lunes, 21 de agosto de 2017

1901: Un baile en el Jockey Club de la Ciudad de México

   El Jockey Club era, al finalizar el siglo XIX y durante la primera década del siglo XX, el lugar de reunión de la alta sociedad de la Ciudad de México, seguramente tú has estado en sus instalaciones, se trata de lo que hoy conocemos como Casa de los Azulejos, sede del Samborn’s. Quizá has comido unas enchiladas suizas en el salón principal, mismo que fue el lugar en el que hubo estupendos bailes, como este que, por suerte, fue descrito cabalmente en una crónica no de página social del Mundo Ilustrado, sino dentro de la memoria del Segundo Congreso PanAmericano realizado en noviembre de 1901.

   “El Jockey Club es el centro en donde se reúne la sociedad selecta de la ciudad de México, el más aristocrático de los clubs y de los casinos. Un verdadero palacio es el edificio en que se halla establecido; levántase éste en la mejor avenida de la Metrópoli; su Mesa Directiva la forman personas caracterizadas, encumbrados personajes en la política y en la banca. Cuando el Jockey Club anuncia una fiesta en sus elegantes salones, la noticia es recibida como el acontecimiento que deja gratísimos é imperecederos recuerdos, y en las familias de la crema social, produce el mayor entusiasmo.

  Con motivo de la estancia de los Señores Delegados á la Segunda Conferencia Pan-Americana, los caballeros que forman el Jockey Club, deseosos de agasajarlos, organizaron un baile en honor de aquéllos y de sus familias, para el cual hicieron grandes preparativos, poniendo en juego los cuantiosos elementos de que disponen. La fiesta se ofrecía lucida, pero resultó brillante en extremo, digna de la magnificencia de los que la organizaron, y digna también de las conspicuas personas á quienes fue ofrecida.

  Las invitaciones, grabadas en finas esquelas, llevaban el emblema del Club, siendo suscritas por el señor General D. Francisco Z. Mena y por el señor D. Genaro Raigosa, Presidente y Secretario, respectivamente; y aunque muy limitadas, fueron distribuidas con tal esmero y acierto, que una concurrencia escogidísima se vio reunida la noche del gran baile, efectuado el 30 de Noviembre de 1901.

  El edificio que ocupa el Jockey Club es conocido generalmente con el nombre de El Palacio de Azulejos; presentaba un aspecto semejante al de los palacios encantados de que nos hablan Las Mil y una Noches. El patio estaba cubierto por una vela, y en el pavimento se colocó una rica alfombra. En el centro se veía un parterre de musgo y heno, con multitud de flores delicadas y numerosos focos incandescentes de colores. La base de todos los pilares fue cubierta por paniers de flores, y alrededor de las columnas corrían guirnaldas de flores también, que ocultaban entre sus tallos foquitos incandescentes. Los capiteles igualmente se hallaban cubiertos con flores artísticamente combinadas y mezcladas con focos de luz. La fuente que está á la izquierda del patio y que es una joya de arquitectura, lucía muy bonito adorno de flores y focos de luz. En la balaustrada, al Norte del patio, se colocó un escudo formado con las banderas de todos los países de América, entrelazadas con listones de seda de los colores nacionales de México.

  El pasadizo que conduce al segundo patio, tenía á uno y otro lado numerosas plantas tropicales, entre cuyas hojas lucían focos eléctricos de pequeño tamaño: al fondo destacábase una estatua de bronce, representando á la América sosteniendo un haz de doscientos focos incandescentes. De uno á otro ángulo del patio corrían en sentido diagonal, dos hilos de focos á la altura de la vela, y otros muchísimos se habían instalado en la cornisa y en otras líneas de la arquitectura, con lo que la claridad era semejante á la del día. A un lado de la escalera principal se formó una gruta de plantas tropicales, y entre las hojas se veían también focos de colores. La balaustrada de la escalera estaba toda cubierta de flores delicadas y en los descansos se colocaron estatuas de bronce, que sostenían candelabros cargados de focos. El adorno tenía la particularidad de estar amoldado al orden arquitectónico del hermoso vestíbulo, haciendo resaltar su belleza. Concluida tan ligera descripción del principal ornato, vamos á ocuparnos de la distribución de los departamentos.

   En el entresuelo se dispuso el guarda-ropa para caballeros, servido por lacayos, é inmediato al primer descanso de la escalera principal. El guarda-ropa para las señoras se colocó contiguo al salón principal de baile, y contenía amplios armarios para los abrigos, que se sujetaban con una cinta de seda y el número de orden. Para el arreglo de toilettes y tocados se destinó una encantadora pieza inmediata al guarda-ropa de señoras, ocultándose la entrada con magníficas lunas de Venecia, colocadas en forma de biombo y con marco de flores pintadas en vistosos conjuntos. El interior del camarín era una delicia por sus muebles y por sus tapices; el vestidor, provisto de las esencias más delicadas y de cuanto es imaginable para reparar el tocado de una dama, lucía clarísima luna apaisada y era de un gusto refinado. En los muros del salón-tocador se veían espejos de gran tamaño. En uno de los ángulos se colocó el palco de la orquesta, detenido de la techumbre por cuatro varillas figurando graciosas columnas, que soportaban deslumbrantes luces; la balaustrada blanca, con adornos oro  embellecida por preciosos tallados y adornada con gasas crema y ramos de rosas sujetos por anchos listones, se veía iluminada en sus contornos, por centenares de luces: el centro tenía las cifras del Club, formadas por diminutos focos incandescentes. A continuación de la sala de baile, estaban los salones de desahogo y el de fumar, ajuarados apropiadamente. Seguían los comedores, adornados con plantas exquisitas, cuyos artesones se constelaron por incontables luces.

  En las mesas había suculentos manjares servidos en vajilla de plata, valiosos centros y candelabros también de plata, que sostenían blancas espermas veladas con pantallas; ramilletes de fragantes violetas esparcían sus delicados perfumes. El adorno y distribución del local, mereció elogios para los comisionados, Señor Ingeniero Don Luis de la Barra y Señor Don Francisco de Lauda y Escandón, quienes hicieron, tanto en el conjunto como en los menores detalles, derroche de buen gusto y de inspiración. Una de las mejores músicas del ejército, se colocó en el vestíbulo para que alternara con la orquesta. La servidumbre del palacio vestía de gran librea y ocupaba sus puestos.

  En las afueras del edificio se organizó un servicio especial de policía, para dar colocación á los carruajes y entregar la papeleta que indicaba el número que les correspondía y el sitio de colocación. La multitud se agolpaba en las inmediaciones del Jockey Club, deseosa de ver, aunque momentáneamente, los invitados y las soberbias toilettes de las damas. Poco antes de las diez comenzaron á llegar los primeros carruajes, y media hora después, los salones se hallaban, en toda su grandeza, ocupados por los invitados. El golpe de vista que presentaba la fiesta a media noche, era indescriptible, maravilloso. No pretendemos describir el fausto, la riqueza, el lujo, la suntuosidad y la magnificencia de aquellos salones; diremos sólo, que en ellos se veían acumulados todos los componentes de una fiesta excepcional, y que los organizadores de ésta, deben estar satisfechos. El Señor Presidente de la República, los Secretarios de Estado, los Señores Delegados á la Segunda Conferencia Internacional, el Cuerpo Diplomático, prominentes personas en la banca y en las letras, y los caballeros más distinguidos de las colonias extranjeras, con sus familias, formaban la selecta concurrencia. Las piezas de baile se sucedían unas á otras acrecentando más y más la alegría de los jóvenes, de los que viven en la plenitud de las ilusiones y se transportan á los mundos de lo ideal, con las melódicas notas de la orquesta y los cadenciosos balanceos del wals.

  Las etiquetas de las damas se llenaban como por encanto, y el implacable tiempo, desplegando sus grandes alas, volaba más que en otras horas de alegría. Pronto pasó la media noche; fueron al comedor, el Señor General Díaz y sus Ministros, los Delegados, los miembros del Cuerpo Diplomático, las personas que forman la Mesa Directiva del Club, las familias de los enumerados y los demás concurrentes. En la imposibilidad de describir con todos sus detalles, los ricos y suntuosos trajes de las aristocráticas damas, nos limitamos á dedicar á cada uno dos ó tres líneas.

  La distinguidísima y virtuosa señora Doña Carmen Romero Rubio de Díaz, estaba deslumbrante, vestida de gasa plateada sobre falda de seda blanca; valioso collar y ahogador de hermosas perlas, roja camelia en el pecho y soberbia diadema de límpidos diamantes, completaban su gran toilette.

  La muy estimable señora Doña Laura S. de Mariscal, esposa del Ministro de Relaciones Exteriores, lucía una de las admirables creaciones de Madame Van Rooten. El cuerpo del vestido era de seda blanca, cubierto con encaje crema de antiguo chantilly bordado; el corpiño estaba guarnecido con grandes cabochons. Llevaba valiosas joyas, distinguiéndose por la elección acertada de su traje.

  La aristocrática señora de Clayton, vestía faya negra moteada de blanco sobre seda negra, y adornada su elegante tenue con admirables piedras preciosas.

  La muy apreciable señora Doña Luz Acosta de González Cosío, esposa del Ministro del Interior, llevaba una real creación de Madame Lafage. Era de seda perla cubierta por encaje negro de Chantilly; se engalanaba con joyas del mejor gusto.

  La muy distinguida señora Doña María Cañas de Limantour, esposa del Ministro de Hacienda, ataviada con una exquisita creación de París, de chiffon plateado sobre seda color de rosa; era modelo de elegancia, luciendo perlas y diamantes de hermosas aguas.

  La distinguida esposa del Ministro inglés, Mr. George Greville, se vestía con primoroso traje estilo Imperio, de gasa oro sobre rosa pálido; plumas blancas y brillantes en el tocado.

  Madame Blondel, esposa del Señor Ministro francés, llevaba un admirable vestido duquesa, de raso crema, adornado con encaje del mismo color.

La señora Luz González Cosío de López, se presentó con elegante confección estilo Imperio, de seda China blanca.

  La señora de Don Juan Dublán, admiraba por la grande tenué de Madame Van Rooten. Un traje Imperio de tela de raso crema cubierto con muselina de seda blanca, pintada á mano según el estilo arte nuevo, con inserción de Chantilly oro; diamantes, rubíes y zafiros.

  La hermosa y distinguida señora Doña Catalina Altamirano de Casasús, llevaba con donaire, soberbia toilette formada por rico encaje negro de Chantilly sobre piel de seda color de rosa; collar de gruesos brillantes en el cuello, y rica diadema en el tocado.

  La señora de José Castellot, hermosa toilette de tela realzada amarilla, corpiño bordado con adornos de tul lentejueleado de oro.

  La señora Miranda de Fernández, estaba encantadora con un vestido de raso blanco, cubierto con vaporosa gasa de seda del mismo color, y adornos de encaje lentejueleado de plata.

  La señora Luisa Raigosa de Díaz, se ataviaba con una distinguidísima toilette de seda de China azul pálido, adornado con encaje lentejueleado de plata, corpiño guarnecido con rosas; soberbios diamantes.

  Mrs. William Heimke, vestido de raso cubierto con tul negro, adornos de terciopelo negro bordado y aplicaciones de encaje blanco.

  La señora Scherer de Scherer, confección estilo Imperio, de seda color de rosa cubierto con tul moteado de blanco.

  La esposa de Don Pablo Martínez del Río, traje estilo Imperio de raso amarillo, cubierto con encaje de Bruselas, crema.

   Mrs. W. W. Graham, toilette de seda color de rosa subido, cubierto con muselina de seda amarilla, lentejueleada de oro y adornado con quillas de encaje de Bruselas, crema.

  Mrs. Maxwell Alexander Kilvert, correctísimo traje de piel de seda negra y guarnecido de encaje.

  Mrs. J. B. Body, vestido de raso blanco con guarnición de rosas.

  La señora de Don Roberto Núñez, soberbiamente vestida de raso blanco bordado de rosas, abierto en el frente; aigrette blanca con broche de diamantes; adornos de las mismas preciosas piedras.

  La señora de Sánchez Mármol, admirable vestido de brocado color de perla, adornado con raso color de rosa subido.

  La señora de Santiago Méndez, lujosamente ataviada de raso con adornos de encajes crema: joyas de brillantes.

  La señora de Don José F. Godoy, gran falda de seda color de rosa adornada con bordados de seda crema.

  La señora de Don Guillermo de Landa y Escandón, vestido duquesa de raso blanco recamado con rosas; aplicaciones ondulantes de chiflón negro lentejueleado de oro; collar y broche de perlas y diamantes, diadema de brillantes en el cabello.

  La señora de Duarte Pereira, esposa del Señor Ministro del Brasil, encantadora toilette de raso acerado con aplicaciones de encaje blanco.

  La señora de Don Manuel Escandón, elegantísima tenue de muselina color de rosa pintada á mano con fondo de seda rosa; soberbios diamantes y esmeraldas en el corpiño.

  La señora de Don Tomás Braniff, primoroso traje de seda de China blanca, adornado con encaje de Bruselas; rico collar de brillantes, aicrette blanca con diadema de perlas y grandes brillantes.

  La señora Sofía Romero Rubio de Elízaga, encantadora toilette de raso azul, adornado con encajes.

   La señora de Emilio Bello Codecido, traje de seda bordado con terciopelo iris arte nuevo; valiosas joyas

  Mrs. W. I. Buchanan, encantador y elegantísimo traje de encaje blanco sobre seda del mismo color.

  La señora de Don Francisco de Landa y Escandón, elegante vestido de faya bordada; rosas al lado izquierdo del corpiño.

La señora de Don José Porrúa, vestido de raso color de paja y Chiffon; hermosos brillantes y perlas.

  La señora de Don Dámaso Mazzenet, falda bordada negra sobre raso blanco con guarnición de terciopelo negro, abrochado con turquesas.

  La encantadora señora de M. M. Galavíz, toilette de seda rosa; collar de perlas y diamantes.

La señora del Dr. Don José Ramos, elegante confección de seda color de rosa, adornada de verde.

  Doña Elena Mariscal de Limantour, gran traje estilo Ana de Austria, de piel de seda blanca y amarilla; collar y broche de soberbios diamantes.

  La señora de Don Eduardo Rincón Gallardo, falda de brocado perla, corpiño adornado con paillettes azules; costoso collar de perlas y brillantes, media luna y estrella de hermosas piedras en el cabello.

   La señora Cristina Cortina de Alvarez Rul, faya negra bordada sobre seda blanca; adornos de brillantes.

La señora de Don Marcial Martínez, faya negra sobre seda blanca; collar de perlas.

La señora de Don José Ignacio Icaza, raso blanco con aplicaciones de terciopelo heliotropo.


La señora Concepción Miramón de Fortuño, encaje negro sobre raso color de rosa; bolero de terciopelo del mismo color; adornos de brillantes.

  La señora Rosenda de Alvarez, muselina blanca sobre seda blanca.

  Mrs. J. H. Hampson, soberbiamente vestida con brocado azul turquesa.

  Mrs. Charles M. Pepper falda de seda color violeta, con adornos de punto; violetas naturales en el corpiño y en el peinado; brillantes y perlas.

  La señora González de Algara, faya negra sobre seda del mismo color; guarnición de terciopelo amarillo canario y perlas.

  Mrs. John Cassel Wiliams, foulard púrpura y blanco, con adornos de terciopelo negro.

  Mrs. A. Grimwood, encaje negro sobre seda heliotropo, adornos de terciopelo del mismo color, un poco más obscuro.

  La señora de Carlos Rivas, se distinguía por la riqueza de sus joyas; lucía traje de raso negro bordado; collar de perlas, ahogador de brillantes; el corpiño adornado con brillantes y diadema de las mismas piedras preciosas.

  La señora de Don Arturo Ibáñez, faya negra bordada con paillettes azul tornasol sobre raso negro y adornos con "no me olvides."

  Mrs. Franz Ruvke, brocado perla y rosa con adornos de rosas bordadas y chiffon gris perla.

  Mrs. Pedron Laclau, brocado verde Nilo, adornado con chiffon lentejueleado de plata.

  La señora de Don Joaquín Palomo, encaje negro sobre seda blanca; ramillete de violetas artificiales en el corpiño; ahogador de raso blanco con brillantes.

  Señora Larraín de Walker Martínez, elegante faya negra bordada sobre fondo de piel de seda del mismo color.

  La señora de Don Manuel Zamacona é Inclán, raso blanco adornado con encaje, camelia roja en el corpiño.

  La señora de Don Pedro Rincón Gallardo, tul negro sobre raso blanco; perlas en el cuello, diadema de soberbios brillantes. Las encantadoras señoritas se ataviaban con admirables trajes de gran recepción, que multiplicaban sus encantos.

  Mss. Charlotte Clayton, vestido raso blanco. La señorita Catalina Clayton, seda China blanca; adornos de encaje crema, listones de raso blanco. La señorita María Teresa Limantour, faya moteada de azul sobre seda azul; perlas sobre el cuello. Miss. Bourke, tul blanco sobre raso blanco con «Lirios del Valle,» artificiales. La señorita Guadalupe de Landa y Buch, muselina blanca, fichú «María Antonieta,» del mismo material, y un ramillete de rosas reinas en el pecho. La señorita María Rincón Gallardo, chifón blanco, bordado de seda. La señorita Guadalupe de Landa y Lozano, encaje negro sobre seda del mismo color. La señorita Guadalupe Icaza y Camacho, brocado azul. La señorita Josefina Núñez y Prida, raso amarillo con aplicaciones de encaje crema. La señorita Lorenza Braniff, raso rojo y faya roja sobre seda del mismo color. La señorita María Matilde Ituarte, seda color de rosa, adornado con lentejuelas de oro. La señorita Luisa Alcázar, tul lentejueleado de plata sobre raso blanco. La señorita María Caramendi, chiffon azul lentejueleado de plata sobre seda azul. Las señoritas Dolores y Ana Rubio, vestían trajes de seda China blanca, adornados de raso rosa. Las señoritas Guadalupe y Anita Riba y Cervantes, lucían soberbios vestidos de brocado negro adornados con encaje y raso del mismo color.

   La señorita Eusebia Fox, un vestido que caía muy bien á su refinada belleza, de muselina de seda amarilla sobre taffeta amarillo, adornado con rosas del mismo color, "no me olvides," artificiales y encaje blanco de Bruselas. La señorita Isabel Vinent, radiante en un traje" de piel de seda blanca, revestido de tul lentejueleado. Señorita Dolores Mestre, encantadoramente ataviada con raso blanco cubierto con chiffon bordado del mismo color, adornado con listones de raso liberty, blanco también. Llevaba una graciosa guía de lilas blancas en el frente del corpiño. Señorita Cecilia Rebollar, elegante traje de muselina blanca sobre rica tela de seda, con adornos de terciopelo púrpura. Señorita Grace Thompson, de St. Louis, raso azul pálido jaspeado con lentejuelas de plata; adornos de cliiffon negro. Señorita Teresa del Villar, muselina de seda color de rosa, adornos de listón de raso del mismo color. Señorita Juanita de Sequeira, tul blanco bordado con terciopelo negro sobre seda blanca. Señorita Teresa Torres Rivas, muselina de seda blanca sobre piel de seda del mismo color; adornos de raso blancos. Señorita Paz Calderón, raso rojo con aplicaciones de encaje crema adornos de diamantes. Señorita Guadalupe Rincón Gallardo, raso azul pálido, adornado con blondas lentejueleadas. Señorita Concepción Sierra, muselina blanca sobre seda de igual color, con guirnaldas de rosas rojas artificiales. Señorita Florence Duchanan, fayá negra sobre seda negra. Señorita Dolores Duarte Pereira, muselina blanca sobre seda blanca. Señorita Rosita Alvarez Calderón, precioso traje de seda moteada de rojo, con amapolas del mismo color en el corpiño. Señorita Sara Chavero, crepé de China blanco, con listones de raso del mismo color. Señorita Mary Hay, crepé de China azul adornado con encaje blanco lentejueleado de oro, mangas á jour, de encaje lentejueleado; lila blanca en el cabello. Señorita Josefina Hay, crepé de China blanco, con rosas rojas en el cabello y en el corpiño. Señorita Josefina de Landa y Buch, apropiado traje juvenil de muselina de seda blanca, con chorreras y adornos de raso blanco.

  Pretendimos formar el más completo ramillete de soberanas flores al citar las distinguidas damas que asistieron á la gran soirée; quizá involuntariamente, por supuesto, hayamos incurrido en omisiones, y en tal caso humildemente esperamos una disculpa, pues por mucho esmero que el cronista tenga, fácilmente algunas violetas llegan a escapársele, si con tanta premura las recoge.


Visitaron los deslumbrantes comedores todos los invitados el Señor General Don Porfirio Díaz acompañó á la mesa á Madame Blond esposa del Señor Ministro de Francia; el Señor General Clayton, Embajador de los Estados Unidos de América, a la Señora Carmen Romero Rubio de Díaz; la Señora de Clayton, aunque permaneció algunas horas en los salones, antes de la cena abandonó la fiesta.

Los artísticos menús enumeraban los siguientes platillos:

Consommé en Tasse.
Petits paniers á la Mascotte.
Jambón de York Diplomate.
Pain de foie-gras á la Parisienne.
Chau-froid de poulardes á la ancienne.
Roastbeef garni á la Russe.
Welsh Rabbit.
Gateaux assortis.
Giace Crème au Café.
Café. Thé.

Después del ambigú, el baile continuó más entusiasta aún, notándose general complacencia y regocijo.

  Cuando las estrellas palidecieron para perderse luego en el espacio y las infinitas luces de los salones se amortiguaron al fulgor de la sonriente aurora, todavía se veían salir algunos concurrentes al aristocrático palacio; ellas, cubriendo la gran todte con rico abrigo de mullidas pieles, y el encantador tocado con finísimo pañolón de seda; y ellos, asomando la nítida corbata entre las aterciopeladas solapas del largo y abotonado gabán.

  El trotar de los frisones que tiraban de los suntuosos carruajes, fue perdiéndose poco á poco; la gran avenida se veía casi desierta; los torrentes de luz que despedían horas antes los balcones del Jockey Club, vencidos por las claridades del naciente día, se convirtieron en pálidos destellos.

El baile había concluido, la fiesta muerto, dejando á sus elegidos recuerdos de su rica magnificencia!


Fuente:
Morales, Vicente y Rosales, José María. Crónica Social. 2ª Conferencia PanAmericana. Laso y Compañía. México, 1902. pp. 283-291

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