martes, 31 de julio de 2018

Resolviendo el misterio de las puertas azules

   Estamos a cinco meses de cumplir diez años de diaria publicación en El Bable, eso quiere decir 3650 artículos... quizá llegue a 3640 pues hubo un año en el que me fue imposible subir artículo durante varios días, como quiera, serán diez años y serán un montón de publicaciones con miles de fotografías. De todo ese montón hay, por lo menos una docena que habla de las puertas azules, esto sucedió debido a que (como ya lo comenté) en 1994 viví 5 meses en el mundo árabe, en un país que si bien es tradicional, no tiene su imposición religiosa tan intensa como en el medio oriente, en Túnez  las cosas son más fáciles para nosotros, los occidentales, y la apertura que hay hacia las culturas más allá de la musulmana es de tipo tolerante. En ese país trabajé 3 meses, un trabajo sumamente sencillo que me permitió recorrer el país, de cabo a rabo, tres veces, mi trabajo era el de guía acompañante con un turoperador italiano, esos tres meses fueron sumamente interesantes pues viví en un mundo totalmente diferente a lo que estaba acostumbrado y vi una constante... por todos los rumbos: las puertas azules. Fue allí, cuando pregunté la razón, que me dijeron que las pintaban con ese color porque ahuyentaban las moscas. Lo creí y no averigüé más.

   Luego de muchos años, con mis buenos amigos de Los Altos de Jalisco, un día, me llevaron a conocer un rancho llamado La Jabonera, municipio de Nochistlán, Zacatecas. El lugar me gustó mucho, me pareció una arquitectura vernácula por demás interesante y me sorprendió mucho una constante: casi todas sus puertas estaban pintadas de azul. Ahí renació mi atención hacia ese detalle y comencé a ver cada día que pasaba por esa zona de los Altos, me refiero a Teocaltiche, que había muchas puertas azules, algunas en buen estado, otras con rasgos de que habían sido de color azul y otras que eran de otro color pero, al verlas de cerca, se notaba que la capa anterior era azul, un tono de azul por demás particular, característico... todo eso ocurrió en 2015 si mal no recuerdo. Hace poco que estuve de nueva cuenta por la zona, más y más puertas azules descubrí. Llegué, incluso, a afirmar que eso era una herencia sefardí, pensando en el tono de azul que hay en ese sito que mencioné, Túnez, pero que igual está omnipresente en Grecia y en prácticamente todo el Mediterráneo... entonces... o era sefardí o era árabe.

  No encontré respuesta alguna, una vez, platicando con un joven amigo que creció en un rancho de ese rumbo de Nochistlán me dijo que su abuelo le había dicho que ese era el único color que se conseguía en esos tiempos y que por eso todas las puertas estaban en el mismo tono. Me pareció bastante lógica la respuesta. Luego comencé a notar que en muchas ciudades viejas europeas también había una buena cantidad de puertas y ventanas pintadas en azul. Y que la literatura costumbrista del siglo XIX hacía muchas referencias no solo a las puertas azules, también a las verdes y al caminar por el Centro Histórico de la ciudad de México, tope con una buena cantidad de vestigios de puertas y ventanas no azules, pero sí verdes... ¿moda porfiriana? pensé.

  Creo que a más de dos personas contagié de esa obsesión por las puertas azules... bueno, ahora tengo ya la respuesta al por qué se pintaban de ese color. La cosa es simple y es de lo más lógico que podamos pensar. Sucede que en el México de antaño, digamos que en el siglo XIX, ni Sherwin Williams ni Comex o Dupont existían, entonces cada quien se tenía que hacer su propia pintura y la paleta no era precisamente grande... las fórmulas eran bien claras y específicas. Precisas. Si yo, que tengo actualmente 63 años recuerdo que siendo niño, en Navidad hacía yo mismo mi pintura dorada para los trabajo manuales de la escuela usando la mistión de plátano y el oro muncido, no es de extrañar que, para pintar las maderas que daban al exterior, sean puertas que ventanas, se usaba algo que en la zona del Mediterráneo se conoce como el "azul egipcio", fórmula tan antigua como la civilización egipcia, en la que al aceite de linaza que sirve de fijador, se le agregaba el óxido de cobre que era un excelente protector de intemperie para la madera, amén de evitar las polillas (quizá también las moscas) y era por eso que las puertas y ventanas de madera se pintaban de azul... azul egipcio para ser precisos. Se dice que en el antiguo Egipto se llevaba el óxido de Chipre, como se le conocía al cobre... y al hacer la mezcla producía un color específico de azul.

Así pues, señores, la cosa era lógica, era la fórmula conocida..  desde el siglo I y fue creada por Marcus Vitruvius Pollio y está  descrita en su libro De Architectura. La puedes ver aquí.

domingo, 29 de julio de 2018

Ni son todas las que están, ni están todas las que son: Cantinas en Salamanca

El ejercicio compilatorio - fotográfico del día de hoy va relacionado a lo que hace dos semanas publiqué de Teocaltiche, población en la que llegué a contar poco más de una docena de cantinas en la parte de lo que ahora solemos llamar "casco antiguo" en las poblaciones. Esta vez lo hago en Salamanca dentro de la misma área, que comprende las calles Faja de Oro al Norte. El río Lerma al Sur. Progreso al Oriente y Cazadora al Poniente, en donde encontré 32 cantinas. Comparando la población de Salamanca con ese número, y la de Teocaltiche con las que hay por allá, puedo concluir que, a ojo de buen cubero, la proporción es igual.

Y esto me conduce a dos refranes por demás populares: "Ni son todos los que están, ni están todo los que son", lo cual Cervantes Virutal lo define como: Ausencia. Se dice para indicar que falta alguien en una reunión. Así pues en esta reunión de fotos, tal vez falta alguna cantina. ¿Cuál será?

Y eso del "a ojo de buen cubero...", Wikcionario lo define: Con imprecisión o usando una medida meramente estimada, sin ayudarse de ningún tipo de peso o medida. Antiguamente, la cuba además de un recipiente para guardar vino era una medida de capacidad. La exactitud en la capacidad de la cuba dependía de la pericia del fabricante de la misma: el cubero.


































 La cantina Gambrinus estuvo por muchos años frente al Mercado Municipal, en la calle Juárez.

La cantina Las Playas, estaba en la esquina de Juárez con Obregón, actualmente se llama Bar Salamanca.