jueves, 30 de mayo de 2013

Los peculiares ornamentos de los Cristos en el estado de Hidalgo

   Este Cristo que ahora -vemos se dice- fue uno de los tres traídos de España por Alonso de Villaseca, minero que en señal de agradecimiento por su floreciente negocio entregó a los pueblos en donde algunas de sus minas se ubicaban: Pozos y Cata en Guanajuato y Mapethé o Plomo Pobre en Hidalgo. Independientemente del ligero parecido que guardan los Cristos o de la especial belleza que tienen estas imágenes, hay algo que me llama la atención y que solamente lo he visto en los templos del Estado de Hidalgo; son, esas especies de collares o ensartas de flores que forman una onda en la parte trasera de la escultura y que le dan un aspecto totalmente distinto a lo visto en otros lugares.

   Algo que vemos en distintos puntos del país son las cruces en las cuales se coloca un lienzo largo que va de un lado al otro del travesaño cayendo de manera tal que llega a formar una especie de M. Esta tela o lienzo es la representación del Santo Sudario. Lo he visto en color blanco y también en morado. Blanco, representación de pureza; morado de penitencia y sufrimiento.

   Y estos collares son colocados también en las imágenes de santos, la razón de esta práctica está asociada a los llamados usos y costumbres de los pueblos indígenas, en este caso al Ñahñhú, conocido mejor como Otomí. Me dicen que el nombre de estos collares es el de Cuelga, recuerdo que antes, cosa que aun me tocó vivir, cuando uno festejaba el Día de tu Santo, que mucho más antes era el mismo del Día de tu Cumpleaños por ser práctica común llevar el nombre del santo del día en que se nace; al regalo que uno recibía se le llamaba precisamente "cuelga", quizá venga de allí esa idea de la cuelga en los santos de los templos del Estado de Hidalgo.

   En algún momento pensé que esta "cuelga" iba asociada a las cuerdas que cuelgan de las cruces laterales en el Calvario, las de Dimas y Gestas, pero no es así, ya que esas lo que manifiestan es que a estos dos personajes no los clavaron en una cruz, sino que fueron atados... y habrá que ver que, en esta representación que vi en el convento de Tepeapulco las cruces son distintas, una de ellas me recuerda la Tau.

   Vemos ahora el Cristo del templo del Cardonal, Hidalgo. De él penden 5 "cuelgas", en cambio, en la primera imagen, la del Señor de Mapethé, son tres los hilos o "cuelgas" con la que está ornamentado y, más aun, en la siguiente imagen, que es en el templo de San Miguel en Izmiquilpan, son doce las "cuelgas" que penden, vemos una relación numérica. Vemos números que continuamente aparecen en las manifestaciones religiosas, la razón de esta práctica nos la da una apreciada amiga, Guadalupe Huicochea.

   "En Hidalgo, las "cuelgas"  colocadas encima de una cruz vacía, representan el sudario, pero si están colocadas encima de un Cristo o cualquier otra imagen simbolizan un acto de bienvenida, cuando llega una imagen a "visitar" al santo patrono en su fiesta, la gente les coloca cuelgas, pueden ser de cera, flores, dulces, pan, o el producto de la cosecha local: fruta, maíz, chiles, etc. También colocan "cuelgas" a los visitantes. En el Valle de Mezquital, durante la fiesta del santo patrón le colocan cuelgas en una ceremonia solemne. Las "cuelgas" de cinco hilos, representan el Rosario, cuando las colocan a un santo, santa, virgen, etc. están ofreciendo el rezo del rosario. Las "cuelgas" de doce hilos representan a los Doce Apóstoles".









   Y hoy que es Jueves de Corpus, recuerdo haber visto muchas "cuelgas" en la fiesta del Corpu Viejo en Temascalsingo, Estado de México.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Temacapulín, un pueblo del siglo XVI condenado a desaparecer. Estado de Jalisco.

   Hace algunos años, tal vez dos décadas, apareció el programa de la Secretaría de Turismo de los Pueblos Mágicos; esto con el fin de dar a conocer los pueblos de México que reunen tal cantidad de características que su encanto, carácter y singularidad los hacen acreedores a ese título y a una difusión sistemática para darlos a conocer entre los turistas potenciales, esos que gustan de adentrarse a las raíces de nuestro país y recorrer no una playa, ni un casino, sino calles que nos cuentan de una vida y de un modo de verla. Regularmente los pueblos que llegan a adquirir el título oficial de Mágicos tienen una característica común: guardan una rica historia y su ritmo habitual de vida se centra en una sola cosa, la tranquilidad.

   México es tan grande que, esos casi dos millones de kilómetros cuadrados que tiene se antojan difíciles de recorrer, de conocer, de disfrutar. El país, lo sabemos de sobra, se divide en Estados, hay también regiones pues sucede que muchos de los Estados tienen una superficie enorme que hay necesidad de dividirlos en Regiones. Más aun, de las Regiones pasamos a las Subregiones. En ese orden de ideas estamos viendo ahora un pueblo llamado Temacapulín en la región central de Los Altos de Jalisco. Lamentablemente los día de este pueblo están contados pues, para bien y, ahora para mal, el pueblo se levanta muy cerca de un río, uno que si lleva agua en esta época de sequías prolongadas que estamos viviendo: el Verde.

   El agua es la fuente fundamental de la vida. En nuestra generación estamos padeciendo ya el abuso que hubo en su consumo excesivo y, más aun, en el desperdicio y en el poco cuidado que tuvimos durante varios  siglos, por no decir que todos los siglos que tenemos como humanidad que lo que vemos hoy en día son grandes extensiones de tierra totalmente secas y, en la ciudades, una población cada vez más creciente que demanda mayor consumo de agua. Los pueblos en la antigüedad se fundaron junto a un río o alguna fuente de agua que les proporcionara el líquido vital. Temacapulín no fue la excepción.

    "El pueblo tecuexe se extendió por la meseta de Los Altos, sierra de Comanja hasta los límites de Zacatecas.La mea de Los Altos, escribió López Portillo y Weber, era el arranque, al este, del cinturón teco; por lo tanto, se convirtió en el principal asiento de este primitivo pueblo. el núcleo más importante de los tecuexes se encontraba por la parte occidental y centro de Los Altos: Acatic, Tecpatitlán, Yahualica, Mexticacán, Xalostotitlán, Mitic y Teocaltiche hasta pequeña parte de Zacatecas.

   "Es difícil poder precisar fechas de los diversos asentamientos tecuexes en Los Altos; como probables mencionamos los siglos VI y VII de nuestra era. Se infiere que los sitios por ellos ocupados fueron poblamientos modestos; también que se avecindaban en las márgenes de los ríos y ocupaban las pares aledañas para la agricultura y asiento de la población campesina, lo mismo que las colinas naturales para la construcción de sus pequeños conjuntos cívico-religiosos. Este tipo de lugares eran los que escogían, porque resultaban ideales ya que proporcionaban el agua necesaria para la subsistencia de la población; los mezquites suministraban madera y frutos y había buenas tierras para sembrar las márgenes de los ríos. Además se podía pescar y cazar, lo mismo que recolectar tunas y otros frutos de xerófilas. (1)

   Así pues, tenemos que la región en donde se encuentra el pueblo de Temacapulín fue zona de asentamiento del pueblo Tecuexe que junto a Guamares, Pames, Caxcanes, Guachachiles y Zacatecos conformaron lo que conocemos bajo el nombre genérico de Chichimecas.

   Temacapulín se levanta en un pequeño valle que está rodeado por paredones, característicos de esta región en donde abundan las cañadas por donde, en tiempos de lluvia, van a descargar al río Verde. Al caminar por sus calles notamos la antigüedad de sus fincas, algo muy claro nos dice de que fue trazado bajo lo establecido en las Ordenanzas de Felipe II en 1573, pues sus calles son rectas y están perfectamente orientadas.

  "Para 1600, la jurisdicción de Jalostotitlán comprendía los pueblos de San Juan Mezquitic (hoy San Juan de los Lagos), San Gaspar, Mitic, Atoyonalco (hoy San Miguel el Alto), Teocaltitán y Temacapulín y se encontraba poblada de muchas estancias ganaderas y de labor..." (2)

  Temacapulín pertenece al municipio de Cañadas de Obregón sitio en el que, dicen por ahí, desde hace 80 años, se vienen haciendo estudios de factibilidad para la construcción de una presa que surta de agua a la región de Los Altos y las ciudades de Gudalajara y León. Fue en el sexenio de Fox (recordemos que él es originario de León y vive muy cerca de allí) que se autorizó la construcción de la presa El Zapotillo la cual, originalmente su cortina sería de 80 metros e inundaría los pueblos de Acasico y Palmarejo pero, ante las necesidades siempre crecientes de agua de Guadalajara, se planea subir la cortina a 105 metros, esto provocaría la inundación de Temacapulín.

  Son muchos los pueblos que han sido inundados por la formación de lagunas que crecen cuando se construyen presas. Recuerdo el caso de San José de Gracia en Aguascalientes y, más aun, el de Chupícuaro, cerca de Acámbaro, Guanajuato; sitio en el que fueron ahogados numerosos vestigios de esa cultura que dejaron un hueco a los arqueólogos. Ahora en Temacapulín y en toda la región que será inundada por El Zapotillo, serán cubiertos los vestigios de Tecuexes y Cazcanes, ambos pueblos, los menos estudiados por historiadores, antropólogos y arqueólogos.Y ni que decir del pueblo que al ver tan solo sus calles, nos dice que goza de una prosapia colonial.

   En Temacapulín existe un templo del siglo XVIII, elevado al rango de Basílica en el cual se rinde culto a la Nuestra Señora de los Remedios, lo cual nos dice de esa centenaria devoción mariana que hay en la región y que se manifiesta en sus dos principales recintos: San Juan de los Lagos y Toyahua. Se dice que el templo sería colocado piedra por piedra en otro sitio. Pero lo que no se puede mover es el conjunto poblacional en su totalidad, el cual es de una muy interesante belleza, con fuerte carácter y sentido.

  Así que tenemos que mientras la Secretaría de Turismo hace esfuerzos por rescatar pueblos y darles el título de Mágicos, la Comisión Nacional del Agua, entre otras dependencias, sigue adelante con su proyecto de inundar un pueblo que si algo tiene por naturaleza es ser mágico.



































Fuentes:

1.- Gutiérrez Gutiérrez, José Antonio. Los Altos de Jalisco. Panorma histórico de una región y su sociedad hasta 1821. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 1991. pp. 57-58

2.- Ibid. p. 178