viernes, 28 de septiembre de 2012

Las Haciendas que hubo en lo que hoy es la Ciudad de México

No sé si es más impresionante llegar a la ciudad de México por aire que por tierra, de los dos modos la sorpresa en grande cuando uno, "pobre provinciano", llega a un sito de tal concentración humana. De pronto es notoria la carencia de espacio y las construcciones son cada vez más altas, con mas pisos, con más familias viviendo en un espacio más bien reducido en esos que se llaman multifamiliares. Pero las cosas no fueron así, aunque, hay que considerar que cuando fue vista la Gran Tenochtitlán, por primera vez por ojos europeos, estos compararon su dimensión con las capitales más grandes de aquel continente y ni Londres ni París la superaban.

En 1886 se publica en Nueva York el libro "The Haciendas of Mexico", a list of plantations and principal farms in the Republic of Mexico, together with the name and post office address of the owners. La compilación de esta información la hizo John C. Cochran y la edición fue de Rooth & Thinker. La imagen que ahora vemos corresponde a la página que enlista las Haciendas en el Distrito Federal.

El siguiente dato, que encontré en la revista México Desconocido, me impacta al ver el número que marca de haciendas establecidas en rededor de la ciudad de México hace algunos ayeres: "Según Herbert J. Nickel, en su obra Morfología social de la hacienda mexicana, en el Distrito Federal existían 874 haciendas y 871 ranchos, cifras que con el transcurso del tiempo fueron disminuyendo, teniendo un repunte durante el Porfiriato para luego, con la Revolución, declinar definitivamente". Tremendo número acabamos de ver, contundente, 874!... tan solo hay que considerar que en todo el estado de Guanajuato hubo, a finales del siglo XIX 950, pensar lo que fue la zona rural de la ciudad de México, nos dice que, aun en la ciudad, la vocación agrícola de México era bien clara: la agrícola. Haciendo un rápido ejercicio encuentro los siguientes nombres de haciendas, por cierto, la foto corresponde a la entrada a la hacienda de Clavería.

Ahora vemos la hacienda de Goicoechea, actual restaurante San Angel Inn. Si conoces la ciudad de México, muchos de los nombres que tenían las haciendas los relacionarás con colonias y barrios de la actualidad: Hacienda de Portales, Hacienda de Narvarte, Hacienda del Rosario, Hacienda de Lechería, Hacienda de San Juan de Dios de los Morales, Hacienda de San Antonio de Clavería, Haciendas de San José de Coapa y de San Juan de Dios, Hacienda de Tlalpan, Hacienda de La Patera, Hacienda Casa de la Bola, Hacienda de San José del Altillo, Hacienda de Santa Mónica, Hacienda de León, Hacienda de La Blanca, Hacienda de la Ascensión, Hacienda de Jesús del Monte, Hacienda de La Escalera, &tc. (Por si no lo has visto, antes, hace mucho el etc. que nosotros anotamos para decir etcétera, se escribía así: &tc.).

Y qué habrá pasado con todas las haciendas, seguramente te preguntarás, pues, sucedió casi igual que con todas las haciendas que había en el país, fueron destruidas, pero no abandonadas pues, dada la proximidad a la gran ciudad y el crecimiento de la misma, los terrenos que ocupaban se volvieron fraccionamientos, colonias, cotos residenciales, &c. Este anuncio, como todos los que veremos a continuación los encontré en la selección hemeroteca que El Universal publicó en 1987. Este es de dejarnos sin palabras, terrenos a 2 y a 3 pesos el metro, algo que ahora es nada, pero que entonces pocos podrían adquirir, se trata de la primera "colonia" hacia el sur que apareció en 1922. Esta la conocemos en la actualidad como Colonia de los Doctores. Era el lugar de los patios de maniobras de los sistemas de trolebuses y de tranvías. Quizá hubo por aquí alguna hacienda o era parte o colindaba con la de Narvarte, eso no lo sé.

  La hacienda de Nuestra Señora de la Soledad Portales.






Al encontrar esta auténtica joya del periodismo, me refiero a la tercera sección de El Universal del 1 de enero de 1922, vemos allí un artículo que en buena medida nos da la respuesta a lo que fue el destino de las haciendas que en rededor de la ciudad de México había. El artículo está fechado con el primer día del año, tradicionalmente los periódicos no publican ese día, pero tal vez en ese año aun no se decretaban esos días de "descanso obligatorio", es lo de menos, pues si no fue el día uno lo fue el día 2, lo transcribo íntegro pues lo considero bien interesante:

Urbanización de las Lomas de Chapultepec.
*Dentro de poco tiempo la ciudad contará con una nueva colonia, que se extenderá hacia el poniente del bosque.

(1º de enero de 1922)

     Leyendo al conocido historiador Alamán nos encontramos con el siguiente dato curioso que se refiere a la ciudad de México y a un proyecto, concebido en tiempo de uno de los virreyes españoles, tendientes a cambiar el asiento de la capital. Dice Alamán que durante el gobierno del virrey don Rodrigo Pacheco Osorio, marqués de Cerralvo, ocurrió en México una de las más graves inundaciones de que queda memoria. Estas inundaciones según es bien sabido, acaecían de tarde en tarde en el valle de México, en virtud de su bajo nivel. Los aztecas en sus tradiciones parecen haber conservado especial mención de alguna de ellas.

     En el caso a que nos referimos el marqués de Cerralvo opinando que semejantes inundaciones podrían muy posiblemente repetirse con ciertos intervalos, propuso que se cambie el asiento de la ciudad a las Lomas de Tacubaya. Como estas Lomas se encuentran, naturalmente, bastante levantadas sobre el nivel de la ciudad, ofrecían el mejor lugar para precaverse contra contingencias semejantes. El proyecto se llevó a cabo en virtud de que no era fácilmente factible. El monto de los edificios construidos a la sazón en México, era sumamente respetable y una resolución de tal naturaleza hubiera provocado muy serios trastornos económicos.

     Esta anécdota se nos antoja pertinente ahora que estamos observando la marcada tendencia de la ciudad de México a enderezar su crecimiento precisamente hacia las tierras altas, por el lado del poniente. Hasta hoy las colonias que más rápidamente han crecido son la Roma y la de la Condesa, acercándose a Tacubaya, lo que, de manera general, puede decirse que siguen una dirección paralela. El brillante porvenir de las lomas que lindan con Chapultepec ha sido, sin embargo, visto por una poderosa firma que hace tiempo se dedica a la urbanización de terrenos en diversas secciones de la capital y de los suburbios, The Mexican Inernational Trust Co.

     La referida corporación compró, no hace mucho, los terrenos de la Hacienda de los Morales, situados detrás del bosque de Chapultepec, a un lado del camino a Tacuba, lindando con los terrenos de la Verónica. Urbanizar semejante zona constituye una empresa de porvenir, pero que al mismo tiempo requiere singular energía y fe en el porvenir de la ciudad de México. 

    Desde el punto en que hoy termina, por el lado poniente, el bosque de Chapultepec, hasta la línea que divide la propiedad de la nación de los antiguos terrenos de la Hacienda de los Morales, hay un trecho de un kilómetro poco más o menos, el cual según informaciones que tenemos, va a ser poco a poco cubierto por el bosque, de conformidad con los planes de ensanchamiento que se están llevando a cabo desde hace tiempo.

     En este punto comenzará propiamente la urbanización de la nueva colonia, que sus fundadores han designado con el nombre de Chpultepec Hights, lo que en buen romance podría traducirse por "Lomas de Chapultepec" o "Alturas de Chapultepec". La compañía está emprendiendo en la actualidad activos trabajos de nivelación, así como abriendo calles sin tregua. Los trabajos relativos están siendo dirigidos por el conocido ingeniero arquitecto José Luis Cuevas.

     Las Lomas en cuestión significan una elevación de consideración sobre el nivel del Zócalo de la ciudad. Sobre el lugar que ocupa la línea divisoria del bosque y la futura colonia, el nivel del terreno es de 15 metros más alto que la Plaza de Armas. Las lomas tienden constantemente a subir con ligero declive, hasta llegar a un punto que se encuentra a 150 metros sobre el nivel de la parte central de la ciudad de México. Desde susodicho punto se domina completamente la ciudad, que aparece tendida sobre el valle, a los pies del observador, sobre el fondo magnífico de los volcanes.

     Los trabajos de urbanización se están llevando a cabo con gran rapidez y, según informes que hemos podido recoger, la colonia estará definitivamente trazada y se dará principio a la construcción de quintas, dentro de breves días". (1)

La ciudad seguirá creciendo y las Haciendas asentadas en el valle desapareciendo. Dentro de lo que fueran también terrenos de la Hacienda de San Juan de Dios de los Morales, que por cierto el nombre se deriva de las mora y no del apellido, se asentará también otra colonia, la de Polanco. El anuncio corresponde al año de 1938.

La colonia Roma, así como la Condesa se desarrollaron en los años 10 y 20 del siglo XX, la segunda, La Condesa, dentro de los terrenos que antiguamente pertenecieron a la Hacienda de Santa María del Arenal. En el anuncio, también de los años treinta, vemos la promoción a una nueva colonia de la ciudad de México, la Insurgentes-Hipódromo.


En los años cuarenta se buscará no sólo el crecimiento habitacional o residencial, sino también el industrial y para 1944 se anuncia "una obra de colosales dimensiones y de inmediato porvenir", la primera ciudad industrial del país: Xalostoc. El norte de la ciudad se enfocaría hacia la creciente industria que, estando el mundo en guerra, en México florecía, y el crecimiento de la ciudad, ante la inmigración, también.

Pero todo crecimiento urbano y poblacional, además del industrial que ya se estaba dando, implicaba el inicio de una "vida estresante", razón por la cual la gente que tenía el poder económico pensaba ya en un lugar cercano a la ciudad en donde poder reposar los fines de semana, fue entonces que apareció un nuevo fraccionamiento el del Lago de Tequesquitengo, en buena medida, el primer desarrollo turístico-residencial de México; en el estado de Morelos y a tan solo 111 kilómetros de distancia de la capital. Por cierto, también se levantó sobre una hacienda, la de San José Vista Hermosa. El anuncio del fraccionamiento es de 1948.

Y también, para entonces, 1948, ya se habla del sur, en este anuncio se menciona que "Hacia el Sur. Con la Avenida de los Insurgente como eje, la Ciudad de México crece hacia el sur, formándose nuevas zonas industriales, comerciales y residenciales que arrastran un importante sector de población". 

Habían pasado ya unos 25 años y aquello que costaba 2 pesos el metro cuadrado, en la Colonia Hidalgo, ahora eran de 18 a 22 los pesos que se pagaban por cada metro pero en los Jardines del Pedregal de San Angel, esto significaba unos 3 o 3.80 dólares por metro.... esto considerando a 6 pesos la paridad con el dólar.
Ante el éxito de los fraccionamientos en el sur, pronto se abriría la segunda sección. Eran los años cincuenta.

Y aparecerían los constructores de casas, vendidas a plazos, la ciudad se había ya salido de los límites del Distrito Federal y se unía al Estado de México

Apareció entonces, 1957, un nuevo concepto, no un fraccionamiento, no una colonia. "¿Ya conoce usted Ciudad Satélite? Ciudad Satélite no es un fraccionamiento, es la más avanzada planeación y realización urbanística de nuestra época. Una Ciudad con vida propia que es grata sorpresa para propios y extraños. Ciudad Satélite es una obra digna del presente y del futuro. Visite Ciudad Satélite... ¡Lleve a su familia! y comprobará que es lo único digno de usted. Se llega fácilmente y esta a sólo unos minutos del caballito".



  La Hacienda de La Teja, en lo que hoy son las colonias Roma y Cuahutémoc.

 Pero vámonos aun más lejos en el tiempo, al año de 1903, cuando la Secretaría de Fomento contrata al publirrelacionista norteamericano John Reginald Southworth para escribir los distintos Estados de la República Mexicana con el fin de promover entre los inversionistas extranjeros las riquezas por explotar en México.

 En el volumen dedicado a la Ciudad de México, publicado en 1903, aparecen estos anuncios y fotografías promocionando la que fuera la Hacienda de la Condesa marcando una dimensión enorme: Paseo de la Reforma hacia el lado norte, la calzada de Chapultepec al sur; la calzada de Tacubaya al poniente, así como la calzada de La Piedad. Las siguientes fotografías nos dejan ver los que fueron terrenos de la Hacienda de la Condesa, en la ciudad de México. (2)

















Fuente:

1.- Hemeroteca El Universal. Editorial Cumbre. México, 1987. 

2.- J.R. Southworth. México Ilustrado. Londres, 1903

jueves, 27 de septiembre de 2012

Hoy nos acordamos de Jaime Nunó, en el 191 aniversario de la Consumación de la Independencia.

Y, ¿Por qué nos acordamos precisamente hoy de don Jaume Nunó? Si esa es la pregunta que te haces al leer esto que hoy escribo, la respuesta es sencilla: por que hoy es 27 de septiembre y hoy conmemoramos 191 años de haber sido consumada la Independencia Nacional, evento que para la gran mayoría de los mexicanos pasa desapersibido y si lo comparamos con lo que sucede el 15 de septiembre, en cuanto a fiesta, el 27 se vuelve nada. El personaje que vemos en la fotografía es él precisamente, el artista catalán que le pusiera la música a nuestro Himno Nacional, ese que nos trae tantos recuerdos de la niñez y que ahora (no acabo de entender la razón) es usado en contiendas deportivas. La historia de él y más bien, la del Himno Nacional resulta ser, como tantas que forman la Historia de México, una especie de cuento, que en realidad sucedió.

Eran los tiempos en que la isla de Cuba se mantenía como el último reducto de las posesiones españolas en el Nuevo Mundo, allí fue mandado Nunó para dirigir y, sobre todo, actualizar a la Banda de los Dragones de la Reina y sucedió que Antonio López de Santa Anna, en uno de sus exilios, se encontraba precisamente en Cuba, lugar en donde conoció a don Jaume (Jaime en catalán), al poco, instalado ya Santa Anna, una vez más, en la silla presidencial, le pide a Nunó venga a México para hacerse cargo de las bandas militares que acá había y algo más hacía falta en México, un Himno patrio que identificara a la nación que llevaba ya poco más de un cuarto de siglo de haberse independizado de España. Lo que vemos es uno de los magníficos dibujos de Pedro Gualdi en donde retrata al Teatro Nacional que entonces se llamaba Gran Teatro de Santa Anna.

Y fue justo allí en donde se estrenó el Himno Nacional Mexicano un 15 de septiembre de 1854. Ojo, lee esto con atención, un 15 de septiembre, esto tira la teoría de que fue don Porfirio el que cambió la fecha del festejo del 16 al 15. Es de notar también un detalle que lo qué menos tiene es de nacionalista en algo que debería tener tanto nacionalismo. El Himno fue interpretado, por primera vez, bajo la batuta, dicen unos, del italiano Giovanni Bottesini; otros dicen que por el catalán Jaume Nunó. Y la interpretación estuvo a cargo del tenor italiano Lorenzo Salvi, la soprano, también italiana, Balbina Steffenone, aunque hay quien dice que la soprano fue otra italiana, Claudia Florenti. Pero, hay otras referencias que dicen que ese estreno fue el 16 de septiembre, entonces la cosa del cumple de don Porfirio se vuelve a restablecer. (Lo que vemos en la imagen, es la carátula del Himno cuando se oficializó por Ávila Camacho, en los 40s).

Si te sientes ligeramente ofendido por lo del poco nacionalismo visto en la ejecución primera del Himno, espera a ver lo que sucedió con su antecedente, esto es Wikipedia dixit: "El 28 de julio de 1821, José Torrescano presentó una primera composición del Himno Nacional inspirado en el Plan de Iguala, sin embargo, quedó en intento por no ser del agrado de los mexicanos ni de las autoridades. Unos años más tarde, en 1849, la Academia de San Juan de Letrán lanzó una convocatoria, con el objeto de adquirir una letra adecuada para un himno que representara a los mexicanos, sobre todo al exterior. En dicha convocatoria, se recibieron treinta composiciones, de las cuales se eligieron dos: la del compositor estadounidense Andrew Davis Bradburn, y la del poeta mexicano Félix María Escalante, la cual fue musicalizada por el austriaco Henry Her; sin embargo, este himno no fue del gusto del pueblo. Tiempo después, en 1850, un poeta cubano, Juan Miguel Lozada y el compositor Nicolás-Charles Bochsa, crearon un nuevo himno nacional, sin embargo este no trascendió. Desde entonces, se realizaron otros intentos para lograr que México tuviera un himno nacional como la propuesta del compositor italiano Antonio Barilli, la del checo Max Maretzek, y la de otro italiano Ignacio Pellegrini. Dichas propuestas fueron todas presentadas, pero sin mayor relevancia. (La fotografía de época aparece, al fondo, el Teatro Nacional).

México tenía ya un Himno pero tenía tantos problemas internos que eso pasó desapersibido, el Himno cayó en el olvido, más aun porque en la versión original, de diez estrofas, dos de ellas eran dedicadas a personajes indeseables de la Historia reciente -entonces- de México: Agustín de Iturbide y Antonio López de Santa Anna. El tiempo pasó, nadie se volvió a acordar del tema, no sé, (esto será interesante de investigar) si Maximiliano tuvo el interés de rescatar al Himno; seguirían tiempos convulsos y para finales del siglo XIX Chiquita ya se había establecido en Nueva York, había dejado la isla de Cuba y, para 1901 se volvió la atracción más grande de la Exposición Panamericana de Buffalo, Nueva York.

De seguro te pregunta que qué diablos hace Chiquita metida en mitad de la que pretendo contar como Historia del Himno Nacional Mexicano, pues bien, algo ocurrió en el Pabellón Mexicano de la Expo de Buffalo que ayudó a que recuperáramos al Himno Nacional. De paso te cuento de una novela extraordinaria escrita a partir del personaje de Chiquita es una lectura altamente recomendable. (Antonio Orlando Rodríguez. "Chiquita". Alfaguara, 2008)

Para 1855 Santa Anna deja el poder, no por su voluntad, sino a la fuerza, debido al plan de Ayutla, el país se olvida de él, de su Himno y de todo lo que le relacionaba. Era ya el Porfiriato, México se mostraba con su mejor cara (lo sigue haciendo hasta la fecha, me consta) en las Exposiciones Mundiales y más aun en las Universales. Para 1901 se organiza la Exposición Pan Americana en la población de Buffalo, estado de Nueva York de la Unión Americana. Por casualidades de la vida, cuando Santa Anna deja el poder, don Jaime Nunó, a sabiendas de lo que podría ser su vida en un México inestable, decidió irse a vivir a los Estados Unidos. ¿Su lugar de residencia? Buffalo, Nueva York. Se dedicaba a lo suyo, la música, a dirigir orquestas, no dudo que haya dirigido alguna mientras Chiquita hacia de las suyas en el escenario.

Y resultó que, un periodista mexicano que fue a Buffalo a conocer la Expo Pan Americana para incluirla en su diario, un buen día se topó en el pabellón mexicano con don Jaime Nunó, ya entrado en años, canoso, pero era él, seguía siendo él, quién le puso música al Himno Nacional, dio la nota en México y don Porfirio Díaz reaccionó ante tal evento, para 1904 Jaime Nunó llegó a México para ser homenajeado y, sobre todo, para sacar del arcón de los olvidos al Himno Nacional. Justo cuando se celebraban los 50 años de haber sido estrenado.

Y fue así como, el lente estupendo y siempre presente en todos aquellos que paladeamos la Historia de México, el del Señor Casasola, inmortaliza el momento, justo cuando don Jaume Nunó interpretaba, luego de 50 años de olvido, el Himno Nacional Mexicano, en sus largas y completas 10 estrofas....

Para la época del movimiento Nacionalista, acentuado aun más con los sucesos en torno a la II Guerra Mundial, el presidente Ávila Camacho ve la necesidad de tener un Himno Nacional (lo estás leyendo bien) y fue en 1943 que lo hace oficial,  luego de 89 años y sería en 1954, bajo la presidencia de Miguel Alemán que se celebraría el Centenario del Himno Nacional Mexicano.

Ese día, 15 de septiembre de 1954, a las 10 horas, en la Plaza de la Constitución, mejor conocida como El Zócalo, se dieron cita 14 bandas dirigidas por el maestro Julián Carillo y cientos de estudiantes que interpretaron el Himno Nacional Mexicano a 100 años de haber sido estrenado. Pero las cosas no terminan allí, el Himno había sido ya recortado, de 10 a 8 estrofas, más el coro. Llegarían los tiempos de la "renovación moral de la sociedad", -término que nadie entendió, mucho menos el concepto- y Miguel de la Madrid, de un plumazo, es decir, luego de una firma, con pluma fuente, claro está, oficializaría el Himno con tan solo 4 estrofas.

¿Festejaremos alguna vez la Consumación de la Independencia?... la pregunta queda y hoy cumplimos 191 años del acontecimiento... Ni hablar, que Viva México!

miércoles, 26 de septiembre de 2012

El árbol más sorprendente de Baja California Sur, su majestad, el Zalate.

Varios son los árboles monumentales que hay en México. Los ahuehuetes que abundan en el Bosque de Chapultepec podrían ser los que encabezan la lista. El más emblemático de ellos, ya muerto y que está en el mismo bosque se llama El Soldado, uno más, de esta familia no se encuentra en Chapultepec, sino en el rumbo de Tacuba, que es el "árbol de la noche triste". Hay, o hubo, en muchas partes de la cuenca del Lerma y sus afluentes, los enormes Sabinos. Ni que decir del árbol del Tule en Oaxaca o de las impresionantes Ceibas de las selvas del Yucatán. Será bueno, es bueno, incluir uno más, uno magnífico, elocuente, grandioso, impactante, ese se encuentra en la Baja California Sur, se llama Zalate. Su nombre científico: Ficus Palmieri.

Estos árboles, por extraño que parezca, tienen la particularidad de no crecer directamente sobre la tierra, sino que lo hacen sobre rocas, rocas que en su mayoría son gigantescas y que siendo estos árboles longevos, al paso del tiempo sus raíces llegan a romper las piedras en dos, tres o más partes al ir creciendo sus raíces dentro de la propia roca, algo que se antoja increíble.

Dicen que estos árboles son los segundos más grandes que se ubican en la península de Baja California, y que los denominados Güeribos son los mayores, solo que, esos güeribos, creo nunca los he visto. Los que por esta región, al sur de la península, se conocen como Zalates, también llevan el nombre de Higo Salvaje, este nombre es debido a que forman una gran familia, todos relacionados con el árbol que produce el higo, ese fruto originario del Medio Oriente.

 ¿Por qué crecen sobre las rocas? eso no lo sé, supongo que es allí en donde localizan los nutrientes que requieren para crecer, digamos que este es uno de los tantos caprichos de la naturaleza. Crecen en las cañadas que los arroyos de la Sierra.






El género Ficus contiene alrededor de 800 especies de árboles, arbustos y trepadoras de la familia Moraceae, tribu mono genérica Ficeae, oriundas de la Zona Intertropical, con algunas de ellas distribuidas por las regiones templadas. La mayoría son perennes, excepto las que vegetan en latitudes no tropicales y zonas con una larga estación seca. Una de las características de las especies de este género es la secreción lechosa llamada látex que segregan al cortar o herir cualquier parte de la planta. Pero el más característico es el tipo muy particular de inflorescencia que se parece más a un fruto que a unas flores habituales. (Wikipedia)

Aquí, abusando de la gentileza de mi buen amigo Alfredo, que accedió posar para que tú que lees El Bable y no has estado en la Baja California Sur y los árboles denominados Zalates te son totalmente desconocidos, con esta toma tendrás la comparación a la escala humana.


 Aquí vemos el árbol completo... unos 20 o 25 metros de altura, quizá más...


Estos falsos frutos son una estructura especialmente adaptada que se denomina sicono. Son de forma bulbosa con una pequeña abertura, el ostíolo, en el apex y una zona hueca en el interior recubierta por pequeñas flores. Estas últimas son polinizadas por pequeñas avispas que penetran por la abertura para fertilizarlas, dando frutos diminutos con un núcleo duro (aquenios), vulgarmente llamados pepitas, rodeados de un mesocarpio carnoso; el conjunto es el «higo». (Wikipedia)




Este detalle de los Zalates, que son una especies de barbas que crecen en mitad del tronco y que seguramente brotan de allí para absorber la humedad del medio ambiente, me recuerdan mucho unos árboles que hay en Cancún, uno de ellos, lo tengo muy presente, por el rumbo de la SM 25, calle Marañón, al centro de la Super Manzana, donde hay una escuela, creo era un tule o una de sus variedades. Pero aquí, en Baja California Sur, hay otro detalle impresionante en estas "barbas"...


 Sorprendente... ¿no lo crees?, ahora mira esto:

Es una toma más de cerca al tronco, su color es de un tono amarillo, bastante particular. Toma en cuenta que con éste llevamos ya vistos unos siete Zalates distintos, no son fotos del mismo.


Y aquí, a través de esta hendidura que seguramente tendrá unos 200 o 300 años, alcanzamos a ver como la raíz del Zalate ha ido taladrando la roca.

Yo sé que cuando vengas a pasar tus vacaciones a Los Cabos, te la pasarás una buena parte del tiempo disfrutando de los servicios que los hoteles ofrecen, en sus albercas o en sus playas, irás, tal vez al Médano en donde el "party" está a todo lo que da. Irás también en uno de los cruceros al atardecer a ver el arco y cuando te bajes ni te acordarás de nada, pues también hay "party". Irás en las noches a los antros de Cabo San Lucas, en fin, te la pasarás bien. Solo que, te estarás perdiendo, entre otras cosas, de las infinitas maravillas que la Sierra de la Laguna ofrece.