jueves, 15 de agosto de 2019

El día que encarcelaron a un Cura por negarse a oficiar, 1861

   El cura de Salamanca, a mitad del siglo XIX fue el Lic. Luis Saavedra, personaje importante al que poco se le ha estudiado. Fue, entre otras cosas Diputado en 1844, era industrial pues mantenía en Salamanca la fábrica de loza fina. Creo era originario de Salvatierra, pero no lo puedo afirmar cabalmente y pertenecía al lado Conservador en la época de la Invasión Francesa, tiempo en el cual fue mandado detener por el gobierno municipal. La razón fue por demás curiosa: haberse negado a oficiar la misa en la que se recordaba la muerte de Melchor Ocampo. En el Archivo Histórico de Salamanca (Caja 259) encuentro el siguiente documento:

   Con fecha de ayer, me dice el Secretario del Gobierno lo que copio: "Conforme al espíritu de la Ley del 4 de Diciembre próximo pasado, deque acompaño a V.S. un ejemplar; para que así se sirva hacerlo con el Jefe de Salamanca, y especialmente conforme a la letra y el espíritu de los artículos 3° y 4° de la misma Ley, la autoridad eclesiástica debe disfrutar de la más amplia libertad en el ejercicio de sus prácticas religiosas y en la solemnidad de los ritos y ceremonias que le prescriben las Leyes particulares de la sociedad espiritual de que es ministro; de tal manera que ninguna autoridad civil, sea cual fuere en su categoría puede compelerla a hacer pública o privadamente demostración alguna religiosa que contribuya a la solemnización de un acto exclusivamente del orden civil. Más el funcionario de que al principio se hace mérito, lejos de respetar esta libertad, ha consumado una violencia grave, procediendo a la aprehensión del Cura de Salamanca, a pretexto de que éste párroco se negó a oficiar y celebrar las exequias del Señor Ocampo. Con tal conducta desobedeciendo la ley, violando las garantías y atropellando el derecho público, da margen a la exacerbación de los ánimos, al desprestigio democráticos y a la reverencia de la pugna que desea mantener y avivar  el clero entre la Iglesia Católica y el Estado.

   Tan cierto es que los ministros de ella ninguna obligación tienen de presentar los auxilios de su culto en la ceremonia de los funerales del Sr. Ocampo, que la circular del Gobierno de la Unión, que los dispone, no trae entre sus prevenciones una solo que siquiera remotamente indique la oportunidad o necesidad de solicitar al participio de la autoridad eclesiástica para la pompa de aquellos honores.

   Por estas consideraciones, el Gobierno del Estado ha tenido a bien revocar la orden de prisión decretada por el Jefe de Salamanca, y mandar, como en efecto manda, que V.S. haga que se ponga inmediatamente en libertad al Cura de aquella Villa, quien podrá regresar al lugar de su residencia y dedicarse a su ministerio, sin ser molestado, en tanto que su conducta no pugne con las leyes, ni tienda a alterar el orden y la tranquilidad públicas.

   En cuanto al compromiso que dicho eclesiástico contrajo con la autoridad política de la tantas veces repetida Villa, y cuyo cumplimiento eludió, según informa  aquella, siendo este su punto de derecho puramente civil, que solo afecta la buena fe de los convenios, su decisión toca a la autoridad judicial, a quien el funcionario quejoso podrá ocurrir en demanda del cumplimiento del contrato o de la indemnización de daños y perjuicios.

  Y lo transcribo a V.S. para su inteligencia y fines consiguientes.

  Dios, Libertad y Reforma.
Guanajuato, 15 de Junio de 1861.

E. Serrano.
  Esto que acabamos de leer es interesante pues nos deja ver lo que se pensaba en torno a las Leyes de Reforma en el momento en que fue proclamada la llamada Ley Lerdo en Veracruz, vemos que salen a relucir rencillas entre seguidores de una u otra filiación política, en el entendido de que en esa época había solo dos: Liberales y Conservadores... eran los tiempos (por decirlo así) de la 2T.

  Para ver la Ley mencionada, del 4 de Diciembre de 1860, en su capítulo sobre la libertad de cultos, entra aquí.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Hermosa descripción de una hacienda mexicana de mitad del siglo XIX

   Encuentro esta relación de la Hacienda de la Noria entre San Juan del Río y Querétaro que creo es una de las más precisas que se hayan escrito, no tanto de la propia Noria, sino que nos da una clara idea de cómo eran regularmente las haciendas a mitad del siglo XIX en México. Creo es digna de leerse con mucha calma e imaginar cada cosa que menciona:

   La Noria, nuestra meta del día 20, es una de las haciendas más prósperas que hayamos encontrado. El hacendado era comunicativo y hablaba francés razonablemente bien. En la tarde nos mostró todos los edificios y graneros, informándonos ampliamente sobre la administración de estas granjas colosales. En todo el país, la casa principal –la hacienda- se construye aproximadamente según el mismo modelo. Es un gran edificio cuadrangular de piedra, frecuentemente fortificado y lleno de troneras, con las ventanas hacia el exterior protegidas con barrotes. Se puede entrar por una puerta de arco, y bajo el portal, a la derecha, generalmente se encuentra la “tienda y fonda”, propiedad del dueño, donde los indios de la hacienda están obligados a comprar todo lo que necesitan; de hecho, se les anima a incurrir en deudas, o a gastar en bebida el salario ganado con esfuerzo, de forma que el poco dinero que obtienen se devuelve al bolso de sus patrones. A la izquierda está la oficina del hacendado, donde lleva a cabo todas las transacciones de negocios y da órdenes a sus subordinados, casi sin entrometerse en lo que ocurre afuera, dejando su silla y extinguiendo su eterno papelito solo para tomar sus alimentos. 

   Más allá del portal se entra en un patio grande, que contiene el mejor alojamiento de la hacienda; en el centro probablemente haya una fuente bajo la sombra de un árbol y debajo de las verandas por lo general una profusión de flores y docenas de jaulas con aves de plumaje colorido que no cantan, y los menos hermosos ruiseñores, que observan todo e imitan incluso a los gatos y los clarines franceses. Pasando por este patio se entra en otro, y aquí hay establos para los animales más valiosos, los garañones, los caballos de monta, las mulas de carga, etcétera, porque sería peligroso dejarlos afuera a merced de los chinacos. Al lado, y formando parte del mismo bloque, siempre hay una capilla. Alrededor de la hacienda, pero a cierta distancia -por si fueran capturados y sirvieran de refugio a cualquier enemigo- están los graneros sitios de trillado, las bodegas y los corrales para el ganado y los caballos.

   Esta es el área principal, generalmente situada próxima al centro de la tierra que pertenece a la hacienda, que quizá comprenda 10, 15 o hasta más leguas cuadradas de tierra. Hay extensiones bastas de pastizales, donde manadas de vacas y caballos pacen libremente, están bajo el cuidado de los vaqueros que son responsables de que no se escapen y están encargados de lazarlos, marcarlos, etc. La propiedad entera está dividida en ranchos, o granjas pequeñas, bajo la dirección de los rancheros, que reciben un salario del propietario con porcentaje de las ganancias del rancho. El trabajo del campo lo hacen los peones, que, aunque no son exactamente esclavos, lo son en casi todo, menos en el nombre. Nacen viven y mueran en la pa propiedad sin ser jamás los dueños porque están invariablemente endeudados con la tienda y obligados continuamente a trabajar en pago de su deuda, cosa que no logran hacer con éxito a menudo. El trabajo doméstico lo hacen los mozos, cuyas condiciones son un poco mejores; a los sirvientes de la hacienda, que atienden a la familia del hacendado, se les llama criados. En suma, todo el asunto recuerda notablemente el sistema de castas entre los sirvientes en la India.

   Mientras el propietario de la hacienda administre personalmente su propiedad, todo va bien, pero rara vez sucede así; generalmente vive en la ciudad de México o en alguna de las ciudades grandes, y gasta cada peso que pueda obtener, dejando sus negocios a un mayordomo, quien, desde luego, llena su propio bolsillo por todos los medios posibles. 

   Hoy se oyen las quejas y lamentos de rancheros, peones y mozos pues serán ellos quienes, llegada la hora, tendrán que pagar las consecuencias.

Nota: eso que anota como "papelito" se refiere a un cigarro.

Fuente:

Elton, J.F. Con los franceses en México. Conaculta. México, 2005

sábado, 10 de agosto de 2019

El templo de San Felipe Neri en Oaxaca.

   Fotos de la fachada del templo dedicado a la Virgen del Patrocinio, que es el de San Felipe Neri en Oaxaca no tengo pues entré corriendo debido a la lluvia. Es un templo más que presenta daños por los sismos. Son notorios los resanes que hay en todas sus paredes debido a las grietas producidas, esto interrumpe un poco al particular diseño de pintura decorativa que se aplicó en este recinto. No creo haber visto este tipo de diseños en otro de los muchos templos que he visitado.

  Como lo vemos en la placa, la dedicación, seguramente durante una solemne ceremonia de consagración, se hizo en 1773 al Patrocinio de María, advocación mariana muy sentida en la ciudad de Zacatecas, en Guanajuato y, creo en la de Puebla, además de la de México. Si bien el templo que ahora visitamos pertence (¿o perteneció?) a los padre del Oratorio, encuentro una definición al Patrocinio con la orden de los Juaninos:

   "El Patrocinio de María es la fiesta principal con la que la Orden Hospitalaria venera a la Virgen María.  Esta devoción tiene origen en una piadosa tradición, según la cual la Virgen María se apareció a Juan de Dios a punto de morir: lo confortó, enjugó el sudor de su frente y le prometió que protegería siempre a sus hijos, a los enfermos por ellos asistidos y a sus bienhechores. Esta fiesta litúrgica fue instituida oficialmente en el Capítulo General de 1736 y se celebra el tercer sábado del mes de Noviembre". (Tomado de OHSJD).

  Vemos cuatro retablos laterales, además del Mayor, en el característico estilo barroco, dorados, con base roja, también característica de la época. Eso nos deja ver el uso de la técnica "bol". Y para leer más sobre la historia de este templo, entra aquí.


  San Gaudencio, estatua que simula un Coposanto... con su característico traje romano que nos indica ser uno de los santos primitivos del catolicismo.













viernes, 9 de agosto de 2019

Una descripción de Oaxaca de 1901 con imágenes de 2019

  Esta vez haré un coctel un poco extraño, más bien antagónico, en el sentido de que las fotos que hoy comparto forman parte de la serie "Visto por El Bable" y el texto es lo publicado en 1901 por John R. Southworth en su libro Oaxaca Ilustrada.

  A pesar de ser tan numerosas y variadas las leyendas y tradiciones que existen acerca del origen de muchas ciudades mexicanas, con la ciudad de Oaxaca se da el caso raro de que no se conserva memoria alguna auténtica relativa á su fundación.

   Está fuera de duda, sin embargo, que mucho antes de la invasión de los españoles, Oaxaca era en todo el rigor de la palabra una ciudad de importancia. En 1486, durante el reinado del Emperador Ahuizotl, fue enviado ahí un destacamento de soldados mexicanos para observar los movimientos del Rey Zapoteca Zachila III, quien llamó á este sitio Huaxyacac, que significa "en la nariz de los guajes”.

   El guaje es un árbol que abunda mucho en el valle y que les era muy útil á los nativos por su fruto y su madera. Los Zapotecas designaban á Oaxaca con el nombre de Luhulaa "lugar de guajes”. Los Mixtecas la llamban "Nuhundua", "tierra de los guajes" los Chinantecos Nicuhui "en el lugar de los guajes", los Mixes Huac Huim" á la vista de los guajes". Los Mazatecos Naxhintze "monte de guajes" y los Chochos Cuchaa "asiento de la autoridad".

   Fue ocupad a por los españoles el año de 1521, quienes la llamaron Antequera recibiendo el 14 de Septiembre de 1526, el título español de "Villa." En 1532, el Emperador Carlos V de España constituyó á Oaxaca en ciudad por medio de real cédula. Dos años después el Papa Pablo III expidió una bula creando la diócesis de Oaxaca, que fue una de las primeras establecidas en México. Últimamente, por decreto de 10 de Octubre de 1872, recibió el nombre de Oaxaca de Juárez para glorificar la memoria de Benito Juárez, el libertador de México. Esta ciudad tiene el orgullo de haber sido la cuna de hombres tan eminentes como el General Porfirio Díaz, Presidente de la República, el hacendista Lic. Manuel Dublán, el notable diplomático y actual ministro de Relaciones Extranjeras Lic. Ignacio Mariscal, el hábil estadista y reciente embajador de México en los Estados Unidos y muchas otras personalidades, soldados y patriotas distinguidos.

   La ciudad de Oaxaca se encuentra en medio de un hermoso y fértil valle, en una posición tal que doquier a que se dirija la vista se descubren panoramas recortados por majestuosas y pintorescas cadenas de montañas. Al norte, se destaca la imponente cima de San Felipe del Agua, al oeste, los montes del Crestón y del Fortín, hacia el sur el Albán y al este la colina de San Antonio de la Cal. Los ríos Atoyac y Jalatlaco, atraviesan la ciudad, continuando después su curso por el hermoso valle de Oaxaca.

   Está situado Oaxaca á unas 288 millas el sudeste de la Capital y cubre una superficie de 2,000 hectáreas. El último censo practicado en 1900 marca una población de 30,186 habitantes para la ciudad y de 33,510 para las villas inmediatas. Colocada á 5067 pies sobre el nivel del mar disfruta de un clima inmejorable en todas las estaciones del año, variando la temperatura muy poco tanto en invierno como en verano y siendo todas las noches del año de una frescura muy agradable.

   Es bastante plana esta ciudad y puede compararse con Washington (Estados Unidos de América) por lo que respecta á la regularidad de sus calles, que se hallan también bien pavimentadas y ordenadas. El sistema de drenaje no ha adquirido aún la perfección de que es susceptible, pero se están haciendo grandes mejoras en este sentido bajo la inteligente y activa dirección del Señor Zorrilla, Presidente del Ayuntamiento, que no dejarán nada que desear en breve.

   El agua de que se surte la ciudad está suministrada por los acueductos, uno que procede de la aldea de San Felipe del agua, de 3 millas de longitud y que fue construido en 1755, el otro de 6 millas de largo, que viene de la aldea de San Andrés Huayápam y que fue construido por el gobierno del estado en 1880. Proporcionan estos acueductos el agua de 40 fuentes públicas, de los edificios del gobierno y de muchas casas particulares. La policía de Oaxaca es un cuerpo disciplinado, cuyos individuos cumplen sus deberes con inteligencia y actividad. Toda la ciudad está alumbrada por medio de la electricidad, lo mismo que muchas casas de comercio y habitaciones particulares.

   El estilo general de la arquitectura de la ciudad es el antiguo español, habiéndose seguido construyendo en ese estilo de lo que resulta que los nuevos edificios, levantados en la última década están en perfecta armonía con los antiguos. Los más notables son el Palacio del Gobierno del Estado, El Palacio de Justicia, el Palacio Municipal, el Palacio Federal, el Museo, el Instituto de Ciencias y Artes, del que fue rector el inmortal Juárez, la Escuela Normal para Profesores, el Hospital, el Hospital de Beneficencia y el Panteón Municipal.

   Cambios muy satisfactorios se han verificado en México, durante los últimos diez años, en la cuestión de la educación y habiéndose colocado Oaxaca de lleno en la nueva corriente, sus escuelas actualmente pueden compararse con las de cualquiera otro Estado de la República. En todos los distritos hay escuelas sostenidas por el gobierno y las numerosas instituciones educativas que existen en la ciudad demuestran el progreso alcanzado en materia de Instrucción Pública.

   Grandes alabanzas merece el especial cuidado puesto siempre por Oaxaca en el mantenimiento de sus instituciones de beneficencia; muchas organizaciones antiguas de estas subsisten aún, y á la vez otras nuevas se han establecido para remediar las necesidades de los necesitados. Las iglesias de Oaxaca son extremadamente interesantes, ya consideradas históricamente, ya estudiadas en el estilo arquitectónico de sus ornamentos.

    La reconstrucción de la Catedral de Oaxaca, fundada en 1553, fue iniciada por el Padre Angel Maldonado en 1701 y concluida por el Obispo Santiago Calderón quien se hizo cargo de ella en 1730. La decoración exterior es de gran belleza, haciendo un hermoso contraste con la piedra gris de que está hecho el edificio los bajos-relieves de mármol que lo adornan. San Juan de Dios, primer a iglesia de Oaxaca, fue fundada por Fray Bartolomé de Olmedo el 25 de Abril de 1532. Son también notables la iglesia de Santo Domingo fundada en 1575, la Soledad en 1582, el Carmen Bajo en 1544, San Cosme en 1576, San Francisco en 1592, Las Meñes en 1581, La Merced en 1570, La Compañía en 1570. San Felipe en 1633 el Carmen Alto en 1679, Guadalupe en 1686 y San Agustín en 1699.

  Uno de los muchos característicos encantos de la ciudad de Oaxaca, son sus numerosos jardines y plazas situados en distintos sitios de la ciudad. Digno de mención especial es el hermoso jardín del Zócalo, que le sirve de adorno á la Plaza de Armas, formado de plantas tropicales y semi-tropicales y de árboles propios de esa región. La ciudad se halla también hermoseada por su Paseo y los parques de Guadalupe, San Francisco, Netzahualcóyotl y Constitución, todos los cuales son del mejor gusto y proporcionan á los oaxaqueños sitios de recreación del carácter más agradable. Las bandas de los regimientos de la Guardia Nacional Federal estacionados en Oaxaca, se turnan para proporcionar tres veces á la semana espléndidas audiciones musicales á los ciudadanos y los Domingos tocan en la mañana, tarde y noche.

   Las facilidades de comunicación y transporte que existen en esta ciudad son enteramente satisfactorias. El Ferrocarril Mexicano del Sur tiene diariamente un servicio de trenes directo á Puebla, en cuyo punto hay comunicación por medio de los Ferrocarriles Mexicano é Interoceánico par a todas parte s de la República. El Ferrocarril de Oaxaca y Ejutla tiene diariamente un servicio de trenes á Ocotlán, centro del distrito minero de Taviche. Esta línea se está extendiendo á Ejutla, el distrito productor de plata y cobre y pasa en su curso por el distrito de San Martín.

   En cuanto á los mercados, la ciudad de Oaxaca se encuentra bien provista, y una visita manifiesta no solamente muchos de los característicos de los indios sino también una vasta provisión de todos los productos del país. Toda clase de efectos se hallan de venta y con especialidad abundan las legumbres, frutas y flores de todas clases.

   En la década pasada ha habido un gran desarrollo del comercio é industrias de la ciudad habiéndose establecido además de sus fábricas de zapatos, puros, cigarros, azúcar, pólvora, hoja de palma, sombreros, etc., otras muchas industrias. Las empresas mineras, negociaciones agrícolas, y el creciente número de casas de comercio y residencias particulares, Todo indica que el despertar de Oaxaca ha tenido lugar y de que ya se encuentra en condición de tomar el lugar que le corresponde como uno de los centros comerciales é industriales más importantes de la República Mexicana.  





















Fuente:

Soutworth, John R. Oaxaca Ilustrado. Blacke & Mckenzie, Liverpool, 190, pp. 19-23