Por la ropa me imagino que estas fotos fueron tomadas a mitad de la década de los cuarenta o finales de la misma, ocurrió un descarrilamiento de la máquina 1501 en Apaseo el Grande, Guanajuato, momento ideal para tomar algunas fotografías y dejar testimonio de lo que era la época, el lugar y la ocasión tan particular que, a pesar de la ligera tragedia ocurrida, nos dice de lo que era la vida apacible del Bajío en esos ayeres. Las fotografías son propiedad de Raúl González quien rescató los negativos de su tío-abuelo, don Francisco Tostado González que supongo es el segundo de izquierda a derecha. Si por allí hay alguien que tenga el dato exacto de la fecha del descarrilamiento agradeceré nos lo diga.
sábado, 28 de noviembre de 2015
El caballero don Lorenzo de Boturini Benaduci
Quizá tu como yo, sabemos de él debido a que una calle del centro histórico de la ciudad de México lleva ese nombre, por el rumbo de la Doctores y de allí al oriente hasta entrar topar con el Eje 3 Oriente. Hay también calle con su nombre en Morelia y Zapopan, pero, como suele ocurrir, poco se sabemos de él (como de Balderas, por ejemplo, siguiendo con los nombres de las calles), así que hoy es la ocasión de aprender un poco sobre tan singular personaje, para ello nos apoyamos en el México a través de los siglos.
“La administración del conde de Fuenclara comenzó con un acto de arbitrariedad, que probó la poca ilustración de aquel gobernante y que le ha traído la más severa crítica de la posteridad. Al pasar el virrey por Jalapa, de camino para México, el alcalde mayor de aquella villa le entregó un ejemplar de la carta circular que un italiano, don Lorenzo Boturini, había escrito solicitando donativos para la coronación solemne de la imagen de la virgen de Guadalupe en México; apenas llegó a la capital el virrey conde de Fuenclara, ordenó se abriera una averiguación judicial para saber quién era don Lorenzo Boturini, acordando al mismo tiempo que la autoridad le recogiese todos sus papeles y todos los valores que hubiera reunido para la solemnidad de la imagen. Boturini compareció ante el alcalde del crimen en 28 de noviembre de 1742, acusado de estar en las Indias siendo extranjero sin la licencia respectiva, de haber colectado donativos y promovido el culto de la imagen de Guadalupe hasta intentar su coronación sin estar autorizado para ello, y de haber tratado de poner en esa corona armas distintas de las del rey de España. Boturini fue reducido a prisión en 4 de febrero de 1743, y el virrey Fuenclara dio parte de todo al Consejo de Indias.
La razón de intentar Boturini la coronación de la imagen de la virgen de Guadalupe era la costumbre que existía entonces de dar esta muestra de distinción solemne con el permiso de la basílica vaticana de roma a las imágenes taumaturgas cuyos milagros fuesen públicos y legalmente probados por proceso seguido con arreglo a las disposiciones canónicas vigentes. Boturini que desde su llegada a México en 1736, concibió una ardiente devoción por la imagen de Guadalupe y creyó que era acreedora a la coronación, alcanzó del pontífice la gracia para llevar a efecto su proyecto; pero los documentos le llegaron sin el “pase” necesario del Consejo de Indias, y Boturini creyó salvada esa dificultad obteniendo el pase de la audiencia México, concediolo ese tribunal, y entonces comenzó Boturini a escribir de todas partes de nueva España solicitando donativos para los gastos de la coronación. Una de esas cartas fue la que presentaba al virrey dio origen al proceso. El Consejo de Indias, informado de lo que pasaba en este negocio, acordó que se aprobaba la conducta del virrey; que este a puerta cerrada reprendiese severamente a los oidores de la audiencia de México por haber concedido el pase a las bulas del papa usurpando facultades del Consejo de Indias; que Boturini fuese enviado a España con su proceso remitiéndose también un catálogo razonado de sus papeles que debían quedar depositados en lugar seguro, en esa época la inocencia de Boturini era patente para el juez pero el virrey tenía empeño en que saliese de Nueva España, y se elle embarcó en 1744.
La gravedad de aquel negocio consistía no solo en el proceso y en la injustificable persecución a un extranjero horado, sino que Boturini era un historiador, un arqueólogo, un sabio, que a fuerza de trabajo y de gastos habían conseguido reunir importantísimos datos para la historia y la persecución desatada contra él fue causa que se perdiesen multitud de documentos y de objetos curiosos e importantes para los estudios históricos de México, de los cuales unos desaparecieron sin poderse averiguar quién los había tomado, otros perecieron en el hogar en que estuvieron depositados, y muy pocos quedaron para el museo nacional de México.
El Consejo de Indias declaró inocente a Boturini y propuso se le concediese una recompensa por el trabajo de reunir documentos y objetos históricos, le rey de España le nombró, en consecuencia de que el dictamen historiógrafo de las Indias con un sueldo de mil pesos anuales, y le ordenó que volviese a México, en donde le serían entregados los papeles y objetos de su propiedad; pero Boturini no quiso represar a la Nueva España y murió en la corte”. (1)
Fuente:
Riva Palacio, Vicente. México a través de los siglos, Tomo VII. Editorial Cumbre, México, 1986, pp. 110-111
¿Qué tan chistosa es la letra Ch?
Su origen se remonta al uso que hacían los latinos en las traducciones griegas de la letra Χ χ cuyo sonido no existía en latín: v.g. Christo, etc. El valor fonético original era [kʰ]. El uso de ch para representar [t∫] se originó en Medioevo en el viejo francés (Wikipeida).
Hace poco, andando por Cuernavaca, entré en la librería del Palacio de Cortés, empecé ver, luego a hojear algunos libros, uno me llamó la atención, pensé tomarle foto a la portada pero no lo hice, era algo sobre la letra Ch, por lo poco que vi dentro de él evidencié que eran jóvenes los que lo habían escrito dado que ensalzaban la palabra chido, chingón, chale, y tantas otras las incluían, haciendo una especie de estudio filológico sobre el uso de la letra la cual aprendí en mis primeros años de enseñanza junto a la Ll y a la Rr, tengo entendido que ya no está oficialmente dentro del alfabeto. Recuerdo también la canción de Café Tacvba que ensalza la letra y las palabras en las que está incluía.
En lo personal lo que me ha hecho curiosidad, desde hace unos tres años, es la asociación de la Ch a lo suave, simpático, cariñoso, incluso chistoso. Y es casi inevitable que un apodo, derivado de un nombre cristiano, de los muchísimos que hay en el Calendario Litúrgico sean con esa letra, es por eso mi interrogante de que si es chistosa o no o qué tanto lo es. Aclaro que no incluyo en el siguiente ejercicio apodos en base a las características físicas de las personas v.gr. “chaparro”, “chulo”, y mucho menos apodos que se derivan del inglés como Charly.
Chabela, Chacho, Chagua, Chago, Chalo, Chalío, Chano, Charo, Chava, Chayo, Chebo, Checo, Chelino, Chema, Chencho, Chofi, Chole, Chepo, Chelmo, Chente, Cheto, Cheyo, Chequel, Chía, Chila, Chilo, Chimino, Chío, Chicho, China, Chito, Chinto, Chivis, Chóforo, Chona, Chucho, Chuy.
Concha, Güicho, Juancho, Lencho, Licha, Lucha, Meche, Mincho, Moncho, Nacho, Nicho, Pancho, Poncho, Tacha, Tencha, Ticho, Tocho, &tc.
Aclaración: v.gr. quiere decir en buen español verbigracia. &tc. con las mismas características de buen español quiere decir etcétera.
viernes, 27 de noviembre de 2015
Para entender mejor a México, veamos lo que ocurría apenas comenzando el siglo XVIII
No sé tú… pero al ir metiéndome más y más en la Historia de México me doy cuenta, como dijera el filósofo griego, que sé muy poco pues son tantos los datos insospechados y tantos los personajes involucrados y tan grande es el espacio físico en donde ocurrieron las cosas que, de pronto me pierdo en el espacio y en el tiempo. El no conocer al menos los pasajes más importantes de la historia de España, el no saber de las sucesiones reales y de cómo estas afectaban el transcurrir de la vida de todos, incluso en la Nueva España me hace detener mis lecturas mexicanas y adentrarme en resúmenes de lo ocurrido en la vieja España a fin de poder hilar una cosa con la otra, así pues, vemos algunos datos que, al parecer son insignificantes pero que, al saber el trasfondo de ellos nos damos cuenta de la fuerza que la corona tenía sobre sus vasallos:
Alucino la escena, visualizar la nave empavesada me hace estremecer: “Al comenzar el siglo XVIII, el 6 de marzo de 1701, llegó a México correo de Veracruz con una nueva de haber arribado al puerto un navío aviso empavesado de negro con gallardetes y banderas de luto, anunciando la muerte de Carlos II. Al día siguiente el virrey Don José Sarmiento, conde de Moctezuma y de Tula, recibió el cajón de la correspondencia de España, confirmándose por cartas y despachos la muerte del último de los reyes españoles de la casa de Austria” (1).
Cuando comencé a adentrarme en la historia, vía la historia local, la de Salamanca, leía del Conde de Monterrey, pensaba fuera una persona distinta y allegada al virrey, luego entendí que muchos, por no decir que todos, los virreyes de Nueva España procedían de la nobleza, algunos duques otros marqueses o condes. Hubo también los que ocupaban el doble cargo, tanto de virrey como de arzobispo y aquí va algo en torno a uno que era duque y se llamaba Francisco Fernández de la Cueva Enríquez. Habrá que entender que cuando ocurre la muerte del rey que arriba se menciona, terminó el reinado de la Casa de los Austrias, comenzaría entonces la influencia francesa con Felipe V de la Casa de los Borobones, que era nieto del rey de Francia, Luis XVI: “La época de gobierno del segundo duque de Alburquerque comenzó a ser notable por el lujo y magnificencia que desplegó el virrey y por el cambio de modas en los trajes de hombres y mujeres que se ajustaron a las de Francia desde el 6 de enero de 1703, día en que los soldados que daban la guardia en Palacio se presentaron con uniforme francés causando en México gran novedad aquel cambio. Era el duque de Alburquerque caballeroso y afable al par que activo, cualidades muy necesarias en situación tan peligrosa y delicada como las que atravesaban la metrópoli comprometida en civiles y extranjeras y la colonia amagada por escuadras enemigas casi desarmada y escasa de recursos” (2).
El afrancesamiento era notorio, no solo en las modas, sino en costumbres y fiestas, el siguiente episodio se desarrolla en lo que hoy conocemos como Delegación Tlalpan, que era antes el pueblo de San Agustín de las Cuevas: “Por otra parte, las costumbres se habían corrompido extraordinariamente en México: el lujo de los ricos era desenfrenado, al extremo de que el tesorero de la casa de moneda, don Francisco de Medina Picazo, para obsequiar al duque, hizo representar en su casa una comedia, y para armar el teatro destruyó la tienda del blanqueador de la misma casa, y después de la representación, a la que asistió un gran número de personas, obsequió Picazo con un suntuoso banquete a los concurrentes, y regaló mil pesos al virrey y a cada una de las personas de su familia, cien pesos a cada uno de los caballeros y damas y veinticinco a cada uno de los pajes y criados, y después les invitó para una fiesta en su casa de campo en el pueblo de San Agustín de las Cuevas, de cuyo festejo dice Robles en su Diario (año de 1703): “Viernes 1°, esta tarde volvieron de san Agustín de las Cuevas los señores virreyes, a donde habían ido desde el domingo por la tarde, al festejo que les hizo el tesorero de la Casa de Moneda, don Francisco de Medina y Picazo; y hubo toros lunes, martes y miércoles; y para la comida se concertó dicho tesorero con los cocineros de S.E. en cinco mil pesos que les dio y embargó todas las huertas, y dicen hizo dorar un pino grande lo cual le costó tres mil peos, y por todos gastos llega a veinte mil”.
Te recomiendo cerrar los ojos, luego de leer esto e imaginar la escena (creo la fotografía es evocadora y te motivará): “Las visitas de los virreyes a los conventos de frailes y monjas eran también motivos de suntuosos banquetes que se repetían con mucha frecuencia, el virrey por su parte desplegaba en palacio para corresponder a aquellos obsequios el mayor fausto que hasta entonces se tenía idea en la Nueva España. En palacio se representaban comedias a las que eran invitados los oidores, el arzobispo, los canónigos, los inquisidores y las personas más distinguidas de la ciudad”. (3)
Claro es que aún no estaba aquel que diría que iba a “administrar la abundancia”, es decir, ya desde entonces la riqueza estaba acumulada en las manos de unos cuantos y la pobreza, miseria o marginalidad era más que notoria: “Los robos, los asesinatos y los escándalos se multiplicaban de una manera extraordinaria porque al paso de tan ricos y pródigas eran las clases altas de la sociedad, la más espantoso miseria se había apoderado de las bajas; los negros y las negras esclavos eran tratados con gran crueldad y andaban en las ciudades, en los pueblos y en las haciendas en tan vergonzosa desnudez, que el duque de Alburquerque se vio precisado a dictar una disposición por la que se obligaba a los amos a tratar con menos dureza a los esclavos y a vestirlos. Frecuentemente, a pesar del gran fanatismo de aquella época los templos eran asaltados, despojadas las imágenes de la alhajas y robados los vasos sagrados; a esto seguían como escarmiento horrible ejecuciones de justicia, en las que los reos no solo sufrían pena de muerte, sino que eran mutilados y las manos de los ladrones sacrílegos clavadas en las calles horrorizaban a los transeúntes”. (4)
En el siguiente episodio se unen, de alguna manera, el tema de la Nao de China, los matrimonios forzados, los intereses creados, las ambiciones de riqueza, y no, no confundamos a la China Poblana con este chisme, ese personaje que todos conocemos por su apodo, que ni era china y mucho menos poblana, sino que era hindú y sí, vivió en Puebla, además, dicen por ahí, tuvo una cierta santidad (*) ella, la China Poblana se llamaba Catarina de San Juan y la china que ahora verás (que era filipina) se apellidaba Cruzat: “Los asuntos privados entre los ricos tenían el carácter de acontecimientos públicos de importancia, porque los altos funcionarios tomaban partido por alguno de los contendientes. El casamiento de la hija de don Jaime Cruzat, gobernador que había sido de Filipinas, fue causa de grandes trastornos: aquella joven, a quien el pueblo llamaba La China tenía un dote de más de seiscientos mil pesos, y la pretendían por esposa el conde de Santiago, el oidor Uribe, don Domingo Sánchez de Tagle y don Lucas de Careaga; el arzobispo tomó parte de favor de Tagle, las demás autoridades opusiéronse a aquel casamiento, los tutores de la china llevaronla depositada a una casa del barrio de San Cosme, y el abogado Juan de Dios Corral presentó demanda contra Tagle en nombre de otra mujer a quien Tagle había dado palabra de casamiento; el arzobispo excomulgó al abogado Corral, sacó del depósito a la Cruzat, llevola al convento de San Lorenzo y allí la casó con Tagle en medio de multitud de hombres armados que habían acompañado al obispo. El virrey envió tropa con los hermanos de la Cruzat para impedir la ceremonia, pero las monjas de San Lorenzo cerraron las puertas del templo y del convento. El virrey hizo prender en la noche al novio, le impuso veinte mil pesos de multa y lo desterró a Veracruz; el padre del novio, don Pedro Sánchez de Tagle, fue multado en igual cantidad y desterrado a Acapulco; a un hermano del mismo novio se le multó en diez mil pesos; la virreina se declaró protectora de los Tagles y a tanto llegó su disgusto, que se separó del virrey su marido. Moviose un gran litigio en el que intervinieron el virrey, la virreina, la audiencia, el arzobispo, los desposados y sus representantes, y quizá hubiera tendido aquello muy graves consecuencias si en esos días no hubiera muerto en el convento donde estaba depositada la Cruzat, causa de tanto escándalo, con lo que todo se apaciguó” (5).
Antes, como ahora, las influencias ayudan a ocultar, a hacer, a robar, a abusar… quizá venga de ese entonces las terribles prácticas que vemos (lamentablemente) por todo el país todos los días: “La plebe no es el daño que robe, sino la reciproca protección que hayan los delincuentes para obviar el castigo, pues ya el parentesco del religioso o eclesiástico, ya la consanguinidad con los que aquí hacen representación pues sin ser mordaz es suficiente la que haya sido ama de un hijo suyo una mulata, y aun de haberle sacado un hijo de pila, que bastaba para llamarlos compadres” (4).
Esto, de las prácticas chamánicas y de las ideas que los padrecitos tenían de ellas me causa una especie de ligero horror, por cierto, si aún no has visto la película El baile de San Juan, no te la pierdas. “En México se celebró la pacificación del Nayarit quemándose solamente en la plazuela de San Diego, por orden del provisor, que era el juez de los indios en causas de fe el esqueleto de un indio del Nayarit encontrado en una cueva de aquella provincia, sentado en un sillón con un sable en la mano y sobre un altar. Aseguró que el esqueleto aquel era mirado como una divinidad por los indios y se le sacrificaban víctimas humanas” (6).
Para terminar por donde comenzamos vemos a un personaje que pasó a las páginas (breves) de la historia como un inepto. Él fue uno de esos virreyes-arzobispos. “Volvió el padre Guillén a escribir al arzobispo virrey en demanda de remedio, manifestándole que de no prestarse auxilio volvería a perderse la California; pero nada consiguió: la apatía y la timidez de Vizarrón eran insuperables y aquel virrey, quizá el menos apto de cuantos tuvo la nueva España presenciaba la pérdida de una provincia y tenía noticia de las desgracias que allí pasaban, sin inquietarse para poner un pronto remedio atendiendo quizá al más lejano e insignificante peligro de que el monarca español le hiciera un extrañamiento” (7).
Fuentes:
1.- Riva Palacio, Vicente. México a través de los siglos. Tomo VII. Editorial Cumbre. México, 1986. p. 73
2.- Ibid, p. 78
3.- Ibid, p. 82
4.- Ibid, p. 82
5.- Ibid, p. 82-83
6.- Ibid, p. 95
7.- Ibid, p. 107
(*) Si el tema de Catarina de San Juan te interesa, Francisco de la Maza tiene un libro con ese nombre, lo publicó Conaculta en la colección Cien de México en 1990.
La participación de Alonso de Villaseca en la construcción del Camino Real de Tierra Adentro.
Parece ser que el tema del Camino Real seguirá presente por mucho tiempo en este Bable. Ahora, buscando datos de x-y-z cosas, caigo por mera casualidad en el tema. Y menudo dato es el que encuentro y que, claro es, comparto contigo que seguramente estás tan interesado en él como yo lo estoy. Recordarás que la última vez que abordé el tema fue en esa relación entre Cristos y el Camino Real de Tierra Adentro y lo que allí vimos fue una constante: la presencia de un personaje involucrado directa o indirectamente con el culto a una imagen que, invariablemente es un Cristo, el cual igual es blanco que negro. El personaje en cuestión es Alonso de Villaseca, uno de los españoles que más riqueza acumuló en la digamos segunda oleada de pasajeros de indias, es decir, aquellos españoles (o europeos) que se embarcaron al Nuevo Mundo con el fin de “hacer la América”.
Pensaba, erróneamente, que su riqueza había venido por el control del cacao, pero veo que no es así, pues en el texto que leerás a continuación, vemos que ocurrió con él lo que con tantos otros españoles que vía el “braguetazo” casa con acaudalada dama y hábil (o astuto) que era en los negocios, crece la fortuna a niveles insospechados. La fortuna viene asociada a las inversiones que hace en la minería, de allí –creo- nace la relación de su persona con los Cristos del Camino Real pues bien lo sabemos que ese camino comunicaba esencialmente a las minas del norte (en el entendido de que hubo un tiempo en que Guanajuato era el norte de México, igual lo fue Zacatecas, incluso el norte o frontera norte lo llegó a ser Ixmiquilpan, lugar en donde estaba una mina de las muchas que tuvo don Alonso de Villaseca.
“A partir de 1540 se inicia una expansión hacia el norte, pero ya no por soldados profesionales, sino por misioneros y propietarios de ranchos. Ante el problema chichimeca se delineó una estrategia (lenta pero segura) en la que: a) se establecería una línea de presidios (que después se convirtieron en ciudades, como San Miguel el Grande, Celaya, o Aguascalientes), b) se fomentó el avance paulatino de rancheros españoles e indios sedentarios, principalmente otomíes y tlaxcaltecas, c) se dieron tierras y protección a algunos grupos chichimecas que aceptaron vivir en paz en puntos fronterizos y d) se otorgaron encomiendas y tierras a soldados de Cortés en tierras chichimecas. Uno de ellos fue Juan Jaramillo (uno de los conquistadores de Tenochtitlán), quien recibió la encomienda de Jilotepec en 1543.
En nuestra región de estudio, a fines de la primera mitad del siglo XVI, Ixmiquilpan se constituyó en un importante centro minero con enclaves en Cardonal y Zimapán. En 1548 se mencionan las minas de Santo Tomé, mientras que en 1569 había dos reales, Santa María y San Juan, separados por media legua. El Cardonal fue fundado hacia finales del siglo XVI, dado el descubrimiento de nuevos yacimientos de plata (1) (obsérvese que su nombre es español, no indígena). Otros asentamientos mineros pertenecientes a Ixmiquilpan en el siglo de la conquista fueron Chalchiutepec, al norte, y Santa Cruz de los Álamos o Pechuga (2). Algunos mineros que tenían fundos tanto en Ixmiquilpan como en Zacatecas (entre quienes podemos mencionar a Cristóbal de Oñate, Luis de Castilla, Alonso de Mérida –que era encomendero de Metztitlán–, Rodrigo de Rivera, Pedro de Medinilla y Alonso de Villaseca), construyeron en 1551, con ayuda de las autoridades, una vía que entroncaba con el recién construido “Camino Real de Tierra Adentro”, es decir, la vía México-Zacatecas.
"Alonso de Villaseca, uno de los hombres que más se enriquecieron a mediados del siglo XVI sin ser encomendero, debido a la expansión minera y a la explotación de los indígenas (3), poseía propiedades agrícolas en Jilotepec, Ixmiquilpan, la Huasteca y Metztitlán; y mineras en Pachuca, Ixmiquilpan, Guanajuato y Zacatecas. En parte, debe su fortuna a su matrimonio con doña Francisca Morón, hija de padres muy ricos (4). Entregó cuantiosos donativos a la Compañía de Jesús y mandó edificar en Chilcuautla un pequeño templo (5). Los mineros de Ixmiquilpan solicitaron al virrey Luis de Velasco su intervención para la construcción del mencionado ramal: “Es muy necesario que este camino sea abierto y mejorado para que por él puedan pasar carretas, pues es una ruta muy importante”.
El 6 de abril de 1551, el virrey comisionó a Diego Flores, corregidor de la cercana Atitalaquia, a investigar esta petición. Además, debía hacer un estudio sobre la ruta, los implementos y la mano de obra indígena con la que se podría contar. Después de la inspección informó al virrey: “El dicho camino es muy deseable e importante para el servicio de Su Majestad y sus ingresos reales, además de ser ventajoso para los individuos que lo piden...”.
"Flores informó que no se perjudicaría a los indígenas en sus tierras y sugería a los indios de Jilotepec y Tula para el trabajo, previa dotación de las herramientas necesarias para estas labores. También señalaba la urgencia de terminar el camino antes de la temporada de lluvias" (6).
Fuentes:
Todo el texto entrecomillado fue tomado de: Vergara Hernández, Arturo. Las pinturas del templo de Ixmiquilpan ¿Evangelización, reivindicación indígena o propaganda de guerra? Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Pachuca, 2010, pp. 71-74
Las siguientes son las referencias que el autor hace en su texto:
1.- Modesto Bargalló, La minería y la metalurgia en la América española durante la época colonial, México y Buenos Aires, 1955, p. 204. 1955, p. 204.
2.- Peter Gerhard, Geografía histórica de la Nueva España 1519-1821. Universidad Nacional Autónoma de México, p. 160.
3.- Su caudal se estima en más de un millón y medio de pesos, y sus rentas en 150 mil ducados. Gilda Cubillo Moreno, Los dominios de la plata: el precio del auge, el peso del poder, empresarios y trabajadores en las minas de Pachuca y Zimapán, 1552-1620. Instituto Nacional de Antropología e Historia, Colección Divulgación, 1997, p. 146.
4.- Joaquín García Icazbalceta, “Las liberalidades de don Alonso de Villaseca”, en Divulgación histórica, v. II, 1939, p. 279.
5.- “Para que Diego Flores vaya a ver los caminos que van desde Ixmiquilpan a los Zacatecas y haga relación, 6 de abril de 155”1. agn, Mercedes, III, 607.
6.- Ibidem
jueves, 26 de noviembre de 2015
¿Por qué el Jueves ha sido siempre el día “diferente” de la semana?
Para comenzar te digo que, aunque el título de este artículo (o nota, como me han corregido, dado que un artículo lleva una buena cantidad de cuartillas de texto y no solo unos cuantos párrafos) sea una pregunta, la respuesta no la tengo. Tengo una idea que me ha costado mucho tiempo desarrollar y más tiempo aun sustentar. Hoy es Jueves y no es un jueves cualquiera, especialmente para los norteamericanos, que son, creo 250 millones de personas y, suponiendo que no todos realizan el festejo pero si la mayoría, el número es grande. Agreguemos a ello que son nuestros vecinos y que, además, antes de 1945 una buena parte del territorio de Estados Unidos era mexicano y hoy jueves se celebra el Thanksgiving o Día de Acción de Gracias.
La celebración, dicen, comenzó en 1621 pero no se especifica el día exacto, quizá fue un jueves, no lo sé, quizá fue a finales de Septiembre o principios de Octubre, lo ignoro. Las cosas ocurrieron en Plymouth y coincidía con las festividades del final de la cosecha que los nativos celebraban y el arribo de una nave con los –dicen- primeros migrantes que llegaron procedentes de Inglaterra a los Estados Unidos. Inglaterra dejó de ser católica y creó el anglicanismo, en Europa había una revuelta por las tendencias marcadas por Erasmo, Lutero y Calvino, es por eso que, se dice, fueron los puritanos esos primeros personajes que llegan a la costa del Atlántico norte estadounidense. La festividad mencionada, estaba asociada, en aquellos tiempos en el mundo católico a San Miguel Arcángel (29 de septiembre) y en el México antiguo, eran las celebraciones a Hitzilopochtli, aunque luego se asociaron, también a Tláloc.
Pero, como suele ocurrir, hay quien afirma que la celebración se dio antes, el 8 de septiembre de 1565, que era un sábado y que ocurrió en un lugar llamado San Agustín en la Florida. Eso lo dudo, primero porque ese día 8 es la festividad de la Natividad de la virgen María y los españoles seguramente organizaron ese oficio, quizá fueron forzosamente invitados los nativos, pero una acción de gracias tal cual fue, la de ofrecer comida y bebida y evitar roces y enfrentamientos esa noche no ocurrió en San Agustín, creo; lo que sí creo es lo que se ha dicho de Plymouth, actual Massachusetts.
Se dice que el primer presidente de la nación norteamericana, George Washington, oficializó, de algún modo, el Día de Acción de Gracias para el 19 de febrero de 1795, que fue un jueves, por cierto; y que Abraham Lincoln lo transfirió al primer sábado de octubre en 1863. Finalmente ocurrió que en pleno siglo XX, el presidente Roosvelt instituye la celebración para el cuarto jueves del mes de noviembre, en 1941, que fue el día 27. Y la pregunta surge ¿por qué en jueves?
El jueves, en la tradición Católica, es un día sumamente particular. La cuaresma, que si bien comienza el Miércoles de Ceniza, es en jueves cuando comienza. Sigue, luego de 40 días, (por eso es una cuaresma, es decir, una cuarentena) el Jueves Santo, vendrá luego el Jueves de las Ascensión y, por último sigue el Jueves de Corpus. Tres grandes jueves. Los jueves, lo recordamos bien, era, por allá de los años sesenta hacia atrás, día en que el comercio solo laboraba medio día pues la tarde era libre. Las tardes del jueves era cuando se organizaban las serenatas en los kioscos de las plazas públicas, esa tradición sobrevive en varias ciudades en nuestros días. Antes, tiempos coloniales, el jueves era el día de pago en las minas, no sé si en todas o solamente en las de Taxco, de allí que el jueves era el día en que se sentaban con tranquilidad a la mesa los que habían “rayado” y comían un sabroso pozole, nace entonces la tradición del rico pozole guerrerense en jueves. Incluso, oí por ahí, que antes el jueves era el día en que se “ligaba”.
La razón por la cual el jueves tiene características distintas no la he encontrado aún, pero la intuyo en base a mi afición numérica o numérico-simbólica, asociándola, claro es, a lo religioso. El 3, lo he comentado ya, es el número místico, el número divino mientras que el 4 es el terreno, es el del hombre. Al sumar las cantidades (4+3) nos da el siete. 7 son los días de la semana. Geométricamente el 3 es un triángulo, el 4 un cuadrado. Si tratamos de unir uno y otro, veremos que hay una cara en la que una y otra forma se apoya, de este modo, si le ponemos nombre a las caras del cuadrado, estas serían lunes-martes-miércoles-jueves. Mientras que las caras del triángulo son las del viernes-sábado-domingo. Por lo tanto el jueves es la cara en donde se apoya el triángulo, la divinidad y de allí que sea ese día el que reviste ese halo especial que tiene o que tuvo en su momento.
Si eres nuevo por El Bable, te comento que son muchos los artículos que he publicado sobre el calendario y sobre la numerología o, mejor dicho, lo que yo interpreto en mi obsesión numérica, todo lo he hecho en base a observaciones y razonamientos, algunos están sustentados, otos no, es cosa de que, si te interesas en el tema, entres en la carpeta correspondiente que aparece aquí abajo.
Antes y ahora: El acarreo de materiales en Salamanca
Salamanca, Guanajuato, 1950.- De la memoria gráfica salmantina surge esta toma, una toma casual, espontánea de la vida cotidiana, el noble animal, tirando de una carreta en la que se transportaba cualquier tipo de cosa en aquel entonces.
Salamanca, Guanajuato, 2015.- Sesenta y cinco años después, los carros de tiro se siguen usando, especialmente para el acarreo de cascajo y ramas, follaje, desechos de jardín que por varios motivos el servicio de limpia municipal no recoge y, en buena es el inicio de un largo circulo de vicio que nos lleva a una suciedad casi, casi total en la ciudad.
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