viernes, 7 de junio de 2019

El exordio de Bartolomé de las Casas en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

   Fray Bartolomé de las Casas dejó en sus escritos una serie de descripciones de los lugares que habitó, especialmente las Antillas mayores, en uno de ellos, de título Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en el exordio comenta:

  DESCUBRIÉRONSE las Indias el año de I492: comenzaron á ser pobladas por Cristianos españoles en 1493, de manera que hace cuarenta y nueve años en este de I542 en que escribo.

   La primera tierra en que los nuestros habitaron fue la grande y felicísima Isla Española cuya circunferencia es de seiscientas leguas. Hay al rededor otras islas muy grandes; he visto yo todas, y estas están pobladas por gentes naturales del país, que no pueda haber otra que les exceda en población.

  La Tierra-Firme dista de la Isla Española más de 250 leguas; tiene una costa marítima que por la parte conocida pasa de diez mil leguas; y cada día se descubre más. La descubierta es una colmena de hombres, pues parece que Dios ha ejercido allí su poder para multiplicar la población. Las gentes de todos aquellos vastísimos países son sencillas, sin iniquidad, ni doblez, obedientes y fieles á sus señores naturales y á los cristianos á quienes sirven, pacientes, pacíficas, quietas, no rencillosas, ni alborotadoras, no querellosas, ni rencorosas, sin odio ni deseos de venganza.

  Su complexión es delicada, tierna, flaca, y débil; por lo que no pueden sufrir trabajos grandes. Aun los hijos de labradores son menos robustos que los europeos hijos de príncipes criados con lujo, y regalo; por eso resisten mucho menos en las enfermedades. Son pobres pero contentos con su pobreza sin voluntad de poseer bienes temporales y por lo mismo humildes, exentos de orgullo, ambición, y codicia.
  
  Su comida es muy escasa y mui ordinaria, comparable con la que se nos cuenta de los santos anacoretas del desierto. Su vestido es por lo común una piel que cubre lo que la honestidad manda; y cuando más, una manta de algodón de vara y media, 6 dos varas cuadrilongo. Su cama es una estera, y á lo sumo una red colgada conocida en la Isla Española con el nombre de Hamaca.

   Su entendimiento es vivo, listo, y sin preocupaciones; por lo que los Indios son dóciles para recibir toda doctrina, capaces de comprenderla; dotados de buenas costumbres y aptísimos para recibir nuestra santa fe católica, tanto y más que cualquiera otra nación del mundo. Cuando ya comienzan á conocer algo de nuestra religión, tienen tal ansia de saber que llegan á ser importunos para sus catequistas, en tanto grado que los religiosos necesitan ser bien pacientes para soportar sus instancias. En fin he oído á varios Españoles seglares decir muchas veces:

   La bondad de los Indios es lanía que si llegan á conocer al verdadero Dios no habrá gente más bienaventurada en el mundo. Los Españoles trataron á estas mansísimas ovejas, olvidándose de ser hombres, y ejerciendo la crueldad de Lobos, de Tigres, y de Leones hambrientos.

   De cuarenta años á esta parte no han hecho ni hacen sino perseguirlas, oprimirlas, destrozarlas y aniquilarlas por cuantas maneras conocían ya los hombres y por las nuevas que han inventado ellas. Así hay ahora en la Isla Española solo doscientas personas naturales de allí, habiendo habido en el principio hasta tres millones. 

  La isla de Cuba es tan larga como desde Valladolid hasta Roma, y sin embargo está casi enteramente despoblada. La isla de San-Juan de Puerto-Rico y la de Jamaica son muy grandes, graciosas y felices, pero ahora ya están asoladas. Las islas de los Lucayos comarcanas de la Española y de la de Cuba por el norte son más de sesenta con las que llaman de Gigantes- La menos buena de todas es de tierra mejor, más amena, y más fértil que la Hicerta del rey en Sevilla: su clima es el más sano del mundo: había en ellas más de quinientas mil almas, ahora ni una si quiera. Los Españoles aniquilaron la población; primero matando, después queriendo trasplantar sus habitantes á la Española ya casi despoblada. Habiendo llegado un navío con este objeto, se compadeció un Español, intentó convertir los habitantes á la fe cristiana y sólo halló once personas: yo las vi. Más de otras treinta islas están en comarca de la de San-Juan y ya sin gente por el proprio motivo. Entre todas compondrán más de dos mil leguas de tierra, ya deshabitadas y desiertas.

   La Tierra-Firme contenía más de diez reinos; cada uno mayor que la España entera, incluyendo la corona de Aragón y todo lo de Portugal. Su extensión es como desde Jerusalén á Sevilla pues se alarga más de dos mil leguas. Sin embargo las crueldades de los Españoles han sido tantas y tan nefandas que han aniquilado la población, y dejado desierto el país.

   Podemos asegurar que los Españoles han quitado con su atroz é inhumana conducta más de doce millones de vidas de hombres, mujeres y niños: pero según mi opinión pasan de quince. De dos maneras se han conseguido estos bárbaros efectos: primera dando guerras tan inhumanas como injustas: segunda maltratando después de la conquista á los naturales del país, y matando á los señores, á los caciques, y á los varones jóvenes y robustos; oprimiendo á los demás con la más dura, más áspera y más cruel esclavitud, insoportable aun por bestias.

   La única causa de tan horrible carnicería fue la codicia de los Españoles. Estos se propusieron no tener prácticamente otro Dios que el oro, llenarse de riquezas en pocos días á costa de unas gentes humildes y sencillas, á las cuales trataron infinito peor que á bestias, como yo mismo lo he visto, y aun con mayor vilipendio que al estiércol de las plazas; en prueba de lo cual no cuidaban ni aun de las almas de los Indios pues dieron lugar á que estos infelices muriesen en los tormentos sin ser convertidos á la santa fe cristiana.

  Semejante atrocidad es tanto más notable cuanto los Españoles confiesan que los Indios no han hecho jamás mal alguno á los Cristianos; antes bien los amaban como á venidos del cielo hasta que vieron que multiplicaban los males, los robos, las violencias, las vejaciones, y las muertes de los naturales del país.

 Esto nos dará una idea de lo que fue, años más tarde, la Conquista de México, la cual tuvo alto índice de mortandad, no por las agresiones físicas con los naturales, sino por la introducción de enfermedades desconocidas en este, el llamado Nuevo Mundo.

Fuente:

Colección de obras del venerable Obispo de Chiapas, D. Bartolomé de las Casas. Defensor de la libertad de los americanos. Tomo I. Casa de Rosa, París, 1822. pp. 101-105

jueves, 6 de junio de 2019

Las lenguas de los expedicionarios y conquistadores de México (1517-1519)

   Ahora que estamos viendo la llegada de los europeos a lo que conocemos como México, en el marco del V Centenario, hay un punto al que creo no se le hemos puesto la debida atención, esto es la influencia o interacción que había entre los distintos pueblos que habitaban la región del Caribe, por donde fue el arribo de esos personajes. Sabemos del comercio que los mayas de Yucatán tenían con los diferentes pueblos, sabemos de avistamiento de canoas de mercaderes de pueblos "extraños" que los descubridores (Colón) y conquistadores (Cortés) tuvieron. Sabemos que por la región Tulúm el puerto comercial lo era Polé y por la laguna de Términos era Xicalango. Eso nos confirma las ligas comerciales.

   Por otro lado sabemos que hubo un naufragio, por 1508 o 1509, del que resultaron algunos sobrevivientes, dos de ellos quedan bien registrados en la Historia: Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, el primero le servirá de "lengua" a Cortés, junto con Marina. Por lengua se entendía en la época al traductor. 

"LENGUA. Se toma assimismo por Intérprete, que sirve de declarar una Lengua con otra, interviniendo dos de diferentes Idiomas" (Diccionario de Autoridades, Tomo IV, 1734).

   Pero las "lenguas" no fueron solamente ellos, hubo cuatro más, dos de ellos se llamaban Juliancillo y Melchorejo, eran de origen maya y habían sido llevados a Cuba en la expedición de Hernández de Córdoba de 1517. Otra de las "lenguas" era una india taína de la isla de Jamaica:

  "También sabemos que en 1518, cuando el español Juan de Grijalva exploró la costa oriental de México, se conoció con una india jamaiquina.  Dicha dama había llegado a tierra firme mejicana dos años antes junto con diez de sus compatriotas (Díaz Del Castillo, 1967: 28-29).  Los estudiosos occidentales presumen que ellos fueron varados por el mar; en el fondo, esa actitud refleja más sus prejuicios que los hechos del "descubrimiento" y conquista.  Lo cierto es que las islas caribeñas no estaban totalmente aisladas del territorio mejicano antes de que Cortés "descubriera" México" (Pacarina del Sur, leer el artículo completo aquí).

  La cuarta lengua tenía por nombre Pedro Barba, capturado junto con otros tres en una canoa por Juan de Grijalva. "Los bautizó el capellán Juan Díaz. Entre los mayas capturados el más principal fue llamado Pedro Barba, por su padrino español de ese nombre, hablaba náhuatl y fue asignado a la nave capitana con Grijalva" (Martínez Baracas, Rodrigo. El Veracruz de Hernán Cortés. Gob.Edo.Ver. 2015, p.110) 

  Creo que estos días son ideales para repasar las vilipendiadas páginas de la Historia Nacional sobre los primeros meses de la Conquista y hacernos un panorama más apegado a la realidad, lejos de las fantasías patrioteras que se han encargado de enjuiciar cosas que pasaron si bien en nuestro espacio pero en tiempo lejano en que las costumbres eran otras.

miércoles, 5 de junio de 2019

Para entender un poco mejor la barraganería y los primeros meses de la Conquista...

   Leyendo sobre esos meses de abril a julio de 1519, hace quinientos años, en los que Cortés y su nutrido contingente bordeaba la costa de la "mar océano", es decir, el Atlántico, específicamente en la parte que conocemos como Golfo de México, aparece una palabra cuyo significado nos hace reflexionar en el orden de la vida que llevaban, asociando con ello necesidades físicas con espirituales y leyes muy bien establecidas en parte por lo civil pero más aún por lo religioso. Por necesidades físicas debemos entender la práctica sexual y por espirituales la necesidad de compañía del sexo opuesto y creo sale sobra ahondar en las leyes religiosas, su complejidad y la manera de interpretarlas. La palabra es barragán o barraganía. 

  "En el caso de los españoles, había existido prácticas tampoco tan distintas incluso hasta en un pasado no tan lejano. De hecho, seguían vivas algunas, así la barraganería, institución medieval que fue condenada por el Concilio de Trento, casi medio siglo después de la Conquista de México. La barraganería estaba formalizada por un escribano público, y era reconocida como un matrimonio virtual" (1).

 REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Diccionario de Autoridades - Tomo I (1726)

BARRAGANA. s. f. Antiguamente se llamaba assi la amíga, dama, ò concubína que se conservaba en la casa del que estaba amancebado con ella: y para serlo era preciso fuesse libre, y no sierva, soltéra, única, y que no tuviesse parentesco en grado conocído con el galán que le embarazasse casar con ella si quisiesse. Es voz compuesta (segun el Rey Don Alonso) de Barra Arábigo, que [i.564] quiere decir fuera, y de Gana Latino, que vale ganáncia, y todo junto vale tanto como ganáncia hecha fuera de mandamiento de la Iglésia: y assi los hijos de este ayuntamiento se llamaban de ganáncia. Lat. Concubina in domo retenta. PARTID. 4. tit. 14. l. 1. Barragánas defiende Santa Eglésia que non tenga ningun Christiano, porque viven con ellas en pecádo mortál. Y ley 2. Cá segun las leyes mandan aquella es llamada barragána, que es una sola, è ha menester que sea atál que pueda casar con ella si quisiere aquel que la tiene por barragána. VALER. DE LAS HIST. lib. 1. tit. 2. cap. 7. No siendo contento Uvitiza con su própria muger, tomó publicamente muchas mugéres y barragánas.

Esta palabra se compone de la voz arábiga barra que significa "fuera" y de la castellana gana, de modo que las dos palabras juntas quieren decir ganancia hecha fuera de legítimo matrimonio y así los hijos de una barragana se llamaban hijos de ganancia; ley 1, til. 14, Part. 4.

Según fuero y costumbre antigua de España, se distinguían tres clases de enlaces de varón y mujer autorizados o tolerados por la ley: primero, el matrimonio celebrado con todas las solemnidades de derecho y consagrado por la religión: segundo, el matrimonio que llaman "a yuras", esto es, matrimonio juramentado, y era un casamiento legítimo, pero oculto, clandestino, y por decirlo así, un matrimonio de conciencia, que inducía perpetuidad y las mismas obligaciones que el solemne, del cual no se distinguía sino en la falta de solemnidad y publicidad: tercero, la barraganía que era la unión o enlace de soltero, ora fuese clérigo o lego, con soltera, a quien llamaban barragana para distinguirla de la mujer de bendiciones o mujer velada (por la velacion en el matrimonio sacramentado) y de la mujer a yuras (con un matrimonio juramentado o clandestino sin presencia del cura)

La barraganía no era un enlace vago, indeterminado y arbitrario. Se fundaba en un contrato de amistad y compañía, cuyas principales condiciones eran la permanencia y fidelidad. La generalidad con que los fueros hablan de las barraganas, así de los clérigos como de los legos y aun de los casados y sus disposiciones políticas y leyes civiles acerca de la conservación, subsistencia y derechos de hijos y madres, prueba cuán universal era la costumbre de tenerlas y si bien por algunos fueros estaba prohibido a los legítimamente casados tener barraganas en público, esta prohibición no se extendía a los solteros a los cuales no era indecoroso contraer y conservar descubiertamente semejante género de amistades. Los legisladores dejaron de castigar el desorden por precaver mayores males y toleraron esa licencia consultando al bien público y teniendo presentes las ventajas de la población. Los fueros consideraban las barraganas de los legos como unas mujeres de segundo orden y les otorgaban casi los mismos favores que a las legítimas. (Tomado de Wikipedia.)


martes, 4 de junio de 2019

El largo elenco de los que llegaron con Hernán Cortés hace 500 a México

    Hace 500 años, en junio de 1519 no era solamente Hernán Cortés, Pedro Alvarado, Alonso de Ávila, Alonso Hernández Portocarrero, Diego de Ordás, Francisco de Montejo, Francisco de Morla, Francisco de Saucedo, Juan de Escalante, Juan Velázquez de León, Cristóbal de Olid y Gonzalo de Sandoval los que se encontraban en el asentamiento español que llamaron Veracruz, eran muchos más, creo eran 11 las naves que formaban la expedición, por consecuencia si consideramos 30 o 40 tripulantes en cada una, los españoles, o mejor dicho, europeos que se encontraban allí rebasaban el número de 300. En un documento es emitido e 20 de junio de 1519 se consignan los nombres de esos que pasarán a la historia con el título de Conquistadores, sus nombres eran:

 Alonso Morales Negros.  Antonio de Saldaña. Alonso Hernández de Herrera. Alonso Rodríguez, piloto. Miguel de Palomino. Francisco Barrios. Diego González. Gonzalo de Bretes. Gonzalo Ugalde. Gonzalo de Aztos. Juan de Flandes. Cristóbal Vanegas. ... Mendes. Fernando Pérez. Pedro de ... Juan de Arana. Diego a de  Arnaz. Gonzalo Domingo. Diego a de Veracruz. Juan Bono de Quexo. Hernando Ledesma. Pedro López de Guadalupe. Gaspar de Tarifa. Bartolomé Muñoz. Gonzalo de  Vonylea. Juan Paz. Pedro López. Juan Álvarez. Antón Amado. Juan de Ca... Martín de Vergara. Pedro de Maya. Beltrán Rodríguez. Felpe Napolitano. Juan de Nieto. Benito de Béjar. Juan Álvarez, maestro. Diego de los Ríos. Juan Miranda. Domingo Ruiz. Diego Ruiz de Ylarios. Maestre Diego. Martín de Orizaba. Alonso... Juan Cervantes. Juan de...

[f. 3v] Francisco Maldonado. Martín Vázquez. Francisco Bonal.  Alonso de Leal Biera. Pedro Miranda Parra. Pedro Gutiérrez.  Alonso Ramos. Juan de Magallanes.  Alonso Gutiérrez. ... Blanco. Alonso Fernández. Francisco Melgarejo. Diego González. Gerónimo Robles. Francisco Catalán. Melchor Ortiz.  Alonso de Salamanca. Gonzalo de Medina. Alonso Pérez. Fernando Escalona. Ramón de Reyes. Cristóbal Suárez. Pedro Gallego. Diego de  Vitera. Juan López. Diego Peñalosa. Juan de Revilla. Armijo de Pydrula. Gutiérrez... Diego de Castro. Ruy de Navarro. Antón Soria. Pablo de Vy... Diego... Pablo Robles. Ga... de ...

[f. 4r] Parra... Gonzalo [¿Gregorio?] Cornejo. Gonzalo de Umbría. Juan de Ballesteros. Juan de Covarrubias. Pedro Reyes. Martín Izquierdo.  Alonso Gallegos. Alonso de Ojeda. Alonso Rodríguez. Rodrigo de Castañeda. Francisco de Granada. Juan de Palacios. Cristóbal de Jaén. Juan de Mora. Juan de Medina. Pedro Lomzato. Alonso Hernández Borrego. Juan de  Valladolid. Juan Rico. Juan Ro... Martínez de Santos. Rodrigo Lemus.  Alonso Cava[llero], maestre. Pedro de Alanís. Alonso Díaz. Diego Bermúdez, piloto. Diego Moreno. Gómez Merino. Antón Goya. Juan Gómez. Jay... Orozco. Juan del Puerto. Bernaldino de Santiago. Cristóbal Mendoza de Salas. Martín de Laredo. Diego Bardado. Pedro  Arias de Sopuerta. Rodrigo de Nájera. Diego Sánchez de Sopuerta. Ignacio Enoz. Francisco Dual.  Antonio Díaz. Hernando Vallejo. Cristóbal Suárez. Bernaldino de Soria. Hernando de Almonte. Juan de Valdelamar. Hernando Ledesma. Benjamín Guerrero. Juan Díaz, Ar. Francisco Dual. Diego Hernández. Juan Velly... Diego de Mgº.

[f. 4v.] ...nbra de Ayrado. Francisco López. Juan Benavente. Alonso Rodríguez. Juan Muñoz. Juan Larios. Don Hernando Arias. Hernando de Olea. Francisco de Nájera. Juan Martínez Nariz. Francisco Hernández. Martín López. Alonso García. Pedro Rodríguez. Juan Gutiérrez. Alonso Ríos Pavles. Miguel Nava. Luis de Hojeda. Alonso de Navarra. Juan Márquez. Gonzalo de Alaminos. Alonso de Biesfra. Pedro Hernández. Andrés de Molo. Luis Ortiz. ... [Ilegible]
[f. 5r] Miguel Gómez. Sebastián Rodríguez. D. Benito Venegas. Pedro de Guzmán. Cristóbal Zade. Francisco de Terrazas. Ruy Díaz de Peñalosa. Melchor de Alv. Fernando Burgueño. Mendo Xuárez. Cándido de Partidas. Bartolomé de Lupa. Santos Fernández. Antón de  Veintemil. Hernando Alonso. Francisco López de Nariol... Domingo Gra. Rodrigo Díaz (?). Francisco Ignacio Guerrero. Lorenzo Xuárez. Cristóbal Díaz. Bernal Díaz. Diego Ramírez. Diego... Andrés Farfán.  Arias de Ribera. Don Alonso...

[f. 5v] Antonio Rodríguez. Don  Alonso de Arroyelo. Juan de  Alcántara. Antón del Río. Juan Sedeño. Sebastián de Orizaba. Pablo de Remaes. Francisco Sisto Gutiérrez.  Alonso de Monrroy. Sebastián de Porras. Juan Gango. Miguel de Larios. Juan Méndez. Gonzalo [¿Gregorio?] de Xaén. Antonio  Alonso. Manuel Verdugo. Juan  Ximénez. Gaspar de Pánuco. Rodrigo de Medellín. Bartolomé García. Bartolomé Sánchez. Juan Cassiano. Gonzalo [¿Gregorio?] García. Luis de Frías. Hernando Dávila. Alonso de  Valencia. Martínez de Hobo. MiguelPérez. Juan Sedeño. Pedro Ponze. Rodrigo ... Juan González de Heredia.  Alonso Coronado. ...

[f. 6r] Rodrigo de Guevara. Francisco Martín. Juan de Ysasola. Juan de Cárdenas. Diego Pérez.  Andrés de Muchaga. Juan de la Pes... Pedro de Alcántara. Gregorio de Monjaraz. Sebastián de la Peña. Juan de (L)upias. Juan Ramírez. Francisco de Manzanilla. Juan Rodríguez. Alonso Fernández. Francisco de Horozco. Antón Rubio.  Antón de Alaminos. Cristóbal Bravo. Hernando Martínez Pº Juanes de Fuente Ra...[f. 6v] Rodrigo Álvarez Chico. Francisco Flores. Pedro Gutiérrez de  Alarcón. Juan Ramos de Lares. Pedro  Vizcaíno. Cristóbal Fernández. Pedro Moreno. Pedro López de Belvas.  Alonso Muñoz. Francisco Quintero. Juan Siciliano. Álvaro Velón. Juan Díaz, carpintero. Bartolomé Hernández. Francisco Álvarez. Juan de Valdivia. Luis de Cárdenas. Martín ... Juan Bautista, Ma.[f. 7r] Antón de Almodóvar.  Alonso de Dueñas. Juan de Arriaga. Juan de Vya. Vergara Arzol. Pablo de Guzmán. Francisco Rojillo. Juan de Arias. Juan Ocho de Elexalde. Fernando de Vargas. Juan de Portillo. Juan Pérez. Pedro Mateos. Hernando Martínez.

[f. 7v] Francisco de Sandoval. Hernando de Frías. Hernando de  Aldana. Juan de Cazares. Juan de Torquemada. Fernando del Río. Benito de Bejel. Juan de Manrill. Juan Durán. Rodrigo de Argüello. Miguel Guerrero. Álvaro López.  Andrés Alonso. Alonso de Xerez. ... [ilegible] Francisco Tiscareño.
[f. 8r] Pedro de Yrzio. Diego de Godoy, escribano público e del cabildo. Gerónimo de Sarenca [¿Sareñúela?] Juan de Villafuerte. Alonso de la Torre. Beltrán de Godoy. Cristóbal Corral. Gonzalo de Oviedo. Alonso García. [Rúbricas]

 [f. 9r] En la Villa Rica de la  Vera Cruz desta isla de Uluacan nuevamente descubiertas, lunes veinte días del mes de junio año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil e quinientos e diez e nueve años.


Fuente:

Martínez Barcas, R. El primer documento conocido escrito en México por los conquistadores españoles. México, 2005.

Para ver el documento completo, entra aquí.

lunes, 3 de junio de 2019

El primer envío que hace Cortés al rey Carlos V, 6 de julio de 1519.

  La Villa Rica de la Vera Cruz había sido ya fundada, el primer ayuntamiento que se formaba en México había sido jurado. Había un antecedente, en San Juan de Ulúa, sitio al que llegaron el 24 de Junio de 1518, pero no hubo fundación alguna, apenas un leve contacto de europeos con nativos. Al año siguiente, el 22 de abril, el desembarco se hace en Chalchihuecan y se le da el citado nombre que, al paso del tiempo mantenemos solo la segunda parte y contraído como Veracruz. Un poco más al norte, en Quiahuiztlan ocurre una alianza con la tribu local comandada por el cacique Gordo, para junio se sabe (según documento) los cargos que ocupaban en ese primer cabildo formado por “los muy nobles señores Alonso Hernández Portocarrero e Francisco de Montejo, alcaldes, e Pedro de Alvarado e Alonso de Ávila e Alonso de Grado e Cristóbal de Olid, regidores”. En Julio enviarán la que conocemos como Primera Carta de Relación, al rey Carlos V, acompañándola de una serie de objetos que sorprenderá a todos y alimentará la codicia por conquistar las tierras apenas descubiertas, era el 6 de julio de 1519, hace 500 años:

   Y el oro, plata, joyas, rodelas y ropa que a vuestras reales altezas enviamos con los procuradores, demás del quinto que a vuestra majestad pertenece, de que suplica Fernando Cortés en este Concejo les hacen servicio, va en esta memoria firmada de los dichos procuradores, como por ella vuestras reales altezas podrán ver. De la Rica Villa de la Veracruz , a lo de julio de 1519 años.

   El oro, joyas, piedras y plumajes que han sido en estas partes descubiertas, después que estamos en ellas, que vos Alonso Fernández Puerto Carrero y Francisco de Montejo, que vais por procuradores de esta Villa Rica de la Vera Cruz, a los muy altos excelentísimos príncipes y muy católicos y muy grandes reyes y señores la reina doña Juana y el rey don Carlos su hijo, nuestros señores, lleváis, son las siguientes:

   Primeramente una rueda de oro grande con una figura de monstruos en ella, y labrada toda de follajes, la cual pesó tres mil ochocientos pesos de oro. Y en esta rueda, porque era la mejor pieza que acá se ha habido y de mejor oro, se tomó el quinto para sus altezas, que fue dos mil castellanos que le pertenecía de su quinto y derecho real, según la capitulación que trajo el capitán Fernando Cortés de los padres Jerónimos que residen en la isla Española y en las otras, y los mil ochocientos restantes, a todo lo demás que tiene a cumplimiento de los mil doscientos pesos el Concejo de esta villa hace servicio de ellos a sus altezas, con todo lo demás que aquí en esta memoria va, que era y pertenecía a los de dicha villa.

   Item: dos collares de oro y pedrería, que el uno tiene ocho kilos y en ellos doscientas treinta y dos piedras coloradas y ciento sesenta y tres verdes, y cuelgan por el dicho collar por la orladura de él, veintisiete cascabeles de oro, y en medio de ellos hay cuatro figuras de piedras grandes, engarzadas en oro, y de cada uno de ellos dos, en medio, cuelgan pinjantes sencillos y de las de los cabos cada cuatro pinjantes doblados. Y el otro collar tiene cuatro hilos que tienen ciento dos piedras coloradas y ciento setenta y dos piedras que parecen verdes, y a la redonda de las dichas piedras, veintiséis cascabeles de oro, y en el dicho collar diez piedras grandes engarzadas en oro, de que cuelgan ciento cuarenta y dos pinjantes de oro.

   Item: cuatro pares de antiparas, los dos pares de hoja de oro delgado con una guarnición de cuero de venado amarillo, y las otras dos de hojas de plata delgada con una guarnición de cuero de venado blanco, y las restantes de plumaje de diversos colores y muy bien obradas, de cada una de las cuales cuelgan dieciséis cascabeles de oro y todas guarnecidas de cuero de venado colorado.

   Item más: cien pesos de oro por fundir para que sus altezas vean cómo se coge acá el oro de minas.

   Item más: una caja, una pieza grande de plumajes enforrada en cuero, que en los colores parecen martas, y atadas y puestas en la dicha pieza y en el medio una patena grande de oro que pesó sesenta pesos de oro, una pieza de pedrería azul y colorado a manera de rueda, y otra pieza de pedrería azul, un poco colorada, y al cabo de la pieza otro plumaje de colores que cuelgan de ella.

   Item: un moscador de plumajes de colores con treinta y siete verguitas cubiertas de oro.

   Item más: una pieza grande de plumajes de colores que se ponen en la cabeza, en que hay a la redonda de ella sesenta y ocho piezas pequeñas de oro, que será cada una como medio cuarto, y debajo de ellas veinte torrecitas de oro.

   Item: una mitra de pedrería azul con una figura de monstruos en medio de ella, y enforrada en un cuero que parece en los colores martas, con un plumaje pequeño, el cual y el de que arriba se hace mención son de esta dicha mitra.

   Item: cuatro arpones de plumajes con sus puntas de piedra atadas con hilo de oro, y un centro de pedrería con dos anillos de oro y lo demás plumajes.

   Item: un brazalete de pedrería, más una pieza de plumaje negra y de otros colores, pequeña.

   Item: un par de zapatones de cuero, de colores, que parecen martas, y las suelas blancas cosidas con tiritas de oro, más un espejo puesto en una pieza de pedrería azul Y colorada, con un plumaje pegado allí, y dos tiras de cuero coloradas pegadas, y otro cuero que parece de aquellas martas.

   Item: tres plumajes de colores que son de una cabeza grande de oro que parece de caimán.

   Item: unas antiparas de pedrería de piedra azul, enforradas en un cuero que los colores parecen martas, y cuelgan quince cascabeles de oro.

   Item más: un manípulo de cuero de lobo con cuatro tiras de cuero que parecen de martas.

   Item más: unas barbas puestas en unas plumas de colores, y las dichas barbas son blancas que parecen de cabellos.

   Item más: dos plumajes de colores que son para dos capacetes de pedrería que abajo dirá.

   Más otros dos plumajes de colores que son para dos piezas de or.' que se ponen en la cabeza, hechas de manera de caracoles grandes.

   Más dos pájaros de plumaje verde con sus pies y picos y ojos d.' oro, que se ponen en una pieza de las de oro que parecen caracoles

   Más dos guariques grandes de pedrería azul, que son para ponen la cabeza grande del caimán.

   En otra caja cuadrada, una cabeza de caimán grande de oro, que es la que arriba se dice para poner las dichas piezas.

   Más un capacete de pedrería azul con veinte cascabeles de oro, que le cuelgan a la redonda con dos sartas que están encima de cada cascabel, y dos guariques de palo con dos chapas de oro.

   Más una pájara de plumajes verdes y los pies y pico y ojos de oro.

   Item más: otro capacete de pedrería azul con veinticinco cascabel de oro y dos cuentas de oro encima de cada cascabel, que le cuelga a la redonda, con unos guariques de palo con chapas de oro y un pájaro de plumaje verde con los pies, pico y ojos de oro.

   Item más: hay un haba de caña, dos piezas grandes de oro que ponen en la cabeza, que son hechas a manera de caracol de oro, con sus guariques de palo y chapas de oro, más dos pájaros de pluma verde con sus pies, pico y ojos de oro.

   Más dieciséis rodelas de pedrería, con sus plumajes de colores q cuelgan de la redonda de ellas, con una tabla ancha esquinada de pedrería con sus plumajes de colores, y en medio de la dicha tabla hecha de la dicha pedrería, una cruz de rueda la cual está forrada en cuero que tiene los colores de martas.

  Otrosí: un cetro de pedrería colorada hecha a manera de culebra con su cabeza y los dientes y ojos que parecen de nácar y el puño guarnecido con cuero de animal pintado, y debajo del dicho puño cuelgan seis plumajes pequeños.

   Item más: un moscador de plumajes puesto en una caña guarnecida en un cuero de animal pintado hecho a manera de veleta, y encima tiene una copa de plumajes, y en fin de todo tiene muchas plumas verdes largas.

   Item: dos aves hechas de hilo y de plumajes; tienen los cañones de las alas y las colas, las uñas de los pies, los ojos y los cabos de los picos de oro, puestas en sendas cañas cubiertas de oro, y abajo unas pellas de plumajes, y una blanca y otra amarilla, con cierta argentería de oro entre las plumas, y de cada una de ellas cuelgan siete ramales de plumaje.

   Item: cuatro piezas hechas a manera de lisas puestas en sendas cañas cubiertas de oro, y tienen las colas, las agallas, los ojos y las bocas de oro; abajo en las colas unos plumajes de plumas verdes, y tienen asida a la boca de las dichas lisas sendas copas de plumajes de colores, y en algunas de las plumas blancas está cierta argentería de oro, y debajo del asidero cuelgan de cada una seis ramas de plumajes de colores.

   Item: una verguita de cobre forrada en un cuero en que está puesta una pieza de oro a manera de plumaje que encima y debajo tiene ciertos plumajes de colores.

   Item más: cinco moscadores de plumaje de colores, y cuatro de ellos tienen diez cañoncitos cubiertos de oro, y el otro tiene trece.

   Item: cuatro arpones de pedernal blanco puestos en cuatro varas de plumaje.

   Item: una rodela grande de plumajes guarnecida del revés y de un cuero de animal pintado, y en el campo de la dicha rodela, en el medio, una chapa de oro con una figura de las que los indios hacen, con otras cuatro medias chapas en la orla, que todas ellas juntas hacen una cruz.

   Item mas: una pieza de plumajes de diversos colores hecha a manera de media casulla, forrada en un cuero de animal pintado que los señores de estas partes que hasta ahora hemos visto, se ponen colgadas del pescuezo, y en el pecho tiene trece piezas de oro muy bien aseritadas.

   Item: una pieza de plumajes de colores que los señores de esta tierra se suelen poner en las cabezas, y hecho a manera de cimera de justador, y de ella cuelgan dos orejas de pedrería, con dos cascabeles y dos cuentas de oro, y encima un plumaje de plumas verdes ancho, y debajo cuelgan unos cabellos blancos.

   Otrosí: cuatro cabezas de animales, las dos parecen de lobo y las otras dos de tigres con unos cueros pintados, y de ello les cuelgan cascabeles de metal.

   Item: dos cueros de animales pintados, forrados en unas mantas de algodón y parecen los cueros de gato cerval.

   Item: un cuero bermejo y pardillo de otro animal que parece de león, y otros dos cueros de venado.

   Item: cuatro cueros de venado de guadamecieres de que acá hacen los guantes pequeños adobados.

   Más dos libros de los que acá tienen los indios; media docena de moscadores de plumajes de colores y una poma de plumajes de colores.

   Otrosí: una rueda de plata grande, que pesó cuarenta y ocho marcos de plata, y más en unos brazaletes y unas hojas batidas, un marco, cinco onzas, y cuatro adarmes de plata, que pesaron cuatro marcos y dos onzas, y otras dos rodelas que parecen de plata, que pe un marco y siete onzas, que son por todas sesenta y dos marcos de plata.

ROPA DE ALGODÓN

Item más: dos piezas grandes de algodón, tejidas de labores de blanco y negro y llanado, muy ricas.

Item: dos piezas tejidas de plumas y otra pieza tejida de varios colores; otra pieza tejida de labores, colorado, negro y blanco, y por revés no aparecen las labores.

Item: otra pieza tejida de labores, y en medio una rueda negra de plumas.

Item: dos mantas blancas en unos plumajes tejidas.

Otra manta con unas presecillas y colores pegadas.

Un sayo de hombre de la tierra.

Una pieza blanca con una rueda grande de plumas blancas en medio.

Dos piezas de guascasa pardilla con unas ruedas de pluma, y todos de guascasa leonada.

Seis piezas de pintura de pincel; otra pieza colorada con unas ruedas, y otras dos piezas azules de pincel, y dos camisas de mujer. Doce almaizares.

Item: seis rodelas que tiene cada una chapa de oro, que toma toda la rodela.

Item más: media mitra de oro.

Las cuales cosas y cada una de ellas según que por sus capítulos van declarados y sentados a Alonso Puerto Carrero y Francisco de Montejo, procuradores susodichos, es verdad que las recibimos y nos fueron entregadas para llevar a sus altezas de vos Fernando Cortés, justicia Mayor por sus altezas en estas partes, y de vos Alonso de Ávila y de Alonso de Grado, tesorero y veedor de sus altezas en ellas; y porque es verdad, lo firmamos de nuestros nombres.

Hecho a seis días de julio de mil quinientos diecinueve años. Puerto Carrero, Francisco de Montejo.

Las cosas de sus nombradas en el dicho memorial con la carta y relación de susodicha que el Concejo de la Veracruz envió, recibió el Rey don Carlos nuestro señor, como desuso se dio en Valladolid en la Semana Santa en principio del mes de abril del año del Señor de mil quinientos veinte años.


Fuente:

domingo, 2 de junio de 2019

La descripción que hace Hernán Cortés a Carlos V de México en su Primera Carta de Relación.

  Ya que estamos en el mes de Junio de 2019 será bueno aprender más sobre lo ocurrido hace cinco siglos, que se ven lejanos pero, al ir viendo la forma en que se fueron dando los hechos veremos que ese tiempo no lo es tanto pues las cosas no han variado tanto en ese lapso; por "cosas" me refiero al concepto de poder, dominio, envidia, traición lealtad, entre otros. Veamos pues, esta relación de lo que ojos extraños, ojos europeos, vieron al llegar a esta parte del mundo que, desde hace poco más de dos siglos le conocemos por México y que por tres siglos, para acabalar ese Quinto Centenario, se le denominó como Nueva España: 

   A nuestro parecer se debe creer que hay en esta tierra tanto cuanto en aquella donde se dice haber llevado Salomón el oro para el templo, mas como ha tan poco tiempo que en ella entramos, no hemos podido ver más de hasta cinco leguas de tierra adentro de la costa de la mar, y hasta diez o doce leguas de largo de tierra por las costas de una o de otra parte que hemos andado desde que saltamos en tierra, aunque desde la mar mucho más se parece y mucho más hemos visto viniendo navegando. 

   La gente de esta tierra que habita desde la isla de Cozumel y punta de Yucatán hasta donde nosotros estamos, es una gente de mediana estatura, de cuerpos y gestos bien proporcionados, excepto que en cada provincia se diferencian ellos mismos los gestos, unos horadándose las orejas y poniéndose en ellas muy grandes y feas cosas, y otros horadándose las ternillas de las narices hasta la boca y poniéndose en ellas unas ruedas de piedras muy grandes que parecen espejos, y otros se horadan los bezos de la parte de abajo de los dientes, y cuelgan de ellos unas grandes ruedas de piedra o de oro tan pesadas que les hacen traer los bezos caídos y parecen muy disformes. 

   Y los vestidos que traen, es como de almaizales muy pintados, y los hombres traen tapadas sus vergüenzas y encima del cuerpo unas mantas muy delgadas y pintadas a manera de alceles moriscos; y las mujeres y de la gente común traen unas mantas muy pintadas desde la cintura hasta los pies, y otras que les cubren las tetas, y todo lo demás traen descubierto. Y las mujeres principales andan vestidas de unas muy delgadas camisas de algodón muy grandes, labradas y hechas a manera de roquetes. 

   Los mantenimientos que tienen es maíz y algunos ajís como los de las otras islas, y patata yuca, así como la que comen en la isla de Cuba, y cómenla asada porque no hacen pan de ella, y tienen sus pesquerías y cazas, y crían muchas gallinas como las de Tierra Firme, que son tan grandes como pavos. 

   Hay algunos pueblos grandes y bien concertados. Las casas en las partes que alcanzan piedra son de cal y canto, y los aposentos de ella pequeños y bajos, muy amoriscados; y en las partes donde no alcanzan piedra, hácenlas de adobes y encálanlos por encima, y las coberturas de encima son de paja. Hay casas de algunos principales muy frescas y de muchos aposentos, porque nosotros habemos visto casas de cinco patios dentro de una sola casa, y sus aposentos muy aconcertados, cada principal servido que ha de ser por sí. 

   Tienen dentro sus pozos y albercas de agua y aposentos para esclavos y gentes de servicio, que tienen mucha. Y cada uno de estos principales tienen a la entrada de sus casas, fuera de ella, un patio muy grande y algunos dos y tres y cuatro muy altos, con sus gradas para subir a ellos, y son muy bien hechos, y con éstos tienen sus mezquitas y adoratorios y andenes todo a la redonda muy ancho, y allí tienen sus ídolos que adoran, de ellos de piedra y de ellos de palo, a los cuales honran y sirven de tanta manera y con tantas ceremonias que en mucho papel no se podría hacer de todo ello a vuestras reales altezas entera y particular relación. 

   Estas casas y mezquitas donde los tienen, son las mayores y mejores y más bien obradas y que en los pueblos hay, y tiénenlas muy ataviadas con plumajes y paños muy labrados y con toda manera de gentileza, y todos los días antes que obra alguna comienzan, queman en las dichas mezquitas incienso y algunas veces sacrifican sus mismas personas, cortándose unos la lengua, y otros las orejas, y otros acuchillándose el cuerpo con unas navajas. Toda la sangre que de ellos corre la ofrecen a aquellos ídolos, echándola por todas las partes de aquellas mezquitas, y otras veces echándola hacia el cielo y haciendo otras muchas maneras de ceremonias, por manera que ninguna obra comienzan sin que primero hagan allí sacrificio. 

   Y tienen otra cosa horrible y abominable y digna de ser punida, que hasta hoy no habíamos visto en ninguna parte, y es que a todas las veces que alguna cosa quieren pedirle a sus ídolos para que más aceptasen su petición, toman muchas niñas y niños y aún hombres y mujeres de mayor edad, y en presencia de aquellos ídolos los abren vivos por los pechos y les sacan el corazón y las entrañas, y queman las dichas entrañas y corazones delante de los ídolos, y ofreciéndoles en sacrificio aquel humo. Esto hemos visto algunos de nosotros, y los que lo han visto dicen que es la más cruda y espantosa cosa de ver que jamás han visto. 

   Hacen esto estos indios tan frecuentemente y tan a menudo, que según somos informados, y en parte hemos visto por experiencia en lo poco que ha que en esta tierra estamos, no hay año en que no maten y sacrifiquen cincuenta ánimas en cada mezquita. Esto se usa y tienen por costumbre desde la isla de Cozumel hasta esta tierra donde estamos poblados. 

   Y tengan vuestras majestades por muy cierto que según la cantidad de la tierra nos parece ser grande, y las muchas mezquitas que tienen, no hay año que, en lo que hasta ahora hemos descubierto y visto, no maten y sacrifiquen de esta manera tres o cuatro mil ánimas. Vean vuestras reales majestades si deben evitar tan gran mal y daño, y cierto seria Dios Nuestro Señor muy servido, Si por mano de vuestras reales altezas estas gentes fueran introducidas en nuestra muy santa fe católica y conmutada la devoción, fe y la esperanza que en estos sus ídolos tienen, en la divina potencia de Dios; porque es cierto que si con tanta fe y fervor y diligencia a Dios sirviesen, ellos harían muchos milagros. 

Fuente:

Primera Carta de Relación de Hernán Cortés a Carlos V. Julio de 1519. (Esto es un breve extracto, para leer la carta completa, entra aquí.)

sábado, 1 de junio de 2019

La calle de la Celada, antecedente a la de Capuchinas, Ciudad de México

   Viendo uno de los mapas más antiguos de la Ciudad de México, el de Uppsala, el cual puedes ver a detalle aquí, trato de localizar la actual calle de Venustiano Carranza con mi consabida obsesión que he comentado repetidamente, sobre la Calle de Capuchinas. Pues bien, en este mapa la localizamos cuando aun no se llamaba Capuchinas, sino con su nombre original que fue Calle de la Celada. Para cerrar ese tema, comparto la descripción que al respecto hace José María Marroquí de lo que fue esa calle.

   En casas de esta calle, de la de Capuchinas y de Tacuba, vino á quedar vinculado el mayorazgo que Pedro de Paz, hermano de Rodrigo el conquistador, fundó para un hijo natural y único que tuvo en Inés Hernández en esta Nueva España. Rodrigo de Paz reunió un caudal no despreciable, que consistió "en varias tiendas y casas que tenía en esta ciudad en la calle de San Agustín, en la calle de la Celada, que es la que hoy llamamos de las Capuchinas, en los portales principales de los Mercaderes y calle de San Francisco y en la calle de Tacuba." Víctima fue Rodrigo de Paz de las malas pasiones de Salazar y Chirinos, quienes no sólo le entregaron al verdugo después de haberle atormentado cruelmente, sino que le confiscaron sus bienes, so pretexto de pagar á Antonio de Villarroel, grande amigo de ellos, doce mil pesos, que sin prueba alguna, dijo haberle ganado en el juego. 

   Inés Gómez de Paz, madre de Rodrigo, aquí personalmente y en España por medio de su hijo, el Lic. Francisco Núñez de Paz, relator del Consejo, pedía el castigo de los matadores de su hijo, y la devolución de sus bienes. Logró esto, y por sucesión hereditaria entró en posesión de las casas en que los bienes consistían.

   Pedro de Paz, hermano mayor de Rodrigo y primogénito de Inés, madre de los dos y de otros cuatro hijos, fue preso también por su enemigo Salazar; pero hubo de escapar de la prisión y sobrevivió á su hermano. Muerta la madre se dividieron por iguales partes entre los hijos vivos y los nietos en representación de los muertos, habiendo dejado ella mejorado en el quinto á su hijo el Lic. Francisco Núñez de Paz, en recompensa de que había seguido el pleito en el Consejo de las Indias "para que se desembargasen estos bienes, los cuales los habían embargado los Oficiales Reales de esta ciudad, por causa que formaron contra Rodrigo de Paz, dueño que fue de todo este caudal, por odio y mala voluntad que le tenían."

  Pedro de Paz fundó, como dijimos, un mayorazgo para su hijo Alonso, vinculando la sexta parte que le tocaba de los bienes de su hermano, y al hacerse la división de éstos, después del fallecimiento de la madre, se dejaron al mayorazgo las casas de la calle de San Agustín, de la Celada y de Tacuba. Tres poseedores legítimos sucedieron en este mayorazgo, el último D. Diego de Bribiescas Vasconcelos y Paz, que ni casó ni tuvo hijos. Persuadido con malas artes por D. Cristóbal Tamariz y Carmona de que le vendiera el vínculo, se le vendió en cantidad de ocho mil pesos, por escritura que pasó en la ciudad de México por ante Francisco de Rivera, Escribano real, el día 10 de Abril del año 1680. La astucia del detentador Tamariz no se limitó á lo dicho, se extendió á cuidar de que D. Diego, en el testamento que hizo en México ante el propio Escribano Rivera, el día 27 del mismo mes y año de la institución de heredero y sucesor en el mayorazgo, declarase que si después de ese testamento aparecía otro nombramiento en la sucesión del vínculo, hecho por falta de memoria, por complacencia, ó por otras causas, tal nombramiento se tuviese por nulo y de ningún valor, salvo si contenía estas palabras latinas: "Nolite attendere ad possessiones iniquas; nihil enim prossunt in tempore vindictae."

   No dio D. Cristóbal Tamariz á D. Diego Vasconcelos los ocho mil pesos pactados, ni aun la mitad, á pesar de habérselos pedido varias veces en diversas necesidades que tuvo: por esto acaso, ó porque conoció después que no tenía facultad para enajenar el vínculo en un extraño, anuló lo hecho en una cláusula de su segundo testamento otorgado en el real de minas de Sultepec á 6 de Septiembre de 1681, ante Agustín Laso de la Vega, cuyo texto es el siguiente: "Item declaro, "para descargo de mi conciencia, que no he sido casado, y no he tenido hijo ni hija natural, y soy dueño y poseo el Vínculo de Mayorazgo que fundó Pedro de Paz mi Vis-Abuelo sobre casas y tiendas en la Ciudad de México en la calle de San Agustín, que están pegadas á las casas de Domingo de Cantabrana; y dicho Mayorazgo vacó por muerte del Lic. D. Pedro de Vasconcelos y Paz, mi hermano, de que aprehendió posesión en mi nombre, y en virtud de mi poder, D. Christoval Tamariz y Carmona, el qual me persuadió á que confessasse era mi sobrino, y que le nombrase por mi heredero, y que suscediesse en dicho Mayorazgo, y le otorgué ciertos instrumentos, que passaron ante Francisco de Rivera, Escribano Real, en la Ciudad de México, y á los diez de abril de mil seiscientos y ochenta años, y me ofreció y prometió ocho mil pesos, para que pagase mis deudas, y hiciese otras obras del descargo de mi conciencia, de los quales me ha dado tres mil pesos, y aunque he tenido después acá algunas necesidades, no me las ha querido suplir, antes imposibilitando " y pidiendo, que me me socorriesen; y porque me hallo muy gravado en mi conciencia por aver nombrado á dicho D. Christoval, y dicho ser mi Sobrino, y que entrase en el dicho mi Mayorazgo, declaro por el passo en que me estoy, que no le pertenece ni puedo nombrarle por heredero de dicho vínculo, y en aquella vía y forma, que aya lugar en derecho, revoco, y anulo dicho nombramiento del dicho Mayorazgo, para que sucediesse en él;… Siguió explanando en la misma cláusula, aún más de lo suficiente, su arrepentimiento y su causa, concluyendo con las palabras latinas que dejamos copiadas, para que se nulificara enteramente la enajenación del vínculo indebidamente hecha.

  Indudable fue la malicia con que D. Cristóbal Tamariz procedió en este asunto: no ignoraba que había sucesor legítimo para el mayorazgo, y que éste era D. José Antonio de Paz y Monroy, supuesto que había entrado en la posesión del vínculo por muerte de D. Pedro Bribiescas Vasconcelos, hermano mayor del donante, D. Diego, mientras se sabía con certidumbre el paradero de éste, que estaba en Sombrerete, y de allá mandó poderes bastantes á D. Cristóbal, su allegado por línea materna, para que en su nombre reclamara y recibiera el mayorazgo, como le reclamó y recibió. Tampoco pudo ignorar que muerto D. Diego tenía que volver el vínculo á la línea de los Paces, porque conocía las condiciones de la sucesión, como lo acreditan estas palabras que se leen en el documento relativo: "Yo, D. Cristóbal Tamariz, que desde hoy me llamo Paz, digo que acepto dicho nombramiento, etc."

  Muerto D. Diego, se dio arbitrio Tamariz para entrar en posesión del mayorazgo, le disfrutó toda su vida y le dejó á su hijo D. Antonio, del cual pasó á su nieto, otro D. Antonio, á quien se lo reclamó el año 1737 Doña Josefa de Paz Cortés, casada con D. Nicolás Benítez Coronel. Es cierto que no sostuvo este pleito injusto D. Cristóbal Tamariz, sino su nieto; pero éste no está libre de la mancha de detentador, porque debía saber lo ocurrido con su abuelo; pero siempre aconseja mal el interés.
La venta y uso del vino ha dado siempre que hacer á las autoridades y se lo dieron á los primeros ayuntamientos de esta ciudad. Por los años de 1540 y acaso antes, sin haberse hecho ordenanzas en forma, como se hicieron después, se habían señalado ya calles y casas en donde se vendiera el vino por mayor y al menudeo, lejos de los tianguis, designando las calidades que habían de tener los vendedores.

   Varias designaciones de casas se hicieron, pues esta operación se repetía, si no anualmente al menos con frecuencia, y en una de esas ocasiones fue señalada una tienda perteneciente al Factor D. García de Albornoz, en la calle de San Agustín; mas habiendo rehusado éste que hubiera taberna en tienda de su propiedad, señalaron, en reemplazo de ella, "una tienda de los menores de Rodrigo de Paz ques en la calle de San Agustín, en la esquina, donde solía estar un librero, é asimismo señalaron otra tienda en la calle de San Agustín de Hernando Dávila ques la de la esquina de dos puertas para que se pueda vender vino. Fue habilitada la tienda de Dávila para este comercio, en sustitución de la taberna que había en una tienda de Juan de la Sala, donde vendía vino Juan Gallardo, á quien se mandó notificar que no le vendiera más: dándose por supuesto que las personas que tuvieran las nuevas tabernas fueran primero aprobadas por la Ciudad.

  El Ayuntamiento, al hacer un nuevo señalamiento de las treinta casas tiendas en que conforme á la ordenanza aprobada por D. Luis de Velasco, podía haber tabernas, señaló de nuevo la de Pedro de Paz en la calle de San Agustín, que no había gozad o antes ese privilegio, en la cual vivía un obrero llamado Mena, á quien se permitió que tuviese la taberna. El señalamiento fue por sólo aquel año y no más.

Fuente:

Marroquí, José María. La ciudad de México. Tomo II. Tip y Lit. La Europea. México, 1903. pp 212-216