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miércoles, 11 de noviembre de 2020

Templo de Santo Domingo en Oaxaca: el ultrabarroco extremo

   Es complicado hacer una descripción del trabajo realizado en el interior del templo de Santo Domingo de Oaxaca, solamente lo puedo catalogar como el extremo del barroco, quizá una variante del llamado ultrabarroco o, en todo caso, un ultrabarroco extremo. Esta vez las imágenes darán fe del término que uso ahora al pretender describir lo que ahí se concentra. En el texto que incluyo, quizá no sea el que refiere a este espacio, sino al convento de San Pablo, el primer sitio que los dominicos tuvieron en Oaxaca, no por ello deja de ser interesante.
Entretanto, á México habían llegado veinticuatro nuevos religiosos, que con los que habían recibido en esta capital el hábito y profesión, hacían un número de cuarenta: pudo en consecuencia Betanzos disponer de tres, con quienes, autorizado por el superior y acompañado de D. Pedro de Alvarado, se dirigió á Guatemala. A su paso por Oaxaca dio á Lucero saludables instrucciones, inspirándole que se dirigiese á México para pedir al superior la aprobación de lo hecho y procurar la venida de nuevos operarios. Así lo hizo Lucero; pero antes, y con oportunidad de la Cédula real, en que Carlos V mandaba distribuir los solares y sitios de la villa, dándose la preferencia en el reparto á los templos que se habían de erigir en honor del Altísimo, cédula que no llegó á Oaxaca sino hasta el año 1528, presentó en toda forma petición al cabildo y regimiento para que fuesen designados solares en que fundar iglesia y convento de su orden. La súplica fue otorgada, como se ve en el siguiente instrumento que dio á luz Burgoa
"Yo Francisco de Herrera, Escribano de su Majestad é su nott público en la su corte y en todos los de sus reinos y señoríos, Escribano público del consejo de esta Villa de Antequera é de sus provincias que es en esta de Guaxaca de esta Nueva España, doy fé, á todos los que la presente vieren como hoy Viernes á 24 de Julio, año del Nacimiento de Ntro. Salvador Jesucristo de 1529, estando ayuntados en su cabildo é ayuntamiento según lo han de uso y costumbre de sé ayuntar los Señores Joan Peláez de Berrio, Alcalde mayor é Theniente de capitán general en esta dicha Villa por su Majestad, é Bartolomé de Zarate Alcalde ordinario, é Alonzo de Tavera é Francisco de Zamora é Gonzalo de Robles Regidores de la dicha Villa, habiéndola fecho y fundado como su Majestad manda:
acordaron de dar y dieron solares á los vecinos é pobladores de ella, como se suele hacer en las otras Villas de esta Nueva España, entre los cuales dieron y señalaron al Monasterio del Señor Santo Domingo de la misma dicha Villa, para que en ellos se haga el dicho Monasterio, doce solares á la larga que comienzan desde una calle donde está el solar de Cristóbal de Barrios y por la otra parte linda con la calle de Tehuantepeque é con dos calles que atraviesan por los dichos solares y van á dar á otras dos calles principales, é porque de antes de agora el dicho Señor Alcalde mayor había señalado para la fundación del dicho Monasterio no más de ocho solares...
y porque para su morada y asistencia de dichos religiosos que en adelante fueren hay necesidad de huerta donde puedan tener alguna recreación y socorro para su sustento, los dichos Señores y Cabildo les dan y añaden otros cuatro solares más, de manera que por todos son y hacen doce solares, los cuales dichos doce solares el dicho Monasterio su Mayordomo y Procurador hayan y tengan por suyos y como tales los perciban para siempre jamás; y se les mandó dar dellos título é posesión que aprehendieron ante mí. E yo el dicho escribano le di tal según ante mi pasó de que doy fe, y esta valga por tal, que es fecho el dicho día mes y año de arriba, y en fe de lo cual fue aquí este + un signo en testimonio de verdad. "Francisco de Herrera, Escribano público y de Su Majestad."
Por el anterior documento se ve que por Julio de 1528 se hizo el reparto de solares de Oaxaca, siendo su alcalde mayor, el primero después que se erigió con autoridad real en villa, Juan Peláez. Cortés deseaba que le hubiese pertenecido con las otras villas de su marquesado, por lo que no había perdonado diligencia para evitar que se poblase en el lugar una villa de españoles, que temía justamente habían de ser un obstáculo á sus miras
Sus enemigos, que creían debilitarlo desincorporando de sus dominios la rica provincia de Oaxaca, renovaban en cada oportunidad sus esfuerzos para poblarla enviando colonias españolas. Ya hemos visto que mientras Cortés estuvo ausente en Centro-América, establecieron de hecho la villa poniendo como primera autoridad á Andrés de Monjaraz, y pidiendo la necesaria autorización al rey de España. Tal petición había sido favorablemente despachada desde el año de 1520; pero entretanto que la provisión llegaba á su destino, Cortés, habiendo regresado de su expedición á las Hibueras, despobló tercera vez la villa, poniendo sus administradores en Huaxyacac y en Tehuantepec
Los religiosos dominicos entretanto, luego que recibieron la donación de los solares, convocaron á los indios mexicanos súbditos del marqués, suplicando les prestasen su ayuda en la edificación de un convento. Con ellos, el diácono Minaya zanjó los cimientos, amasó el barro con sus propias manos, llevó sobre sus hombros los adobes, levantó los muros, débiles en verdad entonces, y fabricó en fin el templo y la casa que deseaba. Aquel primer convento, situado en el lugar que ocupó después el que se conoció con el nombre de San Pablo, quedó irregular y poco seguro por la falta de pericia del diácono director. Los arquitectos y albañiles, á la sazón estaban atareados con la construcción de las casas que todos los vecinos se apresuraban á levantar en los solares que se les había repartido; y aun sin este embarazo los religiosos nunca hubieran podido pagar el trabajo de estos artífices.
Mientras Minaya trabajaba en el edificio material, Lucero discurría por los pueblos de indios zapotecas y mixtecas, evangelizando á los que hablaban el mexicano, y aprendiendo diligentemente los idiomas del país, sin perder de vista á los españoles, predicando y confesando casi en su totalidad á los habitantes de la villa. Cuando le pareció oportuno, se dirigió á México acompañado de Minaya, dejando en su lugar uno de los frailes que Betanzos había sacado de la capital para su excursión por Guatemala.



























Fuente:

Gay, José Antonio. Historia de Oaxaca. T-1. Imprenta del Comercio. México, 1881, pp. 303-310



 

miércoles, 7 de octubre de 2020

Antes y ahora: Santo Domingo Yanhuitlán

Yodzocahi, 1580.- Durante la época colonial el pueblo de Santo Domingo Yanhuitlán —entonces conocido por su nombre mixteco, Yodzocahi— fue heredero del cacicazgo de los Guzmanes, uno de los más importantes de la región —más tarde, de Pimentel y Villagómez—, que llegó a extenderse hasta la Mixteca Baja. Con el arribo de los españoles a la región, se constituyó la encomienda que fue otorgada por Hernán Cortés a su primo Francisco de las Casas en 1523 (Burgoa, 1934a: 290-291; Puga, 1945: 104). El asentamiento de frailes dominicos en los años cincuenta del siglo XVI, después de más de una década de disputas con los caciques y encomenderos locales, coincidió con los comienzos de los trabajos de erección de la iglesia y del convento, que constituyen hoy el centro monumental y ceremonial del pueblo. Construida entre 1550 y 1580, durante el apogeo de la expansión de las misiones españolas en Mesoamérica, la iglesia de Santo Domingo Yanhuitlán y su convento contiguo fueron de los asentamientos más importantes de los dominicos en la región mixteca. Aunque es imposible reconstruir acertadamente la cronología y las pautas de edificación del conjunto, varios documentos dispersos permiten hacerse una idea de las fases principales, actores, recursos y estrategias que fueron necesarios para concluir la obra. Si bien algunos documentos establecen la fundación del convento entre 1540 y 1541, los trabajos no parecen haber empezado sino hasta 1550. Según las Actas capitulares de los dominicos, la casa de Yanhuitlán fue aceptada inicialmente en 1541, pero no se pobló definitivamente sino hasta 1548 (Vences, 1990: 124-134) debido a los conflictos surgidos por la oposición a la presencia dominica en el pueblo del cacique don Domingo de Guzmán, aliado del encomendero Francisco de las Casas. (Alessia Frassani, te recomiendo leer el artículo completo.)

Yanhuitlán, Oaxaca, 2020.- Luego de los daños por el sismo de 1999, el convento fue intervenido: "El Ex Convento de Santo Domingo Yanhuitlán fue rehabilitado mediante el uso de métodos de construcción y materiales con los que fue edificado en el siglo XVI, con lo que se respetó su estructura original. El arquitecto Juan Urquiaga Blanco, reconocido por su trabajo en la restauración del Ex Convento de Santo Domingo, en la capital oaxaqueña, explicó que en el caso de Yanhuitlán los trabajos se centraron en la atención de grietas y desprendimientos en la bóvedas de tracería, así como en la reparación de la cubierta con tecnología moderna, misma que refuerza la estructura y evita las filtraciones de lluvia. Dijo que ante la falta de planos y la poca información histórica sobre el ex convento, “se hicieron  calas arqueológicas para poder determinar las antiguas técnicas con las que los dominicos edificaron el ex convento, y retomarlas en este trabajo de rehabilitación. Urquiaga Blanco añadió que también se reconstruyó parte del claustro alto, la hospedería (también llamado hospital), y otras áreas del templo, como las bóvedas, ventanas góticas y el piso del coro, que presentaban distintas intervenciones anteriores y agregados. “No hay que olvidar que el edificio tuvo diversos usos: durante la Guerra de Independencia fue cuartel; aquí se atrincheró el cura Hidalgo y también se observan los orificios de impactos de bala en la parte trasera del convento”, destacó el arquitecto". (Boletín INAH del 21 de noviembre, 2012)

Un interesante documental sobre este conjunto arquitectónico lo puedes ver aquí.

 

viernes, 22 de septiembre de 2017

La presencia dominica en Oaxaca: El recuento de los daños

   Ahora viene el recuento de los daños. INAH ha informado de al menos una veintena de edificios catalogados que sufrieron daños, sea en la Ciudad de México que en Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas. Justo la zona por donde comenzaron los primeros reconocimientos de tierras, luego de la conquista. La región, bien se sabía, era sísmica, se tuvieron las precauciones que el conocimiento arquitectónico de la época se tenían: edificios bajos, paredes más gruesas de las de por sí gruesas que se hacían con regularidad.

  “La enorme tarea de evangelización de los naturales de lo que ahora es Oaxaca recayó fundamentalmente en la orden de los dominicos, encargados de las tierras del sur, región a la cual no habían llegado los franciscanos. Los primeros dominicos en llegar a este territorio después de la autorización otorgada por el emperador Carlos V, hacia 1528, fueron los frailes Bernardino de Tapia y Gonzalo Lucero. Una vez establecida la provincia de Santiago en México, otros religiosos españoles fueron enviados a Oaxaca; fray Lucero, a la zona de la Mixteca y fray Tomás del Rosario, a Antequera (hoy Oaxaca). Ya a fines del siglo XVII existían dos vicarías: la de la Mixteca, que contaba con 18 casas y sede en Yanhuitlán, y la Zapoteca, con 20 casas y sede en Antequera. A fines de dicho siglo existían ya conventos por todo el estado, divididos en lo que los dominicos llamaban naciones. En la nación Mixteca había 18 conventos, en la Zapoteca 23, en la región Mixe 5 casas, en la Chontal 4 parroquias y en la región Huave 1 parroquia; en total, 51 casas y una gran cantidad de iglesias y ermitas. Además de los dominicos, se establecieron en territorio oaxaqueño los jesuitas, los mercedarios, los carmelitas, los agustinos, los betlemitas, los juaninos, los franciscanos y el clero secular, entre otras órdenes.

  La etapa de máximo esplendor de estos conventos fue a mediados del siglo XVII, en la cual se practicaban diversas actividades en las casas dominicas, que eran a la vez talleres y escuelas de artes y oficios. Los templos, conventos y recintos construidos en Oaxaca durante el periodo de la denominación española fueron concebidos en los más diversos estilos, con características arquitectónicas muy definidas. En cuanto a su estructura, es común que los templos sean de baja altura, sumamente pesados, con muros de gran espesor y pocas ventanas de pequeñas dimensiones; son en su mayoría de piedra, cantera aparente, ya sea en forma de morrillos o sillares combinados con tabiques de barro recocido, características obligadas porque Oaxaca se encuentra en una zona de alta sismicidad, por lo que prácticamente no sobrevive templo alguno que no haya sido modificado en su estructura y estilo originales. La ornamentación interior se basa en una pintura con amplia gama de recursos, que van desde un cuadro hasta los dibujos con motivos de que vegetales que cubren inclusive las flautas de los órganos, figuras caprichosas, rosetones, etc., pasando por pinturas al óleo y los frescos aplicados directamente en los muros, que representan con frecuencia motivos dominicos. Por otro lado la escultura representa personajes bíblicos, santos y mártires". (1)

  Las imágenes que obtuve del portal del periódico El Universal corresponden al ex Convento de Santo Domingo en Tehuantepec, Oaxaca.

Fuente:

Delgado Parros, Gustavo. Órganos históricos de Oaxaca. Fomento Cultural Banamex, México, 1999. p.22

domingo, 25 de junio de 2017

El templo de Santo Domingo en Querétaro

   Aquí ocurre lo que en buena cantidad de templos novohispanos fue moda: colocar elementos neoclásicos en el interior para "modernizar" los recintos. La diferencia que sucedió en Santo Domingo fue que su rescate no se hizo hasta comenzar el siglo XIX, de ahí que se haya elegido la pintura decorativa, como si fueran tapices, que hechos en base a una plantilla, crean formas casi infinitas que una se va integrando a la otra y la que sigue, creando una interesante armonía en los dibujos plasmados. A esto se le colocaba una muy bien estudiada gama de colores, regularmente en tonos pastel, con ciertos detalles de un color intenso que nos dan un resultado excepcional.

   El diseño de la pintura decorativa fue hecha por el francés Ives Grall, avecindado en Querétaro que justo cuando ejecuta el trabajo en el templo de Santo Domingo, decide retomar la idea con la que llegó a México, de tomar los hábitos, en este caso, de consagrarse para ejercer el sacerdocio. Esto ocurre justo el día de la consagración del templo que fue reinagurado en 1904.

   Años más tarde el padre Ives Grall es trasladado a Salamanca, Guanajuato, aproximadamente en 1919, en donde realizará el decorado en dos templos, uno El Señor del Hospital, el otro Las Tres Caídas con resultados estupendos. El que ahora visitamos bien lo podemos catalogar como soberbio y de excepcional belleza.