domingo, 17 de marzo de 2019

Algo sobre la refinería de petróleo que iba a Irapuato pero se vino a Salamanca.

  El 18 de marzo es una fecha que para algunos nos fue machacada hasta el cansancio, bien sabemos que en México se conmemora la Expropiación Petrolera y bien sabemos todo lo que el tema Cárdenas, Pemex, Petróleo, Divisas abarca. En mi caso personal, yo nací en 1955 en Salamanca, Gto., habían pasado ya cinco años de la inauguración de la Refinería de Pemex, esto quiere decir que fue algo "normal" ver y, sobre todo, oler humos negros, grises, blancos y amarillos. En la noche ver el resplandor de la lumbre de los quemadores y un horizonte en el que se levantaban todo tipo de chimeneas, torres y tanques. La escuela en que cursé la primaria Riama, apocope de Refinería Ing. Antonio M. Amor, (nombre oficial de la refinería), y la secundaria en la 18 de Marzo. Con esos pocos ejemplos te digo lo ligado que fueron mis primeros años a la presencia de la Refinería. Lo que ahora me sorprende es saber lo que ocurrió un poco antes.

  La planta fue inaugurada el 31 de agosto de 1950 por el presidente en turno Miguel Alemán y muchas reseñas han habido sobre ese evento, el punto de hoy es algo que hace cosa de 5 años leí en un documento clasificado por "secreto" al que tuve acceso pero que me permitieron leer con la cláusula de "for your eyes only" o sólo para tus ojos y la promesa de no comentarlo, cosa que cumplí cabalmente pero, ahora que encuentro la publicación de don Manuel Sánchez Valle, veo que la información es pública.

  Según veremos para mediados de noviembre de 1944 Irapuato, a 18 kilómetros de Salamanca había sido la población elegida para construir la nueva Refinería, para diciembre se menciona de la localización de los terrenos para instalarla; en marzo 24 de 1945 se hablaba del oleoducto de Poza Rica a Irapuato. Al poco tiempo, en enero de 1946 la refinería se estaba construyendo, no en Irapuato, sino en Salamanca. ¿Cuáles fueron los motivos de cambiar la ubicación? lo desconozco, pero seguramente habrán sido políticos:  






Fuente:

sábado, 9 de marzo de 2019

Antes y ahora: Calle de Capuchinas

Ciudad de México, 1920. Calle de Capuchinas. La única casa que logramos identificar es la del lado derecho, al parecer es la casa del Conde de San Bartolmé Jala. 

Ciudad de México, 2018. La misma calle se llama actualmente Venustiano Carranza, la única casa virreinal que sobrevive es precisamente la del conde de Jala, transformada en restaurante de cadena.


jueves, 7 de marzo de 2019

Alcaicería: otra palabra árabe de profunda trascendencia en el español

   Si eres aficionado a la lectura que hablan de las antiguas nomenclaturas de las calles de la ciudad de México de seguro recordarás que había una llamada La Alcaicería y, de seguro sabes también que la lógica que entonces se aplicaba para denominar una calle era precisamente eso: la lógica. Así pues, es evidente que la calle que se llamaba Mesones era donde se encontraban esos establecimientos y que la denominada Cordobanes era donde se localizaban lo de ese oficio, la del Rastro es más que evidente o la del Coliseo... y si te has preguntado la razón del por qué Alcaicería, que es actualmente La Palma, es debido a que:

 ALCAICERIA. s. f. Sítio y bárrio separado, que se cierra de noche, en que hai diferentes tiendas, en las quales se vende la seda cruda, ò en rama, y no otro género alguno de seda: y aunque en lo antiguo se fabricaban y texían várias telas, el dia de oy no se fabrícan, y unicamente está destinado para la venta de la seda. Consérvanse en las Ciudades de Tolédo y Granáda, y solo habítan en él los que de noche tienen el cuidado de guardar las tiendas. Es voz Arabe formada del artículo Al, y de Caizár, que vale casa de César. Juan Lopez de Velasco, y el P. Alcalá dicen que vale lo mismo que Lonja de Mercadéres. Lat. Locus in quo tabernae sunt, quibus sericum nondum textum reconditur & venditur. MEND. Guerr. de Gran. lib. 2. num. 25. El alcaicería que hasta agóra guarda el nombre Romano de César (à quien los Arabes en su léngua llaman Caizár) como casa de Cesar, y que por encerrarse y marcarse dentro la seda que se vende y compra en todo el Réino, la llaman desta manéra. (1)

Fuente:

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA.
Diccionario de Autoridades - Tomo I (1726)

jueves, 28 de febrero de 2019

Los Centzon Totochtin, creadores del Pulque

 Pulque. Licor fermentado que extraían y extraen los indios del maguey. Parecerá que este artículo es ajeno á la mitología, y sólo del dominio de la tradición ó de la historia; pero si los nahoas ú otra raza contemporánea deificaron á los inventores ó descubridores del pulque, entonces ya tiene afinidad con la mitología. En efecto, el P. Sahagún, hablando de las peregrinaciones de las tribus nahoas, refiriéndose á los anahuac-mixtecas, dice:

 «Estos mismos inventaron el modo de hacer el vino de la tierra: era mujer la que comenzó y supo primero agujerar los magueyes para sacar la miel de que se hace el vino, y llamábase mai uo el (Mayahuel), y el que halló primero las raíces que echan en la miel se llamaba Pantecatl. Los autores del arte de  aber hacer el pulcre así como se hace ahora, se decían Tepuslecatl, Quatlapanquí, Tliloa, Papasiactsocaca, todos los cuales inventaron la manera de hacer el pulcre en el monte llamado Chichinaiihia y porque el dicho vino hace espuma, también llamaron al monte Poposonaltepetl, q. quiere decir monte espumoso. Hecho el vino convida ron los dichos á todos los principales viejos y viejas, en el monte que ya está referido, donde dieron de comer á todos y de beber el vino que ya habían hecho, y á cada uno estando en el banquete, dieron cuatro tazas de vino, y á ninguno cinco porque se emborrachasen, y hubo un cuexleca que era caudillo y señor de los Cuextecas que bebió cinco tazas de él, echó por ahí sus maxtles (se quitó el taparrabo) descubriendo sus vergüenzas, de lo cual los dichos inventores del vino, corridos y afrentándose mucho, se juntaron todos para castigarle, empero como lo supo el cuexteca, de pura vergüenza se fue huyendo de ellos, y los demás que entendían su lenguaje, y fuéronse hácia. Pcinutla de donde ellos habían venido, que al presente se dice Pantlan, y los españoles le dicen Pánuco; y en llegando al puerto no pudieron ir adelante, por lo cual allí poblaron, y son los que al presente Toociome, que quiere decir en mexicano tooampohoan (totohuarnpohuan), nuestros prójimos.» 

 Estos inventores del pulque Mayáhuel, Panlecall, Papaslac, Tliloa, Cnatlapanqui y Tepustecall eran dioses pertenecientes á los Centsontotochtin, «cuatrocientos conejos.» En el CÓDICE NUTTALL están distintamente retratados los cinco primeros. Los mexicanos, según Chimalpain, en su peregrinación, por el año 1200, descubrieron el pulque.

«Cuentan los campesinos—dice Chavero — que hay un animalito, á manera de rata ó tuza, que por instinto natural raspa el tronco del maguey con su trompa, que tiene cierta forma como de cuchara; en el lugar raspado va brotando y depositándose el jugo ó aguamiel de la planta, y vuelve el animalito á beberse el licor. Dicen que los indios aprendieron de ese animal á hacer el pulque. La verdad es que de la misma manera producen el aguamiel, que después extraen absorbiéndola con unos calabazos largos que llaman acocotes y fermentándola en unas tiras de cuero.»

  Aunque verdaderamente pertenece á la historia, pondremos aquí, como complemento del artículo, la leyenda tolteca sobre la invención del pulque: Bajo el reinado de Tecpancaltsin, un noble tolteca llamado Papantsin descubrió y preparó el pulque ó jugo fermentado de maguey, y como un singular presente, lo ofreció al monarca, por mano de su hija Xóchitl, joven pudorosa y agraciada, de la que el rey se enamoró con locura. Por medio de personas de confianza hizo saber su amor á la doncella, logrando su correspondencia y que se le entregara, siendo el fruto de esta unión Meconetsin, «el hijito del maguey.» —Según Veytia, el presente ó regalo hecho por Xóchitl á Tecpancaltsin, no fue un jarro de pulque, como escribe D. Carlos M. Bustamante, adulterando (como lo hace observar D. José Segura) el texto de Sahagún, pues el citado historiador dice: «Llevaba en las manos un azafate y en él algunos regalos comestibles, siendo el principal un jarro de miel de maguey.

Para ver el Códice Nuttall completo, entra aquí.

Fuente:

Robelo, Cecilio. Diccionario de la mitología nahoa. Imprenta del Museo Nacional, México. 1905, pp, 340-431

miércoles, 27 de febrero de 2019

Algo sobre la vida austera en los conventos dieguinos de la Nueva España

   Hace un par de días veíamos aquí algo sobre los conventos de las ordenes de los hospitalarios, los religiosos que ayudaban en algunos de los hospitales de la ciudad de México, tomamos el caso del de San Lázaro, esta vez veremos algo de una rama de los franciscanos, los llamados Dieguinos a los que se les refiere ocasionalmente en España como los Alcantarinos por seguir las reglas o modo que tenía San Pedro de Alcántara.

   Los conventos que tuvo esta provincia religiosa fueron 16 fundados en el siguiente orden cronológico: San Diego de México, 1591; Santa María de los Ángeles de Churubusco, 1591; Santa Bárbara de Puebla, 1591; San Ildefonso de Oaxaca, 1592; San Bernardino de Taxco, 1595; San Francisco de Pachuca, 1596; San Antonio de Padua de Sultepec, 1599; Nuestra Señora de la Guía de Acapulco, 1607; San Antonio de Padua de Querétaro, 1613; Santa María Magdalena de San Martín Texmelucan, 1615; San José de Cuautla, 1640; San Pedro Alcántara de Guanajuato, 1663; Nuestra Señora de la Concepción de Aguascalientes, 1667; San Antonio de Padua de Córdoba, 1686; San José de Tacubaya, 1697 y Nuestra Señora de Guadalupe de Valladolid, 1761.

    La comida para los religiosos era entre doce y una de la tarde. Al parecer el desayuno no se hacía en comunidad, pues no se menciona nada sobre esto en los textos; es probable que cada religioso desayunara en algún momento de la mañana. En el refectorio, antes de comer, los religiosos enumeraban sus culpas o errores, debiendo mencionar cada uno los que hubiera cometido y recibían del guardián su penitencia. Esto era diferente del capítulo de culpas, que se hacía ciertos días después de comer. Su objeto era el fomento de la humildad. La confesión entre hermanos era necesaria, “porque con las reprensiones que por ello se les dieren y la paciencia con que las recibieren anden sus almas siempre limpias y purificadas”. Las disciplinas también se realizaban en comunidad en el refectorio tres días a la semana (lunes, miércoles y viernes) y se suspendían si en estos días había alguna celebración religiosa: Navidad, Epifanía, Resurrección, Pentecostés, Corpus, San Francisco y Asunción de la Virgen. Con las disciplinas se “mortificaba” el cuerpo, castigándolo físicamente con el uso de objetos punzantes como púas y cilicios.

   A la hora de comer los frailes se acomodaban en el lugar que les correspondía, el cual se debía respetar rigurosamente. De pie se rezaba una oración de gracias. A continuación se descubrían los alimentos servidos previamente y cubiertos con la mitad de una servilleta; la otra mitad estaba colocada debajo del plato, a manera de mantel individual. No se usaba mantel propiamente dicho porque era considerado un lujo. La vianda consistía comúnmente en pan, fruta o verdura, una sopa o caldo y guiso de carne o pescado. Los cubiertos empleados eran cuchara y cuchillo y se utilizaba un jarro para tomar agua, pues el vino les estaba prohibido. El comportamiento en la mesa era solemne pues se debía guardar silencio y pedir las cosas con señas. El superior hacía una indicación para terminar de comer, se daban nuevamente gracias y se designaban cuatro ayudantes para recoger la mesa, lo cual debía hacerse con orden y limpieza. Se recomendaba a los religiosos siempre dejar sobrantes para los pobres. Dichas sobras se recogían minuciosamente: “[…] puesto un plato debajo […] e ir echando en él lo que hubiere quedado de caldo y coles con una corteza de pan y limpiando muy bien con ella cada plato y escudilla”. En un recipiente se entregaba todo ello al cocinero, o refitolero, para que lo calentara y se diera más tarde en la portería a los pobres. Los días que se tenía ayuno forzoso eran las principales fi estas de la virgen María y los sábados, el día de San Francisco y la Cuaresma.

  Después de comer, algunos religiosos ayudaban a lavar la loza, rezando salmos u oraciones. Si después de ello no tenían otra ocupación se retiraban a sus celdas, donde las constituciones recomendaban mantenerse en oración, pero si no se encontraba disposición para ello se aconsejaba hacer algún otro ejercicio “virtuoso” como leer, estudiar, coser y remendar, si de ello se tuviere necesidad. Se podía hacer cualquier otra labor manual conforme a la “gracia que el Señor le daba a cada uno”, y se anunciaba la oración de nona poco antes de las tres de la tarde. Posteriormente, si se era novicio, se atendía la “lección” del oficio divino para el día siguiente, es decir, se revisaba la celebración que se conmemoraría al otro día para rezarla sin el menor error. El maestro de novicios examinaba a los jóvenes sobre la regla, el breviario y la instrucción y doctrina de novicios para evaluar su aprovechamiento. Después se barría el convento, si era día de hacerlo, u otro trabajo manual como limpiar algún camino o labor en la huerta. Para estas actividades los frailes se debían levantar un poco el hábito no más allá del tobillo, pues más era considerado deshonesto. También se enrollaban un poco las mangas para: “tomar la azada o herramienta que sea menester o la escoba”.

   Así transcurría el tiempo hasta el rezo de vísperas a las cinco de la tarde y el “oficio menor” de la virgen María. Después de esto, regresaban los religiosos a sus celdas. Si no tenían otra cosa que hacer, permanecían ahí en oración hasta llegada la cena, que era entre seis y siete de la tarde. La hora de completas se rezaba a las ocho de la noche, con su cuarto de oración. Después de ello, se tocaba la campana para recogerse en la celda y se guardaba silencio hasta la hora de prima del día siguiente. El silencio era recomendado en todo momento, pero principalmente en la iglesia, coro, sacristía, claustro, celda, refectorio y “lugar secreto” o baños. Este silencio fue mandado por la santa sede para todas las órdenes religiosas y era conocido como silencio papal. Si era necesario se podía hablar pero en voz baja y con autorización del prelado. Una vez en la celda cada religioso oraba de rodillas y hacía un examen de conciencia. Se dormía con el hábito puesto y los brazos recogidos en forma de cruz sobre el pecho. En esta posición se decía un padrenuestro y se debía imaginar que se estaba en la sepultura. El fraile debía estar en oración para que así lo dominara el sueño. En este periodo se recomendaba moverse lo menos posible, pues ponerse boca abajo era cosa “poco honesta” y daba pie a sueños “no buenos” o roncar “feamente” y molestar así a los de las celdas contiguas. Antes de salir de los dormitorios se debía extender la frazada de la cama y abrir la ventana para que se ventilara el lugar.

Fuente:

Daniel Salvador Vázquez Conde.  Un acercamiento a la vida cotidiana de los dieguinos o franciscanos descalzos novohispanos. Legajos No. 4. AGN México, Abril – junio 2010  pp. 50-53

martes, 26 de febrero de 2019

De la tradición de celebrar al Popocatépetl: Don Goyo.

 Popocatepetl. (Popoca, que humea; tepetl, monte: «Monte que humea.») El gran volcán de Puebla. Era reverenciado como dios. Su fiesta era celebrada en el mes Teotleco ó Pachtontli. Hacían unos cerritos de masa de bledos, y cada uno en su casa los ponía, colocando en medio uno más grande, que era el Popocatepetl. A estos cerritos les hacían caras con ojos y les ponían diversos adornos; hacían también arbolitos de los cuales colgaban heno y los ponían en todas las cercas.

 Arrojaban después maíz á los cuatro vientos, de cuatro colores, negro, blanco, amarillo y entreverado. Al fin de la fiesta organizaban una solemne danza, en que todos iban vestidos con traje talar blanco y en él pintados corazones y manos abiertas, significando que pedían buena cosecha porque ya era el tiempo; y así andaban con bateas de palo y jícaras grandes, como pidiendo limosna á sus dioses. Llevaban en la danza dos esclavas jóvenes, hermanas, las cuales tenían pintadas en la falda unas tripas retorcidas, significando la una el hambre, y la otra la hartura, y á ambas las sacrificaban. A las imágenes de los montes— dice Durán que dos días les servían comida en trastecitos, como á niños, y, al fin de la fiesta, con un tsotsopastli (instrumento para tejer), como si fuera el cuchillo del sacrificio, los herían introduciéndolo en la masa, y les sacaban el corazón y lo entregaban al amo de la casa; despedazaban en seguida los cerros, y se los comían con gran reverencia como si fuera la carne de los dioses. La concurrencia se entregaba á comer y á beber á honra dé las deidades muertas, llamadas tepeme, «montes.»

  Mientras esto pasaba en las casas, los sacerdotes buscaban en los montes las ramas más irregulares en curvas, que llamaban coatsin, «culebrita,» las llevaban á los templos, las revestían con masa de bledos, les ponían ojos y boca, y hacían las mismas ceremonias que con los cerros; al sacrificarlas como lo habían hecho con éstos, daban á comer la masa á los cojos, á los tullidos, á los mancos y contrahechos, quienes quedaban con la obligación de proporcionar el tsoalli, masa de bledos, en el siguiente año. Después de todo esto, dice Torquemada que inmolaban cuatro mujeres que tomaban el nombre de Tepechoch, Matlalcuae, Xochitecatl y Mayáhnel, y un hombre, Minahuall. Se cree que estos nombres son los de las divinidades de las montañas. Sahagún dice que la Mayahuel era imagen de los maguelles y que Milnahnatl era la imagen de las culebras.

   Sahagún, al describir las fiestas del mes Tepeilhuitl en honor de los montes, no hace mención especial del Popocatepetl. Sólo al hablar de las alturas y bajuras dice: «Hay «uno (monte) muy alto que humea, «que se llama Popocatepetl, que «quiere decir monte que humea, es «monstruoso y digno de ver, y yo «estuve encima de él.»

Fuente:

Robelo, Cecilio. Diccionario de la mitología nahoa. Imprenta del Museo Nacional, México. 1905, pp, 334-335

lunes, 25 de febrero de 2019

El templo del Hospital de San Lázaro en el total abandono, Ciudad de México.

  En el México del siglo XVI, es decir, cuando se llamaba Nueva España, uno de los primeros enormes problemas que se vivieron fue la transmisión de enfermedades. Todas ellas eran desconocidas, la viruela, el sarampión, por mencionar algunas, eran conocidas y temidas en Europa, acá fueron detonante para una considerable baja en el número de población que algunos autores establecen llegó al 90% la mortandad, esto es peor que una de las tantas pestes que en la Edad Media afectó a Europa. 

   A esos eventos aunamos los que trajeron los contactos sexuales, que desataron otra suerte de epidemias y su consecuente mortandad, de ahí que la proliferación de hospitales ocurriera luego de pocos años de presencia europea, el primer hospital fundado fue el que Cortés mando levantar, el de la Purísima Concepción y Jesús Nazareno en 1524, hospital que sigue funcionando hasta nuestros días en la ciudad de México. El segundo hospital que Cortés creó fue el que se conoció como San Lázaro dedicado a quienes padecían la lepra.

   Pero no solo la lepra hizo presencia en la Nueva España, también lo hizo el mal gálico, que es la sífilis; el fuego sacro o fuego de San Antón, que es el Ergotismo. Agreguemos a ello la demencia que siempre ha tenido presencia en la raza humana. Para esta enfermedad se establecieron hospitales que podemos decir tenía una cierta "especialidad" al atender a cada una de las enfermedades y es así como hacen aparición por estos rumbos las Ordenes Hospitalarias:

   Las órdenes hospitalarias deben generalmente su origen a alguna necesidad apremiante e imprevista, a algún azote destructor que no se puede combatir con los medios ordinarios como el fuego de San Antón, la peste negra, etc y al hospedaje y protección de peregrinos a Tierra Santa, por ejemplo, lo cual las diferenciaba de las órdenes militares cristianas, que tenían un objetivo espiritual centrado en la cruzada contra los infieles y la conquista (reconquista en España) y cristianización de paganos e infieles. Las órdenes hospitalarias comprendían dos clases: las dedicadas exclusivamente a la hospitalidad (hospedaje y sanación de enfermos: curar cuerpos curando almas, con el trasfondo medieval cristiano de la dualidad enfermedad-pecado) y las que a la vez eran hospitalarias y de protección militar a peregrinos (ayuda y socorro al viajero que se desplaza por motivos religiosos por territorios agrestes o peligrosos). (Wikipedia).

  De los hospitalarios que llegan a México están: la de San Juan de Dios, los Antonianos o Antoninos o de San Antonio; los Hipólitos; los Betlemitas, muchos de los hospitales que se establecieron tanto en la ciudad de México como en otras poblaciones, estaban atendidos por estos hermanos hospitalarios y uno de lo vestigios que en lamentables condiciones está escondido entre edificaciones modernas y a punto de caer es el templo de San Lázaro, cuyo hospital estaba anexo y del cual no queda nada.
 
  Para leer sobre la construcción y desarrollo del Hospital de San Lázaro, entra aquí. Para leer acerca de los hospitales que hubo en la Ciudad de México, entra aquí. Un interesante artículo de El Universal sobre las condiciones que el templo de San Lázaro tiene en nuestros días está aquí

   El filántropo y doctor Pedro López, estableció este hospital en 1572 para "los enfermos del mal de San Lázaro" y fue sostenido por su fundador hasta 1596 y en los años siguientes por sus descendientes. En 1721 pasó a los religiosos de San Juan de Dios conocidos como "Juaninos" quienes lo abandonaron al desaparecer la orden en 1821. El Ayuntamiento se hizo cargo del hospital hasta 1862 en que los pacientes pasaron al de San Pablo, el cual se conoció posteriormente como el Hospital Juárez.


   La iglesia fue dedicada el 8 de mayo de 1728, a la Virgen de la Inmaculada Concepción o llamada "Virgen de La Bala", patrona de los matrimonios, de las mujeres embarazadas y parturientas, así como protectora de quienes tienen profesiones peligrosas o corren el riesgo de ser alcanzados por algún disparo. Tomó su sobrenombre debido a la leyenda de que la imagen protegió a una mujer que iba a ser asesinada por su esposo enfermo de celos, incrustándose la bala en la peana de la figura con la cual se había escudado la mujer, incluso se dice que aún se encuentra esa bala dentro de la imagen de la Virgen. 

   La construcción de la iglesia fue costeada por el bachiller Don Buenaventura Medina Picazo, contó con pinturas de Nicolás Rodríguez Juárez en el camerín y también con un espléndido órgano. En 1800 se suprimieron el crucero, el cimbrorio y el camerín. Al decaer la edificación fue fraccionada y vendida hacia 1890. La iglesia perdió la torre y el edificio del hospital desapareció como consecuencia del terremoto del 7 de abril de 1845. (Tomado de SIL, Sistema de Información Legislativa.)

  Y, efectivamente, como lo vemos en las imágenes, el templo está a punto de colapsar...