Estamos en la parte norte del estado de Aguascalientes, a unos
¿Qué pasó aquí? Como que esa es la pregunta. Si pensamos que ahora tenemos tan solo 60 sitios como Patrimonio de la Humanidad relacionados al Camino Real de Tierra Adentro y, esta hacienda, era una de las miles que había a lo largo del camino y son solo una docena las que fueron incluidas en el catálogo. Tenemos 988 en pésimas condiciones, La Punta es una de ellas.
Sí don Miguel Hidalgo, que por cierto, cerca de aquí pasó, hubiera tenido una idea de país, esa revolución de Independencia nos hubiera conducido a un mejor país y, si los revolucionarios, los de 1901, también hubieran tenido una idea de país, otra cosa seríamos… y una de las consecuencias de una y otra revolución fue la destrucción de la planta productiva, primero las minas, luego las haciendas.
“Lo primero que salta a la vista es la desaparición de los antiguos latifundios, el fraccionamiento de algunas de las más grandes haciendas y la consolidación del grupo que formaban los propietarios medianos. El mayorazgo de Ciénega de Mata, por ejemplo, que abarcaba
Ello no quiere decir; sin embargo, que las grandes haciendas hayan desaparecido del todo y que el acceso a la tierra se haya generalizado. La concentración de la tierra en pocas manos siguió representando un gran problema, uno de los que provocaron el estallido de la Revolución, pero no tuvo en Aguascalientes las características tan explosivas que tuvo por ejemplo en Morelos, estado en el que las haciendas productoras de caña de azúcar libraron una guerra a muerte con los antiguos pueblos de indios, a los que despojaron de sus tierras y privaron de las aguas con las que tradicionalmente hacían sus riegos.
Hechas estas aclaraciones, que es muy importante tener en cuenta, podemos recordar que a fines del siglo XIX había en Aguascalientes unas treinta haciendas que acaparaban la mayor parte de las tierras y que abastecían de maíz, trigo, frijol y otros productos los mercados. Las más importantes eran las de El Saucillo y Pabellón, en el municipio de Rincón de Romos; Palo Alto, La Cantera, San Bartolo, Jaltomate, Peñuelas y Cieneguilla, en el de Aguascalientes; San José de Guadalupe, Gracias a Dios y Chichimeco, en el de Jesús María; San Diego de la Labor, San Tadeo y La Primavera, en el de Calvillo; San Jacinto y La Punta en el de Cosío; Ciénega Grande, Pilotos y El Tule en el de Asientos; Mesillas en el de Tepezalá y Paredes en el de San José de Gracia.
La extensión de estas haciendas no rebasaba más que en unos cuantos casos las
Bendita Revolución, bendito reparta agrario, esas fueron, en buena medida, las razones para que estos magníficos edificios que conocemos como haciendas se hayan perdido para siempre y solo encontremos los cascarones de las mismas. Hace poco te contaba de los cuidados que debes tener al caminar por estos espacios abandonados que se han convertido en letrinas… aquí tenemos, lamentablemente, uno más.
Esta vez sí que me dio tristeza. Pensar en cuanta cosa no habrá pasado allí, imaginar en sus momentos de esplendor los edificios con vida, llenos de gente, del trajín habitual de una hacienda: peones, caballos, gallinas, chivos, las carretas y yuntas muy temprano, al alba saliendo a su jornada. Los humos de la cocina donde se preparaba la, seguramente abundante, para el amo, comida… las muchachas de servicio echando las tortillas en los comales… las tardes frescas del verano, los olores que se desprendían de la tierra cuando comenzaban precisamente esas lluvias tan benéficas luego del mes de mayo…
Mejor sigamos viendo a través de estas tomas que logré en la última semana del 2010, que fue cuando pude pasar para mi deleite por esos rumbos plagados de historia y de magníficos y caducos edificios.
Fuente:
Beatriz Rojas, Jesús Gómez Serrano, Andrés Reyes Rodríguez, Salvador Camacho y Carlos Reyes Sahagún. Breve Historia de Aguascalientes, Fondo de Cultura Económica. México, 1994