lunes, 3 de octubre de 2011

La plaza de toros abandonada por el rumbo de los Quiriceos.

998.- A dos días del artículo número MIL llegamos a pie y caminando a este coso abandonado en mitad de un camino rural que si no conoces bien el área no sabes si seguir a a derecha, a la izquierda, al norte o al sur... es el rumbo de los Quiriceos, el rumbo de los Parangueos, el rumbo de las Labores, justo donde colindan el municipio de Valle de Santiago con el de Salamanca. Pero, ¿habrá alguna razón para encontrar una plaza de toros en esta zona?

Pues sí que la hay. Si nos vamos a la historia más reciente, este es el rumbo de la dinastía Silveti, no dudo que en este sitio se hayan entrenado Alejandro o David (qepd), pero ese es un dato que desconozco, solo supongo. Lo que sí sé y es porque lo leí en el libro de Haciendas de don Isauro Rionda es que aquí, hubo cría de toros de lidia. Sabemos ya que las haciendas del rumbo eran de don Pedro Lascuráin, luego pasaron a manos de los Jesuitas, luego a la familia Cortazar y Rábago y para mediados del siglo XIX son adquiridas por don José María Godoy, quien muere en 1862 y sus haciendas de San Nicolás de Parangueo, Rincón de Parangueo y San José de Parangueo pasan a propiedad de sus hijas: Gertrudis, Carmen y dos más cuyos nombres desconozco.

"A partir de la década de los ochenta estas haciendas seguían siendo, no obstante la repartición anterior, el más grande latifundio de Valle de Santiago, donde vivían más de 700 personas. Había una escuela para niños varones sostenida por el erario estatal, a donde asistían más de setenta infantes; sus toros de lidia alcanzaron gran fama regional..." (1)

Aquí, pues, encontramos la referencia de los toros de lidia, se habla del 1880 al 1889, pero creo que esta plaza es más reciente, no podría deducir cuándo fue construida pero que tenga 130 años, lo dudo, como quiera, no deja de ser sorprendente. Veamos unas tomas más:












Cuando hablamos de feracidad en las tierras del valle de Santiago, bien nos podremos referir a estos "truenos" ó "laureles de la india" que crecen espectacularmente por el rumbo.

Esta es la hacienda de San Diego, que en algún momento (supongo) fue parte de San Nicolás de Parangueo, esto debido a su proximidad.

Y ahora estamos en la de San José o de los Mogotes, la verdad nunca supe a ciencia cierta cual es el nombre de esta propiedad a donde no me permitieron entrar.


Fuente:

1.- Rionda Arreguín, Isauro. Haciendas de Guanajuato. Ediciones la Rana. Guanajuato, 2002.

domingo, 2 de octubre de 2011

El molino abandonado en la hacienda de San Diego; Valle de Santiago, Guanajuato.

997.- Nos vamos a tantitos kilómetros al sur-oeste de Salamanca en busca de los vestigios de alguna de las muchas Haciendas que florecieron en la zona, nos llevamos la sorpresa de que dos de ellas, la de San Diego y la de San José (creo así se llama) están habitadas y por lo tanto no permiten el paso de visitantes, como quiera, preguntando a la gente del lugar, me comentan que antes había una laguna, que se construyó un canal para llevar agua hasta el molino y que todo eso está abandonado. Me dicen, además, que hay una plaza de toros, también abandonada. Motivos para caminar los hay así que para allá nos vamos.

"Don Pedro Bautista Lascuráin de Retana, compadre y consejero de doña Josefa Teresa de Busto y Moya, español, natural de Vizcaya, antiguo vecino y minero de Guanajuato, donde hizo un cuantioso capital, cambió su residencia y giro, viviendo ultimamente en el plácido Valle de Santiago y dedicándose a la agricultura y ganadería; sintiéndose viejo y sin tener descendencia, tuvo la idea de hacer algo perenne por Guanajuato y los jesuitas, lugar y Orden de su prelidección". (1)

"Cumplióle Dios sus deseos -dice literalmente el manuscrito que tenemos a la vista, titulado Annuas de las misiones del colegio de la Compañía de Jesús de Guanajuato- porque concurriendo cierto día con el Sr. Obispo de Valladolid, que entonces lo era el venerable Ilustre Sr. Don Juan Joseph de Escalona y Calatayud, éste le propuso que deseaba tener en su Diócesis un relicario que era el único adorno que le faltaba a su esposa; este relicario, añadió su Ilustrísima, son unos misioneros de la Compañía de Jesús, que tengan a su cargo el circular haciendo misión por todo el distrito de mi jurisdicción".

"No fue menester más para que don Pedro Retana se resolviera desde entonces a fundar estos misioneros en Guanajuato, persuadiéndose que de esta suerte no sólo cooperaba al bien de la misma ciudad, aumentando el número de sujetos de la Compañía, sino que se haría benefactor insigne del Colegio y de todo el Obispado, por cuyo bien habían de trabajar los misioneros que meditaba fundar".

"Para esto se vio con el Padre Provincial Juan Antonio de Oviedo, manifestándole sus deseos de fundar cuatro misioneros que evangelizaran la palabra de Dios, en todo el obispado de Michoacán, y un maestro de filosofía, cuya residencia, así de éste, como de los cuatro misioneros, fuera del Colegio de Guanajuato, añadiendo a más de esto el dote de 300 pesos que se diera a una huérfana todos los años el día de San Francisco Xavier".

"Para este fin prometió, que después de sus días dejaría a el Colegio de Guanajuato cuatro haciendas con todos sus muebles que tenía en el Valle de Santiago, de donde era vecino, llamadas la principal Parangueo, y las otras tres Quiriceo, Cerritos y la Iglesia. Admitió desde luego la donación el Padre Provincial, con tal que se consiguiera la aprobación de nuestro muy Reverendo Padre General Francisco Rhetz, a quien se le informó de todo este negocio". (2)

Todas estas propiedades que don Pedro Lascuráin heredó a la Compañía de Jesús, las adquirió de unos descendientes en tercera y cuarta generación del conquistador Juan Ochoa de Elejalde, eran un auténtico latifundio ya que contaban 65 000 hectáreas. (3) Y se conformaban de la siguiente manera:

"Las mencionadas haciendas agrícola-ganaderas nombradas San Nicolás de Parangueo, San Miguel de Quiriceo, el Cerrito y la Iglesia, situadas todas en el Valle de Santiago, eran grande extensión pues la primera se componía de 30 sitios de ganado mayor, 15 sitios de ganado menor, cuatro criaderos y 2 y media caballerías de tierra; la hacienda del Cerrito se componía de un criadero, una caballería de tierra de temporal y 12 de riego, con un molino; la denominada la Iglesia estaba formada por 3 caballerías de tierra. Todas le habían costado a Lascuráin la cantidad de 64,000 pesos, por lo que para 1738 valían mucho más cantidad en pesos". (4)

Pasaría luego que, cuando los Jesuitas fueron, 4 años luego de la muerte de don Pedro, a tomar posesión de su herencia, los Agustinos no lo permitieron, alegando que ellos tenían posesión desde hacía tiempo atrás, todo esto acabó en un pleito judicial el cual favoreció a los Jesuitas, pero, serían expulsados de la Nueva España y las propiedades pasarían a algo que se denominó Junta de Temporalidades, pero esa, esa es otra historia, ahora lo que estamos viendo es El Molino. Dudo mucho que sea el que se menciona en el testamento de don Pedro pues se ve claramente que ésta no es una obra del siglo XVIII sino del tercer cuarto del siglo XIX, quizá sea aun más reciente.

Ese anónimo informante que encontré por el rumbo de la Hacienda de San Diego me dijo que "pa'llá hay otro molino" y apunto al oriente, rumbo por donde se encuentra Quiriceo, solo que, dado que estamos viviendo un rígido cambio climático, hacía ya calor, el sol caía plomizo y ya había caminado demasiado como para todavía enfilarme hacia Quiriceo, eso lo dejaremos para otra ocasión; sin embargo para mañana veremos otro sitio abandonado localizado cerca del molino y que tiene un especial encanto... cada día estamos más cerca de completar 1000 artículos en este El Bable.
















Fuentes:

1.-Rionda Arreguín, Isauro. La Compañía de Jesús en la Provincia Guanajuatense, 1590-1767. Universidad de Guanajuato. Guanajuato, 1996.

2.- Marmolejo, Lucio. Efemérides Guanajuatenses. Edición Digitalizada por la UANL.

3.- Rionada Arreguín, Isauro. Haciendas de Guanajuato. Editorial La Rana. Guanajuato, 2001.

4.- Rionda Arreguín, Isauro. La Compañía de Jesús...

sábado, 1 de octubre de 2011

Los Jardines Principales en el Bajío.

996.- Las ideas que originalmente se tenían, luego de la conquista eran buenas, especialmente las que en 1573 Su Majestad, el Rey, don Felipe II dictó; se llamaban Ordenanzas y en ellas se veían ciudades modernas, bien trazadas, con una plaza central, rodeada de portales "para el buen comercio" y de allí, serían tiradas "a cordel" las tazas de las calles, las cuales serían en retícula perfecta. Entre otras cosas Felipe II dijo que:

.... Elijan el sitio de los que estuvieren vacantes y por disposición nuestra se pueda ocupar, sin perjuicio de los indios y naturales o con su libre consentimiento; y cuando hagan la planta del lugar, repártanlo por sus plazas, calles y solares a cordel y regla, comenzando desde la plaza mayor y sacando desde ellas las calles a las puertas y caminos principales y dejando tanto compás abierto, que aunque la población vaya en gran crecimiento, se pueda siempre proseguir y dilatar en la misma forma. La plaza mayor tiene que estar en el centro de la ciudad: su forma en cuadro prolongada, que por lo menos tenga de largo una vez y media de ancho, porque será a propósito para las fiestas de a caballo y para otras celebraciones... Su grandeza será proporcional al número de vecinos y tomando en cuenta que las poblaciones pueden ir en aumento. No tiene que ser menos ancha que doscientos pies y 300 de largo, ni mayor de 800 pies de largo y 532 de ancho... Que de la plaza salgan cuatro calles principales, una de cada costado y dos por cada esquina. Que las cuatro esquinas miren a los cuatro puntos cardinales, porque saliendo así las calles de la plaza no estarán expuestas a los cuatro vientos. La plaza y las cuatro calles principales que de ella han de salir serán provistas de portales para comodidad de los tratantes que suelen concurrir; y que las ocho calles que saldrán de las cuatro esquinas sean libres, sin encontrarse con los portales de forma que hagan la acera derecha con la plaza y la iglesia..." (1)

Veremos que aquí, en la Villa de Salamanca, se cumplieron esos requisitos, se delimitó el cuadrángulo que sería la Plaza Mayor, se trazaron "a cordel" las calles y se mantuvo la orientación perfecta, además, como lo ordenó Su Majestad, el Rey, esas primeras calles trazadas, una de ellas, era las que daba la entrada y salida al Camino Real, consecuentemente era la Calle Real que en la Plaza Mayor hacía esquina con la Calle de la Acequia, que es justo en donde hoy compramos los periódicos y revistas en el portal de los Bravo.

Los árboles que actualmente vemos tienen más de un siglo, en las fotografías que aun se conservan de la última década del siglo XIX se ven unos arbolillos que apenas habían sido plantados, en la emblemática foto de un paisano cruzando la calle de la Acequia, cuando estaba aun en construcción la torre del Señor del Hospital vemos como esos árboles, era el año de 1905 y el Jardín Principal se adornaba con la columna denominada "Pirami", misma que fue derruida por otra, digamos, Ordenanza, en este caso de don Porfirio Díaz, el cual mandó construir en todas y cada una de las poblaciones del estado de Guanajuato un kiosco en el centro de la plaza, al centro del Jardín Principal, esto con motivo de los festejos del Centenario.

Si hay algo que caracteriza a las ciudades del Bajío son sus Jardines, todos con el laurel de la india perfectamente bien cortado y mantenido desde hace, al menos ciento dos años, en cumplimiento con aquello que don Porfirio ratificara, de lo dicho por Su Majestad, el Rey don Felipe II: "La Plaza Mayor tiene que estar al centro de la ciudad". Y esta es la Plaza Mayor, Jardín Principal, Plaza de la Constitución, o mejor aún, este es El Jardín de Salamanca hoy día. Pero honor a quien honor merece, fue Hidpodamo de Mileto quien ideó las ciudades en base a retículas.

Y a propósito que fue cuando el Centenario que los Kioscos de las las Plazas Principales de las ciudades de Guanajuato, será bueno saber que para entonces eran 45 los municipios, dos de ellos ya no existen como tal: Ciudad Porfirio Díaz (Pozos) y La Luz. De todos ellos anotamos los números que don Pedro González escribió en 1904 en su Geografía Local. Seguramente se basó en los datos del censo de 1900, estos son:
1.- 89,268 León
2.- 80,405 Guanajuato
3.- 53,221 Pénjamo
4.-48,213 Irapuato
5.- 45,197 Celaya
6.- 44,450 San Miguel Allende
7.- 44,378 Valle de Santiago
8.- 43,567 Dolores Hidalgo
9.- 38,393 Salvatierra
10. 38,011 Salamanca








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