y luego lo eché a la espalda,
Barco en tierra. España en México. UNAM-AECI, 2006
Si es que sigues diariamente el Bable, te darás cuenta de que la preferencia que tengo es, definitivamente hacia lo antiguo, más precisamente, hacia lo viejo, creo que hay haciendas que son viejas y otras antiguas, las primeras son las abandonadas, las dejadas, las olvidadas, las que por pelitos familiares se quedan allí, en la dulce espera de ser tomadas nuevamente en cuenta y ansían que alguien les de el valor que tienen y las dignifiquen, las rescaten para que vuelvan a sus días de esplendor. Cosa por demás difícil en este tiempo cíclico del Bicentenario en el que estamos sumidos en la depresión económica, por no mencionar la moral.
Esta vez conoceremos una hacienda que está en el norte del municipio de Salamanca, hay carretera pavimentada hasta allá y, si eres igual que yo, que te mueves en los servicios públicos de transporte, pues es solo cosa de ir a
De la parte histórica mucho no te puedo decir, pues, documentación no encontré. Se sabe de su existencia y no más, allí está. Seguramente fue todo un emporio seguramente fue don José Mendoza el amo de la zona, esas son suposiciones; lo que si sé es que había un camino muy bien trazado en las haciendas de esta parte del Bajío que llevaban sus frutos a las minas de Guanajuato que requerían de enormes cantidades de forraje para alimentar a sus más de diez mil bestias, y a sus más de cinco mil obreros.
Ese camino iniciaba en
Te he contado en docenas de ocasiones que cuando entro a estos lugares me transporto en el tiempo, me vuelvo niño, recuerdo, en automático las paredes de adobe, los techos altísimos con vigas y de tejas, las baldosas que frías, siempre brillan, relucientes de limpias. Los corredores, las macetas, los olores tan característicos del campo (los buenos y los malos), las huertas, en fin, todo eso que cargo del pasado se materializó esta vez en San José de Mendoza.
Ver nuevamente los pozos aunque con poco agua, pero con agua aún, los cántaros que la preservan fresca, las atarjeas o artesas, que ahora sirven de macetas o que aún contienen agua para que las aves o las gallinas lleguen a beber… los muros derruidos, los cubos de cantera con sus perfectos hoyos de forma circular que sostuvieron en algún tiempo los palos para controlar el ganado… uy… cuantos recuerdos, cuantas cosas bellas hay en San José de Mendoza.
Esta hacienda, al igual que todas y cada una de las que pueblan la geografía guanajuatense, guarda su historia, la de sus propietarios que aguerridos en
Aquí, como en todas las demás haciendas, hay la historia de los misteriosos túneles que en su interior eran los lugares ideales para esconder las riquezas que los bandidos, tan comunes en el XIX pululaban por la región. Y ni que decir de los aguerridos hacendados que se enfrentaron a unos y a otros, Villistas, Carrancistas… Obregonistas. No falta quien diga que ese túnel comunica a una hacienda con la otra y así se van tejiendo las infinitas y magníficas historias de las haciendas en el estado de Guanajuato.
Sigamos conociendo, pues, los vestigios que, al verlos con aquello que pregono de: “no ver el todo, sino la parte”; encontramos aquí en Salamanca, aquí en
Iniciamos el mes de mes de Julio 2010, justo el día que el Bable cumple un año y medio de publicarse religiosa y prudentemente, cada día… (en medida de lo posible)… y como has visto que me la paso de festejo en festejo, ahora con tal motivo, publicaré puras haciendas, hasta que el archivo se agote…
Lo que vemos en la foto es el Árbol de
Y ahora, bajo la sombra de este ahuehuete, que es precisamente el hijo del árbol que está en México y que en 1921 trasplantaron en el Jardín Principal de Dolores Hidalgo para conmemorar el Centenario de la consumación de
El árbol de la noche triste en una fotografía tomada aproximadamente en 1880. Ya se ve el deterioro en él.
“Recogidos los que estaban vivos, los eché adelante y yo con tres o cuatro de caballo y hasta veinte peones que osaron quedar conmigo, me fui en la rezaga peleando con los indios hasta llegar a una ciudad que se dice Tacuba, que está fuera de la calzada, de que Dios sabe cuanto trabajo y peligro recibí; porque todas las veces que volvía sobre los contrarios salía lleno de flechas viras y apedreado, porque como era agua de la una parte y de otra, herían a su salvo sin temor.
Estatua de Hernán Cortés en Dolores Hidalgo, la única, hasta donde tengo entendido, que existe de él…nótese la posición.
A los que salían a tierra, luego volvíamos sobre ellos y saltaban al agua, así que recibían muy poco daño si no eran algunos que con los muchos se tropezaban unos con otros y caían y aquellos morían. Y con este trabajo y fatiga llevé toda la gente hasta la dicha ciudad de Tacuba, sin matarme ni herirme ningún español ni indio, sino fue uno de los de caballo que iba conmigo en la rezaga y no menos peleaban así en la delantera como por los lados, aunque la mayor fuerza era en las espaldas por do venía la gente de la gran ciudad”.
Curiosa pintura en donde se retrata la escena de la noche triste. La encontré en el libro de Casasola de 6 siglos de historia gráfica.
Y llegado a la dicha ciudad de Tacuba hallé toda la gente remolinada en una plaza, que no sabían dónde ir, a los cuales yo di prisa que se saliesen al campo antes que se recreciese más gente en la dicha ciudad y tomasen las azoteas, porque nos harían de ellas mucho daño. Y los que llevaban la delantera dijeron que no sabían por dónde habían de salir y yo los hice quedar en la rezaga y tomé la delantera hasta sacarlos fuera de la dicha ciudad y esperé en unas labranzas y cuando llegó la rezaga supe que habían recibido algún daño y que habían muerto algunos españoles e indios y que se quedaba por el camino mucho oro perdido, lo cual los indios cogían y allí estuve hasta que pasó toda la gente peleando con los indios, en tal manera, que los detuve para que los peones tomasen un cerro donde estaba una torre y aposento fuerte, el cual tomaron sin recibir algún daño porque no me partí de allí ni dejé pasar los contrarios hasta haber tomado ellos el cerro, en que Dios sabe el trabajo y fatiga que allí se recibió, porque ya no había caballo de veinticuatro que nos habían quedado, que pudiese correr, ni caballero que pudiese alzar el brazo, ni peón sano que pudiese menearse.
Interesante la estatua de Cortés, de rodillas, con el rostro bajo, llorando… no cabe duda de que había resentimiento en 1927 cuando se colocó la estatua a raíz del Centenario de
Llegados al dicho aposento nos fortalecimos en él y allí nos cercaron y estuvimos cercados hasta noche, sin dejarnos descansar una hora. En este desbarato se halló por copia, que murieron ciento cincuenta españoles y cuarenta y cinco yeguas y caballos y más de dos mil indios que servían a los españoles entre los cuales mataron al hijo e hijas de Mutezuma y a todos los otros señores que traíamos presos.
En el medallón que está en la esquina del Templo de San Hipólito se lee: “…tal fue la mortandad… en este lugar hicieron los… a los españoles la noche del 1 de julio de 1520 llamado por… noche triste que después de haber entrado triunfantes a esta ciudad los conquistadores al año siguiente resolvieron edificar aquí una ermita que llamaron de los mártires y la dedicaron a San Hipólito por haber ocurrido la toma de la ciudad el día 13 de agosto en que se celebra este santo.
Aquella capilla quedó a cargo del Ayuntamiento de México quien acordó hacer en lugar de ella una iglesia mejor. Que es la que hoy existe y fue comenzada en
Fotografía del Árbol de
El Árbol de
Si quieres leer la IV Carta de Relación completa, entra aquí: