miércoles, 28 de septiembre de 2011

El claustro menor del convento agustino en Salamanca, Guanajuato.

993.- Seguimos en casa, es decir, si El Bable era un rancho (y lo sigue siendo) del municipio de Salamanca y este blog de El Bable actualmente lo estoy escribiendo en Salamanca, estamos en casa, no hay vuelta de hoja ni duda alguna.

La "joya de la corona" que es con lo que se concluye la visita turística a esta ciudad es, lo he dicho muchas veces, el conjunto agustino de San Juan de Sahagún, nombre que nadie da, y todos nos vamos por el de San Agustín, su templo y su ex convento. El convento está dividido en dos secciones: el claustro mayor y el claustro menor, el día de hoy nos enfocaremos a este último.

La villa de Salamanca fue fundada en 1603, "a mediados de 1615 los agustinos se deciden a fundar convento en Salamanca, después de haber estado dudando en hacerlo desde seis o siete años antes. Como ese convento, andando el tiempo, llegó a ser muy importante, por varios motivos, en la vida de Salamanca y hoy lo sigue siendo por su magnitud arquitectónica... " así lo escribió don José Rojas Garcidueñas. (1)

Salamanca fue una villa pobre a lo largo del siglo XVII, pobre era la villa pero rica, muy rica, toda la comarca que fue llamada en ese tiempo "el granero de la Nueva España", esto debido a la feracidad de las tierras que hay en la parte central del Bajío que es justamente donde se encuentra Salamanca. Los agustinos tuvieron sus haciendas, al principio si bien vivieron de las limosnas que daba el convento de Cuitzeo, luego, ya para el siglo XVIII el convento agustino comenzó a brillar pues, dada la ubicación de la villa, en la encrucijada de Caminos Reales, sería el punto ideal para levantar una Universidad, la de Salamanca, cual sería (utopicamente) copia fiel de la magna Salamantica, la de España.

Es esta la razón por la cual encontramos en la actualidad un edificio de las dimensiones que tiene este convento, hay mucha gente que hace el chiste sarcástico de que: "una de dos, o Salamanca no debería tener un convento así o el convento debería estar en otra parte". Solo que, si apuntamos hacia algo que ha sido la constante de Salamanca desde su fundación hasta nuestros días: Salamanca tiene la ubicación estratégica para ir a cualquier punto del centro del país en horas (aplicando nuestro tiempo) o a pocas leguas (aplicando el tiempo como se medía en el pasado).

Mucho se ha escrito sobre este recinto, comenzando por el padre Basalenque (2) que es el referente de todo estudioso de la orden agustina en México y terminando con el doctor José de Santiago Silva que nos ofrece un espléndido estudio en su libro de Ediciones La Rana. (3) Con esto lo que te quiero decir es que, si te interesa adentrarte en la historia del recinto, aquí tienes las referencias que te darán un mejor panorama. Lo que trato, más que nada, el día de hoy es mostrarte gráficamente la magnificencia de este claustro, el cual es la sede de la Casa de la Cultura de Salamanca. Definitivamente, amerita una visita:



























Fuentes:

1.- Rojas Garcidueñas, José. Salamanca. Recuerdos de mi tierra guanajuatense. Editorial Porrúa. México, 1982.

2.- Basalenque, fray Diego de. Historia de la Provincia de San Nicolás Tolentino de Michoacán. Heriberto Moreno García, introducción, selección de textos y notas. Conaculta (Cien de México). México, 1998.

3.- De Santiago Silva, José. El templo agustino de San Juan de Sahagún en Salamanca. Ediciones La Rana. Guanajuato, 2004.

martes, 27 de septiembre de 2011

El Bajío, lugar de abundancia...

992.- Efectivamente, el Bajío es un lugar de abundancia, para bien y para mal abunda, practicamente de todo. Abunda la población, por ejemplo. Si tomamos, en número redondo los 5.5 millones de habitantes de Guanajuato y los 2.5 de Querétaro somos 8 los millones de almas que pululamos por el rumbo, si a esos los concentramos, como es en realidad, en el corredor industrial que va de San Juan del Río hasta León, seguramente el 80% están asentados allí, por lo tanto, es cosa de salirse de la que fuera la "Carretera Panamericana" o la "MEX-45" para que el espacio sea abundante y nos dediquemos a caminar por veredas y caminos escondidos para ir llenándonos los ojos de pura belleza, como la que hoy veremos: el paisaje al inicio del otoño en el Bajío.

"En las cercanías del pueblo abundan las huertas y los árboles frutales, que dan un aspecto alegre al paisaje que se ve desde la cima de una bajada del lado de México, y que se llama la Bajada de San Juan; son unas dos leguas de camino abominable, cubierto de rocas sueltas y de piedras, y lo suficientemente peligroso, aun a caballo. Después de atravesar un río, que corre al norte del pueblo (de donde el nobre, del Río) y que no aparece en ningún mapa, desayunamos en la hacienda de Sauz, a tres y media leguas de San Juan, lugar donde parecía comenzar toda la abundancia del Bajío" (1). Eso que describió el enviado de Su Majestad, el Rey de Inglaterra, en 1826, Henry George Ward es ni más ni menos lo que vemos ahora en esta fotografía, el inicio del Bajío.

Una vez que entramos al Bajío, luego de cruzar Querétaro y dejar atrás las lomas que delimitan uno y otro estado, entramos en el llano más largo, el cual, desde Celaya está dominado por el cerro del Culiacán, ese que, en buena medida es el cué perfecto, o, en todo caso el cono perfecto como lo denominó el Barón de von Humboldt. Y fue precisamente él quien escribió que "es un llano por excelencia fértil en trigo, desde esta Villa de León, hasta San Juan del Río es donde se encuentran los mejores campos de trigo, cebada y maíz. En México los campos mejor cultivados, los que recuerdan las más hemosas campiñas de Francia, son los llanos que se extienden desde Salamanca hasta las inmediaciones de Silao, Guanajuato, y la villa de León”. (2)

El Bajío se llama así por ser una parte baja en relación a las regiones que lo rodean, consecuentemente es aquí a donde el agua corría hace muchos años. Hace tiempo ríos y arroyos limpios y abundantes era cosa normal, yo recuerdo aun como, en los límites del terreno de la refinería en Salamanca corría, hace cosa de medio siglo, un pequeño arroyo, era un "borbotón" de agua, otro arroyo cruzaba la parte norte del pueblo, el llamado Arroyo de San Antonio. Ese al igual que muchos desapareció y aquí lo que veremos en algunas de las siguientes fotografías fue, en un momento una pequeña laguna, la de Quiriceo.

Al fondo vemos una de las Siete Luminarias, que no son siete sino muchas más, pero, dado que el 7 es un número altamente simbólico, los camembarenses decidieron enumerar solo esas siete, la que aquí aparece es la Batea, indudablemente que estamos en el valle de Santiago, lugar de alta prosapia ya que estos territorios que estamos viendo ahora fueron propiedad de encumbradísimas familias novohispanas, comenzando por los Arizaga y Elexalde, siguiendo con don Pedro Bautista Lascuráin de Retana y rematando con los Cortazar y Rábago y, por si no fuera suficiente, estos eran los territorios conocidos como la palma de su mano del controvertido Insurgente Albino García.

No tengo idea cuando habrá desaparecido la laguna de Quiriceo, sé que las luminarias que tenían agua en 1985 comenzaron a descender sus niveles y ahora están secas. Más la naturaleza es pródiga y con la poca y casi escaza agua que hay ahora en este 2011, el campo del valle de Santiago, es decir, el mero Bajío, está teñido de una extraordinaria gama de ocres creada por el sorgo. Verás por allí el antiguo canal por donde se conducía el agua en los tiempos en que todavía existía la laguna y, sobre todo, verás que la belleza está presente en cada rincón del Bajío.














Y mi Mamá (qepd), como buena vallense o camembarense decía: "No hay otro valle, como el valle de Santiago"... y es cierto.

Fuentes:

1.- Ward, Henry G. México en 1827. Selección. Lecturas Mexicanas. FCE. México, 1985.

2.- Humboldt, Alexander von. Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España. Biblioteca Virtual Antorcha. Versión digitalizada, la puedes ver aquí.