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viernes, 3 de septiembre de 2010

Puruándiro, Michoacán, su acueducto cegado

Si hay un nombre que encierra una musicalidad única es Puruándiro, si mal no recuerdo purúa es agua en la lengua purépecha, son varios los pueblos que vamos encontrando en la zona en donde se usa la palabra para designarlos y en este caso específico significa “lugar donde hierve el agua”, esto haciendo franca mención a la abundancia de agua que hay en la zona y a que, evidentemente, son aguas termales las que allí se ubican.


Hace poco te conté de cuan maravillado quedé de una población cercana a Puruándiro, la antigua Huango, hoy Villa Morelos y de cómo su riqueza histórica nos transporta con facilidad a siglos pasados. También te conté que mi intención era dormir en Huango, pero, cuando me enteré que no había hoteles me quedé en Puruándiro. Me tocaron dos días de tremendas tormentas que para los locales son las aguas normales de esta época y, claro es, si hay esa descomunal cantidad de agua que cae del cielo, hay agua en abundancia en el subsuelo.


Te conté también que nunca había visto tantos ojos de agua como los que vi en ese rumbo norte de Michoacán, tres para ser exactos, en tan solo un día y una de las cosas que me sorprendió mucho fue que (evidentemente) el suelo de Puruándiro está adecuado para absorber tal cantidad de agua. En una de esas magnas, (para mí), tormentas, pasada la lluvia, pensé correrían enormes ríos por las calles y nada, todo seguía en su habitual normalidad, así pues, Puruándiro y el agua viven en una franca y cordial armonía, bueno, así era hasta que el hombre llegó.


Caminaba por sus calles que me parecieron bien interesantes, vi las antiguas construcciones del centro, las cuales seguramente son de principios del siglo XX, con enormes paredes cuyos techos son más, mucho más altos de lo regular en este tipo de obras, seguramente para aislar a sus moradores de la humedad reinante. Construcciones que debieron ser, dadas sus dimensiones, algo extraordinario, ese centro, es decir, lo que era la población antigua, sin lugar a dudas fue espectacular hace un siglo, pero hoy… hoy dista mucho de ello.


Me hubiera gustado enterarme más de su historia pero no me fue posible encontrar algún libro que me hablara de ella, sí encontré el de la efemérides, escrito por el cronista de la ciudad, pero la verdad, ese libro no me dio la información que buscaba. Como quiera caminé por sus calles, siempre en la zona centro y llegando a una calle que se llama, creo se llama Guadalupe, o al menos esa calle conduce al Santuario dedicado a la Guadalupana y allí fue donde comencé a ver lo que significa la destrucción de los vestigios de un pueblo, es decir, la destrucción de una ciudad.


De entrada me topé con una fuente, la cual, de manufactura moderna, estaba acomodada en un lugar que, o no era el suyo o fue forzada a caber allí. Eso lo puedes ver en la primera foto… dime, en este caso… como el de la gallina y el huevo ¿Qué fue primero? ¿La tienda o la fuente? Seguí subiendo por la calle que conduce al Santuario o Calvario y seguí viendo más fuentes, me dio la impresión de que las rehicieron en el lugar donde se encontraban originalmente, en la cuarta foto puedes ver una fuente también de moderna manufactura pero coronada por un medallón antiguo y metida justo donde la calle del norte al sur, se junta con la del este al oeste y se anula la esquina.


Más adelante (lo ves en la quinta foto) encontré algo que sin lugar a dudas fue la ventosa que controlaba la bajada del agua y la distribución de la misma. Me hizo recordar la ventosa que hay en Acámbaro, su misma forma y casi el mismo diseño solo que la de aquí, en Puruándiro, en el olvido total.


Finalmente llegué a una esquina, me dio la impresión que llegaba a un fraccionamiento, pues había un arco que cruzaba la calle, de un lado el DIF y del otro una casa de muy buena arquitectura y una fuente, nueva también (foto número seis), ésta, al igual que todas, del lado izquierdo, fue cosa de pasar ese arco y de leer la placa que allí se encuentra, para entender que en el siglo XIX (creo) se construyó un acueducto que surtía de agua a la población, es decir, lo que actualmente es el centro de Puruándiro.


Todo estaba… digamos que bien, hasta allí pero, la sorpresa fue caminar un poco más para ver que aquello que fue en su momento un magnífico acueducto con arcos, según se ve en algunas partes, arcos trabajados, arcos mixtilíneos que ofrecían algo de arte y rompían con la habitual arcada que forma los acueductos, solo que, estos arcos ya muertos, ya fuera de uso y ahora formando parte de las paredes de cada una de las casas que se fueron adosando a lo largo de ese tramo. Arcos cegados.


Que triste. Que triste que no se haya respetado algo que fue utilísimo en su tiempo y que ahora medio quedó algo y que Puruándiro pasó a ser una población más, una del montón, que no tiene mucho que ofrecer, pues sus magníficas características, esas con que fue levantado hace varios siglos, simple y sencillamente no les importó a sus moradores, o, en todo caso, a los dueños de las casas viejas o, peor aun, a las autoridades y ahora, la verdad, uno llega y como dijera Fox: “comes y te vas”.


El panorama en rededor de Puruándiro es excepcionalmente bello, los vestigios de sus haciendas son únicos, pero esa falta de atención a la conservación de los legados (no del dinero y los bienes) sino de los conceptos y formas que los anteriores habitantes del lugar dejaron, simplemente se perdieron.


Yo te dejo unas fotos más, y quedará más que claro lo que aquí te cuento y te digo una cosa: cuando vallas a Puruándiro, vete todo el día a recorrer Villa Morelos, quedarás extasiado…












Si alguien de Puruándiro lee este artículo y nos comenta que fue lo que pasó con el acueducto, cuando lo hicieron y por que lo cegaron será muy bueno, de ese modo sabremos las razones por las cuales y no está más en uso…