viernes, 25 de octubre de 2013

La hacienda que los condes de La Cortina tuvieron en Tlahuelilpan, Hidalgo.

  En lo que creo es el centro del valle del Mezquital, en el estado de Hidalgo se ubica esta que fuera una enorme hacienda, propiedad de los condes de La Cortina, se dice que ellos la adquirieron a los descendientes del Emperador Moctezuma. La zona, al ser un valle y de climas moderados, es de alta productividad, por lo que, considerando la riqueza del valle y la dimensión de la Hacienda, puedo deducir que esto era un verdadero emporio.

  Datos precisos, fechas, nombres, dimensiones, producciones, no pude encontrar. Lo que sé es que esta hacienda quedó en propiedad del gobierno del estado y ellos la cedieron a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue remodelada y adecuada para ser ahora el Campus Tlahuelipan.

  La construcción nos dice que allí había señorío, sus corredores son muy amplios, un poco más de lo habitual, hay detalles, como el de la escalera, en donde se ve un estilo sobrio de mucha elegancia. Se dice que fue levantada a mediados del siglo XVIII. Sobre los condes de La Cortina sabemos más, especialmente por la mansión que tenían en la ciudad de México y que es, junto a los palacios que otros nobles novohispanos, los edificios más destacados del centro histórico de la ciudad de México en la actualidad.

   Sobre el tercer conde de La Cortina, encuentro datos muy interesantes, especialmente en el sito Genalogía Familiar. En ese sito se habla de él de este modo:

  "Caballero de la Orden de Montesa, Gran Cruz de Carlos III, Gentilhombre de Cámara de Su Majestad Don Fernando VII. Nacido en la ciudad de Méjico en la antigua calle de don Juan Manuel el 9 de agosto de 1799. Perteneciente a una familia de ricos hacendados españoles establecida en Méjico desde el primer tercio del siglo XVIII. Militar, diplomático, político, pensador y notable escritor mejicano. Hacendado de Campus Tlahuelilpan (hacienda que fue propiedad de la familia Moctezuma, descendientes del último emperador azteca). A los quince años, fue enviado a Madrid, donde estudió en el Colegio de San Antonio Abad y luego en la Academia Militar de Alcalá de Henares. Pero en lugar de seguir la carrera militar, en la que ya había recibido un grado, optó por la diplomática. Su primer cargo fue el de agregado en la embajada de España en Constantinopla, pero no pudo llegar a su destino por una epidemia de peste, y se detuvo en Trieste, ciudad que años más tarde recordaría en una novela corta. Luego, se le destinó, con igual cargo, a las legaciones o embajadas españolas en Holanda, Austria, Inglaterra y Francia, puestos que le permitieron viajar por Europa y aprender lenguas.
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  "Ya casado, fue ascendido a Secretario de legación en Hamburgo, en 1827, y tres años más tarde fue nombrado Ministro. Había decidido para entonces abandonar la diplomacia y dedicarse a las letras y las ciencias, pero Fernando VII lo nombró Introductor de Embajadores, le dio grado de Coronel del ejército y lo designó Gentilhombre de su Cámara. Instalado en Madrid, multiplicó sus actividades culturales y comenzó a recibir distinciones académicas. Su memoria acerca de la Reforma del lujo sin perjuicio de la industria le ganó la primera de ellas, Socio de Mérito de la Real Económica de Valencia. A principios de 1829 ingresó en la Academia de Historia y obtuvo licencia para publicar, en colaboración con Nicolás de Ugalde, un Diccionario biográfico de españoles célebres, que quedó inconcluso, y la traducción del alemán de la Historia de la literatura española, de Buterweck. Su casa en Madrid se había convertido en uno de los centros de reunión de literatos de la época, como Quintana, Nicasio Gallego, Bretón de los Herreros y Martínez de la Rosa, y el joven Gómez de la Cortina tenía además el prestigio de sostener correspondencia con algunas de las grandes personalidades europeas: Humboldt, Chateaubriand y Constant. Sus padres seguían mientras tanto en Méjico, y tanto lo instaban a volver al lugar de su nacimiento, que al fin lo hizo en 1832".

  Son más los datos que hay sobre el conde de La Cortina, no quiero abusar de los derechos de la autoría de ese texto, para seguirlo leyendo, entra aquí.

  Al caminar por la antigua hacienda, hoy Universidad, vamos encontrando detalles estupendos, como este, que era utilizado para atar las riendas de los caballos. Sigamos conociendo este estupendo sitio...
























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