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domingo, 25 de marzo de 2018

El Calvario en San Miguel de Allende

  NO, no me refiero al "calvario" que padecemos en la Semana Santa debido a la acumulación de turistas en los lugares en donde se realizan impresionantes ceremonias, propias del medioevo, me refiero a la esencia Novohispana de la celebración. En el entendido que ya en la Edad Media, esta fiesta, que fiesta no es, sino conmemoración, ya existía... sí a mi, en mis párvulos años me tocó vivir [padecer] el no hablar, el no comer, el no beber {fuera de lo necesario}... el no ver la TV, el no oír la radio... bien me puedo imaginar lo que era en el espléndido siglo XVIII novohispano, es decir, el mexicano.

  Había dos grandes celebraciones a lo largo del año [aun no se concebía la fiesta de la Virgen de Guadalupe], era la Navidad y la Semana Santa, la una de gozo, la otra de penitencia.

  De ahí que en todo pueblo, villa o ciudad novohispana, se ubicara un punto -especialmente si era un promontorio próximo a la población- en el cual se celebraría la Semana Santa que implicaba el rezo de un solemne rosario, mientras se ascendía al monte Calvario [cerro de la Calavera]. Hay registros que nos cuenta que en la Ciudad de México las fiestas del Jueves y Viernes Santo eran de tal liviandad, que el Calvario que había en aquella capital, fue mandado vigilar precisamente para controlar los escándalos que allí se daban pues, la solemnidad de la santa semana, se volvía en eso, en liviandad, es decir, en fiesta, baile, bebida y todo aquello que ocurre "afterwords".

  Esa costumbre [o ley] que había en las poblaciones del virreinato, era que cada lugar debía tener un Calvario... el cual, siguiendo la tradición, debía estar en alto. El problema estuvo en el Bajío -dadas sus tierras totalmente planas- y fue fácil en las poblaciones próximas a lomas y colinas. Lo que hoy vemos es un lugar en donde había lomas: San Miguel el Grande.

  Creo que el concepto novohispano {o virreinal, como gustes}, es el más claro y contundente: las quince estaciones que conformaban el recorrido para rezar el rosario y llegar a lo alto [al monte] para ahí caer de rodillas y recordar que ... a las 5 de la tarde de un Viernes, el Señor murió.

VIA CRUCIS PÚBLICO. Siglo XVIII (1777)
  
VIA CRUCIS PÚBLICO. Siglo XVIII (1777)

Como testimonio de la firma de un documento que puso fin a un sonado pleito entre los habitantes de la Villa se erigieron estas hornacinas, cuya primera estación estuvo frente a la Tercera Orden, en donde se rezaba cada viernes de Cuaresma en el siglo XIX y parte del siglo XX. Esta Vía Sacra estuvo en la calle de Atzcapozalco, hoy Benito Juárez, las siguientes en la calle de Mesones, seguían por Núñez, daban vuelta por San Francisco, para terminar en la capilla del Calvario. Se trataba de un Vía Crucis Público de catorce estaciones, que al correr de los años con las modificaciones de las fachadas de las casas, se destruyeron dos de las mismas. En 1995 se añadieron sin razón histórica dos, una en la calle del Correo y otra en la calle de Corregidora. Tienen como características ser todas iguales, de cantera café oscura, con sendas guardamalletas como ornamentación y rematadas por una cruz latina. En la antigüedad, en el fondo del nicho se encontraba una pintura representando la estación correspondiente, estaban protegidas por un marco de madera y cristal. Aún se ven los espacios inferiores en donde se fijaba dicho marco. (1)


Fuente:

López Espinoza, José Cordelio. La Villa de San Miguel el Grande y Ciudad de San Miguel de Allende. (s. xix-xx). Colección de Monografías Municipales del Bicentenario. Guanajuato, 2010

miércoles, 5 de abril de 2017

Breve guía para montar un Altar de Dolores

  Fue un Viernes de Dolores quizá de 1962 cuando vi por primera vez un Altar de Dolores. Ese día entré a la casa de mi abuela que era bastante grande pero ya la habían dividido por dos mitades contaba con un enorme patio central, los corredores eran más anchos de lo habitual, las macetas que los rodeaban eran enormes también y las dimensiones de los helechos de tipo descomunal. Entré solo, eran tiempos en los que la puerta de la calle se dejaba abierta sin problema alguno, ella estaba en la cocina, al fondo.

  Al entrar en el corredor vi en una de las esquinas, la del nor-poniente, en la hornacina donde habitualmente tenía una Sagrado Corazón de bulto que lo había cubierto con un lienzo morado y a un lado estaba la imagen de la Dolorosa con algunas flores. Fue tal el impacto que se me quedó grabado para siempre.

  En esa casa, como en tantas otras de Salamanca, había una habitación que se usaba exclusivamente para colocar el Nacimiento, desde un mes antes se preparaba el lugar con todos los elementos escenográficos necesarios, se desempolvaban las figuras, los ornamentos, se reparaban los que habían sufrido algún desperfecto, algunas piezas eran retocadas y el montaje se llevaba varios días.

  Fue desde entonces que conocí el largo camino que hay que andar para montar un altar, cuando lo que se busca es desarrollar una idea que basada en ciertos elementos clave, seleccionando los colores precisos y los elementos que se usarán. Todo esto ocurrió nuevamente hace dos meses, cuando acordé con un amigo de Romita, Guanajuato, que en una antigua casa que se encuentra en restauración montaría un Altar de Dolores.

  Antes, digamos que de hace medio siglo para atrás, el montaje del altar no era solo colocar cosas sobre una mesa y ya, implicaban fechas precisas y muchos rezos. Un ritual. Lo primero que se hacía, justo el Miércoles de Ceniza o, a más tardar, el primer viernes de cuaresma, era la siembra del trigo. Luego de una rezada se colocaba abundante trigo en cada una de las macetas que serían usadas. De ese modo el llamado "pastito" estaría a la altura necesaria el Viernes de Dolores.

  Había una técnica con la que se creaba el "pastito" blanco el cual era de fuerte impacto al ver el trigo en un color nada habitual. Todo se hacía igual, pero para hacerlo blanco se colocaban las macetas con la siembra en un lugar oscuro en donde no entrara la luz del sol, el trigo germinaría pero no haría fotosíntesis de ahí que se desarrollara blanco. Otra técnica, para crear el "pastito" de diferentes alturas era sembrarlo en segundo y el tercer viernes de cuaresma.

  En la zona centro de la región del Bajío, eran habituales los árboles con naranjas agrias, se usaban más bien como ornamentales pues no crecen ni muy altos ni muy desparramados y para esta fechas se colmaban de naranjas, su textura rugosa daba un aspecto único y siendo agrias, se asociaban con la idea de la amargura de la virgen, de ahí que se usaran en el altar y, en general, en los ornamentos de los Monumentos del Jueves Santo.

  Se elegían siete elementos que representarían los siete dolores de María, si se contaban con esas dagas o abrecartas que son comunes en las artesanías de Toledo, España, irían a la perfección en el altar, de lo contrario se confeccionaban con papel dorado, como una banderita y se clavaban en las naranjas agrias, simbolizando el amargo corazón de María atravesado por cada uno de los dolores que tuvo a lo largo de la vida de Jesús.

  Esa es la idea básica, lo demás es la creatividad que cada quien tenga, el espacio con el que se cuente y la disponibilidad para desarrollar algo que vaya más allá de solo poner una imagen con unas flores... 

  La siembra se hizo como marca la tradición, es necesario regar cada tercer día pues son días en los que la temperatura va en ascenso. También con la debida anticipación fue necesario seleccionar las telas, marcar las adecuaciones, reparaciones y limpieza de todo lo necesario, el empacar lleva mucho tiempo, las cajas se van apilando. 

  Ya en la casa donde se instalaría el altar fue cosa de llegar con 3 días de anticipación, comenzar a sacar el polvo, que era mucho, pues en toda sitio en donde se trabaje con cemento, cal y demás, si algo abunda es el polvo.


  El punto de partida es localizar el lugar donde estará el punto focal de todo, en este caso la imagen de la Dolorosa, una vez identificado comienza el desarrollo de la idea, la cual parte de un bosquejo a lápiz que hago, solo para tener una leve, muy leve idea que, normalmente no es la que queda en el lugar, sino que es una mera idea trasladada a papel... como bosquejo. Pero si no la tengo no puedo comenzar.

  No uso regla ni cinta métrica. Estoy muy acostumbrado al tanteo, siempre me regulo por la cuadrícula del piso, procuro aprovechar los clavos que ya están puestos, el resto va fluyendo poco a poco... soy muy dado al reciclaje, y a usar los elementos que haya en el sitio, sean maderas, ladrillos, o, en este caso, que estaba una vieja consola, luego de limpiarla sirvió de base.

  Simetrías, asimetrías... todo dependerá del momento, de las circunstancias, de los elementos disponibles, es cosa de dejar fluir la idea. En buena medida los propios elementos disponibles te van diciendo dónde van acomodados...

  Terminada esta primera parte, sigue la más tediosa, planchar telas que si no lo están se verán muy mal al final. Luego entra la ornamentación, son muchas horas de labor, tantas como 12 diarias durante 3 días. Y como todo esto entra en la categoría de lo efímero, al día siguiente, en 3 horas, todo regresó a la caja en la que llegó.

 Mientras más manos colaboren, más cosas se pueden ir integrando a la idea original.




  Es primordial mantener orden y limpieza en todo el desarrollo del montaje...



  Agotado, luego de 3 días de no parar, pero con un buen resultado.

martes, 4 de abril de 2017

Morado y amarillo, la manifestación de la naturaleza al comenzar la Primavera

   Claro es que si andamos a la carrera, de prisa, en auto y con agenda repleta lo que menos tenemos es tiempo para detenernos, observar, entender, interpretar y admirar. Pero si andamos a pie, caminando por el lugar que sea, sin prisas ni compromisos y con ojo explorador (y entendedor) iremos notando cómo se manifiesta la naturaleza en estos días primaverales, lo hace especialmente a través de dos colores: morado y amarillo.

   No es de extrañarnos que las celebraciones de Semana Santa se revistan de color morado, que es asociado a la penitencia, al dolor y al tiempo de reflexión con la que fue concebida originalmente. El que hoy asociemos estos días (demasiado cálidos debido al cambio climático) con las vacaciones y la playa es producto de la publicidad y el ansia de salir casi huyendo de una abarrotada ciudad para irnos a una abarrotada playa. Nos cuesta trabajo asimilar la soledad.

   Las jacarandas florecen espléndidas por todos lados, cambian la vista de las poblaciones en donde las encontramos por la calle... y los mercados se llenan, especialmente en la víspera del Viernes de Dolores, de flores silvestres que abundan en estos días y que son moradas, amarillas y blancas... los colores cuaresmales.

   De los "pastitos" y de la fiesta del mes Tozoztontil hablaremos luego pues, casualidades de la vida, este año de 2017 el Viernes de Dolores coincide con el inicio del mencionado mes, lo cual nos reafirma aquello que Robert Ricard estudió y dio por nombre La conquista espiritual de México.










lunes, 3 de abril de 2017

Andar por la calle de la amargura: De la pasión dolorosa a la pasión amorosa

  En este Bable la cosa de números y sus símbolos y relaciones con ciertos modos de pensar y organizar ideas siempre nos han sido interesantes. Mucho hemos hablado sobre el 4, sobre el 9, sobre el 7 y el 13 y ahora que documento más sobre la tradición del Altar de Dolores doy con algo que me remite a otro tema, el cual me es también interesante, el de las palabras y los refranes que tenemos en México.

  Sabemos bien que un buen número de refranes van asociados a las tradiciones católicas, como el que dice "Te lo digo Juan, para que me oigas Pedro" en franca referencia a una cita bíblica. O aquello de que "no te hagas que que la virgen no te habla", que nos recuerda el pasaje de una de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Ni que decir de que "se me fue el santo al cielo"... podríamos seguir.

  Ahora "descubro" que eso que continuamente se dice de "me trae por la calle de la Amargura", especialmente cuando el enamoramiento es tal que no se piensa en otra cosa más allá del ser amado, pensé fuera mera refranería popular y no más. No, no lo es.

  Sucede que la tradición del Viernes de Dolores, muy sentida por el Bajío, gira en torno a los siete dolores que María tiene a lo largo de su vida, uno de ellos, el cuarto refiere el encuentro de María con Jesús en el Vía Crucis, que fue cuando María pasaba por la calle de la amargura...

   "Verdaderamente, calle de la amargura fue aquella en que encontraste a Jesús tan sucio, afeado y desgarrado, cargado con la cruz que se hizo responsable de todos los pecados de los hombres, cometidos y por cometer. ¡Pobre Madre! Quiero consolarte enjugando tus lágrimas con mi amor". Quizá fue esa la razón de que se adoptara la idea para que en nuestros dichos refiramos el "andar por la calle de la amargura" como un sufrimiento, en este caso un sufrimiento por amor.

  Las imágenes corresponden a la celebración del Viernes Santo en Salamanca, Guanajuato, en el templo de San Agustín en 2016.