Maestro no soy, aunque hubo un tiempo en que por profesión o por amistad me decían Profe. Mentiroso tampoco lo soy, así que confieso, abiertamente, que ese mote de Profe me gustaba… me gusta, poniéndolo en el tiempo adecuado. Sin embargo estoy viviendo un año sabático, mismo que está reservado a los docentes, pero como yo decidí ademas de hacer un papalote de mi vida, hacer precisamente eso; y por eso entiendo: lo que a mí me gusta.
Hay quién me lo ha preguntado abiertamente en persona o por el correo, eso de que bueno y tú ¿qué eres? ¿A qué te dedicas? Te lo cuento ahora, encuentro hoy el momento preciso para contártelo. Insito, no soy maestro, no soy profesor, pero me estoy tomando un año sabático, mismo que se ha prolongado por tres (cortos) años. El problema al que me enfrento es que no consideré que en la fantasía de organizar un año sabático antes de que sucediera, nunca imaginé que lo que tendría de entrada sería un accidente y pues… lo presupuestado para hoteles, comidas y aviones (o camiones, en todo caso) se volvieron gastos de hospital, fueron 7 instituciones, al menos el número es de los que a mí me agradan y los que encierran una fuerza única.
Conocí de todo. Hospitales en las zonas indígenas y… de selva, para agregarle el plus que ahora se supone que todo producto debe llevar. Conocí la indiferencia total, el oportunismo… del valemadrismo ni para que hablamos. Conocí las instituciones públicas del sistema de salud nacional (lo otro me ocurrió fuera de México), conocí el caos en el que están inmersas estas instituciones… vi pasillos ensangrentados… incluso me arrastré una vez en uno de ellos pues otra opción no tuve. Fue fuerte, (como se dice en el DF) fue duro, fue algo que me condujo a ver, esto que ahora veo y que decidí, desde hace año y medio compartir contigo, tú que me sigues o contigo, que por casualidad llegaste aquí el día de hoy.
Dicho lo anterior, te cuento que, claro es, ahora que con el “ajo”, como se dice en mi pueblo, que tengo con lo de las Cabezas de Águila, un buen amigo se compadeció de mí, creyó en mi idea, me dio una cantidad en contante y sonante y pues, enfilé a Jalisco. ¿A qué? A documentar más Cabezas de Águila y sucedió que, andando en eso, alguien me dijo: -Sí, por allá está un árbol, donde dicen que Hidalgo se detuvo. Si te dijera la cantidad de historias, leyendas, consejas, fantasías y, sobre todo, mentiras, he oído al respecto, no me lo creerías.
Un árbol en el que se detuvo Hidalgo, una misa que debajo de un árbol dio el cura Hidalgo… bueno, las, consejas, digamos, son muchas… y como ya voy a la mitad del recorrido de
Bueno, estamos en Jalisco, muy cerca del lago de Chapala, lugar en donde si no tienes precaución te viene una tortícolis por tanto mover el cuello. ¡Que barbaridad! Es lo único que se me ocurre decir, hay gente tan, tan guapa, que la verdad no se (bueno, sí sé) de donde vienen, pero todos son auténticamente jaliscienses, si tu que me lees, quieres mejorar la raza, no lo dudes más y vete a Ixtlahuacán de los Membrillos, desde que te bajes del camión o del auto, entenderás el por qué te lo recomiendo…
Pues bien, estaba en Atequiza, una enorme y riquísima hacienda, propiedad de un panameño, por cierto, en el siglo XIX y allí fue donde pernoctó el cura Hidalgo, así que andaba entre embobado y confuso, embobado por las bellezas humanas del lugar, confuso porque no daba con las huellas de
Se llama San Gaspar, dentro de los pocos datos que logré conseguir fue que todavía en los veintes, antes de
A mi, muy en lo particular, estos recintos sacros, abandonados, me producen una serie de emociones encontradas, algo de miedo, algo de temor… me hacen pensar mucho, visualizar en mi muy complicada cabeza, como fue en su momento de esplendor. Te invito a seguir viendo estas fotos que tomé hace un mes, 27 de julio para ser precisos, del año emblemático del 2010.
Seguramente te estarás preguntando que qué tiene que ver una cosa con la otra, el accidente con el templo abandonado. Pues bien, te explico, donde me ocurrió el accidente era un lugar con mucho lodo, con mucho verde, con un paisaje majestuoso, en plena selva del Petén. Y aquí en el templo de San Gaspar, por asociación de ideas me transportó a ese momento de mi vida… ya ves que sobre la mente no hay control, las ideas brotan, las ideas están y los recuerdos buenos y malos están y seguirán siempre grabados…