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martes, 30 de junio de 2020

De las fundaciones del convento agustino en Celaya y Salamanca

 Si has visitado la parte central del Bajío, de seguro pasaste por Salamanca y te maravillaste con el interior del templo agustino de San Juan de Sahagún y si continuaste rumbo a Celaya, igual ocurrió con lo que esa orden construyó… Pues bien, es interesante saber lo que pasó años antes de que ambas fundaciones fueran aprobadas. En el texto, un clásico en la historiografía, nos podremos enterar de los detalles, hay datos que me llaman la atención, como el caso de los hábitos y del asunto oriental, lo cual, por cierto, habrá que aclarar que cuando Basalenque se refiere a lo chino, no quiere decir lo que hoy conocemos por China, sino a las Filipinas. Veamos:

    Hechóse la Convocatoria para celebrar el Capítulo Provincial tercero de la Provincia, para 26 de Abril de 1608, y congregados todos en el Convento de Yuririahpúndaro, donde se había de celebrar; el Viernes antes de la Dominica 3 post Pascua, que es el tiempo señalado por la Constitución, se halló que el Reverendísimo había enviado las Patentes para la Presidencia, á distintas personas. La primera la traía el P. M. Fr. Diego de la Fuente que había ido á Roma dos años antes, para presidir. Luego por no hallarse impedido para tener oficio; sacó otra Patente de Presidencia para el P. M. Fr. Francisco de Morante, y no derogaba á esotra, mas era más nueva Luego envió el Reverendísimo orden al P. Fr. Dionisio Robledo, que presidiese y ejecutase una Patente suya, en que mandaba que todos los Religiosos, que "había" pasado de España para China á costa de Su Majestad pasasen á la China, y los echasen de esta Provincia y no les diesen oficio; en particular echasen de ella al Padre Fr. Diego del Águila: que había pasado de España por Prior de los que iban á China, y por haberse quedado en esta Provincia, la embarcación fue muy diminuta, y en daño de la hacienda Real. Esta Patente de Presidencia, derogaba las demás que hubiese dado, y no se especuló, porque murió el P. Robledo, como vimos, doce ó catorce días antes del Capítulo; y como todas las demás Presidencias quedaban derogadas, ó por mejor decir, para advertir al Reverendísimo que estuviese memorioso de lo que ordenaba; se convinieron todos los Padres, en que no se manifestase alguna, sino que presidiese el Definidor mas antiguo, como lo ordena nuestra Constitución en caso que no se manifieste Patente del General. Esto mismo determinó en la Provincia de México el Trienio antes, la Audiencia Real, por soberanía en ocasión que se hallaron otras tres Presidencias; y fue motivo de que su Majestad envió á mandar no se ejecutase ninguna Patente de Presidencia, sino viniese pasada por el Consejo de Indias; él cuál mandato cesó ya, advirtiendo al Reverendísimo que estuviese atento al dar de las Presidencias, que no se hallasen muchas sin derogativa la una de la otra. 

  Nombróse pues por Presidente del Capítulo el P. Fr. Balthasar de los Reyes, Definidor mayor de aquel Trienio que acababa; y salió electo por Provincial con gusto de los más de la Provincia, el P. Fr. Diego del Águila, natural da la Ciudad de Sevilla, y que pasó niño á esta tierra y tomó el hábito en México, donde estudió y salió muy hábil; mas siempre se inclinó mas al Púlpito, en que fue muy señalado Predicador por su elocuencia. Esta razón le llevó á su tierra, donde le hicieron Superior del Convento de N. P. San Agustín de Sevilla, y habiéndolo ejercitado muy á gusto de todos, y dando satisfacción de su persona en aquella Ciudad en cuanto al Púlpito; en el Capítulo siguiente le hicieron Prior de Tenerife en las Canarias. Y habiendo acabado su oficio, en el Capítulo siguiente celebrado en Sevilla, donde salió por Provincial aquel gran Predicador del Rey Don Phelipe Segundo Fray Hernando de Castroverde, le escogió por su Compañero, y le importó harto su lado tres años para mejorarse en el Pulpito. Acabado el Trienio quedó sin oficio y con disgusto; y ofreciose venir Religiosos para China, y le ofrecieron pasar con el oficio de Prior: y así pasó otra vez á esta tierra; donde con favor que tuvo se quedó, porque como era tan gran Predicador, tenía mucha cabida con las personas graves del siglo, y le favorecían mucho. Quedado en México, le hicieron Prior de Oaxaca y de Zacatecas; y luego que se dividió la Provincia, se pasó á ésta y fue Prior de Tonallan y de Xacona, y en este Capítulo tercero fue electo Provincial; y como el Reverendísimo había enviado orden para que pasase á China, persistió siempre en que siguiese su vocación, y lo mismo su Majestad; de arte, que aunque era Padre de Provincia, le obligaron á pasar á China, donde tuvo muchos oficios, y murió de ochenta años.

  En este tercer Trienio negoció la Provincia una Cédula de su Majestad, para que la Provincia se pudiese extender en el Obispado en cuatro pueblos de españoles, fundando Conventos, conforme viese el Obispo que había necesidad. Presentósele al señor Obispo Don Balthasar de Covarrubias, de nuestra Religión Obispo benignísimo, y que hasta hoy llora el Obispado su mansedumbre y benignidad. El cual como tan aficionado de su Religión y que tanto la estimaba, no halló en su Obispado Villas de Españoles sino Celaya, Salamanca, Colima, y San Miguel, y así nos dio su licencia para que fundásemos en ellas; de las cuales admitimos luego á Celaya y Salamanca, porque Colima estaba lejos, y el temple no es muy sano, y había de ser destierro de Religiosos. La Villa de San Miguel no pareció á propósito por ser corta y pobre; y así admitiendo luego á Celaya; y Salamanca, dejamos esta fundación para el Trienio siguiente, por no embarazarse con dos fundaciones.

   En este Trienio vino lo que se le había pedido al Generalísimo, de que anduviésemos todos siempre de negro, como se vieron en las dos razones propuestas en el Capítulo y Trienio pasado; y así con esta concesión comenzamos á usar siempre del hábito negro alguno dijo que era anuncio triste de lo que había de comenzar á suceder en la Provincia, de disgustos; mas lo cierto es, que fue muy acertado el vestirnos de negro, como se vio en el lugar citado; los sucesos malos ó buenos, generalmente no se vienen ellos, si nosotros no los buscamos; y así sucedió en los disgustos, que comentaron este Trienio, como en breve referiré.

 El Reverendísimo, tenía en la memoria la quedada de algunos Padres, que habían venido para China á costa de su Majestad; y como por la muerte del P. Fr. Dionisio, no se había podido ejecutar sus mandatos, volvió el siguiente Trienio (que es éste en que estamos) á enviar nueva Patente, no sólo de aquel artículo, sino de otros, y por de todos al P. Fr. Pedro de Yera, con tanto rigor, que mandaba, que si aquellos mandatos no los obedeciese alguno, luego le privaba de cualquier oficio que tuviese, y fuese llamado á él el Antecesor; como el Provincial absoluto al presente; el Definidor pasado al actual; el Prior de cualquiera Casa á su antecesor. El Generalísimo tendría bastante razón para tanta pena, porque es justo que sus mandatos puntualmente sean obedecidos; mas siguiéronse muchos inconvenientes el último año de este Trienio, y el primero del siguiente; tanto, que como dijo Veda, hablando de las tormentas que había padecido la Iglesia de Dios de los Gentiles y Herejes, figurados en las olas del mar bravo, que traían aquella Nave de San Pedro figura de la Iglesia, en que iba N. Señor, y nota el Evangelio Math. 8 que él dormía, quien siempre vela: parece (dice Veda) según deja Dios, que las tormentas dan bamboleos á la Iglesia, que la dejó de gobernar por aquel tiempo; así pudiéramos decir, que estos dos años había dormido el favor de N. Señor en nuestra Provincia, hasta que luego despertó y mandó á los vientos no soplasen: así nos sucedió, que pasada esta borrasca, luego tuvo paz y tranquilidad la Provincia.

 La Patente del General traía muchos puntos, y tanto más era de inconveniente, pues todos caían debajo de una misma pena tan rigorosa, no teniendo muchos de ellos cuerpo ni substancia; nombraré aquí los tres más principales, sobre que se armó toda la contienda. El primero era, que todos los que se llamaban Chinos saliesen de la Provincia y no tuviesen oficio en ella, antes los hacia incapaces. Aquí nombraba al P. Águila por sor. Provincial. Lo segundo, que no fuesen Priores de Pueblos de Indios, sino los Ministros de aquella lengua, aprobados por examinadores diputados para esto. Lo tercero, que el Provincial no pudiese sacar de una casa para otra, ni menos para seglares, los bienes muebles ó raíces, sin licencia del Reverendísimo. Estos eran los mandatos más substanciales, y conocidamente más útiles á la Provincia.

  El P. Fr. Pedro de Yera, juez ejecutor de estos mandatos, presentólos en el Capítulo intermedio de este Trienio, que se celebró en Charo, y aunque hubo dificultad en admitirlos, sino que se quiso suplicar de ellos; al fin se admitieron por todos los nueve Padres del Definitorio pleno, y hubo descuido en que se escribiese en el Libro de la Provincia, como se hace con las Patentes del Reverendísimo, que se trasladan, autorizan, y se admiten; no se hizo así, sino que al pie del original, se admitió y mandaron coser en el Libro; y descosidos no había original, presentación, ni admisión. El juez ejecutor no advirtió el daño, que le podía venir; tenía otro original, que despachó con un Religioso por la Provincia para notificarlo á todos; el cuál original se despareció en un Convento que no le hallaron, y el juez ejecutor no obraba, sino en virtud de traslados auténticos. Sucedió que el Provincial se halló comprehendido en los tres artículos arriba propuestos, que no despedía los Chinos, que tenía Priores sin ser lenguas, que había sacado algunas cosas de los Conventos para otras personas; de lo cual se le hizo información y cargos, y cuando se los notificaron delante de testigos, los rompió y negó la autoridad del juez, y le quiso prender más esto no se hizo; y vuelto el juez á la Casa de Valladolid, convocó muchos Padres de la Provincia, ante quienes se leyó lo sucedido, y que le había negado la autoridad, y así le declaró por incurso en las penas del General, y llamó al oficio á su antecesor el P. Fray Diego dé Soto, al cual todos de buena gana le dieron la obediencia, y lo mismo en toda la Provincia, yéndose notificando.

  El P. Fray Diego del Águila viéndose depuesto, fuese á la Audiencia Real, quedándose de que violentamente le habían quitado el oficio; y la Audiencia Real mandó parecer al P. Fr. Pedro de Vera juez ejecutor, y al P. Fr. Diego de Soto, y que en la Audiencia Real diesen razón de lo hecho, y cómo habían procedido contra el Provincial; respondió el juez ejecutor, que él había obrado en virtud de unos mandatos del Reverendísimo que estaban en el Libro de Provincia; y traído, no se hallaron, y los otros estaban perdidos; dieron traslados de Escribanos Reales; de jueces Eclesiásticos: y aunque á los de la Audiencia, les constaba de la justificación del hecho, por ser cosa singular, trataron de favorecer al Provincial por este camino, de que si no presentaban originales, no habían de oír al juez ejecutor; y el Virrey tomó la mano de componerlos, avisando al Provincial que por lo hecho no procediese contra alguno, y al juez que se abstuviese de su oficio, mientras no pareciesen los originales. 

   Hízoles amigos, y que con amistad se volviesen á la Provincia. Y no obstante que en lo exterior no hubo apariencia de venganza, el corazón del Provincial estaba muy sentido contra aquellos que se habían mostrado más á la clara en contra suya; mas nunca lo dio á entender en obras exteriores. De este modo prosiguió el año último de su Provincialato, con hartos sinsabores porque como la razón potísima de volver á la Provincia había sido no porque no se había podido hacer lo hecho, sino porque no constaba por donde se había hecho, y todos los nueve PP. del Definitorio habían admitido los mandatos originales, hablaban mucho en la materia, de que en el fuero interior estaba tocio muy lastimado, y el Provincial tolerado, porque había quitado del Libro los originales, y que pues no los mostraba, se hallaba incurso. Llegaban las razones á sus oídos, y pasaba con trabajo estos sinsabores, hasta que llegó el tiempo de celebrar el cuarto Capítulo: el cual ordenó que se celebrase en la Casa de Tiripetio, para 23 de Abril del año de 1611. Con todo quiso N. Señor que estas inquietudes no tocasen á los mogos, sino que los estudios se siguieron muy bien, y el Noviciado y las Comunidades que su carta dicha para la Provincia, las contiendas eran solo en las cabezas.


Fuente:

Basalenque, Diego. Historia de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, del Orden de N.P.S. Augustín. Año de 1673. Tip. Barbedillo, México, 1886 pp. 135-145.

viernes, 8 de noviembre de 2019

El templo del Señor del Perdón y el ex convento de la Concepción de Guango (Villa Morelos), Michoacán

 El sitio de este pueblo es una hoya muy grande toda cercada de cerros, que para salir de ella se han de subir cuestas, excepto por el desagüe de sus aguas que tiene mucha, y algunas Ciénegas y lagunas. Es el temple muy húmedo y frío, y así la humedad no daña. 

 Es puesto para tener muchas recreaciones de huertas y casas: y así el encomendero de él, aunque tenía otros muchos pueblos como son Puruándiro, Santiago Cunguripo, etc., para su habitación en vida y muerte escogió este pueblo, donde para vivir hizo muy buenas casas, y para su muerte y de los suyos hizo un muy buen entierro en la iglesia que es una gran capilla de bóveda y en ella sus sepulcros. Este caballero fue Juan de Villaseñor el viejo, que tuvo muchos hijos e hijas, de donde salió todo lo bueno que tiene la provincia de linajes: los Villaseñores Cervates, Orozcos Ávalos, Bocanegras y Contreras, a quienes repartió sus tierras que son todas las buenas que había en la provincia, mirando de Guango al río Grande. 

  Todos estos caballeros aunque tenían sus casas muy grandes y ostentosas en sus haciendas, más las pascuas y fiestas grandes se juntaban en Guango, y había tanto lucimiento, tanta carrera y festejo, que le llaman “la corte Chica”. Todo lo acaba el tiempo, y de todo lo dicho hay hoy muy poco, y lo que ha quedado todo muy necesitado, que son bienes de fortuna que ruedan y no perseveran en un lugar.

 Tenía muchos números de gente con sus visitas; y aquí asistía el clérigo, que salía a visitar a todos los feligreses de 10 y 12 leguas a la redonda, donde había otras muchas cabeceras y demás gente que Guango, como eran Yuririapúndaro, Cuitzeo, Puruándiro, etc., más él recogía por su habitación, así por estar en medio como por las calidades del puesto y la compañía del encomendero.

 Esta doctrina de Guango se nos dio, como dije al principio del capítulo, el año de 1550, y luego nuestros religiosos compusieron la doctrina al modo de la de Tiripetío, que aquel fue ejemplar para todos los pueblos y nuevas fundaciones. Luego se trató de hacer la iglesia, la cual se comenzó con tanta grandeza como hoy lo denotan las paredes y asimismo la sacristía, pues hoy sirve de iglesia y dentro de esta sacristía hizo el encomendero su capilla y entierro muy grande y capaz, como lo quería la gran familia que tenía. 

 Hízose el convento, y el claustro es de bóveda y sillería, solo bajo, y compite en la obra con el de Valladolid, cerca de la provincia; la casa se ordenó de terraplén baja, y el dormitorio muy bueno con ocho celdas y las demás oficinas muy bastantes con linda huerta, porque tiene el convento dentro, muy lindos ojos de agua, y todos dicen que el agua es la mejor que tiene la provincia. 

  Abunda de agua y carece de otras muchas cosas, porque las pestes se debieron de asentar más aquí que en otra parte por ser hoya, de modo que han quedado muy pocos indios, y como ellos son los que nos sustentan, de aquí nace el no haber ido más adelante en la obra y ser corto el temporal del convento, si bien que tiene raíces para sustentarse tres religiosos sin dependencia de los indios.

 No solo los naturales de este pueblo padecían muertes continuas de las pestes, sino también continuos asaltos de los chichimecos, y entre otros uno le fue de mucha pérdida, así de los vecinos como de sus ministros, porque el año de 1585, cuando andaban los chichimecos muy atrevidos y desvergonzados siendo ya tantos, que pasaban del río Grande para acá, era prior de este convento el padre Fray Jerónimo de Guevara y su compañero el P. Fr. Francisco de Saldo, y en ocasión que no estaban en el pueblo, dieron asalto los chichimecos en él ...

 y causaron muchas muertes y llevaron muchos presos, en la cual ocasión llegaban los padres y los presos comenzaron a pedir favor, ellos como madre que le llevan sus hijos, acudieron a defenderles, sin reparar en el riesgo a que se exponían, y así picaron a los caballos y se fueron tras ellos sin armas ofensivas ni defensivas; más Dios que iba con ellos (porque ellos peleaban con caridad de Dios) los favoreció de modo que aunque les tiraron muchas flechas, ninguna les hizo daño y ellos pusieron en tanto espanto a los chichimecos, que huyeron y dejaron la presa; aunque por entonces volvieron con la victoria, pasados algunos días murieron ambos en distintos días del quebrantamiento de la guerra. Estos chichimecos hicieron tanto daño, que al fin el rey N. Señor puso remedio como veremos en la fundación de Ocotlán y se obligó a sustentarlos.










 



Fuente:

Diego de Basalenque. Los agustinos, aquellos misioneros hacendados. Cien de México. Selección de textos Heriberto Moreno García. Conaculta, México, 1998, pp. 133-135

viernes, 19 de abril de 2019

El desaparecido convento de San Agustín en la Ciudad de México

   Fueron los franciscanos la primera orden religiosa en llegar a lo que luego se llamó México, siguieron los dominicos y vendrían luego los agustinos. Es de ellos, los de San Agustín, de quienes hablaremos el día de hoy. Seguro que has andado por la calle de República de Uruguay en el centro histórico de la Ciudad de México. Y más que "hablar" leeremos lo escrito por dos grande plumas para enterarnos de como fue esa llegada y desarrollo en la ciudad.

   Calle de San Agustín. Del nombre del convento de San Agustín y de su iglesia anexa, tomaron nombre las cuatro calles que la circundan, con las diferencias que vamos á señalar. Se llama simplemente calle de San Agustín la que corre de Oriente á Poniente al Norte de dicho convento; comienza en la esquina de la segunda de la Monterilla y concluye en la del Ángel. Ocioso es decir que el nombre de esta calle es antiquísimo y que no ha tenido otro, siendo como es ese convento de los primeros que se fundaron en la ciudad de México, pues podemos contar el establecimiento de los religiosos agustinos en este sitio desde el día 28 de Agosto de 1541, en que por ser la fiesta de su santo patrón, puso la primera piedra de su iglesia allí el Virrey D. Antonio de Mendoza. Desde aquellos remotos tiempos hasta el año 1861, que fueron exclaustrados los religiosos todos de la República, y éstos por consecuencia, no tuvo esta calle casas más que en el lado del Norte; ocupaban el lado opuesto, y aun toda la manzana, el convento y la iglesia.  (1)

   El convento de san Agustín era quizá el segundo de América. Su alfarje de oro y sus altares se destruyeron en el incendio de 1676, pero en 1687, once años después, surgió de las cenizas un nuevo templo. El retablo mayor fue labrado por Tomás Suárez y dorado y estofado por los maestros doradores y pintores Simón y Nicolás de Espinosa, quienes poblaron de ángeles y fantasías hasta la cúpula central y la linternilla.

   Su virgen de la Paz tenía no solo un trono de plata, sino un manto de raso carmesí bordado de florones de oro y de 63 000 perlas; otro manto de seda azul era como el de raso y la virgen lucía en su pecho una joya de diamantes y esmeraldas.

 Los claustros eran extraordinarios, como también la biblioteca y la sillería del coro, obra maestra labrada en nogal con escenas del antiguo testamento por el maestro y entallador Salvador Ocampo. Todo este conjunto, a excepción de la iglesia, se destruyó para vender lotes de terreno donde se construyeron casas insignificantes. La sillería desarmada se arrumbó, hasta que muchos años después Gabino Barreda, director de la escuela preparatoria rescato 143 sillas hoy orgullo de la sala ceremonial llamada el Generalito.

  Entre los libros de horas canónicas figuraba el del Oficio de Difuntos pintado con calaveras y motivos funerarios por un padre agustino, obra de arte mexicano única en su género. La biblioteca agustina – dice rivera cambas- quedó ligeramente abandonada, las puertas abiertas y los libros y manuscritos a merced de quien quisiera llevárselos. Multitud de libros destrozados y esparcidos por claustros y celdas, otros tirados por el suelo en el más completo desorden el claustro ruinoso se convirtió en muladar,  el atrio en una cloaca, y los altares desaparecieron. (2)

   "Bien que los PP. Agustinos nunca vendieron parte alguna de este convento, ni edificaron casas para vivienda en lo mucho que les sobraba de él cuando disminuyó su número, sí alquilaron, por no tenerlos vacíos y por sacar algún provecho, dos grandes patios, que daban hacia esta calle, abriéndoles puertas de comunicación exterior, y cerrando las de la interior. En estos patios se pusieron establecimientos que exigen más amplitud que comodidad, como bodegas, pensiones de caballos, coches ó carros. La extensión de estos patios se prestaba á poner en ellos varias cosas juntamente; y en el que estaba hacia la mitad de la calle vino á poner un circo el año 1862 un extranjero llamado José Chiarini, para presentar al público una compañía ecuestre con que ganaba la vida.

   En cuanto á ejercicios meramente ecuestres habíamos visto ya la compañía de Leyson, que era mejor; pero este empresario añadió á la suya, que era muy buena, otros-ejercicios de destreza y fuerza, que no se habían visto antes aquí, realzando el todo la decencia, el lujo y magnificencia con que supo presentarla, cosa en que después ninguno le ha igualado, y menos excedido. Algunos meses permaneció trabajando con gran provecho; pero el público, que había formado su gusto en los tiempos prósperos de nuestro teatro y que se hallaba bastante ilustrado, daba marcada preferencia á la comedia sobre este espectáculo monótono y dedicado puramente á los sentidos. No faltaba concurrencia bastante para dejar buenas utilidades; mas no las que el empresario apetecía, y las que al principio tuvo por efecto de la novedad, y dio fin á la diversión.

   Al retirarse Chiarini dejó el circo bastante maltratado, y acaso por no gastar en deshacerle; el arrendatario del corral, que le subarrendó á éste aquel sitio, con cuadras para sus caballos y cuartos para sus útiles, aprovechó el circo como bodega, y allí guardaron petróleo y algodón; inadvertencia grande que dio funesto resultado, pues entre ocho y nueve de la noche del día 22 de Marzo de 1866, sin saberse cómo, ni cómo no, se declaró fuego en aquellas materias, que encerradas en un circuito de madera muy seca y vieja hizo las veces de una gran lámpara, que iluminó, sin hipérbole, más de medio perímetro de la ciudad. Se acostumbraba todavía entonces tocar á fuego con las campanas; en San Agustín se dio el toque de alarma, á que contestaron las demás iglesias, y viendo desde lo alto de los campanarios la intensidad de aquella llama, doblaban sus esfuerzos los campaneros, y no cesaban de tocar, produciendo espanto y confusión en la mayoría de los vecinos que desde balcones y azoteas veían la claridad de la luz y oían los tañidos incesantes. Noche fatal que no podríamos pintar aunque quisiéramos. Felizmente no hubo relación entre la voracidad del fuego y sus estragos: ninguna persona pereció, y como el circo se encontraba lejos de los muros, ni el edificio padeció gran cosa; las pérdidas consistieron en el valor del petróleo y del algodón, y en el pequeñísimo del, circo, que no debemos contar.

  Cuando esto acaeció aún no había casas en ese lado de la calle, pues aunque los religiosos habían sido exclaustrados desde el año 1861, por causas qué no es fácil señalar, este convento, y principalmente por esta calle, ha sido uno de los que con más lentitud han ido perdiendo su forma primitiva; mas al fin poco á poco ha ido poblándose de amplias y hermosas casas, que han hecho olvidar el triste aspecto de las elevadas tapias del convento.

  En una de estas casas nuevas, la núm. 15, se fundó el año 1882 un  establecimiento de crédito llamado Banco Mercantil Mexicano, que nació á consecuencia de haberse fundado en principios del año anterior el Banco Nacional Mexicano, con autorización del Gobierno. (3)









Para leer más sobre el templo de San Agustín de México, entra aquí.
Para leer sobre la restauración del templo a cargo de la UNAM, entra aquí.

Fuentes:

1.- Marroquí, José María. La Ciudad de México. Tomo II. Tip. y Lit. La Europea, México, 1900. p.211

2.- Benítez, Fernando. El libro de los desastres. Ediciones Era, México 1988. pp. 69-70

3.- Marroquí, José María. La Ciudad de México. Tomo II. Tip. y Lit. La Europea, México, 1900. pp.212-217.

domingo, 24 de marzo de 2019

El templo del Señor de la Expiración en Capacho, Michoacan

  Luego de haber visto la extraordinaria cruz atrial que hay en este recinto, haremos un recorrido por el atrio, el cual guarda elementos por demás interesantes, una de las cosas que nos llaman la atención están en lo alto de la torre, se trata de unos platos, seguramente de talavera que fueron colocados ahí a manera decorativa. Recuerdo haber visto algo similar en el pueblo de Tenayuca, Zacatecas, muy cercano a Teocaltiche. A ojo de buen cubero podría decir que ambas construcciones corresponden a la misma época, principios del siglo XVIII.

  En la torre existe un roloj, y el reloj está funcionando, cosa no del todo común, pues no en todos lados dan el mantenimiento que necesita un reloj de este tipo.

  Aquí vemos ambos elementos, reloj y talaveras.

  La fabrica de relojes Centenario de Zacatlán, Puebla, tiene una larga historia, la puedes ver aquí.

   Rezar el rosario era, en aquellos tiempos, una actividad muy sentida, para ello había las estaciones en rededor del atrio, notamos tres de ellas que son originales.

   También sobreviven algunos detalles de exquisita manufactura en la barda perimetral.


   Fecha de conclusión de la fábrica material del templo.


  Fue el 5 de diciembre que visité el lugar, el cual ya estaba ornamentado para la novena a Santa María de Guadalupe.

   Santa Cecilia, santa patrona de los músicos.

   El venerado Señor de la Expiración.

   Moseñor Guizar y Valencia, el primer Obispo mexicano canonizado por la Iglesia.


 Una vieja campana que se conserva en el altar mayor, ese travesaño tiene, al menos, dos siglos y medio.

   Cuando visité el lugar estaba, claro es, la corona de Adviento.

   El venerado Señor de la Expiración.

   Un San "Nicolasito", es decir San Nicolás de Tolentino.

   Fecha que supongo fue la consagración del templo.

 Nuestra Señora del Refugio.

   Interesante trabajo en el barandal que protege al altar mayor.

Fecha en que fue concluida la última renovación en el templo, específicamente el piso.