lunes, 8 de octubre de 2018

La estación de Empalme Escobedo, Guanajuato.

  Hace algún tiempo publiqué sobre el pueblo de Empalme Escobedo, el lugar lo conocía "de entrada por salida", cuando volví puse más atención a lo que veía, (lo puedes ver aquí), ahora que regreso, me interesa ver la estación y lo que ocurre en su rededor pero será necesario recapitular sobre algunos acontecimientos... lamentables, diré, como lo que sigue:

  En marzo de 1995 se modificó la Constitución Mexicana a fin de crear el marco legal para la privatización del sistema ferroviario mexicano, que tradicionalmente había sido operado por Ferrocarriles Nacionales de México (FNM). Para facilitar la privatización del sistema ferroviario, el Gobierno de México lo dividió en tres troncales regionales: (1) el Ferrocarril del Noreste, (2) el Ferrocarril del Pacífico Norte, y (3) el Ferrocarril del Sureste y la Terminal Ferroviaria del Valle de México, así como varios ferrocarriles con vías de corta longitud.

  El 2 de noviembre de 1996, TFM, actualmente KCSM, fue constituida por el Gobierno de México denominada como Ferrocarril del Noreste, S.A. de C.V., a fin de operar el Ferrocarril del Noreste. TFM era una sociedad anónima de capital variable constituida bajo las leyes mexicanas por un plazo de 99 años. El 2 de diciembre de 1996, el Gobierno de México otorgó a TFM una concesión por 50 años –renovable bajo ciertas condiciones a 50 años más– para proporcionar servicios de transporte de carga a lo largo del Ferrocarril del Noreste, y convino en transferir a TFM equipos ferroviarios y otros activos relacionados, así como el 25.0% del capital accionario de la Terminal Ferroviaria del Valle de México.

  TFM inició operaciones el 26 de junio de 1997 como empresa privada. El título de concesión se otorgó originalmente a un grupo conformado por Transportación Marítima Mexicana (TMM), empresa naviera y multimodal, en conjunto con el ferrocarril estadounidense Kansas City Southern Lines (KCSR). Luego de una serie de litigios con su socio mexicano TMM que se prolongaron durante casi 2 años, el 1º de abril de 2005 el socio KCSR adquirió la totalidad de las acciones de TFM, cambiando su razón social algunos meses después a Kansas City Southern de México, SA de CV, que es como se denomina actualmente. (Wikipedia.)

  Luego de esa información, veamos cómo fue el inicio de este sitio: "Por estar llamado á un gran porvenir el Ferrocarril Nacional de México, creemos oportuno narrar su historia desde su fundación, con los siguientes datos: La concesión original de este Ferrocarril, fue otorgada por el Supremo Gobierno de la República, á la Compañía: Palmer & Sullivan, el 13 de Septiembre de 1880, siendo entonces Presidente el G Gral. Porfirio Díaz.

  La Compañía constructora Nacional Mexicana, adquirió el 15 de Mayo del año de 1881, todos los derechos representados por esta concesión, que consistían en el privilegio para construir un Ferrocarril de vía angosta de México á Manzanillo, en la costa del Pacífico, pasando por Toluca, Maravatío, Acámbaro, Morelia, Zamora, La Piedad y de un punto de esta misma línea, el cual debía estar situado entre Maravatío y Morelia hasta Laredo, en la frontera Norte del país, pasando por San Luis Potosí, Saltillo y Monterrey. (Para seguir leyendo, entra aquí.)


















domingo, 7 de octubre de 2018

Antes y ahora: Bucareli esquina Ayuntamiento CDMX

 CDMX, 1900. Para entonces la Avenida Bucareli había dejado de ser el límite poniente de la ciudad de México, poco a poco se iría poblando de magníficas construcciones con el afrancesamiento propio de la época. "La avenida Bucareli, conocida anteriormente como paseo de Bucareli y paseo Nuevo, es una avenida que fue inaugurada en la Ciudad de México a fines del siglo XVIII, exactamente hacia el año de 1778, por órdenes del entonces virrey de la Nueva España Antonio María de Bucareli y Ursúa, de acuerdo a un plan de modernización ordenado por él mismo para añadir infraestructura urbana a la entonces capital del virreinato, entre cuyo plan destacaba la creación de una avenida dotada de arboledas y fuentes para la recreación de los habitantes de la ciudad" (Wikipedia).

CDMX, 2018. El fenómeno (o consecuencia) social que a la par del inicio del siglo XXI vivimos, especialmente en las grandes ciudades o en las ciudades cien por ciento turísticas, de la gentrificación se manifiesta con claridad en el inmueble de la esquina de Bucareli con Ayuntamiento, el cual, por suerte fue rescatado y, sin alteraciones en su diseño original (al menos en la fachada) fue revivido. Un loft se rentó ahí, según lo vi en un anuncio inmobiliario.

Creo en esta ocasión podemos parafrasear lo que el monumento al Pípia, símbolo de la ciudad de Guanajuato, que dice "Quedan muchas alhóndigas por incendiar"... en este caso: "quedan muchos edificios por recuperar".

sábado, 6 de octubre de 2018

La Hacienda de San Elías, Celaya, Guanajuato.

   En Celaya estuvieron asentadas varias congregaciones religiosas: Franciscanos, Jesuitas, Agustinos, Mercedarios y Carmelitas, estos últimos eran propietarios de varias fincas rústicas, es decir, de haciendas, una de ellas es la que ahora visitamos: la Hacienda de San Elías. Para conocer un poco de su historia nos apoyamos en lo escrito por mi estimado Rafael Soldara:

   Se localiza al norte de la ciudad de Celaya. Puede llegarse por medio de camino de terracería que se comunica con la concepción y la carretera Celaya-San Miguel de Allende. La hacienda de San Elías fue propiedad de los Carmelitas descalzos residentes en el convento de Celaya durante el periodo virreinal. 

  Entre las memorias que han llegado hasta nosotros gracias al cuidadoso registro de los primeros religiosos, citamos un testimonio que nos permite conocer como al interior de las haciendas llegaba a ser permitido el respeto a las antiguas tradiciones de los indios, propiciando la participación incluso de otros grupos no originarios de la región sino de puntos distantes, quienes motivados por las respectivas festividades religiosas de carácter patronal, acudían y participaban de ellas: ocurrido el 10 de febrero de 1770 a las tres y media de la tarde en la hacienda de San Elías, se había dispuesto un palo alto de unas cinco varas, con cinco vigas y dos morrillos para que volasen los indios.

 Pero un fuerte viento derribó la estructura, derrumbando hasta el piso a los indios danzantes que participaban en el acto. Debido a la impactante tragedia que cobró todas sus vidas, fue prohibida la ejecución de semejantes danzas o bailes entre los naturales. 

  Hacia 1876 la hacienda de San Elías fue propiedad del Sr. Nicolás Saavedra.   En 1884 se vendió una fracción, séptima, de la hacienda de San Elías por Luz Rivas y coherederos, ella, viuda de José Saavedra la otorgó en favor de Catarino Barrera. Poco tiempo después en 1877, fue vendida la hacienda de San Elías por Catarino Barrera y su esposa Teresa Tovar a José de Uriarte y Santiago Villanueva. Hacia 1898 la finca de San Elías y anexas eran de la señora Catalina Vázquez Prada de Zarandona, esposa del Sr. Domingo Zarandona. En 1912 se ha detectado que la propiedad estaba a nombre de L. Zarandona.

 Sus linderos eran: “por el oriente con propiedad de Manuel Sánchez, por el norte con la hacienda de Vallejo, por el poniente con propiedad de Félix Jiménez y de Filomeno Orozco; y por el sur, con el rancho de la Providencia, cuya finca la adquirió Barrera por compras parciales en esta forma: la fracción III a Secundino Saavedra en escritura fecha 4 de agosto de 1883; una parte de la fracción VII a Mariana Saavedra de Mercado en escritura fecha 28 de junio de 1884, y las fracciones IV y V a Toribio Saavedra, con fecha 16 de mayo del año próximo pasado. El precio fue de 23,000 pesos que el comprador pagará en esta forma a Alfredo Betancourt: 6,150 pesos; 560 pesos a modesto Patiño: 6,347, a francisco Llamosa: 5,145 pesos al Banco Nacional; 4,500 pesos, a Santiago Villanueva y el resto de 298 pesos los recibió el vendedor en dinero efectivo: la finca no soporta gravamen, y está al corriente con el pago de contribuciones, habiendo satisfecho la alcabala…”













Fuente:

Soldara Luna, Rafael. Haciendas de Celaya. Cocoeba. Celaya, 2010. pp. 71-72

viernes, 5 de octubre de 2018

La cocina de una hacienda mexicana del siglo XVIII

  El actual rancho de San Elías, en su momento, como buena cantidad de ranchos en el Bajío, es derivación de una hacienda. Por suerte la que fuera su casa grande y un buen terreno en rededor fue respetado y donado (supongo) a la Iglesia, ahí se mantiene en excelente estado de conservación, gracias al buen mantenimiento que le han dado, la capilla original de la hacienda, dedicada, claro está a San Elías, uno de los principales santos de la orden Carmelita. Lo que vemos en la toma es el patio central de la mencionada casa. Nótese que se conserva el piso original.

  Algunas puertas están cegadas, dado que las habitaciones a las que conducían pasaron a propiedad del ejido. Eso es algo que no logro entender, dado que en aquella ley de expropiación de fincas rústicas (entiéndase Haciendas) que Lázaro Cárdenas promulgó, se estableció que se respetarían varios metros en rededor de la casa grande que se mantendría como propiedad del dueño original; en la realidad no sucedió así, hay fincas que están totalmente rodeadas de casas, incluso las paredes de la propia finca sirven como pared de la casa construida por algún ejidatario y ahora, luego de dos o tres generaciones son más y más casas oprimiendo lo que fuera la casa principal, la casa del hacendado.

  Una vez obtenido el debido permiso para explorar lo que queda en pie en San Elías, comienzo a vagar por el patio y sus pasillos, tratando de imaginar cómo fue el sitio cuando era productivo, es así que topo con esta habitación, la primera forma que aparece, a la derecha, me intriga... luego entiendo que se trataba de una suerte de reposador de cazuelas, ollas y demás enseres propios de la cocina pues...

  En la habitación contigua, se localiza precisamente esa cocina que en sus tiempos debió haber sido un sitio muy concurrido. Es una lástima que la hayan abandonado y la usen como cuarto de trebejos, los murciélagos y las palomas se han apoderado del lugar... el olor a guano es intenso pero no me impide el recorrerla en medida de mis posibilidades ambulatorias y extremando precauciones para no resbalar...

  Había dos alacenas..

  En uno de los rincones hay otro elemento escalonado... la pintura roja, es la original.

  Al centro están los fogones, cuatro de ellos... imagina, por ejemplo, un gran cazo de barro en plena cocción de un buen mole... los olores que llegaron a inundar esa cocina fueron, sin lugar a dudas magníficos...

  Y la puerta de acceso a la cocina, de color verde...

  Puertas verdes o azules, eran prácticamente ley...

  Vemos tres tarjas, junto a la ventana...

  Esta del rincón, por ser más profunda fue, seguramente, donde se lavaban los trastos.

  No recuerdo como se llama este tipo de trabajo en las ventanas, como de concha...

  Vemos con claridad otra de las tarjas...

  Este fogón era de dos hornillas y tenía y par de reposos para los trastos hirvientes.

  Hay también un tragaluz.

  Aquí te podrás dar una idea de la cantidad de guano que hay... y a lo que huele...



  Una auténtica maravilla que si se rescatara se volvería una clara muestra de lo que fueron las cocinas de las haciendas del Bajío.