sábado, 25 de abril de 2015

Capillas en el México Viejo, las faltantes (quizá sea ésta la última parte). Parte 46

   Es curioso que sea precisamente en este artículo, el número 46 de la serie en que he utilizado el nombre de “México Viejo”, que sea hasta ahora que dé con el libro de Luis González Obregón que se llama justo así: México Viejo. En él he encontrado más capillas de las que no tenía noticia y con las cuales completo lo que creo es todo el recorrido, dudo que aparezcan aún más, aunque siendo bien honesto, no me sorprendería que apareciera alguna más. Mientras eso ocurre seguimos el conteo:

550.- Capilla de la cárcel de la Perpetua.- Además de lo contenido en el Palacio del Tribunal del Santo Oficio, actual Museo de la Medicina, a un costado se ubicaba una cárcel. “Elevábase del lado sur una “casa capacísima” que se compró para servir de “cárcel perpetua” que dio nombre a una calle. En esta casa extinguían su pena los sentenciados, a la vista de los inquisidores y bajo el cuidado de un Alcaide que los llevaba a misa “todos los domingos y fiestas”, y los hacía confesar y comulgar en “las Pascuas y los días señalados de Nuestro Señor y su Madre Santísima”. Esta cárcel se construyó a fines del siglo XVI, siendo inquisidor D. Alonso de Peralta, al que debió también el Santo Oficio una capilla –en la que se encontraban varias pinturas: de San Ildefonso, en el Altar Mayor, y de San Pedro y San Pablo, Santo Domingo y San Pedro Mártir, en los colaterales-“ (1).

   Hemos visto que una capilla es con acceso al público, en este caso a los presos, mientras que un oratorio es solamente para ciertas personas. Leo en la guía electrónica de Sectur DF que "Dentro del inmueble que actualmente alberga la Escuela de Medicina, se encontraba la Cárcel de la Perpetua Inquisición; actualmente esta parte del inmueble no tiene ningún uso y se encuentra cerrada al público. Por el momento no se están realizando obras de remodelación ni de mantenimiento."

551.- Oratorio de la Santa Inquisición. No me ha sido posible encontrar datos sobre este oratorio, el cual presumo que existió y que era para el uso exclusivo de los Inquisidores y su séquito que, seguramente, antes de sus "santos" oficios se santiguaban y hacían un cúmulo de oraciones. Queda la duda de su existencia.

Capilla de los Talabarteros.- De ella ya dimos cuenta con el número 141 en la Parte 16 de este conteo, los datos que allí doy son los escritos por Marroquí, ahora los complemento con los de González Obregón. Esta capilla se localizaba en la actual plaza del lado poniente de la Catedral, “en esa plazuela y en los bajos de las casas del Marqués del Valle, vivían en el año de 1607 un maestro guarnicionero y espadero, llamado Pedro de Siria, quien por su mucha devoción a la Santa Cruz, propuso que en ese lugar se levantase una, para celebrar cada año en su fiesta titular. Los vecinos se prestaron desde luego: se recogieron las limosnas necesarias, y obtenida la licencia respectiva, se construyó una peana, y sobre ella una cruz dorada, que con gran regocijo y solemnidad se estrenó el día 3 de mayo de 1607”.

   En 1636 ocurrió un incendio, los cófrades obtuvieron luego licencia para la construcción de una nueva capilla y, más aun, el 4 de julio de 1640 les fue dada una Bula papal con la que se recibían muchas indulgencias; construirían entonces un Chapitel y “el virrey, Conde de Monclova, dio su permiso en 11 de diciembre de 1687 para que se cerrasen los espacios que quedaban entre los pilares que sostenían el chapitel, con lo que quedó formada la capilla, en la que se obtuvo autorización para que se dijese misa los lunes y viernes de todo el año, y por último el virrey, primer Conde de Revillagigedo, permitió por su decreto de 31 de mayo de 1748 la reedificación de esta capilla tal como existió hasta su destrucción por orden del Ayuntamiento de 1823” (2).

552.- Capilla de la Archicofradía de San Ignacio, en la iglesia de Santa Catarina. La refiere también González Obregón en su México viejo, en esa parroquia de Santa Catarina, que es de las más antiguas de la ciudad, estuvo depositada la imagen de la Guadalupana por algún tiempo, existía allí otra capilla, la del Divino Salvador. El templo en la actualidad se encuentra en pésimas condiciones, nunca me ha sido posible entrar, pues su horario es sumamente restringido o, en todo caso, nunca he coincidido con él.

553.- Capilla del Tercer Orden en Santo Domingo. En este interesante render de José Luis González Ortega, publicado en la Revista de la UNAM, vemos claramente la capilla que nos hacía falta referenciar. Se trata del conjunto conventual de Santo Domingo, con su magnífico templo, a la izquierda aparece la Capilla del Tercer Orden, con puerta hacia el sur. Junto a ella está la capilla de la Expiración, que hay quien la refiere como de la Inspiración, con puerta al oriente.

554.- Capilla del Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas. El Monte de Piedad "que tenía por finalidad no sólo ayudar a las personas con sus préstamos prendarios, sino que, al propio tiempo el contribuir a la salvación de sus almas y de las ánimas del purgatorio, ofrecía ocho misas diarias. Fue en el año de 1848 donde quedó la Capilla después de estar en dos sedes anteriores; la primera se ubicó de 1775 a 1821 en la calle de San Ildefonso No. 60 y la segunda, en un Convento de monjas Franciscanas de 1821 a 1836 en lo que hoy es Avenida Juárez y Eje Central. El lugar está, donde fuera en la época del conquistador español, la Contaduría General del Marquesado del Valle de Oaxaca, en la parte superior del edificio de Casa Matriz y que se suspendiera de manera definitiva el culto litúrgico en el año de 1927. El altar está construido en madera especialmente tallada para este sitio, con un óleo pintado por Luis Ximeno en el siglo XIX. En este lugar también se encuentran dos cuadros de “La Piedad”, cuyo autor fue José de Paéz, y el precio por este trabajo ascendió a 260 pesos oro, entregándolos el lunes 20 de febrero de 1775. Un confesionario que está elaborado con una madera conocida como de “pera y manzana”, dos reclinatorios, ornamentos sagrados de los siglos XVIII y XIX, el Primer Libro de Operaciones del NMP, un cristo tallado en madera de una sola pieza, entre otros artículos religiosos. Hoy día es un pequeño museo de sitio".

555.- Capilla de San Sebastián en el barrio de San Sebastián Atzacualco, uno de los cuatro que conformaron el pueblo de indios en rededor de la ciudad española de México, localizado en la parte nor-oriente estaba dedicado a ese santo, hay allí dos parroquias, una la de San Sebastián y la otra la de Santa Catarina, y veo en el estupendo trabajo de tesis sobre la Casa de la Calle Seminario 12 que el autor anota además de la parroquia, una capilla dedicada a San Sebastián, desconozco su ubicación.

556.- La primitiva Catedral de México. "Las investigaciones del sabio don Joaquín García Icazbalceta nos enseñan que dicha iglesia fue edificada en 1525; que no se sabe de fijo si esa primera iglesia es la misma de San Francisco pero sí, con toda certeza, el sitio que ocupaba, entre la Plaza Mayor y la placenta del Marqués, así llamada por estar frente a las casas de Hernán Cortés, hoy Monte de Piedad. Estaba orientada de Este a Oeste, con la puerta principal, llamada del Perdón como la catedral nueva, hacia el Occidente. Venía pues a dividir la gran plaza, que hoy es una sola con el recodo del Empedradillo. Se sabía, además, que dicho templo había sido levantado en el sitio que ocupaba el gran teocalli de México, y que las piedras sagradas de los indios habían servido de cimientos a la iglesia católica y hasta de pedestales a sus columnas". (Tomado del sitio oficial de la Catedral Metropolitana.)

557.- Capilla de la Candelaria de los Veleros, “que existió al sur de la ciudad”, dice González Obregón, pero no logro identificar a cuál se refiera en la actualidad.

Capilla Real en el Palacio de los Virreyes.- Dice González Obregón: “No me atrevo á fijar la verdadera ubicación de esta Capilla; después de 1692 correspondía á lo que es ahora Cámara de Senadores”. En un artículo anterior, había anotado que, en el Palacio Virreinal, actual Palacio Nacional, había cuatro capillas, luego anoté que había una llamada de la Emperatriz, eso quiere decir que eran cinco, pero, ahora que veo lo que el autor mencionado rescata, nos damos cuenta que efectivamente, eran cinco lugares asignados en ese palacio del gobierno virreinal, a saber: 1.- llamada Capilla Real, para los oficios de la élite en el poder; 2.- el Oratorio del Virrey, para su uso exclusivo; 3.- una capilla para uso de la servidumbre, localizada en la planta alta del Palacio; 4.- una más para uso de la tropa, en la plata baja del Palacio; 5.- una en la cárcel de la Corte, para los reos de la misma. La duda me queda de si esa Capilla de la Emperatriz era una de las 5 o no. Para concluir esta serie que, por cierto, me ha resultado de lo más grata, Transcribo la descripción que el autor da de la Capilla Real.

   "En la parte del oriente está edificada la Capilla Real, fabrica tan ajustada á lo más perfecto de la Arquitectura, que la más escrupulosa atención de los Artífices modernos, no descubre en ella defecto, que los ofenda. Tiene treinta varas de longitud, y ocho de latitud. Su cubierta es de quatro bóvedas por arista, cuyos medios círculos se reciben en impostas de cantería doradas. Por la mitad la divide una reja baja de barandillas jaspeadas. El retablo del Altar, es de orden Corintio, y su forma esta: Sobre dos zoclos acojinados, que nacen del pavimento, y los divide la peaña del Altar, se forma en cada lado una repisa de follaje, que recibe dos muchachos de medio relieve, honestamente desnudos, y sobre ellos mediando para mayor hermosura de la obra otras destrezas del buril, están las impostas de un arco capialzado, cuyos óvalos, y cavetos se relevan en hojas, y pimpollos. Desta hermosa obra se compone el ámbito ó guarnición de un lienzo de pintura, que tiene ocho varas de largo, y quatro y media de ancho. En él, (con atención á que quado se colocó era digna consorte del Catholico Rey de España D. Felipe Tercero, el Piadoso, la más preciosa Margarita de Austria) está pintado el martirio de S. Margarita, de mano de Alonso Vázquez, natural de Sevilla, cuya destreza compitió á la de Michael Ángel, en los dibujos; y á la del Ticiano, en los colores; cuyo pincel, es cierto, que si no fue primero, no fue segundo á los del Mudo, Becerra, y Montenegro; pintores Españoles coetáneos suyos, que por excelentes merecieron la elección del Rey D. Felipe el Prudente, para las pinturas del Escorial; dicha de que le privo el estar en otro mundo. Sus obras, para mayor aprecio, fueron pocas sobre grandes. En esta descubrió los primores de su inteligencia, dexamoslo en ella vencidas las mayores dificultades de la pintura, en las variedades, sombras, desnudos, y escorzos

   "En las paredes colaterales, cerca del Altar, ay dos puertas medianas iguales, de orden Dórico, que la una corresponde á la Sacristía, y la otra a los miradores del Parque. Están guarnecidas con pilastras, architrabes, frisos, y cornijas de relieve, pintadas de jaspe, y los zimazios, filetes, y modillones dorados. En los vuelos de las cornijas se recibe una Tribuna con su balconcillo volado, (y esto es sobre ambas puertas á correspondencia). Las ventanas de las Tribunas están guarnecidas en la mesma forma, observada la diminución, que pide el arte. Sobre los vuelos de las cornijas altas, en sus medios se forman dos tarjetas con remate de semicírculo, en que con letras de oro están escritas estas dos Sentencias sagradas, que persuadiendo rectitud á los Jueces, les disuaden la aceptación de personas, como peligro mayor de la justicia

"Paruum audietis, et magnum; nec accipietis quiusquam personani; quia Dei indicium est”. Deut. 1.17. "Non consideres personam pauperis, nec honores vultum Potentis. Iuste indica proximo tuo”. Lev. 19.15

   "Fuera de las Tribunas tiene también en frente del Altar, su Coro alto, con baraustes dorados, suficiente para toda la Capilla de la Santa Iglesia, quando necesita de sus acordes religiosas armonías. En las paredes colaterales, están distribuidos con proporción doce lienzos de los Patriarcas de las sagradas Religiones, de estatura entera y de elegante pincel. Hacia fines de 1821 existieron además de ésta, otras capillas. El oratorio particular de los Virreyes, en la parte alta del Palacio; la capilla de la servidumbre y de la tropa en la baja; y en la Cárcel de Corte la capilla par a los reos, situada en un entresuelo que existió en la mitad del patio que ocupa actualmente la Secretaría de Hacienda, en donde está ahora la estatua de D. Benito Juárez” (3).

   Creo que encontramos la mejor forma de terminar la serie, con estos magníficos textos de González Obregón. Quizá llegue a localizar alguna otra capilla, oratorio o ermita, de ser así esta no será la última parte pero, por ahora, hemos terminado el recorrido. Aunque, pensándolo bien, sí hay una que dejo pendiente, fue aquella, la primera, la primerísima que instalaron los españoles una vez instalados en Tenochtitlán en 1519, esa en la que pusieron una cruz, haciendo a un lado a la representación de Huitzilopochtli (creo) y que fue en donde Betanzos, el capellán que acompañaba a Cortés ofició una primera misa en la que luego sería la ciudad de México, pero eso lo dejo para otra ocasión cuando tenga completamente documentado todo lo de la "primera" misa en México pues la disputa estará, cuando se conmemore el V Centenario del descubrimiento de México entre Cozumel, Isla Mujeres, Holbox, Champotón, Acatlán y Veracruz.  Al tiempo.

Fuentes:

1.- González Obregón, Luis. México viejo. Librería de la Viuda de C. Bouret. México, 1900, p.114

2.- ibid, pp. 217-218

3.- ibid, pp. 319-320


viernes, 24 de abril de 2015

Crónica de las exequias de Carlos V celebradas en México en 1559.

    La muerte, los oficios, las exequias, la realeza, el virreinato, la pompa... la circunstancia. Todo eso bien lo podemos resumir en algo ocurrido en la ciudad de México hace sus buenos cuatro siglos y medio, 456 años, para ser precisos, cuando llegó con varios meses de retraso, la noticia de que su Majestad, que digo Su Majestad, La Sacra, Real Césarea Majestad, Señor de las Españas, de Alemania, de los Territorios de Ultramar y (creo) varios etcéteras más: Carlos V, hijo de Felipe el Hermoso y de Juana la Loca, murió y hubo la necesidad de llevarle luto, en la Nueva España, durante largos seis meses, ese dato lo leí hace muchos años cuando comenzaba a introducirme en el apasionante mundo de la historia documentada (no recuerdo la fuente), es en esa base que, ahora, comparto contigo ese documento que me parece fabuloso por lo que allí narra y nos lleva, de la mano, a lo que era el fausto novohispano antes de que se creara la llamada Fiesta Barroca.

    "Carlos V falleció de paludismo tras un mes de agonía y fiebres, causado por la picadura de un mosquito proveniente de las aguas de uno de los estanques construidos por el experto en relojes e ingeniero hidrográfico Torriani. Su cadáver fue trasladado al Monasterio del Escorial, donde yace en el Panteón de Reyes. El Prof. Zuluaga , pidió permiso al rey Don Juan Carlos I , para exhumar el cadáver del Emperador y estudiarlo mediante técnicas de medicina  forense. En 2004, los doctores Julián de Zuluaga, Pedro Alonso y Pedro L. Fernández, consiguieron analizar una falange del dedo meñique del Emperador, demostrando la presencia de cristales de ácido úrico (que ocasionaron la famosa gota), así como los parásitos causantes del paludismo". (Tomado del portal Gabitos.)

Este que vemos en la imagen fue el túmulo levantado en memoria de S.M. el Rey, don Carlos V de Alemania y I de España en la Capilla de Indios de San José de Naturales, dentro del Convento de San Francisco en México, conocido como "el Convento Grande de San Francisco".  Y dice González Obregón:

   "La Sacra, Cesárea, y Católica Majestad de Carlos V, que dos años antes había abdicado el trono de España é Indias, expiró á las dos de la madrugada del día 21 de Septiembre de 1558 en el Monasterio de Yuste. Tan infausta noticia no llegó á conocimiento de los vasallos del Ex-Emperador, en México, sino hasta el siguiente año de 1559. Su Excelencia el Virrey, D. Luis de Velasco, de común acuerdo con el Arzobispo, Real Audiencia y Ayuntamiento, ordenó celebrar las exequias del difunto Monarca, de un modo suntuoso y solemne"

   "Pensóse que tan augusta ceremonia se verificase en la iglesia Mayor; pero al punto fue desechada la idea, porque se consideró que aquel templo con ser el principal, era bajo y reducido, pues entonces no existía aún la gran basílica y se aprobó que tuviese lugar en el atrio de San Francisco y en la capilla de San José de los Naturales del mismo convenio. El túmulo fue trazado y ordenado por D. Claudio Arciniega, "excelente arquitecto" y " maestro mayor de las obras de México"; bajo el inmediato cuidado de Bernardino de Albornoz, Regidor de la ciudad y Alcaide de las Atarazanas

   "Tardó en levantarse el soberbio túmulo tres meses, durante los cuales fue grande el número de curiosos, que día con día, como sucede siempre en estos casos, asistió á contemplar los progresos de la obra hasta que fue terminada. Como ya dijimos, el túmulo se construyó en el patio de San Francisco que era " cuadrangular, más largo que ancho, cercado por todas partes de paredes altas de piedra: éntrase á él por dos puertas, la una que mira al Septentrión y la otra al Occidente, á cada una de las cuales responde otra de la iglesia principal del Monasterio. Al derredor de las paredes va rodeado de altos y copiosos árboles. En el medio está levantada una cruz de madera tan alta que de fuera de la ciudad se ve de tres ó cuatro leguas. Á la mano izquierda, por la puerta del Septentrión, tiene una capilla que se llama de San Joseph, á la cual se sube por dos gradas; es muy grande y está fundada sobre muchas columnas que hacen siete naves, las cuales, para hermosear la arquitectura del túmulo, se jaspearon. Cabrán en esta capilla y patio cuarenta mil hombres, porque más que estos se hallaron de españoles y naturales cuando las honras se celebraron. 
 
   "Hízose el túmulo fuera de la capilla, pero cerca de ella, porque el oficio funerario se había de hacer en la capilla y había de estar en ella toda la ciudad, y el túmulo fuera de ella se pudiese levantar tan alto como convino, y los que estuviesen en la capilla y en el patio pudiesen á placer gozar del túmulo. Mientras se elevaba este Monumento, se pregonó públicamente por orden del Virrey, veinte días antes de las exequias, "que todos los hombres y mujeres de cualquier estado y condición que fuesen, trajesen luto, en muestra del fallecimiento de tan gran monarca", y al punto se cumplió con ello, á tal grado que en menos de tres días todos vistieron luto, "que parecía imposible haber tantos sastres en la ciudad, «pie en tan breve tiempo pudiesen hacer tantos y tan suntuosos lutos: porque hubo caballero que en ellos gastó más de mil pesos." 

  El Virrey despachó en seguida cartas á los Cabildos, Alcaldes Mayores, Corregidores y Monasterios; á los Gobernadores y Caciques de Nueva España, avisándoles que para el día de San Andrés de aquel año de 1559, se celebrarían las honras. Muchos de los invitados vinieron desde 20 y hasta 80 leguas. Por su parte el Arzobispo hizo semejantes invitaciones al Obispo de Michoacán y á todas las iglesias que dependían de la Metropolitana, y también con veinte días de anticipación mandó que "en la iglesia catedral y monasterios desta ciudad (México) se clamase tres veces al día, la una por la mañana , la otra á medio día y la otra á la oración; lo cual se ejecutó" con tanta solemnidad, que verdaderamente tanta multitud de campanas tocadas todas á un tiempo movían á tristeza y memoria de la muerte del que como era razón paraba en ello.

    "Por fin llegó el día 30 de Noviembre del año del Señor de 1559, día del apóstol San Andrés, señalado para dar comienzo á los funerales del que fue en vida invictísimo César y Emperador Carlos V. En la tarde salió la procesión de la entonces Real Casa, pues el hoy Palacio aun no era del gobierno, y de la iglesia Mayor por la puerta del Perdón. Delante iban los naturales, precedidos de dos ciriales y una cruz con su manga negra, y atrás las tres gobernaciones de México, Tacuba y Tezcoco, y la provincia de Tlaxcala, representados respectivamente por D. Cristóbal de Guzmán, D. Antonio Cortés, D. Hernando Pimentel y D. Domingo de Ángulo, vestidos "con lobas y capirotes de luto con largas faldas tendidas", y llevando cada uno los estandartes de sus cabeceras con sus armas y las de su Majestad, "doradas y plateadas en campo negro". Luego, de cuatro en cuatro, los señores de los pueblos que dependían de las citadas cabeceras, y a continuación más de dos mil indios principales y nobles, de cuyo orden cuidaban, con sendas varas, los intérpretes de la audiencia y varios alguaciles

   "En seguida caminaban los clérigos y los frailes de Santo Domingo,  San Francisco y San Agustín, "en esta manera: iba adelante una cruz rica con manga negra, con funerales, y tras ella á los lados dos clérigos ancianos, que para mayor autoridad llevaban las puntas de la procesión, y por su orden toda la demás clerecía y religiosos, mezclados los unos con los otros hasta cuatrocientos sacerdotes, y al fin de ellos iba el Arzobispo vestido de pontifical con dos canónigos por ministros, y otros dos por asistentes; iban por caperos dos canónigos y dos frailes de cada orden, que todos eran ocho; llevaban ocho muchachos con sus cetros; iban con estos cuatro clérigos de Evangelio para incensar. "Seguían el Obispo de Michoacán, D. Vasco de Quiroga y el de Nueva Galicia, D. Diego de Ayala, "y luego el presidente de la Iglesia, provinciales, priores y guardianes, insertos, con las dignidades. "El Arzobispo llevaba su cruz y báculo, y delante de él iba la cruz mayor de iglesia" con cuatro acólitos vestidos de negro. Aquí comenzaba la parte civil de la procesión: iba á la cabeza, solo, "muy enlutado y arrastrando la falda”, Bernardino de Albornoz, que conducía el Pendón de la ciudad; dos maceros ó reyes de armas "con cotas de damasco negro, y en ellas las armas reales de oro y plata; "los oficiales de la Real Hacienda y D. Luis de Castilla, que conducían las reales insignias de este modo: D. Hernando de Portugal, tesorero, la corona en una almohada de brocado ; D. Hortuño de Ibarra, contador, el estoque desnudo en la mano derecha; D. García de Albornoz, factor y veedor, "la celada con una corona imperial por cimera", y D. Luis de Castilla, "la cota sobre una almohada de brocado".

  "Venían después, D. Francisco de Velasco solo, con el Estandarte Real y la falda tendida; su hermano D. Luis de Velasco, Virrey de Nueva España, también solo, con la cabeza cubierta, la falda tendida, "cuya punta llevaba su camarero"; lo seguían fuera de los lados de la procesión, "sus continuos y caballeros", y los oidores Zurita, Villalobos, Puga y Orozco; luego el Fiscal del Rey, el Alguacil Mayor de la Corte, los alcaldes y regimiento, de cuatro en cuatro; el Alcalde Mayor y regidores de Puebla; dos alcaldes de la Hermandad; los oficiales de la Real Audiencia y de la ciudad: el rector de la Universidad y los doctores, todos de cuatro en cuatro; los conquistadores, los alcaldes y corregidores, los ciudadanos y los mercaderes, "en los cuales con ser muchos había pocos que no fuesen con lobas y capirotes, arrastrando las faldas”.
 
 "Aquí se remataba la tercera parte de la procesión —dice el cronista— y comenzaba luego la caballería, que formados de cuatro en cuatro por hilera, tardó buen rato en pasar, con tanto orden, concierto y autoridad, que hacía la pompa funeral parecer muy bien: cerraba la caballería, porque la gente que venía detrás que era mucha, no se entremetiese y rompiese el orden, una guardia de alabarderos. Irían por todos, de lobas y capuces, más de dos mil hombres, y fue tan larga la procesión, así de los españoles, como de los naturales, que rodeando por la puerta de Sant Francisco, que mira al Occidente, y ser el trecho desde la casa Real á Sant Francisco, bien largo, estaba la mitad de la procesión ya en el monasterio, cuando la otra parte comenzó á salir de la casa Real. La procesión tardó en entrar dos horas y media. Dentro del templo la ceremonia de ese día y la del siguiente, fueron solemnes y majestuosas, y en la imposibilidad de escribirlas, remitimos al lector al libro de Cervantes Salazar, de donde hemos extractado y copiado las noticias del presente capítulo
 
   "Así honró México á su difunto Emperador Carlos V, y esas honras fúnebres que hoy recordamos con curiosidad á través de los tiempos, nos proporcionan una prueba inequívoca del progreso que la capital de Nueva España había alcanzado en menos de cuarenta años. El soberbio túmulo, nos demuestra que las bellas artes se habían desarrollado; el lujo de los caballeros, las riquezas acumuladas; la asistencia de los obispos de Michoacán y Nueva Galicia, que hasta ahí habían implantado sus cruces los misioneros, y el concurso de gobernadores y caciques indígenas —que según el cronista iban lanzando hondos suspiros y derramando abundantes lágrimas— que los conquistados, los dueños de todo, reverentes y sumisos habían doblegado la cerviz, por la voluntad ó la fuerza, ante el poder de España

  Puede haber en la descripción de estos funerales, como atinadamente dice el Sr. Icazbalceta, algunas exageraciones por parte del cronista: pero aun rebajando el boato de la solemnidad, siempre nos marca esta un adelanto, un progreso, en la ciudad conquistada por Cortés y defendida por Cuauhtémoc". (1)


Fuente:

1.- González Obregón, Luis. México viejo. Librería de la Viuda de C. Bouret. México, 1900. pp.84-90

jueves, 23 de abril de 2015

Antes y ahora: Cuidado del cuerpo masculino.

Nueva York, 1922.- Angelo Siciliano se llamaba, en México fue muy popular, no en su momento, sino años después; o al menos yo supe de él, como miles de mexicanos de mi generación, allá por la década de los sesenta cuando su imagen aparecía en casi todas las revistas, especialmente en Mecánica Popular. El nombre que usaba no era el de pila, sino el que lo lanzó a la fama: Charles Atlas. Angelo Siciliano nació en Calabria, Italia en 1892, lo cual quiere decir que cuando lo veíamos en los anuncios en México tenía ya sus 70 años. El bien puede ser el primer ejemplo documentado del bullying, problema que, por suerte, ya se le está dando la suficiente atención para resolver. Si quieres ver una breve biografía de Charles Atlas, entra aquí.

Tahailandia, 2015.- La tecnología se ha desarrollado de tal manera y en todos los campos que, incluso el cuerpo, sea masculino que femenino, se puede moldear, natural o artificialmente, ya nada de técnicas de cintas, como las del legendario Charles Atlas.

Nota aclaratoria: El Bable está dedicado a temas relacionados con México, su historia y sus costumbre y decidí incluir este de Charles Atlas (italiano nacionalizado norteamericano) por la enorme difusión que tuvo en los años cincuentas y sesentas en nuestro país.

miércoles, 22 de abril de 2015

"Ti que quis Benito": De la inquisición y sus peculiaridades en México.

   Sobre la Santa Inquisición se saben más leyendas que su historia verdadera. El morbo vende, el morbo genera muchas ideas, mismas que se han ido adhiriendo a esa no del todo conocida historia. En estos días me he dado a la tarea de leer la que se considera la mejor historia que se ha escrito sobre esta institución virreinal, la escrita por José Toribio Medina. Llevo apenas la cuarta parte leída del extenso libro. La constante de las causas son: la bigamia, entendida allí como doble matrimonio; las celebraciones de ritos no Católicos y las herejías que rozan en el absurdo como decir que "no existe el infierno"... si supieran que cinco siglos después el Papa proclamó la inexistencia del Purgatorio... Hay algo curioso: los juicios a huesos o a esculturas del condenado que por ausencia o por muerte no están presentes y deben ser igual condenados... o exonerados.

   Hay dos colores que predominan, algún simbolismo tendrán: el verde y el amarillo. Hay distintos tipos de penitencias, independientemente de los azotes que, según la gravedad de la falta iban de 100 a 200. Y otra curiosidad que encuentro es que, el portar una vela encendida o apagada por el condenado, representaba el estar acusado a una pena o el haberse librado de ella y redimido ante el Santo Tribunal. Y, apoyándome en lo escrito por González Obregón, nos enteraremos de los vestidos que esos condenados llevaban:

   "En estos grabados se encuentran las tres clases de sambenitos, especie de escapularios de lienzo ó paño, amarillo ó encarnado, que se conocían sucesivamente con los nombres de Samarra, Fuego Revolto y simplemente Sambenito, nombre este último que después fue común á todos.

   "La Samarra la llevaban los relajados, ó sean los reos entregados al brazo seglar, para que fueran agarrotados ó quemados vivos. La Somarra tenía entonces pintados dragones, diablos y llamas entre las que se veía ardiendo el retrato del reo. El hábito conocido por Fuego Revolto, era el de los que habían demostrado arrepentimiento, y por eso se pintaban las llamas en sentido inverso, como para significar que se habían escapado de morir abrasados por el fuego. En fin, el Sambenito, que vestían el común de los penitenciados, era un saco encarnado con una cruz aspada ó de San Andrés. La especie de mitra que llevaban en la cabeza los reos se llamaba Coroza, era un gorro de papel engrudado, terminado á veces en punta como cucurucho, de más de una vara de alto, con llamas, culebras ó demonios pintados, según la categoría del reo. Llevaban también rosarios, y velas amarillas ó verdes; encendidas los reconciliados y apagadas los impenitentes, y cuando eran blasfemos se les ponían mordazas.

   "Con el tiempo aquellas insignias afrentosas se vieron con indiferencia, como cualquier vestido, y en México dieron margen á una anécdota curiosa. Sucedió que un reconciliado andaba por las calles de la ciudad, "y como traía sambenito, viendo los Indios que era nuevo traje de ropa, pensó uno que los españoles usaban aquella ropa por devoción en la cuaresma, y luego fuese á su casa é hizo sus sambenitos muy bien hechos y muy pintados; y sale por México á vender su ropa entre los españoles, y decía en lengua de Indios: "Tic cohuaznequi sambenito", que quiere decir: ¿quieres comprar sambenito? Fue la cosa tan reída por toda la tierra, que creo que llegó á España, y en México quedó como refrán: "Ti que quis Benito".

   "Hasta aquí el antiguo y veraz cronista. El pueblo concluyó por perder el miedo átales espantajos, y definió á la Inquisición de este modo: Un Santo Cristo, dos candeleros y tres majaderos. Merecida burla para el que no supo respetar á los héroes dignos y valerosos, como Hidalgo y Morelos" (1). Y quién lo iba a pensar por aquellos años de 1800 cuando la Inquisición fue suprimida en México, que luego vendría un Benito que no era precisamente santo, ni mucho menos un Sanbenito, y que daría un puntillada casi final a la Iglesia Católica en México.

Hace mucho hice una reflexión ¿o artículo? sobre la Inquisición, lo puedes ver aquí. Otro sobre el tema está en este enlace.

Fuente:

1.- González Obregón, Luis. México viejo. Imprenta de la viuda de C. Bouret. México, 1900. pp.107-109

martes, 21 de abril de 2015

Calle de la Moneda, toda la historia contenida en tan solo pocas cuadras.

    Dicen los que conocen bien el centro histórico de la ciudad de México que si quieres ver la mejor calle, esa que tiene la facilidad de remontarte en el tiempo, vayas a caminar por la de Moneda. Y es muy cierto, es una calle en la que se mantienen casi todos los edificios de la época virreinal, alguno que otro, los menos, del periodo porfiriano y, ya muy al final, por donde está la Santísima, comienza la revoltura de estilos, lo interesante está en los primeros tramos.

    Para localizar la calle es muy fácil, hay que irnos a la Plaza Manuel Gamio, que está actualmente (abril 2014) en remodelación, si cuentas con tiempo suficiente la visita a la Catedral es algo que no de es perder, ten en cuenta que en la mañana hay oficio y cierran el acceso a buena parte del recinto, a no ser que atiendas a la misa, fuera de ese tiempo, puedes recorrerla a tus anchas. En la plaza está el acceso al Museo del Templo Mayor, que te llevará un par de horas recorrerlo.

   La siguiente tentación la tienes en el Palacio Nacional, digo tentación porque allí hay mucho que ver, será cosa que definas que quieres conocer, pues la calle Moneda comienza justo allí, en esa esquina y lo que en ella se desarrolla bien te puede llevar todo el día.

  Es habitual que allí estén los concheros con sus danzas, teponaztles y caracoles, comienza entonces la calle de la Moneda.

  Este es el magnífico panorama que se te presenta. Museos, templos, casonas, palacios... a la derecha el Palacio Nacional, por allí está el Museo de las Culturas en donde fuera la Casa de Moneda, -razón del nombre de la calle-, a la izquierda es donde estuvo el Palacio del Arzobispado, actual sede del Museo de la Secretaría de Hacienda.

  Las paredes hablan, de eso no hay duda, y en la calle de la Moneda irás viendo una buena cantidad de placas que te van contando lo que allí hubo y lo que por allí aconteció, como esta que es la placa de la Universidad Pontificia.

   Siguen los museos, hay uno, espacio de vanguardia, que mantiene el INBA, localizado dentro del que fuera el templo de Santa Teresa, el cual conserva la otra maravillosa cúpula de las dos mejores que se construyeron en Nueva España, considerando que la de Loreto es magnífica, sigue esta en magnificencia. El templo tuvo severos problemas en uno de los terremotos, fue abandonado, ahora funge como recinto cultural.

    Esta es la cúpula a la que me refiero, la otra es la de Loreto.

  Este edificio no es colonial, sino del porfiriato, se une buenamente en forma casi casi ecléctica al entorno colonial, aquí se localiza el Museo de la Autonomía Universitaria, larga historia se guarda en este edifico.



   Por allí un espacio cultural más, localizado en lo que fuera la imprenta de Juan de Pablos, el primer impresor de Nueva España, actual sede cultural de la Universidad Autónoma Metropolitana Casa de la Primera Imprenta de América.

 Este es el muro norte del Palacio Nacional.

   Allí comienza la calle del Correo Mayor, a espaldas del Palacio Nacional encontramos esta placa que nos indica que allí se asentó el primer correo de Nueva España, razón del nombre e la calle.

   San Judas Tadeo, la virgen de Guadalupe y la Santa Muerte, son cosas habituales de ver por el rumbo en sus altares callejeros.

   Dos portentos de la arquitectura virreinal, las llamadas "casas del Mayorazgo de Guerrero", lo que entiendo es que una era de Guerrero, la otra de su suegro, Alonso de Villaseca.

   Por evidentes razones a esta casa se le conoce como "la del sol y la luna".




  Caminamos un poco más y encontramos el templo de Santa Inés, hay en la pared, por fuera, una placa que dice que allí está enterrado el pintor Miguel Cabrera, un día que entré al templo y pregunté en qué sito descansaba, nadie me supo decir en dónde. A la vuelta está el Museo José Luis Cuevas, y eso que vemos al fondo, en naranja, es la Academia de San Carlos.

  Este es otro de los varios altares que por allí existen...

  La ya mencionada torre de Ex Teresa.

 La cúpula de Santa Inés vista desde la Academia.

 El templo de Santa Inés, a la derecha el ex convento, actual Museo José Luis Cuevas.

 El muro testero de Santa Inés.

 La Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes de la Nueva España, actual sede de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM.


  Y la Casa de Guerrero.

El templo de la Santísima Trinidad, considerado como la obra suprema del barroco mexicano en la ciudad de México.

   Apenas una calle más  y llegamos a la esquina con Alhóndiga, a una cuadra de allí se localiza esta que fuera la zona de comercio más activa en el virreinato y buena parte del siglo XIX, pues por allí coninua lo que hoy es Roldán y antes fue el canal que conectaba a la ciudad con todos los pueblos de la parte oriental.

  Si todas estas maravillas se guardan en tan solo siete cuadras, imagina lo que hay en todo el centro histórico de la ciudad de México.

Esto es lo que dice Proceso sobre la calle de Moenda. Lo que publicó Excelsior.