que se le conocía por “El Caimán”.

  Parecía este sujeto vigoroso y activo, pues en menos de tres meses formó y disciplinó dos batallones que contaba obra de dos mil hombres. Desde luego llamó la atención de que no fuera del lugar la mayor parte de aquel núcleo, sino que procedían de sitios desconocidos; pero el Caimán tranquilizó a los vecinos suspicaces diciéndoles que se trataba de gente fogueada que procedía de Guanajuato y de Michoacán. El 20 de enero de 1862 a prima noche, se supo que aquella muchedumbre caería sobre el pueblo y lo destrozaría, y fue necesario aprestar a la defensa.

La noche era hermosa aunque extremadamente fría. La iluminaba una luna que era, según allá se dice, como la mitad del día, y calladamente se hacían los aprestos fabricando “parque” las mujeres, y los hombres revisando sus fusiles y escogiendo las alturas que fueran más indicadas para atacar y defender. Una de las casas más altas y fuertes en la población era de mi abuelo materno, y allá fueron mi padre y mi abuelo paterno a estar listos para la defensa. Ese día se hablaron mis padres por primera vez… a las diez de la noche  empezó el ataque, que los desalmados emprendieron desde el arroyo de la Mina (hoy el Caimán), provistos de escalas, teas de jarcia embreada, picas, acémilas que habían requisado para la supuesta defensa nacional.

  Los vecinos se habían congregado desarrollando un excelente plan de campaña. Empezaron a apoderarse de la persona del Caimán, que se hospedaba con otros pícaros de su devoción en el mesón de “Nuestro Amo” (después Cine Plaza y posteriormente Disco Pikikos), y luego atacaron al resto de la gavilla –dice J. Aguirre que el mesón de Nuestro Amo estaba una compañía dramática cuya primera actriz era todo el encanto del Caimán, siendo el patio el lugar donde se levantó el foro, y tal motivo por el cual se pudo aprehender al bandolero con sus principales subalternos.

  A las tres de la madrugada parecía que iban a vencer los bandoleros; habían conseguido llegar hasta la Plaza de Armas y avanzar hasta el mesón en que estaba su jefe; pero la alta de éste les sugirió a idea de una celada y se sintieron desanimados. Frente a la Casa Municipal cayeron dos capitanejos de blusa colorada, en el Santuario y en la Parroquia quedaron muertos muchísimos, y a las cuatro y media de la madrugada huía el grueso de la tropa en terrible desbandada, viendo que no podían saquear sino pobres casillas de indios que quedaban en los suburbios.

  La caballería que estaba dispuesta alcanzó a muchos de los acobardados fugitivos mientras se reunía un jurado que presidió don Pablo Morán. Aquel tribunal de verdaderos hombres buenos, condenó a muerte a El Caimán y a sus amigos conforme a la ley contra saqueadores y plagiarios que estaba vigente. A las siete, previa la confesión de sus atentados ante el tribunal de los hombres, y de sus culpas ante un sacerdote, muy devoto, todos fueron ejecutados frente a la Casa del Ayuntamiento. –Aclara J. Aguirre que la ejecución fue en la Plaza de Alba, por donde pasa el Arroyo de la Mina, que entonces no estaba embovedado, y no en la plaza de Armas, es desde entonces que se le conoce como el Arroyo del Caimán. (Memorias de Salado Álvarez)

Fuente:

Contreras Sánchez, Samuel. Cronología histórica de Teocaltiche. Consejo de Cronistas de Tepatitlán. 2005.  pp. 95.96


miércoles, 27 de junio de 2018

La propuesta de inmigración a México de 1822, en el Primer Imperio

   Ya desde la incursión española en lo que hoy es México uno de los principales problemas que enfrentaron más allá del clima, la lengua o las costumbres de vida, fue la dimensión territorial. Era tan grande como desconocida la tierra “descubierta” y conquistada, tan grande que, a medida que incursionaban en la llamada “Tierradentro”, es decir, el norte, la frontera se trazaba más y más hacia el septentrión. Primero la establecieron en Cuautiltán, luego en Jilotepec, después estaría por rumbos de Querétaro, Zacatecas, hasta que dieron cuenta que ese norte no tenía prácticamente fin. Y la cosa (que no problema) consecuente y paralela era que ese norte estaba despoblado. Concluida la guerra la poca población era más que notoria en un territorio de las dimensiones que la recién creada nación tenía. Era necesario promover la inmigración y un plan se presentó en 1822:

   Añadimos ahora el proyecto de excitar la emigración de China, la India y las islas del Pacífico para colonizar el litoral, riberas y puestos del mar del Sur. En todas aquellas regiones de Asia es abundante la población, y por una feliz combinación de circunstancias no sería difícil a un gobierno  hábil y emprendedor atraer una considerable emigración, especialmente del Indostán, cuyos habitantes laboriosos, económicos y acostumbrados a un clima análogo al de las costas de México, se presetarían gustosos a trasmigrar, siempre que se les costease el pasaje y distribuyese tierras y goces sociales n generosidad en las inmediaciones de los puertos de Huatulco, Zihuatanejo, Zacatula, Manzanillo, Navidad, Valle de Banderas, Chacala, Mazatlán y en todas las márgenes de los ríos Verde de Jamiltepec, Yopes, Mezcala, Tololotlán, Cañas, Mayo, Sonora y Zaguanas, puntos excelentes por su situación ventajosa para el comercio, y acomodados por la feracidad de su clima y susceptibilidad de sus productos, a formar las bases de una inmensa población, la fuente de un vasto comercio y el semillero de la marina nacional.

  Para emprender un sistema de población en grande y digno de un imperio como México, sobre el litoral y ribera abordables del Cotazacoalcos y en otra órbita que pronto saldrá a la luz sobre este interesante país, la medida de favorecer el residuo de la población de gente de color y demás familiares sin propiedad de las Antillas y la Louisiana: estas clases recomendables de energía y aún por su industria y civilización.

  Llegó la gloriosa época de la independencia, y no faltaron mexicanos que interesaron al gobierno nacional a que se ocupara de la colonización de Texas; pero desgraciadamente todos los depositarios del poder que hasta ahora han administrado a México; han desatendido este interesante negocio.

  Convenciéndose que si por una fatalidad las fronteras de las Californias, Nuevo México y Texas continúan en el estado de abandono en que yacen, a una enorme distancia del centro de la población y los recursos, aislados sin comercio y sin vida, despoblados sus límites naturales, sus riberas, y litorales desiertos, tarde o temprano es inminente sin pérdida; porque, dígase lo que quiera, en cuanto a los derechos de posesión, estos serán ilusorios e insostenibles a la distancia, delante de la espaciosa política y las aspiraciones de la ambición del poderoso.

  La integridad del territorio nacional sigue débil, expuesto a perderse si no se cambia de sistema y adoptan positivas medidas de fomento y seguridad, mediante una administración local fuerte y conciliante de dependiente del gobierno federal, puesto que aquel punto fronterizo abrazando los intereses de la federación entera, ella es quien debe encargarse de su custodia y cuidado.

  No hay necesidad de imitar en esta parte a nuestros vecinos, que a fuerza de despojos van formando sin pensar un conjunto de hordas poderosas más allá de la derecha del Missouri y las montañas de Stony. La administración mexicana debe seguir otra política más sana; y al poblar los distritos de Texas, Bravo, Apaches, Usumacinta, Zaguanas y Timpanoyos, no se ha de tratar de ahuyentar a los naturales sino ganárselos por los medios más prudentes, establecer con ellos relaciones de buena fe, a fin de atraerlos y proporcionándoles educación civil y religiosa a sus hijos en las escuelas y establecimientos coloniales.

  Al efecto, indicamos entre otros medios una ley de población, premios y fomento, aplicado exclusivamente a los militares y empleados cesantes, y por apéndice a las familias extranjeras y nacionales útiles, que en fuerza de sus estímulos y alicientes, excite voluntariamente a este género de ocupación honrosa y útil a los que la adopten, y a la vez de la más alta importancia al reposo, prosperidad y garantías de la paz interior, riqueza territorial e integridad de la república.

  Pasado el peligro en que la patria pudo exigir este sacrificio a los ciudadanos, además de ser un gasto superfluo de dinero y gentes, es nocivo y pernicioso por cuanto la milicia fuera de los casos de la defensa de la patria que es uno de los deberes más sagrados del hombre, esteriliza la industria en general, empobrece las naciones, y haciéndose difícil cubrir las atenciones del soldado con puntualidad falta la estricta disciplina, y la desmoralización en el consiguiente; a mayor abundamiento, no siendo político ni conveniente mantener un grande ejército reunido, por necesidad, haya que diseminarlo, y a la distancia, es un vasto suelo como el nuestro, es casi imposible hacer cumplir la obediencia pasiva que prescriben las ordenanzas a las autoridades públicas.

  No hay pues motivo para desmayar, y contándose con las disposiciones e idoneidad de los militares en todas clases, es preciso que el gobierno se ocupe de un plan en grande para convertir a estos bravos en otros tantos grandes propietarios, distribuyéndoles en propiedad y libres de toda carga y gabela, los baldíos de mejor calidad de las provincias de Texas, California y riveras de los ríos Bravo y Zaguanas, habilitándolos de los recursos necesarios a su cultivo y transporte.

  También sería conveniente tratar de poblar los vástagos mal entretenidos a las islas Marías, San José de Cerralvo y demás del golfo de California cuya disposición facilitaría el fomento de la pesca de ballena, cachalote, carey, coral, y perlas de que parece que abunda a la par de la isla del Tiburón.
  La población central de los Estados mediterráneos equinocciales es de consideración en casi todo los ángulos fértiles y bien situados; más siendo en general la mayoría de los indígenas pobres, y poblaciones despojadas o escasas de las tierras que la mente de la ley quiso designarles, y en virtud existen muchos pueblos en Litis para conseguirlas con grave perjuicio de sus intereses y bienestar, es obvio de estos males y en obsequio de los aumentos de la agricultura y población sería del mayor interés que las autoridades supremas de la unión y los Estados comprasen al crédito o al contado, autorizados por una ley al intento, todas las tierras eriales o poco pobladas de ganado y sin cultivo, que existen casi abandonadas.


Fuente:

Ortíz Ayala, Simón Tadeo. Ideario de la república. En Resumen de la estadística del Imperio Mexicano, 1822. UNAM, México, 1968. pp. 73-76

viernes, 8 de junio de 2018

El mito de la descendencia francesa en los Altos de Jalisco

  Esos mitos que hay, no solo en la zona alteña de Jalisco, sino también por los rumbos de Cotija, Michoacán o Apaseo en Guanajuato, seguramente en otros rumbos del país, acerca de los llamados “güero de rancho”, que lo liga a la segunda intervención francesa que hubo a mitad del siglo XIX en la que se cree que muchos de los invasores desertaron y se afincaron por diferentes distritos, la mayoría en zonas rurales y que dejaron su descendencia con las características de cabellos rubios o casi rubios, ojos azules o verdes, pieles claras, y complexiones diferentes a las tradicionalmente catalogadas como “mexicanas” (mestizas) no es más que un mito, mito que con el paso del tiempo ha ido aceptándose por muchos como una cosa histórica.

  Pensaba lo mismo, que todo “güero de rancho” que vemos es descendiente de la mencionada desbandada pero, cuando hice el comentario, andando justo por Los Altos, alguien me refirió a lo sucedido entre 1530 y 1540, 1550, cuando ocurrió un episodio llamado la Guerra del Mixtón; luego de leer algunos relatos de los hechos, entendí mejor cual es el origen de estos güeros; ahora que tengo acceso a la monumental obra del maestro González-Leal encuentro mejor fundamento aun, el cual dice que:

  “Como puede verse, no representa, en estricto rigor estadístico, ninguna contribución importante la sangre sefardita a la totalidad de la población criolla de los Altos de Jalisco. Menos aun ocurre con la sangre francesa, que a veces se suele mencionar también como clave de las características somáticas alteñas. En Lagos hubo, en la segunda mitad del siglo pasado, contadas familias francesas que se establecieron sin dejar numerosa descendencia, como los Soiné y los Arnaud, pero tratase de familias que de ninguna manera se extendieron a los demás poblados ni multiplicaron sus vástagos. En el virreinato no existe un solo caso de avecindamiento francés en la región, y tampoco quedó allí población francesa luego del Segundo Imperio.

  “Esa región… en sus características cosas conserva todavía –dice el Dr. Jesús González Martín- algún lenguaje cervantino: la palabra mercar, etc.; lenguaje que uno lee en el Quijote. Y la comida: el cocido, el arroz y una serie de cosas españolas; el tipo de quesos, y todas las cosas típicamente españolas las recrea uno en esa región que conserva esas características raciales, de las cuales se decía, irónicamente, que era así porque allí había perdido un regimiento francés. Ahora, que eso no es verdad, dado que ahí los franceses estuvieron solo ocho meses, y únicamente estuvieron allí los zuavos argelinos que eran polacos, alemanes, etc., todo, menos franceses; únicamente los oficiales eran franceses. ¿Qué cómo fue posible que allí quedó solo la población española? En seguida, el doctor González Martín se refirió a las circunstancias históricas derivadas del Mixtón […].

  “Por lo absurdo y pintoresco, citaré aquí solamente que una de las argumentaciones que se han esgrimido, y hasta por escrito, sobre el pretendido origen francés de la población alteña, es que en la plaza de armas de Atotonilco el Alto hay construcciones de influencia arquitectónica francessa, de principios del siglo XX y fines del XIX y que en la región abunda el apellido Franco.

  Por otra parte: si las características somáticas se hallan perfectamente definidas en la región alteña desde el Virreinato –como lo evidencian los retratos al óleo que existen de personajes locales del siglo XVIII-; si suman millares las informaciones que el Archivo de la Mitra neogallega conserva sobre la ascendencia española de todos los alteños del Virreinato; si todos los apellidos regionales son españoles y son evolución o simplificación de los mismos que existieron durante esos siglos; y si no se conserva ni siquiera un elemento cultural francés o galaico, en oposición a los centenares de elementos culturales, somáticos, folclóricos lingüísticos, sociológicos y –sobre todo- histórico-genealógicos que proclaman la procedencia española ¿con qué base sostienen aún algunos que el alteño desciende de franceses?

Fuente:

González-Leal, Mariano. Retoños de España en la Nueva Galicia. Tomo I. Gobierno de Jalisco. Guadalajara, 2010, pp. 360-361

jueves, 22 de febrero de 2018

Reflexiones en torno a una fuente florentina en México

   Caminaba, una vez más, por la Plaza del Carmen, extraordinario lugar en el que se encierran en pocos metros el soberbio templo del Carmen, su ex convento, el Teatro de la Paz y el extraordinario palacio Martí. Los ojos no bastan para ver esa exposición de estilos, esa gala de trabajos sobre piedra y cantera... una fuente estaba por ahí, me pareció reconocerla.

   Pensé varias cosas, todas en euforia... pensé que había dado con la tercera fuente que el Emperador Maximiliano había donado... recordé la de Irapuato (en la foto), la de Guanajuato... pensé estaba frente a la tercera de ellas, ya que el Emperador donó tres, iguales las tres.

- Es que son los mismos elementos, me dije.

 Pero al recordar lo mejor posible aquello que la fuente de Irapuato contiene, [me dije] más vale que compare una imagen con la otra antes de hablar.

  Ahora, imagen frente a mi veo que tienen un cierto estilo parecido pero que son totalmente distintas.

  Y concluyo diciendo que: la tercera de las fuentes florentinas donadas por Maximiliano como agradecimiento a las atenciones recibida luego de su enfermedad.... sigue perdida.

  En la plaza del Baratillo en Guanajuato está la segunda de las tres fuentes donadas por Maximiliano, por cierto en el primer trimestre de 2018 está cubierta pues se le está haciendo un trabajo de restauración.


viernes, 29 de diciembre de 2017

Una pulquería en el siglo XIX

  Se acaba 2017 y dejo, una vez más, un gran pendiente que tengo: beber pulque y, claro es, visitar una pulquería. Haré el propósito de lograrlo para el 2018 que ya nos está tocando a la puerta. Mientras ocurre, comparto esta breve y sustanciosa lectura:

  Los locales en que se venden y se sirven estos aguardientes de cactos no son exactamente tabernas -a las que se acude exclusivamente para beber- sino lugares de cita, plática, cante, alcahueteo, conspiración política y baile. En tiempos de Maximiliano las pulquerías estaban en su apogeo y era inconcebible imaginar una sin el rasguear de guitarras, bailarines improvisados entre la clientela y su china poblana: ¡gran institución!

  Entornemos los ojos e imaginemos un local nocturno iluminado con velas de cebo y hachones de trementina. En el fondo del cuarto hay barriles con letreros del tipo de bebida que contienen: el Bonito, el Refino, la Miel en Penca, los pulques “curados”. Sobre el mostrador en que se despachan las bebidas, hay grandes vasos, llamados “tornillos” “chivos, o “floreros”. Los parroquianos forman corrillo sobre el piso: sentados unos, en cuclillas otros, o bien de pie marcando con un cierto contoneo de codos y dedos los compases del “jarabe”. Los bailantes taconean recio en la madera del piso; otros, por falta de zapatos, hacen gala de la potencia de sus pies desnudos. Trenzan las piernas, tan pronto pisan con la punta del pie o del talón, inclusive, del tobillo. Se adelantan unas veces, retroceden otras. Se yerguen, se inclinan anudando las manos a la espalda. Cuando uno de ellos pone rodilla en tierra, el otro pasa la pierna por encima como brincando sobre su pareja.

Fuente:

Luca di Tena, Torcuato. Ciudad de México en tiempos de Maximiliano. Planeta, México, 1990, p.137

viernes, 1 de diciembre de 2017

La Capilla de la Emperatriz Carlota

  Este es uno de los tantos proyectos del arquitecto español, avecindado en México, Lorenzo de la Hidalga. Está fechado en Julio 11 de 1864. Dice este plano que se trata de la Capilla de Palacio, no da mayores datos. Por la fecha podemos intuir que fue presentado al poco tiempo de haberse instalado el Emperador y la Emperatriz en México. Quizá sería el oratorio privado de Carlota, pero no lo sé.

  Para ver más sobre la vida del Arq. Lorenzo de la Hidalga, entra aquí.

Fuente:

Mapoteca Orozco y Berra. Referencia: 1566-OYB-725-F

viernes, 9 de junio de 2017

El “hijo incómodo” o el problema de ser el hijo de un personaje histórico

  El epítome del nepotismo lo tenemos con José López Portillo que se vanaglorió del puesto que le asignó a su hijo, José Ramón, refiriéndose así: “Es el orgullo de mi nepotismo.” De las frases del ex presidente podríamos hablar largo y tendido pero el interés que hoy tengo es el de hacer el análisis a mayor distancia… bien podemos comenzar con los hijos atribuidos a Miguel Hidalgo, el Padre de la Patria, de los que ya se hizo concienzudo análisis Genealógico y no se comprobó que hubiera tenido los hijos que se le atribuyen.

  Del que sí tenemos noticia es del hijo de José María Morelos y Pavón el cual decidió quitarse el Morelos y dejar solamente el Almonte, apellido de su madre. El punto es que, Juan Nepomuceno fue uno de los que promovió la instalación del Segundo Imperio, fue él el contacto con las cortes europeas, murió en París.

  Y de otro personaje de la Independencia, el que primero fue realista y luego pasó al otro bando y consumó la independencia, tenemos al hijo de Agustín de Iturbide, al que se le dio el título de Agustín II, Príncipe de México, Agustín Jerónimo de Iturbide, el murió en Nueva York.

Maximiliano y Carlota no tuvieron hijos, pero sí adoptaron uno, Agustín de Iturbide y Green y lo dejaron en línea directa para la sucesión, Agustín III.

  Benito Juárez Maza, hijo del Benemérito de las Américas, luego de trabajar para el servicio exterior mexicano fue Gobernador de Oaxaca, por siete meses solamente…

  Porfirio Díaz Ortega, luego de ocupar importantes puestos durante la dictadura de su padre, le acompañó al exilio en París, regresando a México, en donde murió.

  Para ver lo del concepto de incomodidad, entra aquí.