domingo, 23 de noviembre de 2014

Las Capillas desaparecidas del Calvario en la ciudad de México. 15ª parte.

   La imagen, que por cierto no corresponde a la ciudad de México sino a Tlalnepantla, nos dice de como la Semana Santa en Nueva España era una de las celebraciones más sentidas, encontramos testimonios abrumadores al leer sobre la vida de Fray Pedro de Gante que, en una de sus caras escribe: "Y porque me he detenido en este discurso, abreviaré lo de las procesiones que salen de la capilla de S. José, contando cómo salieron en este presente año de mil y quinientos y noventa y cinco. El Jueves Santo salió la procesión de la Veracruz con más de veinte mil indios, y más de tres mil penitentes, con doscientas y diecinueve insignias de Cristos e insignias de su pasión. El Viernes salieron en la procesión de la Soledad más de siete mil y setecientos disciplinantes, por cuenta, con insignias de la Soledad. La mañana de la Resurrección salió la procesión de San José con doscientas y treinta andas de imágenes de Nuestro Señora y Nuestra Señora y otros santos, todas doradas y muy vistosas. Iban en ella todos los cofrades y entrambas cofradías arriba dichas de la Veracruz y Soledad (que es gran número), con mucho orden y con velas de cera en sus manos, y demás de ellos por los lados gente innumerable de hombres y mujeres, que cuasi todos también llevan candelas de cera. Van ordenados por sus barrios, según la superioridad o interioridad que unos a otros se reconocen, conforme a sus antiguas costumbres. La cera toda es blanca como un papel, y como ellos y ellas van también vestidos de blanco y muy limpios, y esto al amanecer o poco antes, es una de las vistosas y solemnes procesiones de la cristiandad. Y así decía el virrey D. Martín Enriquez que era una de las cosas más de ver que en su vida había visto. Hacen otras muchas procesiones solemnes entre año, en especial dos, con el mismo aparato de todas las andas; la una de día de la Asunción de Nuestra Señora, a una iglesia que se llama Santa María la Redonda, barrio principal de los indios mexicanos, y la otra el día de San Juan Baptista, a la Iglesia de San Juan de la Penitencia, donde hay convento de monjas de Santa Clara, y es también barrio principal de los indios de México. Y por esta misma forma hacen sus procesiones en todos los pueblos grandes de esta Nueva España, y en algunos va tanta o poco menos gente, y aparato de andas y Cristos que en la de la Veracruz, como es Xuchimilco y Tezcuco y otros semejantes. Y más gente irá en la de Tlaxcala; a lo menos en un tiempo solían ir quince o veinte mil disciplinantes”. (1)

   El testimonio que de Fray Pedro de Gante al finalizar el siglo XVI nos dice de la participación de indios que había en las procesiones en ese 1595, quizá aun manteniendo el recuerdo de las fiestas que en el antiguo México se realizaban, pero, considerando que ya habían pasado tres cuartos de siglo de presencia española y de la consecuente evangelización, los participantes eran las generaciones nacidas ya con la nueva religión. Este antecedente lo pongo para entender mejor lo que pasaba, ya en el siglo XVIII por el rumbo de lo que hoy es la Avenida Juárez, en la ciudad de México, justo frente a la Alameda Central en donde estaban colocadas las Estaciones del Rosario que, especialmente, cada Semana Santa salían los participantes en el rezo del Rosario del Convento Grande de San Francisco, con más precisión aun, de la Capilla del Tercer Orden, en donde se rezaba la primera estación para seguir luego a la Capilla de la Segunda Estación y luego a la de la Tercera Estación, localizadas dentro del mencionado convento, para luego continuar por la Alameda en donde se localizaban las otras capillas; en la parte superior de esta imagen vemos siete de ellas. El mapa fue elaborado en 1767.

131.- Capilla de la Segunda Estación. "El capitán Cristóbal de la Plaza, Secretario de la Real Universidad, fabricó a su costa una capilla a la entrada de la iglesia grande de San Francisco, de doce varas de largo y seis de ancho con dos puertas, cubierta con tres bóvedas, adornadas con lienzos murales de la Pasión, en sus marcos, llamada de la Segunda Estación, porque fue construida precisamente con el fin de que en ella se rezara. (2) En el plano de 1767 vemos lo que era el Convento de San Francisco, arriba la calle de San Juan de Letrán, que era la entrada principal al recinto, frente al templo era donde se ubicaba esta capilla.

132.- Capilla de la Tercera Estación.- Lo que vemos ahora es lo que se puede apreciar dentro de la actual Capilla de Guadalupe, antes de Balvanera, en el muro colindante con el templo grande. En el altorrelieve superior se ve una escena de la Pasión, quizá aquí estaba localizada alguna de esas capillas, pero no hay datos concretos. "Semejante a esta capilla hicieron otra los hermanos del Orden Tercero, de catorce varas de largo, y seis de ancho, con dos puertas y dos altares, adornada, como la el capitán Plaza, con pinturas semejantes. Situaron esta capilla al lado de su iglesia, en el gran patio, hacia la puerta que del que sale para San Juan de Letrán, y allí se hacía la Tercera Estación".  (3) 

133 y 134.- Capillas de la Cuarta y Quinta Estación. En esta toma lo que vemos es el andador oriente de la Alameda, al fondo está el Teatro Hidalgo. Más o menos por aquí era en donde se encontraban las capillas en donde se rezaba la cuarta y quinta estación el rosario, razón por la cual llevaban esos nombres, al respecto, Marroquí comenta que: "Otras dos capillas del mismo tamaño se hicieron después en la calle, al lado de la Alameda, por los capitanes D. José de Retes y D. Domingo de la Rea, de bóvedas, con dos puertas, una de entrada y otra de salida, altares dorados y lienzos muy hermosos; cada una de ellas costó más de cuatro mil pesos. De las otras seis capillas no tenemos noticia individual, de donde suponemos que la Hermandad del Tercer Orden las haría, para desahogo de su devoción".  (4)

135, 136, 137, 138, 139 y 140.- Capillas de las Estaciones.- Lo acabamos de leer, de las otras capillas no hay noticia de cómo eran o de quién las mando construir. Como quiera, el mismo autor va dando datos de lo que era el conjunto de las Estaciones en la Alameda. La imagen que ahora vemos corresponde al monumento conocido como Hemiciclo a Juárez, lugar en el que, de cada lado se encontraban dos de las Capillas de la Estaciones, las cuales llegaban hasta donde actualmente se localiza la glorieta conocida como "El Caballito", en donde estaba la capilla de El Calvario, que era en donde se rezaban las últimas tres estaciones del rosario, de la cual ya dimos cuenta en el número 12 del conteo que venimos haciendo.

  "De las nueve capillas que estaban en la calle del Calvario, solamente dos tuvieron licencia de misa, que fueron la tercera, que se hallaba casi frente a la iglesia del Corpus Christi, en la cual, mientras no se fundó este convento, celebraban los vecinos del barrio de la Alameda una fiesta anual, y la novena, que era la mayor de todas, en la cual se realizaban las tres últimas estaciones, de donde se le dio el nombre de Calvario. (...) Eran los alrededores de las ocho cabillas, depósito de inmundicias, y por las noches abrigadero de faltas de policía y aun de malhechores, razones, que unidas al mal estado que se hallaban, movieron a destruirlas desde fines del siglo pasado. (...) Las ermitas y la fuente eran el único adorno que esta calzada tuvo hast el año de 1798: el 26 de marzo de ese año, en junta de ciudad, celebrada con el superintendente de Propios y Árbitros, se acordó que el asentista de la Alameda plantara fresnos de ermita a ermita, llevando cuenta exacta de ello, para avisar al Juez de Paseos y que se le pagara. Circuladas las ordenes correspondientes, se procedió a la plantación, pero escaseando sin duda los fresnos, el acuerdo no fue cumplido en cuanto a la calidad de los árboles, pues en la hilada de las capillas, desde el principio de la Alameda hasta la ermita del Calvario se pusieron 35 fresnos, treinta álamos y 142 sauces. Con el tiempo estos árboles se fueron secando sin que tengamos noticia de que jamás fuesen repuestos, llegando hasta nuestros días la calzada en completa desolación y abandono con uno que otro árbol que pudo sobrevivir.

    "El 29 de noviembre de 1820, el Sr. Cervantes, marqués de Salvatierra, propuso al Cabildo de la ciudad la demolición de las capillas, informando que los padres franciscanos estaban conformes en ello. (...) En agosto de 1825 las capillas fueron demolidas. Suprimido el Vía Crucis, la capilla del Calvario quedó sin culto, cerrada enteramente; solo se abría en las mañanas que algún reo iba a ser ejecutado de última pena, ejecución que por ley se hacía antes de las ocho, y de ordinario en las inmediaciones de la cárcel de la ex Acordada. En esos días desde que el momento en que el reo salía de la capilla de la prisión para el cadalso, las campanitas del Calvario, comenzaban a tocar una triste rogativa, que le acompañaban en todo su camino, y cesaba con su último aliento. En este tiempo también se estaba celebrando en la capilla abierta, una misma por el alma del ejecutado. (5)

   "Entre las ocho capillas que estuvieron a lo largo de la Alameda, para las estaciones del Vía Crucis, había una mayor que las otras, situada precisamente frente a la casa núm. 7 de esa calle; era, de las del tránsito, la única que tenía licencia de misa, y en ella celebraban los vecinos del barrio una función anual a la Purísima Concepción el día de San Juan Evangelista; con misa cantada, sin sermón. De la Santa Veracruz venían los eclesiásticos enviados por el Cura a celebrararla, y a él se le pagaban ocho pesos por derechos. En la tarde sacaban la imagen en procesión de Rosario, y en el tránsito había luces cohetes y loas con gran concurso de gente, cosas todas que demoraban el curso de la procesión, siempre hasta muy tarde, a veces hasta las diez de la noche. Pareciendo esto gran exceso al Cura Tirso, prohibió las loas, como más ocasionadas a la demora, y envió en términos de que entrara antes de anochecer. Concluido el rosario, algunos de los vecinos guardaban en su casa la imagen, todo aquel año, hasta el siguiente". (6)

   "La capilla del Vía Crucis a que nos hemos referido, estaba situada, como todas las otras, de Oriente a Poniente; a su espalda y no lejos, había una fuente de medianas dimensiones y forma circular, levantada sobre tres escalones; quedaba frente a la casa de los PP. Capellanes del convento, que estaba al Oriente de la iglesia. Casi frente a esta, algo más al Poniente de la fuente, hubo una casita destinada al administrador de la Alameda, con puerta particular de comunicación con el paseo. Inconvenientes que no se expresan, obligaron al Presidente del Ayuntamiento el año de 1824 a encargar al Regidor comisionado de Paseos que mandase cerrar dicha puerta; el año 25 que se demolieron las capillas del Calvario, fue también demolida esta casa, quedando la calle si no limpia, por lo menos amplia". (8)

   En este mapa de la cuarta década del siglo XIX vemos al centro la Alameda, abajo a la derecha está el Convento de San Francisco, sitio en el que, con el número 1 se localizaba la Capilla del Tercer Orden; el número 2 indica la Capilla de la Segunda Estación, el 3 corresponde a la Tercera Estación. El 4 y 5 son, según lo acabamos de leer, capillas de las mismas dimensiones de las número 2 y 3. del 6 al 11 son capillas que, deduzco, eran más sencillas y, la número 12 corresponde a la conocida como El Calvario, sitio en el que se rezaban las últimas tres estaciones del Rosario. Todas desaparecida.

Fuentes:

1.- De la Torre Villar, Ernesto. Fray pedro de Gante, maestro y civilizador de América. Estudios de Historia Novohispana. Volumen V. Instituto de Investigaciones Históricas. UNAM. México. 1974. pp.30-31

2.- Marroquí, José María. La ciudad de México. Tomo II. Imp. y Lit. La Europea. México, 1900. p.18

3.- Ibid. p.19

4.- Ibid. p.19

5.- Ibid. pp.24-27

6.- Ibid. p.205.

7.- Ibid. p.208

viernes, 21 de noviembre de 2014

Templos y Capillas del Centro Histórico de la Ciudad de México, 14ª Parte.

    Montones de veces había caminado por aquí , es el primer tramo de la calle República de Guatemala, a espaldas de la Catedral Metropolitana, pero nunca había puesto la debida atención para entender que era esta construcción, solamente veía algo más adherido al monumental edificio que conforma la Catedral más antigua y más grande que hay en el Continente Americano. Igual que tanta gente que pasa por ahí, sin poner atención a lo que ve, calificando sólo de "edificios viejos" pero sin considerar la razón por la cual fue levantado, menos aun, sin admirar el arte y la historia que allí hay. Es de este modo que logramos identificar más capillas en el Centro Histórico de la ciudad de México.

121.- Capilla de Ánimas. "El Arquitecto Pedro Arrieta, maestro mayor del Reino, de la Catedral y del Real Palacio, construyó esta capilla de Ánimas en 1721, y en 1725 la habitaban de los infantes dentro del edificio del Seminario. En esta capilla se estableció una Congregación con objeto de hacer sufragios por las ánimas del purgatorio. La tuvo a su cuidado don Cayetano Gil de la Concha quien fue tan solícito en el cuidado de ella que habiendo sido destruida por un voraz incendio el 3 de mayo de 1748, emprendió reedificarla a sus expensas." (1)

Del lado derecho vemos la Capilla de Ánimas, del lado izquierdo la puerta de la Catedral (quizá una de las de la Sacristía), que ve al norte.

   En esta imagen vemos claramente la capilla que está justamente orientada, ya que ve hacia ese punto cardinal.

   Un altar de ánimas exterior, sobre la calle República de Guatemala, justo en la pared norte de la Capilla de Ánimas de la Catedral Metropolitana.

122.- Templo Porta Coeli. En mi conteo, este templo lo confundía con el del Convento de Regina Coeli, pensaba que eran lo mismo pero ahora que recién visité la ciudad de México entiendo que son cosas distintas. Es aquí en donde se encontraba originalmente el Cristo negro conocido como El Señor del Veneno, la imagen que allí vemos en la actualidad es una réplica, ya que la original está en la Catedral Metropolitana. "Los dominicos llegados a México en 1526, instalaron en la ciudad de México el Colegio de Santo Domingo de Porta Coeli en 1603 que tenía como fin que los jóvenes aspirantes a tomar los hábitos de la orden pudieran aprender los elementos necesarios para profesarla y para evangelizar en las misiones.

   "Al colegio cuya fundación fue aprobada en el capítulo provincial de 1604, se le concedieron más tarde todos los privilegios de los que gozaban los colegios dominicos. Para ello se adaptaron unas casas que pertenecían a Isabel Luján, nieta de Juan Alonso de Estrada (Gobernante de México en 1524), adaptándolas para uso de los novicios. Estas casas se ubicaban al sur de la Plaza del Volador (Venustiano Carranza 107), al inicio de lo que había sido la calzada que comunicaba a la ciudad de México con Iztapalapa (José María Pino Suárez).

   "Al poco tiempo, el colegio resultó estrecho para alojar el crecido número de estudiantes que acudían a sus aulas, por lo que se tuvieron que comprar unas casas colindantes para ampliar el espacio de que disponían. Al crecer el colegio, llegó a limitar con el convento de monjas de Balvanera, razón por la que tuvieron que abrir un callejón (que más tarde sería conocido por la gente como “Tabaqueros”), que les había sido exigido por las autoridades religiosas: “… abriendo la dicha calle y no de otra manera para que con esto se ovie y ataje la yndesencia que podría rrepresentar el estar contiguos pared en medio los dichos colegios y monasterio…”.

   "El colegio adquirió gran prestigió durante el virreinato, pues en él dictaron cátedra los más connotados talentos de la orden dominica. En este colegio cursó sus estudios el ilustre fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, celebre religioso que a su manera luchó denodadamente por la Independencia de México y que fue amigo del insurgente español Javier Mina. En 1860, el colegio fue suprimido por las Leyes de Reforma, el cual fue dividido y vendido en lotes. Desafortunadamente, del conjunto educativo, solo se respeto el templo, que permaneció abierto al culto religioso por un corto tiempo, ya que el 24 de octubre de 1861, fue cerrado al culto, y no fue sino hasta 1889-1890 que se restauro la fachada y el interior. Después de haber sido reparado se abrió al culto nuevamente.

    "A principios de este siglo se adaptó para alojar un archivo gubernamental. El 9 de febrero de 1931, fue declarado monumento. En 1952, el gobierno entregó el recinto a la Iglesia Greco-Melquita Católica, que la restauró nuevamente y decoró los muros con murales de tipo bizantino. Sobre el templo actual edificado en los primeros años del siglo XVIII; fue dedicada el 23 de mayo de 1711". (Texto de Jorge J. Jesús Carrillo, publicado en Ritos y Retos del Centro Histórico, para seguir leyendo, entra aquí.)

123 y 124.- Capilla de Nuestra Señora de los Remedios y Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe.- Nota: la fotografía no corresponde a esas capillas que fueron destruidas. "El P. Barcia, que no desatendía las necesidades del cuerpo, dispuso un jardín de solaz de sus recogidas; pero al mismo tiempo s infatigable actividad y su fervor religioso le inspiraron el pensamiento de hacer en él dos capillas dedicadas ambas a la Virgen María bajo sus dos advocaciones de Guadalupe para la una y de los Remedios para la otra. Prosiguiendo esta obra hubo de tropezar con la casa de una india llamada María de la Concepción la cal impedía que la fundación tuviera la amplitud necesaria. A fin, pues, de remover el estorbo intentó comprar la casa; pero su dueño no quería venderla, por no quedarse sin propiedad; el P. Barcia, entonces, le propuso cambiársela por una e las suyas de mayor valor, según la transación de peritos; pero habiéndose negado la india a la permuta, Barcia le inició pleito sobre ella ante la audiencia, fundándose en la necesidad que la casa tenía para un establecimiento de utilidad pública; oídas las partes, mandada hacer la transacción antedicha, María de la Concepción fue compelida a cambiar su casa por auto e 22 e Noviembre de 1687. Cuando emprendió la construcción de las capillas no estaba abundante en dinero; lejos de eso, el día que los maestros en Arquitectura fueron a trazarlas, no había con que comprar el pan para comer, y ellos, que se quedaron de huéspedes, dieron para él la limosna; sin embargo, con un gasto de más de ocho mil pesos llegó a concluirlas, hechas de bóveda, y el día 20 de Abril de 1690 las bendijo su confesor, el P. José Vidal, acompañándole en este acto el Dr. D. Ignacio de la Barrera, cura entonces de la Santa Veracruz". (2)

125.- Capilla de la Purísima Concepción de María Santísima. La vemos claramente en la esquina de la calle en esta litografía de autor desconocido. "Contigua a la iglesia de Santa Calra y casi formando cuerpo con ella en la esquina de la calle Vergara, hubo una capillita dedicada a la Purísima Concepción de María Santísima. Mandó labrar esta capilla a sus expensas y bajo su cuidado, un rico llamado D. José Miguel de Reyna el año de 1729. Cuando la hubo concluido pensó en dedicarla y la dedicó el domingo 8 de enero de 1730, con grande fiesta que duró doce días: el sábado 7 en la tarde, se cantaron vísperas y al día siguiente misa en que hubo sermón en la iglesia de las monjas concepcionistas. Muerto el fundador, quedó la capilla al cuidado de las monjas de este convento, como cosa perfectamente a él y de la misma manera se conservó hasta el año de 1861 en que este convento y todos fueron suprimidos". (3)

126.- Capilla de la Preciosa Sangre de Cristo. "Además de la cofradía de Santa Catarina Mártir, a que se debió la erección de la iglesia, hubo en ella fundada otra el año de 1605, con título de la Preciosa Sangre de Cristo, que tenía por suya una capilla y dos imágenes: la una de Cristo crucificado y la otra del Señor atado a la Columna; ésta era la que sacaban en la procesión del Jueves Santo, con asistencia de todos los cófrades. El tiempo, que nada respeta, la arruinó de nuevo, pasado el primer cuarto del siglo XVIII, hasta amenazar de ruina; además, la capilla primera no fue muy grande ni muy sólida; por consiguiente, aunque reparada, quedó triste, pequeña y débil. Necesario fue, pues, hacerla otra vez, y aunque no podremos fijar el año y mes en que se dio principio la obra, sí el día en que concluida se dedicó, y fue el 21 de febrero de 1740; sabemos también, que para su época se adornó con lujo y sin excusar gasto, pues sólo su altar mayor costó catorce mil pesos". De seguro este último dato más bien se refiere al altar del Templo de Santa Catarina. (4)

Será bueno anotar que este templo parroquial, en donde se ubica del lado derecho la capilla mencionada, está en pésimas condiciones, las cuarteadas son más que notorias, mucho del tezontle que la recubría se ha venido abajo, y ni que decir de la extrema limpieza que en rededor del recinto se requiere.

127.- Capilla del Santo Ecce Homo.- Dice Marroquí que "en este estado se conservaron capilla, casa y callejón (del Sto. Eccehomo) hasta el año de 1827, pues aunque el segundo Virrey Conde de Revilla Gigedo, pretendió demoler la capilla, no llegó a conseguirlo, en razón de haberse alegado algunos derechos de la propiedad sobre ella, con cuya ocasión se formaron autos, que no pudieron concluirse en el tiempo de su gobierno permaneciendo las cosas en el estado en que se hallaban; mas al fin llegó el tiempo en que la policía dio un paso más y este fue el año 1827. En ese años se acordó el Ayuntamiento la demolición de varias de las muchísimas capillas que en la ciudad hubo, y que pasada la oportunidad y objeto con que fueron hechas, muchas se encontraban cerradas y sin culto, y otras en sus afueras de receptáculo de inmundicias. Tocó a la capilla del Santo Ecce Homo su vez, y por comisión de la ciudad el Regidor Villalobos vino a demoler el mes de noviembre del dicho año, entregando previamente al Cura de la Parroquia de la Santa Veracruz, en cuya jurisdicción estaba, todos los enseres que allí había, entre ellos una esquila y dos campanas, que convertdas en esquilas por el Cura, sirvieron con la otra, de segundillos en su campanario". (5)

128.-  Capilla de San Dieguito.- "Este nombre y perdiéndose ya, es lo último que queda de un barrio pobladísimo muy lejanos tiempos. La tradición del barrio se conserva, aunque demasiado débil; y decimos que ya perdiéndose, porque si algunos dan a la plazuela el nombre de San Dieguito, otros lo llaman de Santo Tomás, y el ayuntamiento le puso el año corriente 1893, en la última reposición de placas que manó hacer. (...) Pasada la acequia del lado oriental, a no muy corta distancia estaba la capilla de San Diego y dos casas a ella próxima; un callejón conducía allá que por esto era llamado de San Dieguito. (...) No se comete hipérbole diciendo que del barrio de los veleros no quedó piedra sobre piedra: terreno alto, seco y árido, es lo que se encontraba rodeando la capilla de San Diego, cerrada y arruinándose, hasta la década de 1850 a 1860, que el tiempo, de su propia voluntad, sin orden de nadie, la echó al suelo, dejándonos de sus postrimerías tristísimo recuerdo". (6)

129.- Capilla de San Dimas.- Sin lugar a dudas, José María Marroquí fue quién nos dejó toda la información relacionada a templos y capillas en la ciudad de México, sobre la de San Dimas, dice: "Esto aunado al nombre el puente, y el de San Dimas, le debió a una capilla que en dicha calle hubo bajo la advocación de este Santo. La capilla se hallaba situada en el Hospital de Jesús, con puerta a la calle (de San Dimas), debajo de una de las enfermerías que entonces a ella daban. Cuidaban de esta capilla los negros, pobres en lo general: esta circunstancia, la de no ser muy elevado el edificio del hospital, la de tener la capilla el piso de tierra, estar sin altares, sucias y sombrías, hacían que padeciese antes mazmorra que casa de Dios. En esta humildísima capilla, destinada solo a gente de color, predicó el Dr. D. Juan de la Pedrosa, una de las lumbreras del púlpito mexicano a fines del siglo XVII, y la aseó poniéndole piso de madera, en lo cual  invirtió más de quinientos pesos de su peculio". (7)

130.- Capilla de los Dolores. Quizá sea esta calle la más fácil de ubicar, ya que es precisamente allí en donde se localizan los restaurantes chinos, cercanos a la Alameda Central, incluso se dice que ese es el Barrio Chino de México; el nombre de la calle se debe, precisamente, a que allí había una Capilla dedicada a Nuestra Señora de los Dolores. Y dice Marroquí: "Tres callejones hubo de este nombre, bien apartados entre sí; de ellos dos han desaparecido, convertidos en calles, y el tercero se conserva sin sustancial variación. (...) El callejón de los Dolores de la Alameda, que esta añadidura se distinguía el tercero de los otros dos, era el mismo pedazo de vía estrecho, comprendido entre las calle de los Rebeldes y de la Independencia, uniéndolas, situado de Norte a Sur.  Debe su nombre a una capilla que dedicada a la Santísima Virgen de los Dolores, construyó una cofradía del mismo título hacia los años 1750 a 1752. En sus propios libros constan varias limitaciones en punto a misas, prohibiendo en ellas las cantadas y mandado que la fiesta titular se hiciese en la parroquia de la Santa Veracruz, a cuya jurisdicción estaba sujeta, y que se quitasen todas las campanas, que excedieran de una, con otras providencias. (...) Sin embargo, al ingreso a ésta del señor Cura Tirso, que fue el año de 1757, ninguna de estas providencias se observaban, y a voluntad de los cofrades se cantaban misas y se repicaban las campanas. (...) Suprimidas las cofradías el año de 1860, concluyó la de los Dolores y se cerró su capilla. D. Severo Montes de Oca, vecino del barrio y uno de los pocos cofrades que existían, reclamó derechos a ella, y le fue adjudicada." (7)

   Me ha sido de enorme ayuda haber encontrado el Plano de la Ymperial Mexico con la nueva distribcion de los Territorios Parrochiales, para la mas facil y pronta administracion de los Stos. Sacramentos. Dispusolo en 1769 años de Orden del Illmo. Sr. Dr. Dn. Fran.co Antonio Lorenzana Buytron Dign.mo  Arzobispo de esa Iglesia Metropolitana D.Joseph Ant.o Alzate y Ramirez. En él aparecen ubicadas todas las capillas que correspondían a cada parroquia de la ciudad de México. El mapa se exhibe en el Museo Franz Mayer.

Fuentes:

1.- Ficha a un costado de la Capilla de Ánimas.

2.-  Marroquí, José María. La ciudad de México. Tomo I. Tip. y Lit. "La Europea" de J. Aguilar y Vera y Ca. México, 1900. p.521

3.- Ibid. Tomo II. p.116

4.- Ibid. p.95

5.- Ibid. p.292

6.- Ibid. p.262

7.- Ibid. p.303-306


jueves, 20 de noviembre de 2014

La única cruz atrial que sobrevive en la ciudad de México.

   Estaba por concluir el siglo XVI y en la ciudad de México había ya más de medio centenar de templos, conventos y capillas, 84 según Arturo Sotomayor (1). Era en ese siglo que se había implantado la tradición de colocar cruces en los espacios creados frente a las iglesias, en algunos casos, específicamente en los conventos que se levantaron fuera de la ciudad, las cruces eran la parte central, digamos que el ombligo, de los atrios, los cuales estaban custodiados por las cuatro capillas pozas que en muchos de esos atrios se construyeron, de algún modo, se mantenía la idea cosmogónica entendida en el antiguo México, de que había un punto central, rodeado por los cuatro rumbos del Universo, un equilibrio perfecto.

   Y si la ciudad de México tenía tal cantidad de templos y de conventos, lo más seguro es que muchos de ellos tuvieran una Cruz Atrial, tan de moda y tan indispensable en la época. La duda la podemos aclarar al admirar el biombo que se exhibe en el Museo Franz Mayer, el cual tuve la oportunidad de fotografiar en algunos de sus detalles que me llamaron poderosamente la atención: esa cantidad de Cruces Atriales que allí aparecen. El biombo está inventariado con el número: 04884; se le conoce como "Biombo de la Conquista de México y vista de la ciudad de México"; su autor es desconocido, fue realizado a finales del siglo XVII.

   Encontramos allí, entre otros, el número 2, que corresponde a la Cruz Atrial que había en la Colegiata de Guadalupe.

   Con el número 6 se identifica al templo y convento de El Carmen, próximo a lo que hoy conocemos como La Lagunilla. Allí vemos que también existía una Cruz Atrial.

   El número 15 corresponde a San Pedro y San Pablo, actual Museo de las Constituciones, el 16 a la Parroquia de Santa Catarina Mártir, el 17 corresponde al Convento de la Encarnación. Vemos que entre el 15 y 16 aparece una Cruz Atrial.

   En esta imagen que publicó en la red la persona que se hace llamar Conde de Selva Nevada, se ve con el número 1 la Catedral Metropolitana, aparece frente a la puerta principal una Cruz Atrial, al centro de la Plaza Mayor, se ve algo que parece ser una picota, y entre ambos hay una enorme fuente. En el ángulo de la izquierda, abajo hay algo que parece ser una cruz, dentro de un Chapitel, como solían nombrar en esa época a estas estructuras que no era otra cosa que una bóveda. En la primera imagen de arriba lo vemos en detalle, me llama la atención el águila que hay arriba. Con este biombo comprobamos que sí hubo varias cruces atriales en la ciudad de México, una de ellas es conocida como la Cruz de Mañozca, estaba (y sigue estando) frente a la Catedral, algunos autores dicen que estaba en el cementerio que la Catedral tenía, esa cruz fue trasladada por el obispo Mañozca (de ahí su nombre), del convento de San Francisco de Tepeapulco, actual estado de Hidalgo. 

   Y es esta, hasta donde tengo entendido, la única Cruz Atrial que sobrevive en la ciudad de México, se trata de la que existía en el atrio de la Colegiata de Guadalupe, en la actualidad se encuentra a buen resguardo en el Museo de la Basílica de Guadalupe. Se trata de una Cruz Atrial de estilo Tequitqui, elaborada en el siglo XVI por manos desconocidas. Se localizaba, al igual que todas, en el atrio del Santuario que luego fue elevado a la categoría de Colegiata, durante mucho tiempo se mantuvo allí hasta que calló en el olvido, como tantos otros tesoros artísticos del mismo tipo en México. Fue restaurada y se mantiene en exhibición dentro del Museo, sitio en el que no está permitido fotografiar, de lo contrario hubiera tomado varios acercamientos a cada una de las representaciones que tiene.

   Aparecen allí las Armas Christi, que simbolizan todo lo relacionado con el episodio que conocemos como Pasión de Nuestro Señor, estas son: Pinzas, lienzo blanco, sudario, túnica, caña, sol-luna, columna de flagelación, lanza, cáliz, pértiga y esponja, clavos y llagas, corona de espinas, gallo, espada de san Pedro y oreja, escalera, martillo y Divino Rostro.

 Pero no era una sola Cruz Atrial la que hubo en la Villa de Guadalupe, "...en lugares estratégicos vemos a estos guardias; unos resguardan los ingresos del Santurio, otros vuelan  por el orden del puente, así como en varios lugares, por ejemplo junto a la cruz atrial, en cuyo pedestal he logrado leer: "Esta S. Cruz se allo / en un monte de la for / ma que se be". Dicha cruz aun se conserva, pero en lugar protegido, dada su gran calidad artística. Pero no fue la única; en el Tepeyac hubo una cruz frente a cada una de las capillas. Así aparece en esta pintura" (2). Se refiere a la que ahora vemos, conocida como "Verdadero mapa del Tepeyac" de Joseph Arellano de 1709, en que retrata el día de la consagración, inauguración de la Basílica de Guadalupe, la que conocemos como "Antigua".

Fuente:

1.- Sotomayor, Arturo. La ciudad antigua de México. Bancomer. México, 1990. p.20

2.- Amerlink de Lorsi, María Concepción. El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en 1709". Boletín de Monumentos Históricos. Tercera Época. Núm. 20. INAH. México, 2010. p.19

La imagen de la pintura de Arellano, la tomé del sitio: Latin American Art.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Chocomil: La creación de nuevas palabras en el idioma español.

   Eso que ahora llamamos mercadotecnia y que es indispensable aplicar en todo tipo de empresas a fin de que prosperen y se vuelvan emporios es cosa relativamente nueva pues, hubo un tiempo en México (y en el mundo) que muchas cosas sin mercadotecnia crearon tal impacto que se volvieron parte de la tradición, las costumbres e, incluso, llegaron a modificar el idioma. Más que a modificar, lo enriquecieron. Tal es el caso de las marcas, quizá la más conocida sea la del Keleenex, que se volvió sinónimo de pañuelo desechable, o la de Kotex, que se volvió sinónimo de toalla femenina, más aun el de Sabritas, que se volvió sinónimo de papas fritas. Hay un caso, ocurrido hace varias décadas en Guadalajara, que estando en una "tiendita de la esquina" entra un niño y le dice al tendero: "Me da unas sabritas Barcel." En ese orden de ideas tenemos el caso de una palabra acuñada en México y que se refiere a un batido es Chocomil.

   Si visitamos un mercado, una Flor de Tocumbo, o alguna frutería en donde se preparan aguas frescas encontraremos en el menú al Chocomil, pero no solo nos ofrecerán el batido de leche con chocolate en polvo, que es la base del Chocomil, sino que podrá ser sabor a fresa, a guayaba, a mamey, a plátano o cualquier otra fruta de temporada pues el Chocomil se ha convertido en la palabra que designa a toda bebida de leche combinada con alguna fruta y el añadido del chocolate en polvo.

   Esto que ahora vemos en la imagen es un Chocomil de Guayaba que pedí en un puesto en el mercado de Teocaltiche la última vez que pasé por ahí y, poniendo atención al chocolate en polvo que se le añadió, éste no era Choco Milk, es decir, el que uno beba un Chocomil, no quiere decir que está hecho con Choco Milk. Antes, cuando la palabra surgió, había Chocomiles de Milo o de Express, que eran las marcas dominantes en el mercado, pero, aplicando ahora sí la mercadotecnia, surgió el personaje de Pancho Pantera que le decía a los niños que si tomaban Choco Milk, entonces se pondrían fuertes, pues el lema era: "Fuerte, audaz y valiente."

   Al consultar la palabra Chocomil en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua nos dice que "La palabra chocomil no está registrada en el Diccionario. Las que se muestran a continuación tienen formas con una escritura cercana...." A pesar de ello la palabra se usa, no dudo que dentro de poco haga su incursión como un americanismo, localismo o mexicanismo pues la palabra Chocomil es de uso continuo y corriente en México.

   La marca fue creada en 1928 en México por los Laboratorios Picot. "Choco Milk y Sal de Uvas Picot, productos de gran tradición en México, desde hace 75 años, propiedad de Mead Johnson, división nutricional de la multinacional Bristol-Myers Squibb, generan ingresos por 147 mdd al año. Sumado a los ingresos del medicamento Pentrexyl, que también cumplió 40 años de existencia y Tempra, en México obtienen ventas por casi 230 mdd. -Ricardo Hernández y Guillermo Meléndez, directivos de la empresa, indicaron que en Choco Milk y Sal de Uvas han trascendido ya a otros mercados. Ambos producto han incursionado al mercado de EU, principalmente al de hispanos. Por cierto, estas empresas regresan a varios de sus emblemas del pasado: Choco Milk, regresa con Pancho Pantera y Sal de Uvas con su cancionero Picot". (Datos publicados por QumiNet el 3 de marzo de 2003.)

martes, 18 de noviembre de 2014

El Pueblo Mágico de Malinalco, visto por El Bable.

   Cada vez la lista de los Pueblos Mágicos crece, tenemos la gran suerte de que en nuestro país, siendo tan grande y tan variado, tiene una abundancia en belleza que nos asalta por cada rincón, en cada esquina. Cuando vemos que una de las poblaciones que hay en los casi 2,500 municipios en que se divide México adquirió ese título, el de "Pueblo Mágico" tenemos la garantía de que el lugar cuenta con una belleza excepcional, belleza que van formando sus pobladores al irlo construyendo en armonía al entorno, tal es el caso de uno de ellos que recién visité, se trata de Malinalco, en el Estado de México, lugar que, a medida de que nos vamos aproximando belleza del paisaje va aumentando, y una vez que llegamos vemos, con gran gusto que, efectivamente, Malinalco es uno de los Pueblos Mágicos que bien le podemos agregar el calificativo de extraordinario. Te invito a recorrerlo a través de estas imágenes:

 















 




 









   Y en Malinalco encontramos uno de los conventos que guarda un verdadero tesoro en cuanto a arquitectura se refiere, las pinturas murales que allí se conservan son extraordinarias, eso lo veremos en otra ocasión. Y del Calmécac que hubo allí, ni que decir...