sábado, 19 de octubre de 2013

El convento inconcluso de Mapethé, El Santuario, municipio del Cardonal, Hidalgo.

   En el artículo anterior comenzamos a descubrir un interesante sitio que hay en la parte norte-centro, del valle del Mezquital en el estado de Hidalgo, sitio en el que se venera al Señor de Maptethé, imagen de Cristo venerada en la región y que ha adquirido, al paso del tiempo, un fuerte relación con la etnia Ñahñhú, es decir, con los otomís. Eso me hace pensar mucho que, aquí, en donde vivo, Salamanca, Guanajuato, hay un Cristo cuya leyenda va ligada precisamente a la cultura otomí pues, se dice, que El Señor del Hospital de Salamanca es un Cristo traído por otomís a la zona.

   También en ese artículo anterior intuí que el convento abandonado que hay allí pertenece a los Jesuitas. Sabemos que, (al menos hasta donde yo conozco) que ellos, los padres de la Compañía de Jesús, no evangelizaron por la región de Hidalgo; lo que sí sabemos fue de la presencia de Agustinos y Franciscanos, pero la duda entra al tratar de averiguar qué orden fue la que comenzó a construir y, por algún motivo desconocido, la obra fue abandonada; de todo el conjunto solo se aprecia que una habitación, con techo de bóveda de medio cañón. Quizá esa era la troje, la bodega... el caso es que, la obra fue abandonada. ¿Cuándo? eso aun no lo sé pero, siguiendo con mi intuición sería en 1767, luego de la proclama de la Pragmática Sanción.

   La razón por la cual pienso en los Jesuitas es debido a la estrecha relación que un importante personaje del siglo XVI tuvo con ellos y por ser él quién trajo a México la imagen que, conocida como Señor de Santa Teresa, se venera allí bajo la advocación de El Señor de Mapethé. Para adentrarnos en esa historia, te comparto un texto que viene de la pluma de Icazbalceta, titulado "Un creso del siglo XVI en México".

   "Fue D. Alonso de Villaseca el vecino más notable de aquella época por sus grandes riquezas é insignes liberalidades. Era natura de Arcicola, lugar pequeño de la diócesis de Toledo, é hijo de Andrés de Villaseca y Teresa Gutiérrez de Fornazo, hidalgos. No se sabe de fijo el año de su venida a la Nueva España; pero fue antes de 1540. Casó aquí con Da. Francisca Morón, hija de padres tan ricos, que entre las varias haciendas que poseían había una en que se marcaban anualmente veinte mil crías de ganado mayor. D. Alonso llegó a ser el rico de Nueva España por excelencia, y para ponderar la riqueza de alguno se decía "es un Villaseca".

   "No aumentó su caudal con el comercio, ni hacía gran diligencia para sacar el producto de sus bienes: sus mayordomos le daban lo que querían y él tomaba lo que ellos le daban. Poseía haciendas de labor y de ganado mayor y menor, muchas casas en México y ricas minas en Pachuca e Ixmiquilpan: Los esclavos eran tantos que no los conocía, y solía preguntarles de quién eran. Su caudal se estimaba en millón y medio de pesos, y las rentas en ciento cincuenta mil ducados: cantidades muy crecidas si se considera el mayor valor de la moneda en aquella época.

   "Era de carácter desapacible "gustaba de dar pero su semblante no mostraba mucho gusto" en que le pidiesen y menos que le diesen gracias por algún beneficio recibido". Huía del trato y la amistad con los grandes y personas distinguidas, viviendo casi siempre de su hacienda de minas de Ixmiquilpan, donde al fin le sorprendió la muerte el 8 de septiembre de 1580"

   "Embalsamado su cadáver se trajo a México, y estuvo depositado tres días en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, mientras se disponía el entierro, que fue solemnísimo, con asistencia del virrey, audiencia, tribunales, arzobispo, y ambos cabildos, eclesiástico y secular. Al salir del entierro se presentaron para cargar el cuerpo los principales padres Jesuitas, y por otra parte acudieron al mismo tiempo, con igual pretensión los oidores de la real audiencia: acción bien extraordinaria, dice con razón un cronista. Los Jesuitas alegaban los beneficios que debían al finado y la audiencia que el mismo había hecho al rey, "cuando estando en una ocasión que gobernaba la real audiencia, amenazando un alzamiento o tumulto a la ciudad de México, Alonso de Villaseca apareció de repente en la plaza a vista del palacio con un escuadrón de a caballo de doscientas lanzas, de sus familiares y criados españoles de sus haciendas, todos muy prevenidos de armas, pagados y sustentados a sus expensas y capitaneados por él, armado de todas armas, se ofreció con toda aquella gente por entonces y siempre que S.M. se quisiese servir de él".

  "Decidió el virrey la contienda en favor de los Jesuitas, quienes tomaron el cadáver y le condujeron con gran pompa a su primitiva iglesia en Xacalteopam, fabricada por los indios de Tacuba en el lugar que había donado Villaseca, y era donde está ahora el colegio de San Gregorio. Allí estuvo el cuerpo hasta que habiéndose concluido en 1603 la nueva iglesia de la Compañía (llamado hoy de Nuestra Señora de Loreto) fue trasladado a ella, y se le erigió por su yerno, Agustín Guerrero, un suntuoso sepulcro de mármol blanco, coronado por el escudo de sus armas. Este monumento ha desaparecido, como todos los de aquella época. (Ver nota al final).

   "Los Jesuitas fueron quienes más experimentaron la liberalidad de Villaseca. Fue el primero que pensó establecerlos en México y al efecto envió fondos e instrucciones a España; pero en el intermedio vinieron a costa del rey. Llegados aquí, los socorrió con cien pesos, siendo esta la primera limosna que recibieron y a poco les cedió para su fundación los solares de que hemos hablado, agregando sucesivamente otros auxilios de materiales y dinero para la obra, o de ornamentos y vasos sagrados para el culto. Pero no acababa de decidirse a formalizar la fundación del colegio como esperaban los padres

 "Siempre austero y  al parecer intratable vendía, muy cara, a los padres, la confianza que habían concebido de su piedad, despedidos siempre con dureza, bien que luego les mandaba mucho más de lo que habían tenido la mortificación de pedirles". En fin por escritura otorgada en Ixmiquilpan a 29 de agosto de 1576 les hizo donación de cuarenta mil pesos de oro común para la fundación del colegio Máximo de San Pedro y San Pablo. Después envió cuatro mulas cargadas con veinticuatro mil pesos: Los dieciséis mil destinados para la obra del colegio y los ocho mil restantes para hospitales y obras pías. Más adelante regaló unos magníficos relicarios de plata para las reliquias que los Jesuitas habían recibido de Roma.

 "Finalmente, en su última enfermedad, hizo donación de dos escrituras: una de ocho mil pesos para el colegio y otra de veintidós mil ciento once pesos, de los cuales destinaba cuatro mil al Hospital Real, dos mil al del Marqués (hoy de Jesús), tres mil a las Recogidas, dos mil ochocientos a varias personas pobres y doncellas para tomar estado y el resto a disposición del rector para los objetos que le tenía comunicados. Lo que en todo dio al colegio pasó de ciento cuarenta mil pesos.

   "A la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe regaló una imagen de plata vaciada, con peso de 39 marcos, una colgadura de terciopelo de Granada y otras cosas, él fue quien trajo a México la famosa imagen conocida con el nombre de "Señor de Santa Teresa". En la Universidad dotó de cátedra de escritura con quinientos pesos anuales. Su liberalidad no se limitó a la Nueva España, sino que pasando los mares, llevó cerca de cuarenta mil pesos a los pobres y  parroquia de su patria, más de otro tanto dio a los Santos Lugares de Jerusalén y excedió en diez mil pesos lo que destinó a la redención de cautivos.

   "Después de su muerte se halló entre sus papeles, una carta del Papa S. Pío V, en el que le agradecía una limosna de ciento cincuenta mil pesos hecha a la iglesia de San Pedro de Roma, y a los pobres de aquella ciudad, así como también se hallaron otra del gran maestre de la orden de San Juan en el que le daban las gracias por más de sesenta mil pesos que le había remitido para repara los daños causados por los Turcos en el largo sitio de Malta.

   "Tuvo D. Alonso de Villaseca una hija única llamada Da. Mariana, que fue pretendida por los principales señores de México. Su padre la dejó en libertad de elegir "presentándole al efecto los retratos de todos sus pretendientes". El escogido fue Agustín Guerrero, hijo de Juan Guerrero Luna, vecino muy rico también. Don Alonso fundó en favor de su hija un mayorazgo que valía más de un millón de pesos. Pero ese caudal enorme para aquellos tiempos fue decayendo tan rápidamente que en 1692, decía el cronista de los Jesuitas: "aquella poderosa parte de hacienda, apenas y con mucha escasez, sustenta ya una sola familia de marido, mujer y tres criaturas". Hoy no queda ni memoria de ella.

   "El hijo primogénito de Da. Mariana, D. Alonso Guerrero de Villaseca, nació en 1576. Heredero del opulento mayorazgo de su abuelo, que ya administraba y de una gran parte de los bienes de su padre. Perito de las tres lenguas: latina, griega y hebrea, así como en las matemáticas: Estimado generalmente no solo por su caudal sino por su gallardía, erudición y bellas prendas, renunció al brillante porvenir que le ofrecía el mundo y entró a la Compañía de Jesús a la edad de 35 años el 1 de febrero de 1611. Profesó de cuarto voto el 17 de octubre de 1621, en el Colegio de San Pedro y San Pablo de México, donde desempeñó por tres años las cátedras de filosofía y escritura. Falleció el 18 de marzo de 1639 con fama de santidad.

Grijalva, Edad III, cap. 19.- Florencia, Historia de la Compañía de Jesús, núms. 70, 120, 304-335.- Alegre, Historia de la Compañía de Jesús, Tom. I, pp. 61, 70, 113, 144, 145; Tom. II p. 24. (1)

 Creo que una vez leído esto que nos ofrece Icazbalceta queda clara la razón por la cual este convento abandonado en El Santuario, municipio de Cardonal, Hidalgo fue levantado, tal vez, por los Jesuitas... pero esta es apenas una idea, seguiremos profundizando en el tema.








   A petición de un lector, te doy un enlace con el mapa de ubicación de este lugar. Creo que es muy fácil ubicar los pueblos cuando tenemos su nombre, el del municipio y el estado al que pertenece. Hay un sitio llamado Pueblos de América en donde aparecen todos los pueblos que cada uno de los municipios de México, los más de 2,400 que hay en la actualidad. Sólo entra aquí.

Fuente:

1.- Obras de D. J. García Icazbalceta. tomo II. Imprenta de V. Argüeros, Editor. México, 1896. pp. 435-441.

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