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martes, 20 de octubre de 2009

Estando en Villa de Reyes... mi tiempo se detuvo

Pueblear, pueblear y pueblear, ¿hay algo mejor en la vida? La verdad no lo creo, pueblear significa ir conociendo más cada día, irse llenando los ojos con las tantas maravillas que cada región tiene, todo eso está ahí y es ahí en donde siempre ha estado pero con la vida de este tiempo que vivimos que nos exige enfrascarnos en cosas “comerciales” nos obliga, cual maligno, a voltear la vista a otro lado y no admirar lo que ahí, insisto, ahí ha estado.

Te conté ya de la grata sorpresa que me llevé al llegar a Villa de Reyes al caminar por sus calles apenas iluminadas, con poca gente caminando y una serie de rinconcitos que guiñaban los ojos. Atrayentes vi esos detalles de noche y al otro día salí a redescubrirlos pero ahora con la luz del sol. Una auténtica maravilla. Un par de tiendas, ambas ubicadas en el portal, que mantienen sus fachadas intactas de principios del siglo XX, una, la que fuera la Botica se llamó La Constancia, la otra que seguramente fue un Emporio, como se le llamaba antes a los almacenes que tenían un poco de todo, la Casa Márquez.

La Constancia mantiene su mobiliario original, esas pequeñas bancas en donde los pacientes esperaban con eso, con paciencia a que el boticario les curara el mal que les afectaba, los pisos de auténtico mesquite, las vitrinas, los remates de los anaqueles con sus decorados tan característicos de esos gloriosos años y todo, todo estaba en su lugar, claro está ahora es utilizado no como botica sino como tienda de sombreros, algo de mercancía apenas vemos en los anaqueles, pero con un poco de imaginación podremos ver la escena en su momento de ir y venir de gente, antes las Boticas eran esenciales en todo pueblo, allí se daban remedios para todos los males.

Me cuenta el nieto de un boticario, no en Villa de Reyes sino en otro pueblo, que él daba la receta mágica para las dolencias que algunas damas tenían y los domingos, día de mercado, estando tan cerca de él, el boticario no se daba abasto sirviendo esa “agüita milagrosa” que hacia relajar, sentir una cierta paz interior, descansar un poco y agarrar energías para continuar con las faenas del día. Cuando el boticario entraba en la trastienda volvía a hacer su “poción mágica” vaciar un tanto de alcohol en dos tantos de agua y la medicina estaba ya hecha.

Cientos de historias debe haber en cada pueblo, si los boticarios vivieran aún nos podrían mantener entretenidos con los cientos de anécdotas que le sucedieron en su importante labor de aliviar cuerpos y de vez en cuando aliviar alguna alma. No dudo que en La Constancia muchos menjurjes se habrán elaborado, por cierto, husmeando por allí me enteré que en los años dorados, era en la parte trasera de la casona donde se ubica la botica, se preparaba un vino de muy buena calidad… lo dicho, las boticas tienen su historia.

La Casa Márquez conserva solo la fachada, casi intacta y forma parte de otra casona, lo sorprendente de estos dos negocios es que hayan podido sobrevivir a ese afán de modernizar con horrendo cemento y pintura acrílica, y mantienen la esplendidez que era cosa habitual en el país en el tiempo porfiriano. Te dejo unas imágenes más:





lunes, 19 de octubre de 2009

Bienvenido a Villa de Reyes, al sur de San Luis Potosí.

La espera fue un poco larga en Río Verde, finalmente llegué a San Luis Potosí y en cosa de dos minutos decidí seguir, las ciudades con tránsito de tantos carros sencillamente no me agradan, saqué el mapa que a mano hice en la biblioteca de Jalpan y ubiqué el nombre del poblado a donde debía continuar, si me iba a Guadalcazar me alejaba, más aún si seguía para Real de Catorce y mi derrotero era hacia el sur, así que seguí a Villa de Reyes, lugar del cual no sabía nada.

Llegué ya de noche, la terminal está a un costado de la Parroquia, del Jardín, de los Portales, su ambiente de serena tranquilidad me invitó a quedarme, busqué hotel y encontré uno altamente recomendable, con un dueño cuasi carcelero que se preocupa por la seguridad y bienestar de sus huéspedes, así que no dudes en quedarte allí, es la Posada San Francisco, cochera suficiente si es que llegas en carro, a pocas calles del centro, si vas a pie, y en un lugar limpio, con baños precisamente limpios, justo lo que buscas cuando andas del tingo al tango.

Presidio del Valle de San Francisco se llamó en un principio ya que fueron primero los Franciscanos en llegar con la idea de pacificar a los Chichimecas de la zona, es decir, los Copuces. Si hacemos resumen de los distintos pueblos que conforman el grupo Chichimeca que hemos venido viendo en El Bable, llegamos a la conclusión que esta era una especie de federación que contenía al menos a doce distintos grupos, ahora estamos con los Copuces, relacionados con los Guazancores y Samues, todos ellos poblando parte del llamado Gran Tunar. La razón es obvia, nopales y tunas hay por todos lados.

Poco después de los franciscanos llegaron las huestes de los conquistadores de riquezas, no de los de almas. Estos formaron el presido, por cierto, consultando el sito “e” de este municipio aprendí que el origen de la palabra Presidio viene del latín, pre = antes y situm = lugar. El pueblo floreció junto a la Sierra Negra, lugar en donde siglos después localizarían una mina de estaño.

La razón por la cual el llamado pueblo del Valle de San Francisco cambió de nombre es debido a que uno de los gobernadores del estado tenía por nombre Julián de los Reyes, esto sucedió a medidos del XIX, desde entonces se le conoce como Villa de Reyes, la verdad quedé sorprendido por el lugar, especialmente por el ritmo de vida, lento sin prisas, aunque en las cercanía hay una termoeléctrica y de allí comienza la zona industrial de San Luis Potosí, no deja de ser un lugar que conserva muchos edificios ricos, llenos de historia.

Como la que fuera la casa donde viviera el Virrey de la Nueva España, al que le tocó el inicio de la guerra de Independencia, Félix María Calleja, casado, por cierto, con una postosina, la única mexicana que llegó a ser virreina, Francisca Gándara. Esto lo estoy sabiendo hasta ahora, de lo contrario hubiera buscado la casa.

Ubicada esta población en uno de los fértiles valles del Altiplano, prosperaron una buena cantidad de haciendas, en la actualidad se conservan las de Gogorrón, Ventilla, Beldos, Calderón, Jesús María, Boca de Santiago, es decir, hay mucho que ver en la zona. En uno de los “sueños guajiros” y comunistoides que tuvo Lázaro Cárdenas expropió parte de la hacienda Gogorrón y la transformó en parque nacional. ¿Consecuencias? En la actualidad es uno balneario, de esos que precisamente no me gusta visitar.

Siendo los Franciscanos los que hicieron la traza original del pueblo, es a San Francisco de Asís a quién lo nombran como Santo Patrono, en la actualidad está la Parroquia de San Francisco como el templo principal del lugar, una obra sencilla de una belleza singular, con todo el misticismo que los templos Católicos nos ofrecen, limpios, pulcros, cuidados, decorados y, sobre todo, llenos de paz, armonía y fe. Te dejo unas cuantas tomas que hice allí.





Pensé llegar a pasar solo la noche en Villa de Reyes, me quedé tres días, mañana verás algo que es en verdad sorprendente, algo así como el tiempo detenido que vi en este lugar de San Luis Potosí.