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jueves, 27 de enero de 2011

Unas cuantas historias aparecen al andar por el Camino Real de Tierra Adentro

Si cuando se ideó construir el Camino Real de Tierra Adentro hubieran visto esta imágen, de inmediato se hubieran hincado, persignado y gritarían con vehemencia que es una obra del demonio, pero, más bien esta es una obra de Dios, pues solo él puede crear un lugar con tanta belleza, véase desde donde se esté viendo, como ahora, que vamos sobrevolando la parte de Estado de México, justo por donde pasaba ese camino tan lleno de historias, cuentos, leyendas y sucesos.

Quizá me equivoque, pero me da la impresión de que este cerro es el que se levanta a pocos kilómetros de distancia de Soyaniquilpan, consecuentemente lo que estamos observando es la zona de las haciendas que hemos ido conociendo, la de La Cañada, Tandeje y La Goleta..

Sin lugar a dudas México es un país de enorme riqueza cultural, lástima que cada vez es menos la gente interesada en descubrir ese enorme filón, esa gran veta, igual a la Vetamadre o la Vetagrande de las afamadas minas de Zacatecas o Guanajuato. Solo que estas vetas que ahora, a través de la óptica de El Bable, estamos re descubriendo. He podido constatar que lo que allí se atesora son cosas grandes, templos, haciendas, eras, molinos, galeras, trojes, casonas, haciendas, en fin, hay mucho, pero, ahora nos enfocamos al puro paisaje.

Y que mejor manera de irlo aderezando con algunas historias, como ésta que encuentro en el libro de Íñigo Laviada: "En el virreinato , el lejano paternalismo de la corona española mantuvo la paz y la concordia, con escaso uso de la fuerza. Después, el proceso de la independencia nacional creó ejércitos y militarismo, arruinando las fuentes de riqueza. Desde fines de 1810 hasta junio de 1813, los guerrilleros a las órdenes de Miguel Sánchez, Julián Villagrán y su hijo Chito Villagrán -mezcla de patriotas y bandoleros- depredaron en las haciendas del latifundio. El marqués de la Villa del Villar del Aguila y la marquesa de San Francisco sufireron quebrantos en sus respectivas haciendas. Estos caudillos insurgentes se dedicaban a los asaltos de diligencias y conductas de plata en el camino real, entre Jilotepec y Tula al sur de San Juan del Río al norte".

Llanos, montes, colinas, ríos, arroyos, cañadas, de todo vamos encontrando. Un paisaje siempre cambiante y siempre bello. El camino era largo, había enormes distancias que recorrer en las diligencias que no siempre eran cómodas. Todos los viajeros europeos y norteamericanos que lo cruzaron, nos dejaron alguna anécdota de su tránsito por el Camino Real, encontramos una anécdota más, siempre del libro del señor Laviada:

"Los habitantes de Jilotepec y de su distrito que presumen de conocimientos históricos afirman que además José Guadalpue Hitrón era el empresario o al menos el intermediario de los plateados, salteadores del Camino Real. Una de las gavillas de asaltantes , tenía su base en los cerros de Cuzda y Veró, cerca de Calpulalpan, donde atacaban a los viajeros que se dirigían al norte. La partida de bandoleros operaba en el cerro grande, cerca de Jilotepec para despejar a los viajeros que se dirgían a México.

En los mesones de Jilotepec, Soyaniquilpan y San Miguel Mandó se investigaba si los viajeros llevaban dinero u otros objetos valiosos consigo. Los foragidos eran avisados oportunamente para preparar el asalto. Ramón González, uno de los jefes de la cuadrilla de Los Plateados, vivía en la quinta de San Miguel , en la aldea de Palo Alto, entre Soyaniquilpan y el Rosal. La mayoría de Los Plateados que operaban en el Cerro Grande vivían en Villa del Carbón. Se identificaban con una hoja de roble en el sombrero. Este aditamento servía también de salvoconducto para los que recorrían el Camino Real".
Ese personaje que se menciona, José Guadalupe Huitrón, es quién se adjudicó la Hacienda de Calpulalpan, luego de la ley de Desamortización en la que la Iglesia perdió todos sus bienes. A Calpulalpan no fuí, no sabía que contara con una historia interesante, si bien, había oído sobre la batalla allí librada. Ahora bien, si somos ordenados (como pretendo ser), el artículo que seguiría a este sería sobre Soyaniquilpan, solo que, ahora me encuentro en el norte del país y no me traje el disco que contiene las fotografías que tomé allí, por lo tanto, brincaremos esa parte y seguiremos en este derrotero lleno de sopresas gratas que nos va deparando el Camino Real de Tierra Adentro... afortunadamente Los Plateados ya no merodean por el rumbo.



miércoles, 26 de enero de 2011

Hacienda de La Goleta, Soyaniquilpan, Estado de México

Dando un ligero desvío del Camino Real de Tierra Adentro, llegamos a la Hacienda de La Goleta, una de las tantas haciendas mexicanas que guardan un impresionante pasado y que, debido a las consecuencias de la Reforma Agraria, ahora está un poco en el olvido, no cayéndose a pedazos pues luego de que fuera fraccionada, la gente la ha mantenido pues se volvió casa habitación de varias familias. Esto que vemos fue algo que capté a través de una ventana que fue de lo poco que se me permitió fotografiar.

La Hacienda de La Goleta está ligada, y en mucho, a la historia de Santiago de Querétaro pues, fue su creador quién, luego que decidió vivir en esa ciudad, la engrandeció, la decoró, le puso su acueducto, todo con los buenos dividendos que, entre sus tantos negocios que poseía, le brindó la hacienda de La Goleta.

Nos referimos al muy afamado Marqués de Villa Villar del Aguila cuya historia es una más que nos dice lo que unas buenas relaciones públicas, los contactos adecuados y un país sometido, como lo fue la Nueva España, aunado a unas tierras pródigas, aderezado con un poco de corrupción, dan por resultado una riqueza inmensa. ¿Mencioné algo del braguetazo también? Creo que no.

Juan de Urrutia y de Inoriza llega a los 20 años de edad a la Nueva España, muchos de sus paisanos ya estaban aquí, algunos ocupando puestos clave en la administración real y, como él siendo peninsular -se dice que inculto, ignorante y patán- y eran precisamente los nacidos en la península ibérica los más aptos para ocupar las posiciones gubernamentales que proveían de buenos dividendos, él, al poco tiempo logró acumular una ligera fortuna.

Lo del braguetazo, así lo menciona, rotunda, directa y gallardamente don Íñigo Laviada en el anteriormente citado libro de Vida y Muerte de un Latifundio; lo dió con la que era considerada una de las damas, mejor dicho niña, en la literal extensión de la palabra, más encumbradas, doña María Gerónima López de Peralta Pujadas y Cervantes. Heredera del segundo mayorazgo creado por su señor abuelo (¿o bisabuelo?), el legendario don Gerónimo López Trujillo, el llamado "caballero del lagarto". De este personaje ya habíamos hablado hace año y medio, fue él quién participó en las fundaciones de la zona de Salvatierra y Tarimoro (si mal no recuerdo).

Pues aquél ignorante labriego, luego de casar y con una enorme fortuna en las manos, compra en 1689 el título de Marqués de Villa de Villar del Aguila al marqués de Leganés. Al poco tiempo, 1692, a los 47 años de edad muere, dejando su herencia a su sobrino, don Juan Antonio de Urrutia y de Arana quién, colocado en una envidiable posición de relaciones políticas y sociales en la capital de la Nueva España logró acrecentar la fortuna heredada, comprando los terrenos de San Agustín de Buenavista hacia 1693, lugar en donde se construyó la Hacienda de La Goleta.

A los 29 años de edad, en 1699, el segundo marqués de Villa del Villar del Aguila contrajo matrimonio con la que era considerada la dama más rica de toda la Nueva España y, seguramente de todo el continente, doña Josefa Paula Guerrero Dávila y Fernández del Corral quien heredó de sus abuelos una enorme cantidad de propiedades, entre ellas 75 casas en la ciudad de México y 6 haciendas (Tinganbato, San Martín, San Pedro Ixtapantongo, San Gabriel Mataltepec, San José del Cerrillo y La Magdalena).

Como no tuvo hijos, él, el Marqués, decidió traer a tres de sus sobrinos, primero a Sebastián Antonio Fernández de Jáuregui y Urrutia, llegó en 1728, murió en 1740. Era soltero, jamás tuvo la idea de casarse. Vino luego José Antonio Fernández de Jáuregui y Urrutia, quién ocupó importantes posiciones en la administración virreinal, llegando a ser el Gobernador de la Provincia de Nuevo León. Él casó con María Gertrudis de Villanueva. El tercero de los sobrinos que llegó a la Nueva España fue Agustín del Campo y Urrutia, quien murió siendo muy joven. Consecuentemente fueron los hijos del segundo sobrino, José Antonio, quién heredaría los títulos y las propiedades.

Fue así como Juan Antonio María Fernández de Jauregui y Aldama se convierte en el tercer marqués de Villa del Villar del Aguila, casando en primeras nupcias con Dolores Sepitén, al poco tiempo fallece y casa, en terceras nupcias con una de las más acomodadas damas del Bajío, Ana María de la Canal, hija del conde de La Canal de San Miguel el Grande. Es su primogéntio quién hereda el mayorazgo y, consecuentemente, el título.

Juan José Fernández de Jáuregui y Septién murió antes que su padre, habiendo disfrutado de los beneficios y la administración de La Goleta. A partir de la muerte de Juan José, el mayorazgo recayó en su hermano Juan María, quien administró y gozó de La Goleta en vida de su padre y heredó todas las haciendas vinculadas, a partir de 1812. Fue el cuarto marqués de Villa del Villar del Aguila y vivió el proceso de la independencia.

De 1805 a 1809, La Goleta fue demandada varias veces por el pueblo de San Francisco de Soyaniquilpan por problemas de linderos, ante la Real Audiencia y sus órganos locales. El mayordomo de la hacienda, el indio Gerónimo Valenzuela, complicó la situación derribando una cerca del pueblo y subiendo la renta de los pastos que alquilaba a los naturales. El mayorazgo fue acusado de despojo y el pueblo demandó la restitución .

Desde la iniciación de las luchas de Independencia, las haciendas disminuyeron su rendimiento. Juan María Fernández de Jáuregui heredó muchas deudas a favor de la iglesia y de prestamistas; fue un mal administrador y acrecentó las deudas. A partir de 1823, cuando el Congreso disolvió los vínculos de los mayorazgos, otorgó una serie de gravámenes sobre La Goelta. No pagó en tiempo. Fue demandado en la ciudad de México a donde se trasladó por una temporada hasta que fue obligado a vender la hacienda a un plebeyo lugareño, Mariano Reyes, en 1828".

Tremenda es la historia y, sobre todo el desenlace de la Hacienda de La Goleta, luego vendrían los tiempos en que los acaudalados Romero de Terreros la adquirirían.... ahora sigamos viendo algunas fotografías más.






Este es un bebedero de ganado, es decir un abrebadero....

Y esta una linda burrita, seguramente preñada, pues son las que dejan en los corrales o pastando en su dulce espera. Al ver esta escena recuerdo algo que el autor Laviada comenta en su libro: "En 1665 partió para México Juan de Urrutia Inoriza, de veinte años de edad, sin más instrucción que la de ocho meses de asistir a la escuela de Gordejuela y un corto curso de mundanidad porco antes de partir. Era analfabeto, con rudimentarios conocimientos de lectura. Sus coterráneos avecindados en México se encargarían de desasnarlo".





martes, 25 de enero de 2011

Hacienda de Tandejé, lo que queda de ella.

Distante unos quinientos metros del Molino que ayer visitamos, nos encontramos ahora ante lo que fue la espléndida hacienda de Tandeje. Aquí abro un paréntesis pues creo que, siendo este nombre de orígen Otomí, más bien debería estar acentuado como Tandejé. No soy experto en la lengua pero suena eso más fonético. Bueno, entremos en materia, estamos en la Era de lo que era la Hacienda de Tandejé.

Ahora vemos una de las paredes que, ya no me causan sorpresa, están grafiteadas o, como es el caso, sirven para pintar los anuncios de los bailes que habrá en algún salón cercano a la que fuera la Hacienda. Y, otra vez, nos apoyaremos en el libro de don Íñigo Laviada Vida y Muerte de un Latifundio (Porrúa, México, 1984). Cabe decir que estoy muy agradecido a Arturo Chávez, del Periódico ¿Que hay? de Jilotepec quién me regaló el libro mencionado.

Ahora estamos dentro de lo que fuera la capilla de la hacienda, dedicada a San Antonio. No tengo la certeza de que a ese santo fuera pero, leyendo a Lavida encuentro siempre la referencio de Hacienda Tandejé, y en una de ellas si lo anota como San Antionio de Tandejé.

La historia que encontramos de la hacienda de Tandejé comienza al principio del siglo XIX apareciendo como propietario el licenciado Manuel Jerónimo Valenzuela, debido a los probelmas consecuentes a la guerra de Independencia muchas de las haciendas se fueron a la quiebra, como fue el caso de Tandejé. Fue entonces adquirida por la fundación del hospital de San Andrés en la ciudad de México. Medio siglo más tarde, 1860, fue comprada por Francisco Iturbe Anciola y anexada a la de La Cañada. Sus tres hijos y su esposa, Cipriana Villar, heredaron la propiedad al año siguiente.

Francisco Iturbe Villar, casado con Dolores Aristáin; Manuel Iturbe Villar, representante diplomático de México en varios países de Europa, casado con Trinidad Sholtz y Felipe Iturbe Villar fueron los descendientes de Francisco Iturbe Anciola. Este último recibió finalmente en la herencia ya dividida, la propiedad de tres de las más prósperas haciendas de la zona: La Llave, en San Juan del Río; La Cañada, en Tepeji y Tandejé. Recibió también las casas más espléndidas que había en la ciudad de México: la de los condes de Orizaba, condes de Bellavista y la del conde de Miravalle.

"Al inicarse el porfiriato, era propietario de la hacienda Tandejé Felipe Iturbe Villar, residente en París y Niza, que visitaba poco su patria. Los administradores de sus haciendas eran eficientes y actuaban como dueños. criaban ganado, cultivaban la tierra, alquilaban parte de ella y otograban contrataos para explotar los bosques haciendo carbón. Felipe casó en Francia con Elena Idaroff de orígen eslavo y tuvo cuatro hijos.

Felipe Iturbe Villar murió en Niza el 23 de febrero de 1889. Las haciendas Tandejé, Caltengo, La Cañada y El Ocote con sus ranchos respectivos, fueron heredados por Francisco Iturbe Idaroff, solterón originario de Francia y residente en aquel país. Este tampoco visitaba con frecuencia la Republica Mexicana.

Desde tiempo atrás, el casco de Tandejé había sido arruinado en alguna de las guerras civiles y esta hacienda era manejada desde Caltengo y La Cañada. Las tres haciendas eran administradas por Miguel S. Malo que enviaba a Francia periodicamente las utilidades.

El día 7 de agosto de 1907 se formalizó la ventade la hacienda Tandeje y su anexo rancho El Quinto; la hacienda La Cañada con sus ranchos anexos San Isidro, Togui, Atongo, Descaní y Divisadero; la hacienda Caltengo y su rancho La Alberca, así como el rancho de Nuestra Señorade la Soledad o El Ocote. El precio de la operación fue de $570,000.00 pesos. La operación fue libre de gastos e impuestos para Iturbe, el vendedor".

Recordarás que cuando veíamos la hacienda de La Labor en Apaseo, comentaba del tráfico de influencias que ejerció Hernán Pérez de Bocanegra, pues bien, ahora vemos que, habían pasado más de cuatrocientos años y el tráfico de influencias no había terminado, sino que se había depurado aun más... lo peleado en la Independencia, de nada había servido... c'ets la vie. Sigamos conociendo lo que queda de la Hacienda de Tandejé. Insisto en el acento.






Te había dicho de un mapa más claro, espero este sea lo suficiente para ubicarnos en el lugar. La línea amarilla corresponde a la actual Autopista México-Querétaro, los puntos en verde marcan el derrotero que llevaba el Camino Real de Tierra Adentro, recordando que Tula, La Goleta y Xilotepec eran ramales del mismo.

"A partirde 1693, el Marques de la villa del Villar del Aguila creó un latifundio formado por tres grandes haciendas: La Goleta, San Antonio (Tula) y San José (el Marqués), ubicadas entre las pequeñas ciudades de Tula y Jilotepec al sur y Huichapan al norte, por cuyos terrenos -hoy ejidales- pasa actualmentela autopista México Querétaro, en los kilómetros del 90 al 115. Despues fraccionó, se reintegró de nuevo y creció con la incorporación de las haciendas de Calpulalpan y de Tandejé"

"Las cinco haciendas murieron en la reforma agraria. Sus grandes construcciones están en ruinas; sus tierras fraccionadas en miles de parcelas minúsculas".

Sorprendente es en verdad toda la naturaleza que vamos encontrando a la vera del Camino Real de Tierra Adentro... por allí seguiremos...