jueves, 22 de agosto de 2019

El fuego fatuo: de la leyenda a nuestros tiempos de alta contaminación

   Leí algo sobre la compleja historia... o leyenda, que nos dice del andar del Apóstol Santiago, el Mayor, recordemos que hubo dos, el mayor y el menor; por cierto, el mayor en realidad se llamaba Jacobo, Jacob en todo caso pues eran tierras de Israel por donde andaban. Y en ese andar "Alrededor del año 813, en tiempos del Rey de Asturias Alfonso II el Casto, un ermitaño cristiano llamado Paio (Pelayo) le dijo al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia (España), que había visto unas luces merodeando sobre un monte deshabitado. Hallaron una tumba donde se encontraba un cuerpo degollado con la cabeza bajo el brazo. El rey Alfonso ordenó construir una iglesia encima del cementerio (compositum), origen de la Catedral de Santiago de Compostela". Es de ahí que originalmente el lugar se llamaba no como Santiago de Compostela, como lo conocemos en la actualidad sino como "Santo Jacob del Compósitum".

  Y eso eso del compósitum y el fuego fatuo o aparición del fuego, me hizo recordar algo que, cuando era niño (recordando que tengo 64 años) en las largas conversaciones nocturnas, que habitualmente eran relatos de muertos y aparecidos, también se hablaba de los tesoros encontrados y cómo al parecer un fuego, ese era singo inequívoco de que ahí había un "entierro", es decir, dinero, regularmente oro y plata que se había enterrado para evitar el robo en una de las tantas revoluciones que hubo, sea la Cristera que la propia Revolución o la Reforma o la Independencia.

   Interesante es saber que esas leyendas, tan recurrentes en los viejos pueblos y haciendas abandonadas en donde se contaba de aquella llamarada, en ocasiones un poco asociada al mal y satanás y el infierno, por aquello del fuego, no era otra cosa más que una asociación de ideas que en tiempos medievales dio origen a una serie de leyendas tan sólidas que llegaron a crear sitios como la monumental Catedral en Santiago de Compostela.

  Un fuego fatuo (en latín ignis fatuus) es un fenómeno consistente en la inflamación de ciertas materias (fósforo, metano, principalmente) que se elevan de las sustancias animales o vegetales en putrefacción, y forman pequeñas llamas que se ven arder en el aire a poca distancia de la superficie del agua en lugares pantanosos y en cementerios. Son luces pálidas que pueden verse a veces de noche o al anochecer. (Wikipedia.)

    Lo lamentable del caso es que en nuestros días ese "fuego fatuo" aparece en los basureros que todos y cada uno de los 2,500 municipios mexicanos tiene, en el que el proceso de descomposición de la basura produce los gases y, ocasionalmente se inflaman.

Se incendia basurero en Tequixquiac.
Se incendia basurero en Ecatepec.
Se incendia basurero en Pénjamo.
Etcétera, etcétera,etcétera, la lista es larga.


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