viernes, 25 de septiembre de 2015

De santos, abogacías, encomiendas y curaciones: Los Santos Curadores

  Esa afición que tengo a ver y leer calendarios antiguos me ha llevado por unos caminos que, de pronto, se antojan increíbles al ir leyendo las creencias que estaban arraigadas entre la gente mexicana de siglos pasados. Esto que te comparto  no es del periodo virreinal, aunque así lo parezca, sino de 1871; época en la que seguían arraigadas costumbres ligadas a la omnipresencia divina y a los conjuros milagrosos y las protecciones de seres que lograron obtener la beatidad y, la mayoría canonizados por la Iglesia. (En la imagen vemos a San Agustín, obispo de Hipona.)

  Sabemos que todos los santos tienen un patronazgo, así sea a una hacienda, rancho, pueblo, villa o ciudad, (en la actualidad también hay patronazgos en cada colonia que conforma una ciudad), así como algunos santos son los patronos de determinados oficios, por ejemplo San José lo es de los carpinteros porque la historia sagrada nos dice que a eso se dedicaba. Está el caso de Santo Tomás Moro (Sir. Thomas Moore) que es el santo patrono de los políticos por haber sido el embajador de Enrique VIII o, por raro que parezca, está San Maximiliano María Kolbe, santo patrono en contra de la drogadicción. Lo es debido a que él murió por una inyección letal en el campo de concentración de  Auschwitz. (En la imagen vemos a Señora Santa Ana.)

  Así pues, te invito a dar un repaso por santos y la encomienda que en el México de 1870, a diez años de haberse proclamado las Leyes de Reforma, los santos tenían en contra de un sinfín de enfermedades. En la imagen vemos a un Santiaguito, Santiago Apóstol en su advocación de Matamoros por andar en su caballo. Doy los enlaces solamente a los Santos que son menos conocidos.

Contra la apoplejía: San Leonardo Ob.
Contra el asma: El beato Jacobo de Sales mártir, San José, San Felipe Neri.
Contra las afecciones de ojos y oídos: San José, San Felipe Neri, San Ciriaco, Santa Lucía.
Contra las calenturas: San José, San Antonio, San Medardo, San Pedro Mártir, San Felipe Neri, San Ignacio de Loyola, Santa Petronila, Santa Liduvina y Santa Margarita de Hungría.
Contra la calentura del tísico: San Bernardo.
(En la imagen vemos al Beato, que le dicen San Gonzalo de Amarante, al que se le baila.)

Contra las contracciones de nervios: San Maro (Massimino) de Treveris.
Contra los cólicos: Santa Rolendis.
Contra los desfallecimientos: San José.
Contra la disentería: San Lucio, San Bernardino de Siena, San Isacro, San Gerlaco y San Guido.
Contra los dolores de cabeza: San José, San Cesáreo, San Hugo, San Vicente Ferrer, San Medardo, Santa Liduvina, Santa Catalina de Sena.
(En la imagen San Antonio de Padua, al que se le pone de cabeza para que nos consiga pareja.)

Contra los dolores de dientes y muelas: Santa Apolonia y el Beato Herman.
Contra los dolores de estómago: San Hugo, San Bernardo y San Gregorio Magno.
Contra las discordias domésticas: San Facundo.
Contra las enfermedades de los pies: San Servando.
Contra los espasmos nerviosos: San Maro de Tréveris.
(En la imagen San Juan Bautista.)

Contra las enfermedades de las caderas: San Servando y San Felipe Neri
Contra las enfermedades de las articulaciones: San Gregorio Magno, San Leandro, San Maro de Trevis y San Felipe Neri.
Contra las exhalaciones: Santa Bárbara y San Pedro Mártir.
Contra los flujos de sangre: San Lucio, San Bernardino de Sena, San Fiacro, San Gerlaco y San Guido
Contra el fuego del cielo: San Antonino ver aquí.

Contra la hidropesía: San Fermín, San Wolstan y San Quintín.
Contra los incendios: Santa Agueda.
Contra las incomodidades de las chinches y otros bichos domésticos: San Poncio.
Contra la locura: San Hermes, San Nazario, San Huberto y San Juan de Dios
Contra la lepra: El Santo Job y Santa Genoveva

Contra los lamparones: San Lorenzo Justiniano y San Luis Rey de Francia
Contra los males de garganta: San Blas, Santa Margarita de Hungría, Santa Liduvina y San Lupo.
Contra los males de los pechos: Santa Agueda, Santa Radegundis, Santa Gala y Santa Liduvina
Contra los malos partos; San Ramon Nonato, San Ignacio de Loyola, Santa Margarita y San Nereo de Roma
Contra el mal de orina; San Benito Abad, San Druso, San Ebetardo, y San Enrique Emperador

Contra los males de piernas: San Hilario, San Leonardo Abad y San Quirino mártir.
Contra los naufragios: San Clemente y San Nicolás de Tolentino
Contra la pleuritis: San José
Contra la parálisis: Santa Liduvina, San Maro Arzobispo de Tréveris y San Sérvulo.
Contra la peste: San Adriano, San José, San Roque y San Sebastián

Contra las palpitaciones del corazón: San Piato obispo y mártir.
Contra la pérdida de la fama: San Juan Nepomuceno.
Contra los peligros de los caminos: San Rafael Arcángel.
Contra los peligros del mar: San Pedro González Telmo.
Contra los rayos: San Pedro mártir y Santa Bárbara

Contra la sarna: El beato Herman, santa Gala y San Menaz.
Contra la sordera: Santa Luptolde virgen
Contra las tercianas y cuartanas: Santa Margarita de Hungria
Contra la vejez: San Juan Bautista y San Valentín
Contra los vértigos: San Raimundo
Contra las paperas: San Lorenzo Justiniano y San Luis Rey de Francia
Para hallar las cosas perdidas, debe encomendarse el cristiano a San Antonio y Santa Elena.

 San Luis Gonzaga, patrono de la juventud cristiana.

 No estoy seguro si es Santo Domingo.

 No lo identifico, está en el altar de crucero derecho en Cata, Guanajuato.

 San Juan Bautista.

 San Pedro Apóstol.

 San Ignacio de Loyola en una representación de los Cinco Señores.

 San José.

 La Virgen de los Dolores.

 San Ignacio de Loyola y San Felipe Neri, creo que el bulto es San Pedro Nolasco.

 Un San Antonio cargado de peticiones.

 Creo es San Francisco.

Pudiera ser San Rafael pero no tiene el atributo de los pescados.

 Otro San José, hay que recordar que el fue el primer Santo Patrono que tuvo México.

San Cosme y San Damián.

San Felipe Neri.

San Pedro de Alcántara.

San Francisco Xavier.

Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Santiago Apóstol.


Fuente:


Calendario histórico del Emperador Maximiliano para 1871, González y Compañía Editores, México 1870. pp. 17-18

jueves, 24 de septiembre de 2015

De fiestas, ferias, misas y celebraciones en México, 1847

   De calendarios hemos hablado mucho y los hemos vistos desde distintos ángulos. Esta vez lo haremos desde la parte de curiosidades que allí encontramos, no en los actuales, sino en los que se publicaban antes, y no nos iremos tan lejos, como a 1750 año en del que no he encontrado aún uno publicado en México, pero sí este Calendario de Galván de 1847, tiempos del dictador Antonio López de Santa Anna en los que, en términos religiosos, se conservaba todavía una buena tradición virreinal. Suena extraño ver que el calendario estaba arreglado al meridiano de México, (más aún ver México escrito con G), esto se debe a que, no habiendo relojes a precios accesibles para todos en aquella época, el calendario daba información como la hora de salida del sol, también de la puesta, así el día se podía organizar mejor al tener una idea de las horas de insolación. Y se marcaban cosas como estas:

  "Los domingos y los días señalados con ++ obligan á todos á oír misa y á no trabajar: los que llevan + á lo mismo, menos á los indios que no tienen obligación de oír misa, y pueden trabajar en sus cosas. —Los no dispensados de la comida de carne se señalan con §: los de ayuno son todos los de vigilia, témporas y toda la cuaresma, menos sus respectivos domingos, excepto para los indios, pues á estos solo les obliga los viernes de cuaresma, sábado Santo y vigilia de Nuestro Señor Jesucristo. —Las fiestas nacionales se anotan con N. los días de tabla con T: los de la indulgencia de cuarenta horas con E3": los domingos que van pasando después de Pentecostés con las iniciales (D P), y los de reliquia en Catedral con R. —No hay velaciones de matrimonios desde el miércoles de Ceniza hasta el domingo in albis, y desde el primer domingo de adviento hasta el 6 de Enero del año entrante inclusive".

   Quizá has leído algunos textos antiguos, de novelas costumbristas, muy difundidos en México a mediados del siglo XIX, allí mencionan, ocasionalmente, lo de las dos o tres cruces. Es aquí en donde encontramos el significado: las tres cruces está ya eliminado desde hace mucho tiempo (creo). La de dos cruces es misa muy importante, como la de Navidad el 25 de diciembre, o esta que vemos arriba, la de la Natividad de Nuestra Señora, el 8 de Septiembre, eran misas obligatorias, se pasaba lista incluso, y dado que era festividad no se trabajaba. Las misas de una cruz eran importantes, sí, pero para los españoles, pues a los indios no se les obligaba a asistir, suena xenófobo... lo era.

   Siendo los calendarios usados por los labradores, todo lo relacionado a siembras y cosechas era importante, tanto, que la Iglesia tenía marcado un tiempo llamado de Témporas: "Las témporas, en la Iglesia Católica, son los breves ciclos litúrgicos, correspondientes al final e inicio de las cuatro estaciones del año, consagrados especialmente a la plegaria y a la penitencia. En su origen, el objeto de las témporas era dedicar un tiempo a dar gracias a Dios por los beneficios recibidos de la tierra y a pedirle su bendición sobre las siembras para que produjeran cosechas abundantes. Tratándose de una institución que afecta a toda la comunidad cristiana, ese tiempo se organizó hasta convertirse en un conjunto de celebraciones litúrgicas, con sus formularios propios. Desde el principio la celebración de las témporas suponía actos penitenciales colectivos, ayuno en su sentido amplio particularmente, medio necesario para purificar el espíritu y para poder ofrecer a Dios el culto confiado de la Iglesia, del modo más sincero". (Wikpiedia.)

  Había las fiestas marcadas con N y las marcadas con T. N eran las nacionales, como el 16 de Septiembre que era, además fiesta de Tabla. Una de las fiestas Nacionales que está ya desaparecida es la del 17 de Septiembre, llamada "Aniversario por las Víctimas de la Patria". Las Fiestas de Tabla eran las fiestas obligatorias que, al estar tan arraigadas en las costumbres mexicanas se mantuvieron por varias décadas luego de la consumación de la Independencia, y esa cosa entre estado católico e iglesia que había se manifestaba al grado que el 16 de Septiembre era Fiesta de Tabla.

  Eso que en el texto que transcribí aparece como E3 se refiere al símbolo del dedo índice apuntando a algo, ese algo se refiere a la Indulgencia de las 40 Horas, por ejemplo en esta semana las 40 Horas estaban en San Juan de Dios, luego en Santa Catalina de Sena (Siena) y luego en Santa Clara. "Desde el siglo XVII se estableció en Roma la costumbre de venerar en forma solemne al Santísimo Sacramento expuesto continuamente durante tres Desde el siglo XVII se estableció en Roma la costumbre de venerar en forma solemne al Santísimo Sacramento expuesto continuamente durante tres días (40 horas) en cada iglesia, alternándolas para que no faltara un día del año en que no estuviera expuesto el Santísimo en la Diócesis. Más tarde, por dificultades prácticas, dicha exposición se pasó a 4 días durante 10 horas cada día. Esta es la razón de su nombre oficial: “Exposición Circular de las 40 Horas”. (Tomado del Calendario del más antiguo Galván, edición 2015. p.227

  Aparece una anotación muy curiosa, se trata de la R, la cual significa Reliquias, de las que había y sigue habiendo una buena cantidad depositadas en uno de los retablos. No puedo afirmar, pues no lo he leído por ningún lado, que se efectuaba una misa especial el día del santo del que se tiene reliquia, lo más seguro es que sí y que por eso se marcaba en el Calendario de Galván del siglo XIX, lo más seguro es que, una vez puestas en función las Leyes de Reforma, se eliminó esta práctica. Insisto, es una deducción la que estoy haciendo al respecto. La hoja que vemos, del mes de octubre, aparecen dos marcados con R: Santa Úrsula y San Nemecio.

  Si te estas preguntando cuántas reliquias y de quién hay en la Catedral Metropolitana de México, esta es la respuesta: "Detrás de pinturas removibles que hemos mencionado hay varias osamentas catalogadas con caligrafía antigua en papeles amarillentos. Los huesos pertenecen a Santa Generosa, San Pío “Papa”, San Epigmenio, San Máximo, San Clemente, San Teófilo, San Heliodoro; San Zenón, y San Fortunato; “San Pedro”, San Félix y San Mauricio. En el otro nivel están: Santa Cordelia, San Primitivo, San Gelasio “Papa”, San Anastasio, San Darío, San Inocencio, Santa Gaudencia, Santa Hilaria, San Vito, Santa Úrsula, y Santa Anastasia. Hay que explicar que en la naciente Iglesia de Roma, con el nombre de “Papa” se designaba a los obispos.

  En el retablo de la derecha hay dos nichos con cráneos, sin nombres. Además, en esta capilla hay algunos relicarios que guardan en sus cajones pequeños sobres con astillas óseas que pertenecen a otros santos. En la Catedral de México hay tres relicarios con astillas de la cruz de la pasión. Uno está en esta capilla, otro en el coro y una más en la sacristía. Es necesario realizar un inventario global y científico más detallado de todo este acervo de reliquias". (Tomado de SIAME.)

  Finalmente se hace mención de la misa de velación, que era un rito (¿o sigue siendo?) posterior a la misa de boda. Una cosa era la boda, como la entendemos en la actualidad, y otra el rito del matrimonio a través de la velación. Creo, insisto, creo, en la actualidad está integrado en la boda la velación, y estaban prohibidas esas Velaciones en toda la Cuaresma y el Adviento hasta la Epifanía. In Albis se refiere a lo que hoy es el Domingo de Resurrección. Si quieres leer más al respecto, entra aquí.

  Y para concluir este ligero análisis a ciertos detalles del Calendario litúrgico que el renombrado impresor Galván publicó en 1847 vemos el cuadro de las Ferias, mismas que estaban asociadas (algunas lo siguen estando) a las Fiestas Patronales. Sabemos que la más importante era la de Xalapa, luego lo fue la de Acapulco, y la que triunfó, es decir, la más grande que hubo fue la de San Juan de los Lagos, misma que fue desplazada -dicen- por la de San Marcos en Aguascalientes. Estas son las ferias más importantes que había en México al mediar el siglo XIX:

Chilapa, por 8 días; de 1 al 8 de Enero.
Tenancingo, por 10 días; de 6 á 15 de Febrero.
Otalitlan, Estado de Veracruz, por 3 días: del 1 á 3 de Mayo.
Monterrey, por 8 días; de 8 á 15 de Setiembre.
Chilcuautla; por 10 días; comienza en 15 de Agosto.
Saltillo, por 8 días; de 29 de Setiembre a 6 de Octubre.
San Miguel de Allende, Departamento de Chihuahua [sic], por 8 días; de 4 al 11 de Octubre.
Aguascalientes, por 10 días; de 10 á 19 de Noviembre.
S. Juan de los Lagos (la más grandiosa), por 5 días, de 6 á 13 de Diciembre.
Ciudad de Guerrero, por 6 días; de 12 á 17 de Diciembre.
Huejutla, por 4 días; de 24 á 27 de Diciembre.
Celaya por 8 días; de 24 á 31 de Diciembre.
Chilpancingo, por 8 días; de 27 de Diciembre á 3 de Enero.

  Será bueno concluir este artículo viendo en lo que todo aquello que había en la primera mitad del siglo XIX, en materia de festividades y ceremonias religiosas, se ha transformado:

  Fiestas de Precepto en la República Mexicana. La iglesia determina como precepto la asistencia a Misa los domingos y en otras 4 solemnidades que pueden caer entre semana: Solemnidad de la Santa María Madre de Dios (el 1° de enero), el Jueves de Corpus Christi, la Solemnidad de la Santísima Virgen de Guadalupe (12 de diciembre) y la de la Natividad del Señor (25 de diciembre). La solemnidad de la Epifanía del Señor se celebrará el domingo que caiga entre el 2 y el 8 de enero. La Ascensión del Señor se trasladará al domingo siguiente. Se suprime la obligación de asistir a la Misa los días de San José (19 de marzo), San Pedro y San Pablo (29 de junio), la Asunción de la Virgen (15 de agosto), Todos los Santos (1° de Noviembre) y la Inmaculada Concepción (8 de diciembre). Estos quedan como días de devoción. Cuando las fiestas o solemnidades coinciden con domingo, Adviento, Cuaresma o Pascua, pueden trasladar su celebración a otra fecha.


Fuentes:

Calendario de Galván para el año de 1847, arreglado al meridiano de Megico. Tipografía de E. Rafael México, 1846

Calendario del más antiguo Galván 2015. Librería y Ediciones Murguía. México, 2014

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Carta de Norteamérica: Una crítica a la presidencia de Miguel Alemán en pleno Año de Hidalgo

  Se dice que era un caballero, quizá sea porque la ropa de aquella época, que en los hombres se llamaba "vestido", refiriéndose a un traje, formal, tipo de negocios, propio de los años cincuenta, el sombrero y la corbata de moñito le daban la apariencia pero, comentan por ahí, que Adolfo Ruiz Cortines solía ponerse el sobrero en el pecho para así marcar una distancia entre el pueblo que se acercaba a saludarlo y evitar aproximaciones. Yo nací cuando el estaba como Presidente de la República, es decir, no recuerdo nada, cosa distinta a su sucesor, Adolfo López Mateos, del que recuerdo muy bien su imagen aquella vez que vino a Salamanca y pasó en su auto negro descapotado por la calle Obregón, y al cruzar la de Fortaleza, allí estaba yo, saludando al Presidente de la República. Sanos recuerdos que, ahora que leo un Life, esa revista catalogada actualmente como "vintage" veo una severa crítica que hace no Life en Español, sino su revista hermana Time, y no la hace en torno a Ruiz Cortines, al que ve con las posibilidades de cambiar el rumbo del país, sino a su antecesor Miguel Alemán. Recordemos que eran los tiempos de El Año de Hidalgo.

“Time” analiza la revolución moral iniciada por el presidente Ruiz Cortines.

  Estimado lector: De ordinario, en esta carta tratamos de cosas de los EEUU. Pero esta vez quisiéramos referirnos a México que, siendo de los buenos vecinos del sur el más próximo, viene a constituir un puente entre la cultura de la américa anglosajona y la de américa latina. Es por tanto propio dedicar a México la presente Carta de Norteamérica. Tal vez interese al lector conocer lo que nuestra publicación hermana Time, dijo recientemente 14 de septiembre) sobre México y su nuevo presidente Adolfo Ruiz Cortines, he aquí algunos extractos tomados del Time:

  México la secular y pintoresca tierra del águila y la serpiente, de los campesinos descalzos que duermen en las plazas y los políticos bien calzados que mordisquean el tesoro público, está atravesando por una nueva revolución. Después de los generales armados hasta los dientes y de los alegres estadistas aficionados al dinero mal habido, la república tiene un nuevo presidente que ha echado sobre sus hombros nada menos que la tarea de librar a México del peculado. Este presidente revolucionario es un hombre delgado, gris y austero, llamado Adolfo Ruíz Cortines, que tomó posesión de su cargo el pasado diciembre a los 61 años.

  En épocas pasadas, el peculado y la corrupción en las esferas altas y bajas se explicaban en México como algo inherente al propio sistema de gobierno. Los pequeños burócratas, los policías y los inspectores, que ganaban sueldos demasiado bajos para mantener a sus familias, dependían de la “mordida” y la consideraban legítima y necesaria. En las altas esferas los puestos públicos equivalían a oportunidades privadas y durante el reciente periodo de seis años, cumplido por el apuesto y juvenil presidente Miguel Alemán el frívolo cinismo de los aprovechados alcanzó su punto más alto… o quizá debiéramos decir más bajo.

  El general Francisco Aguilar hizo públicamente la acusación de que el presidente Alemán y sus amigos extrajeron del tesoro nacional ochocientos millones de dólares y que de esta cantidad sacaron del país, para depositarlos en bancos de los EEUU, Canadá, Suiza y Cuba, unos 450 millones. Esto era más de lo que los mexicanos podían tolerar y cuando llegó el momento, el partido institucional revolucionario –el único verdadero partido político de México- interpretó el sentir popular y propuso para el cargo a su más conspicuamente honrado hombre público. Don Adolfo es la antítesis de su espectacular predecesor. Detesta la publicidad sobre su persona y su pasatiempo favorito es jugar al dominó o dar largos paseos a pie. Un tipo de héroe totalmente nuevo en México, parece satisfacer los anhelos populares con la limpieza iniciada. 

   De la revolución mexicana nació una vigorosa clase media donde antes existía solo un vacío. La tranquilidad interna, unida a los efectos de la guerra mundial y a la era de crecimiento que marcó el periodo de Alemán dio ímpetu al proceso. El país ha cambiado y ha madurado, hecho este que explica en parte la prominencia de líderes como Ruíz Cortines.

  Hasta en los grises campos de México, cultivados durante más de mil años con palos puntiagudos, las huellas del cambio son visibles. Al sur del río Grande, cerca de Matamoros hay hoy cultivo de algodón donde hace 15 años solo crecía el mezquite. En la progresista Baja California, el más nuevo estado mexicano, los agricultores han sembrado ñas más grandes extensiones de trigo de la república, en campos ganados al desierto, y han plantado junto a pozos artesianos recién perforados cientos de miles de árboles frutales. En los valles rodeados de volcanes de Puebla, con agua traída desde 11 kms de distancia por conductos que atraviesan las montañas, se han obtenido cosechas récord de maíz y frijol como no se habían visto antes. Carreteras nuevas, ferrocarriles reconstruidos y oleoductos, cruzan y entrecruzan la campiña mexicana. Algunas de las dormidas villas de ayer se han convertido en activas ciudades típicas del siglo XX. La colonial Salamanca, donde están las nuevas refinerías de petróleo del gobierno, recuerda de noche a las grandes ciudades petroleras de Texas, con sus anaranjadas vetas de fuego brotando de las tuberías y chimeneas.

   La ciudad de México, que con más de tres millones de habitantes es ya la tercera de la américa del norte, se cubre de nuevos edificios y rascacielos –uno de ellos de 43 pisos- que señorean sobre las antiguas torres de las iglesias coloniales. A lo largo de sus principales avistas se desbordan ríos de automóviles en su mayoría montados en México. De miles de fábricas situadas en las afueras de la ciudad salen muebles de oficinas, cosméticos, artículos de tocador, camiones y autobuses, cortisona y refrigeradores. A lo largo de la ancha avenida de los Insurgentes, los mexicanos pueden comprar lo mismo un automóvil inglés Jaguar que un yate o un vestido diseñado en París.

  La gente que compra y vende en este nuevo México se parece tanto a la anticuada caricatura norteamericana del hombre descalzo montado en un burro, como Ruíz Cortines a Pancho Villa. Son gente que han abandonado sus viejas chozas de barro para entrar a formar parte de la corriente que impulsa la vida nacional. Entre ellos hay profesionales con títulos de universidades modernas. Comen pan en vez de tortillas (por lo tanto crean una demanda de trigo que amenaza destruir el inmemorial mono cultivo del maíz) y sus niños reciben una esmerada educación

 Preocupados con sus profesiones, como la gente de la clase media en todo el mundo, estos mexicanos no son revolucionarios en el antiguo sentido de la palabra. Su nievo papel en sociedad los convierte en una especie de baluarte contra la perenne serie de rebeliones que convulsionaron a México durante gran parte de su historia, son, sin embargo, la consecuencia de la gran transformación social que costó la vida a un millón y medio de mexicanos hace solo una generación. Antes de la revolución mexicana el país tenía una especie de doble personalidad, oprimida y enfurecida por el eterno recuerdo de haber poseído una gran cultura indígena y haberla visto destruida por el invasor blanco.

  Los hijos de la revolución parecen haber aprendido a pare ciar por igual la herencia india y la española. Han aceptado su pasado y han cesado de lamentarse de él… Porfirio Díaz, el dictador que impulso con mano de hierro la estabilidad del país el siglo pasado, dijo una vez amargamente: “pobre México, tan lejos de dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Sin embargo ha sido México, en parte está sujeto tan de cerca a la influencia de los EEUU el país que ha abierto la ruta de la madurez y la independencia nacional en américa latina. Orgulloso de sus orígenes mestizos, sin necesidad de alardear o disculparse por ellos el país está experimentando visiblemente los resultados creativos de encontrarse a sí mismo. Adolfo Ruiz Cortines, con el respaldo de la clase media, ha cambiado ya las normas de la moral pública. Mientras ideas realmente revolucionarias sobre la honestidad y la verdad se generalizan en el gobierno, el nuevo presidente y el nuevo México pueden mirar hacia el futuro con la esperanza de alcanzar una vida democrática perfecta." (1)

  Así lo externó la revista norteamericana, Ruiz Cortines concluiría su sexenio con un gran logro: haber notado que el crecimiento poblacional de México, de no controlarse causaría infinidad de problemas, promovió la creación de nuevos centros de población, especialmente en la costa. Seguiría López Mateos con una política agraria que impulsó el uso de fertilizantes que a la larga perjudicarían el medio ambiente. Siguió luego Díaz Ordaz, de mala memoria por lo acontecido en Tlatelolco, luego Luis Echeverría con su populismo y, ya en los setentas llegaba José López Portillo para "administrar la abundancia", se dice que con él termina el presidencialismo en México.

Fuente:

1.- Life en Español. Vol. 2, No. 8. 12 de octubre de 1953, p.19