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viernes, 13 de diciembre de 2013

El Camino Real de Tierra Adentro en su paso por Nuevo México.

  Para quienes son nuevos en El Bable, y para quienes no lo recuerdan, cada año, en las últimas semanas nos permitimos una licencia: la de publicar cosas que no son de México pero que, de algún modo se vuelven interesantes y encajan perfectamente en el lema que aquí tenemos, eso de "el pasado perfecto del futuro incierto, del verbo vivir". Lo de hoy refiere a eso y refiere una zona que, en algún tiempo, (1598-1821) formó parte más que de México, de la Nueva España, es decir, de la Corona española, y unos años a México (1821-1848) y llevó directamente el nombre que nosotros tenemos como nación pero con el añadido de ser Nuevo. Efectivamente, el Nuevo México. (En la imagen: San Lorenzo de los Picuris, Nuevo México)

  Y si hay un Nuevo México, quiere decir que hay un Viejo México, eso lo delimitó el Río Grande del Norte cuyas tierras "a partir de la otra banda" se consideraron como nuevas o del nuevo territorio. Los españoles llegan a México en 1519, para 1521 se da la conquista, vendrían luego los descubrimientos de la "terra ignota", esa región casi mítica llamada de "Tierra Adentro". En buena medida el término tierra adentro delimitaba la frontera norte de México, primero llegó por los rumbos de Cuautitlán, luego hasta Jilotepec, más adelante a Querétaro y San Felipe, luego del descubrimiento de las minas, tierra adentro quedaba ya por Zacatecas. (Misión de Nuestra Señora de la Asunción Zía).

  En buena medida el territorio de tierra adentro atraía a los españoles que pensaban encontrar allí las fantásticas riquezas que la literatura medieval había recreado. Fue primero por un desastre, ocurrido a Alvar Nuñez Cabeza de Vaca que en su idea de descubrir la fuente de la eterna juventud, luego de naufragar entra en lo que hoy es Nueva Orleans y tendrá una de las aventuras más increíbles ocurridas en el siglo XVI, durante 8 años (1528-1536) vaga por la región y regresa a México por Culiacán, relatando sus vivencias y creando la idea de haber visto otra ciudad mítica, otra creada incluso antes del medioevo. (Misión de San Miguel en Socorro, Nuevo México).

  Ese relato era el de la existencia de El Dorado, otra leyenda medieval, así como de las ciudades de Qviria y Cíbola, el cual fue tan elocuente que provocó uno de los pasajes más curiosos en la historia de Nueva España del siglo XVI, cuando fray Marcos de Niza encabezó la expedición evangelizadora a tan míticas latitudes y al final exageró tanto en su relato que provocó severos problemas entre los gobernantes, como quiera, las expediciones hacia el norte eran más motivadas con estas exageraciones. (Misión de la Purísima en Socorro, Texas).

  Y sucede que un mestizo, hijo de un acaudalado criollo que, además casó con una descendiente del emperador Moctezuma, Juan de Oñate, "el Mozo", nacido en Zacatecas en 1549, participó en el descubrimiento de varias minas, la mayoría de ellas en el actual San Luis Potosí, luego encabezaría la expedición para conquistar los territorios del norte anteriormente descubiertos por otros personajes. Es así como en 1598 inicia la travesía. (San Elizario, Texas).

  El 30 de abril de 1598 toma posesión del punto conocido como el Paso del Río Grande del Norte que, a la larga, comprimiría su nombre a Paso del Norte, es de ese modo que inicia la redención de todos los territorios del que denominó como el Nuevo México. Con esto nos damos cuenta de la idea reinante de la época, en la que, apenas 77 años antes, en 1521 se había ya adherido a la Corona una Nueva España, ahora lo hacía un Nuevo México, es decir, una sed enorme por descubrir territorios y apoderarse de sus riquezas. (Misión de San Gregorio Abó, Nuevo México).

   Y llegaría este Oñate, el Mozo, a finales de junio de 1598 a una población indígena llamada Caypa a la cual puso por nombre San Juan de los Caballeros, asentando allí la primera capital de Nuevo México y conectándose hasta allá, al poco tiempo, el Camino Real de Tierra Adentro. Pero ocurriría que, al poco, Oñate se lanza a otra aventura, buscando hacer realidad otra leyenda medieval, la del Estrecho de Anián. (Capilla de San Miguel en Santa Fe, Nuevo México)

  La historia de Oñate continua, te recomiendo leerla, sólo ten cuidado pues hay cuatro Oñates, dos Cristóbal y dos Juan, el personaje que ahora nos interesa es Juan de Oñate, y para identificarlo mejor se le agrega "el Mozo",  él quedará ligado a la herencia ibérica en los Estados Unidos pues incursionó hasta Okahoma y Kansas. (La misión de Acoma antes de su restauración, Nuevo México)

   Pero como nuestro interés está en los vestigios a la vera del Camino Real de Tierra Adentro, me dí a la tarea de buscar y seleccionar algunas imágenes de templos construidos bajo la dirección de sacerdotes europeos, algunos de ellos franciscanos, otros seglares, y en las cuales lo que estamos viendo es un estilo totalmente distinto al genérico de Nueva España, aquí el barroco no llegó, seguramente por los rigores del clima y por la lejanía de la influencia que emanaba de la capital: la ciudad de México. (Misión de San Esteban del Rey, en Acoma, Nuevo México).

   El barroco llegó, lo más norte, hasta Cihuahua, se manifiesta en la Catedral de la Santa Cruz, más al norte comienza el desierto y las construcciones se vuelven de adobe, (una curiosidad la palabra adobe viene el árabe, (Del ár. hisp. aṭṭúb, este del ár. clás. ṭūb, y este del egipcio ḏbt), y por consiguiente eso que hacemos en México de adobar la carne, tiene una relación. Y la pregunta surge, al ver las manifestaciones arquitectónicas de esta región conocida como los Pueblo, ¿quién influenció a quien? creo que esta es la manifestación más grande de mimetismo o, mejor dicho, sincretismo o mestizaje que se dio en el Nuevo Mundo, al 50/50. (Misión de San José de Gracia en Las Trampas, Nuevo México).

   Todas las fotografías las tomé de la red, me llevó un poco de tiempo hacerlo, y no tuve la precaución de anotar la fuente. Agradezco a cada uno de los que las subieron y espero no ofender a sus derechos de autor. Si te quieres empapar más en el tema, aquí hay algo sobre las ancestrales costumbres de uno de sus Pueblos, los Zía. (Misión de San Francisco de Asís en Taos, Nuevo México).

 Misión de Abiqui, Nuevo México.

Misión Ysleta, El Paso, Texas.

San Agustín Isleta, Nuevo México.

Misión de Nuestra Señora de los Angeles de la Porciúncula de los Pecos, Nuevo México.

Misión de Nuestra Señora de la Purísima Concepción de Quari, Nuevo México.

San Buenaventura Cochiti, Nuevo México.

San Ildefonso, Nuevo México.

San Ysidro Corrales, Nuevo México.

San Buenaventura de Humanas, Nuevo México.

San José de los Jemez, Nuevo México.

San José de la Laguna, Nuevo México.

Misión Santa Ana, Nuevo México.

Misión Pueblo Zuni, Nuevo México.


viernes, 22 de abril de 2011

La simbología del 4 entre los pueblos del antiguo norte de México: El pueblo Zía, en New Mexico.

   De números y símbolos hemos ya hablado varias veces, esta vez lo volvemos a hacer con el número 4 y lo de hoy corresponde a lo que se pensaba en el "bárbaro norte" lo que antes fuera aun territorio de la Nueva España, es decir, territorio mexicano, pero que luego pasó a ser parte de la Unión Americana. La razón por la cual dí con este dato se debe a que buscando sobre el Camino Real de Tierra Adentro en Nuevo México, traté de leer un libro que es considerado como el documento más antiguo en cuanto a incursiones española se refiere en el actual territorio de los Estados Unidos, y es el referente esencial a lo que ellos denominan el Sud-oeste Norteamericano.

  El libro se llama Historia del Nuevo México y su autor es Gaspar Pérez de Villagrá, uno de los primeros en incursionar en la zona. Habíamos visto hace algunos meses sobre la mítica Qviria y Cíbola, y como fue que fray Marcos de Niza engañó al virrey don Antonio de Mendoza haciéndole creer que en el norte había grandes riquezas. Villagrá, seguramente embelesado con la historia y llena su cabeza con ideas propias de los libros de caballería, tan populares en el siglo XV y XVI conquista esas tierras para la Corona española y les da el nombre de El Nuevo México

  El libro me ha sido bastante difícil de leer pues mantiene ese estilo propio del barroco con un español antiguo, más bien castellano, dice, por ejemplo, esto:

Debajo el polo Artico en altura,
De los treinta y tres grados que a la santa,
Ierusalem sabemos que responden,
No sin grande misterio y marauilla,
Se esparcen, tienden, siembran, derraman,
Vnas naciones barbaras remotas,
Del gremio de la Iglesia donde el dia
Mayor de todo el anio abraca y tiene,
Catorze oras y media quando llega,
Al principio de Cancro el Sol furioso,
Por cuyo Zenith, passa de ordinario,
De Andromeda la imagen y Perseo,
Cuya constelacion influye siempre,
La calidad de Venus y Mercurio,
Y en longitud nos muestra su districto...


   Éste, tan solo como ejemplo, nos dice que para leer el libro en un ritmo poético al que no estamos acostumbrados, se vuelve materia bastante complicada. Por suerte el libro está comentado por Mercedes Junquera y así vamos entendiendo mejor lo que el autor está diciendo. Por ejemplo todo esto del Cancro, el Sol, Mercurio y Venus; dice la editora, "la comparación es correcta. Nuevo México está situado entre el grado 31-20' y 37 N. Aproximadamente la latitud de Palestina". Y aquí me siembra una inquietud, pues comenta que había entre los españoles la idea de relacionar las ubicaciones de todos los nuevos territorios que iban rindiendo a la Corona española con la Tierra Santa.

  Pero entrando en materia, eso de la simbología del número 4 entre los pueblos denominados precisamente así: Pueblo, la editora dice:

"El simbolismo representativo juega una parte muy importante en la religión de los Queres. Uno de los símbolos más sagrado es el número cuatro. Cuatro eran sus mundos infraterrenales, y los puntos cadinales de sus cruces en que el viento traía el cambio de temperatura de las cuatro estaciones. Había cuatro creaciones de vida. Se celebraban cuatro fiestas al año en el pueblo. Se reza cuatro veces al día. Después de nacer un niño la madre permanece recluida por cuatro días. Al bautizar al niño se tiran al aire cuatro flechas en dirección de los cuatro puntos cardinales. Al morir se deposita comida en la tumba por cuatro días. Se guarda el luto por cuatro días, cuatro meses o cuatro años. El símbolo más conocido fueron sus palillos cruzados que significaban el mágico número cuatro". (1)

  Este símbolo es el usado a manera de bandera en el estado de Nuevo México, sus significados son muchos: son cuatro grupos de cuatro rayos solares. El sol, como ombligo, está al centro. Los antiguos habitantes de la región, los llamados Pueblo, llamaban a esta representación Zía. Zía, quizá una deidad, daba cuatro bienes, cuatro regalos: Los Cuatro Rumbos (norte, sur, este, oeste). Las cuatro estaciones (primavera, verano, otoño, invierno). Las cuatro fases del día (amanecer, mediodía, tarde y noche). Las cuatro fases de la vida (niñez, juventud, madurez, vejez).

Hombre del pueblo Zía.
Fuente:

1.- Gaspar de Villagrá. Historia de Nuevo México. Edición de Mercedes Junquera. Crónicas de América. Ediciones y Distribuciones Promo Libro. Madrid,

lunes, 11 de octubre de 2010

Cibola y Quivira o el arte de mentir: Las fantasías de fray Marcos de Niza.


Pues ya que es lunes y tengo acceso a las computadoras públicas de la biblioteca municipal y su acervo encuentro esto que es un magnífico complemento a la historia que comenzamos ayer. En el México a Través de los Siglos, Tomo III, Editorial Cumbre, México, 1984; encontramos lo siguiente:

"... como poderoso estímulo a los nuevos proyectos de conquista, y confirmando las ya exageradas relaciones que de Cibola y Quivira habían hecho Cabeza de Vaca y sus compañeros, llegó a México fray Marcos de Niza con la historia de su viaje y sus descubrimientos.

Fray Marcos había recibido por conducto de Francisco Vázquez de Coronado las instrucciones del virrey Mendoza, en Tonalá, el 20 de noviembre de 1538; emprendió su viaje hasta Culiacán, y de allí partió el 7 de marzo de 1539 llevando en su compañía al padre fray Honorato, a Esteban ó Estebanico, el negro que había comprado el virrey a Dorantes, y algunos indios esclavos que el virrey había también comprado y dado por libres para que acompañaran a fray Marcos en aquella expedición.

Emprendieron el camino y llegando al río de Petatlán enfermó fray Honorato en tal disposición que tuvo necesidad de quedarse allí mientras los otros continuaban su marcha.

Cuenta fray Marcos que mandó por delante, explorando la tierra, al negro Estebanico con algunos indios, dándole una cruz blanca, con encargo de que, si las noticias que adquiría eran buenas, le enviase con un indio un pedazo de esa cruz, más grande en proporción de la bondad de esas noticias remitirle en caso satisfactorio toda la cruz.

   Caminaron así varios días, unas veces entre rancherías pobres y otras por despoblado, hasta que el negro envió, no un trozo de la cruz que llevaba ni aun toda ella sino una tan grande, que era más alta que la estatura de un hombre, indicando con esto noticias verdaderamente halagüeñas. Traían además los mensajeros recado para fray Marcos de parte de Esteban, rogándole partiésen en seguida con ellos porque había encontrado gente, "que daba razón de la mayor cosa del mundo" y uno de ellos venía con los mensajeros. Contó este hombre tantas grandezas de la tierra, que a pesar de su candorosa credulidad dice fray Marcos: "dejé de creerlas para después de haberlas visto o de tener más certificación de la cosa". Agregaba que, desde donde había dejado a Esteban hasta Cibola, había treinta jornadas, que era una provincia en que había siete ciudades muy grandes, con casas de piedra, suntuosas, las más pequeñas de un solo piso, las otras de dos y de tres, y la del señor que mandaba aquellas siete ciudades teniendo hasta cuatro; que las fachadas de las casas principales estaban muy bien vestidas de las que refirió mayor grandezas que de las siete ciudades de Cibola.

   Fray Marcos continuó la marcha y dice que por allí llegáronle algunos mensajeros de la costa, refiriendo que en aquel mar y cerca del continente había como treinta y cuatro islas muy juntas unas con otras.

   Volvieron a venir otros mensajeros de Esteban, trayendo otra gran cruz a fray marcos para que apresurase su marcha, con noticia de que el negro estaba muy cerca de Cibola, que se confirmaban las relaciones de la grandeza de las siete ciudades, y que más adelante había otros reinos muy ricos y muy poblados que se llamaban: Marata, Acus y Totonteac. Con los mensajeros llegaron algunos indios que refirieron a fray Marcos que eran servidores de un señor de Cibola, y que iban en busca de turquesas y de cueros de vaca; éstos agregaron algunas descripciones de los trajes de los habitantes de Cibola, diciendo entre otras cosas que usaban llevar cinturones de turquesa con una, dos y hasta tres vueltas.

  Así continuó la marcha atravesando, según dice, por algunos pueblos en donde fue muy bien recibido y vio abundancia de turquesas y de cueros de vaca perfectamente adobados.

   Aguijábale ya el deseo de llegar a la ciudad por las maravillas que todos aquellos habitantes de ella le referían, cuando un día vio llegar sudoroso y jadeante a uno de los indios que iban en compañía de Esteban, y el cual le refirió que antes de entrar a la ciudad el negro había enviado al señor de ella el calabazo en que bebía con unos cascabeles que era la señal de que venía de paz y de que podía entrar en la ciudad; que el señor de Cibola había recibido mal a los mensajeros de Esteban diciéndoles que se fuesen; pero que, a pesar de eso, el negro se empeñó en entrar, y la gente de la ciudad le había matado a él y a algunos de los que le acompañaban.

   Afligióse extraordinariamente fray Marcos con aquella nueva, pero continuó, sin embargo, su camino hasta llegar a la vista de Cibola: "la cual, dice, está asentada en un llano", a la falda de un cerro redondo. tiene muy hermoso parecer de pueblo, el mejor que en estas partes yo he visto; son las casas por la manera que los indios me dijeron, todas de piedra con sus sobrados y azoteas, a los que me pareció desde un cerro que me puse a verla. La población es mayor que la ciudad de México, algunas veces fui tentado de irme a ella, porque sabía que no aventuraba sino la vida, esta ofrecía Dios el día que comencé la jornada; al cabo temí, considerando mi peligro y si yo moría, no se podría haber razón de esta tierra, que a mi ver es la mayor de todas las descubiertas".

   El temor de los que acompañaban a fray Marcos y sus repetidas instancias le decidieron por fin a regresar a Culiacán, y no encontrando allí a Coronado, siguió su camino hasta México, en donde entregó personalmente su relación, puesta en presencia del oidor Francisco Ceynos, de Francisco Vázquez de Coronado y ante los escribanos Juan Baeza de Herrera, de la real Audiencia, y de Antonio Turcios, escribano real.

   La solemnidad con que se legalizó esta relación; el crédito y consideraciones que merecía fray Marcos de Niza, vice-comisario en las Indias de la orden de San Francisco, y las seguridades que dio de ser verdad cuanto aquella relación contenía, decidieron al virrey Mendoza a emprender con toda actividad aquellas conquistas.

   Algunos historiadores dicen que Mendoza quiso ir en persona mandando la expedición; pero le disuadieron hombre de respeto poniéndole de manifiesto cuantas perturbaciones y peligros podía ocasionar su ausencia de México y a tan larga distancia. Por esto, o porque nunca en tal cosa pensó el virrey, nombró para jefe de aquella expedición a Francisco Vázquez de Coronado, quién ya desde antes era el mismo virrey gobernador de la Nueva Galicia..." (1)

   Pues así es el inicio de la fantasía creada por el fraile franciscano, el cual hizo mover a centenares de personas y de recursos para ir al encuentro de una fantasía que él mismo creó. El punto en que será bueno detenernos es que, en buena medida, la villa de San Miguel Culiacán es donde se dan muchos de estos acontecimientos y, muy cerca de allí se fundó el pueblo de El Dorado, haciendo en realidad, aunque siguiendo una fantasía, la existencia de un pueblo en el que sus muros estaban hechos con bloques de oro...

Fuente:

1.- Riva Palacio, Vicente. México a Través de los Siglos, Tomo III, Editorial Cumbre, México, 1984;  pp.

domingo, 10 de octubre de 2010

Cibola y Quivira, todos los personajes involucrados en su búsqueda.

   Ayer que veíamos la intrincada vida de Hernán Pérez de Bocanegra y como sus relaciones públicas le favorecieron en la adquisición de más y más propiedades, brincó de pronto un tema que desde que vivía en San José del Cabo se me había quedado pendiente de comentártelo, quizá te sepas ya esta historia, cuando me enteré de ella, fue en Hermosillo en mi primera incursión por ese enorme estado de Sonora, al cual llegué, como buen "conquistador", por agua, cruzando el antiguo Mar Bermejo, es decir, el Golfo de California desde Santa Rosalía a Guaymas, luego incursioné por tierra hasta Hermosillo. Allí dí con un libro del maestro Mañé, (creo así se llama), me gustaría transcribirte una parte, es hermoso, pero no lo tengo a mano. En cambio comenzamos este relato con Phillip Powell y su excepcional Guerra Chichimeca:

   "Más de dos décadas después de que los capitanes, soldados y aliados indios de Cortés habían tomado la capital azteca de Tenochtitlán en 1521, el sueño de las grandes riquezas que encontrarían en algún lugar del interior de México seguía obsesionando a exploradores y conquistadores y los movió a emprender audaces intentos de expansión, más allá de la tierra ganada en las primeras victorias. En su búsqueda encontraron oro y plata, pero en cantidades relativamente pequeñas: lo suficiente para excitar el apetito y mantener con vida el sueño".

   Pues bien, comenzaremos a tejer esta trenza, a trenzar la historia. Hernán Pérez de Bocanegra, nacido entre 1504 y 1506, llegó a la Nueva España cuando contaba con apenas 22 años, un auténtico mozo, venía de la mano, por así decirlo, de su tío, Luis Ponce de León. Ambos de familias acomodadas. Aquí hago un paréntesis, te comento que una de las tantas cosas que me causan gran curiosidad en la historia es saber a qué edad los personajes participaron en los descubrimientos, en los viajes, en los asentamientos. Así pues, éste Hernán entre los 26 y 30 años participa al lado de Nuño de Guzmán, el salvaje que sometiera el occidente de México. A los 32 años Hernán era ya propietario de grandes terrenos en Apaseo.

   Aparece otro personaje, éste nacido en la Salamanca española en 1510, Francisco Vázquez de Coronado era su nombre y llegó a la Nueva España a los 25 años, de la mano del primer virrey, don Antonio de Mendoza, tres años más tarde, luego de que aprehendido cual bandido que era, Nuño de Guzmán era enviado en calidad de preso a España, morirá luego en una cárcel y Vázquez de Coronado será nombrado gobernador de la Nueva Galicia, contaba con 28 años de edad.

   Ahora encontramos a Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, el célebre explorador que con las fantasías propias de la Edad Media, llegó al Nuevo Mundo en busca de El Dorado, la ciudad hecha con ladrillos de oro y decorada con piedras preciosas, pensó encontrar la Fuente de la Eterna Juventud, las Amazonas, en fin, una buena carga de leyendas traía él y muchos que los que llegaban luego de cruzar por dos meses la mar oceáno. Y sí fue que a los 35 años Cabeza de Vaca luego del naufragio llega a lo que hoy es Louisiana, durante años vaga por esa zona de los Estados Unidos, en torno a él se han tejido montones de historias, relacionadas a la chamanería, la brujería, el esoterísmo, el caso es que hace contacto con los pueblos de esa zona y logra regresar, sin saberlo, a lugar que ni conocía, solo que los conquistadores ya estaban allí asentados: San Miguel de Culiacán... por cierto acabo de ver la película de El Infierno y se desarrolla en un poblado llamado San Miguel... ¿mera casualidad?

Cabeza de Vaca comenta de las riquezas y abundancias de una zona que, como leyenda se conocía en España, las míticas siete ciudades de Cibola y Quivira, las cuales eran, claro es, de oro y piedras preciosas. Hacia el siglo VII, es decir, año 713, en las invasiones árabes a Mérida, España, se tejió la leyenda que siete obispos habían rescatado los tesoros de los templos católicos y los habían llevado al occidente, a unos lugares desconocidos, se les llamó con ese nombre, digamos genérico de Cibola, pero las ciudades se llamaban: Aira, Anhuib, Ansalli, Ansodi, Ansolli y Con. Por cierto, hace apenas unos días leyendo el Apocalípsis de San Juan, veo que se hablan de las siete iglesias del oriente.... creo que allí bien pudiera estar el orígen de estas siete míticas ciudades, ¿no crees?

Del avistamiento de las ciudades míticas se enteró el virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza y la incursión hacia el norte, desde Culiacán, la encabeza el fraile franciscano Marcos de Niza, del cual no se sabe si era francés o italiano, cuando regresa de su viaje comenta al virrey de las grandes riquezas que en el norte hay, de como las ciudades son abundantes en oro, plata y piedras preciosas, como es que la gente come en platos de oro y de plata y mil fantasías más. En realidad fray Marcos de Niza nunca vio nada, solo inventó una historia, misma que ante la ambición del virrey, ordena al gobernador de la Nueva Galicia y amigo suyo, Vázquez de Coronado a incursionar en ese territorio. Era ya 1540, nuestro primer personaje estaba ya bien asentado en su mayorazgo de Acámbaro y los Apaseos cuando Coronado cruzaba el desierto de Sonora y Arizona para darse cuenta de que no existía nada más allá de una gran fantasía, lo más que llega a ver son los territorios zuñí, como quiera, descubre el Cañon del Colorado y anexa toda la zona, norte a la Corona española, se crea el Nuevo México, que años más tarde será el final del Camino Real de Tierra Adentro.

Vázquez de Coronado regresa a la Nueva España para informarle de la no existencia de riqueza alguna en la zona de desiertos que atravesó y para confirmar que lo dicho por fray Marcos de Niza eran mentiras.

  Y la trenza está a punto de tejerse, la hija mayor de Coronado casa con el hijo mayor de Bocanegra, (Bernardino Pacheco Bocanegra con Isabel Luján Vázquez de Coronado); las dos poderosas e influyentes familias se unen, esa unión se ratificará con el matrimonio de la segunda hija de Cornonado con el segundo hijo de Pérez de Bocanegra (Nuño de Chávez Pacheco con Marina Vázquez de Coronado) y... el oriente del actual estado de Guanajuato quedaría en manos de Hernán Pérez de Bocanegra y sus descendientes, por ende, en la descendencia de Francisco Vázquez de Coronado...