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martes, 9 de febrero de 2010

¿Y cómo llegamos a La Erre?

Un buen reflejo de lo que es la vida actual de México (lo económico) es esta foto en la que vemos a un vendedor de paletas industrializadas que va a la tierra de nadie en busca de consumidores. Tomada en el camino a La Erre.


Pues creo que ya te he comentado algo de mí, no tengo auto, no uso celular, me muevo todo lo que puedo a pie y cuando no es posible, entonces uso los servicios públicos. Comprobado lo tengo de que en México podemos llegar al lugar más remoto y apartado en autobús, si eso sucede en lugares tan poco poblados como la Baja California, con mayor razón aquí en Guanajuato que rebasa ya los 5 millones de habitantes.


Los camiones para mí siempre han sido una experiencia, a veces memorable. Aquí vamos hacia La Erre en uno de esos “boxer”. La sonorización en la unidad es algo básico para amenizar el recorrido.


Hay autobuses que van a prácticamente todos los ranchos, estos salen normalmente de las cercanías del mercado municipal, van despacio y con mucha gente, los horarios normalmente son espaciados, cada hora o un poco más, como quiera, si tienes el interés de conocer este tipo de lugares, como las haciendas que pueblan la geografía campestre del Estado de Guanajuato, es bien fácil, la recomendación es: no llevar prisa. Saber muy bien a donde vas y como se llaman los lugares cercanos, procura un mapa, de preferencia la Guía Roji o algo aún más detallado, y que sea actual.


La caminata de la carretera a la Hacienda me llevó unos cuarenta y cinco minutos, fue pesada pero reconfortante, el paisaje es sobrio, mucho pasto, razón por la cual son éstas tierras de pastoreo.


Luego de algunas experiencias te darás cuenta de que sale de sobra ir con botellas de agua y comida, pues en todos los ranchos encontrarás tienditas y, en muchas ocasiones, señoras que hacen gordas o quesadillas, así que de todo lo necesario hay. Ten en cuenta que en estas comunidades la vida comienza muy temprano, 5 o 6 de la mañana, y termina por consecuencia temprano también, a las 8 de la noche ya no hay nada, y, lo más importante, averigua siempre hasta que hora pasa el autobús, evitarás así un verdadero problema.


Soy de Guanajuato, soy orgulloso salmantino, guanajuatense y mexicano, más no le puedo pedir a la vida, especialmente cuando la propia vida me ofrece estos paisajes, la Sierra de Santa Rosa, la misma a la que le cantó José Alfredo Jiménez.


La Erre está muy cerca de Dolores, solo que el servicio no es cada hora, sino cada tres o cuatro. Cuando acabé de maravillarme con las ruinas de la Hacienda, caminé de nuevo los varios kilómetros para llegar a la carretera y esperar el autobús, solo que, me faltaba medio kilómetro para llegar cuando vi que apareció, pensé que mínimo tres horas me tendría que esperar, pero, sabedor el chofer de los horarios, se esperó hasta que no llegué. Me vi forzado a correr, cosa que no hacía desde el accidente, es decir, hace 3 años. Allí, en La Erre, aprendí que el hueso soldó perfectamente y que si puedo correr. Por lo tanto, sigue visitando El Bable, que verás te llevaré a una buena cantidad de lugares a los que con paciencia y un Flecha Amarilla se puede llegar.


Algo común es encontrar por todos lados bicicletas, nada para hacer deporte, sino para transportarse, son algo imprescindible en el paisaje guanajuatense.


Guanajuato está ya preparado para la celebración del Bicentenario, hay docenas de lugares, a cual más interesante, uno del otro, en donde podrás vivir la historia de este período tan importante de la historia de México.



Señores, ya le hemos puesto el cascabel al gato! La Hacienda de La Erre en Dolores Hidalgo CIN, Guanajuato.

Una de las razones por las cuales fui a Dolores, fue para aproximarme lo más posible a la Hacienda de La Erre, lugar por demás importante en la historia de Guanajuato y de México también. De ella no hemos oído hablar mucho, o, tal vez, dado que los programas de la SEP en relación a los pasajes más importantes que han sucedido a lo largo de la historia de nuestro país han sido, erróneamente, cada vez cortados y resumidos, lo ahí sucedido ha pasado desapercibido para muchos. Pues bien, fue el primer lugar a donde Don Miguel Hidalgo llegó, esto fue a escasas cuatro horas de haber comenzado el verdadero grito. Como bien lo sabemos el grito NO fue el 15, ese jamás se dio, el grito, es decir, el inicio de la Independencia comenzó el 16 de Septiembre de 1810, domingo para ser mas exactos. 6 de la mañana, la hora prima, para ser precisos.


Si nos ubicamos en el siglo XIX, en los primeros años como lo es 1810, entenderemos que la misa era algo básico y primordial, solo que Don Miguel se llevó tiempo en ir a la cárcel de Dolores a liberar a los presos, mismos que se unieron al movimiento libertario, luego estar en el atrio en la llamada "arenga", convenciendo a la gente de iniciar la guerra contra los españoles y salir del lugar antes de las 8 de la mañana para comenzar el peregrinar, los primeros cinco kilómetros fueron hacia la Hacienda de La Erre, la más importante que había en la zona.


Su importancia era tal que con tan solo ver el área que comprendía nos podemos dar una idea clara, para eso nos apoyamos en el Maestro don Isauro Rionda en su extraordinario libro Haciendas de Guanajuato, Editorial La Rana, Guanajuato, 2002: " Los mariscales de Castilla y primeros señores de las villas de Siria y Borobia y luego marqueses de Siria y vizcondes de Borobia, familia muy antigua en la Vieja y la Nueva España, llegaron a ser los latifundistas más poderosos del Guanajuato colonial y de primeros lustros del independiente. A lo largo del tiempo fueron dueños del territorio de Guanajuato de los predios siguientes:


Las haciendas de Arandas en Irapuato; La Erre, Ojo Zarco, La Plama, San Pablo y el Gallinero en Dolores Hidalgo; La Rosita y La Cruz del Palmar en San Miguel el Grande; Tupátaro en Cuerámaro; Trejo y La Laja en Silao; Mezquite Gordo en Romita; La Concepción y Atotonilquillo en Manuel Doblado, y La Hoya en Pénjamo y los ranchos de: Nombre de Dios en San Miguel; San Francisco, La Pila, El Pderegal, Silva, Los Portezuelos, La Cruz de Aguilar, El Cerrito de Manserrano y San José de Amoles en Silao; Calvillo y Núñez en Guanajuato, y en Pénjamo, La Angostura, Pepe, Los Orcones, Marañón, El Llano Grande y Rancho Nuevo. Fuera de Guanajuato también tuvieron haciendas como Los Cortijos en Puebla, Santa Catarina en Chalco, etcétera”.


La lista de propietarios es larga, lo que salta a la vista era el tráfico de influencias, pues el que no tenía un cargo en la Inquisición lo era en el Ayuntamiento de la Ciudad de México, cosa muy común al principio de la Colonia en la que, verdaderamente se sirvieron con "la cuchara grande" en cuanto al repartimiento de tierras y la entrega de encomiendas, mercedes y estancias. En 1611 comienza la larga lista, la encabeza Juan Carrillo Altamirano, continúa la interesante historia del maestro Rionda "Para llegar al año de 1810 tenemos que echar marcha atrás hasta la primera mitad del siglo de la conquista. A la llegada de los españoles a territorio central de los chichimecas se encontraron que al otro lado de la sierra de Guanajuato había una aldea indígena llamada Cocomán, y como las autoridades españolas siempre demostraron poco respeto por las priopiedades de los indios, a partir de los años cincuenta del siglo XVI empezaron a dar tierras a hombres blancos, abracando las cementeras de los aborígenes".


“Estas tierras dadas se fueron concentrando en pocas manos hasta que se formó como propiedad de un solo hombre la hacienda de La Erre, quedando dentro de sus límites la aldea de Comocacán. Esta cambió su nombre náhuatl por uno cristiano: San Cristóbal y San Pablo”.


A los dueños de La Erre les convenía esta población pues así contaban con mano de obra cercana, lo que era difícil en aquellos tiempos, Ese poblado llegó a llamarse Congregación de Nuestra Señora de los Dolores, y que estaba "situada a las orillas del río en un terreno muy hermoso con todas las condiciones para hacer felices a sus habitantes; más por un abuso insoportable de la haciendas, no tienen aquellos miserables un palmo de tierra que hacer sus siembras, pues las pertenencias de La Erre llegan hasta las goteras del lugar..."


Creo que al leer esto entendemos como fue que precisamente en Dolores se comenzó a formar una idea de liberación del yugo, dominación y excesos por parte de los españoles avecindados en los ricos territorios que ellos denominaron la Nueva España. Como anotación final cabe decir que las goteras era la forma que se le denominaba en la época a los límites de la ciudad. Dejamos el texto y pasamos a las fotografías que son más que elocuentes y una clara muestra de lo que es actualmente algo que en su momento causo sorpresa y admiración.