miércoles, 26 de enero de 2011

Hacienda de La Goleta, Soyaniquilpan, Estado de México

Dando un ligero desvío del Camino Real de Tierra Adentro, llegamos a la Hacienda de La Goleta, una de las tantas haciendas mexicanas que guardan un impresionante pasado y que, debido a las consecuencias de la Reforma Agraria, ahora está un poco en el olvido, no cayéndose a pedazos pues luego de que fuera fraccionada, la gente la ha mantenido pues se volvió casa habitación de varias familias. Esto que vemos fue algo que capté a través de una ventana que fue de lo poco que se me permitió fotografiar.

La Hacienda de La Goleta está ligada, y en mucho, a la historia de Santiago de Querétaro pues, fue su creador quién, luego que decidió vivir en esa ciudad, la engrandeció, la decoró, le puso su acueducto, todo con los buenos dividendos que, entre sus tantos negocios que poseía, le brindó la hacienda de La Goleta.

Nos referimos al muy afamado Marqués de Villa Villar del Aguila cuya historia es una más que nos dice lo que unas buenas relaciones públicas, los contactos adecuados y un país sometido, como lo fue la Nueva España, aunado a unas tierras pródigas, aderezado con un poco de corrupción, dan por resultado una riqueza inmensa. ¿Mencioné algo del braguetazo también? Creo que no.

Juan de Urrutia y de Inoriza llega a los 20 años de edad a la Nueva España, muchos de sus paisanos ya estaban aquí, algunos ocupando puestos clave en la administración real y, como él siendo peninsular -se dice que inculto, ignorante y patán- y eran precisamente los nacidos en la península ibérica los más aptos para ocupar las posiciones gubernamentales que proveían de buenos dividendos, él, al poco tiempo logró acumular una ligera fortuna.

Lo del braguetazo, así lo menciona, rotunda, directa y gallardamente don Íñigo Laviada en el anteriormente citado libro de Vida y Muerte de un Latifundio; lo dió con la que era considerada una de las damas, mejor dicho niña, en la literal extensión de la palabra, más encumbradas, doña María Gerónima López de Peralta Pujadas y Cervantes. Heredera del segundo mayorazgo creado por su señor abuelo (¿o bisabuelo?), el legendario don Gerónimo López Trujillo, el llamado "caballero del lagarto". De este personaje ya habíamos hablado hace año y medio, fue él quién participó en las fundaciones de la zona de Salvatierra y Tarimoro (si mal no recuerdo).

Pues aquél ignorante labriego, luego de casar y con una enorme fortuna en las manos, compra en 1689 el título de Marqués de Villa de Villar del Aguila al marqués de Leganés. Al poco tiempo, 1692, a los 47 años de edad muere, dejando su herencia a su sobrino, don Juan Antonio de Urrutia y de Arana quién, colocado en una envidiable posición de relaciones políticas y sociales en la capital de la Nueva España logró acrecentar la fortuna heredada, comprando los terrenos de San Agustín de Buenavista hacia 1693, lugar en donde se construyó la Hacienda de La Goleta.

A los 29 años de edad, en 1699, el segundo marqués de Villa del Villar del Aguila contrajo matrimonio con la que era considerada la dama más rica de toda la Nueva España y, seguramente de todo el continente, doña Josefa Paula Guerrero Dávila y Fernández del Corral quien heredó de sus abuelos una enorme cantidad de propiedades, entre ellas 75 casas en la ciudad de México y 6 haciendas (Tinganbato, San Martín, San Pedro Ixtapantongo, San Gabriel Mataltepec, San José del Cerrillo y La Magdalena).

Como no tuvo hijos, él, el Marqués, decidió traer a tres de sus sobrinos, primero a Sebastián Antonio Fernández de Jáuregui y Urrutia, llegó en 1728, murió en 1740. Era soltero, jamás tuvo la idea de casarse. Vino luego José Antonio Fernández de Jáuregui y Urrutia, quién ocupó importantes posiciones en la administración virreinal, llegando a ser el Gobernador de la Provincia de Nuevo León. Él casó con María Gertrudis de Villanueva. El tercero de los sobrinos que llegó a la Nueva España fue Agustín del Campo y Urrutia, quien murió siendo muy joven. Consecuentemente fueron los hijos del segundo sobrino, José Antonio, quién heredaría los títulos y las propiedades.

Fue así como Juan Antonio María Fernández de Jauregui y Aldama se convierte en el tercer marqués de Villa del Villar del Aguila, casando en primeras nupcias con Dolores Sepitén, al poco tiempo fallece y casa, en terceras nupcias con una de las más acomodadas damas del Bajío, Ana María de la Canal, hija del conde de La Canal de San Miguel el Grande. Es su primogéntio quién hereda el mayorazgo y, consecuentemente, el título.

Juan José Fernández de Jáuregui y Septién murió antes que su padre, habiendo disfrutado de los beneficios y la administración de La Goleta. A partir de la muerte de Juan José, el mayorazgo recayó en su hermano Juan María, quien administró y gozó de La Goleta en vida de su padre y heredó todas las haciendas vinculadas, a partir de 1812. Fue el cuarto marqués de Villa del Villar del Aguila y vivió el proceso de la independencia.

De 1805 a 1809, La Goleta fue demandada varias veces por el pueblo de San Francisco de Soyaniquilpan por problemas de linderos, ante la Real Audiencia y sus órganos locales. El mayordomo de la hacienda, el indio Gerónimo Valenzuela, complicó la situación derribando una cerca del pueblo y subiendo la renta de los pastos que alquilaba a los naturales. El mayorazgo fue acusado de despojo y el pueblo demandó la restitución .

Desde la iniciación de las luchas de Independencia, las haciendas disminuyeron su rendimiento. Juan María Fernández de Jáuregui heredó muchas deudas a favor de la iglesia y de prestamistas; fue un mal administrador y acrecentó las deudas. A partir de 1823, cuando el Congreso disolvió los vínculos de los mayorazgos, otorgó una serie de gravámenes sobre La Goelta. No pagó en tiempo. Fue demandado en la ciudad de México a donde se trasladó por una temporada hasta que fue obligado a vender la hacienda a un plebeyo lugareño, Mariano Reyes, en 1828".

Tremenda es la historia y, sobre todo el desenlace de la Hacienda de La Goleta, luego vendrían los tiempos en que los acaudalados Romero de Terreros la adquirirían.... ahora sigamos viendo algunas fotografías más.






Este es un bebedero de ganado, es decir un abrebadero....

Y esta una linda burrita, seguramente preñada, pues son las que dejan en los corrales o pastando en su dulce espera. Al ver esta escena recuerdo algo que el autor Laviada comenta en su libro: "En 1665 partió para México Juan de Urrutia Inoriza, de veinte años de edad, sin más instrucción que la de ocho meses de asistir a la escuela de Gordejuela y un corto curso de mundanidad porco antes de partir. Era analfabeto, con rudimentarios conocimientos de lectura. Sus coterráneos avecindados en México se encargarían de desasnarlo".





martes, 25 de enero de 2011

Hacienda de Tandejé, lo que queda de ella.

Distante unos quinientos metros del Molino que ayer visitamos, nos encontramos ahora ante lo que fue la espléndida hacienda de Tandeje. Aquí abro un paréntesis pues creo que, siendo este nombre de orígen Otomí, más bien debería estar acentuado como Tandejé. No soy experto en la lengua pero suena eso más fonético. Bueno, entremos en materia, estamos en la Era de lo que era la Hacienda de Tandejé.

Ahora vemos una de las paredes que, ya no me causan sorpresa, están grafiteadas o, como es el caso, sirven para pintar los anuncios de los bailes que habrá en algún salón cercano a la que fuera la Hacienda. Y, otra vez, nos apoyaremos en el libro de don Íñigo Laviada Vida y Muerte de un Latifundio (Porrúa, México, 1984). Cabe decir que estoy muy agradecido a Arturo Chávez, del Periódico ¿Que hay? de Jilotepec quién me regaló el libro mencionado.

Ahora estamos dentro de lo que fuera la capilla de la hacienda, dedicada a San Antonio. No tengo la certeza de que a ese santo fuera pero, leyendo a Lavida encuentro siempre la referencio de Hacienda Tandejé, y en una de ellas si lo anota como San Antionio de Tandejé.

La historia que encontramos de la hacienda de Tandejé comienza al principio del siglo XIX apareciendo como propietario el licenciado Manuel Jerónimo Valenzuela, debido a los probelmas consecuentes a la guerra de Independencia muchas de las haciendas se fueron a la quiebra, como fue el caso de Tandejé. Fue entonces adquirida por la fundación del hospital de San Andrés en la ciudad de México. Medio siglo más tarde, 1860, fue comprada por Francisco Iturbe Anciola y anexada a la de La Cañada. Sus tres hijos y su esposa, Cipriana Villar, heredaron la propiedad al año siguiente.

Francisco Iturbe Villar, casado con Dolores Aristáin; Manuel Iturbe Villar, representante diplomático de México en varios países de Europa, casado con Trinidad Sholtz y Felipe Iturbe Villar fueron los descendientes de Francisco Iturbe Anciola. Este último recibió finalmente en la herencia ya dividida, la propiedad de tres de las más prósperas haciendas de la zona: La Llave, en San Juan del Río; La Cañada, en Tepeji y Tandejé. Recibió también las casas más espléndidas que había en la ciudad de México: la de los condes de Orizaba, condes de Bellavista y la del conde de Miravalle.

"Al inicarse el porfiriato, era propietario de la hacienda Tandejé Felipe Iturbe Villar, residente en París y Niza, que visitaba poco su patria. Los administradores de sus haciendas eran eficientes y actuaban como dueños. criaban ganado, cultivaban la tierra, alquilaban parte de ella y otograban contrataos para explotar los bosques haciendo carbón. Felipe casó en Francia con Elena Idaroff de orígen eslavo y tuvo cuatro hijos.

Felipe Iturbe Villar murió en Niza el 23 de febrero de 1889. Las haciendas Tandejé, Caltengo, La Cañada y El Ocote con sus ranchos respectivos, fueron heredados por Francisco Iturbe Idaroff, solterón originario de Francia y residente en aquel país. Este tampoco visitaba con frecuencia la Republica Mexicana.

Desde tiempo atrás, el casco de Tandejé había sido arruinado en alguna de las guerras civiles y esta hacienda era manejada desde Caltengo y La Cañada. Las tres haciendas eran administradas por Miguel S. Malo que enviaba a Francia periodicamente las utilidades.

El día 7 de agosto de 1907 se formalizó la ventade la hacienda Tandeje y su anexo rancho El Quinto; la hacienda La Cañada con sus ranchos anexos San Isidro, Togui, Atongo, Descaní y Divisadero; la hacienda Caltengo y su rancho La Alberca, así como el rancho de Nuestra Señorade la Soledad o El Ocote. El precio de la operación fue de $570,000.00 pesos. La operación fue libre de gastos e impuestos para Iturbe, el vendedor".

Recordarás que cuando veíamos la hacienda de La Labor en Apaseo, comentaba del tráfico de influencias que ejerció Hernán Pérez de Bocanegra, pues bien, ahora vemos que, habían pasado más de cuatrocientos años y el tráfico de influencias no había terminado, sino que se había depurado aun más... lo peleado en la Independencia, de nada había servido... c'ets la vie. Sigamos conociendo lo que queda de la Hacienda de Tandejé. Insisto en el acento.






Te había dicho de un mapa más claro, espero este sea lo suficiente para ubicarnos en el lugar. La línea amarilla corresponde a la actual Autopista México-Querétaro, los puntos en verde marcan el derrotero que llevaba el Camino Real de Tierra Adentro, recordando que Tula, La Goleta y Xilotepec eran ramales del mismo.

"A partirde 1693, el Marques de la villa del Villar del Aguila creó un latifundio formado por tres grandes haciendas: La Goleta, San Antonio (Tula) y San José (el Marqués), ubicadas entre las pequeñas ciudades de Tula y Jilotepec al sur y Huichapan al norte, por cuyos terrenos -hoy ejidales- pasa actualmentela autopista México Querétaro, en los kilómetros del 90 al 115. Despues fraccionó, se reintegró de nuevo y creció con la incorporación de las haciendas de Calpulalpan y de Tandejé"

"Las cinco haciendas murieron en la reforma agraria. Sus grandes construcciones están en ruinas; sus tierras fraccionadas en miles de parcelas minúsculas".

Sorprendente es en verdad toda la naturaleza que vamos encontrando a la vera del Camino Real de Tierra Adentro... por allí seguiremos...


lunes, 24 de enero de 2011

Molino de la Hacienda de Tandeje, Soyaniquilpan, Estado de México

Los personajes que vemos caminando en mitad de este abrumador escenario del Estado de México, en su límite con el de Hidalgo, fueron quienes me llevaron a conocer esta riqueza del patrimonio cultural que abundantemente tenemos en México y que, por fortuna, vamos conociendo y documentando, en medida de lo posible, para que reaccionemos y creamos una conciencia que nos lleve, en poco tiempo, al rescate de estas auténticas joyas arquitectónicas.

Nos encontramos en el municipio de Soyaniquilpan, justo por donde actualmente pasa la Autopista México-Querétaro, en esa dirección luego de pasar el entronque a Tepeji, veremos el que nos lleva a Jilotepec, si en lugar de torcer hacia la izquierda, lo hacemos a la derecha, llegaremos a este intersante vestigio.

Es el molino que procesaba la producción de trigo que la hacienda de Tandeje y otras de la región tenían, de allí saldría la harina, escencial para la alimentación en el siglo XIX, tiempo en el que fue construído.

Para entender un poco más de la importancia que tuvo esta región, nos apoyaremos en una autoridad en la materia, don Íñigo Laviada y su estupendo libro Vida y Muerte de un Latifundio de Editorial Porrúa, editado en México en el año de 1984.

"En la época de la independencia era propietario de la hacienda de Tandeje el licenciado Manuel Jerónimo Valenzuela, probable pariente del indio Jerónimo Valenzuela mayordomo de la hacienda de La Goleta en el primer decenio del siglo (XIX). Valenzuela quebró y Tandejé fue adquirida por la fundación del hospital de San Andrés de la ciudad de México, como inversión productiva para su sostenimiento.

Por la misma época Francisco Fagoaga Villaurrutia era propietario de la hacienda de La Cañada y su ranchos Togui, Atongo, y Descaní; de la hacienda Caltenango, su rancho La Alberca, casas en Tepeji y el rancho Nuestra Señora de La Soledad también llamado El Ocote, todas ellas colindantes con Tandeje".

Esta foto te la comento, es la boca por donde entraba el agua a una especie de enorme tubo que al caer generaba la fuerza suficiente para hacer girar las grandes piedras del molino, es algo en verdad sorprendente. En la siguiente foto verás parte de lo que era el tiro, es decir, apenas se ve la mitad de la distancia por donde caía el agua.

"Fagoaga fue filántropo, hijo del opulento primer marqués del Apartado, propietario de minas en Zacatecas y de haciendas en diversas partes del altiplano. Nació en México el 27 de febrero de 1788. Estudió gramática y filosofía en el Colegio de San Ildefonso y continuó sus estudios en Europa, donde viajó más de lo acostumbrado en aquella época.

En 1820 fue diputado por México en las Cortes de España y junto con Ramos Arizpe promovió en ellas la Independencia de México. A su regreso, en 1823 fue electo alcalde primero del Ayuntamiento de la capital. Ministro de Relaciones del 20 de agosto al 24 de diciembre de 1823. Después fue senador de la República en tres épocas distintas.
Fue tal su generosidad en el servicio al prójimo que cayó en bancarrota, a pesar de su gran fortuna, a partir de 1841. En aquella época era administrador de La Cañada y Caltengo, Agustin Antonelle. El 3 de abril de 1844, Francisco Fagoaga transmitió en pago a Francisco Iturbe Anciola, el principal de sus acreedores y de acuerdo con todos a quienes debía, la propiedad de la hacienda La Cañada, Caltengo y El Ocote, con sus ranchos antes mencionados.

Además entregó muchos más bienes a Iturbe y otros acreedores. Lo más doloroso para él fue la pérdida de su gran biblioteca , y de su colección de pinturas. Fagoaga murió el 20 de julio de 1851, en México".

Varias piedras de molino se pueden ver aun en la parte en donde se producía la harina.

Algo que, en verdad es excepcional, lo encontramos en el entorno del Molino, el cual, por razones estratégicas, se ubica junto a un río.

Por esta escalera subimos a la que era el brocal por donde se vertía el agua para generar el moviemiento de las piedras del molino.

En la parte alta, junto al molino vemos esto que seguramente fue la presa que almacenaba el agua que caería directo al brocal... teconología hidráulica, lo más avanzado en la época.

Pero algo que en verdad es extraordinario y le imprime un carácter de absoluta belleza es el entorno, ese bosque humedo localizado a corta distancia de la zona fría del estado de México. Como es ya costumbre, te dejo varias tomas.





La silueta del Molino de Tandeje me recordó mucho la silueta de El Bable, antes de que le cayera aquel rayo... creo que recordarás la historia. Por si no la leíste, aquí la tienes:
http://vamonosalbable.blogspot.com/2009/04/el-bable.html

El mapa que tenemos aquí, tomado de Google Maps, vemos el trazo en amarillo de la que es la Autopista México - Querétaro. En rojo marqué la ubicación de las Haciendas de La Cañada, Tandeje (en naranja) y La Goleta. Creo que no se puede ver claramente, mañana trataré de hacerte una amplicación donde se vean más claros los puntos del Camino Real de Tierra Adentro por donde vamos ahora transitando...