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martes, 20 de octubre de 2020

El curioso y enigmático diseño del molino de la Hacienda de Tezontepec, municipio de Tepeyahualco, Puebla.

   En el viaje virtual que estoy haciendo, vuelvo de nuevo al estado de Puebla, por el rumbo del municipio de Tepeyahualco, un poco al norte de la cabecera municipal se localiza la comunidad de Tezontepec, sitio en el que hubo una hacienda de la que quedan algunos vestigios, quizá esté completa, no lo sé, pues solo me baso en la imágenes que he podido ver desde el satélite y en las fotografías que los usuarios han subido al sistema Google Maps. Y es justo ahí donde encontré una imagen que me impactó por su diseño, pensé se trataba de una noria, dado que por el rumbo está una de singular forma, la de la hacienda de San Roque pero no, no lo es, se trata de un molino.

   ¿Molino de qué? Quizá de metales, quizá de piedras de cal, pues no lejos de ahí está una calera que sigue produciendo en nuestros días pero no lo puedo afirmar, así que, al buscar datos sobre el sito, entro en la Enciclopedia de los Municipios de México y encuentro esto:


   “Los primeros pobladores fueron tres asentamientos de origen olmeca, teotihuacana y náhuatl, posteriormente llegaron los mayas, residieron en lo que hoy son la ruinas de Cantonac, aproximadamente hace 2,000 años A.C.; el cual encuentran los españoles en 1519 de paso a la gran Tenochtitlán los recibe un cacique llamado Atonaletzin que en lengua náhuatl, quiere decir "Pequeño sol" o "Solecillo ".


   Dato que al desearse confirmar lo encontramos en el archivo de Indias en Sevilla España para confirmación precisa en la tercera carta de relación que le manda Hernán Cortés al Emperador Carlos V y I de Alemania.


   El paso obligado de los españoles que venían de la Madre Patria, y que se habían quedado a poblar por toda la ruta que hasta la fecha conoce en ese pueblo como "las ruinas de los mesones", que estuvieron en auge, lo que hoy se conoce como fábrica de cales Tepeyahualco, que antiguamente era la Hacienda Beneficiadora de Metales que procesaban extraídos al oriente de la población.


  Don Gastón de Peralta, Conde de Falces, Virrey de la Nueva España, "El Clemente", concedió la fundación de la población de Tepeyahualco con cédula del 26 de agosto de 1556. Quedó ubicado a 7 kilómetros al sur de Cantona”.


  Entonces, si hubo una hacienda de beneficio, que ahora es la calera, y veo que por el rumbo hubo minas de plomo… este molino ¿fue parte de ese sistema productivo? Si alguien lo sabe, agradeceré lo comente.




 

jueves, 15 de octubre de 2020

Una sorprendente fotografía aérea de Guanajuato y sus haciendas de beneficio de 1930 ca.

   Hace un año, tal vez dos, publiqué una serie de imágenes en las que se ven las placas de cerámica que el Gobierno de Guanajuato colocó marcando los puntos de donde estuvieron puentes y, edificios públicos y minas del Guanajuato virreinal, fue sorprendente ver cómo, por ahí donde solemos pasar, sea en plan de turista que de estudiante o haciendo un trámite gubernamental o, como era mi caso, despejando la mente luego de leer varias docenas de folios en documentos del siglo XVIII. Fue así como vi una, luego otra, y una tercera para, luego ir en búsqueda de la mayor cantidad de esas señales de la muchas minas, o más bien, muchas haciendas de beneficio que se ubicaban dentro de lo que hoy conocemos como distrito histórico de la ciudad. (Buffer Zone de acuerdo al catálogo de Unesco).

   Salgado, Dolores, Escalera, San Francisco, Cobos, San Miguel, Purísima de Flores, Prado, entre otras, ahora las podemos ver desde la altura, hay muchos detalles que son verdaderamente sorprendentes si conoces bien la ciudad de Guanajuato, pues en las imágenes que verás, distaba mucho tiempo para que la carretera subterránea fuera habilitada y, ante su inexistencia, el mapa urbano es otro de lo que estamos habituados a ver en nuestros días ¿Será esa una plaza de toros que de pronto aparece por ahí?... veamos:















 

viernes, 15 de mayo de 2020

Algo sobre el Real, la moneda, el camino y las minas...

 Bien sabes la afición que tengo (entre varias otras) a las palabras, sus significados, sus orígenes y, en ocasiones, su decadencia… o desuso en todo caso. Esta vez le corresponde a la “real”, y para ello me sustento, me soporto, y hago referencia a algo real, la Real Academia de la Lengua. Para comenzar vemos lo que allá en el 1737 en el Diccionario de Autoridades se definía por real:

REAL. Lo que tiene física y verdadera existencia. Se dice también lo que toca y pertenece al Rey. Vale asimismo, ingenuo en el trato, y que no usa cautelas ni reservas. Equivale también a generoso y noble, con semejanza al porte de los Reyes: como pensamiento reales. Se llama la principal galera de testas coronadas y Reinos independientes. El campo donde está acampado un Ejército: y rigurosamente se entiende del sitio, en que está la tienda de la Persona Real, o del General. Se toma también por el cuerpo del Ejército”. 

Si por acaso te ha surgido la duda del ¿por qué al camino se le decía Real?, aquí está, del mismo diccionario, la razón:

CAMINO REAL. Se llama el más ancho, principal, fácil y cursado de los pasajeros, y el más público: y por eso tienen obligación las Justicias de tenerle llano, y compuesto, y en partes empedrado. Llamase Real, porque es público, o guía a parajes grandes, y se camina por él con más conveniencia”.

   Seguramente has leído la historia de ciudades mineras como Guanajuato, Pachuca, Taxco, o cualquier otra, y has visto que se le referenciaba también con la palabra real, esto debido a que era la manera en que entonces se les llamaba a los distritos mineros, claro lo tenemos con Real del Monte o Real de Catorce:

“Junto con la villa, la provincia, la misión y el presidio, instituciones españolas, existió otro importante establecimiento llamado real de minas. Se trataba esencialmente de un distrito minero en donde las autoridades, además de ejercer las funciones de gobierno, judiciales, fiscales y militares, debían aplicar las medidas conducentes al incremento de la producción de metales. Las autoridades superiores habían elaborado unas ordenanzas que los administradores del real de minas debían aplicar con firmeza y sagacidad. Con frecuencia, el administrador era el mismo alcalde mayor de la provincia, ya que aquí se podían obtener las mayores ventajas económicas”. (Breve historia de Sinaloa, Sergio Ortega Noriega. Colegio de México, 1999)

 Y ni que decir de la moneda, que se llamaba, precisamente, Real:

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Diccionario de Autoridades - Tomo V (1737)

REAL. Moneda del valor de treinta y cuatro maravedís, que es la que hoy se llama real de vellón; pero no la hay efectiva. En algunas partes de España se entiende por real, el real de plata.

REAL DE A CINCUENTA. Moneda de plata del peso y valor de cincuenta reales de plata doble, de los cuales hay muy pocos, por no ser moneda usual.

REAL DE A DOS. Moneda de plata del valor de la cuarta parte del real de a ocho, o mitad del real de a cuatro.

REAL DE A OCHO. Moneda de plata que contiene el peso y valor de ocho reales de plata. El que contenía ocho reales de plata corriente, o del valor de real y medio de vellón, valía por consiguiente doce reales de vellón. El que contenía ocho reales de plata doble, valía quince reales y dos maravedís de vellón: y este por la última Pragmática ha subido al valor de diez y ocho reales y veinte y ocho maravedís de vellón, que corresponde a diez reales de plata doble.

REAL DE A OCHO DE MARIA. Moneda de plata que se fabricó en el año de mil seiscientos y ochenta y seis, de menor peso que el del real de a ocho común, y correspondiente al valor de doce reales de vellón. Diósele este nombre por tener gravado en la cara principal el Dulcísimo Nombre de María con una cruz encima.

REAL DE A QUATRO. Moneda de plata del valor de la mitad del real de a ocho.

REAL DE PLATA. Moneda que en lo antiguo valía lo mismo que el real de vellón; pero después que se le dio a la plata el premio de veinte y cinco por ciento, valió real y cuartillo de vellón, que es el real que se regula en la limosna de la Bula. Después se le dio a la plata el premio de cincuenta por ciento, por lo que subió al valor de real y medio de vellón, y hoy se llama real de plata corriente. Últimamente subió al valor de diez y seis cuartos, que es el que hoy se mantiene con el nombre de real de plata doble.

Ya para terminar vemos que el Real, como moneda, tomó carta de naturalización en México:

  “El real fue una denominación de moneda en México que se mantuvo vigente hasta 1863 por Benito Juárez, siguiendo la ordenanza de la Constitución de 1857 que implantaba de jure un decimal sin embargo de facto se seguía usando el antiguo sistema de fracciones en octavos. Las equivalencias eran de 1 escudo de oro por 16 reales de plata o 128 tlacos. El peso se convirtió, en 1897, en la única unidad monetaria vigente en México, con una tasa de cambio de 8 reales por 1 peso.

  Las monedas valuadas en reales emitidas por primera vez en México pertenecían al real colonial español. En 1822 se comenzaron a emitir monedas del real de México. En 1863, México comenzó a emitir monedas valuadas en centavos, la fracción del peso mexicano, pero las monedas denominadas en reales (en particular, las monedas de 8 reales) siguieron siendo acuñadas hasta 1897.” (Wikipedia)

lunes, 20 de abril de 2020

Las exequias de don Pedro Ramón Romero de Terreros Trebuesto Dávalos Ochoa y Castilla, Segundo Conde de Santa María de Regla.

   Cuando vuelvo mi consideración al día de esta misma fecha del año de [17]81, se me presenta en la muerte del Sr. D. Pedro Terreros, Padre de nuestro difunto Conde, una escena dolorosa, que oprime mi corazón. Veo correr abundantes lágrimas por el semblante de innumerables pobres, que han perdido sus socorros: oigo tiernos gemidos de viudas, de doncellas, y huérfanos, que se encuentran sin amparo: repetidos clamores en las torres de los Templos, publicando la falta de su generoso bienhechor: ardientes y fervorosas suplicas de todos los reconocidos a sus liberalidades, que suben al trono de Dios, á implorar su eterno descanso. ¡Ah! ¡Quién hubiera podido interrumpir esas voces, y decirle a tanta víctima de la miseria, de la necesidad, y del desamparo: consolaos, consolaos, almas afligidas, enjugad vuestras lágrimas, que del oriente viene vuestro remedio! La inexorable parca arrebató al Sr. D. Pedro; pero como si no hubiera muerto, porque deja en la tierra al heredero de sus virtudes, á una viva imagen suya, que trae todos los caracteres de su misericordia: mortuits est pattr ejus, et quasi nonest mor mus: similem enim reliquit sibi post se.

  Esta es una de las recompensas, que promete el Espíritu Santo en el Eclesiástico al Padre, que aplica sus conatos á la educación de sus hijos, les inculca á todas horas las máximas del Evangelio, procura apartarlos del precipicio, evitar sus caídas, enderezar sus pasos, y sembrar en su alma las semillas de la virtud. El Padre del Sr. D. Pedro Ramón tenia desempeñados con puntualidad esos sagrados deberes, según el testimonio de su conciencia, que manifiesta su Carta; y confiado en la infalible verdad del Eterno; cierto, de que viviría en sus hijos, y había de gozar de esa imagen de la resurrección, les encarga lleno de ternura: “también os pido para llevar el consuelo, con que debo daros el último adiós, y el ultimo abrazo, que recorráis todas las obras buenas, que he procurado hacer en mi vida. Era decirle al hijo obediente, que ha verificado sus determinaciones: para que no sea vano el consuelo, que me anima de vivir, y perpetuar mi memoria en tu conducta, esmérate en hacer al Criador sacrificios dignos de su aprecio: inquirí te, ut faciat qua e placito, sunt illi.

   ¡Qué materia tan basta he emprendido tratar en los cortos momentos, que me permite la prudencia! ¡Qué campo tan dilatado, para medirlo, y hacerse cargo de su extensión con una sola mirada! ¡Ojalá, y sin cansar la atención, de los que me escuchan, pudiera emplear una parte del tiempo, que necesitaba, para poneros delante las crecidas efusiones de un corazón sensible y liberal sobre todo encarecimiento! Pero ya, que no me es concedido cuanto apetezco, persuadíos: que el Sr. Conde de Regla se empeñó, en hacer a Dios sacrificios de mucha estima, y de desmedido valor. Ninguna cosa tuvo más presente, que el que su abundancia era para llenar los huecos, que déjala necesidad, como prevenía S. Pablo a los de Corinto: y à imitación de David, repitió siempre con sus acciones, aquel testimonio de su reconocimiento, y de su generosidad: tuo sunt omnia, et gnoe de manu tuo occepímus dedimus tibí: tuyo es, Señor, cuanto tengo, y por eso no he pensado en otra cosa, que en sacrificártelo en las manos de los necesitados.

   ¡Pero que sacrificios tan admirables, y tan nobles! ¡Pudo imaginarlos mayores su infatigable solicitud, y celo en propagar, como el Sacerdote Simón, y sostener la honra, y gloria del Señor: que reparando las ruinas de su Santa Casa, aumentando la majestad y hermosura del Santuario con exquisitas decoraciones; dando á conocer sus maravillas en el culto, y virtudes de su bendita Madre, y de sus Santos! ¡Que ofrendas tan gratas á la Religión, el librar, á ejemplo de Onias, de los extraviado» caminos del siglo, a tantas vírgenes, que habitan los claustros por sus largas dotaciones: procurar a los Ministros de Dios vivo, y a las Esposas del Cordero su comodidad, y subsistencia, para que no interrumpiesen las divinas alabanzas, y los ejercicios de edificación! Todavía permanecen, publicando sus liberalidades las Iglesias del Sagrario de esta Metropolitana, la de las Parroquias de San Pablo, y la Santa Veracruz, la de Corpus, y el Convento del Espíritu Santo, las de San Agustín de México, y de las Cuevas. Viven aún, y vivirán reconocidos los Conventos de Religiosas Capuchinas de Guadalupe, y el de Religiosas Franciscanos de Pachaca. ¡Con que recompensaremos, exclamaban las Benedictinas de la Villa de Sahagún, a un nuevo Jesús, hijo de José de, que en sus días, y con sus bienes reedificó nuestro Monasterio, hermoseó nuestro Templo, y nos ha llenado de consuelos!

   Para un Padre justo, que le previene en su Carta: “que procure ventajosas utilidades al Real Patrimonio, que después de su muerte quiere, que se le dividan parte de sus frutos, para que jamás dejje su posteridad de serel útil; en virtud de haber formado su título, y protegidolo con sus piedades, y honras “para el hijo de Dios, que habitando entre nosotros, recomendó con su ejemplo esta práctica con los Reyes, que obsequios más importantes, que las gruesas cantidades, que prestó al Sr. D. Carlos IV siendo Príncipe de Asturias; los prontos donativos, para socorrerá la Corona y la generosa renuncia  de la gracia de relevación de quintos, con notable quebranto de su Casa, solo por conservar el Trono de sus Soberanos, y ministrarles armas, para defender los derechos del Santuario, y de la Religión. Si las limosnas, en doctrina de S. Juan Crisóstomo, son las mejores víctimas, que consagra el Cristiano á la Divinidad: si estas reciben nuevos realces á proporción de las circunstancias, ¡cuantas, y que útiles sacrificó su misericordiosa mano, franqueando quince mil trescientos sesenta y dos pesos siete reales para Médico, Cirujano, ropa, alimentos, y medicinas á las infelices víctimas de la epidemia de viruelas del año de 97 y 98! 

   No bastaron tantas donaciones para contentar un corazón piadoso: no son estos solos los esfuerzos de su obediencia, para dar un lleno generoso, y completo a la voluntad de su Padre. Sin embarazo me determino a repetir en su elogio, y para su más sobresaliente honor, lo que el Santo Job alegaba, para manifestar su inocencia: arruínese el poderoso Condado de Regla, y desaparezcan de entre las manos de sus herederos los caudales, si se sentó el Sor. D. Pedro a la mesa, á gustar del pan, y de los alimentos, sin tenerles antes repartidos í doncellas honestas, recogidas en clausura, á viudas honradas, á huérfanos desvalidos, á pobres vergonzantes, á un incalculable número de personas, que por espacio de muchos años vivieron á sus expensas: si comedí bucallam meam solus, et non comcdit pupilitis ex ea\ humerus meus á junctura sua cadaty et brachium tneum cum ossibns suis confringatur.

   Trabaje en vano su familia, y vease en la necesidad de mendigar, y perecer de hambre, siizo estar mucho tiempo, pendiente de sus manos al oprimido, y no le aprontó muchas y diversas cantidades, ó en préstamos, ó en donaciones, para su remedio: si oculos viduae expectore feci, seramt et alius comedat: et progenies mea eradicetur. Sino erogó un crecido caudal, sin otro fin, que el redimir de la hambre, y de la miseria á todos los jornaleros, que se empleaban en las Haciendas de Regla, de San Xavier, y San Antonio: sino consumió grandes sumas de dinero, para mudar los perniciosos morteros, y substituir las tahonas, consultando í la salud, y vida de los operarios: si nega-oti, qii&d volebant, panperibus-. si cerró los ojos, y miró con desprecio, al desnudo; si no ocurrió con sus limosnas, á cubrirlo, ya por mano agena, en los rincones de su casa, ya por si propio en el Hospital de San Juan de Dios, y en el Hospicio de pobres, antes, y despues de nombrarlo su Diputado si despexi pereuntem, eo quod non habuerit induméntum, et absque eperimento pauperem: esterilizense sus campos, inutilisense las labores, y jamas coja otros frutos, que críeles abrojos , y agudas espinas: pro frumento oria Pur mihi tribuías, et prohordeo spina. Si... . no acabaría, si quisiera hablar de por menor de todas las misericordiosas acciones del Conde de Regla; ó si supiese el número, de las que supo ocultar con santa sagacidad, cuya noticia quedó reservada entre Dios, y su corazón




Fuente:

Elogio fúnebre a don Pedro Ramón Romero de Terreros Trebuesto Dávalos Ochoa y Castilla, Conde de Santa María de Regla. Que con asistencia del Tribunal de la Inquisición dijo el día 27 de Noviembre de 1809, en la Iglesia del Convento Imperial de N.P. Santo Domingo el Dr. y Maestro Fray Francisco Rojas y Andrade, Lect. de Teología en el Colegio de Porta-coeli. Quien lo dedica al Señor Don Pedro Ignacio de Terreros, Rodríguez de Pedroso, Conde de Regla, Caballero Maestrante de la de Sevilla y Síndico de los Colegios Apostólicos de Querétaro y Pachuca. Con Superior Permiso. México: Imprenta de Jáuregui. Año 1810.

Si te interesa leer el Elogio completo, entra aquí.

domingo, 1 de marzo de 2020

Del cine, Guanajuato, la minería y sus palabras

   Las tres primeras imágenes de esta entrada corresponden a la película Bugambilia rodada en Guanajuato en el año de 1945 y fue dirigida por Emilio Fernández. Sus actores principales fueron Dolores del Río y Pedro Armendáriz, el argumento es de Rodolfo Usigli y ahí nos dejan ver un poco de usos y costumbres del siglo XIX y sus diferencias en las clases sociales. Lo interesante del film es el documento gráfico que nos deja ver la afamada ciudad hace ya 75 años. La trama es la misma que muchas telenovelas mexicanas o de cualquier otra nacionalidad: 

   En la ciudad de Guanajuato, en el Siglo XIX, vive la joven, bella y pérfida Amalia de los Robles (Dolores del Río) que es el objeto del deseo de todos los muchachos de la ciudad pese a los celos de su padre viudo, Don Fernando (Julio Villarreal), quien ve en su hija, el retrato de su esposa muerta, y siente por ella una extraña devoción. Sin embargo, el único hombre que despierta el interés de Amalia es Ricardo Rojas (Pedro Armendáriz), aun así, su amor es imposible debido a la diferencia de clases sociales y principalmente por los celos de Don Fernando. (Wikipedia)

  Lo más curioso de la película son los vestidos de Amalia, ya que hay una escena en la que lleva esa monumental crinolina y, al salir corriendo por la escalinata del Teatro Juárez y cruzar (supongo) el Jardín Unión, va a dar a la Plaza del Baratillo, en su carrera se ven los calzones que trae puestos, que la hace ver como un clown, o, en el mejor de los casos, un Arlequín... o, más elevado aún Pierrot. En la siguiente imagen vemos la pintura de Cezanne donde representa a Pierrot y Arlequín. Pero esto no es el punto a que quiero llegar ahora, sino a la definición de una palabra: Barra. 

La definición la busqué cuando preparaba mi libro sobre las haciendas de Salamanca y luego con el de Diego Rul pues varios personajes que fueron hacendados eran también mineros y la palabra barra aparecía en muchos documentos, la entendí muy bien y la expliqué en ambas publicaciones, pero una definición como tal no la había encontrado, fuera de una terminología que en un portal chileno daban sobre el mundo de la minería. Ahora, la encuentro perfectamente clara en el Diccionario de mexicanismo de Icazbalceta:

Barra. f. «Rollo de oro, plata ú otro metal sin labrar» (Dicc.). Entre nosotros la barra de plata pura, plata mixta u oro tiene la forma de una artesa, y su peso legal máximo es de 135 marcos. Si son de plomo se llaman galápagos, si de fierro zamarras, etc.

   Dice también el Diccionario: «Min. Amér. Acciones ó participaciones en que se dividía una empresa para el laboreo de alguna mina». Esa división subsiste todavía. BARRA es la unidad elegida para expresar la representación en la propiedad de las minas de compañía. Según la Ordenanza de 1793, esa propiedad se divide en veinticuatro BARRAS, unas aviadoras y otras aviadas. Las primeras son las que llevan anexa a la posesión la obligación de contribuir proporcionalmente a los gastos de la empresa; las segundas, sin tener esa obligación, tienen derecho a participar proporcionalmente de las utilidades, después que se han cubierto los gastos de explotación. En algunos minerales se usa otra especie de BARRAS, llamadas viudas, que disfrutan privilegios especiales, siendo el principal el de percibir la utilidad que les corresponde, antes de estar reembolsado el capital. Actualmente se acostumbra sustituir las BARRAS con acciones, que casi siempre se relacionan con la división en BARRAS, por ser ésta la más general y conocida (1).

   Por cierto, recuerdo que andando por los callejones no de Guanajuato, sino de Fez, en Marruecos, cuando se oía la palabra ¡Barra!, ¡barra! uno tenía que despejar y pegarse lo más posible al muro pues el barra quería decir algo así como ¡aguas! o ¡atención! e indicaba que venía una carreta con mercancía, jalada por burros.




Fuente:

1.- Joaquín García Icazbalceta. Vocabulario de mexicanismos. Tip. La Europea. México, 1899

sábado, 28 de diciembre de 2019

Los primeros mineros de Guanajuato. En el descubrimiento de Jaso.

  Esta es la cuarta, y última, aportación que hace el maestro Jesús Rodríguez Frausto sobre la primitiva historia del hallazgo de minas en Guanajuato. Cabe hacer hincapié del uso de una palabra: "estacas", que no es lo que todos entendemos regularmente de ella, como un palo que se clava del cual se amarra algo, sino que en este caso la "estaca" refiere a la " Pertenencia de una mina que se concede a los peticionarios mediante ciertos trámites"; según lo menciona el diccionario de la Real Academia. Dicho esto, veamos:

Muy poco hemos logrado saber de don Luis Ramírez Vargas, primer Alcalde Mayor de las Minas de Guanajuato. Por un memorial suscrito hacia el año de 1545 y presentado al virrey don Antonio de Mendoza, dice solamente que era oriundo de la villa de Madrid, hijo del Secretario don Juan Ramírez y de doña Ana de Vargas, que su abuelo, padre y hermanos habían servido mucho al rey, que llevaba 12 años de residir en el reino, sirviendo a Su Majestad y deseaba continuar en él siempre y cuando se le hiciera alguna merced (1). Total que nuestro personaje en cerca de tres lustros nada digno de referirse había realizado, apelando a los méritos de sus parientes, aun los más remotos, para alcanzar alguna jugosa merced. Ignoramos si entre este memorial y su nombramiento como Alcalde Mayor de las minas de Guanajuato desempeñó algún cargo público en algún lugar de Nueva España.
  En cuanto al registro de minas que hubo de sancionar el teniente de Alcalde Mayor don Bartolomé Martín, porque Ramírez de Vargas no se encontraba en su puesto en esos momentos, vale la pena transcribirlo porque a través de él podemos conocer los nombres primitivos que ostentaron los cerros aledaños a nuestra ciudad de Guanajuato, así como algunos de los mineros que perpetraron sus nombres ya en minas o en haciendas de minas. En el susodicho registro, habla Alonso Jiménez Pérez y dice:
   Primeramente registro una mina en el cerro de Santiago a estacas de Rodrigo Martín y Hernandico su cuñado.
Registro otra mina en el cerro de Santa Anna a estacas de Jorge Duarte.
Registro otra mina en el cerro de las Ánimas del Purgatorio a estacas de Pedro Murga y Catalina Guillén y de las minas de las Ánimas del Purgatorio.
Registro otra mina en el cerro de las Ánimas del Purgatorio, pasando un arroyo.
Registro otra mina en el cerro de los Reyes a estacas por una parte la descubridora de Juan de Jaso y por la otra minas de Fabián Martín y Jorge Duarte.
Registro otra mina en el cerro del Adalid a estacas de Francisco Martín y Juan de Godoy.
Registro otra mina en las cuadras de la descubridora de Juan de Jaso, en la Atalaya a la parte del norte y en cuadra de la mina de Francisco Martín.
Registro otra mina en el cerro de Buenavista a estacas de Francisco Rayas y compañía a la dicha mina de Agustina.
Registro otra mina en el cerro del Cid a estacas de Francisco de los Ríos, las cuales dichas minas pido y suplico a Vuestra Merced haya por registradas conforme a las ordenanzas hechas en minas.
Alonso Jiménez.
   Y presente el dicho escrito –concluye este interesante documento- según el susodicho es, el dicho Sr. Bartolomé Martín, teniente de Alcalde Mayor, dijo que había y hubo por registrada las dichas minas y dio licencia al dicho Alonso Jiménez para labrar y beneficiar conforme a las ordenanzas y sin perjuicio de tercero y las firmó de su nombre. Testigos: Martín de Velasco, Fabián Martín y Francisco Ramos.- Bartolomé Martín, ante mí, Alonso Vázquez, Escribano de Su Majestad. (2)
   De esta serie de minas la tercera, o sea, la situada en el cerro de las Ánimas del Purgatorio a estacas de las minas de Pedro Murga y Catalina Guillén, fue la que el carpintero y minero Miguel Pérez estaba saqueando a través de un socavón subterráneo, lo que dio motivo para que lo demandara Juan Jiménez, Bernardo Ramírez, Luis Santos, Juan de Jaso y Alonso de Villaseca. La mina se llamó en un principio la Mina de Alonso Jiménez o del Caballero Pardo. Una vez más tarde el mismo Alonso Jiménez, que a poco le encontramos convertido en fraile de la Orden de San Agustín, con fecha en Yuririapúndaro a 20 de abril de 1557, dona graciosamente a doña María Ponce de León, mujer de don Juan de Jaso, la mencionada mina, transcribiéndose en el expediente de 1572 todas las diligencias necesarias para que doña María tomara de ellas legal posesión.
Esta mina todavía se le menciona en los albores del siglo XVIII (3).

1.- Francisco de Icaza. Conquistadores y pobladores de la Nueva España, ficha 1356
2.- AGN. Civil, Tomo 1310
3.- ¿?

Fuente:

Rodríguez Frausto, Juan. Estado de Guanajuato, Tomo XVII, No. 828. 10 de octubre de 1959, p. 3.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Juan de Jaso descubridor de las minas de Guanajuato.

   Censurable parecerá a muchos la apacible indiferencia de los opulentos mineros de 1788 ante la desaparición ficticia de los testimonios que nos hablan de los orígenes de las minas de Guanajuato. Sin embargo, más censurable nos parece a nosotros la actitud asumida por Don José Guadalupe Romero y el padre don Lucio Marmolejo, quienes no obstante encontrarse en idénticas condiciones de ignorancia, se dieron a la triste tarea de inventar una serie de embustes sobre el particular que no han hecho otra cosa que engañar y desorientar lamentablemente al pueblo.
   Por fortuna esos testimonios históricos no se han destruido y ha tocado a nuestra generación de investigadores la satisfacción, el honor inmenso de haberlos rescatado de entre las sombras de cuatro siglos, para mostrarlos a la luz de la cultura en toda su espléndida grandeza, teniendo por nuestra parte el singular privilegio de ser los primeros en incluir dichos testimonios en un estudio histórico especializado, como en este que venimos presentando al través de las columnas de Estado de Guanajuato.
   Hacia el año de 1952, cuando terminábamos de publicar una serie de artículos (1) para conmemorar el cuarto centenario de la colonización estanciera del área donde se levanta nuestra famosa ciudad de León, muchas y muy interesantes noticias biográficas teníamos sobre el capitán don Juan de Jaso. Sabíamos bastante de sus actividades como conquistador, como estanciero, como hombre público y como minero, esta última actividad en relación con las minas de Comanja. 
   Pero en ese mismo año de 1952 en una de nuestras dilatadas, pero fructíferas incursiones por el Archivo General de la Nación, topamos con la transcripción de un interesante manuscrito, fechado en México en Marzo de 1581, por el cual “Doña Agustina de Jaso, mujer de Rafael Trejo de Carvajal, hija de Juan de Jaso, el viejo, y de doña María Ponce de León, pidió se le recibiese información de los servicios de su padre, y de la poca remuneración que se le hizo, y de cómo quitaron, para fundar una villa (la de León), una estancia de ganado mayor de mucho valor (la de Señora) que todo esto consta por las informaciones, y de como su padre no dejó hijo varón en quien se remunerasen sus servicios. En esta Real Audiencia se tiene noticia que Juan de Jaso fue muy principal y sirvió mucho, así en la conquista, como en el descubrimiento de las minas de Guanajuato: la doña Agustina está casada, con hijos y tiene la necesidad, y para sustentarse su marido pretende oficios de justicia y agora está en uno de poco provecho. Vuestra Merced le mandará hacer la merced que fuere servido” (2).
  Por supuesto no creímos a doña Agustina eso de que su padre había servido mucho en el descubrimiento de las minas de Guanajuato y pensamos de inmediato que por conseguir lo que se proponía, había sido capaz hasta de adjudicarle a su progenitor méritos extraordinarios. Pero documentos localizados posteriormente en el Archivo Municipal de Pátzcuaro por el distinguido investigador leonés, maestro, Wigberto Jiménez Moreno y don José Miranda –mayo de 1953- vinieron a devolverle todo su crédito a doña Agustina de Jaso y a revelarnos meridianamente el origen de estas celebérrimas minas de Guanajuato.
    Este trascendental hallazgo histórico consiste en un registro de minas en el cual, aprisionada entre fabulosos sueños de oro y de plata, quedó una enérgica querella elevada ante don Francisco Velázquez de Lara, Justicia Mayor de las Minas de Plata de Guanajuato, su fecha, 20 de mayo de 1557, y que dice: “Juan de Jaso, el viejo, que van cinco años, poco más o menos que yo descubrí gran cantidad de minas en estas sierras y aún en otras… y muchos de quienes se dicen descubridores, Maese de Roa y Pedro de Nápoles, los cuales yo descubrí y se las enseñé a Melchor Manzo y a Pedro de Nápoles y buscones y otras personas que andaban por soldados conmigo, siendo yo su capitán, y otros que nuevamente de novedad, aunque  yo he descubierto que son más de seis… en las cuales dichas minas yo he repartido a otras personas que me pareció en bien empleado en ellos y así mismo tomé para mi y mis hijos y las caté y registré…” (3).

1.- El Sol de León, noviembre 17 de 1951 al 4 de enero de 1952.
2.- O’Gorman Edmundo. Catálogo de pobladores de Nueva España. Archivo General de la Nación, México, 1939.
3.- Centro de Documentación Histórica de México. Sección Michoacán. Rollo de microfilms, número 114.

Fuente:

Rodríguez Frausto, Jesús. Estado de Guanajuato. Año XVII, No. 819, del 8 de agostode 1959, p.5

martes, 3 de diciembre de 2019

Juan de Jaso, el Estanciero –II-

   En una segunda entrega que hace el Sr. Rodríguez Frausto de la historia de un personaje crucial para la historia de Guanajuato el tema a tratar son las tierras que fue recibiendo en el territorio de Chichimecas, actual Estado de Guanajuato, veamos:

   El capitán Juan de Jaso, a imitación de todos los conquistadores de las Indias, cotizó a muy buen precio todos y cada uno de los servicios prestados a Su Majestad. Con excepción de su primer descalabro que lo privó de la encomienda de Huauchinango, todo lo que después invocó, todo le fue concedido. Primero numerosos solares para construir su casa, de la que siempre se sintió orgulloso porque la tenía “probada, armas y caballos…”, después algunos nombramientos para desempeñar puestos públicos y al final grandes extensiones de tierra en los Chichimecas.
  Fue precisamente a raíz de su participación en la guerra contra los alzados de Jalisco (1542) cuando don Juan alcanzó del virrey don Antonio de Mendoza una merced, la primera que se le concedió en los dominios de los bárbaros guamares, para dos Estancias “en un sitio que se dice y nombra Comanja, donde hay dos lagunas que la una seca en verano y la otra tiene mucho atole y entre el río que viene de Comanja, y hay ojos de agua caliente en ella y cerca de ella muchos árboles de sauces, y hay aparejo donde se pudiese tomar las dichas dos Estancias…” la merced se expidió en la ciudad de México, a los trece de mayo de 1536, y cumplió con tal mandato entre el silencio de D. Rodrigo de Vázquez, el Justicia Mayor de Chichimecas, don Antonio de Godoy, el lunes siete de junio del mismo año, quien “tomó de la mano al dicho don Juan de Jaso y lo trajo paseando por los dichos sitios y cortando matas, tomó posesión ante mí el Escribano, y ante testigo. Pedro Munguía, Antonio Solís y Pedro Ledesma, la cual dicha posesión tomó sin contradicción de dicho Rodríguez Velázquez, por cuanto no mostró título ni merced por el Virrey (1).
  Lo anterior nos revela claramente que el primer estanciero que sentó sus reales en lo que hoy conocemos por el Bajío guanajuatense, amparado legalmente por una merced real, fue don Juan de Jaso y no don Rodrigo Velázquez, quien hubo de esperar cerca de tres meses para legalizar la posesión de la Estancia que más tarde recibió el nombre de Guanajuato.
   A la merced anterior siguieron muchas más. Por su trascendencia transcribiremos solamente las siguientes que se otorgaron el mismo día:
   “Yo don Luis de Velasco, etc., por la presente, en nombre de Su Majestad, hago merced a vos Juan de jaso, vecino de la ciudad de México, de un sitio de Estancia en términos de Chichimecas, en el río de San Miguel, por la Estancia de los herederos de Luis Martín, por el río arriba, una legua poco más o menos, en un coecillo, por mi mandado vio Juan de Villagómez, Justicia de los Chichimecas, y declaró estar sin perjuicio…”.
   “En México, 21 de marzo de 1551, se hizo merced a Juan de jaso de otro sitio de Estancia, en los Chichimecas, en un arroyo que baja de las sierras de Comanja, en una pozanca que tiene una peña en el mismo arroyo, hecho ut supra”.
   Este mismo día se hizo merced a Juan de Jaso de otro sitio para Estancia en el mismo término, en la junta del río y un arroyo que viene de las sierras de Comanja, que vio Juan de Villagómez.
  Yo, don Luis de Velasco, etc., por la presente, hago merced a vos Juan de Jaso… de una caballería y media de tierra, en términos de los Chichimecas, en una hoya, entre unas sierra que es un humedal y unos manantiales de agua que están norte sur del pozán, con tierras baldas, para que sea vuestra y de vuestros sucesores”.
  En este día e hizo merced a Juan de Jaso de otra caballería y media de tierra en los Chichimecas, entre dos sitios de Estancia del mismo donde se nombra Pozancón,  a la junta de dichos ríos, en un robledal y un arroyo abajo, que tiene un cejo de peñas, a la mano derecha… hecho ut supra” (2).
   De esta serie de Estancias y Caballerías de tierra concedidas a don Juan de Jaso, la primera se ha inmortalizado, convirtiéndose en el celebérrimo Balneario de Comanjilla. La que obtuvo en el río de San Miguel la dejó años más tarde para que sobre sus dominios se fundara la actual ciudad de San Felipe, el año de 1562, y la que se le dio sobre el río de Comanja, surgió la Estancia de Señora, que tuvo una existencia de 25 años, al cabo de los cuales sobre sus límites surgió mi tierra, la hoy progresista ciudad de León.

Referencias:
1.- AHG. PC 1696, f.107
2.- AGN. Mercedes, Vol 2, f.209

Fuente:
Rodríguez Frausto, Jesús. Estado de Guanajuato. Año XVII. No.817. 25 de Julio de 1959, p.3


lunes, 2 de diciembre de 2019

Juan de Jaso, el descubridor de las minas de Guanajuato, I

  Hace más de medio siglo existió en la ciudad de Guanajuato un periódico llamado Estado de Guanajuato que daba cuenta de las noticias de la región, allí encontramos cosas que ahora son parte de la cotidianidad de la capital del Estado y deleite de los turistas que en ese entonces fueron creadas, como la Carretera Panorámica o la Suberránea; encontramos también las colaboraciones que don Jesús Rodríguez Frausto hizo con temas de historia, como esta que hoy vemos, una de varias notas sobre Juan de Jaso.

 "No hace mucho tiempo tuvimos el privilegio de presentar a los guanajuatenses a través de estas columnas de Estado de Guanajuato (1) a este personaje cuya vida pertenece íntegramente al proceso histórico de la colonización de la porción más importante y rica del actual territorio de Guanajuato.
  Este estanciero eminente y minero distinguido era oriundo, según sus propias palabras, “de San Juan del Puesto, natural de Navarra… hijo de Monsiur Juan Pérez de Jaso y de Madama Graciana de Gorostiaga…” Hacia fines de 1522 o principios de 23 desembarcó en tierras novohispanas “en compañía de Montejo (el viejo) y pasó tres caballos y armas”. A poco de encontrare en tierras de América don Hernán Cortés “le dio… en encomienda a Huauchinango, y después, diciendo que le daría otra mejor, se la hizo dejar”.
  Continuando su breve, pero sustanciosa relación biográfica, escrita hacia 1545, don Juan de Jaso nos hace saber que acompañó al “marqués (don Hernán Cortés) a Hibueras (1524-1526) donde perdió todo lo que de Castilla había traído y fue a la Isla de California, donde fue a ciertas entradas que se hicieron… Se halló en la pacificación de Jalisco… donde cobró enfermedad y después que está en esta tierra, no ha ofrecido cosa en que no se haya hallado siendo capitán..." y no obstante lo anterior, aclara con fingida amargura, “no ha sido remunerado excepto en los Corregimientos que Vuestra Señoría (el virrey Antonio de Mendoza) le ha hecho merced…”.
  Después de terminar la exposición de los servicios prestados a su Majestad, que es en rigor un relato sucinto de su vida conquistadora y guerrera, don Juan de Jaso nos introduce en el mundo apacible y sentimental de su hogar, al comunicarle al Virrey que “a diez y seis años es casado en esta ciudad de México y tiene una hija y su casa poblada con armas y caballos”, para concluir diciendo “que le han sido encomendados otros pueblos y que le han sido quitados y que es –asegura con manifiesto orgullo- uno de los que más han trabajado en la tierra…” (2).
  A diferencia de los documentos de su especie el Memorial de Jaso que acabamos de glosar, está bastante saturado de verdad, lacónico y un tanto parcial, como todos los de su tipo, pero con datos suficientes para guiar y auxiliar al investigador.
  El capitán Juan de Jaso, en efecto, era casado con doña María de Ponce de León, “dama muy conforme a la calidad de su marido, que fue caballero…” (3). No hemos podido precisar la ascendencia de esta señora, pero es casi seguro que perteneció a una de las célebres familias de Nueva España que ostentaron con orgullo estos apellidos.
   Al parecer, el matrimonio Jaso-Ponce de León no fue muy prolífero, dos hembras: doña Agustina de Jaso y doña Beatriz Ponce de León, fue toda la descendencia inmediata de que tenemos noticia; aunque nos asaltan inquietudes sospechas de que otro Juan de Jaso que nosotros hemos localizado en nuestras investigaciones, que le decían “el joven”, no era indiferente al nuestro que, para distinguirlo de éste, le llamaban “el viejo”.
  En cuanto a la situación económica que guardaba entonces, estamos en posibilidad de asegurar que no era desesperada, como podría desprenderse del contenido de su Memorial. Don Juan de Jaso, desde su intervención en la desastrosa y trágica expedición a “Hibueras” u Honduras, logró un buen número de mercedes para tierras y no pocas para jugosos puestos públicos. Un año más tarde, por ejemplo, precisamente el 27 de septiembre de 1527, los señores del Cabildo de la ciudad de México y en “consideración a lo que en esta Nueva España ha servido a su Majestad en la conquista y pacificación de ella…” le hacen merced “de una suerte de huerta, la cual es en la Calzada de esta ciudad de Tacuba, sobre la mano derecha, a las espaldas de la huerta que se dio a Martín Orantes…”. Y un mes más tarde, el 8 de noviembre, para ser más exacto, se le mercedó otro “pedazo de solar que es junto al solar que ya tiene, que es frente al Hospital… (4)

  Habrá que aclarar que Juan de Jaso, el Viejo, era tío de el Joven. Él, el sobrino, se asentó en la actual región de Tula, Hidalgo, un interesante artículo al respecto lo puedes ver aquí.

Fuente:

Rodríguez Frausto, Jesús. Estado de Guanajuato, Año XVII, No. 805. 2 de mayo de 1959, p.3

viernes, 18 de octubre de 2019

Algo sobre la conducta de la plata en el Camino Real de Tierra Adentro

   La conducción de platas desde esta capital, ha sido y recibídose ellas para el pago de derechos, con la informalidad de que está informado el Real Consejo, y previene la adición á su real instrucción en el art. 7: así consta de las cuentas que presentan oficiales reales, y de que mi jefe fue informado y enterado por las que pidió y se reconocieron ya glosadas del año de 1756, y por las certificaciones que de varias partidas de otras y del mismo derecho, le pasó el Real Tribunal de Cuentas, el cual hizo ver en su informe que corre con este expediente, un reparo sobre esta informalidad, y cuya satisfacción, emitida desde 1755 en que se puso á las cuentas de 1753, hasta que se produjo últimamente por oficiales reales, el Tribunal remitió por prueba de haber intentado el remedio. V. E. hallará la cuestión suscitada sobre el mismo reparo, y lo justo que es el que hace el Real Consejo por esta tolerada informalidad de las cuentas. Así lo estimó mi jefe difunto; y para el remedio de un daño que no puede percibirse hasta dónde llegará, se propuso el formar una instrucción y gobierno para la conducción de platas; y encargado yo de su ampliación, con arreglo á los preceptos que me impuso, la formé, y quedo también sin autorizarse. Pero teniéndola ofrecida á la superioridad dicho señor Virrey, yo la dirigí con los documentos probantes de la necesidad de establecerla, y con las razones que piden la real aprobación si se estima conveniente, porque en parte varia lo que previenen las leyes citadas á su art. 19; y para que V. E. no carezca de este documento, acompaño la copia de dicha instrucción.  

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Diccionario de Autoridades - Tomo II (1729)

CONDUCTA. s. f. Transporte de una parte a otra, y lo mismo que Conducción. 

CONDUCTA. Por Antonomasia se llama el transporte de moneda, que en récuas se lleva de una parte a otra: y ordinariamente se dice quando se condúce la plata de flota o galeones, del Lugar donde desembarcó, a la Corte o otra parte donde se destína.



Fuente:

Instrucciones los Virreyes de Nueva España dejaron a sus sucesores. Tomo I. Imprenta de Ignacio Escalante. México. 1873.  pp. 589-590

viernes, 24 de mayo de 2019

Los Romero de Terreros, descendientes del hombre más rico de Nueva España

   Quienes me siguen por aquí, por blog diariamente, que son a lo sumo dos docenas de personas, a veces menos, saben que de un tiempo para acá no publico con la consistencia que antes lo hacía, esto, como lo comenté el día del X Aniversario, es debido a que tengo exactamente el mismo padecimiento, síndrome y carencia que todos en este siglo XXI tenemos; mejor dicho, no tenemos: tiempo. Esta falta de tiempo es relativa pues el tiempo que antes dedicaba al blog, ahora se lo dedico a transcribir documentos a leer y leer relaciones y más relaciones, a escribir y corregir y volver a corregir el texto que desde hace un tiempo se me metió en la cabeza y que decidí desarrollar cabalmente (en medida de mis alcances), se trata de la vida de Diego Rul, el que fuera primer conde de Casa-Rul. La razón es muy clara: él vivió diez años en Salamanca, Gto., y esto es poco sabido.

  Lo que sí se sabe es la relación que tuvo con la familia del Conde de la Valenciana, pues casó con una de sus hijas. Y tuvo también relación con el Conde de Regla, el segundo que llevó el título y es por eso que debí entender lo mejor posible como fue esa relación, más que social, comercial entre ambos condes y para ello fue necesario consultar archivos. Es por eso que aquí veras unas pocas imágenes de documentos que hablan del Conde de Regla y, al ir adentrándome más y más en la historia de esa familia, me dio la oportunidad de entender un poco más de lo que era la vida cotidiana en el México virreinal de la última década del siglo XVIII.

   Esta vez comparto un texto magistral del maestro, claro es, John Tutino, el cual no da un resumen claro y preciso de lo que fue esta familia Romero de Terreros que nos ayuda a complementar todo lo que sobre el tema he comentado #minas, #nobleza, #haciendas, #personajes, #pulque. La imagen que vemos ahora es la multicitada (en nuestros días) Santa Lucía, una de las tantas haciendas del Conde de Regla.

  El conde de Regla [...] Don Pedro Romero de Terreros abandonó Extremadura para unirse a su tío en el comercio en Querétaro. La muerte del tío permitió a don Pedro adquirir la tienda, comprar un obraje, abrir una segunda tienda en Real del Monte y empezar a financiar las minas del lugar. Invirtió casi dos millones y medio de pesos de 1741 a 1762, cuando se hizo su bonanza, la cual ayudó a sacar la economía de la plata de su depresión de mediados del siglo XVIII. De 741 hasta su muerte, en 1781, pagó 2'553,109 pesos en impuestos y honorarios a la corona, lo cual sugiere que la extracción de plata fue de aproximadamente 20 millones. A su muerte, dejó propiedades mineras y agrícolas valuadas entre 4 y 5 millones.

 Por sus contribuciones a la Real Hacienda, don Pedro obtuvo el título de Conde de Regla. Para sostener a la familia que llevaría su nombre, invirtió prácticamente toda su riqueza en las propiedades de tierras. Empezó la operación de haciendas para apoyar la minería: a partir del decenio de 1760 financió las propiedades de los jesuitas cercanas a Real del Monte y facilitó el suministro de alimentos, ganado y provisiones a sus propias minas. En el decenio de 1770 compró varias haciendas cercanas y convirtió algunas de ellas en beneficiadoras de plata, mientras que otras las dedicó al cultivo y pastoreo para sostener la minería. En el decenio de 1780 ya era el principal terrateniente de la Nueva España. Cuando el régimen expulsó a los jesuitas en 1767, expropió las haciendas que habían sostenido sus colegios, seminarios y misiones; el conde de Regla tenía la influencia y la riqueza necesaria para obtener las propiedades más valiosas de la Compañía. Existe un debate sobre la cantidad que pagó, pero no así sobre el valor de las propiedades adquiridas.

  Cuando falleció en 1781, el conde de Regla dejó tres títulos y seis legados a seis hijos: el mayor, don Pedro Ramón, se convirtió en el segundo conde, con un legado por un valor de 1'550,000 pesos que incluía propiedades urbanas en la capital, minas y refinerías en Real del Monte, así como haciendas valuadas en 660,000, principalmente en la gran propiedad de Santa Lucía, que dominaba la economía del norte del valle de México y el cercano Mezquital, entre la capital y sus minas. El segundo hijo, don José María, recibió el título de Marqués de San Cristóbal; su legado incluía unas haciendas que valían casi 450,000, algunas en las cercanías de Real del Monte, otras, en San Juan del Río, en el Bajío, más unas lejanas tierras de pastoreo. La primera hija, doña María Micaela, recibió el título de Marquesa de San Francisco, y su legado fue aproximadamente 600,000 incluidos 440 000 en tierras de Acámbaro, en el Bajío. Las tres hijas menores no heredaron títulos pero recibieron legados valuados en más de 600,000 la mitad en haciendas y la otra mitad en propiedades urbanas que incluían las pulquerías; sus tierras se extendían también desde la región pulquera del noreste de la ciudad de México, a través del Mezquital, cerca de las minas de la familia, hasta el Bajío y el norte. El patrimonio de la familia era superior a 4 400 000, con haciendas valuadas en 2’534,747 pesos.

  Aparentemente, la herencia había fragmentado las empresas familiares, pero no fue así. Doña María Micaela, marquesa de San Francisco, nunca contrajo matrimonio y encontró su independencia en una vida basada en el Bajío, cerca de sus haciendas y lejos del poder de su hermano, pero sus hermanas menores no lograron escapar de él: el segundo conde obligó a doña María Dolores (que ya había rechazado una boda y se presentó renuentemente a la siguiente) a contraer matrimonio con don Vicente Herrera, juez de la Audiencia, quien obtuvo riqueza y una familia poderosa: el segundo conde de Regla tenía acceso a las alturas del régimen. Cuando un ascenso provocó que Herrera se uniera al consejo de indias en España, doña María Dolores tuvo que partir con él, dejando sus haciendas en manos de su hermano. Las hermanas más jóvenes nunca se casaron: el segundo conde administró sus propiedades mientras vivieron y las heredó cuando murieron, ambas antes de 1800.

  En cuanto a don José María, marqués de San Cristóbal obtuvo el título pero la herencia menos cuantiosa. Su veta rebelde marcó su vida: joven aún, intentó hacer carrera naval en un barco de guerra que su padre había construido para la armada española; de retorno en la ciudad de México adquirió mala fama por sus escapadas sexuales, y, cuando un matrimonio propuesto fue evitado por las dos familias, don José María huyó a España. Nunca contrajo matrimonio, pero dejó al menos dos hijos en la Nueva España; más tarde, obtuvo fama como José Terreros, médico del París Napoleónico que falleció en 1815 debido a sus experimentos con drogas que consumía voluntariamente; todo ello, mientras su hermano, el conde administraba sus haciendas y le pagaba un estipendio.

  Lo único que escapó al dominio del segundo conde de regla fueron las haciendas de su hermana la marquesa en el Bajío, pero, como su padre, gobernó estrictamente los asuntos familiares. Un acertado matrimonio, concertado por su padre, se sumó al poder de la familia: en 1780, el segundo conde de regla contrajo matrimonio con doña María Josefa Rodríguez de la Cotera, nieta y heredera del título y la riqueza terrateniente del conde de San Bartolomé de Xala, precursor del negocio del pulque. El matrimonio significó la fusión de los dos mayores productores de pulque y propietarios de pulquerías en la ciudad de México. El segundo conde de Regla extendió su riqueza terrateniente mucho más allá de lo que había dejado su padre, y éste había dejado las propiedades más valiosas nunca reunidas en la Nueva España.

Fuente:

Tutino, John. Creando un nuevo mundo. FCE. México, 2016, pp. 376-379