viernes, 2 de julio de 2010

Hacienda de El Molinito en Salamanca, Guanajuato, que fuera hogar del Califa de León, Rodolfo Gaona.

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En este mural que retrata a los guanajuatenses más famosos, ubicado en la Casa de la Cultura de Irapuato, tenemos en primer plano a don Miguel Hidalgo, de Pénjamo. A la derecha al pintor nacido en Guanajuato, Diego Rivera y al centro al leonés, el torero Rodolfo Gaona
"... y cojí el capote, di algunas verónicas y
me lo eché a la espalda, y de allí, toreando a la
carretilla, me pasé al toro para adelante
y luego lo eché a la espalda,
con esos lances que Ojitos me enseñó
y que luego se llamaron gaoneras..."

Barco en tierra. España en México. UNAM-AECI, 2006

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Las Trojes de la Hacienda del Molinito quedan aun en la parte trasera de la que fuera la propiedad, aunque, evidentemente, como lo notarás, son de más reciente fábrica.

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Las mismas Trojes vistas desde un ángulo distinto. Podemos apreciar los elementos tradicionales, los contrafuertes a cada lado, el par de bóvedas de medio cañón, las ventanas en la medida estándar para estos inmuebles, solo les falta las rejillas de madera que usualmente se colocaban para facilitar la ventilación y evitar que las aves entraran.

El puente El Molinito sobre el río Lerma en su paso por Salamanca, al fondo las torres del Templo de San Agustin, las palmeras salen de donde fuera la huerta del convento.


Para quienes nacimos en Salamanca, el Molinito lo asociamos siempre como un campo de fútbol, esto en los cincuentas, sesentas. Antes, en los cuarentas, se conocía por ese nombre al puente de fierro que se construyó para dar paso a la carretera que Lázaro Cárdenas ordeno se construyera para unir a Salamanca con Morelia, es decir, al Bajío con Morelia, por su punto más cercano que era precisamente Salamanca. Y la carretera se comenzó a construir justo a un lado de El Molinito, la que fuera una de las prósperas haciendas de los Agustinos que se instalaron en Salamanca en el siglo XVII. Próspera por dos razones, una que estaba solo cruzando el río desde el Convento agustino y otra, porque era la que surtía de aceite de oliva a buena parte del Bajío. Es decir, el molino era de aceite.

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Don Alfonso, el amo del Bable, en sus años mozos, justo antes de ponerse catrín para irse a México a ver los Toros en la Monumental.

Tuve la gracia y fortuna de que el amo del Bable, es decir, don Alfonso (qepd) era aficionado a los toros, tanto así que el sábado tomaba puntualmente el Pullman, vestido de catrín, para el domingo estar de vuelta en Salamanca luego de haberse regocijado en la corrida toros de la Monumental en la ciudad de México. Sus comentarios los reservaba para aquellos que si supieran de toros. Tenía un álbum con las mejores fotos de las mejores corridas de aquellos tiempos.

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Ruinas quedan de la que fuera la Hacienda de El Molinito.

La hacienda del Molinito fue, hasta la Reforma y sus leyes de desamortización, propiedad de los agustinos, luego pasó a manos privadas. Para principios de los años veinte del siglo XX pasó a ser propiedad del torero más famoso de la época, del que fuera el “torero de la Revolución”, el llamado Califa de León, sí, ni más ni menos que Rodolfo Gaona.

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La barda perimetral oriente del la que fuera la Hacienda de El Molinito.

O… ¿acaso era solamente rentada la propiedad? La duda surge pues leo a José Rojas Garcidueñas en donde dice que: “allá en el último cuarto del siglo pasado (el XIX), el licenciado don Jesús Puente, persona de viejo abolengo salmantino y de importancia en la ciudad y en el Estado, era dueño del rancho del Molinito, que antes había sido propiedad del Convento de San Agustín, y una parte de sus terrenos, a mano derecha del camino de Salamanca a Valle de Santiago, lo reservó para cementerio particular, como hicieron varias familias a raíz de la secularización de los cementerios”. (1)

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El Califa de León, Rodolfo Gaona.

“Marte R. Gómez registró una frase bastante expresiva cuando dijo que México había producido tres celebridades que estaban fuera de toda discusión: Pancho Villa, Rodolfo Gaona y la Virgen de Guadalupe. Y al parecer no erraba. Rodolfo Gaona, el llamado “sumo Pontífice de la torería”, nació el 22 de enero de 1888, en León de los Aldama, Guanajuato”. (2)

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De la hacienda del Molinito no se sabe mucho, por no decir que nada. Se ubicaba dentro de la enorme propiedad de los padres agustinos, al lado sur del río Lerma y era la que proveía del vital aceite de oliva para consumo de los seguidores del Obispo de Hipona y, seguramente, los excedentes eran vendidos en la región. Esto sucedía en la primera mitad del siglo XVIII, cuando los árboles estaban ya en edad de producir aceitunas, poco tiempo duraría la producción pues al poco llegaría el bando en el que se prohibía el cultivo, por ende la producción de aceite, de oliva en el territorio de la Nueva España.

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“Discípulo de Saturnino Frutos Ojitos (banderillero de "Frascuelo"), se presentó en la vieja Plaza de Toros de la Ciudad de México el 1 de octubre de 1905, y en la de Tetuán de las Victorias, de Madrid, el 31 de mayo de 1908. Ese mismo año, el 15 de julio, inauguró, compartiendo cartel con Ricardo Torres "Bombita" y Machaquito, la plaza madrileña de Vista Alegre. Desde entonces y hasta la aparición de Joselito y Juan Belmonte, Gaona vivió su época de mayor crédito en España. En México, sus grandes éxitos llegaron entre 1920 y 1924”. (3)

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El puente de El Molinito, al fondo a la derecha la que fuera la Hacienda de El Molinito.

Bueno, pero, si no eres aficionado no sabes quién fue Rodolfo Gaona, pues bien, “nacido en León, Guanajuato, el 22 de enero de 1888, apareció en ruedos nacionales muy joven y con su valor, afición e inventiva fue modificando la práctica del toreo hasta darle una imagen tan aguerrida como brillante allá a finales del siglo XIX y principios del XX. Desde entonces la fiesta ya no fue sólo una lucha del hombre con el toro sino una forma de producir escenas emocionantes, abriéndose así nuevos cauces hasta convertir tan peligroso ejercicio en un arte que convocó multitudes, conjugándose los actos temerarios con los de apasionante interpretación. Y el toreo no tuvo ya límites físicos, dando curso libre al desarrollo de la imaginación y una manifestación realmente sensacional que se ha ido combinando hasta alcanzar planos que eran inimaginables. Como todo creador, innovador, luchó y superó cualquier obstáculo y detrás de él aparecieron otros que impulsaron al magnífico espectáculo a los terrenos que ha alcanzado. Volvió 2 años después pero solo para torear en festivales hasta 1944” (4)

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Aquí se alcanzan a ver las trojes de la Hacienda.

Es en 1925 que Gaona adquiere El Molinito, lugar al que se veía llegar personajes ilustres de la época. Artistas, especialmente del sexo femenino y uno que otro político. “El presidente Álvaro Obregón Salido era asiduo asistente a las corridas de toros, afición que no era detenida ni siquiera por atentados en contra de su vida. Por su parte, el estadista Plutarco Elías Calles, además de disfrutar del espectáculo, gustaba de “echar pie a tierra”, tal como lo hizo en Pabellón de Arteaga, Aguascalientes el 4 de diciembre de 1927. Respecto a Gaona, retirado en abril de 1925, ya había sido perdonado por la clase política mexicana. Como muestra de ello era la amistad que llevaba con Elías Calles, quien lo visitó en su finca El Molinito, cerca de Salamanca, Guanajuato, el 13 de diciembre de 1926. (5)

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Este camino es en realidad el bordo del río Lerma que corre a la derecha. Del lado izquierdo los terrenos que fueran parte de la Hacienda de el Molinito.

El afamadísimo torero muere el 20 de mayo de 1975 en la ciudad de México, a la edad de 87 años, para ese entonces El Molinito ya había pasado, desde años anteriores a propiedad de la familia Ledesma. De lo que fue originalmente la Hacienda de El Molinito no queda, prácticamente, nada. Fuera del grato recuerdo de aquellos que gustaron de la Fiesta Brava, como fue el caso de don Alfonso, (qepd) el amo del Bable.

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Estas trojes pertenecen a la Hacienda de Chávez, que se localiza a escasos metros de El Molinito, en su momento fueron vecinas, actualmente está dentro de la Colonia Guanajuato.


Fuentes:

1.- Rojas Garcidueñas, José. El erudito y el jardín. Anécdotas, cuentos y relatos. Academia Mexicana. México, 1983.

2.- Ricaño, Mario Ramírez. Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM. Revista BiCentenario #4, pág. 32

3.- Wikipedia

4.- Lazo, Francisco. Esto. Artículo “Recuerdos de don Rodolfo Gaona. A treinta y cinco años de su desaparición física. 20 de mayo, 2010.
5.- Villarreal Rios, Rodolfo. Periódico Zócalo de Saltillo. Columna “El toreo, los presidentes mexicanos y la política”.



jueves, 1 de julio de 2010

Hacienda de San José de Mendoza, municipio de Salamanca, Guanajuato

Si es que sigues diariamente el Bable, te darás cuenta de que la preferencia que tengo es, definitivamente hacia lo antiguo, más precisamente, hacia lo viejo, creo que hay haciendas que son viejas y otras antiguas, las primeras son las abandonadas, las dejadas, las olvidadas, las que por pelitos familiares se quedan allí, en la dulce espera de ser tomadas nuevamente en cuenta y ansían que alguien les de el valor que tienen y las dignifiquen, las rescaten para que vuelvan a sus días de esplendor. Cosa por demás difícil en este tiempo cíclico del Bicentenario en el que estamos sumidos en la depresión económica, por no mencionar la moral.


Esta vez conoceremos una hacienda que está en el norte del municipio de Salamanca, hay carretera pavimentada hasta allá y, si eres igual que yo, que te mueves en los servicios públicos de transporte, pues es solo cosa de ir a la Terminal junto al mercado municipal y encontrar el autobús que para allá te lleva. Sale cada media hora, así que es cosa sencilla el conocer la Hacienda de Mendoza.


De la parte histórica mucho no te puedo decir, pues, documentación no encontré. Se sabe de su existencia y no más, allí está. Seguramente fue todo un emporio seguramente fue don José Mendoza el amo de la zona, esas son suposiciones; lo que si sé es que había un camino muy bien trazado en las haciendas de esta parte del Bajío que llevaban sus frutos a las minas de Guanajuato que requerían de enormes cantidades de forraje para alimentar a sus más de diez mil bestias, y a sus más de cinco mil obreros.


Ese camino iniciaba en la Hacienda del Guaje, que ahora es la cabecera municipal de Villagrán, continuaba al Molino de Sarabia, de allí seguía a la hacienda de San Rafael de Cerrogordo, seguramente pasaba por alguna de las haciendas de los Covarrubias para llegar a San José de Mendoza. Esa desviación por Cerrogordo no estaba considerada parte del Camino Real, pues éste corría de Sarabia a Salamanca y de allí a Temascatío, pasando muy cerca de San José de Mendoza.


Te he contado en docenas de ocasiones que cuando entro a estos lugares me transporto en el tiempo, me vuelvo niño, recuerdo, en automático las paredes de adobe, los techos altísimos con vigas y de tejas, las baldosas que frías, siempre brillan, relucientes de limpias. Los corredores, las macetas, los olores tan característicos del campo (los buenos y los malos), las huertas, en fin, todo eso que cargo del pasado se materializó esta vez en San José de Mendoza.


Ver nuevamente los pozos aunque con poco agua, pero con agua aún, los cántaros que la preservan fresca, las atarjeas o artesas, que ahora sirven de macetas o que aún contienen agua para que las aves o las gallinas lleguen a beber… los muros derruidos, los cubos de cantera con sus perfectos hoyos de forma circular que sostuvieron en algún tiempo los palos para controlar el ganado… uy… cuantos recuerdos, cuantas cosas bellas hay en San José de Mendoza.


Esta hacienda, al igual que todas y cada una de las que pueblan la geografía guanajuatense, guarda su historia, la de sus propietarios que aguerridos en la Reforma supieron sortear la cantidad de problemas que hubo por esta parte del país. De pronto se nos cruza en el camino un “güero de rancho” muestra inequívoca de que, en efecto, los franceses se quedaron por aquí poco más de tres años la mayoría y uno que otro de por vida, dejando la huella en esos ojos azules y esos cabellos rubios.


Aquí, como en todas las demás haciendas, hay la historia de los misteriosos túneles que en su interior eran los lugares ideales para esconder las riquezas que los bandidos, tan comunes en el XIX pululaban por la región. Y ni que decir de los aguerridos hacendados que se enfrentaron a unos y a otros, Villistas, Carrancistas… Obregonistas. No falta quien diga que ese túnel comunica a una hacienda con la otra y así se van tejiendo las infinitas y magníficas historias de las haciendas en el estado de Guanajuato.


Sigamos conociendo, pues, los vestigios que, al verlos con aquello que pregono de: “no ver el todo, sino la parte”; encontramos aquí en Salamanca, aquí en la Hacienda de San José de Mendoza.




















Iniciamos el mes de mes de Julio 2010, justo el día que el Bable cumple un año y medio de publicarse religiosa y prudentemente, cada día… (en medida de lo posible)… y como has visto que me la paso de festejo en festejo, ahora con tal motivo, publicaré puras haciendas, hasta que el archivo se agote…




30 de junio, no se olvida! La Noche Triste

En los años ochenta del siglo XX el Árbol de la Noche Triste aun mostraba vida, y su tronco, aunque delgado, se levantaba una buena cantidad de metros hacia arriba.

Lo que vemos en la foto es el Árbol de la Noche Triste, la tomé exactamente hace un mes, y te la comparto hoy que deberíamos estar recordando los 490 años del acontecimiento


Y ahora, bajo la sombra de este ahuehuete, que es precisamente el hijo del árbol que está en México y que en 1921 trasplantaron en el Jardín Principal de Dolores Hidalgo para conmemorar el Centenario de la consumación de la Independencia, dispongámonos a leer parte de la cuarta carta de Relación que Hernán Cortés envió a la Sacra y Cesárea Majestad que era Carlos V:


El árbol de la noche triste en una fotografía tomada aproximadamente en 1880. Ya se ve el deterioro en él.


“Recogidos los que estaban vivos, los eché adelante y yo con tres o cuatro de caballo y hasta veinte peones que osaron quedar conmigo, me fui en la rezaga peleando con los indios hasta llegar a una ciudad que se dice Tacuba, que está fuera de la calzada, de que Dios sabe cuanto trabajo y peligro recibí; porque todas las veces que volvía sobre los contrarios salía lleno de flechas viras y apedreado, porque como era agua de la una parte y de otra, herían a su salvo sin temor.


Estatua de Hernán Cortés en Dolores Hidalgo, la única, hasta donde tengo entendido, que existe de él…nótese la posición.


A los que salían a tierra, luego volvíamos sobre ellos y saltaban al agua, así que recibían muy poco daño si no eran algunos que con los muchos se tropezaban unos con otros y caían y aquellos morían. Y con este trabajo y fatiga llevé toda la gente hasta la dicha ciudad de Tacuba, sin matarme ni herirme ningún español ni indio, sino fue uno de los de caballo que iba conmigo en la rezaga y no menos peleaban así en la delantera como por los lados, aunque la mayor fuerza era en las espaldas por do venía la gente de la gran ciudad”.


Curiosa pintura en donde se retrata la escena de la noche triste. La encontré en el libro de Casasola de 6 siglos de historia gráfica.


Y llegado a la dicha ciudad de Tacuba hallé toda la gente remolinada en una plaza, que no sabían dónde ir, a los cuales yo di prisa que se saliesen al campo antes que se recreciese más gente en la dicha ciudad y tomasen las azoteas, porque nos harían de ellas mucho daño. Y los que llevaban la delantera dijeron que no sabían por dónde habían de salir y yo los hice quedar en la rezaga y tomé la delantera hasta sacarlos fuera de la dicha ciudad y esperé en unas labranzas y cuando llegó la rezaga supe que habían recibido algún daño y que habían muerto algunos españoles e indios y que se quedaba por el camino mucho oro perdido, lo cual los indios cogían y allí estuve hasta que pasó toda la gente peleando con los indios, en tal manera, que los detuve para que los peones tomasen un cerro donde estaba una torre y aposento fuerte, el cual tomaron sin recibir algún daño porque no me partí de allí ni dejé pasar los contrarios hasta haber tomado ellos el cerro, en que Dios sabe el trabajo y fatiga que allí se recibió, porque ya no había caballo de veinticuatro que nos habían quedado, que pudiese correr, ni caballero que pudiese alzar el brazo, ni peón sano que pudiese menearse.


Interesante la estatua de Cortés, de rodillas, con el rostro bajo, llorando… no cabe duda de que había resentimiento en 1927 cuando se colocó la estatua a raíz del Centenario de la Consumación de la Independencia en Dolores Hidalgo, Guanajuato.


Llegados al dicho aposento nos fortalecimos en él y allí nos cercaron y estuvimos cercados hasta noche, sin dejarnos descansar una hora. En este desbarato se halló por copia, que murieron ciento cincuenta españoles y cuarenta y cinco yeguas y caballos y más de dos mil indios que servían a los españoles entre los cuales mataron al hijo e hijas de Mutezuma y a todos los otros señores que traíamos presos.


En el medallón que está en la esquina del Templo de San Hipólito se lee: “…tal fue la mortandad… en este lugar hicieron los… a los españoles la noche del 1 de julio de 1520 llamado por… noche triste que después de haber entrado triunfantes a esta ciudad los conquistadores al año siguiente resolvieron edificar aquí una ermita que llamaron de los mártires y la dedicaron a San Hipólito por haber ocurrido la toma de la ciudad el día 13 de agosto en que se celebra este santo.


Aquella capilla quedó a cargo del Ayuntamiento de México quien acordó hacer en lugar de ella una iglesia mejor. Que es la que hoy existe y fue comenzada en 1599”.


Fotografía del Árbol de la Noche Triste para 1903


El Árbol de la Noche Triste tal y como se encuentra hoy día.


Si quieres leer la IV Carta de Relación completa, entra aquí:


http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1520_277/Segunda_Carta_de_Relaci_n_de_Hern_n_Cort_s_459.shtml