viernes, 15 de mayo de 2020

Algo sobre el Real, la moneda, el camino y las minas...

 Bien sabes la afición que tengo (entre varias otras) a las palabras, sus significados, sus orígenes y, en ocasiones, su decadencia… o desuso en todo caso. Esta vez le corresponde a la “real”, y para ello me sustento, me soporto, y hago referencia a algo real, la Real Academia de la Lengua. Para comenzar vemos lo que allá en el 1737 en el Diccionario de Autoridades se definía por real:

REAL. Lo que tiene física y verdadera existencia. Se dice también lo que toca y pertenece al Rey. Vale asimismo, ingenuo en el trato, y que no usa cautelas ni reservas. Equivale también a generoso y noble, con semejanza al porte de los Reyes: como pensamiento reales. Se llama la principal galera de testas coronadas y Reinos independientes. El campo donde está acampado un Ejército: y rigurosamente se entiende del sitio, en que está la tienda de la Persona Real, o del General. Se toma también por el cuerpo del Ejército”. 

Si por acaso te ha surgido la duda del ¿por qué al camino se le decía Real?, aquí está, del mismo diccionario, la razón:

CAMINO REAL. Se llama el más ancho, principal, fácil y cursado de los pasajeros, y el más público: y por eso tienen obligación las Justicias de tenerle llano, y compuesto, y en partes empedrado. Llamase Real, porque es público, o guía a parajes grandes, y se camina por él con más conveniencia”.

   Seguramente has leído la historia de ciudades mineras como Guanajuato, Pachuca, Taxco, o cualquier otra, y has visto que se le referenciaba también con la palabra real, esto debido a que era la manera en que entonces se les llamaba a los distritos mineros, claro lo tenemos con Real del Monte o Real de Catorce:

“Junto con la villa, la provincia, la misión y el presidio, instituciones españolas, existió otro importante establecimiento llamado real de minas. Se trataba esencialmente de un distrito minero en donde las autoridades, además de ejercer las funciones de gobierno, judiciales, fiscales y militares, debían aplicar las medidas conducentes al incremento de la producción de metales. Las autoridades superiores habían elaborado unas ordenanzas que los administradores del real de minas debían aplicar con firmeza y sagacidad. Con frecuencia, el administrador era el mismo alcalde mayor de la provincia, ya que aquí se podían obtener las mayores ventajas económicas”. (Breve historia de Sinaloa, Sergio Ortega Noriega. Colegio de México, 1999)

 Y ni que decir de la moneda, que se llamaba, precisamente, Real:

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Diccionario de Autoridades - Tomo V (1737)

REAL. Moneda del valor de treinta y cuatro maravedís, que es la que hoy se llama real de vellón; pero no la hay efectiva. En algunas partes de España se entiende por real, el real de plata.

REAL DE A CINCUENTA. Moneda de plata del peso y valor de cincuenta reales de plata doble, de los cuales hay muy pocos, por no ser moneda usual.

REAL DE A DOS. Moneda de plata del valor de la cuarta parte del real de a ocho, o mitad del real de a cuatro.

REAL DE A OCHO. Moneda de plata que contiene el peso y valor de ocho reales de plata. El que contenía ocho reales de plata corriente, o del valor de real y medio de vellón, valía por consiguiente doce reales de vellón. El que contenía ocho reales de plata doble, valía quince reales y dos maravedís de vellón: y este por la última Pragmática ha subido al valor de diez y ocho reales y veinte y ocho maravedís de vellón, que corresponde a diez reales de plata doble.

REAL DE A OCHO DE MARIA. Moneda de plata que se fabricó en el año de mil seiscientos y ochenta y seis, de menor peso que el del real de a ocho común, y correspondiente al valor de doce reales de vellón. Diósele este nombre por tener gravado en la cara principal el Dulcísimo Nombre de María con una cruz encima.

REAL DE A QUATRO. Moneda de plata del valor de la mitad del real de a ocho.

REAL DE PLATA. Moneda que en lo antiguo valía lo mismo que el real de vellón; pero después que se le dio a la plata el premio de veinte y cinco por ciento, valió real y cuartillo de vellón, que es el real que se regula en la limosna de la Bula. Después se le dio a la plata el premio de cincuenta por ciento, por lo que subió al valor de real y medio de vellón, y hoy se llama real de plata corriente. Últimamente subió al valor de diez y seis cuartos, que es el que hoy se mantiene con el nombre de real de plata doble.

Ya para terminar vemos que el Real, como moneda, tomó carta de naturalización en México:

  “El real fue una denominación de moneda en México que se mantuvo vigente hasta 1863 por Benito Juárez, siguiendo la ordenanza de la Constitución de 1857 que implantaba de jure un decimal sin embargo de facto se seguía usando el antiguo sistema de fracciones en octavos. Las equivalencias eran de 1 escudo de oro por 16 reales de plata o 128 tlacos. El peso se convirtió, en 1897, en la única unidad monetaria vigente en México, con una tasa de cambio de 8 reales por 1 peso.

  Las monedas valuadas en reales emitidas por primera vez en México pertenecían al real colonial español. En 1822 se comenzaron a emitir monedas del real de México. En 1863, México comenzó a emitir monedas valuadas en centavos, la fracción del peso mexicano, pero las monedas denominadas en reales (en particular, las monedas de 8 reales) siguieron siendo acuñadas hasta 1897.” (Wikipedia)

domingo, 3 de mayo de 2020

De las intimidades del Conde de la Valenciana y el antecedente de su matrimonio

   Creo que uno de los temas guanajuatenses que mejor se conocen es el de su minería y toda la riqueza que generó. Por “conocer” quiero decir, más bien, que es el tema recurrente que oímos, cuando visitamos la ciudad, o que leemos, cuando tomamos algún libro de historia de la ciudad, pero, en realidad no se conocen ciertas particularidades sobre el tema… más allá de los especialistas de la parte histórica de la minería, el resto solo tiene (tenemos) una idea, vaga en muchos casos. Y ni que decir de los mineros, los personajes que explotaron esa industria… y ni qué decir del más afamado (conocido por su título), el conde de la Valenciana.

  Y es así que, por mera casualidad, como sucede regularmente al hojear y hojea los libros que guardan las antiguas parroquias y el obispado, en este caso la parroquia de Nuestra Señora de Guanajuato y el Arzobispado de Morelia, aparecen verdaderas joyas que nos dicen cuáles fueron los derroteros que la historia (en su momento, la vida) llevó y, ahora me (quizá nos) sorprendemos con estas intimidades. 

   Veamos el primer documento, el cual es expedido en 1766, desconozco la fecha exacta y asumo que la carta se hizo en la ciudad de Guanajuato pues ahí da solamente una referencia al decir que "viviendo en esta ciudad".

   Don Antonio de Obregón, español, natural de la jurisdicción de Pénjamo en la Hacienda de San Gregorio y vecino de ésta ciudad de ocho años a ésta parte, hijo legítimo de don Alfonso de Obregón y de doña Anna Francisca de Alcocer, difunta, estando como ya estoy, fuera de la patria potestad por hallarme emancipado y de edad de cuarenta y cuatro años en la forma que mejor pueda y lugar haya, parezco ante Vuestra Merced. Y digo: 
   Que viviendo en ésta ciudad me amisté torpemente con doña Ignacia Jospha Barrera y en continuación de ésta ilícita correspondencia falleció de parto y porque no peligrara la criatura fue necesario el que doña María Guadalupe Barrera, su legítima hermana entera, como hija de matrimonio de don Leonardo Barrera, difunto y de doña Anna María de Torres, le echase el agua del bautismo en el mismo acto del parto con la estrecha comunicación y entrada libre que yo tenía en su casa, hube de aficionarme tanto de la expresada, mi comadre, doña María Guadalupe, que resolví por mi mucha fragilidad y miseria, el contratarla de amores, y por mis muchas persuasiones y haberle dado palabra de casamiento, consintió en lo mismo que yo deseaba, dejándose desflorar con la esperanza de casarse conmigo y continuando en ésta torpe amistad, después del fallecimiento de la referida, su hermana, hasta la presente me he visto obligado por instruirme la conciencia y que nuestras almas no se pierdan a presentarme como por mi motu proprio me presento ante Vuestra Merced para que atienda la circunstancias que las buenas obligaciones y la honradez de la casa de la enunciada, doña María Guadalupe, quien hasta ahora está de todo en reputación de doncella; de los muchos disgustos, pesares y discordias que con los suyos y los míos se originarán, no siendo muy remoto el peligro de alguna vida.
   De la legitimización de la prole, del peligro de incontinencia y reincidencia si ella no se declara pues, seguiré yo en la misma casa, con la misma libertad y satisfacción que, hasta el presente, de los muchos tropiezos y ocasiones a que queda expuesta si deshonrada y baldonada de los suyos no le cumplo la palabra por cuya esperanza no ha procurado el aborto que tantas veces se le ha propuesto por único remedio pronto de sus congojas se sigan las diligencias con toda precaución y cautela con la mayor brevedad que se pueda respecto a hallarse la mencionada, mi amasia ya en términos mayores en cuya atención, siendo posible el que antes de todo sin que sea necesario dar cuenta primero al Ilustrísimo Señor Obispo de éste obispado por la grande urgencia que pide el caso se ha de servir la integridad de vuestra merced de mandar que con todo sigilo se le tome su declaración a la susodicha doña María Guadalupe, para lo cual, se dará la providencia de que se ponga en su libertad a excusas de su madre y los suyos y dada que sea mandar así mismo se me reciba información de nuestra libertad y soltería y no resultando otro impedimento a más de los relacionados, se me entreguen las diligencias originales para ocurrir con ellas a dicho Ilmo. Sr. quien en su visita no dando que, atendiendo a nuestra miseria y fragilidad y a la gravedad de los motivos y circunstancias que he producido se vea equitativamente y procure como buen pastor el sosiego de nuestras conciencias. Para que no perezcan dignándose dispensarnos el grado o grados de parentesco por afinidad y cognación espiritual, que yo y la susodicha contenemos contraído y dispensarnos así mismo los respectivas proclamas dispuestas por el Santo Concilio de Trento, sin embargo de mi notoria pobreza, trayéndose su grandeza el caso, serme permiso el perdón y suplicar éste beneficio a causa de lo que llevo relacionado por el peligro que corre de morir dicha doña María Guadalupe o la prole en las circunstancias que se halla que siendo demasiadamente claras es por demás su prueba lo que así espero conseguir de su gran conmiseración, Cristiano y celoso pecho.
   Por tanto a vuestra merced suplico mande hacer, como llevo dicho, juro en forma este pedimento no ser de malicia y en lo necesario &a.

Antonio de Obregón. (1)

   Sorprendente el documento, usa las palabras aborto y desfloración, las cuales veo por primera vez en un documento de esa época... otras palabras más, que están en negrita, van a un enlace al Diccionario de Autoriades para entender bien lo que significa baldonada y cognación. Ahora bien, en el siguiente documento vemos el registro de matrimonio de Antonio de Obregón y Ma. Guadalupe Barrera, el evento ocurre el 9 de junio de 1766, mismo año en que fue solicitada la Dispensa que acabamos de leer. 

  En el año del Señor de mil setecientos sesenta y seis años, a nueve de junio, el Sr. Br. Dn. Francisco Medrano como Teniente de Cura, en virtud del superior Despacho del Ilmo. Sr. Dr. Dn. Pedro Anselmo Sánchez de Tagle, dignísimo Sr. Obispo que fue de este Obispado de Michoacán, casó a Dn. Antonio de Obregón y Alcocer con Da. María Guadalupe Barrera y Torrescano, españoles, vecinos de esta ciudad: fueron sus padrinos Dn. José de Sardaneta y Da. María Luisa de Sardaneta, hermanos de dicha María Guadalupe y testigos Dn. Francisco Alegre y Dn. Juan José Farfán de los Cobos de ésta vecindad. Y para que conste lo firmé en Guanajuato a veintidós de junio de un mil setecientos noventa años.
Dn. Manuel de Quesada.

Nota: No encontrándose la partida del casamiento que Dn. Antonio de Obregón y Alcocer contrajo con Da. María Guadalupe Barrera y Torrescano. En vista de la información que produjo dicha Señora cuando el Sr. Cura y Juez Ecelsiástico, Dr. Dn. Manuel de Quezada, se anotase y firmase con ésta en este libro y se acomodase a él dicha información para su debida constancia.
5 de noviembre de 1869 (2)

  Lamentablemente no hay una fecha exacta del primer documento, solo el año, como ya lo dijimos, de 1766, Fue dos años luego, que la corazonada de Antonio de Obregón se volvió realidad y la mina dio su primera bonanza. En cuanto al documento que ahora vemos es el registro de bautismo de María Josefa Rafaela Ignacia Obregón y Barrera, la hija que nace el 11 de julio, apenas un mes luego del registro de matrimonio. Todo esto me hace pensar que eso se mantuvo oculto pues, como ya lo vimos, el registro de la boda no se hizo en su momento, hasta el 22 de junio de 1790. La niña murió, quizá al poco tiempo, pero aun no logro encontrar la defunción.



sábado, 2 de mayo de 2020

Algunas fotografías antiguas de la Ciudad de México

   La Santísima, mucho antes de que comenzara su hundimiento.

 Santiago Tlatelolco cuando comenzó la demolición 1958.

 La coronación de Baco, pulquería, 1890, por Briquet.

 El primer monumento a los Niños Héroes, próximo al árbol "Sargento".

 Otra toma de Santiago Tlatelolco.

 Cuando los Indios Verdes estaban frente al Caballito.

 San Lázaro.

 Otra pulquería...

 Coyoacán.

 Cuando se fraccionó la Hacienda de la Condesa.

 Ave. Juárez.

 La casa del conde de Santiago Calimaya.

 Aunque es ya Estado de México, la silueta está más que asociada a la CDMX.

 La casa Heras y Soto.

 Extraordinaria toma aérea... quizá de los años cincuenta.

 Cuando estaba el Calendario Azteca empotrado en el muro poniente de Catedral.

Teotihuacán en 1950.


viernes, 1 de mayo de 2020

Ocio y creatividad durante el confinamiento, caso de 1766

   ¿Era esto una manera de manifestar el aburrimiento que se vivía en ese confinamiento habitual del silo XVIII? eso no lo sé, pero el caso me parece interesante, nunca antes lo había visto en los libros antiguos de los archivos históricos, en este caso el de matrimonios de 1766 en la parroquia de Santa Fe de Guanajuato.

  Estamos (en este viaje por el tiempo) en la parroquia de Guanajuato, esa que era ¿o es? Colegiata y que está dedicada a Nuestra Señora de Guanajuato, es el año de 1766, el cura asignado a ese lugar es el Bachiller Don Juan Joseph Romero Camacho, el escribe (o su theniente, es decir, su secretario) en el libro de Matrimonios, al comenzar el citado año, que en Henero, con hache, como se escribía en ese tiempo se realizaba el primer matrimonio del año.... eso es lo de menos, lo interesante es lo que el señor cura hacía en su parroquia... veamos:

  Los estados anímicos, más que mejor conocidos en estos días presentes por los que atravesamos de confinamiento, que muestra el Cura son notorios. Quizá era solamente una afición a la caligrafía que él tenía, o, como muchos de los libros que en la época se publicaban, cada que comenzaba un párrafo, regularmente se estilaba hacer una alegoría que incluyera la letra inicial, herencia de los incunables de la Edad Media.

  Al ver otro registro, creo que más bien las alegorías caligráficas que se manifiestan no eran por parte del Señor Cura, sino de su escribano pues, ahora vemos en la imagen, que la E podía ser elevada a trazos prácticamente excelsos.











jueves, 30 de abril de 2020

La noche de Walpurguis o la redondez del tiempo

   Hacía un buen tiempo que no abordaba el tema del calendario y la propuesta que desde hace varios años había hecho acerca de que el tiempo es redondo… como los relojes lo son y nos marcan el tiempo determinado de medio día, pues para decirnos de un día entero las manecillas deben dar dos vueltas completas, y si dan vueltas es porque giran formando un círculo y si vemos algunos calendarios, los antiguos, específicamente los prehispánicos, estos eran de forma circular, de ahí eso que digo de que el tiempo es redondo y más que el tiempo, lo que es redondo es la cuenta que de él llevamos.

   Esta idea la reafirmo con la celebración que hoy, 30 de abril se hace (en tiempos normales) de la Noche de Walpurguis (Walpurgisnacht), que abarca desde el ocaso de hoy, hasta el amanecer de mañana. 1° de mayo. En esta noche “se celebra en el centro y norte de Europa la fiesta pagana de la Noche de Walpurgis, cuando las brujas pueden celebrar sus fiestas paganas antes de ser barridas por el amanecer del día de la santa. En realidad Walburga nada tenía que ver con este rito; más bien se escogió esa noche por oposición a la fiesta de Todos los Santos (que se celebra el 1 de noviembre), ya que celebrar ritos paganos seis meses después, o sea, del otro lado del año, es una manera ritual de darle vuelta. El escritor alemán Wolfgang Goethe retrató de manera detallada y espeluznante esa noche de Walpurgis en su Fausto". (Wikipedia.)

  Walapurguis o Walaburga o Valburga, Valborg, Walburg, Walpurga, Waltpurde, Valpurgis, Vauborg, fue una santa “Nació en Wessex (Inglaterra) cerca del 710. La leyenda dice que era hija del mítico rey san Ricardo el Sajón —un rey de los sajones occidentales— y de Winna, hermana de san Bonifacio, apóstol de Germania. Cuando su padre partió en peregrinación hacia Roma junto con sus dos hermanos —los también legendarios San Willibaldo y San Winibaldo—, Walburga, entonces de once años de edad, quedó bajo el cuidado de la abadesa de Wimborne. Pasó 26 años encerrada en el convento inglés, preparándose para las hazañas que llevaría a cabo en Alemania. Gracias a la educación que recibió en Winborne, Walpurga pudo más tarde escribir en latín la Vida de san Winibaldo y los viajes de san Willibaldo por Palestina. Eso la convertiría en la primera escritora de Inglaterra y Alemania. (Wikiwand.)

  Curioso encontrar esta, digamos, contraposición, esta antípoda calendárica, la noche del 30 de abril con la noche del 31 de octubre… prácticamente lo mismo que (pensando en el punto del otro lado del círculo) a 180 grados, en este caso a 180 días (180+180=360) entre el 24 de junio, día de San Juan el Bautista y el 25 de diciembre, la Navidad. Que es lo mismo que uno y otro equinoccio o uno y otro solsticio. Equilibrio cósmico al fin.

Para leer más del tema, entra aquí.
Un video musical, aquí.

martes, 28 de abril de 2020

De epidemias, pandemias y zoonosis… las palabras que agregamos a nuestro léxico habitual.

   De sobra sale comentar sobre la cantidad de palabras (no de cuántas decimos al día, sino cuántas palabras conocemos y usamos al hablar –o escribir-) pues bien sabemos que cada vez limitamos nuestro lenguaje habitual a uno o dos centenares de palabras; ni para qué mencionar lo de las contracciones que se han generado en el modo de escribir una palabra debido al uso y abuso de los msg de texto. Aquí, tratando de ser lo más positivo en mitad de esta situación que ahora vivimos, es el de que si vemos con un poco más de atención a los reportes que se dan día a día en torno a la pandemia, van apareciendo palabras que nos enriquecen el lenguaje. Como la que acabo de “descubrir”: zoonois.

  En 1732 la epidemia se definía en estos términos: “La enfermedad que corre comúnmente entre la gente, y que anda generalmente vagando entre muchas personas”.

   En 1737 a la peste se entendía como “Enfermedad contagiosa, ordinariamente mortal, y que causa muchos estragos en las vidas de los hombres y de los brutos. Ocasiónase por lo común de la infección del áire, y suelen ser la señal de ella unos bultos que llaman bubones o landres. Por extensión se llama qualquiera enfermedad, aunque no sea contagiosa, que causa grande mortandad

  Tendrían que pasar siglo y medio para entender lo que era la zoonois, actualmente la Real Academia de la Lengua define la palabra así: “Enfermedad o infección que se da en los animales y que es transmisible a las personas en condiciones naturales”.

   Con estas ideas en la cabeza, ahora comparto contigo que sigues El Bable, algunos interesantes textos de los que doy enlace a la publicación completa por si te quieres empapar en el tema:

   “Esta incomprensión de la naturaleza de la peste no puede sorprender, puesto que no fue hasta finales del siglo XIX cuando el microbiólogo suizo Alexandre Yersin descubrió el bacilo Yersinia pestis, causante de la infección. La peste es una zoonosis transmisible, una enfermedad de las ratas y otros roedores que puede contagiarse eventualmente a los humanos a través de las pulgas. Estas, al picar a las ratas, ingieren sangre con bacilos que se multiplican en su interior. En condiciones normales, las pulgas no buscan huéspedes humanos, pero, cuando la epidemia merma la población de roedores, los insectos hambrientos atacan a cualquier organismo vivo cercano. (Tomado del diario español La Vanguardia, te recomiendo leer todo el artículo, aquí.)

   “El nombre de influenza fue acuñado en Florencia, Italia, durante una terrible peste ocurrida en 1357, en la que esta enfermedad fue atribuida a la "influencia perniciosa" de los astros. Algunas epidemias italianas, procedentes de Asia, arribaron a la Península Ibérica y fueron reportadas y descritas en numerosas ciudades españolas a lo largo de la Edad Media como epidemias de catarro o gripe. Una de ellas ocurrió en Sevilla en 1405. El parasitólogo veterinario e historiador español Miguel Cordero del Campillo, en su obra Crónica de Indias, menciona que la primera epidemia de origen europeo que llegó a América en noviembre de 1493 fue la gripe o influenza, y que parece haber sido de carácter zoonótico. Los caballos y los cerdos que embarcó Colón en la isla Canaria de La Gomera, en su segundo viaje a América, enfermaron de un proceso respiratorio identificable aparentemente con la influenza, que afectó también a algunos tripulantes, entre ellos el propio Cristóbal Colón, según la referencia que dio el doctor Diego Álvarez Chanca, médico de la expedición y quien lo trató (citado en Márquez, 2006: 124). Tan sólo en los pasados 100 años hubo seis grandes pandemias: en 1890, 1900, 1918, 1959, 1967 y 1977. (Tomado de Márquez Morfín. Scielo)

  Sobre la pandemia de 1918 se han publicado algunos estudios, se le ha considerado como “la pandemia olvidada”, siendo que es la que nos da un marco referencial a lo que estamos viviendo en estos días, te recomiendo leer más sobre lo ocurrido en la llamada Influenza Española:

   "Por lo general este virus produce epidemias agudas cada tres años, a finales del otoño o principios del invierno, y cada diez años se presentan cambios en el tipo antigénico prevalente del virus A que en ocasiones dan origen a grandes pandemias. Las más recientes se produjeron en 1957-58, “la gripe asiática”, y 1968-69, “la gripe de Hong Kong”. Ambas involucraron cepas que al parecer proceden indirectamente de las aves, pero en términos de los daños generados poco tuvieron que ver con la pandemia de 1918.

   A esta última se le terminó denominando influenza española, pero la verdad es que a la fecha se desconoce el sitio en donde se originó. En la primavera de 1918 aparecieron brotes en diversos países de Europa y Asia, y en Estados Unidos. La primera ola de influenza fue muy contagiosa, pero en muy pocos casos tuvo consecuencias fatales. La segunda ola apareció pocos meses después y hacia octubre se había diseminado a prácticamente todo el mundo, incluso a las remotas aldeas esquimales. Sólo algunas islas de Australia se libraron de este mal. (Tomado de Salud Pública.)

lunes, 27 de abril de 2020

1786, el Año del Hambre, la epidemia y la muerte del Conde de Valenciana

  La historia tiene registrados eventos iguales o peores a los que en estos días estamos viviendo. Días por demás extraños en los que, sin previo aviso y de un día para el otro, la rutina dejó de serlo y a un proceso de adaptación nos estamos viendo sujetos. Pensé si era o no adecuado publicar este tipo de eventos. Al principio no quise pues veo que en la prensa escrita se han hecho referencias, especialmente a lo ocurrido en plena Primera Guerra con aquello de la Influenza Española, misma que afectó a todo México y de que muchos de nuestros abuelos o bisabuelos dieron cuenta de lo ocurrido. Recordé que uno de los grandes personajes del ideario mexicano murió durante una epidemia: Sor Juana, pero como su muerte ocurrió el 17 de abril, los periódicos nacionales dieron cuenta del evento (del aniversario luctuoso). Ahora, ya más relajado en cuanto a los temas que abordo en este Bable, creo adecuado recordar que en otra época y en otra circunstancia hubo otro personaje muy bien conocido en México, que murió igual, a causa de una epidemia. Veamos: 


1.- Antecedente: “27 de Agosto de 1785. Una muy fuerte y extemporánea helada, que cae en este día, destruye por completo las sementeras principalmente las de maíz; dando con esto origen á los horrores que tuvieron que lamentarse el siguiente año de 1786 conocido hasta el día con el fatídico nombre de “año de la hambre;" y de los cuales hablaremos muy pronto extensamente. 

 2.- El problema. “A consecuencia de la helada que ya mencionamos, verificada en 27 de Agosto del año anterior, se pierden completamente todas las cosechas, y una hambre horrible, acompañada de una asoladora peste, devasta por todas partes el suelo de la Nueva España: en la Ciudad de Guanajuato tienen lugar las más lastimosas escenas, semejantes á las que hemos descrito con motivo de otra igual calamidad en el año de 1714.
   Desde el momento en que la helada fatal echó por tierra las esperanzas de los labradores, que contaban con pingües cosechas, todos los comestibles comenzaron á encarecer progresivamente, subiendo al fin á precios verdaderamente fabulosos. La manteca llegó á valer 25 ps. arroba, y vendiéndose al menudeo daban una onza por medio real, un piloncillo valía dos reales, y la harina 20 ps. carga etc. á las tortillas les mezclaban biznaga, y otros ingredientes á veces perjudiciales á la salud; en las alhóndigas había terribles desórdenes por la multitud que las invadía, y la guardia que las autoridades hicieron poner en cada una de ellas, á fin de contenerla, tuvo muchas veces que recurrir á sus armas.
   La peste en tanto competía con el hambre, para ver cuál de las dos hacia más víctimas. Las montañas, los barrios y aún las mismas calles y plazas eran teatro de los más tristes espectáculos: crecidas caravanas de miserables, de la Ciudad y de fuera de ella, andaban en todas direcciones pidiendo por amor de Dios un pedazo de pan, y frecuentemente se veían caer moribundos á varios de ellos que espiraban en pocos momentos.
   D. Bartolo Álvarez, en sus apuntes manuscritos, que varias veces hemos citado, refiere que había personas caritativas, que, desde la oración de la noche hasta las cuatro de la mañana, se ocupaban en recoger cadáveres que se encontraban tirados á cada paso, y los llevaban al panteón de S. Sebastián para darles allí sepultura.
   Su multitud fue tanta, que el mencionado panteón, único que entonces existía, hubo de llenarse de tal manera, que los miasmas corrompidos que exhalaba, se percibían desde grande distancia; y se hizo necesario por esta razón echar sobre toda su superficie un atierre de media vara de espesor, providencia que fue tomada por el Ayuntamiento el día 1. ° de Agosto. Según el Barón de Humboldt excedieron de 8,000 las víctimas que hizo en la Ciudad de Guanajuato esta asoladora calamidad.
   Hubo no obstante muchas personas benéficas y caritativas, deparadas por la Providencia, que derramaron sus tesoros á manos llenas para aliviar en lo posible tanto sufrimiento, de suerte que los pobres de los contornos venían en multitud á Guanajuato, atraídos por tanta caridad.
   El Ayuntamiento á la cabeza de los particulares no omitió medio para hacer menos dura la suerte de los desgraciados: desde fines del año anterior estableció varias casas de misericordia, donde se curaban los enfermos y se alimentaban los menesterosos: una estaba en la hacienda de beneficiar metales llamada de S. Pedro, que fue proporcionada para el efecto por el Sr. Regidor D. Pedro Luciano de Otero, otra en una casa contigua que facilitó el Presb. D. José Joaquín de Otero y otra en el Santuario de Ntra. Sra. de Guadalupe.
   Pero como las necesidades crecían por instantes, y viera la corporación que ya no eran suficientes las casas mencionadas, por estarse experimentando que en las calles, plazas, barrios, cerros y minas, se morían innumerables personas, así por la peste como por el hambre, determinó en 16 de Abril establecer otras dos nuevas, como en efecto se verificó; y ocurrir á la protección divina por medio de un solemnísimo novenario y procesión de la venerada Imagen de Ntra. Sra. de Guanajuato, arreglados por los regidores D. Juan Vicente Alamán y D. León de Sein.
   Los Sres. Curas D. Juan José Bonilla y D. José Joaquín Carrillo, no solamente no quisieron quedarse atrás en estas obras de piedad, sino que tomaron a iniciativa desde 16 de Noviembre del año anterior de 1785, donando para compras de semillas, que se distribuyeron gratuitamente, y para otros socorros a los necesitados, la suma de $ 8,000 que se tomaron de la fábrica y de los fondos de cofradías.
   El piadoso sastre D. José de la Luz Aradillas casi consumió cuanto poseía en poner un amasijo en los 'Escalones de Coites" para dar pan á los pobres a precio sumamente módico: cosa igual practico en la plazuela de S. Diego otro caritativo sujeto, llamado D. Juan de Austria, y el Sr. D. Miguel Mana de Arellano, repartía diariamente cuanto le era posible de muerte que los pobres lo seguían en numerosas bandadas llenándole de bendiciones. 
   Era médico este digno caballero y, al salir á caballo, según su costumbre, para hacer sus visitas, los vendedores de comestibles y los pobres se le agrupaban por uno y otro lado; y él con ambas manos distribuía los alimentos, subiendo á tal extremo su caridad y lo benigno de su corazón, que una noche, según refiere Álvarez, diciéndose testigo presencial del suceso, llegó á su casa seguido como siempre de centenares de necesitados, y al tiempo de entrar en ella lo echaron por tierra, y levantándolo por los pies lo sacudieron, hasta no dejarle nada de cuanto llevaba consigo: su esposa justamente airada quiso desde luego castigar tanta osadía; pero el Sr. D. Miguel la calmó en el instante, manifestándole que lo sucedido lo llenaba de complacencia, y que los pobres tomaban lo que era suyo, porque los que abundaban en bienes, no eran otra cosa que los depositarios de los necesitados.
   El Sr. D. Pedro Casillas, dueño de la hacienda de b. Luisito, distribuía también diariamente en aquel barrio abundante comida á centenares de pobres, los cuales para este efecto hacía formarse en largas hileras á ambos lados del rio.
   Otros varios particulares formaron en 26 de Abril una junta denominada "de pro visión de víveres" que hizo también grandes bienes, y para cuyos gastos, suplieron fuertes cantidades los Sres. D. Juan Vicente Alamán y D. Pedro González.
   Pero entre tantos piadosos caballeros, dignos todos de los más grandes elogios, se distinguía el Sr. Conde de la Valenciana, el cual, á más de las limosnas que hacia secretamente, que eran muchas, daba alimentos en el hospital de Belén á cuantos pobres se presentaban á recibirlo. El primer día que tuvo lugar este reparto se distribuyó una res entera y abundantes canastos de tortillas, pan y semitas; y habiéndose quedado sin parte cosa de 300 pobres, por no haber sido suficientes los alimentos preparados, entonces el benéfico Conde dio una limosna de dos reales á cada uno de los grandes y un real y medio á los pequeños, y mandó para los siguientes días triplicar la cantidad de comida, de suerte que las hileras de pobres se extendían desde el interior del hospital, por toda la calle de Belén.
   Gracias á tanta caridad, verdaderamente cristiana, los estragos del hambre calmaron algún tanto, sin llegarse á experimentar en Guanajuato los extremos horrores que en otros puntos, en que faltó la voluntad ó la posibilidad de hacer esos beneficios de tan grande cuantía.

3.- La consecuencia: “1786. Muere á fines de este año el Sr. Conde de Valenciana D. Antonio de Obregón y Alcocer, verdadero padre del pueblo de Guanajuato, cuyas abundantes lágrimas bañaron su cadáver como tributo justísimo de gratitud."


Fuente:

Marmolejo, Lucio. Efemérides Guanajuatenses. Tomo II. Imp. del Colegio de Artes y Oficios. Guanajuato, 1883. pp. 276-283

domingo, 26 de abril de 2020

La visión de Francisco de la Maza sobre la arquitectura civil en la ciudad de México virreinal

 Hoy juntamos dos portentos: uno es el texto del maestro Francisco de la Maza en el que nos describe con su impecable estilo la visión que él tiene de lo que fuera otro portento: la llamada Ciudad de los Palacios, esa región más transparente que aderezaba la ciudad virreinal de México. El complemento ideal son las fotografías que Dessiré Charnay ejecuta desde lo alto del templo de San Agustín y que nos hace un plano secuencia desde la Alameda, al poniente, hasta San Lázaro en el poniente.

  “Salvo el transformado Palacio Nacional, nada queda de arquitectura civil del siglo XVII. Toda la ciudad cambió sus casas en el XVIII. El gran acueducto de Santa Fe, iniciado en 1603 y terminado en 1620, fue destruido con saña en el siglo pasado (XIX) ni siquiera se tuvo la precaución, como se hizo con el de Cahpultepec, de conservar una docena de arcos como recuerdo. Y eso que tenía mil arcos, lo cual es impresionante. Venía del pueblo de Santa Fe, pasaba bajo la roca de Chapultepec, continuaba por San Cosme y la Alameda, donde concluía frente a la casa del Mariscal de Castilla, hoy enano rascacielos detrás de Bellas Artes.

   Las fuentes para el servicio de agua eran más de cuarenta; pero la única de interés era la de la Plaza Mayor. Las demás eran simples arcos rehundidos en las esquinas de los conventos o de los palacios. De ellas partían las “mercedes de agua cuyas medidas eran la: “paja” como más pequeña; la “naranja” como mediana y el “buey” como la más grande. A pesar de este último e increíble nombre, el grosor del chorro era de unos cuantos centímetros.

   Se ha señalado una característica cromática de la ciudad de México: el rojo de sus paños de tezontle y el gris blanco de sus jambas y dinteles. Añadamos otra: la de subir estas jambas hasta la cornisa, prolongándola más allá de los dinteles de modo que resultaba un paño rectangular que servía para poner monogramas religiosos, relieves, fechas y hasta escudos. A principio s del siglo en 1608, decía el cronista fray Hernando Ojeda: 

  “Casi todos los edificios de esta ciudad son de cal y canto; las casas lindísimas, grandes y espaciosas, de patio, corredores y corrales; ventanas rasgadas con rejas de hierro; curiosas, ricas y bien labradas portadas y cubiertas de azotea o terrado enladrillado o encalado, y así la ciudad es muy grande y ocupa tanto o más sitio que Sevilla o Madrid… 

   Y a fines del mismo siglo decía el citado historiador Betancourt; “los edificios tienen altos y bajos, con vistosos balcones y ventanas rasgadas de rejas de hierro labradas con primor…” para 1621 tenía la ciudad 7700 casas y en 1650 habían aumentado a 30000, según sospechosos cálculos de un cronista del siglo XVIII.

   A pesar de la limpia traza rectilínea de García Bravo, algunos frailes y vecinos se encargaban de “enmendarla” o destruirla. Dice un vecino, en 1615, el ayuntamiento que tenía unas “casas grandes” por Jesús maría pero que enfrente estaban “dos pedazos de casas viejas que quitan la vista” por lo que pide “se pongan en traza y se les dé nivel y derechura”, otro pedía se acabe de arreglar una calle por el convento de San Juan de la Penitencia para que no haya callejones que sirvan de ladroneras contra la policía y buen adorno de una ciudad tan principal y tanto lustre como esta.

 En 1619 se hizo el segundo edificio del ayuntamiento, “con balcones y portales”, reedificado en el siglo XVIII y muy redecorado en este siglo.

   Un problema económico muy serio se cernía sobre la ciudad, y los sagaces regidores del ayuntamiento lo denuncian en 1635 pidiéndole al rey “se sirva prohibir que las ordenes mendicantes se apoderen de las casas y haciendas de esta ciudad, porque los vecinos no tienen ya que comprar un solar que dejar a sus hijos patrimonio para la conservación de las familias, y cada día van los dichos religiosos comprando y asentándose más con que a pocos años era suya la mitad del reino…”

Como sucedió, en efecto… 

  Recordemos una casa de la cual, por fortuna, existe aún litografía que la muestra antes de que fuera vergonzosamente destruida: la casa del judío, por el barrio de San Pablo. Se cree que fue la mansión de Tremiño de Sobremonte. Era de dos pisos, sin entresuelo. En el bajo se ven las puertas almohadilladas, con las altas jambas típicas. En el piso alto, una serie de balcones de arcos lobulados, con ricas jambas esculpidas y conchas a guisa de capialzados exteriores. En los paños, labor mudéjar de petatillo. La portada principal era solemnísima, con un tapiz de piedra o de argamasa que adornaba el segundo piso, en el cual iban unos ángeles de tamaño natural en relieve, tres nichos y escudos. Es posible que algunas casas decoradas en argamasa como esta, sean del siglo XVII, como la de la esquina de Uruguay y 5 de Febrero y la que forma el ángulo de las calles de Guatemala y Argentina.

  Según el plano de los condes de Moctezuma, muchas de las casas estaban aún almenadas. Y lo comprueba una noticia de Robles, de 1679: “cayó un rayo en la casa de los Guerreros, junto a santa Inés y derribó dos almenas”. Frente a la Concepción se ve una casa de dos pisos con jardín esquinero, protegido por tres ventanas de fortísimas rejas. El palacio por Mariscal de Castilla está también almenado y por dentro, con su patio de arcos. El palacio que sería después del marquesado de Guardiola lleva almenas, con su portada renacentista, varios balcones enrejados y uno esquinero. Duró hasta mediados del siglo XIX. Otra casa imponente era el Rastro, con sus medievales torreones en cada esquina, que mal trecho, llegó hasta el siglo XIX. Era de 1619, con portadas “de orden toscano”, es decir, dórico, con almenas de tezontle “sacadas en punta de diamante”.

   Las casas más humildes eran de un piso, con sus azoteas de terrados. Ignoramos si ya había “accesorias” y “casas de taza y plato”. Que las había con entresuelos consta por documentos, ya que los poetas Ramírez de Varga y Ayerra Santa maría los alquilaban en la calle Donceles.

   El real palacio aún era en 1692 el del siglo XVI. Su frente no llegaba hasta la esquina de la Moneda, como ahora. Tenía dos portadas renacentistas de 1564, y tres patios. La habitación de los virreyes era el ala izquierda, y tenía, según el cronista Sariñana: 

“todas las piezas, camarines y retretes (recibidores y recámaras) que pide la suntuosidad de un palacio; junto a la escalera tiene tres salas grandes principales de estrado (de reuniones), con balcones a la plaza mayor, y entre ellos uno de doce varas de largo y casi dos de vuelo, ensamblado y dorado , con sus zaquizamí y plomada… 

   Este hermoso balcón lo había mandado construir el elegante virrey duque de Escalona, en 1640. Era a la manera andaluza –parecido a los balcones peruanos- es decir, con su amplia repisa que avanzaba , apoyada por su muro por niños atlantes, con celosías de madera y su “zaquizamí o techo inclinado, como alero, con sus delgadas tejas de plomo. Le llamaban “el balcón de la virreina”.

   La capilla estaba al fondo del patio, era de bóvedas y su retablo de orden corintio, cuyas clásicas columnas detenían dos muchachos de medio relieve honestamente desnudos”, es decir, completamente desnudos pero oculto el sexo con una oportuna cinta que no se sabía de donde venía: en el centro del retablo una gran pintura de Santa Margarita, obra del excelente pintor español Alonso Vázquez. En 1693 hubo el conocido y mil veces contado motín del pueblo hambriento contra el virrey conde de Galve. El palacio fue incendiado.

   En 1693 se comenzó a construir el actual, por el arquitecto Felipe de Roa; el virrey y conde de Moctezuma pudo habitarlo en 1697. Si la fachada fue más armoniosa y corrida hasta la calle de la moneda (sin la puerta de ese lado, que hizo el presidente Arista) fue demasiado austera y de aspecto militar, más que doméstico; el interior, en cambio, tiene uno de los patios más solemnes, elegantes y proporcionados, al que corresponden una escalera y corredores con las mismas calidades.

   Una excelente pintura de Cristóbal de Villalpando, nos muestra la plaza mayor en 1695, con el palacio a medias, el parián y las bullente multitud que llena la plaza: es uno de los “retratos” de la ciudad del siglo XVII más auténticos y emotivos.

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Fuentes:

De la Maza, Francisco. La ciudad de México en el siglo XVII. Lecturas mexicanas 95. FCE. México, 1985. México. pp. 58-63

La fotografía(s), que fuera obsequiada por Charnay a Orozco y Berra está a buen resguardo en la Matopteca que lleva su nombre, si la quieres ver completa su registro es: 780-OYB-725-A