sábado, 15 de diciembre de 2018

Devastación anunciada: La visión de don Manuel Payno

   Lo que vemos en la imagen es una referencia que da don Manuel Payno en su libro Memoria sobre el maguey mexicano y diversos productos, publicada en 1864, justo es el año que llegó Maximiliano de Habsburgo a gobernar "su" Imperio. No conozco todo lo que se produjo durante sus tres años imperiales; tiempos en los que se comenzó a levantar estadística más precisa de lo que México tenía y podía ofrecer al mundo.

  Por suerte don Manuel tenía buen ojo y mejor pluma, y nos dejó muchos relatos de sus observaciones hechas por diferentes rumbos de México y algunos cuando anduvo allá del mar, es decir, en "las" Europas, como entonces se le decía -término que no solo en el XIX se utilizaba, pues en el virreinato se refería a la zona nor oriente de Nueva España como "las Tejas"... y ni que decir en el XX, -yo lo llegué a oír- cuando se refería a cualquier parte lejana a donde uno vivía como "las Europas", "las Pueblas" o cualquier otra región que quieras referir.

   Y ese buen ojo, y esa magnífica pluma, y, sobre todo, la visión a futuro nos dice de lo que en ese momento, 1864, se veía ya en México: devastación.

  "La falta de árboles, si continúa esa tala de bosques, producirá con el tiempo una carencia tal de lluvias, que tendremos la necesidad de traer el maíz y el trigo de los Estados Unidos, y no lo comerán los pobres para quienes es casi único alimento. Llamamos la atención de la autoridad sobre este punto, que es de mayor interés". 

viernes, 14 de diciembre de 2018

Un asalto ocurrido en Salamanca en 1830 y sus consecuencias

  El sistema blogger a través del cual publico El Bable, tiene la facultad de llevar una estadística, de todo tipo de datos, esporádicamente la verifico, (por mera curiosidad), en uno los pasos me dice de dónde son los lectores, es decir, de qué país. Es evidente que el más alto, algo así como el 80% de ellos se localizan en México, un 8 o 9% en Estados Unidos y el resto se reparte en países de Latinoamérica, es sorprendente que hay gente en la India, en Rusia, además de España, que siguen este espacio.

  Con esto lo que quiero decir es que no sé de que Estado de México seas tú que me sigues, lo que sí sé es que ninguno de los Estados del país se libra de estar en esta mala, negra, estadística del crimen, sea por el motivo que sea... pues hasta en el crimen hay diferencias, en términos estadísticos, no es lo mismo un asalto a un homicidio... por poner solo un ejemplo. El punto está en que, siendo el enfoque de este blog el asunto histórico, no es nada sorprendente que tengamos los índices (si bien ya se dispararon) delictivos, pues -para nuestra desgracia- siempre han estado.
  
  El asalto en los caminos reales de México comenzaron desde que el camino fue concebido, era cosa habitual ir con precaución extrema al ir de una población a otra, pues lo más seguro que podría ocurrir era un asalto. De ello muchos de los viajeros europeos que estuvieron en México han dado cuenta; en esta ocasión veremos algo ocurrido en las inmediaciones de Salamanca (Guanajuato), en 1830.

  Al leer el documento, nos trasladaremos en el tiempo, intuiremos cómo era la vida, apenas una década después de la Consumación de la Independencia y de cuál era la forma de actuar de la autoridad.

   La noche del 18 de mayo último fueron robados unos arrieros en tierras de la hacienda de Mendoza, á quienes los agresores intentaron quitar la vida, no consiguiéndolo por la esforzada defensa que les fue opuesta: consistió el robo en cuatro cargas de tabaco que conducían de contrabando en las mulas en que lo llevaban, y en algunas otras prendas. Corrió desde luego la voz de que este crimen había sido perpetrado por una gavilla de salteadores residentes en la villa de Salamanca en donde tenían sus reuniones, combinaban sus atentados, y salían a ejecutarlos, ya en los caminos, y ya en los ranchos. Sabedor de todo esto el Sr comandante general del estado coronel D. Antonio García, dictó las providencias más eficaces para su aprehensión, y al cabo de algunos días consiguió que unos soldados de la tropa auxiliar aprehendiesen á Víctor Moreno, Vicente Quintanilla y Cristóbal Prieto. Por ser ladrones en cuadrilla de más de cuatro, aprehendidos por la milicia destinada á este efecto, se dispuso que se juzgasen con arreglo á ley de 27 de setiembre de 1823 y en consecuencia el fiscal de la causa dio principio á ella el día 2 del próximo pasado julio: fueron examinados dos de los robados, porque los otros hallándose ausentes sin saberse su paradero, no pudieron ser habidos; de su declaración resultó que el mencionado día 18  como á las nueve de la noche, fueron asaltados por una  reunión de hombres, que al parecer creyeron serían siete u ocho, quienes se les echaron encima dándoles el quien vive, haciéndoles fuego con pistolas, y acometiéndoles con las espadas, y una lanza que llevaban, de cuyos tiros libraron á virtud de la resistencia que opusieron, animados más bien dé los deseos de conservar su existencia que de las fuerzas con que contaban: al fin fueron vencidos, saliendo bastante herido, y hecho pedazos un jorongo que presentaba uno de ellos a las estocadas: les quitaron cuatro cargas de tabaco, y lo demás que queda dicho: al día siguiente creído José Ana Martínez de que los que los habían robado seriar, de Salamanca, se dirigió á aquella villa y por Gabriel Moreno compañero suyo en los contrabandos vino á descubrir que su hermano Víctor y Cristóbal Prieto, eran de los agresores: le suplicó que con todo encarecimiento, que por lo menos les volviesen las mulas, lo que al cabo alcanzó después de haber sufrido graves, insultos de uno y otro, y vístose en peligro de que lo asesinaran por temor de que no los descubriese á la justicia, como así se lo repitieron varias veces. Víctor Moreno y Vicente Quintanilla, de liso en llano confesaron ser verdad lo relatado, exponiendo el primero que  él fue quien convocó la reunión, noticioso de que los arrieros habían de pasar de noche por el potrero de Mendoza: que se juntaron él, Quintanilla, Prieto, Leonardo Moreno (a) el Pato, y Leocadio Pérez y montados y armados, salieron de Salamanca como a las tres de la tarde caminando tan poco á poco, que llegaron al potrero ya oscureciendo: se ocultaron tres tras de la pila de Rastrojo, y dos se fueron á esperar a los caminantes en un portillo: que estos volvieron avisando que no aparecían y empeñándose Quintanilla en que se retiraran, a lo que replicó Moreno insistiendo en que los habían de aguardar, después dé cuya disputa se dividieron en dos partidas una por el camino real, y la otra por una vereda: que los encontró la que se componía de dos, y siendo rechazada por los arrieros contrabandistas, se unieron todos los ladrones; Moreno y Prieto se empeñaron más que ninguno en la lucha, echando pie á tierra el segundo para mejor maniobrar, y que lo demás de pasaje era como lo habían contado los robados. Cristóbal Prieto con la más inaudita obcecación y altanería, negó al principio ser  cómplice del delito: más agobiado de los cargos y reconvenciones, confesó era verdad que se había hallado en el robo y cuanto de él se aseguraba.

   Además de estos datos hubo la declaración del testigo Mariano Sánchez, y para la comprobación del cuerpo del delito se practicó el reconocimiento de las mulas robadas y del caballo herido, siendo esto lo que permitían las circunstancias, después de que habían pasado tantos días del robo, y el tabaco no podía ser habido. Contra Moreno resultó probado en la causa, que en unión de otros once que se reunieron en Salamanca en la casa de uno que le llamaban el Bañado, concurrió al robo del rancho del Paso de Cobo (a) Cora, la noche del 14 de  febrero último, de donde se llevaron más de dos mil pesos en dinero, plata labrada, ropa de uso, caballos, y otras alhajas. Resultó igualmente contra Prieto, que los testigos que citó en su abono declararon contra producentem, asegurando que se ejercitaba en robar acusándolo de esto la opinión y fama pública, y que otras tres veces había sido procesado por ladrón, dos en Salamanca y una en Puruándiro, de donde antes de la revolución de 810 fue remitido á la Acordada de México; pues, aunque se empeñó en persuadir que allá lo llevaron por un pleito, semejante especie no puede reputarse por verídica, cuando es bien sabido que aquel tribunal no juzgaba sino a los ladrones.

   Practicada la ratificación de los testigos, los careos y sustanciado el proceso en la forma que previene la ordenanza del ejército, se vio en consejo de guerra ordinario el día 27 del susodicho julio y este tribunal fundándose en que en la causa estaba plenamente probado el delito, ya con la confesión de los reos, ya con los otros adminículos que brotan del proceso, y fundándose así mismo en artículos expresos en la ordenanza, y en leyes del estado, condenó á Cristóbal Prieto y Víctor Moreno á ser pasados por las armas, y á Vicente Quintanilla á ocho años de presidio en atención á que consta que delinquió obligado de las seducciones de Moreno, en atención también á que respecto de él no hay una constancia plena de haber intentado matar á los agredidos, y en atención finalmente á que su culpa no aparece tan enorme como la de los otros que han reincidido con frecuencia en el robo. Se pasó la causa al Sr. comandante general para la aprobación de la sentencia, y de facto fue confirmada el día 28, previo dictamen de asesor, señalándose por punto á Quintanilla la Alta California, adonde deberá marchar tan luego como pueda ser conducido. Notificado á los otros reos el fallo se les puso en capilla, y acudidos con todos los auxilios espirituales han sido fusilados en la villa de Irapuato el día de hoy concluyendo así esos desgraciados la carrera del crimen, y desagraviando á la vindicta pública y á las leyes, que tenían ultrajadas con sus atentados.

   El imperio de la justicia comienza á restablecerse: la seguridad del estado, animará al pacífico y honesto ciudadano, que ya no temerá perder en un momento el fruto de los afanes y trabajos de tantos años, y su vida ya no será amagada: los malvados temblarán al ver en esta ejecución el golpe que sobre sus cabezas va á descargar la cuchilla inexorable de la ley: los ciudadanos guanajuatenses se convencerán da que sus gobernantes no ven con una fría indiferencia los males que los aquejan, sino  que saben proveerlo de los remedios necesarios los críticos mordaces que solo están dispuestos para ridiculizar á las autoridades, enmudecerán, mal de su grado, al ver este testimonio irrefragable de que se trabaja por el cumplimiento de las leyes, y de las respectivas obligaciones: los labradores, comerciantes y demás personas que han sido víctimas de esos hombres inmorales, que se han constituido el verdugo de la sociedad, cobrarán aliento, y convencidos de que si coadyuvan á la administración de justicia, breve será destruido ese coloso: ya no rehusarán tímidos delatar á los jueces y declarar contra los bandidos, pues descubriendo, con claridad sus crímenes, es una temeridad creer que se queden impunes, y que pueden ser el objeto de sus rabiosas y crueles venganzas. Cese, pues, ese temor, pánico y vergonzoso; declárese una guerra abierta á los que como lobos rapaces, se ceban en el rebaño inocente: denunciase los ladrones á los jueces; acúsese a estos ante los tribunales competentes, cuando no los castiguen con arreglo á las leyes, y si en lugar de hacer todo esto, se obra con apatía, con consideraciones, ó con respetos indignos y punibles, quéjense á sí mismos los que sufran los males consiguientes á este egoísta disimulo.

Guanajuato 1° de agosto do 1830.

Fuente:

jueves, 13 de diciembre de 2018

Datos del Henequén, su cultivo en la Península de Yucatán, 1864

   Recordarás que hace no mucho tiempo hice un recorrido virtual por el estado de Yucatán en búsqueda de vestigios de las haciendas que prosperaron a finales del siglo XIX, años dorados del porfiriato, años en que aquella región produjo enorme riqueza con el llamado “oro verde”, el henequén. Es ahora que vemos lo escrito por don Manuel Payno (el mismo de los Bandidos de Río Frío), acerca de la planta que él, curiosamente, llama “Jenequén”.

   Habiendo hablado extensamente del maguey, parece imposible no decir algo del henequén o jenequén. Es un maguey cuyas hojas son de color verde oscuro y en sus márgenes suele haber unas líneas rojas. Crece desde una altura de ochenta centímetro hasta poco más de un metro. Parece que no cabe duda en que es una especie del agave, ¿pero será el jenequén de Yucatán, igual al que llaman lechuguilla, que se encuentra en algunos puntos de la cordillera, cerca de Tula, Tamaulipas, y al cosmetl blanco de los Llanos; más sea de esto de lo que fuere, lo que parece fuera de duda es que el jenquén pertenece a la familia de los agaveas, pero no a la de los aloes, como asegura en unas notas estadísticas del antiguo estado de Yucatán.
   Crece este maguey en toda la península de uno y otro mar, y hay cuatro clases, el chelén y cajén que son silvestres, y el uaxqui y sacqui, que forman la base de un extenso cultivo. –El yaxqui tiene las hojas de un verde más brillante que las clases silvestres, y sus filamentos son finos y elásticos, pero poco abundantes, mientras el sacqui produce más fibras, pero de inferior calidad. Esta variedad, conocida comúnmente con el nombre de jenequén blanco, es la que constituye la riqueza agrícola del partido de Tihosuco y Chemax, que es donde se explota de preferencia como el pulque de los Llanos de Apam. Son curiosos los que podemos llamar caprichos de esta planta. 
   ¿Por qué individuos de la misma familia tienen propensiones tan diferentes? ¿Por qué en la región del jenequén no se ha podido aclimatar, o al menos no se produce el maguey manso? ¿Y por qué en la región del pulque no forma también un ramo de riqueza la explotación del jenequén? Las experiencias repetidas, podrían solo resolver estas dudas y fijar decididamente los caracteres y condiciones de cada uno de los individuos de la familia.

   El jenequén se propaga como el maguey de pulque, por medios del trasplante. A los dos años los muchos hijos que produce la planta grande, están en disposición de mudarse, y a los cinco siguientes se pueden explotar, cortando sucesivamente las hojas, que aseguran las gentes del país que se reproducen en cada luna, de manera, que antes de morir la planta, ha durado cosa de seis años en producto. La planta del jenequén se cultiva en todos los terrenos, pero son más adecuados para ellos los áridos y pedregosos. El sol, el frío, las lluvias y los vientos, no ejercen más que su benéfica influencia en sus hojas y pocas veces los dañan. La planta termina su vida a los trece o catorce años, cuando ha llegado a su madurez, y eleva su tallo que cubre de flores blancas; pero ya en esta época los renuevos o hijos que ha dejado, están dando producto al agricultor.
   En el interior del país los indígenas sacan del maguey ixtli, que tuercen los mismos zapateros y emplean en cocer el calzado, ayates, reatas, lazos, mecates de diferentes gruesos y calidades, costales, enjalmes, jáquimas, &c., pero en Yucatán, la industria del jenequén se halla establecida en larga escala: se reduce a despojar las hojas de la parte verde y carnosa, y a lavar y secar después al sol las fibras, para que queden limpias y blancas. A esto llaman por el Valle de México ixtli y en Yucatán sosquil. De este sosquil tejen hamacas, costales, aparejos, &c., pero además se emplea en jarcia para los buques, la cual es preferible a la de cáñamo por su flexibilidad. Sin embargo, para cabos de esperanza se han adoptado generalmente cadenas.
   Como la operación de limpiar las hojas de maguey es penosa, costosa, dilatada, se han hecho varias experiencias para sustituir esta obra de mano con la maquinaria. En 1833, Henry Perryne, inventó e introdujo una maquinaria que no surtió buen efecto, porque la colocación y movimiento de las cuchillas, no correspondía a la forma de las hojas.
   En 1847, Mr. James Hitchcok acompañado de un ingeniero, planteó una nueva máquina que tan poco pudo arreglarse satisfactoriamente. Después Mr. Thompson de Boston, planteó otra diversa que no tuvo mejor resultado; por último, en 1853, D. José María Millet, residente en Mérida de Yucatán, pidió al Ministerio de Fomento privilegio exclusivo como inventor de una máquina, para raspar la penca del jenequén, copiamos en seguida:

   “La máquina se compone de un esqueleto de madera de tres varas de largo por vara y cuarto de alto y tres cuartas de ancho, colocado sobre dos ejes con sus correspondientes ruedas, para su fácil transporte. Sobre el esqueleto se elevan dos columnas, en cuya parte superior se hallan dos puntos de apoyo, al derredor de los cuales se mueven dos palancas que tienen colocadas en una de sus extremidades, dos piezas que aseguran las pencas que se quieren raspar; mientras en las otras hace fuerza un hombre que le da el movimiento, que transmitido a la penca, atraviesa entre unas cuchillas horizontales que están colocadas sobre dicho armazón y producen el efecto deseado. Antes de colocar la penca en la pieza de que se ha hablado anteriormente, debe quebrantarse su tronco a golpes, o bien entre cilindros. Con dos o tres veces a lo más pase la penca entre las cuchillas, es bastante para limpiarla completamente la cortes y carnosidad que hay entre el filamento. La fuerza necesaria para el uso de ésta máquina, es la de dos hombres que obran a las extremidades de las dos palancas, y la de dos muchachos que manejan las cuchillas. Trabajando en un día 3000 pencas que dan cuando menos seis arrobas de jenequén.
   Estos datos los hemos tomado de la única estadística de Yucatán, que hemos podido consultar, pero el Sr. D. Alonso Peón nos acaba de honrar con unos apuntes que insertamos íntegros a continuación; advirtiendo que el autor, natural de la península, y muy instruido en la agricultura no ha tenido, por hallarse fuera de su casa, todos los datos necesarios, y aun su modestia rehusaba que se hiciese uso de su nombre.
   La llamada planta Henequén pertenece a la especie del agave americana, y presenta en sí misma muchas variedades. Difiere del maguey, en que sus hojas son más angostas y menos fuertes, y en que no produce el jugo de que se saca el pulque. Por lo demás, presenta la misma forma, y a la misma edad produce la misma flor, pereciendo la planta.

    Aunque parece ser planta exclusivamente natural de Yucatán, transportada a la isla de Cuba, y aun así la región alta de Orizaba, ha prosperado igualmente bien. Hay muchas variedades que crece espontáneamente, y que se distinguen por el tamaño de sus hojas, y por la mayor flexibilidad y resistencia de sus fibras. Generalmente la calidad va en razón inversa del largo de las hojas, y consiguientemente del filamento. Por esta razón, la variedad que se cultiva, es la llamada henequén blanco (sac-ci) y henequén verde (yax-ci) cuyas fibras alcanzan la dimensión de cuatro a seis cuartas. Como se produce espontáneamente en los campos, su cultivo es muy sencillo y poco costoso.
   Cuando el henequén era un producto destinado casi exclusivamente a las necesidades del país había la preocupación de que en terrenos áridos y pedregosos, nada más se reproducía. Cuando llegó a ser objeto de exportación ventajosa, el cultivo se hizo en mayor escala, y la experiencia probó que se producía igualmente bien en toda clase de tierras, aun en las húmedas.
   Como se ha dicho antes, las operaciones del cultivo son muy sencillas y económicas. 
   La preparación del terreno para la siembra, se hace rasando el monte y quemándolo. En seguida se siembran los hijos, cuyo tamaño ha de ser de media vara a tres cuartas. Pueden aprovecharse también más pequeños, pero entonces el crecimiento es sumamente lento. La siembra se hace a mano o con un cavador. Aun colocada en la hendidura de una pequeña, la poca tierra vegetal que se introduce es suficiente para que llegue su natural crecimiento. El arado no se conoce para este cultivo, ni sería posible en terrenos excesivamente pedregosos, que es donde se encuentran la mayor parte de los plantíos. La planta crece con más rapidez y lozanía, cuando se corta y expone a la intemperie por tres semanas o un mes antes de sembrarla. Las demás operaciones se reducen a una limpia cada año, poco escrupulosa. Ningún género de ganado la perjudica; así es, que estos planteles de henequén, sirven de potrero para ganado vacuno y caballar. A los tres años de corte el henequén, o lo que es lo mismo, que sus hojas están en estado de cortarse para producir el filamento.

    Mientras estuvo reducido el producto del henequén, ya en rama, ya en los varios artefactos a que era aplicable el consumo del país no se conoció más medio de extraer el filamento, que despojar la hoja de la pulpa que lo envolvía, y como ésta era bastante resistente, se hacía a mano, por medios bastante primitivos, la operación era penosa y el producto bastante mezquino. Si a esto se agrega, que el jugo de la pulpa es acre y cáustico, la operación no podía hacerse a horas avanzadas del día, y el trabajo había de limitarse a unas cuantas de la mañana y a otras de la tarde. Generalmente el raspado, que así se llama, se hacía de las cuatro a las ocho del día, y de las cuatro de la tarde a puestas del sol; y un individuo apenas podía raspar, en los dos periodos de trabajo, el que más, cien hojas, como en esta penosa labor, también se ocupan las mujeres y los niños, apenas puede calcularse que el producto diario de cada individuo, se reduce a una o dos libras del filamento limpio. De modo que esa industria, solo era posible en un departamento pobre, que, como el de Yucatán, abundaba en brazos, lo que hacía que fuesen sumamente baratos los jornales.
   Más tarde, allá por el año de 40, se observó en los Estados Unidos  que el henequén, aplicable a la jarcia de los bosques, traía la ventaja en el invierno de ser más flexible y manejable, que el de cáñamo en las altas latitudes. Tal descubrimiento, de importancia suma para la navegación del norte, acreció de tal modo la demanda, que el henequén, cuyo precio ordinario no pasaba de 4 a 5 reales arroba, subiese progresivamente hasta 11 reales en el mercado, precio que se sostuvo de 7 y 8. Con este motivo, y no siendo bastante el producto por el sistema conocido de llenar la demanda, se pensó en medios mecánicos que supliesen a las necesidades crecientes de la industria que la mano del hombre era capaz de satisfacer.
   Asociaciones particulares, y el estado, por otra parte, compitieron a la vez en estimular a los ingenieros y maquinistas de todas partes, por medio de primas, para la invención de una máquina que diera los resultados apetecidos. Se remitieron hojas de henequén a los Estados Unidos e Inglaterra, y por diez años, fueron inútiles todos los esfuerzos, porque las máquinas inventadas y construidas no correspondían a su objeto, a pesar de que ingenieros de ambos países vinieron a Yucatán a ver la planta y observar el medio de que se valían los indios para extraer el filamento. Algunos hijos del país, sin ideas ningunas de mecánica, haciendo uso propio del ingenio, se empeñaron en encontrar solución a lo que se alcanzaba en otras partes, y por mecanismos sencillos y poco costosos, obtuvieron sin embargo, mejores resultados. Millet primero, y luego Solís, jóvenes naturales de Mérida, fueron los primeros que presentaron alguna cosa en este orden, y por la perseverante observación del segundo llegó a mejorar de tal modo su primitiva invención, que la hizo aceptable a quienes podían adquirirla. La máquina de Solís es pues la que generalmente se usa con buen resultado, y a pesar de que hay otra nueva movida por vapor, de mucha más producción, su excesivo costo relativo ha hecho que no se hallan establecido hasta ahora más que dos, de las cuales solo funciona regularmente la que se halla en la hacienda de Vayalah. Últimamente se ha importado a esta capital por un distinguido e industrioso yucateco la máquina de Solís, para aplicársela a la extracción del ixtle, y deseamos que el éxito más feliz le corone sus esfuerzos.

   El considerable consumo de sogas y costales de henequén que se hacía en Yucatán, y la importante exportación de estos artefactos para la vecina isla de Cuba y costas del golfo se hizo siempre a mano, hasta que en 1840 se introdujo el primer corchadero, que perfeccionando la fabricación de sogas, se ocupó igualmente de la cabrillería de todos gruesos para las embarcaciones y aquel departamento marítimo cesó desde entonces de ser tributario del extranjero, de la jarcia que necesitaba para su propia construcción naval , y proveyó a las embarcaciones del seno mexicano, y a la pequeña navegación de las costas, entró también concurrencia en los Estados Unidos, que eran los únicos proveedores de la isla de Cuba, dando por lo tanto, mayor extensión a la industrial del henequén en todos sus ramos.”
   En casi todas las fincas de campo de la península yucateca, se cultiva el henequén, pero se distinguen por los extensos y hermosos plantíos que el viajero puede observar, los partidos de Mérida, Sierra Baja, Izamal y camino real bajo. Los pueblos y haciendas que producen el más exquisito y abundante filamento son los siguientes:



   Y muchos otros más que no mencionamos, porque llenaría muchas páginas. La manufactura y exportación de los filamentos del henequén es de mucha importancia y ha aumentado gradualmente todos los años a pesar de los trastornos políticos de la Península. El Sr. Peón no puede asignar el monto a que hoy asciende esta industria, pero tomaremos de la estadística que tenemos a la vista, las siguientes cifras:


   No sería exagerado calcular añadiendo al precio del henequén, los fletes y demás gastos, un movimiento de 400 a 450,000 pesos anuales.
   Cuando las máquinas se introduzcan en el valle de México y los Llanos de Apam, y esté concluido o al menos muy adelantado el camino de fierro, todas las hojas de maguey que hoy se queman o se dejan tiradas en los campos serán un valioso objeto de industria, y se exportarán grandes cantidades de ixtle que hoy vale en Inglaterra veinticinco libras la tonelada, mientras el henequén lo pagan a veinte libras. Más contrayéndonos al tiempo presente se puede calcular que el movimiento anual que efectúa en la circulación la planta del maguey, incluyendo fletes, jornales, &c., &c., puede ascender a cuatro millones y que se mantiene de su cultivo y producto seguramente ocho mil familias.

Fuente:

Payno, Manuel. Memoria sobre el maguey mexicano y diversos productos. Imprenta de A. Boix. México, 1864

miércoles, 12 de diciembre de 2018

La fiesta de Guadalupe de 1796 en la villa de Salamanca (Guanajuato).

  Hurgando, hace unos meses, por antiguos archivos, dí, de pronto con un libro, no muy grande, con algo así como 40 folios, de un papel de buena calidad, con un empastado en cuero, muy de la época, en el que se consignaban los gastos que la Cofradía de Nuestra Señora Santa María Santísima de Guadalupe realizaba anualmente. El libro consignaba también  las reuniones que los cofrades tenían cada año, poco antes de que finalizara, para entregar cuentas de lo recibido y de lo gastado a lo largo del mismo. Una reunión más había, luego de las festividades de la Epifanía, en la que se designaba al nuevo Mayordomo.

   Esa Cofradía era la más importante de la Villa de Salamanca, en términos económicos pues reunía a los acaudalados de la población; no era la única, había otra que era más grande que tenía por sede el templo del Señor del Hospital, en donde hay una imagen de Cristo muy venerada en la población pero (siempre hay un pero) la enrome diferencia estaba en que la de Guadalupe congregaba a criollos y españoles, mientras que la otra estaba destinada a mestizos e indios. Bien sabemos que en tiempos virreinales la estratificación social estaba presente en todo.

   El libro mencionado anota los gastos que había en solo dos festividades que cada año se realizaban, una era la del Jueves Santo, la otra la del 12 de Diciembre y es en esta, la fiesta de Guadalupe, que me enfocaré esta vez, pues cuando iba leyendo el libro, imaginaba lo que sucedía entonces, años de la última década del siglo XVIII, en esta villa. Como antecedente del hoy Santuario de Guadalupe está una capilla, seguramente rudimentaria, dedicada a San Juan Nepomuceno. De ella no tenemos datos de cuándo se fundó, ni quién lo hizo, quizá fue en el XVII en una de las visitas de los padres de la Compañía de Jesús asentados en Guanajuato, los cuales -seguramente- no fueron vistos con buenos ojos por los agustinos que, desde 1613 estaban ya con su casa en Salamanca.

   No sabemos cuándo deja de estar dedicada a San Juan Nepomuceno y pasa a serlo de la virgen de Guadalupe -no está de más aclarar que a la Guadalupe mexicana, que no a la extremeña- y por su ubicación, a pocas calles (una) de la zona reservada a españoles y criollos, intuimos que era originalmente una capilla de indios, pero, como a mitad del siglo XVIII el culto a Guadalupe había incrementado grandemente, abarcaba ya a todos los estratos y clases de población... lo de "clases" se entendía en la época en los propios libros parroquiales, unos eran los indios y castas... otra los españoles, que incluía a los criollos.

   Ya en el último cuarto del siglo XVIII el Santuario de Guadalupe era sede de los pudientes, fue en 1781 que se funda la Cofradía salmantina de Guadalupe, hay la idea de levantar un templo suntuoso, pero queda en apenas los cimientos... y tomando como mero ejemplo de lo que era la fiesta de Guadalupe en esta población, me enfoco a la cuenta de gastos de la solemne festividad a Santa María de Guadalupe en su fiesta del 12 de diciembre de 1796.

   De entrada se pagaron 22 pesos y 6 reales en derechos parroquiales por vísperas, misa y sermón. 6 pesos como gratificación al padre Predicador. 3 pesos a los padres que hicieron el rosario. 10 pesos al Maestro de capilla por la función y el rosario. 8 pesos al Sacristán por poner y quitar el altar. 25 pesos por la impresión y colocación de 500 tarjas. 9 pesos con 4 reales fue el costo del refresco y aguas para el paseo (de la imagen). 3 pesos a los cocheros que trajeron el forlón de el Valle (de Santiago) y 10 pesos para los músicos.

   Se pagaron, además 2 pesos para el tambor, clarín, pífano y chirimías. 8 pesos con 4 reales fue el costo de escamar la cera. 31 pesos para 31 libras de cera que se consumieron en la festividad. 4 pesos por la compostura de las andas. Por 3 arrobas de manteca que se gastaron en la capilla y en la casa del Mayordomo para la iluminación de dos días, más un peso de candiles y mecheros, todo eso reportó 8 pesos con 4 reales. 5 pesos 4 reales por 20 ramas de ocote, más 3 pesos por 24 cargas de garambullo.

    3 pesos para la fruta de horno y el chocolate que se repartió en la sacristía. 2 pesos y 5 reales por siete cuartillos de vino blanco que se repartieron a la gente que comulgó. 4 pesos y 2 reales fueron repartidos a los "Angelitos" y "Juan Diegos" que fueron en el rosario, un total de 41 niños. 4 pesos a los chirimiteros, clarín, pífano y tambor por vísperas y el día de la fiesta. 37 pesos con 2 y medio reales fueron pagados al cohetero y 4 pesos con 2 reales a los mozos que ayudaron en la función, es decir, en la misa.

   Vemos así que los gastos más fuertes estaban en las velas e iluminaciones, y en la cohetería, vemos que había música y que las procesiones con rezo de rosario eran durante toda la novena. Considerando el tamaño que la población tenía en ese tiempo, el que se hayan hecho y pegado 500 tarjas, quiere decir que llenaron cada esquina, quizá cada puerta que había. Vemos que la presencia de niños era abundante y que eso que ahora se conoce como "vestir de indito" a los niños entonces se conocía como angelitos y Juan Dieguitos....

   No se dice nada de lo que ocurría afuera del templo, pero de seguro la fiesta con su respectiva vendimia se realizaba...es decir, no han cambiado en mucho las cosas, solamente han evolucionado y se han adaptado a lo que hoy día podemos conseguir.








martes, 11 de diciembre de 2018

Nahui Ollin: El Códice de Guadalupe.

   Una de las cosas que más me ha atrapado en mis seis décadas (y pico) en términos religiosos y más aun iconográficos y simbólicos, es la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, Santa María de Guadalupe, Virgen de Guadalupe o Guadalupe, como gustes llamarla. Y son tantos los detalles que encierra esta pintura que, más allá de la parte devocional o mísitca, lo que encontramos allí es una historia a como solían plasmarlas aquellos "pintadores de palabras" como lo eran los Tlacuilos. Esta vez nos apoyamos en un texto interesante por demás, el cual, si lo quieres leer completo, entra aquí.

   "Ahora, en base a la bibliografía existente, a los estudios generados en la sagrada tilma, hemos entendido lo que para los indígenas era ya un hecho desde el primer momento que lo vieron, el ayate, es un tesoro iconográfico, es un códice que explica perfectamente su propósito, y es así que “…para Juan Diego como para todos los indígenas que sabían leer la Imagen de la Virgen de Guadalupe fue de una total alegría captar que ese Dios, el Dueño del cielo y de la tierra, estaba llegando a su presencia por medio de su Madre; era un Dios que había venido a ellos simplemente, porque los ama…

   "Pero ¿en dónde ubicaron este mensaje?; a estas alturas ya vamos deduciendo que “…los manuscritos indígenas desempeñaban un papel determinante al comunicar información sobre los temas de importancia… pero a diferencia de los manuscritos europeos que usaban un lenguaje alfabético, los códices nahuas eran primordialmente pictóricos, con imágenes o glifos…

   Bueno, pues te pido ahora que analices la imagen de Santa María de Guadalupe quien luce en su túnica, debajo del cíngulo (cordón o cinta negra) ubicado bajos sus manos, una flor de cuatro pétalos, jeroglífico del chalchihuitl, que es el Xiuhpiltontli, o el “niño precioso” nombre del Sol entre los tenochcas.

   Aquí hago énfasis en el tema importante de que las imágenes de los símbolos flores, incluido por supuesto, el Nahui Ollin, no están afectadas por los pliegues sino que están sobre ellos por lo cual están siempre presentes de forma clara, como queriendo que el mensaje no se pierda, que todo aquél que se acerque lo note y sepa cuál es el mensaje.

   Anderson y Chávez nos explican claramente que “…el diseño floral superpuesto a la túnica de la Virgen de Guadalupe contiene tres tipos de flores: un jazmín de cuatro hojas (que aparece una sola vez), una flor de ocho pétalos (ocho veces), y un racimo de flores (nueve veces)…”

   Seguimos analizando esta flor de cuatro pétalos comentando que al centro de la misma, observaremos el punto en el centro que también tiene un significado importante, que es el Quinto Sol, nuestra era actual, en la que vivimos tú y yo querido lector, “…así pues, ésta es la flor solar, que presenta al Dios vivo y verdadero…”

   Es importante reiterar que la flor de cuatro pétalos está plasmada una sola vez en la túnica de Santa María de Guadalupe, a la altura de su vientre en donde nos trae al Salvador, “…y esta flor está en posición del Nahui Ollin, es decir, siempre en movimiento; por lo que esta sencilla flor, también llamada jazmín mexicano, manifiesta al Dios Único, Omnipotente y Eterno, siempre en movimiento, Dueño de la Vida, Dueño del cielo y de la tierra…”

   En la actualidad, algunas mujeres indígenas siguen portando este listón que rodea su cintura, es decir, que siguen conservando las tradiciones que muy bien nuestra Virgen de Guadalupe conocía y quiso de algún modo, hacer suyas también para mostrarse humilde, unida, cercana a nosotros.

   Finalmente, el Nahui Ollin o “cuatro movimiento”, ubicado bajo la cinta que rodea su cintura y que indica que está embarazada, sólo reitera su mensaje, indicando que trae, como dijimos antes, a Dios hecho Niño, “…a la Encarnación del Verbo y a quien Ella misma menciona como “Aquel por quien se vive”, “Creador de la gente”, “Dueño de lo cercano y lo lejano”, “Señor del cielo y la tierra”, términos que se entienden mejor en estas tierras. (1)







Fuente:

Bravo Méndez, José Antonio Efraín. Guadalupe hoy. Centro de Estudios Guadalupanos de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. Número 14. Julio 2017. pp. 11-14

lunes, 10 de diciembre de 2018

La siempre presente imagen de Guadalupe por todos lados en México

  Estamos en la antevíspera del que es uno de los días más importantes en México en término de culto religioso en México, el 12 de diciembre, día asignado por el Vaticano en 1756 para el "oficio propio" de Santa María de Guadalupe, la Guadalupe Mexicana, pues recordemos que hay una Guadalupe Extremeña en esa región de España.

  El haber obtenido oficio propio en mitad del siglo XVIII nos da cuenta de la importancia que la imagen del Tepeyac había logrado luego de 225 años de haber ocurrido las milagrosas apariciones. Ahora estamos a 262 años de habersele dado la distinción del mencionado oficio propio. Así pues, totalizamos 487 años de que la idea de Guadalupe existe en México  (CDLXXXVII Aniversario). 

  Las fotografías que hoy comparto son las realizadas este año cuando por aquí, por allá, y por todas partes "aparece" la imagen de Guadalupe, la que sin dudas representa a México.