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jueves, 16 de julio de 2020

Jofre, presidio en el Camino Real de Tierra Adentro

   En la década de 1560 a 1570 se acrecentó la hostilidad chichimeca, al fracasar los intentos del gobierno virreinal por apaciguar a las tribus del norte; los mineros y ganaderos exigieron que entrara en acción resueltamente para acabar con la amenaza chichimeca. Así, se volvió
a emprender la guerra a gran escala, “a fuego y a sangre”, contra los nómadas (Powell, 1992: 86). Tras dos décadas de guerra, se implementó la política de establecer presidios, que incluía un sistema de escolta militar entre los puntos fortificados o con guarnición militar. La parte más peligrosa del camino se hallaba entonces entre San Miguel y Zacatecas.

   Los dos primeros presidios de un total de siete que se edificaron -hacia 1570- por orden del virrey Martín Enríquez de Almanza (1568-1580) son los de Portezuelo y Ojuelos, al norte de San Felipe, escenario de las mayores depredaciones de los guachichiles. Antes de terminar la gestión de Enríquez, entraron en operación otros dos fuertes. Uno se encontraba en el portezuelo de Jofre, estratégico punto ubicado unas pocas leguas al norte de Querétaro, para proteger los dos principales caminos que iban a Guanajuato y a Zacatecas. En el siglo XVII se estableció una hacienda con ese nombre.

   En el informe que en febrero de 1582 presentó al virrey Lorenzo Suárez de Mendoza, conde de la Coruña (1580-1583), un grupo de estancieros y residentes de la frontera chichimeca detallaron la crisis que padecían y las condiciones de la guerra en ese momento crítico, por lo que pidieron justicia. En el punto quinto hablan de la ubicación de los presidios que cuentan con escoltas para proteger los caminos que van a Zacatecas y Guanajuato. En el caso del ubicado en la estancia de Jofre, piden que se mude al Cazadero, pues entre ambos puntos corren mucho riesgo los carros y recuas.

  El virrey ordenó una investigación, tomando el testimonio de varios capitanes y otras personas experimentadas en la Guerra Chichimeca, quienes confirmaron la preocupación externada por los estancieros. El primero que prestó testimonio fue el capitán Alfonso López, quien se opuso a las opiniones de los ganaderos sobre el sistema de presidios y creyó que las guarniciones debían seguir como estaban. El capitán Bernardino de Santoyo, quien tenía a su cargo los presidios de Jofre, San Felipe y Ojuelos, el tramo más peligroso del Camino de la Plata, convino con López en que se debían dejar los presidios donde estaban (Powell, 1980: 105-115).

   Hace varios años recorrimos junto con Juan Ricardo Jiménez la región, ubicada al extremo norte de la actual Delegación Municipal de Santa Rosa Jáuregui, para determinar la posible ubicación de dicho presidio y platicar con las personas mayores de las comunidades aledañas para ver si recordaban la existencia de alguna edificación antigua. No hubo éxito, pero el reconocido investigador habló sobre la importancia de la fortificación por lo expuesto antes y, en caso de existir, sería la edificación virreinal más antigua fuera de los monumentos existentes en el casco histórico de la ciudad de Querétaro.

   Lo que sí pudimos ubicar en otro recorrido por la región limítrofe con el estado de Guanajuato, identificada por el autor de la Relación geográfica de Querétaro como la sierra que los españoles llamaron Margarita y los indios, en lengua otomí, Abaxasni, que quiere decir “sierra de zarsas” (Acuña, 1987: 240) fue un pequeño tramo del camino real entre la comunidad de La Monja y la localidad de La Españita. Entusiasmados por el hallazgo, caminamos sobre las piedras por donde circularon hace más de cuatro siglos las carretas que transportaban el mineral extraído de los ricos yacimientos de Guanajuato. La siguiente imagen es muy similar a lo que observamos Jiménez Gómez y quien esto escribe al andar por la antigua vía.

   Más al norte, sobre el río Jofre, se situó otro presidio en las minas de Palmar de Vega (hoy Pozos), durante la época en la cual se abrieron: 1575-1576 y 1582. Los dos fuertes se hallaban sobre el camino principal que se dirigía a Zacatecas después de salir de Querétaro y su establecimiento se debió a las continuas depredaciones cometidas en el sudoeste por los guachichiles y pames desde mediados de la década de 1570. Igual ocurrió con el presidio que se instaló entre abril de 1576 y octubre de 1578 en el valle de Maxcala (Amazcala), al noreste de Querétaro (Powell, 1992: 149-152).

   En el siglo XVI el camino real a Zacatecas no pasaba por Querétaro, pues desde San Juan del Río seguía por la hacienda de La Llave, continuaba a Santa María Atongo y Chichimequillas.
Posiblemente la creciente importancia de la actividad minera obligó a la Corona a trazar un camino más recto para hacer llegar los bastimentos y el mineral, lo que implicó ahorro en tiempo y recursos. El camino viejo se cita en varias mercedes, particularmente las relativas a ventas (Jiménez Gómez, 1996: 79).

Fuente:

Jiménez Jiménez, Lauro. Historia de la tenencia de la tierra y organización política en México. El Ejido de Santa Rosa Jáuregui, Querétaro. LXIII Legislatura de la H. Cámara de Diputados. México, 2018, pp. 96-100

miércoles, 2 de agosto de 2017

San Luis de la Paz, la escala olvidada del Camino Real de Tierra Adentro

  Ahora que andamos por el rumbo de Mineral de Pozos, en el norte de Guanajuato, caigo en una reflexión asociada al Camino Real. Pozos, como lo conocemos coloquialmente, está dentro del municipio de San Luis de la Paz, allí los jesuitas tuvieron un asentamiento, una mina, con su respectiva hacienda de beneficio y un par de haciendas ganaderas y de labor. Los jesuitas, gracias a su visión de vanguardia aprendieron las lenguas, más allá del náhuatl, otomí y purépecha, fue así que entraron en la región Chichimeca pues conocían las lenguas que ahí se hablaban, comentan -dato sorprendente- que en algunas comunidades chichimecas se hablaban hasta 4 dilectos distintos, así que el habla era algo de suma importancia. Gracias a ello (entre otras cosas) se logró la pacificación y los asaltos en el Camino Real disminuyeron.

  Todo esto ayudó a que el Camino de la Plata, que venía de Querétaro, pasaba por San Luis de la Paz y continuaba a San Luis Potosí, diera paso a un nuevo trazo, dada la mayor seguridad que había al haberse firmado "la paz", el cual originó el camino que conocemos como "Tierra Adentro", que de Querétaro continuaba a San Miguel, San Felipe y de ahí a Zacatecas. Justo es reconocer que, en su momento el camino tenía su escala en San Luis de la Paz. Nos apoyamos en un clásico, Powell y su Guerra Chichimeca:

 “Desde los primeros años de contacto español con las tribus del norte, los frailes habían formado una vanguardia móvil de la civilización en la Gran Chichimeca. Los franciscanos fueron los más importantes en número y en extensión de territorio, pero también los agustinos pronto estuvieron activos entre los pames de las sierras orientales. En su mayor parte, estas primeras “entradas” de misioneros consistieron en largos viajes, desde bases que no eran atractivas para los indios hostiles por causa de una numerosa población española que podía imponerles trabajos forzosos. Solo a fines de la década de 1570 y en la de 1580 empezaron los misioneros a diseminar sus casas lo suficiente para entrar en íntimo contacto con las tribus aisladas. En los primeros años de ésta extensión de actividad hubo muchas mártires entre los frailes, como había ocurrido en las primeras entradas. Para fines de la década de 1580, la lista de mártires franciscanos era ya larga; por todos los ámbitos del país surgieron nombres conmemorativos de los frailes caídos víctimas de las flechas indígenas. Muriendo con el crucifijo en la mano bajo lluvia de flechas, cayendo en emboscadas por ir en compañía de soldados, o siendo capturados y torturados por los guerreros indígenas, los seguidores de San Francisco efectuaron el primer gran sacrificio en el intento de pacificación de las sierras del norte.

   Desde el tiempo del virrey Martín Enríquez hasta la década del desarrollo del sistema de misiones que había de llegar a ser una institución de la frontera. Los frailes aprendieron sus lecciones y perfeccionaron sus técnicas durante su avance por la gran Chichimeca. El favor real se combinó con los esfuerzos de los misioneros en otros aspectos de la pacificación general de los fines del siglo, y así el sistema de misiones pudo lograr un notable éxito. El virrey Velasco, que llamó a la conversión de las tribus chichimecas “la base más importante de esta paz”, inició una expansión en grande escala de las actividades de los frailes antes de cumplir un año en su cargo. El 5 de julio de 1590, informó al rey que había enviado a todas las zonas y todas las naciones frailes franciscanos para asegurar a los indios de que no habría peligro en el proceso de establecerlos. Pero el virrey pronto tropezó con dificultades al tratar de extender el sistema misionero. Había muy pocos frailes disponibles; los aborígenes recién pacificados aun no tenían aposento fijo, no estaban cultivando la tierra ni trabajando de ningún modo, lo que les impedía dar limosnas o ayuda a los frailes

  Velasco se sintió complacido al saber que los jesuitas habían enviado a cuatro frailes que eran lingüistas (lenguas) para ayudar en el proceso de pacificación. Para fines de 1590, el virrey informó al rey que la labor de los franciscanos y de los jesuitas –cuestión de la mayor importancia”- estaba siendo favorecida, y que todo iba bien. Por entonces estaban eligiéndose sitios para construir iglesias y misiones alrededor de las cuales pudieran reunirse los indios y establecer “pueblos formados”, lo que nunca habían querido hacer en el pasado. Con su “donación” permanente a los frailes, Velasco esperaba que los indios se decidieran a establecerse en paz y a lograr una mayor estabilidad. Las casas de frailes y las iglesias estaban siendo planeadas en escala modesta y con costo moderado: el primer “sistema” misionero en las sierras del norte.

  Desde el principio, el virrey Velasco se mostró parcial hacia los jesuitas, a quienes consideraban los mejores misioneros para los chichimecas. Eran los más diligentes para aprender las lenguas indias; Velasco también consideró que los jesuitas trataban a los aborígenes con mayor desprendimiento y trabajaban con mayor ahínco por su bien. El virrey resolvió utilizar a los jesuitas en todas las ocasiones posibles, para efectuar la conversión de las tribus nómadas. Sus convicciones al respecto se debieron a informes de Rodrigo del Río y también a pasadas experiencias que le habían demostrado que los jesuitas no solo eran los mejores para los indios que estaban a su cuidado sino que también gozaban de mayor aprecio entre los españoles y el clero secular. Rodrigo del Río pensó que la principal razón de que la guerra continuara era la escasez de frailes, pero estaba muy disgustado por la indolencia de los franciscanos o bien no demostraban verdadero celo (según él) en la ardua labor de la conversión, o pasaban demasiado tiempo peleándose con los seglares

  Las opiniones de Rodrigo del Río y del virrey Velasco allanaron el camino a los principios de la labor misionera de los jesuitas entre los chichimecas, estos frailes ya tenían ciertos conocimientos de las necesidades de la zona, pues estaban en Guanajuato desde 1582. Por órdenes de Velasco se dio oportunidad a los jesuitas de hacerse cargo de la importante fundación de San Luis, en el camino entre Querétaro y las minas de San Luis Potosí. Velasco les dio oportunidad para acomodar otomíes allí (con extensión de tributos) junto con los chichimecas pacificados a quienes había de darse cantidades de trigo y maíz una vez por semana, y de vestidos una vez al año; los caciques recibirían los mejores presentes. Los dos primeros jesuitas llegaron a San Luis el 10 de octubre de 1594 acompañados por cuatro jóvenes mexicas y otomíes, indios protegidos de la escuela de Tepotzotlán, donde servían como catequistas.

  Al reunirse su grey en San Luis, los jesuitas rápidamente aprendieron las lenguas necesarias y al principio se dedicaron a bautizar a los ancianos y a los enfermos. También se concentraron en enseñar a los niños, poniendo como ejemplos a los neófitos, cantores y catecúmenos de Tepotzotlán. Para el primer bautizo general, el jacal que servía de iglesia fue adornado con ramas y flores. Treinta de los mejores neófitos fueron escogidos para su bautizo para esta ocasión, a otros se les permitió reunirse y presenciar la ceremonia. Después del bautizo se cantó una misa, durante la cual 30 recibieron la comunión. Luego siguió un gran banquete y un baile. La víspera, los 30 que iban a ser bautizados, acompañados por parientes y amigos fueron a buscar pavos y panales para la fiesta. La noche del bautizo, con autorización de los frailes, se encendió un gran fuego y los indios bailaron a su alrededor al son de los tambores y cantaron durante cerca de tres horas. Esto estaba en armonía con sus antiguas prácticas, pero esta vez no hubo borrachera y “cada marido tuvo como pareja a su propia mujer”.

  Durante 1595, el pueblo de San Luis (ahora llamado “San Luis de la Paz” en honor de la pacificación de los chichimecas) recibió una gran cantidad de españoles, negros, mexicas, tarascos y otomíes, además de los chichimecas. Muchos de éstos eran los más violentos y rudos, y los padres tuvieron que dedicar mucho tiempo a sus necesidades espirituales. Se construyó una pequeña capilla para uso de los arrieros, carreteros, y otros trabajadores similares, y los frailes organizaron entre ellos una hermandad religiosa. Gradualmente fue persuadiéndose a los chichimecas de que abandonaran su vivió de beber en exceso (los frailes los seguían mientras ellos buscaban tunas para hacer licor). Dos veces al día se reunía, para oír los rudimentos de la fe. Los padres no les darían el privilegio de la confesión hasta que hubiesen aprendido de memoria el catecismo; como resultado, la mayoría lo aprendió en corto tiempo. Los frailes también prestaron mucha atención a la formalización de los matrimonios entre los aborígenes, para evitar “irregularidades”.

  Que los chichimecas fueron bien tratados por los españoles es algo que se desprende del hecho de que muchos de ellos empezaron a montar a caballo y que, al parecer, conservaron sus armas. Se sabía que algunos de los chichimecas conversos habían matado a muchos españoles, pero su pasado quedó en el olvido al entrar ellos en la grey cristiana. Desde el principio, los jesuitas de San Luis montaron con el apoyo de la Real Hacienda. Durante 1598 y 1599 se destinaron hasta 8,000 pesos en oro para la construcción de una casa y una iglesia. Por lo general a través de un agente de los jesuitas, Cristóbal Hernández Alderete, estos fondos se enviaban al capitán Diego de Vargas, de San Luis, y este distribuida el dinero entre los frailes. En la Real Hacienda había una cuenta titulada “gastos de la paz de Chichimeca”. En último pago con este fin, por 2,250 pesos oro, fue enviado al norte en enero de 1599" (1).


Fuente:

1.- Powell, Jim. La guerra chichimeca (1550-1600). Lecturas Mexicanas 52. FCE. México, 1984. pp. 216-219. 

martes, 25 de julio de 2017

Comentarios del padre Alegre sobre la fundación de San Luis de la Paz.

  Abordamos una vez más el tema del pueblo Chichimeca, en este caso el que fue asentado para formar la villa de San Luis, que se volvería "de la Paz" como celebración a la ansiada pacificación de ellos luego de varias décadas de feroces enfrentamientos. Tomamos uno de los mejores textos descriptivos del los acontecimientos, el del jesuita Francisco Javier Alegre que, junto a otro jesuita, Francisco Javier Clavijero, ambos veracruzanos, nos dejan memoria de muchos pasajes de la historia de México.

   La pacificación de estas regiones estaba reservada al piadoso virrey D. Luis de Velasco el segundo, ó por mejor decir, á la humildad y simplicidad de la Cruz. El virrey, viendo frustradas las esperanzas todas é inútiles los esfuerzos de sus predecesores y consumida en vano una gran parte de la real hacienda, en presidios, en casas fuertes, en carros cubiertos, y otras providencias que se habían tomado para la seguridad de las caravanas que pasaban á las minas; determinó que los pobres y humildes religiosos probasen en esta expedición las armas de su milicia, ya que habían tenido tan poco efecto las de los soldados.

 Una parte de aquella región encomendó á los religiosos de S. Francisco, siempre venerados justamente como los padres y fundadores de la religión en la América. En la frontera principal de la nación, mandó fundar un nuevo pueblo, á quien por devoción al santo de su nombre llamó S. Luis, y en atención al piadoso designio de la pacificación y reducción de los chichimecas, añadió el sobre nombre de la Paz, con que es hasta ahora conocido. 

  Está situado á las orillas de un pequeño rio en la altura de 22 grados y cuarenta minutos al Noroeste de México, setenta leguas. Este nuevo pueblo quiso el excelentísimo se encargase a la Compañía, obligándose en nombre de S.M. á mantenerlos de la real hacienda, y señalando considerable renta que se repartiese entre los mismos indios, los más interesados del mundo, en carne, en maíz.

  Se mandó asimismo reducir una colonia de indios otomís, antiguos cristianos, asignándoseles tierras y agua para sus sementeras, Y habiéndolos por exentos del tributo que pagan á S.M. los demás. U más órdenes tan prudentes y cristianas, no podían dejar de tener todo el éxito feliz que el virrey se prometía. Partieron prontamente por setiembre de este año los padres Francisco Zárate y Diego Monsalve, con otro compañero, cuyo nombre callan nuestros manuscritos, llevando consigo cuatro indezuelos del Seminario de S. Martin de Tepotzotlán, que les sirviesen de catequistas. Su entrada en el país y principios de su predicación, expone el mismo padre Zárate en carta al padre provincial, fecha en 20 de noviembre del mismo año, en los siguientes términos:

  “A este pueblo de S. Luis de la Paz venimos el setiembre pasado á petición é instancia del Sr. virrey. Vase por la gracia y favor de Dios haciendo algún fruto, y cada día se espera más: solo tememos la inconstancia natural de estos indios. Por lo que hemos experimentado, podemos decir que no es poco lo que se hace en esta frontera, que aunque en otra parte hicieran más los chichimecas, pero aquí cualquiera cosa es mucho por ser estos los peores de todos y los mayores homicidas y salteadores de toda la tierra. Precian tanto de esta inhumanidad, que como por blasón traen consigo en un hueso contadas las personas que han muerto, y hay quien numere veintiocho y treinta, y algunos más. Es gente muy holgazana, especialmente los hombres; las mujeres son las que cargan y traen leña y lo demás de su servicio. Ahora han sembrado algún maíz con la esperanza del provecho, porque cuasi todo lo venden al rey para que vuelva á dárselo. Las mujeres hacen el vino, y ellos lo beben largamente hasta perder el sentido cada tercer día. El material de que sacan este licor es de la tuna: el modo de fabricarlo es quitar la cáscara á esta fruta, colar el zumo en unos tamices de paja, y ponerlo al fuego ó al sol, donde dentro de una hora fermenta y hierve grandemente. Como esta especie de vino no es muy fuerte les dura poco la embriaguez y vuelven á beber. Este es uno de los mayores obstáculos para la propagación del Evangelio. 

  La tuna dura siete y ocho meses: los que la tienen en casa, están perdidos con la ocasión; los que la tienen fuera, están remontados, y desamparan sus chozas sin dejar en ellas más que un viejo ó una vieja. El amancebamiento no es deshonra entre ellos; antes las mujeres lo publican luego, y si algunos las celan ó las riñen, con gran facilidad se van á otra casa y no vuelven sino después de muchos alhajas. No hay cabeza entre ellos, ni género de gobierno, si no es en la guerra, y esta es la mayor dificultad, porque es menester ganar á cada uno de por sí; tanto, que el hijo no reconoce al padre ó madre, ni le obedece. En sus operaciones no tienen más motivo ni más fin que su antojo, y preguntados no dan otra causa sino que así lo dice y lo quiere su corazón. 

  Son muy codiciosos de lo ajeno, muy avarientos de lo suyo, y extremamente delicados. Una palabra, un mal gesto basta para ahuyentarlos. Los indios de la tierradentro, como criados en más simplicidad, tienen mejores respetos: aquí tenemos de ellos algunos Pames, que son como los otomíes de por allá, y en estos se puede hacer mucho más fruto. Ellos se han venido á convidar que quieren poblar aquí y ser cristianos. Dios lo quiera, porque con estos de aquí lo más que se podrá hacer será domesticarlos, é ir muy despacio imponiendo bien á sus hijos. También es mucha la dificultad del idioma, porque en treinta vecinos suele haber cuatro y cinco lenguas distintas, y tanto, que aun después de mucho trato no se entienden sino las cosas muy ordinarias. 

  La paz se va fomentando con el buen trato, aunque de una y otra parte no faltan temores. Nosotros llegamos aquí el día 10 de octubre con salud, aunque no sobrada, por los serenos y soles. Fuimos bien recibidos de los indios, que aun, lo que es muy admirable entre ellos, nos ofrecieron de lo poco que tenían. Lo mismo hicieron en S. Marcos, donde el sitio no es tan bueno, aunque hay más gente. Vuelto aquí, les envié un indio bien instruido que los enseñase y dispusiese al bautismo; pero el padre Monsalve, que fue allá á los dos ó tres días, lo ganó de tal modo, que tenían preparadas las ollas del vino, y no bebieron en diez ó doce días, y el padre comenzó á catequizar algunos en la lengua guaxabana, y bautizó diez y seis adultos, y casó seis pares. Indias gentiles no hay ya más que dos, y esas han pedido el bautismo. De estas, la una se catequiza, porque tenemos ya el catecismo traducido en su idioma. La otra es una vieja que vino á mí cuasi desnuda con un presente de tunas, y puesta de rodillas me pidió que la bautizase. La consolé y di de comer, y procuraré que se bautice cuanto antes

  Dos pases han pedido aquí casarse, y mandándolos apartar mientras se doctrinaban obedecieron con prontitud, que en gente tan acostumbrada á una entera libertad no es poco. Todos nos van teniendo respeto y se dejan reprender, aunque sean capitanes, y se va consiguiendo alguna enmienda de la embriaguez. La escuela de los niños va bien, aunque con harto trabajo, porque no se les puede castigar. Con su mucha habilidad aprenden y empiezan ya á cantar. Sus padres que gustan mucho los dan de buena gana y vinieron á verlos á la escuela. Un capitán que no halló á su hijo, lo mandó buscar y lo castigó. Esta semana nos han traído sus padres dos de cuatro leguas de aquí. Cada día acuden mejor, y hoy se me vino á quejar uno muy escandalizado de que otro le había llamado diablo

  El padre Monsalve les ayuda y enseña canto, y otro muchacho de los que vinieron de Tepotzotlán. Estos son de mucho provecho: nos hacen compañía aquí y donde quiera que vamos, y atraen á otros niños y aun á sus padres: proceden con mucha edificación confesando y comulgando á menudo para la enseñanza de los demás: no entran á ninguna casa de los indios del país, ni salen de la nuestra sin licencia: á uno de estos dijo no sé qué chanza poco honesta la hija de un capitán; el joven se horrorizó, y con admirable simplicidad dio cuenta al padre de la moza, que vino á contármelo muy edificado porque es de mucha razón, y castigó á su hija. Los chichimecas, según lo que entiendo, son de mas brío y capacidad que los demás indios: no se sientan en el suelo: son amigos de honra y de interés, y si ellos diesen en buenos, me parece lo serian ventajosamente."

Fuente

Alegre, Francisco Xavier. Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España. Tomo I. Imprenta de José M. Lara. México, 1842. pp. 280-283

martes, 27 de junio de 2017

Algunas notas sobre la nación Chichimeca

Del pueblo chichimeca hemos hablado ya varias veces, el tema es abundante y las aristas que va dando son muchas. Esta vez encuentro en la Monografía del municipio de San Luis de la Paz una interesante recopilación que de seguro te será interesante:

Chichimeca

…es un nombre genérico, “puesto por los mexicanos (en ignominia) a todos los indios que andaban vagos, sin tener casi ni sementera”. El nombre se compone de “de chichi, que quiere decir perro y mecatl, cuerda o soga, como si dijesen, perro que trae la cuerda o la soga arrastrando”. (Antonio de Ciudad Real.: Tratado curioso y docto de las Grandezas de la Nueva España y Gonzalo de las Casas: Guerra de los Chichimecas. Anales del Museo Nacional de Historia, Etnografía y Antropología).

“…es nombre común entre los españoles, y entre los indios cristianos, de unos indios infieles y bárbaros, quien no teniendo asiento cierto (especialmente en verano) andan discurriendo de una parte en otra, no sabiendo que son riquezas, ni deleites, ni contrato de policía humana”. (Fray Juan de Torquemada, Monarquía Indiana. Porrúa. México 1975, Tomo III, pág. 602.)

…epíteto genérico aplicado durante largo tiempo a los indios nómadas y paganos del norte…” (Philip W. Powel. La Guerra Chichimeca (1550-1600) F.C.E. México 1978, pág. 20.)

Algunos autores dividen el pueblo chichimeca en dos grandes grupos; los habitantes de la mesa del norte y los de la mesa central, estableciendo diferencias culturales que en realidad solo corresponden a la influencia de los grupos mesoamericanos, sus vecinos del sur, tarascos, nahoas y otomíes…”. (Powel, pág., 20.)

Algunos historiadores y cronistas de épocas pasadas aplicaron el nombre de chichimecas a cualquier grupo de indígenas belicoso o salvaje. Actualmente se llama chimecas a los habitantes de la zona árida del norte en caracteres antropológicos semejantes.

Sus aguajes

“Hacia las partes del norte (en contra de la ciudad de México, y en grandísima distancia, apartadas de ella) hubo unas provincias… cuyos moradores, en común y genérico vocablo fueron llamadas chichimecas…” (Francisco Javier Clavijero. Historia Antigua de México.)

“Los chichimecas… se movían en el centro de México dentro de la circunferencia de unos ciento setenta kilómetros de radio, con centro en el norte del Estado de Guanajuato…” (Mariano Cuevas. Historia de la Iglesia en México.)

“La Gran Chichimeca”, ese inmenso territorio que se extendía desde el río Lerma hasta Texas…”. (Miguel Othón de Mendizábal, Historia Económica y Social de México.)

Los parientes

 “La nación de estos chichimecas más cercana nosotros, digo a la ciudad de México son los que se llaman pames, y es un buen pedazo de tierra y gente, están mezclados entre otomíes y tarascos, los españoles le pusieron ese nombre, que en su lengua quiere decir no, porque es tan negativa la usan mucho… y van por el Río de San Juan abajo,… y tocan a Itzmiquilpan, y pasado de Metztitlán, y por aquellas cerranías hasta los confines de Pánuco, y vuelven por los pueblos de … Xichú… el término chichimeca no es una raza determinada, se emplea para designar al conjunto de pobladores del desierto y de la zona árida, sin distinción de raza o de lengua, pero con una unidad homogénea en cuanto modo de vida, costumbres, organización y caracteres antropo-lógicos en general”. (Jesús Dávila Aguirre, Chichimecatl.)

 Los guamares… la nación más valiente y belicosa, traidora y dañosa de todos los chichimecas la más dispuesta; con cuatro o cinco parcialidades, todos de una lengua, aunque difieren en algo; su habitación o clima es de 21 grados en latitud hasta 22,… Pertenecen a su confederación los capuces, los guajabanes y sanzas. (Primo Feliciano Velázquez, Historia de San Luis Potosí.)

El límite de los guamares, el cual empezaba en la Villa de San Miguel y alcanzaba a la de San Felipe y Minas de Guanajuato. San Luis de la Paz, fue el asiento de los guajabanes. (Philip Powel, La guerra chichimeca.)

Los guachichiles… tienen sus limites “hasta los confines de Pánuco, ocupan mucha tierra, y así es la más gente de todos los chichimecas… su nombre es compuesto de cabeza y colorado, unos se tiñen el cabello, otros usan bonetillos puntiagudos de cuero colorado; entre ellos hay muchas parcialidades. (Primo Feliciano Velázquez, Historia de San Luis Potosí.)

“Quachichil, vocablo mexicano, significa gorrión: de quaitli, cabeza y chichiltia, cosa colorada o bermeja…tomaban las sierras de Xale y Bernal y Tunal Grande por el límite de los guamares. (Jesús Dávila Aguirre, Chichimecatl.)

“… los guachichiles (ocupaban) el extenso territorio desde el Río Balsas por el sur, hasta Saltillo por el norte a través de Guanajuato, Jalisco, Aguascalientes, parte de Zacatecas, Nuevo León y Coahuila. (Wigberto Jiménez Moreno, Estudios de Historia Colonial.)

“Quachichiles: Nación de indios de los chichimecas, en Nueva España, en tiempos de su gentilidad eran de los mas brutales, vivían vagantes por los bosques y montes, manteniéndose de la caza que ejercían contra los cristianos, lo mismo que con la fieras; no daban indicio de racionalidad…”. (José Guadalupe Romero. Noticias para formar la historia y la estadística del obispado de Michoacán.)

“…los indios chichimecas no tienen sitio cierto, ni en los que habitan tienen sementeras… ni usan de casas para sus viviendas…”. (Carta del Virrey Don Luis de Velasco al Rey. 8 de octubre de 1590.)

Alimentación

“…Gustan mucho de comer carne…”. (Antonio de Ciudad Real. Tratado Curioso y docto de las grandezas de la Nueva España.)

Se alimentan de venados…”… que, en todos aquellos llanos hay mucho número de ellos y de liebres, conejos, culebras, víboras, y de esto comen asado, que cocido ninguna cosa comen”. (José de Acosta. Historia natural y moral de la Nueva.)

“...sólo se mantenían de la caza y a ella iban acompañados de sus mujeres… Cazaban venados, liebres, conejos, comadrejas, topos, gatos monteses, pájaros, y aún inmundicias como culebras, lagartos, ratones, langostas y gusanos, y de esto hierbas y raíces, se sustentaban…” (Fray Jerónimo de Mendieta. Historia Eclesiástica Indiana.)

“Comen carnes de venados, vacas, mulas caballos, víboras y de otros animales ponzoñosos, y esas (cuando más bien aderezadas) por lavar y medio crudas, despedazándolas con las manos, dientes y uñas, a manera de labreles”. (Fray Juan de Torquemada, Monarquía India.)

“Sustentándose de caza de venado, conejos y liebres y de sabandijas y frutas silvestres, como son tunas, mezquites y panales…”. (Fray Isidro Félix de Espinosa. Crónica de la Provincia de los Apóstoles San Pedro y San Pablo de Michoacán.)

“…Algunos alcanzan pescado y los pescan con la flecha y otros los toman en canales y nazas y algunos a zambullidas nadando…”. (Jesús Dávila Aguirre, Chichimecatl.)

Fuente:

Alberto Antonio Loyola Pérez. Los historiadores escriben sobre los chichimecas en San Luis de la Paz: Nación chichimeca.  Comisión Municipal del Municipio de San Luis de La Paz, Gto., para la Organización de la Conmemoración del Bicentenario del inicio del Movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del Inicio de la Revolución Mexicana. Guanajuato, 2010. pp.32-34

domingo, 19 de julio de 2009

La cardona que se produce en el Gran Tunar

Caminando por uno de los tantos pueblos de Guanajuato encontré esto que me llamó mucho la atención, la tuna morada. La había visto roja y verde, pero morada nunca. Es la que se produce en el noreste, cerca de San Luis de la Paz. Y no es de sorprenderse pues por algo los Chichimecas denominaron a la zona “El Gran Tunar”. A esta tuna morada se le llama Tuna Cardona, quizá el nombre para algunos suene un poco familiar, pues se asemeja al que tiene la variedad de cactus que crece por Baja California Sur, el Cardón y por su color les recuerde a la pitahaya que en ciertas épocas del año abundan por la zona de Miraflores, siempre en BCS. Su sabor es dulce y forma parte ya de la oferta de temporada en los puestos de futas callejeros. Así pues, cuando vengas por acá, hasta las tunas las podrás escoger por color.


Esta foto está tomada en la zona donde comienza El Gran Tunar, es obvio, desde allí la abundancia de nopales es grande. Quizá la imagen te sea familiar, este es el horno hecho por los Jesuitas a finales del XVI en la Mina de Santa Brígida. Efectivamente, en Pozos, Gto.

lunes, 29 de junio de 2009

El gran tunar, San Luis de la Paz, al noreste del estado de Guanajuato

Fueron los Chichimecas quienes poblaron buena parte del actual estado de Guanajuato, poco sabemos de ellos, era un pueblo nómada, se les denominaba como “los bárbaros del norte” considerando el norte a partir de la gran Tenochtitlán, el territorio por donde se desplazaban conforma no solo Guanajuato, sino San Luis Potosí, Aguascalientes y Zacatecas. Su región era conocida como el gran tunar, debido eso a la abundancia de nopales que producían y siguen produciendo jugosas tunas. Aunque su cultura errante los obligaba a caminar hasta la frontera natural que formaba el Río Lerma, era más bien las faldas de la Sierra Gorda la zona hasta donde en número considerable se desplazaban y fue hasta ahí que los Jesuitas llegaron a pacificar a este pueblo, al aguerrido pueblo Chichimeca que fue el que siguió dando lucha por su soberanía a los españoles.

Los Franciscanos, primeros en llegar a la Nueva España pensaron que la accesibilidad y docilidad de los Chichimecas era la misma de los demás núcleos, ya conocidos y sometidos. No fue así, los Chichimecas ofrecieron resistencia hasta que, la sabiduría de los Jesuitas logró convencerlos de unirse en reducciones y comenzar el nuevo rumbo que la corona española marcaba. Se firmo un tratado de paz, único en toda la Nueva España, en la que unos y otros aceptaban condiciones, españoles y Chichimecas firmaron la paz. El insipiente pueblo de San Luis Rey tomó impulso gracias a los jesuitas y surge, luego del tratado, el lugar que hasta la fecha se sigue denominando como San Luis de la Paz.

Ubicado en la zona noroeste del Estado, San Luis de la Paz conserva el encanto colonial de las poblaciones levantadas cerca de las zonas mineras en donde los insumos necesarios para el florecimiento de esta industria se diera, San Luis de la Paz se volvió un importante paso en el Camino Real que iba de la Ciudad de México a Zacatecas, desde allí se conectaba a las ricas minas de Mineral de Pozos y se continuaba a San Miguel el Grande, Guanajuato, Ojuelos y Zacatecas. El Camino Real de Tierra Adentro se volvió en poco tiempo el eje rector del comercio de la Nueva España cuando su ruta llegó hasta Santa Fe, en el actual estado de Nuevo México en los Estados Unidos.

No es de sorprendernos que en la actualidad podamos ver estupendos ejemplos de arquitectura que las riquezas del comercio y la minera producen. Hay un detalle que llama la atención en San Luis de la Paz, igual se podrá ver en Guanajuato y en San Miguel Allende, es un vestigio de tiempos pasados que se denomina bitoque. Era el tiempo en que no toda la gente tenía acceso a construir su propio pozo, sino que era necesario ir a las pilas comunitarias que regularmente se ubicaban en las cercanías de la parroquia principal del pueblo. En el norte de Guanajuato, dada su orografía, surgieron los surtidores públicos de agua, los cuales aun durante la primera mitad del siglo XX siguieron funcionando, dotando de agua potable a la población. Si ves con atención a un costado del portal podrás notar uno de esos bitoques, ya no están en uso, forman parte del decorado, por así decirlo, de la ciudad. En las siguientes fotografías veras dos bitoques, en su sencillez estriba su belleza.


San Luis de la Paz tuvo en su momento una buena producción de vinos, algunos viñedos sobreviven aun al paso del tiempo, y los túneles construidos por los Jesuitas, como protección a posibles ataques Chichimecas, se utilizan como cavas, la temperatura es excelente para el añejamiento del vino, mas de las curiosidades que encontraremos en el lugar es la hacienda en donde la ya mítica película “Los tres García” fuera filmada en la época de oro del cine mexicano. Solo que, esa es propiedad privada y no hay acceso al público, se ubica a espaldas de la parroquia, es enorme, debido a que en su tiempo, las casas ricas, asentadas en el primer cuadro, contaban con huertas, entre otras cosas.

No sé tú, pero cuando me voy a conocer la verdadera riqueza que tenemos en cada metro cuadrado de nuestro país, lo primero que hago al bajarme el “flecha” es preguntar ¿dónde queda el centro? directo me voy para allá, en nuestros pueblos hay la misma organización, los mercados están cerca de la plaza, del jardín, del zócalo, ponle el nombre que quieras, es, al final, el corazón de cada pueblo. Una vez allí entro al templo, a la parroquia. Normalmente es la más antigua y la de mayor tradición y la que encierra todo tipo de historias y leyendas, esa parroquia define el rumbo a seguir cuando eres un auténtico caminador de pueblos. Si “puebleas” en auto, te puedo decir que te pierdes del 50% de lo que cada lugar te ofrece. Como aquí, en San Luis de la Paz, la cúpula de la parroquia encierra toda la belleza y misticismo… ¿te has puesto a pensar a dónde van todos los rezos y las buenas intenciones verbales que los files recitan, lloran, claman, cuando están en los templos? Indudablemente que se agolpan en las cúpulas. Aquí la de San Luis Rey por dentro y por fuera… maravillosa como todas.


Te contaba que antes de los Jesuitas, estuvieron los Franciscanos, ellos levantaron una capilla que sigue aun en pie, a un costado de la parroquia, lo que ves en la foto es su portada, pero vela con atención, cada vez que estés frente a un templo del XVI, XVII o XVIII ve preparado para interpretar cada detalle, aquí por ejemplo tenemos dos bien importantes, si amplias la foto veras que al centro, en el arco que forma la entrada hay una calavera. Esto no es un símbolo de misterio, mucho menos de algo fúnebre. Significa a “nuestro padre” Adán. Se piensa que su cuerpo descansaba en el monte calvario, luego fue allí en donde se levantó la cruz en que Jesús murió. Esta representación no es más que una alegoría a esta idea. ¿ya viste lo que hay hasta arriba?

Un “pueblero” se mete al mercado, allí está concentrada la esencia de México, el tianguis con la plaza, el comercio desde la apreciación auténticamente mexicana, con la europea. En los mercados mexicanos estamos frente a una más de las manifestaciones de sincretismo que se dio durante la conquista, así pues, nosotros los auténticamente mexicanos, nos metemos al mercado, a ver, a oler, a disfrutar de formas y colores. A gustar con los cinco sentidos lo que dentro de ese recinto sucede. Las comidas más deliciosas, ricas y, sobre todo, autenticas, están en los mercados, esa es la segunda parada obligatoria en todo pueblo. La visita se termina, habitualmente, en el pasillo donde se venden tamales o gordas o cualquier otra verdadera “delicatesen” de nuestra culinaria.

Hay algo muy especial en San Luis de la Paz, eso no lo había visto antes en ningún otro de los pueblos y ciudades que conozco de México. Las esquinas reforzadas. Estas que ves en las fotos son, supongo, de principios del XIX, pero a ciencia cierta no lo sé, son esquinas que tienen un pilón como contrafuerte para contener el peso de los muros de uno y del otro lado. Son interesantes, en una parte de la ciudad, la que va del centro a la terminal de autobuses, es donde las verás en mayor número, en Mineral de Pozos también las hay. Esto, por si no lo sabes, se le denomina: Arquitectura Vernácula… que bonita palabra ¿no lo crees? ver-ná-cu-lo… Salamanca, Guanajuato, el Bajío, nuestro México, hoy más que nunca confirmo eso que a un ladito de esta columna podrás ver, aquello de que… “tenemos tanto que ver, que no nos atrevemos a ver”, te dejo unos fotos mas…