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sábado, 3 de octubre de 2020

Ex convento de la Concepción de Santa María Yauhquemecan en Atlihuetzia, Tlaxcala.

   Ahora sí que debo hacer una profunda corrección a lo que publiqué en enero de este año en la relación a la construcción de los primeros templos católicos en las tierras recién conquistadas que luego sería nombrado Nueva España, es decir, lo que desde hace 200 años conocemos como México. Y este templo, es el que luego sería transformado en convento y que fue dedicado a la Concepción, del que hay, más bien la leyenda, de que fue trazado por Hernán Cortés. Para entender debemos ir ubicando los acontecimientos en el tiempo.

   “Uno de los testimonios de mayor presencia de los franciscanos en Tlaxcala es exactamente la construcción de sus conventos que, al mismo tiempo de servir de aposentos, fueron puntos gravitacionales en torno de los que se organizaban las comunidades indígenas, tanto a recibir la administración de los sacramentos como en cuanto a la formación de nuevos distritos desde el punto de vista político. Apenas unos años después de la caída de México-Tenochtitlan, los franciscanos comenzaron su labor de construcción de conventos en Tlaxcala” (Wikipedia.)

   Hernán Cortés conoce Tlaxcala y sus señoríos era 1519, tiempo en el que, más bien, se dedicaba a diseñar una estrategia para llegar a Tenochtitlán y comprobar qué tanta riqueza en oro y plata había en esos rumbos, ocupado en controlar a sus principales y a todos los demás, se dice 300, que le acompañaban y hacer la traza de un templo es algo que, tal vez, se reduce a que dijo que “ahí sería bueno levantar uno”, en el mejor de los casos señalando con su índice algún punto en el horizonte. Para aclarar esta posibilidad sería menester leer la carta de Relación correspondiente y lo escrito por Bernal, cosa que no haremos hoy, pero si seguiremos viendo lo que Wiki publica en torno a los doce conventos tlaxcaltecas:

   “En total fueron doce conjuntos diseminados a lo largo del territorio, entre los que se cuenta a los de Tlaxcala, Atlihuetzian, Tepeyanco, Texcalac, Huamantla, Hueyotlipan y Nativitas, por mencionar los más representativos. Los conventos franciscanos de los siglo XVI y XVII construidos en Tlaxcala servían esencialmente para dar albergue a los religiosos, y para ellos estaban habilitados con sus celdas, elementos sanitarios, cocina y comedor, además de corredores, huerta y otros lugares comunes; para el oficio de los ritos, contaban con grandes naves, dotadas de coro, arquería y pintura mural; en la parte posterior, destacan las Capillas Abiertas, hechas especialmente para oficiar al aire libre y poder estar a tono con las costumbres indígenas de no celebrar en lugares cerrados, y las Capillas Posas, elemento ubicados en las esquinas de los atrios que servían como descansos o estaciones en la celebración de procesiones. (Wikipedia)

   Debemos recordar que fueron 12 los primeros franciscanos que llegaron a México, cosa que ocurrió el 13 de mayo de 1524. Pero hubo tres que llegaron un año antes, el 13 de agosto de 1523, Fray Pedro de Gante, primo de Carlos V y cuyo nombre en flamenco era Pieter van der Moere, Juan de Tecto (Johan Dekkers) y Juan de Ahora. El primero de ellos es quien funda el convento de Texcoco y el Grande de la ciudad de México, para leer más de su vida, entra aquí. El segundo es el que acompaña a Cortés en su expedición a las Hibueras (Honduras) y del tercero no sabemos mucho.

   Es justo cuando Cortés andaba por esos rumbos centroamericanos que el convento que hoy nos ocupa comienza a ser construido, era 1525… “ante la evidencia de diferentes materiales presentes a simple vista, vemos que fue hecho en diferentes etapas, tardando el resto del siglo XVI para su culminación. Originalmente el conjunto constaba de nave principal con coro y sotocoro, torre, capilla abierta, claustro, celdas, huerto, capillas posas y otras dependencias domésticas. Es de destacar que está fechada la destrucción de la techumbre del lugar, en 1725, y se dice también que un ciclón [sic] en julio de 1882 derribó la torre. Aunque se encuentra en la actualidad parcialmente destruido, destaca de inmediato lo bello de su arquería y en particular divide al coro del presbiterio y que conserva su esencia hasta nuestros días (Wikipedia).

   Actualmente el recinto fue elevado a la categoría de Santuario para dedicarlo a la memoria y veneración de los Niños Mártires Tlaxcaltecas, Cristóbal, Antonio y Juan, que fueran canonizados por el papa Francisco el 15 de octubre de 2017. Tengo entendido que los restos de Cristóbal, conocido regionalmente como Cristobalito, fueron depositados en el convento ¿o en el cementerio? de Atlihuetzia.






 

domingo, 27 de septiembre de 2020

La fuerza del agua y su misticismo.

   De que el agua tiene una fuerza descomunal no tengo duda. Fui testigo, cuando vivía en San José del Cabo, como, luego de las lluvias que dejó el paso de un huracán arrastraba desde la sierra, enormes piedras, arrancaba árboles enteros y ya cuando entraba en la población se llevaba autos y lo que estuviera a su paso. Pero a esa fuerza no me refiero, sino a la otra, a aquello que entra en lo místico, pasa por lo sobrenatural y que luego de muchos siglos comenzamos a entender lo que, en la Edad Media, por no irnos más atrás en el tiempo algunos ya conocían, los maestros canteros. Para adentrarnos en el tema es bueno saber lo que pasa en Chartes, antigua ciudad francesa en donde su catedral sorprende más allá de lo arquitectónico, por las características de radiestesia que ahí existen, amén del intrigante laberinto del cual hablaremos en otra ocasión.
“El subsuelo de la catedral de Chartres es recorrido por un río natural así como por doce canales artificiales. Todos estos cursos de agua confluyen justo bajo el altar principal, donde también se encuentra el cruce de dos líneas telúricas doble oro. La suma de todas estas energías sutiles confiere al lugar una energía espiritual enorme”. (Corrientes subterráneas)
   Otro interesante ejemplo lo tenemos en España, en la región cantábrica en la que “Gracias al esfuerzo de la Fundación Marcelino Botín hemos podido colaborar en la restauración de este lugar teniendo en cuenta los criterios que la Geobiología nos aporta y permitiendo así el funcionamiento óptimo de este atanor que es Santa María de Bareyo. En él se unen la sencillez de la simbólica con la profundidad de la energética, la belleza de la historia y de los tiempos, con la necesidad de reencuentro del hombre consigo mismo en su dimensión más profunda”. (Terra Aurea.)

   Tenemos con esto la presencia del agua a otro nivel y pensando que acá, en México se impuso la religión católica sobre la que en los pueblos maya o azteca que estaban presentes (entre otros) cuando inicia ese periodo de la historia que conocemos como Conquista y que con sabiduría y conocimiento Ricard complementó el hecho de la conquista al agregar el concepto de la espiritualidad y nos legó un interesante libro llamado La conquista espiritual de México.

   Creo esa conquista, la espiritual, fue un poco más allá en cuanto a simbologías se refiere y lo encuentro con el agua, más aún al ver el caso del convento franciscano en Tlaxcala, actual catedral que, por cierto, es la que mantiene una forma más apegada al estilo medieval que solamente lo podemos ver ahí, ya que las demás construcciones de esos primeros años de la ya conocida como Nueva España comenzaron a tomar formas diferentes, claro es, que no debemos olvidar esos conventos-fortaleza que se levantaron en el estado de Tlaxcala, en el de Puebla y en Hidalgo. Volviendo al caso de la Catedral tlaxcalteca, encuentro una relación entre esas fuentes de energía, esa búsqueda de agua subterránea que, si no la había naturalmente, se construían canales para que hubiera la fuerza mística, geobiológica y levantar encima el templo.

   “En la tradición oral, las fuentes que nacen en las montañas del centro-sur del estado y que nutren las aguas del río Zahuapan poseen propiedades curativas; por ello, Zahuapan significa “el curador de granos”. Se dice que, en mayo de 1541, la Virgen María se apareció en las proximidades de la ciudad de Tlaxcala a un indígena catequista del convento de San Francisco, llamado Juan Diego. La Virgen le mostró un manantial cuyas aguas curaron a varios pobladores de una epidemia y, para confirmar su milagro, hizo presente su efigie en un ocote en llamas. La presencia de manantiales milagrosos no era nueva en Tlaxcala, a todos se les relacionaba con el panteón sagrado de los pueblos prehispánicos del lugar; de hecho, el mismo convento de San Francisco fue construido sobre un viejo teocalli y un manantial en donde se adoraban, a diversas deidades del agua". (Versión estenográfica de la 21°Sesión del segundo período ordinario de sesiones de la LXIII Legislatura, celebrada el 26 de marzo de 2019. pp 23-24.)
   ¿Cuántos otros templos católicos habrán sido levantados en la Nueva España teniendo en cuenta este concepto? Quizá varios, será cosa de poner atención en las próximas visitas que haga a recintos construidos en el siglo XVI. Ahora bien, esto no era un concepto nuevo para los que aquí vivían pues una de las principales ciudades que, gracias al rescate arqueológico tenemos, el concepto era ya conocido:

   “El equipo de exploradores que descubrieron el Gran Acuífero Maya (GAM), la mayor cueva inundada del mundo, busca el acceso al cenote que está debajo de la pirámide de Kukulkán o El Castillo, en la zona arqueológica mexicana de Chichén Itzá. […]"Hay evidencia geofísica; el doctor René Chávez de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) tiene diagramas y tiene fotografías hechas con resonancia electromagnética que nos habla de que hay un enorme cenote ahí debajo", agregó. […] El arqueólogo precisó que los trabajos para dar con el quinto cenote de Chichén Itzá han arrojado importantes descubrimientos sobre la conexión que tienen los otros cuatro, ubicados en cada uno de los puntos cardinales a partir de la pirámide de Kukulkán. (Nota publicada por la Agencia EFE el 12-2-18).

   Pocos meses luego, el 5 de noviembre de 2018, se confirma el hallazgo “científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informaron del hallazgo de un cenote a ocho metros debajo de la pirámide de Kukulkán, en Chichén Itzá. Ahora, su existencia se corrobora con su publicación en la prestigiada revista científica Nature Scientific Reports. (Pagina66)

   Creo es esta la razón por la cual, en varios centros de peregrinaje religioso hay la presencia del agua, además de ese que se menciona asociado con la virgen de Ocotlán, hay otro no lejos de ahí en la comunidad de San Miguel del Milagro en la que el arcángel mostró, debajo de una roca, la existencia de un manantial. Ni que decir del “Pocito” en el cerro del Tepeyac o en Chalma en donde algunos peregrinos, luego de la visita al Santuario del Señor de Chalma se bañan en el río que pasa justo a un costado del templo; también allá en Lourdes, Francia en la gruta de Massabielle en donde hay un manantial. Incluso un amigo de pueblo Nuevo, Gto., comentó que su abuelo solía hacer la peregrinación al Señor del Hospital de Salamanca y luego de la visita al templo se iban a la plaza de San Agustín a bañarse con el agua caliente del pozo artesiano que ahí había… confirmando esa permanencia de la idea del agua con lo místico.
El tema me parece de lo más interesante, te recomiendo veas el documental de la Televisión Española, en su serie Crónicas, El cielo en la tierra
 

viernes, 21 de agosto de 2020

San Juan de Terranova, Canadá.

   Ahora que entramos a la temporada pico de huracanes, navegando por uno de los mapas que provee de interesante información, de pronto veo un punto en la parte más oriental de Canadá, en la isla de Terranova, que me llamó la atención por su nombre: San Juan de Terranova. Ni en inglés con el St. o el francés con el Saint, sino en puro español San Juan, de inmediato entré a buscar información para saber más del lugar y para seguir aumentando mi sorpresa, aprendí que se trata de una de las poblaciones en el continente americano más antiguas. Veamos.

   San Juan de Terranova (en inglés: St. John's; en francés: Saint-Jean de Terre-Neuve) es la capital y mayor ciudad de la provincia canadiense de Terranova y Labrador, situada en el extremo oriental de la península de Avalon, en la isla de Terranova.

   San Juan es el área metropolitana más poblada de la provincia con una población de 106.1721​ y, después de Halifax, es la segunda mayor Área Metropolitana de las provincias del Atlántico, con una población de 181.113. ​Es uno de los asentamientos europeos más antiguos de Norteamérica.

   Con una larga y próspera historia en la industria pesquera, la última mitad del siglo XX ha visto transformarse San Juan en un centro moderno de exportación y servicios. Su proximidad a los yacimientos petrolíferos descubiertos más recientemente, ha tenido como consecuencia un auge económico de tal magnitud que ha estimulado el crecimiento de la población, el desarrollo comercial y a que San Juan represente aproximadamente la mitad de la población de la provincia.

  La ciudad fue fundada por pescadores españoles procedentes del puerto guipuzcoano de Pasajes de San Juan, que llegaron a aquellas tierras a comienzos del siglo XVI en busca de pesca, se instalaron y llamaron al lugar San Juan de Pasajes.

   El primer registro de la ubicación aparece con el nombre de Sãm Johão en un mapa portugués de Pedro Reinel del año 1504. Cuando John Rut visitó San Juan de Terranova en 1527 encontró buques de Normandía, bretones y portugueses en el puerto. El 3 de agosto de 1527, Rut escribió una carta al rey Enrique VIII de Inglaterra contando los resultados de su viaje a América del Norte que se convirtió en la primera carta en ser enviada desde Norteamérica. En 1541 la ciudad aparece en un mapa del mundo de Nicolás Desliens nombrada como St. Jehan. Fue durante este tiempo cuando se estableció por vez primera la calle del Agua, por lo que es de las calles más antiguas de toda América del Norte.

   El 5 de agosto de 1583, Sir Humphrey Gilbert tomó posesión de la región para la reina de Inglaterra Isabel I y la ciudad se convirtió en el asentamiento británico más antiguo de América del Norte.4​ La ciudad no obstante estuvo sin población permanente y Gilbert se perdió en el mar durante su viaje de vuelta, poniendo así fin a planes inmediatos.


   Placa conmemorativa de la fundación por Humphrey Gilbert para el Imperio Británico. Poco a poco en el siglo XVII la población residente fue creciendo lentamente, pero aun así San Juan de Terranova se convirtió con mucha diferencia en el mayor asentamiento de Terranova cuando los oficiales ingleses navales comenzaron a tomar datos de los censos a partir de 1675. Cada verano la población aumentó con la llegada de los pescadores migratorios. En 1680, muchos barcos de pesca (en su mayoría de Devon) llegaron al puerto y construyeron sitios para la pesca de bajura que permitieron que cientos de hombres irlandeses trabajaran en la pesca de bajura en la ciudad en la que terminarían por instalarse.

   El gobierno británico comenzó (por intereses comerciales) a planificar fortificaciones para la ciudad en torno a 1689, y estas fueron construidas tras la reconquista de San Juan de Terranova después de que el almirante francés Pierre Le Moyne d'Iberville capturara y destruyera la ciudad a finales de 1696. Los franceses atacaron San Juan de nuevo en 1705 y 1708, devastando las estructuras civiles. El asentamiento cambió varias veces de dueño entre Francia e Inglaterra, hasta pasar a ser definitivamente británico en 1762, cuando se libró la batalla final de la Guerra de los Siete Años en América del Norte (la guerra franco-india) y la Batalla de Signal Hill, en la que los franceses entregaron San Juan de Terranova a los británicos bajo el mando del Coronel William Amherst.

  En el siglo XVIII se produjeron cambios muy importantes en la ciudad como el crecimiento de la población, el inicio del gobierno local, el establecimiento de iglesias, el refuerzo de los lazos comerciales con otras zonas de Norteamérica y el desarrollo definitivo de la pesca. Gracias a ello la ciudad fue creciendo lentamente, y aunque seguía siendo principalmente una estación de pesca, también fue una guarnición, un centro de gobierno y cada vez más un centro comercial. San Juan sirvió como base naval, tanto en los inicios de la Guerra Revolucionaria Americana como en la Guerra de 1812. (Wikipedia.)


jueves, 16 de enero de 2020

Las primeras capillas levantadas en México

   Así como los festejos del Bicentenario pasaron casi inadvertidos o, en todo caso, fueron opacados por la situación política, económica y social que tuvimos en 2010, igual está sucediendo con este Quinto Centenario que, ante el crítico escenario que vivimos no deja tiempo para conmemoración alguna y, como en este Bable mucho nos hemos ocupado de las ermitas, capillas, templos, parroquias, basílicas y catedrales, justo será recordar lo ocurrido hace ya cinco siglos cuando fue introducida la fe católica y, por consecuencia, se comenzaron a levantar esos recintos que tanto me atraen. Así pues, esta vez hago un recuento de las primeras construcciones de las que hay noticia. 

  "Cortés y sus compañeros llegaron frente a Ulúa el Jueves Santo , 21 de abril de 1519. El día de Pascua hubo misa solemne. Los españoles rezaron arrodillados su rosario frente a una cruz erigida en la arena [...] pocos días después en Cempoala, "se improvisó un altar, como en Ulúa con la cruz y la Virgen Santísima [...] "fue erigida la cruz en Cholula, lo mismo que en Tlaxcala...". En la imagen vemos la capilla que se levantó -tiempo después- en el sitio en donde fueron oficiadas dos misas en Tlaxcala, específicamente en Tizatlán el 23 y 24 de septiembre de 1519.

   "Por su lado el padre Olmedo se opuso a que se construyera en Tenochtilán una iglesia: ni Moctezuma pareció dispuesto a ello. De hecho, de la manera más declarada rehusó cuando Cortés le pidió licencia para levantar una cruz en lo alto del templo y colocar una imagen de María en su santuario, para hacer huir al demonio:el rey llegó a sentirse ofendido. Se contentaron los españoles con instalar una capilla en su propio albergue y erigir afuera una cruz; tuvieron misa diaria, hasta que faltó el vino". (Ricard. La conquista espiritual de México. FCE. 2013, pp. 80-81).

  En Oaxaca, cuando aún se llamaba Segura de la Frontera, hubo el primer oficio católico el 25 de noviembre de 1521, no se construyó en ese momento capilla o ermita alguna, pues la misa fue debajo de un árbol, el primer templo que se levantó fue el de Santa Catalina en 1528.

  El caso de San José de Tlaltenango, actual zona conurbada de Cuernavaca, Morelos, igual disputa el título de ser la primera capilla levantada en tierra firme, es decir, en América, en la fachada del templo vemos una placa que dice "Según títulos del pueblo, 1521-1523".

  Se dice que esta fue el primer templo católico que se levantó en tierra firme. Se construye por órdenes de Hernán Cortés, en las afueras del barrio español en 1523, esta Ermita primeramente llamada de Santiago Apóstol después fue llamada la Ermita del Cristo del Calvario y hoy lleva por nombre la Ermita del Rosario. Puedes ver más aquí.

  Se dice que el templo de San Miguel Arcángel en Medellín, Veracruz, fue el segundo que se construyó en México. Año de 1523. Puedes ver más al respecto en esta nota.

  La Capilla de la Concepción, conocida como La Conchita, en Coyoacán, fue construida en 1525. 

viernes, 20 de septiembre de 2019

Una reflexión en torno al V Centenario de la llegada de Cortés a México

 ¿Conquista? ¿Descubrimiento? ¿Desembarco? ¿Exploración? ¿Encuentro? ¿Fundación? ¿Invención? ¿Irrupción? ¿Invasión? ¿Llegada?

   Creo que lo más prudente en este caso es que cada quien use el calificativo que guste, haga la definición de sus verdades y vivamos y/o discutamos el tema en santa paz. Mi idea del tema es bastante clara: fue un momento en que (como siempre ha sido) las circunstancias del momento se conjugaron para producir un evento. Evento bueno y malo a la vez, favorable y desfavorable, vencedores y vencidos... podría continuar con la diatriba pero sería estéril.

   Lo que me llama la atención es la manera en que se han titulado los diversos eventos que para recordar, conmemorar o puntualizar lo ocurrido, se han utilizado durante este año y de seguro se seguirán usando de aquí al 13 de agosto de 2021 y concluirán el 27 de septiembre de ese año. No condeno, ni critico nada, al contrario estaría sumamente complacido de poder asistir a la cantidad de ponencias y conferencias, coloquios y exposiciones que se vienen organizando.

  Y como el tema de los Descubrimientos y concretamente el de otro Quinto Centenario, el de la primera Circunnavegación, ha producido una buena cantidad de notas y artículos en periódicos y revistas, en uno de ellos, de Marcos González Díaz, publicada en la BBC hoy, 20 de septiembre, en buena medida me aclara la duda que sobre el concepto que párrafos arriba cuestionaba: 
   Una duda habitual en torno a estas realidades que los europeos se encontraron por primera vez en su viaje es si es adecuado denominarlas "descubrimientos". "Esa duda generó mucho pensamiento, ya que las pruebas arqueológicas dan cuenta de que aquí hay presencia del ser humano muchos años atrás", reconoce Mayorga.

   Por ello, el historiador chileno cree que hablar de descubrimiento "es casi como borrar de un plumazo lo que existía antes", por lo que en sus exposiciones evita usar esa palabra o el término "hallazgo". Desde el otro lado del charco, sin embargo, la española Sagarra asegura que si se utiliza el término "descubrimiento" con naturalidad, es porque es el concepto que existe en todos los documentos históricos. "No es porque pensemos que no había ya gente. Pero para alguien que nunca estuvo allí, es un descubrimiento, no supone otro tipo de valoración", afirma.

   "La idea que recoge el descubrimiento es que era algo que nadie podía imaginar que existía, viendo las cosas sobre lo que nosotros sabíamos de esas regiones. Pero la propiedad de miras es de cada uno de los mundos, tú no te haces cargo de lo que puede suponer el otro", explica. De cualquier modo, Mayorga cree que "al final, lo importante es que un grupo de personas de una parte del mundo conoció la existencia de otra y quedaron conectadas".

  Para leer el artículo completo de BBC, entra aquí.

lunes, 10 de junio de 2019

El punto de donde partió Cortés para la Conquista de México-Tenochtitlan

   A fines de julio, tras la partida de la nave de los procuradores Montejo y Portocarrero con el tesoro y las cartas y documentos, sucedió el episodio que ha permanecido en la memoria como la quema de las naves, aunque en realidad las naves de Cortés no fueron quemadas, sino barrenadas, inutilizadas, para evitar que los hombres de Velázquez se pudieran regresar a Cuba. Pero las naves no fueron destruidas sino cuidadosamente desarmadas, de tal modo que todas las partes, de madera, metal y tela, pudieran ser reutilizadas más adelante, como efectivamente sucedió más adelante, en la construcción de los bergantines para atacar por los lagos de la ciudad de México.

   La decisión estaba tomada para avanzar con toda la armada, salvo los que se quedarían en la guarnición y villa de Veracruz Quiahuhuitlan, rumbo a la gran ciudad de Tenochtitlán. En Veracruz Cortés entendió que para conquistar de una vez todo el imperio mexica había que tomar su capital, la gran ciudad de México-Tenochtiltlán.

   A comienzos de Agosto Cortés visitó nuevamente Cepoallan para reafirmar la alianza con los cempoaltecas, que jugarían un papel decisivo en la conquista, como guerreros y como cargadores, tamemes. En Cempoallan se redactó en la tarde del viernes 5 de agosto una escritura de cortés y el cabildo de Veracruz, sobre la defensa de los naturales y la distribución de los rescates, dada “El pueblo de Cempoall que agora es nombrado Sevilla, término e jurisdicción de la Villa Rica de la Vera Cruz del puerto de Archidona desta parte e isla nuevamente descubierta”.

   El referido “pueblo de Cempoall” es un pueblo de españoles, dependiente de la villa de Veracruz, con el que Cortés continuó el poblamiento de la nueva tierra. La escritura establecía que, apartado el quito real, a Cortés le correspondía un quinto en el reparto de los rescates. Partido el navío de los procuradores, ya se enviaría a sus majestades esta escritura, que más bien tuvo un uso práctico para ordenar la delicada y conflictiva cuestión de los rescates que se obtendrían en la inminente conquista de México. La armada de Cortés salió de Cempoallan el 16 de Agosto.

Fuente:

Martínez Baracas, Rodrigo. El Veracruz de Hernán Cortés. Gobierno del Estado de Veracruz, Xalapa, 2015, pp. 188-189

sábado, 8 de junio de 2019

De cuando Veracruz se llamó Santa María de las Nieves

   Siguiendo con el tema de lo ocurrido hace 500 años, cuando los primeros europeos llegaron a lo que luego se llamaría México, (aclaro que será bueno quitarnos de la cabeza que fueron solo españoles los que llegaron junto a Cortés, pues eran de varias nacionalidades, de ello hablaremos en su momento); esta vez asociamos la cosa orográfica con la devoción a santos y a advocaciones marianas, lo que vemos en la imagen es el Citlaltépetl, "cerro de la estrella", el 'otro' que lleva el mismo nombre pues, el que estaba en la ribera del lago de Texcoco, en Iztapalapa, era el sitio donde se desarrollaba la ceremonia del "amarre", algo que ahora entendemos como Año Nuevo, pero, ojo, una cosa era aquella celebración, creo en Marzo, a lo que hoy es el 31 de diciembre. El Citlaltépetl al que me refiero es el Pico de Orizaba, 5,636 msnm, volcán extinto que tiene, además, el nombre de Iztactépetl, "cerro blanco". Este último nombre es el que más se asocia a la idea que Cortés y sus huestes seguramente tuvieron.

  Hemos visto, ahora que recordamos (y analizamos) lo ocurrido hace justo 500 años, que Cortés se estableció en San Juan de Ulúa, o, en todo caso fue su primera escala en la zona, luego se movería un poco más al norte y vendría después aquello de la Antigua, para luego regresar al punto original, si bien no en Ulúa, si frente (o cercano) a ella. Para entender mejor la idea, habrá que recalcar que una cosa es el mundo actual, y otra muy diferente el mundo de entonces, no en ideas, sino en visiones, en observación, en claridad de cielos... en no contaminación. Hace 500 años la claridad que teníamos era la doble, quizá un poco más, de lo que actualmente tenemos pues no había eso que se llama "combustión interna", consecuentemente no había humos, (ni refinerías de Petróleo) ni nada que impidiera la claridad, la transparencia de los cielos. Por lo tanto, desde cualquiera de las Veracruces, el Citlaltépetl, mejor dicho, el Iztctépetl se podía ver. Lo que vemos en la imagen es el monte Esquilno en Roma.

  Lo que tiene de similitud, leve ella, el monte romano y el volcán veracruzano son sus nieves, ya que, en algún momento de aquel junio de hace 500 años, Cortés denominaba a la zona, no como Veracruz, sino somo Santa María de las Nieves. Nombre que no pasó a la historia ya que no sobrevivió más allá de ese mes de hace cinco siglos.

   Antigua advocación mariana que se remonta al siglo IV. Según la tradición, en la época del Papa Liberio (352 - 366), vivía en Roma un matrimonio piadoso y caritativo. Él se llamaba Juan Patricio mientras que el nombre de su esposa se desconoce. Habían sido bendecidos con abundancia de bienes y también de fe. Sin embargo, su gran dolor era no tener hijos con los que pudieran compartir sus dones. Durante años habían rezado por un hijo, finalmente se decidieron nombrar como heredera a la Santísima Virgen y le rezaron con devoción para que los guiara en la asignación de la herencia.

   Nuestra Señora, muy agradecida por el gesto, se le apareció a Juan Patricio y a su esposa la noche del 4 de agosto diciéndoles que deseaba que construyeran una basílica en el Monte Esquilino (una de las siete colinas de Roma), en el lugar donde ella les señalaría con una nevada. También se le apareció al Papa Liberio con el mismo mensaje. Al día siguiente, el 5 de agosto, a pleno día y con un sol brillante, la ciudad quedó sorprendida al ver un terreno nevado en el Monte Esquilino. La nieve cubrió exactamente el espacio que debía ser utilizado para la basílica y desapareció una vez señalado el lugar. Pronto se construyó la Basílica de Santa María la Mayor. (Arciprensa.)

  Así pues, don Fernando, como ocasionalmente se le llamaba a Hernán, por aquello del Hernando, siendo tan apegado a las costumbres religiosas de la época y sabedor de la historia (leyenda) del monte nevado en pleno agosto en Roma, seguramente asoció una cosa con la otra, y surge entonces el nombre de Nieves en las nuevas tierras [para ellos], nombre efímero, valga decir; ya que el Citlaltépetl se veía, y ocasionalmente se ve, desde el puerto de Veracruz, como en la siguiente imagen.

  Esta vez, más que una fuente, te doy una recomendación: El Veracruz de Hernán Cortés. Juan Ortíz Escamilla, Coord. Cultura Veracruz, 2015.

viernes, 7 de junio de 2019

El exordio de Bartolomé de las Casas en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

   Fray Bartolomé de las Casas dejó en sus escritos una serie de descripciones de los lugares que habitó, especialmente las Antillas mayores, en uno de ellos, de título Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en el exordio comenta:

  DESCUBRIÉRONSE las Indias el año de I492: comenzaron á ser pobladas por Cristianos españoles en 1493, de manera que hace cuarenta y nueve años en este de I542 en que escribo.

   La primera tierra en que los nuestros habitaron fue la grande y felicísima Isla Española cuya circunferencia es de seiscientas leguas. Hay al rededor otras islas muy grandes; he visto yo todas, y estas están pobladas por gentes naturales del país, que no pueda haber otra que les exceda en población.

  La Tierra-Firme dista de la Isla Española más de 250 leguas; tiene una costa marítima que por la parte conocida pasa de diez mil leguas; y cada día se descubre más. La descubierta es una colmena de hombres, pues parece que Dios ha ejercido allí su poder para multiplicar la población. Las gentes de todos aquellos vastísimos países son sencillas, sin iniquidad, ni doblez, obedientes y fieles á sus señores naturales y á los cristianos á quienes sirven, pacientes, pacíficas, quietas, no rencillosas, ni alborotadoras, no querellosas, ni rencorosas, sin odio ni deseos de venganza.

  Su complexión es delicada, tierna, flaca, y débil; por lo que no pueden sufrir trabajos grandes. Aun los hijos de labradores son menos robustos que los europeos hijos de príncipes criados con lujo, y regalo; por eso resisten mucho menos en las enfermedades. Son pobres pero contentos con su pobreza sin voluntad de poseer bienes temporales y por lo mismo humildes, exentos de orgullo, ambición, y codicia.
  
  Su comida es muy escasa y mui ordinaria, comparable con la que se nos cuenta de los santos anacoretas del desierto. Su vestido es por lo común una piel que cubre lo que la honestidad manda; y cuando más, una manta de algodón de vara y media, 6 dos varas cuadrilongo. Su cama es una estera, y á lo sumo una red colgada conocida en la Isla Española con el nombre de Hamaca.

   Su entendimiento es vivo, listo, y sin preocupaciones; por lo que los Indios son dóciles para recibir toda doctrina, capaces de comprenderla; dotados de buenas costumbres y aptísimos para recibir nuestra santa fe católica, tanto y más que cualquiera otra nación del mundo. Cuando ya comienzan á conocer algo de nuestra religión, tienen tal ansia de saber que llegan á ser importunos para sus catequistas, en tanto grado que los religiosos necesitan ser bien pacientes para soportar sus instancias. En fin he oído á varios Españoles seglares decir muchas veces:

   La bondad de los Indios es lanía que si llegan á conocer al verdadero Dios no habrá gente más bienaventurada en el mundo. Los Españoles trataron á estas mansísimas ovejas, olvidándose de ser hombres, y ejerciendo la crueldad de Lobos, de Tigres, y de Leones hambrientos.

   De cuarenta años á esta parte no han hecho ni hacen sino perseguirlas, oprimirlas, destrozarlas y aniquilarlas por cuantas maneras conocían ya los hombres y por las nuevas que han inventado ellas. Así hay ahora en la Isla Española solo doscientas personas naturales de allí, habiendo habido en el principio hasta tres millones. 

  La isla de Cuba es tan larga como desde Valladolid hasta Roma, y sin embargo está casi enteramente despoblada. La isla de San-Juan de Puerto-Rico y la de Jamaica son muy grandes, graciosas y felices, pero ahora ya están asoladas. Las islas de los Lucayos comarcanas de la Española y de la de Cuba por el norte son más de sesenta con las que llaman de Gigantes- La menos buena de todas es de tierra mejor, más amena, y más fértil que la Hicerta del rey en Sevilla: su clima es el más sano del mundo: había en ellas más de quinientas mil almas, ahora ni una si quiera. Los Españoles aniquilaron la población; primero matando, después queriendo trasplantar sus habitantes á la Española ya casi despoblada. Habiendo llegado un navío con este objeto, se compadeció un Español, intentó convertir los habitantes á la fe cristiana y sólo halló once personas: yo las vi. Más de otras treinta islas están en comarca de la de San-Juan y ya sin gente por el proprio motivo. Entre todas compondrán más de dos mil leguas de tierra, ya deshabitadas y desiertas.

   La Tierra-Firme contenía más de diez reinos; cada uno mayor que la España entera, incluyendo la corona de Aragón y todo lo de Portugal. Su extensión es como desde Jerusalén á Sevilla pues se alarga más de dos mil leguas. Sin embargo las crueldades de los Españoles han sido tantas y tan nefandas que han aniquilado la población, y dejado desierto el país.

   Podemos asegurar que los Españoles han quitado con su atroz é inhumana conducta más de doce millones de vidas de hombres, mujeres y niños: pero según mi opinión pasan de quince. De dos maneras se han conseguido estos bárbaros efectos: primera dando guerras tan inhumanas como injustas: segunda maltratando después de la conquista á los naturales del país, y matando á los señores, á los caciques, y á los varones jóvenes y robustos; oprimiendo á los demás con la más dura, más áspera y más cruel esclavitud, insoportable aun por bestias.

   La única causa de tan horrible carnicería fue la codicia de los Españoles. Estos se propusieron no tener prácticamente otro Dios que el oro, llenarse de riquezas en pocos días á costa de unas gentes humildes y sencillas, á las cuales trataron infinito peor que á bestias, como yo mismo lo he visto, y aun con mayor vilipendio que al estiércol de las plazas; en prueba de lo cual no cuidaban ni aun de las almas de los Indios pues dieron lugar á que estos infelices muriesen en los tormentos sin ser convertidos á la santa fe cristiana.

  Semejante atrocidad es tanto más notable cuanto los Españoles confiesan que los Indios no han hecho jamás mal alguno á los Cristianos; antes bien los amaban como á venidos del cielo hasta que vieron que multiplicaban los males, los robos, las violencias, las vejaciones, y las muertes de los naturales del país.

 Esto nos dará una idea de lo que fue, años más tarde, la Conquista de México, la cual tuvo alto índice de mortandad, no por las agresiones físicas con los naturales, sino por la introducción de enfermedades desconocidas en este, el llamado Nuevo Mundo.

Fuente:

Colección de obras del venerable Obispo de Chiapas, D. Bartolomé de las Casas. Defensor de la libertad de los americanos. Tomo I. Casa de Rosa, París, 1822. pp. 101-105

jueves, 6 de junio de 2019

Las lenguas de los expedicionarios y conquistadores de México (1517-1519)

   Ahora que estamos viendo la llegada de los europeos a lo que conocemos como México, en el marco del V Centenario, hay un punto al que creo no se le hemos puesto la debida atención, esto es la influencia o interacción que había entre los distintos pueblos que habitaban la región del Caribe, por donde fue el arribo de esos personajes. Sabemos del comercio que los mayas de Yucatán tenían con los diferentes pueblos, sabemos de avistamiento de canoas de mercaderes de pueblos "extraños" que los descubridores (Colón) y conquistadores (Cortés) tuvieron. Sabemos que por la región Tulúm el puerto comercial lo era Polé y por la laguna de Términos era Xicalango. Eso nos confirma las ligas comerciales.

   Por otro lado sabemos que hubo un naufragio, por 1508 o 1509, del que resultaron algunos sobrevivientes, dos de ellos quedan bien registrados en la Historia: Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, el primero le servirá de "lengua" a Cortés, junto con Marina. Por lengua se entendía en la época al traductor. 

"LENGUA. Se toma assimismo por Intérprete, que sirve de declarar una Lengua con otra, interviniendo dos de diferentes Idiomas" (Diccionario de Autoridades, Tomo IV, 1734).

   Pero las "lenguas" no fueron solamente ellos, hubo cuatro más, dos de ellos se llamaban Juliancillo y Melchorejo, eran de origen maya y habían sido llevados a Cuba en la expedición de Hernández de Córdoba de 1517. Otra de las "lenguas" era una india taína de la isla de Jamaica:

  "También sabemos que en 1518, cuando el español Juan de Grijalva exploró la costa oriental de México, se conoció con una india jamaiquina.  Dicha dama había llegado a tierra firme mejicana dos años antes junto con diez de sus compatriotas (Díaz Del Castillo, 1967: 28-29).  Los estudiosos occidentales presumen que ellos fueron varados por el mar; en el fondo, esa actitud refleja más sus prejuicios que los hechos del "descubrimiento" y conquista.  Lo cierto es que las islas caribeñas no estaban totalmente aisladas del territorio mejicano antes de que Cortés "descubriera" México" (Pacarina del Sur, leer el artículo completo aquí).

  La cuarta lengua tenía por nombre Pedro Barba, capturado junto con otros tres en una canoa por Juan de Grijalva. "Los bautizó el capellán Juan Díaz. Entre los mayas capturados el más principal fue llamado Pedro Barba, por su padrino español de ese nombre, hablaba náhuatl y fue asignado a la nave capitana con Grijalva" (Martínez Baracas, Rodrigo. El Veracruz de Hernán Cortés. Gob.Edo.Ver. 2015, p.110) 

  Creo que estos días son ideales para repasar las vilipendiadas páginas de la Historia Nacional sobre los primeros meses de la Conquista y hacernos un panorama más apegado a la realidad, lejos de las fantasías patrioteras que se han encargado de enjuiciar cosas que pasaron si bien en nuestro espacio pero en tiempo lejano en que las costumbres eran otras.