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jueves, 6 de abril de 2017

Similitudes entre el Altar de Dolores y la celebración del mes Tozoztontli

   De la tradición de levantar altares hay dos que sobreviven en México, uno es el de Dolores, que se levanta el Viernes previo al inicio de la Semana Santa, el otro es el de Muertos. La casualidad de que sigan vigente está en el tiempo en que se hacen, el primero cuando la siembra está empezando a crecer en los campos; el segundo cuando la cosecha fue ya levantada. Esto nos remite a un culto que va más allá de la tradición católica, pues nos dice de un culto a la tierra y los frutos que ella nos otorga.

  Este año de 2017 hay una enorme coincidencia con la fecha correspondiente al Viernes de Dolores pues en el calendario aparece como 7 de Abril y en el calendario prehispánico la fecha es 1 xóchitl, inicio del mes Tozoztontli, mes de la pequeña vigilia que, ahora que veremos en lo que consistían las celebraciones propias de ese mes verás la cantidad de similitudes que hay con el Altar de Dolores:

   “El cuarto mes del año, del 26 de marzo al 14 de abril, se llamaba Tozoztontli, “ayuno corto”, y estaba dedicado a Coatlicue, la diosa de la tierra y a Tláloc, el dios de la lluvia. Antes de que celebrasen la fiesta, hacía un ayuno corto, de un solo día, en el cual adornaban el templo de Yopico, en la misma plaza mayor, que estaba dedicado a Coatlicue, la de la falda de serpientes, y por otro nombre llamada Tonantzin, nuestra madre, la diosa que crea todos los seres que viven sobre la tierra. Esta festividad estaba a cargo de los xochimananque, los cultivadores de flores, tanto de las que las sembraban en la tierra firme como los que lo hacían en la Chinampa, los jardines flotantes del lago.

   El día de la fiesta todos los xochimananque se iban muy temprano al templo de Coatlicue y allí se pasaban todo el día sentados en el patio, cantando y tañendo sus sonajas, al mismo tiempo que ofrecían flores a la imagen de la diosa. Estas flores que se ofrecían eran como primicias, porque eran las primeras que nacían aquel año, y nadie osaba oler flor ninguna de aquel año hasta que se ofreciesen, ante la dicha imagen, las primicias de las flores. Y era como pedir permiso a la diosa para gozar de las cosas que ella producía.

   Y en esta fiesta, los xochimananque hacían también unos tamales de hojas de cenizos y los ofrecían en el mismo templo, delante de la diosa que llamaban Tonantzin, a la cual estos maestros de cultivar flores tenían gran devoción. Y luego obsequiaban a los que asistían a la fiesta de estos tamales y de estas flores, porque la gente de esta tierra había convertido en un placer especial el saber oler el perfume de las flores, lo cual hacían ellos con mucha elegancia y distinción. Y en este mismo mes, cuando el maíz sembrado en los campos daba como a la rodilla ofrecían a Tláloc, el dios de la lluvia un niño y una niña de 7 a 8 años de edad, lo cual hacían en lugares diferentes y en fechas distintas.

   El niño lo ofrecían en el monte de Tlaloc, donde tenían una escultura del dios hecha de piedra, a la manera de la que estaba en el templo mayor, donde ponían juntos a Tlaloc y a Huitzilopochtli, porque a los dos los veneraban por igual. El día de la fiesta, luego en amaneciendo, salían los señores principales y sus demás acompañantes llevando el niño metido en una litera, por todas partes cubierto, que nadie no le viese, y puestos todos en ordenanza, iban como en procesión hasta el monte dicho y subían al tetezcualco, el oratorio cercado de piedras, para que nadie lo profanase. Y llegados ahí, delante de la imagen de Tláloc, mataban aquel niño, dentro de la litera, que nadie no le veía, al son de muchos caracoles y flautas rociando la imagen del dios con la sangre del niño y enterrando su cuerpo en el mismo lugar. Y oficiaba en ese sacrificio el sumo sacerdote del templo mayor.

   El ofrecimiento de la niña se hacía en el teuhtlalpan, un bosque artificial que estaba enfrente del templo mayor, a donde iban los grandes sacerdotes y demás dignidades del templo, muy vestidos de pontifical, llevando la niña metida en un pabellón que no la veía nadie, tapada por todas partes, de la misma manera que los señores habían llevado el niño al monte. Llevaban la niña en hombros, dentro de aquel pabellón, toda vestida de azul, porque representaba a la laguna grande. Sentaban a la niña en aquel bosque, vuelta la cara hacia donde estaba la capilla del dios Tlaloc y luego traían un teponaxtle y sentados todos sin hablar, teniendo la niña por delante le cantaban muchos y diversos cantares.

   Después volvían a tomar la niña, en el mismo pabellón, toda cubierta, y la llevaban al embarcadero, donde tenían una canoa toda engalanada para llevarla al centro del lago, al lugar que llamaban Pantitlán, en el que había un sumidero que hacía un remolino de agua. Llegados ahí, los mismos sacerdotes sacrificaban a la niña dentro del pabellón, que no la viese nadie al son de las flautas y ocarinas, rociando con su sangre hacia las cuatro partes de la laguna, y luego echaban el cuerpo de la niña en aquel resumidero de agua, el cual se la tragaba, de suerte que nunca más aparecía".











  El Altar de Dolores que ahora vemos lo monté en Romita, Guanajuato el 7 de Abril de 2017.

miércoles, 5 de abril de 2017

Breve guía para montar un Altar de Dolores

  Fue un Viernes de Dolores quizá de 1962 cuando vi por primera vez un Altar de Dolores. Ese día entré a la casa de mi abuela que era bastante grande pero ya la habían dividido por dos mitades contaba con un enorme patio central, los corredores eran más anchos de lo habitual, las macetas que los rodeaban eran enormes también y las dimensiones de los helechos de tipo descomunal. Entré solo, eran tiempos en los que la puerta de la calle se dejaba abierta sin problema alguno, ella estaba en la cocina, al fondo.

  Al entrar en el corredor vi en una de las esquinas, la del nor-poniente, en la hornacina donde habitualmente tenía una Sagrado Corazón de bulto que lo había cubierto con un lienzo morado y a un lado estaba la imagen de la Dolorosa con algunas flores. Fue tal el impacto que se me quedó grabado para siempre.

  En esa casa, como en tantas otras de Salamanca, había una habitación que se usaba exclusivamente para colocar el Nacimiento, desde un mes antes se preparaba el lugar con todos los elementos escenográficos necesarios, se desempolvaban las figuras, los ornamentos, se reparaban los que habían sufrido algún desperfecto, algunas piezas eran retocadas y el montaje se llevaba varios días.

  Fue desde entonces que conocí el largo camino que hay que andar para montar un altar, cuando lo que se busca es desarrollar una idea que basada en ciertos elementos clave, seleccionando los colores precisos y los elementos que se usarán. Todo esto ocurrió nuevamente hace dos meses, cuando acordé con un amigo de Romita, Guanajuato, que en una antigua casa que se encuentra en restauración montaría un Altar de Dolores.

  Antes, digamos que de hace medio siglo para atrás, el montaje del altar no era solo colocar cosas sobre una mesa y ya, implicaban fechas precisas y muchos rezos. Un ritual. Lo primero que se hacía, justo el Miércoles de Ceniza o, a más tardar, el primer viernes de cuaresma, era la siembra del trigo. Luego de una rezada se colocaba abundante trigo en cada una de las macetas que serían usadas. De ese modo el llamado "pastito" estaría a la altura necesaria el Viernes de Dolores.

  Había una técnica con la que se creaba el "pastito" blanco el cual era de fuerte impacto al ver el trigo en un color nada habitual. Todo se hacía igual, pero para hacerlo blanco se colocaban las macetas con la siembra en un lugar oscuro en donde no entrara la luz del sol, el trigo germinaría pero no haría fotosíntesis de ahí que se desarrollara blanco. Otra técnica, para crear el "pastito" de diferentes alturas era sembrarlo en segundo y el tercer viernes de cuaresma.

  En la zona centro de la región del Bajío, eran habituales los árboles con naranjas agrias, se usaban más bien como ornamentales pues no crecen ni muy altos ni muy desparramados y para esta fechas se colmaban de naranjas, su textura rugosa daba un aspecto único y siendo agrias, se asociaban con la idea de la amargura de la virgen, de ahí que se usaran en el altar y, en general, en los ornamentos de los Monumentos del Jueves Santo.

  Se elegían siete elementos que representarían los siete dolores de María, si se contaban con esas dagas o abrecartas que son comunes en las artesanías de Toledo, España, irían a la perfección en el altar, de lo contrario se confeccionaban con papel dorado, como una banderita y se clavaban en las naranjas agrias, simbolizando el amargo corazón de María atravesado por cada uno de los dolores que tuvo a lo largo de la vida de Jesús.

  Esa es la idea básica, lo demás es la creatividad que cada quien tenga, el espacio con el que se cuente y la disponibilidad para desarrollar algo que vaya más allá de solo poner una imagen con unas flores... 

  La siembra se hizo como marca la tradición, es necesario regar cada tercer día pues son días en los que la temperatura va en ascenso. También con la debida anticipación fue necesario seleccionar las telas, marcar las adecuaciones, reparaciones y limpieza de todo lo necesario, el empacar lleva mucho tiempo, las cajas se van apilando. 

  Ya en la casa donde se instalaría el altar fue cosa de llegar con 3 días de anticipación, comenzar a sacar el polvo, que era mucho, pues en toda sitio en donde se trabaje con cemento, cal y demás, si algo abunda es el polvo.


  El punto de partida es localizar el lugar donde estará el punto focal de todo, en este caso la imagen de la Dolorosa, una vez identificado comienza el desarrollo de la idea, la cual parte de un bosquejo a lápiz que hago, solo para tener una leve, muy leve idea que, normalmente no es la que queda en el lugar, sino que es una mera idea trasladada a papel... como bosquejo. Pero si no la tengo no puedo comenzar.

  No uso regla ni cinta métrica. Estoy muy acostumbrado al tanteo, siempre me regulo por la cuadrícula del piso, procuro aprovechar los clavos que ya están puestos, el resto va fluyendo poco a poco... soy muy dado al reciclaje, y a usar los elementos que haya en el sitio, sean maderas, ladrillos, o, en este caso, que estaba una vieja consola, luego de limpiarla sirvió de base.

  Simetrías, asimetrías... todo dependerá del momento, de las circunstancias, de los elementos disponibles, es cosa de dejar fluir la idea. En buena medida los propios elementos disponibles te van diciendo dónde van acomodados...

  Terminada esta primera parte, sigue la más tediosa, planchar telas que si no lo están se verán muy mal al final. Luego entra la ornamentación, son muchas horas de labor, tantas como 12 diarias durante 3 días. Y como todo esto entra en la categoría de lo efímero, al día siguiente, en 3 horas, todo regresó a la caja en la que llegó.

 Mientras más manos colaboren, más cosas se pueden ir integrando a la idea original.




  Es primordial mantener orden y limpieza en todo el desarrollo del montaje...



  Agotado, luego de 3 días de no parar, pero con un buen resultado.

jueves, 2 de junio de 2016

De simbologías y su concepción en el mundo: Badnij-dan

    Si conoces bien las tradiciones del centro de México identificarás de inmediato que esta toma es un detalle del Altar de Dolores, el llamado "pastito" nos hace reconocerlo con facilidad. Ese pastito no es otra cosa que trigo germinado justo a los 40 días anteriores al Viernes de Dolores, es decir, el primer Viernes de Cuaresma, si se planta en ese día o en los siguientes 4 o 5, el crecimiento será el ideal para que luzca de este modo en el altar.

    Ahora lo que vemos es un niño serbio, ellos mantienen la tradición de la Iglesia Ortodoxa, por lo tanto será más importante el 6 de enero considerado como el Badnij-dan, es decir, la Nochebuena y el 7 la Navidad. La tradición de serbios y de todos los pueblos balcánicos es la de tener una rama de roble, hacer una corona, poner paja debajo de la mesa (recordando el pesebre en Belén) y tener listo el "pastito" que no sé como lo llamen en su lengua pero me parece muy curioso como el mismo elemento fue concebido para una celebración tan diversa como lo es la pena y el dolor propio de la Semana Santa y la alegría propia de la Navidad.

    En el Altar de Dolores el trigo germinado es elemento decorativo, pero, a la vez tiene un simbolismo que es la idea de esperanza que nos da el Sábado de Gloria y, más aun el Domingo de Resurrección, ligado estrechamente a los ciclos agrícolas. Cuando vemos los campos en el Bajío, por ejemplo, siempre los veremos sembrados de trigo en esas fechas, aunque caiga en tal o tal fecha la Semana Santa, el trigo estará ahí en diferente estado de maduración.

   Intuyo que en los balcanes, para la Navidad (la de ellos o la nuestra) son momentos en lo que hay es hielo, nieve, frío, y la presencia del fuego y el trigo germinado nos da la idea de lo mismo: la esperanza.




viernes, 18 de marzo de 2016

Los Altares de Dolores de Guanajuato

   Hay sitios en los que la tradición de colocar un Altar a la virgen de los Dolores sobrevive, es en Guanajuato, la capital del estado del mismo nombre. Sobre el tema de altares y, específicamente este que se levanta el día de hoy, pieza excelsa del arte efímero encontrarás varios artículos, tantos, que hasta tienen etiqueta, al final la podrás ver y, si el tema te interesa, tienes mucho que leer y más que ver. La foto con la que abre esta entrada es el altar monumental en el Teatro Juárez, no es de hoy, sino de ayer, cuando estaba en construcción, ahora está lleno de flores. Hay un altar que merece mención especial y que lo fotografié a detalle, el de los Artesanos de Guanajuato. Los demás son los que distintas personas y establecimientos han colocado en sus vitrinas y en las puertas de sus casas.