lunes, 18 de febrero de 2019

El relato de Bernal Díaz sobre el descubrimiento de Yucatán

  Hace poco había hecho un recuento del V Centenario que pasó desapercibido a nivel nacional, de lo ocurrido por Cozumel, Isla Mujeres, Cabo Catoche, cuando fue visto por primera vez por ojos europeos, esto en ocasión de ese V Centenario, el de 1517, lo puedes ver aquí. También sobre el V Centenario de 2018 (en Cozumel 1518), y es en esta relatoria que hace Bernal Díaz del Castillo en el segundo capítulo de su Historia verdadera, que hace referencia a 1517, veamos:

   En ocho días del mes de Febrero del año de mil y quinientos y diez y siete años salimos de la Habana, y nos hicimos á la vela en el puerto de Jaruco, que ansí se llama entre los Indios, y es la banda del Norte, y en doce días doblamos la de San Antón, que por otro nombre en la isla de Cuba se llama la tierra de los Guanataveis, que son unos Indios como salvajes. Y doblada aquella punta, y puestos en alta mar, navegamos á nuestra ventura hacia donde se pone el Sol, sin saber bajos, ni corrientes, ni qué vientos suelen señorear en aquella altura, con grandes riesgos de nuestras personas; porque en aquel instante nos vino una tormenta que duro dos días con sus noches, y fue tal que estuvimos para nos perder: y desque aboninzó, yendo por otra navegación, pasados veinte y un días que salimos de la isla de Cuba, vimos tierra de que nos alegramos mucho, y dimos muchas gracias á Dios por ello; la cual tierra jamás se había descubierto, ni había noticia de ella hasta entonces, y desde los navíos vimos un gran pueblo, que al parecer estaría de la costa obra de dos leguas; y viendo que era gran población, y no habíamos visto en la isla de Cuba pueblo tan grande, le pusimos por nombre el Gran Cairo. Y acordamos que con él un navío de menos porté se acercasen lo que más pudiesen á la costa á ver qué tierra era, y a ver si había fondo para que pudiésemos anclar junto á la costa: y una mañana, que fueron cuatro de Marzo, vimos venir cinco canoas grandes llenas de Indios naturales de aquella población, y venían á remo y vela. Son canoas hechas á manera de artesas, y son grandes de maderos gruesos, y cavadas por de dentro, y está hueco, y todas son de un madero macizo, y hay muchas dellas en que caben en pie cuarenta y cincuenta Indios. Quiero volver á mi materia.


   Llegados los Indios con las cinco canoas cerca de nuestros navíos con señas de paz que les hicimos y llamándoles con las manos, y capeándoles con las capas para que nos viniesen á hablar, porque no teníamos en aquel tiempo lenguas que entendiesen la de Yucatán, y Mexicana; sin temor ninguno vinieron, y entraron en la Nao Capitana sobre treinta dellos; á los cuales dimos de comer cazabe, y tocino, y á cada uno un sartalejo de cuentas verdes, y estuvieron mirando un buen rato los navíos; y el más principal dellos, que era Cacique, dijo por señas que se quería tornar á embarcar en sus canoas, y volver á su pueblo, y que otro día volverían, y traerían más canoas en que saltásemos en tierra: y venían estos Indios vestidos con unas chaquetas de algodón, y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, que entre ellos llaman maltates, y tuvímoslos por hombres más de razón que á los Indios de Cuba; porque andaban los de Cuba con sus vergüenzas de fuera, excepto las mujeres que traían hasta que les llegaban á los muslos unas ropas de algodón, que llaman naguas. 

   Volvamos á nuestro cuento, que otro día por la mañana volvió el mismo Cacique a los navíos, y truxo doce canoas grandes con muchos Indios remeros, y dixo por señas al Capitán, con muestras de paz, que fuésemos á su pueblo, y que nos darían comida, y lo que hubiésemos menester; y que en aquellas doce canoas podíamos saltar en tierra. Y cuando lo estaba diciendo en su lengua, acuérdome que decía con escotoch, con escotoch, y quiere decir, andad acá á mis casas; y por esta causa pusimos desde entonces por nombre á aquella tierra Punta de Cotoche, y así está en las cartas del marear. Pues viendo nuestro Capitán, y todos los demás soldados, los muchos halagos que nos hacia el Cacique para que fuésemos á su pueblo, tomó consejo con nosotros, y fue acordado que sacásemos nuestros bateles de los navíos, y en el navío de los más pequeños, y en las doce canoas saliésemos á tierra todos juntos de una vez; porque vimos la costa llena de Indios que habían venido de aquella población: y salimos todos en la primera barcada. Y cuando el Cacique nos vido en tierra, y que no íbamos á su pueblo, dixo otra vez al Capitán por señas, que fuésemos con él á sus casas, y tantas muestras de paz hacía, que tomando el Capitán nuestro parecer, para sí iríamos, o no; acordóse por todos los mas soldados, que con el mejor recaudo de armas que pudiésemos llevar, y con buen concierto fuésemos. 

   Llevamos quince ballestas, y diez escopetas (que así se llamaban escopetas y espingardas en aquel tiempo) y comenzamos á caminar por un camino por donde el Cacique iba por guía con otros muchos Indios que le acompañaban. E yendo de la manera que he dicho, cerca de unos montes breñosos, comenzó á dar voces, y apellidar el Cacique para que saliesen á nosotros escuadrones de gente de guerra que tenían en celada para nos matar: y á las voces que dio el Cacique, los escuadrones vinieron con gran furia, y comenzaron á nos flechar de arte, que á la primera rociada de flechas nos hirieron quince soldados, y traían armas de algodón, y lanzas, y rodelas, arcos, y flechas, y hondas, y mucha piedra, y sus penachos puestos, y luego tras las flechas vinieron á se juntar con nosotros pie con pie, y con las lanzas á manteniente nos hacían mucho mal. Mas luego les hicimos huir como conocieron el buen cortar de nuestras espadas, y de las ballestas, y escopetas, el daño que les hacían, por manera que quedaron muertos quince dellos. Un poco más adelante donde nos dieron aquella refriega, que dicho tengo, estaba una placeta, y tres casas de cal y canto, que eran adoratorios donde tenían muchos ídolos de barro, unos como caras de demonios, y otros como de mujeres, altos de cuerpos, y otros de otras malas figuras, de manera, que al parecer estaban haciendo sodomías unos bultos de Indios con otros; y dentro en las casas tenían unas arquillas hechizas de madera, y en ellas otros ídolos de gestos diabólicos, y unas patenillas de medio oro, y unos pinjantes, y tres diademas, y otras piecezuelas á manera de pescados, y otras á manera de anades de oro bajo. Y después que lo hubimos visto, así el oro, como las casas de cal y canto, estábamos muy contentos porque habíamos descubierto tal tierra; porque en aquel tiempo no era descubierto el Perú, ni aun se descubrió dende ahí á diez y seis años. En aquel instante que estábamos batallando con los Indios, como dicho tengo, el Clérigo González iba con nosotros, y con dos Indios de Cuba se cargó de las arquillas, y el oro, y los ídolos, y lo llevó al navío: y en aquella escaramuza prendimos dos Indios, que después se bautizaron, y volvieron Cristianos, y se llamó el uno Melchor, y el otro Julián, y entrambos eran trastravados de los ojos. Y acabado aquel rebato acordamos de nos volver á embarcar, y seguir las costas adelante descubriendo hacia donde se pone el sol. Y después de curados los heridos, comenzamos á dar velas.


La fuente es, evidentemente el libro de Bernal Díaz, si te interesa leerlo completo, lo puedes hacer en este enlace.

domingo, 17 de febrero de 2019

Los antecedentes de la llegada de Cortés a México, relato de Bernal Díaz del Castillo.

  En 1992 vivimos un V Centenario espectacular, lo digo por mi propia experiencia ya que desde un año antes me hice la idea (y comencé la alcancía) de visitar Sevilla y su Exposición Universal, la experiencia fue una de las mejores de mi vida. Vendría luego el 31 de diciembre de 1999 y su magno evento de cambio de siglo y de milenio, cosa que no disfruté cabalmente por complicaciones laborales. Para 2010 pensé vivir un extraordinario festejo del Bicentenario y no fue así pues la conmemoración no fue de la dimensión que esperaba, como quiera dejé mi contribución con el blog Cabezas de Águila y recorrí la Ruta de Hidalgo hasta donde me fue posible.

Ahora, febrero de 2019 estamos por recordar el V Centenario de la llegada de los europeos a México (que entonces no tenía ese nombre). Sé que habrá mucha gente en contra de la conmemoración por seguir en el absurdo de que fue una invasión pero, si tu sí conoces la historia como fue (y la entiendes) el que se conmemore el evento nada nos quita en nuestro nacionalismo, por el contrario, nos hace entender la razón de cada uno de los eventos.

Creo hay dos obras (libros) fundamentales para recrear los eventos, la más importante, sin lugar a dudas, es la colosal Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, la otra las Cartas de Relación de Hernán Cortés. De la primera, la de Bernal, comparto el primer capítulo para irnos adecuando y sincronizando con eso que es el V Centenario que tenemos ya a la puerta:

   En el año de mil y quinientos y catorce salí de Castilla en compañía del Gobernador Pedro Arias de Ávila, que en aquella sazón le dieron la Gobernación de Tierra Firme: y viniendo por la mar con buen tiempo, y otras veces con contrario, llegamos al Nombre de Dios: y en aquel tiempo hubo pestilencia, de que se nos murieron muchos soldados; y demás de esto todos los mas adolecimos, y se nos hacían unas malas llagas en las piernas: y también en aquel tiempo tuvo diferencias el mismo Gobernador con un hidalgo que en aquella sazón estaba por Capitán, y había conquistado aquella Provincia, que se decía Vasco Núñez de Balboa, hombre rico, con quien Pedro Arias de Ávila casó en aquel tiempo una su hija doncella con el mismo Balboa: y después que la hubo desposado, según pareció, y sobre sospechas que tuvo que el yerno se le quería alzar con copia de soldados por la mar del Sur, por sentencia le mandó degollar. Y desque vimos lo que dicho tengo, y otras revueltas entre Capitanes y soldados, y alcanzamos á saber que era nuevamente ganada la isla de Cuba, y que estaba en ella por Gobernador un hidalgo, que se decía Diego Velázquez, natural de Cuellar; acordamos ciertos hidalgos, y soldados, personas de calidad de los que habíamos venido con el Pedro Arias de Ávila, de demandarle licencia para nos ir á la isla de Cuba, y él nos la dio de buena voluntad; porque no tenía necesidad de tantos soldados como los que truxo de Castilla para hacer guerra, porque no había que conquistar, que todo estaba de paz; porque el Vasco Núñez de Balboa yerno del Pedro Arias de Ávila había conquistado, y la tierra de suyo es muy corta, y de poca gente.

   Y desque tuvimos la licencia, nos embarcamos en buen navío; y con buen tiempo llegamos á la isla de Cuba, y fuimos á besar las manos al Gobernador della, y nos mostró mucho amor, y prometió que nos daría Indios de los primeros que vacasen: y como se habían pasado ya tres años, ansí en lo que estuvimos en Tierra Firme, como lo que estuvimos en la isla de Cuba aguardando á que nos depositase algunos Indios como nos había prometido, y no habíamos hecho cosa ninguna que de contar sea, acordamos de nos juntar ciento y diez compañeros de los que habíamos venido de Tierra Firme, y de otros que en la Isla de Cuba no tenían Indios: y concertamos con un hidalgo, que se decía Francisco Hernández de Córdoba, que era hombre rico, y tenía pueblos de Indios en aquella isla, para que fuese nuestro Capitán, y á nuestra ventura buscar y descubrir tierras nuevas, para en ellas emplear nuestras personas; y compramos tres navíos, los dos de buen porte, y el otro era un barco que hubimos del mismo Gobernador Diego Velázquez, fiado, con condición, que primero que nos le diese nos habíamos de obligar todos los soldados que con aquellos tres navíos habíamos de ir á unas isletas que están entre la isla de Cuba, y Honduras, que ahora se llaman las islas de los Guanajes, y que habíamos de ir de guerra, y cargar los navíos de Indios de aquellas islas para pagar con ellos el barco, para servirse dellos por esclavos. Y desque vimos los soldados que aquello que pedía el Diego Velázquez no era justo, le respondimos, que lo que decía no lo mandaba Dios, ni el Rey; que hiciésemos á los libres esclavos. Y desque vio nuestro intento, dixo, que era bueno el propósito que llevábamos en querer descubrir tierras nuevas., mejor que no el suyo: y entonces nos ayudó con cosas de bastimento; para nuestro viaje

   Y desque nos vimos con tres navíos, y matalotaje de pan cazabe, que se hace de unas raíces que llaman yucas, y compramos puercos, que nos costaban en aquel tiempo á tres pesos, porque en aquella sazón no había en la isla de Cuba vacas, ni carneros, y con otros pobres mantenimientos, y con rescate de unas cuentas, que entre todos los soldados compramos, y buscamos tres pilotos, que el mas principal dellos, y el que regía nuestra armada se llamaba Antón de Alaminos, natural de Palos, y el otro piloto se decía Camacho de Triana, y el otro Juan Alvarez el Manquillo de Huelva; y asimismo recogimos los marineros que hubimos menester, y el mejor aparejo que pudimos de cables, y maromas, y anclas, y pipas de agua, y todas otras cosas convenientes para seguir nuestro viaje, y todo esto á nuestra costa y minsión. Y después que nos hubimos juntado los soldados, que fueron ciento y diez, nos fuimos á un puerto, que se dice en la lengua de Cuba, Ajaruco, y es en la banda del Norte, y estaba ocho leguas de una villa que entonces tenían poblada, que se decía San Cristóbal, que desde dos años la pasaron adonde agora está poblada la dicha Habana. Y para que con buen fundamento fuese encaminada nuestra armada, hubimos de llevar un Clérigo, que estaba en la misma villa de San Cristóbal, que se decía Alonso González, que con buenas palabras y prometimientos que le hicimos se fué con nosotros; y demás desto elegimos por Veedor en nombre de su Majestad á un soldado que se decía Bernardino Iñiguez, natural de Santo Domingo de la Calzada, para que si Dios fuese servido que topásemos tierras que tuviesen oro, ó perlas, ó plata, hubiese persona suficiente que guardase el Real quinto. Y después de todo esto concertado, y oído Misa, encomendándonos á Dios nuestro Señor, y á la Virgen Santa María su bendita Madre nuestra Señora, comenzamos nuestro viaje de la manera que adelante diré.


sábado, 16 de febrero de 2019

El túmulo levantado en honor a Carlos III en la Ciudad de México, 1789

  Si conoces El Bable (y lo lees) no te sorprenderá saber que el tema de la muerte, y más que la muerte en sí, los ritos y tradiciones relacionado a ella me interesan, como también tengo gran afición sobre la época virreinal, así que hoy, uniendo una cosa con la otra y agregando el tema artístico y más aún, el efímero, (el arte efímero) veremos una detallada descripción que se hizo sobre ese túmulo que se levantó en la Catedral Metropolitana de la ciudad de México el 26 y 27 de mayo de 1789 para las solemnísimas exequias que se hicieron en memoria del Rey Carlos III de España y sus territorios de Ultramar.

   Se colocó perfectamente perpendicular en el centro de la media naranja entre el Coro y el Tabernáculo. Sobre el piso de la Iglesia sentaba el primer zócalo, perfectamente cuadrado por su planta, de vara y media de alto, y catorce y media de línea por cada fachada, forradas de bayeta negra, y también su piso alto. En los cuatro ángulos de dicho zócalo se veían cuatro pedestales de figura cuadrada, su alto vara y media, y el ancho vara y cinco sesmas, siendo las cuatro fachadas iguales, y en cuatro lápidas de jaspe blanco de alabastro, había elegantes y oportunas inscripciones. El resto de los pedestales imitaba el mármol rojo de Cuenca. En estos sentaban basas con la proporción y molduras de la Ática del Vignola, de jaspe amarillo, sobre los cuales cargaban cuatro magnificas pirámides, su alto seis varas y media, su ancho el mismo que los pedestales sobre que cargaban: iban éstos, rematando en un globo bronceado de tres cuartas de diámetro, y estaban vistosamente adornadas con fajas horizontales progresivamente proporcionales, imitando al mismo jaspe blanco de las lápidas de sus pedestales, y el resto de las pirámides al jaspe rosado de Málaga.

   En el zócalo grande había formado otro de igual alto al de las pirámides, guardando con ellas línea horizontal su planta un cuadrado perfecto de ocho varas de línea, formando en los cuatro ángulos una retracción de una vara en cada fachada, formando ángulos entrantes siempre recios, con los cuales aparecían las fachadas separadas aunque unidas, cuatro resaltos, y cóncavas en cada uno dos columnas (distantes entre sí cuatro varas formando, con el orden proporción dupla) de seis varas y una tercia de alto, las que sostenían su formal entablamento de vara y media, todo de orden Jónico compuesto según las reglas de Scamozi, sobre el cual en las cuatro fachadas se formaban cuatro frontis angulares, proporcionados según Vitrubio

   Las columnas, friso del entablamento, y netos de los frontis, imitaban la misma piedra rosada de Málaga: las bazas y capiteles bronceados, y éstos con unas bandas negras enjugar, de colgantes, pendientes de voluta á voluta. El arquitrabe y cornisa parecía de piedra amarilla ó de Cuenca, con varias molduras bronceadas para la mayor armonía. Detrás de las ocho columnas había cuatro pilastras perfectamente cuadradas, cada una en un ángulo que eran las que formaban, y sostenían toda la mole, de igual alto que las columnas pintadas como piedra blanca: sus cañas ó fustos, basas y capiteles del mismo jaspe rojo que los pedestales de las pirámides. En dichos intercolumnios colgaban cortinas en pabellón desde el arquitrabe, cogidas en los lados. Sobre los cuatro frontones se formaba, un cuerpo cuadrado, que cargaba perpendicularmente en las cuatro pilastras, de dos varas y sesma de alto, de piedra blanca, y su cornisa superior de jaspe amarillo, sobre la cual en sus cuatro ángulos había cuatro Leones bronceados sentados, de una vara de alto: el centro, le ocupaba un pedestal, ochavo imperfecto por su planta de dos varas y una tercia de alto: su zócalo jaspe rojo, basas y capitel de mármol, y el neto del verde de Granada: en sus cuatro lados mayores cuatro lápidas de mármol con sus dísticos, sobre el cual remataba una pirámide de igual altura que las de abajo, y á más su basa de una vara de alto, esta de jaspe rosado, las fajas horizontales blancas, y el resto verde. Remataba dicha pirámide con una Corona de una vara de alto, Cetro y Espada correspondiente bronceado: todo esto sobre un cojín ó almohadón negro con sus cuatro borlones.

   Los frontones, cornisas del primero y segundo cuerpo, y la del último pedestal circundado de cirios de á tres libras. El tarimón principal era tan capaz, que cómodamente se subía á él para oficiar y decir Responsos por dos escaleras que había en las dos principales fachadas, pudiéndose pasar también por los intercolumnios hasta lo más interior. Dentro de este gran cuerpo de arquitectura estaba colocada una; magnífica urna sepulcral según el gusto Griego, cuyo primer zócalo era cuadrilongo, teniendo de fachada cuatro varas, y el costado tres, su alto una y media, del mismo jaspe rojo que los de las pirámides, sobre el cual descansaba dicha urna, que tenia de ancho lo mismo que su zócalo, y de alto cinco varas, de jaspe verde ó de Granada, en que se leían varias inscripciones en latín y castellano. En la fachada principal de ella estaba colocado un Escudo de las Armas Reales con sus collares bronceados, y unas bandas negras que desde sus brazos pendían á los dos lados, é iban á asirse de unos clavos romanos que dicha urna tenía en sus ángulos, siguiendo dichas bandas por los costados hasta volverse á unir en la otra fachada con el retrato del difunto Monarca, que en correspondencia del Escudo estaba colocado en dicha urna. Toda su disposición arquitectónica estaba arreglada al sencillo gusto y preceptos de los Egipcios, Griegos y Romanos.

   La oración fúnebre fue bastante larga y termina del siguiente modo: "Después de todo, y por última edificación que produce su ejemplar conduélase fiel Siervo, este Héroe cristiano, este Rey edificativo, con toda su fortaleza, con toda su providencia, razón toda su rectitud, Él temió siempre en toda su arreglada vida, hasta los momentos próximos a su bien preparada muerte. Justamente temíais, Señores, lo mismo que ha temido él; porque nadie hay á quien sobre, si es que basta lo que lleva a las balanzas de Dios. Pero á el mismo tiempo esperad con la más firme confianza, apoyada últimamente sobre este mismo temor suyo, y vuestro. Sobre el suyo; porque el Varón que así teme, ese es Bienaventurado. Sobre el vuestro; porque éste será un estímulo para que si alguna miserable reliquia le retarda el eterno Bien, vuestros sufragios, y preces le apresuren la posesión. Los vuestros más, Pontífice santo, quien Él ha distinguido tan justamente, con relevantes señales de su concepto, de su amor, y de su confianza, y que ahora quizá necesita coger los frutos de vuestro sanable agradecimiento; vuestros ruegos que llevas toda la fe de la Iglesia, y toda la representación del Sacerdote eterno Jesucristo, ellos le abran la puerta, y le abrevien la feliz entrada que le deseamos, á la soberana Región donde reine con descanso, y paz por todos los siglos

 Para leer como fueron las Exequias de Carlos III en Guanajuato, entra aquí.

viernes, 15 de febrero de 2019

De familias, obrajes y lana en San Miguel el Grande (de Allende), Gto.

   Comienzo por aclarar que, como lo comenté en el artículo del X Aniversario, el 31 de diciembre de 2018, que el ritmo de mis publicaciones bajaría notablemente (no así la calidad) debido a problemas ópticos, es decir, mi vista me falla más que de costumbre... y porque sigo preparando mi próximo libro que versará sobre Diego Rul, ese que conocemos más por su título nobiliario de Conde, que no era el Conde de Rul, como muchos lo refieren, sino el Conde de Casa Rul. Pensaba tenerlo listo para presentarlo en la primera semana de marzo pero, como tuve la fortuna de que un amigo me localizara documentos sobre el personaje en el AGN, esto me obliga a revisar algunos datos y complementar otros, así que será en abril que lo haga, pero, como a mitad de ese mes cae la Semana Santa y sus consecuentes vacaciones, creo que más bien será mayo cuando haga la presentación.

  Aclarado el punto, ahora paso a compartir un texto que nos habla con claridad y precisión lo que era la producción textil y sus obrajes en San Miguel el Grande, ese que ahora conocemos como de Allende:
   El poblado de San Miguel el Grande se hallaba a dos días de Querétaro en viaje a caballo. La expansión de sus obrajes empezó después de 1740. La producción local de lana declinó cuando las haciendas circundantes se dedicaron al cultivo de cereales, y en cambio hubo que comprar lana en Dolores, que también abastecía a Querétaro. La expansión de San Miguel como centro comercial estuvo unida a la creciente prosperidad de las haciendas locales y a la demanda cada vez mayor de los campamentos mineros de Guanajuato. Los primeros beneficiarios de la expansión económica formaron una compacta y próspera elite criolla, compuesta esencialmente por familias como las de Sauto, Canal, Landeta, Lanzagorta, Uzcanga y Allende.
   El progenitor de una de esta familias, don Baltazar de Sauto, nació en 1710 en el valle de Oquendo, en Alaba. Ya se encontraba en Nueva España a la edad de 15 años. Acaso fue don Severino de Jáuregui el que trajo a Sauto a San Miguel, pue también Jáuregui era inmigrante, y propietario del obraje del lugar. Sauto casó con su hija, la criolla doña Juana Petra, y adquirió así el obraje. A mediados de la década de 1740, Sauto ya era un magnate local poseedor de haciendas, ganado y una tienda en San Miguel. Su empresa estaba bien integrada. Sauto llevaba vellón de la hacienda al obraje, y usaba trabajadores del obraje en sus empresas agrícolas. A mediados de la siguiente década, el obraje operaba con 22 telares.

   Como otros provincianos que poseían obrajes, Sauto ocupó el cargo de regidor y el de Alcalde Ordinario. Asimismo era miembro de la milicia local, y administrador de la alcabala en San Miguel, antes de la incorporación de la alcabala como función de la burocracia real. También era asentista local del alumbre, sin cuyo aguafuerte no podía teñirse casi ningún textil. Dicho discretamente Sauto estaba bien colocado y era poderoso. Tal vez fuera inevitable que su creciente poder e influencia amenazaran a sus competidores de San Miguel. Sus “enemigos” (este es el término empleado por Sauto) eran miembros de la familias Canal y Landeta, tan ricas y poderosas como él mismo. Por ejemplo, Francisco José de Landeta, originario de San Miguel, llegó a ser primer conde de Casa de Loja en 1753. Dos de sus hijas, doña Francisca y doña Ana, casaron con hijos de Manuel Tomás de la Canal, otro opulento criollo nacido en la ciudad de México en 1701, hijo de don Domingo de la Canal, poderoso miembro del consulado. En conjunto, los Canal y los Landeta poseían casi 40% de los telares que había en la ciudad a mediados de la década de 1750. Además, los miembros de sus familias ocupaban importante cargos municipales, habían comprado asientos en el cabildo, y durante un tiempo ocuparon el puesto de Alcalde mayor. Los Canal y los Landeta también estaban asociados con otra familia, los Lanzagorta, prósperos comerciantes, hacendados y ganaderos cuyas propiedades estaban cerca del pueblo de Dolores. Los textiles, el comercio y la ganadería eran las empresas que daban poder y riqueza a San Miguel el Grande.
   Todas estas familias se vieron envueltas en un gran conflicto por causa del obraje de don Baltazar de Sauto, conflicto que duró de 1758 a 1771. No están muy claras las causas precisas del conflicto pero Sauto consideró que sus “enemigos” de las otras familias, conspiraban por envidia y despecho contra él, aunque don Baltazar fue formalmente acusado por el visitador de dar mal trato a los trabajadores de su obraje. En lo más caldeado de la lucha, Sauto fue encarcelado en Puebla, y el joven inspector enviado para emprender acción contra él, don Diego Fernández de la Madrid, se casaba con una hija de Manuel de la Canal. Esta inspección culminó en una cédula que ordenaba clausurar el obraje de Sauto, pero Sauto desafió la orden y obtuvo de la audiencia una moción de obedezco pero no cumplo para impedir la clausura.

   El asunto pasó pero dejó demostrado cuan rápidamente la interdependencia podía convertirse en caos cuando resultaban abrumadoras las tensiones de la competencia. En San Miguel estas tensiones caso se originaron por la escasez de mano de obra, recursos y capacidad empresarial, cuando el número de obrajes en operación se duplicó, con creces, entre 1744 y 1755. Además, no había allí gremio que resolviera conflictos o que uniera a los productores ante unas autoridades civiles adversas a ellos. Desde esta perspectiva los competidores de Sauto actuaron para acosar a un advenedizo que se había colado entre ellos, y para reducir la probabilidad de una mayor regulación o una represalia virreinal contra todos ellos. O acaso Sauto estuviese mentalmente perturbado: algunas de sus acciones desafían toda explicación racional. Pero toda una década de desorden claramente causó daño a los obrajes de San Miguel; solo uno o dos que producían las telas de lana más fina continuaron operando hasta el fin de siglo.


Fuente:

 Salvucci, Richard J. Textiles y capitalismo en México. Una historia económica de los obrajes, 1539-1840. Alianza Editorial. México, 1992. pp. 134-137

domingo, 10 de febrero de 2019

La zona arqueológica abandonada de Casas Viejas en el municipio de Atarjea, Guanajuato.

   Suena curioso que, luego de oír durante varias décadas (yo vengo de esa generación), aquello de que en el Bajío no hubo asentamiento humano alguno y que eran tierra vacías (de gente) hasta la llegada de europeos  en la tercera y cuarta década del siglo XVI y que ahora sabemos de una Cultura Bajío, que se remonta al periodo Clásico (300-650 dC). Eso nos ha hecho más que a re-pensar la historia a reescribirla.

   Y así se hizo con el rescate de El Cóporo, en el actual municipio de Ocampo; Peralta en el municipio de Abasolo; Plazuelas en el de Pénjamo; Cañada de la Virgen en el de San Miguel de Allende y, más recientemente con el rescate del sitio Arroyo Seco en el municipio de Victoria. 

   Pero, siendo la riqueza histórica en esta parte de México tan grande, hay muchas tareas pendientes, como el sitio Los Edificios en Salamanca, o Tzché en Apaseo el Alto o El Cerro de los Remedios en Comonfort... y seguramente habrá más lugares como este que ahora vemos en las imágenes que "bajé" de un video que Cultura Guanajuato tiene en su portal y que nos muestra la zona conocida como Casas Viejas en el municipio de Atarjea, en la Sierra Gorda guanajuatense. Y, sobre el sitio, esto es lo único que pude encontrar que nos da algunas luces del lugar:

  En las tierras que hoy corresponden al municipio de Atarjea, se desarrolló el asentamiento prehispánico conocido hoy como Casas Viejas. Contamos con varias referencias sobre el sitio arqueológico, que preferí incluir en este apartado para conocer de sus particularidades.
   El ingeniero Izaguirre, en 1978, menciona que en el municipio existen varios coecillos. De ellos, hay testimonio anterior con fecha de 1961, producto de la visita de Joaquín Guerra y Aguilar con miras a dar fe de su existencia al Departamento de Monumentos Nacionales y Arqueología para que se realizara el rescate correspondiente y se difundiera la evidencia arqueológica del noreste del Estado de Guanajuato, cuyo relieve domina la Sierra Gorda. El relato menciona la existencia de varios coecillos en el Valle de Palomas, cuyas piedras blanqueaban en los barbechos y habían sido aprovechadas para cercas... y para edificar una capilla católica. Don Joaquín recibió un idolillo labrado en hueso. En el Carricillo, en plática con el cacique del poblado se enteró de que los cuicillos eran objeto de excavaciones y saqueo, de las que se obtuvo una figurilla de oro que poseía una persona de Atarjea. Guerra y Aguilar atribuye a los cuicillos el carácter de tumbas las cuales observó, desde la distancia, limitadas por extensas cercas de piedra negruzca.
   En una explanada cubierta de maleza vio a los extremos dos pirámides, cuya altura calculó en unos treinta metros, conservadas sus paredes originales en algunos sitios, pero destruidas en otros, desparramado por las laderas de las estructuras, el material con que fueron construidas. Atestiguo que en corrales y edificaciones de la población tenían piedras de estas antiguas construcciones, y cercas por kilómetros de extensión. Distinguió espacios abiertos a manera de plazas con pequeñas y grandes yácatas, el otro nombre de los cuicillos. En la cima de la estructura de mayor altura que había, observó una excavación como de quince metros de largo y unos veinte de profundidad, por lo que determino que se trataba de un saqueo, y distinguió la bóveda perfectamente trazada, con sus materiales en simétrica disposición. De allí, le informaron, obtuvieron los lugareños grandes cantidades de piedra labrada, y al ver que no llegaban al fondo, abandonaron la destrucción.

   En la práctica de campo, nos pareció que se trataba del sitio Casas Viejas, aún pudimos observar la plaza de forma rectangular de aproximadamente 50 m de largo y en sus extremos dos montículos, cuyos muros se conservan en secciones, dejando ver que fueron elaborados con piedras talladas de forma simétrica, dando la apariencia de bloques rectangulares cuyo tamaño se acerca a los 15 cm de ancho por el doble de largo. El color de estas piedras es blancuzco. Además, sobresalen entre el relieve liso de los muros angulados de las estructuras piedras de amarre, aprovechadas para colocar aplanado. En el extremo este del sitio se levanta el montículo mejor conservado, con todo y que muestra un pozo de saqueo de aproximadamente 1m cuadrado. Las dimensiones en la base son alrededor de los 7 m por 6 m, en su parte alta llega a los 5 m por 4 m de ancho; por lo que adquiere la forma de rectángulo, misma que se distingue en la pirámide del lado oeste, siendo esta la más destruida.
   En dicho extremo, unos 20 m más al oeste se observan 2 cuicillos muy destruidos. En los lados sur y norte de la plaza central hay plataformas que cuentan con espacios hundidos, las plataformas muestran un estado de destrucción y extracción de piedras reutilizadas de forma inmoderada. Acción que se pudo cotejar al arribar al sitio ya que vimos un corral circular construido con piedra de la parte media del sitio, en lugar de ascenso ubicado en la ladera sur que es la más accesible, ya que la ladera norte es un voladero.
   El sitio responde a un lugar de privilegio geográfico, desde esta elevación se observan 4 cañadas que permite visualizar la caminería natural de este a oeste y hacia el norte. Hay entre las rocas trabajadas algunas de basalto que rompen con la generalidad de las observadas en el sitio, además de otras que aunque obscuras dan tonalidades rojizas y verdes en su cubierta superior; tal vez sea por la existencia de mercurio que lo hay en la Sierra Gorda, o por oxidación al tener entre sus componentes elemento férreos.



Fuente:

Recorrido histórico por la Sierra Gorda. Ernesto Camarillo Ramírez. Comisión del Bicentenario, Guanajuato, 2010, pp. 69-70

jueves, 31 de enero de 2019

Listado de Haciendas del Estado de Guanajuato del año 1940, última parte.

   Continuamos con el listado de Haciendas del Estado de Guanajuato relacionadas en el Censo de 1940, esta es la última parte, al final haremos un recuento de la población entonces reportada y haremos un comparativo en el aumento y/o decremento que a lo largo del tiempo hubo.

339.- La Concepción, Municipio de Tarandacuao, (39)
340.- San José del Porto, (405)
341.- Cacalote, Municipio de Tarimoro, (466)
342.- Calera de Panales, (559)
343.- Huapango, (522)
344.- La Noria, (444)

345.- Panales de Jamaica, Tarimoro, (580)
346.- Providencia de Cacalote, (224)
347.- San Nicolás de la Condesa (583)
348.- San José Caracurio, Municipio de Uriangato, (506)
349.- El Brazo, Municipio de Valle de Santiago, (96)
350.- Casas Blancas, (84)
351.- La Gachupina, (91)
352.- La Gallega, (40)
353.- Guantes, (119)
354.- La Haciendita, (63)

355.- Huérfanos, Valle de Santiago, (145)
356.- El Malpais, (59)
357.- El Puente, (73)
358.- La Retana, (51)
359.- San Javier, (51)
360.- El Carmen, Municipio de Victoria, (444)
361.- Corralillos, (91)
362.- Huigeras, (53)

363.- Sarabia, Municipio de Villagrán. (993)
364.- Torrecillas, (273)
365.- La Calesa, Municipio de Yuriria, (769)
366.- El Canario, (170)
367.- Cimental, (320)
368.- Ojo de Agua, (288)
369.- San Isidro, (237)
370.- San José Otunguitiro, (175)

   Al transcribir los datos de las haciendas que aparecen en el referido Censo, contamos 370 como el total que tenían esa categoría, pero, en el concentrado de categorías que se da al final del mismo documento, se menciona un total de 389 haciendas habitadas, más 3 deshabitadas. Como ya lo habíamos comentado, el concepto "deshabitada" se refería a las que en el Censo anterior aun tenían población, en este caso, el de 1930. De este modo iban desapareciendo de los registros. Hay que considerar que muchas haciendas perdieron la categoría tal y ahora se anotaban como Ranchos o, en algunos casos y en determinados municipios, como Ejidos.

   De las 370 que logro anotar, contra las 389 del resumen, más dos, quedan 19 que pudieron no haber sido incluidas o, que fueron anotadas como Rancho o Ejido, o que se perdió una hoja del libro. Eso no lo puedo determinar.

  Por último, si eres conocedor de la geografía guanajuatense, seguramente habrás notado la ausencia de varios municipios, esto no quiere decir que no se hayan incluido o estén en la posible hoja perdida, lo que sucede es que esos municipios no tienen una sola hacienda registrada. Tal es el caso de los de: Atarjea, Santiago Maravatío, Tierra Blanca, Doctor Mora y Xichú.
   En el Archivo Histórico de INEGI encontramos que en el Estado de Guanajuato había el número siguiente de Haciendas, de acuerdo al año de los registros:

1877   421
1900   428
1910   511
1940   389
1960   297

   Vemos claramente que en la primera década del siglo XX, pleno Porfiriato, llegó al máximo, vendría luego la debacle debido a la Revolución y el consecuente Reparto Agrario.

   En los próximos análisis que haga sobre el tema, veré como se fue incrementando el número de Ranchos y Ejidos a la par que bajaba el de Haciendas. Otro más que tengo en puerta es el detalle en el rubro de Haciendas que arroja el Censo de 1960... y uno más será acerca de la vocación de las tierras y el nombre de los hacendados en todo el Estado de Guanajuato que fueron registrados en 1910, en el entendido de que ese registro al no ser oficial, no incluye a todos los propietarios, este fue un trabajo de promoción que se le encargó a John R. Southworth en 1910.

   ¿Cuándo publicaré eso? no tengo la menor idea... todo es cuestión de tiempo y de que mejore en mis males ópticos.


martes, 29 de enero de 2019

Listado de Haciendas del Estado de Guanajuato del año 1940, sexta parte.

  En el artículo anterior, comentaba de cómo el Reparto Agrario afecto por un lado a los dueños de las haciendas y benefició, por el otro a los campesinos al ser re-creado (el "re" debido a que desde los primeros años de la época Colonial se hablaba ya de los Ejidos, en el caso de Salamanca, por ejemplo, en 1602 se estableció la cantidad de tierra que sería destinada para los Ejidos). Será bueno ahondar en el tema, para ello me apoyo en el texto de Antonio Escobar Ohmstede e Israel Sandre Osorio:

  El reparto de tierras realizado por los antecesores de Cárdenas había sido insuficiente, durante el régimen de Venustiano Carranza, se aplicó el recién aprobado decreto de reforma agraria, de manera muy tenue, entregándose 116 899 hectáreas a un total de 47 324 campesinos y con bastante reticencia del gobierno. Los caudillos militares del norte (Calles y Obregón), repartieron 6' 805 000 hectáreas entre 3 800 ejidos, de las que 1' 701 000 eran de temporal y apenas 245 000 eran de riego, y de estas, la décima parte se encontraba en Morelos; a cada ejidatario le tocaron en promedio menos de tres hectáreas cultivables, de las que solo una tercio de hectárea era de riego. Se habían presentado 10 mil solicitudes de dotación de las cuales menos de la mitad habían sido atendidas, faltando más de 5 mil comunidades que presentaran sus demandas territoriales. Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez, entre 1930 y 1934, repartieron menos de 2 millones de hectáreas a 133 mil ejidatarios

  Para 1933, el total de las tierras ejidales entregadas, se habían conformado con tierras de la nación, baldíos de las haciendas y en contados casos, con el fraccionamiento efectivo de alguna hacienda. La política agraria pre-cardenista y post-revolucionaria era dejar que la hacienda subsistiera el reparto agrario, la que adoptaron los diferentes gobernantes estatales y nacionales se hizo sobre regiones que necesitaban pacificarse, mitigar un problema o hacerse de una base de apoyo político. Es así que, Obregón para obtener el apoyo zapatista, había iniciado en 1921 el reparto agrario en Morelos. En Veracruz, Adalberto Tejeda, gobernador de 1921 a 1924 y de 1928 a 1934, efectuó el reparto agrario en las zonas, donde la consolidación de las bases de apoyo político parecían permear su actividad; Salvador Alvarado y Carrillo Puerto en Yucatán repartieron la zona maicera en ejidos, pero dejaron intactos los henequenales. Tanto para Obregón como para Calles era la propiedad particular la llamada a regir los destinos de la economía rural en el campo.

   Al inicio del Cardenismo, la estructura de la tenencia de la tierra en México seguía mostrando una alta concentración en unas pocas manos, las mayores extensiones de tierra eran propiedad de unos 13 mil particulares, el 22% de las propiedades agrícolas, de más de 1 000 hectáreas, abarcaban el 84% de las tierras disponibles, el resto era pequeña propiedad de 50 a 1 000 hectáreas. En total la propiedad privada retenía el 86.6% de la tierra de cultivo y solo un 13.4% pertenecía a los ejidos, a la vez que los campesinos sin tierra alcanzaban la cifra de 2' 550 000.  Las grandes propiedades de agricultura modernizada o hacienda considerada "tradicional" ocupaban las mejores tierras y se beneficiaban de los pocos suelos que contaban con obras de irrigación y los bañados con las aguas de los ríos. El resto de los agricultores dependía de las lluvias, que se presentaban solamente unos cuantos meses, representando una cosecha al año o en el mejor de los casos, dependiendo de las condiciones climáticas, de dos de temporal.

   El gobierno cardenista repartió casi 18 millones de hectáreas, casi todo en forma de ejidos, a 811,115 beneficiarios. En 1940 los ejidos ocupaban la mitad de la tierra cultivable del país y más de la mitad de la que estaba en producción. 

(Para leer este interesante artículo completo, publicado en el Boletín del Archivo Histórico del Agua, entra aquí). Continuamos el recorrido:

306.- La Esperanza, Municipio de Salvatierra, (101).
Nos detenemos aquí pues hay un claro ejemplo de lo que fue el Reparto Agrario, justo en Salvatierra, donde hubo enormes haciendas, para 1940 solo se reporta una, mientras que San José del Carmen, Santo Tomás Huatzindeo, San Nicolás de los Agustinos, entre otras, aparecen en la lista como "Ejido".

307.- Cabras, Municipio de San Diego de la Unión, (347)
308.- Granja de Guadalupe, (509)
309.- San Cristóbal, (502)
310.- San Isidro, (312)
311.- San Lorenzo del Lobo, (150)
312.- Santiago, (152)
313.- Sarteneja, (20)
314.- Sauz de Armenta, (347)

315.- El Bozo, Municipio de San Luis de la Paz, (315)
316.- Carbonera Ojo de Agua, (73)
317.- Hurgas, (316)
318.- Jofre, (425)
319.- Lourdes, (233)
320.- Manzanares, (448)
321.- Ojo de Agua de Pedernales, (26)
322.- Ortega, (414)
323.- Pozo Hondo, (278)
324.- San Isidro, (370)

325.- El Chapín, Municipio de Santa Catarina, (189)
326.- San José del Chilar, (168)
327.- Aguas Buenas, Municipio de Silao (227)
328.- El Bosque, (112)
329.- El Coecillo (370)
330.- Comanjilla, (347)
331.- Nápoles, (111)
332.- La Pila, (180)
333.- Puerta Grande, (190)
334.- San Agustín, (237)

335.- San Francisco Puerta Chica, Silao (83)
336.- San Isidro, (78)
337.- Sotelo, (64)
338.- Trejo, (398)



lunes, 28 de enero de 2019

Listado de Haciendas del Estado de Guanajuato del año 1940, quinta parte.

  Será interesante hacer un comparativo, en este caso no de la evolución, por el contrario, de la debacle de las Haciendas en el estado de Guanajuato, (debacle que fue en todo México), tenemos el Censo de 1900 que transcribió don Pedro Gonzalez, hay también los datos que Alfonso Peñafiel, el director de Estadística en tiempos porfirianos levanto en 1887, y ahora con este de 1940, cuando la Reforma Agraria ya se había aplicado y el fraccionamiento de las Haciendas estaba ya en proceso, los Ejidos habían hecho aparición, razón de esa mencionada debacle. 

   Interesante, igual, será hacer ese comparativo con Censos más recientes, el de 2000 o 2010, solo que ya en el siglo XXI el concepto de Hacienda no aplica, cada vez se hace menos referencia de un "Rancho" y todo lo que sea rural se clasifica como"Comunidad", como quiera, si logro encontrar alguno de eso dos Censos detallados veré cuáles haciendas aparecen.

267.- Barajas Viejas, Municipio de Pénjamo. (210)
268.- Cal Grande, (195)
269.- La Calle, (1,085)
270.- El Carmen, (20)
271.- Corralejo Hidalgo, (234)
272.- Corralejo Nuevo, (390)
273.- Crucitas, (206)

274.- Las Cuevas, Pénjamo, (520)
275.- Estancia del Refugio, (312)
276.- La Estrella, (322)
277.- La Granjena, (280)
278.- Guanadrillo, (197)
279.- Laguna Larga, (453)
280.- Mezquite de Luna, (215)
281.- Potreros, (756)
282.- Quesera, (392)
283.- San Gabriel, (135)

284.- Santa Ana Pacueco, Pénjamo,  (1095)
285.- Santa Gertrudis, (100)
286.- Tacubaya, (72)
287.- Alonso, Municipio de Pueblo Nuevo, (214)
288.- Huantzimitiro, (117)
289.- Yóstiro, (324)
290.- Cañada de Negros, Purísima de Bustos, (460)
291.- Los Dolores, (194)
292.- Jalpa de Cánovas, (409)
293.- Los Tanques, (63)

294.- El Huaricho, municipio de Romita, (170)
295.- Los Aguilares, municipio de Salamanca, (192)
296.- Ancón, (330)
297.- Barrón, (253)
298.- Cerrogordo, (458)
299.- El Fuerte, (245)
300.- Mancera, (134)
301.- Mendoza, (601)
302.- San Bernardo, (337)
303.- San José Temascatío, (611)

304.- San Rafael de Uruétaro, Salamanca, (147)
305.- Sotelo, (192)

  El caso del municipio de Salamanca lo conozco muy bien, lo he estudiado a profundidad, algo que ocurre, desde el último cuarto del siglo XVII, hasta el primero del XX es la poca variante en número de haciendas establecidas aquí, son entre 22 y 25. Ahora, en el listado del Censo de 1940 aparecen 11, en realidad deberían ser 10, pues Barrón es catalogada como hacienda en la primera mitad del siglo XX, antes y después tenía el de Rancho; cosa que ocurre igual con esas otras 12 o 15 haciendas que ya no aparecen en la lista, pues son consideradas Ranchos, en varios casos las casas grandes están en ruinas o fueron invadidas como consecuencia del Reparto Agrario.