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martes, 5 de noviembre de 2019

De Aculco y sus quesos

   En este Bable hemos hablado mucho, pero no lo suficiente, de Aculco, el pueblo que, además de estar catalogado como "Mágico", también ostenta el título de Patrimonio de la Humanidad y si tiene ambos nombramientos es, sin lugar a duda, por algo más que notorio: la belleza de sus calles, sus plazas que están envueltas en un bello entorno. Allí no hay paleta de color para pintar sus casas, pues sólo existe el blanco, con detalles negros en herrería, puertas y ventanas. Todo este conjunto es bastante hermoso, siempre lo he recomendado visitar y ahora agrego algo más que seguramente te será bueno saber.

   En Aculco existe más de un medio centenar de talleres productores de queso. El queso de Aculco es bueno, más bien, es extraordinariamente bueno, son muchas las variedades que allí se ofertan, los quesos tradicionales, tipo manchego, los quesos aderezados con epazote, con jalapeño, con chipotle, los ahumados...

 ... el tipo panela, los adobados, los quesillos, los de hebra, el "de morral"... si gustas del queso, en Aculco estarás en un paraíso quesero.

  Este que ahora vemos en la imagen es el ahumado. Si gustas del queso ligeramente fuerte, este te encantará.

Para ver más del tema, entra aquí.

viernes, 17 de mayo de 2019

Hacienda de San Antonio Ometusco, una descripción de 1899

 HACIENDA SAN ANTONIO OMETUSCO.
Propietario: D. IGNACIO TORRES ADALID.

En términos de la municipalidad de Axapusco, Distrito de Otumba, entre las estaciones del ferrocarril Mexicano, Irolo y Ometusco, se encuentra la valiosa y hermosa hacienda de campo de la que es propietario el señor D. Ignacio Torres Adalid , persona bien conocida y apreciada en México por las bellas prendas de su carácter. Dicha hacienda, que lleva el nombre de San Antonio Ometusco, está destinada al cultivo de cereales y del maguey, cuyas labores se practican en ella con máquinas apropiadas y modernas, obteniéndose en rapidez y producción el halagador resultado que obtienen todos los agricultores que abandonan el hábito de la rutina y entran de lleno en el progreso mecánico, como entraron todos los demás ramos de la industria humana.

  Posee la hacienda hermosos campos por los que cruzan algunos arroyos como el de Papalote, cuyas aguas se aprovechan para el riego, y colinas más órnenos acentuadas donde se escalonan vistosamente plantíos de maguey. Las tierras son de excelente calidad, especialmente en los llanos, donde crecen con lozanía los verdes tallos del maíz y la cebada, y miden una extensión aproximada de cien caballerías, ó sean 4.400 hectáreas poco más ó menos.

  Es sin disputa la hacienda San Antonio una de las más productoras y mejor atendidas en la comarca de los Llanos de Apam, debido al interés que su propietario tiene en mejorarla cada vez más, convencido de que todo gasto en este sentido aumenta el valor de la finca y la cantidad y clase de las cosechas. Estas alcanzan cifras interesantes: de dos á tres mil cargas anuales de maíz y ocho ó diez mil de cebada. El maguey produce también en la actualidad un buen rendimiento, pero contando la propiedad con gran número de plantas jóvenes es de creer que en pocos años duplicará la producción de pulque. Discurren por ciertos lugares á propósito de la hacienda numerosos ganados, vacuno, lanar, caballar y asnal, que constituyen otra fuente de riqueza con su multiplicación y productos.

   Guadalupe y La Presa, terrenos de la hacienda, por medio de un ferrocarril fijo y con un ramal al ferrocarril Hidalgo, quedando de este modo en condiciones de enviar á México fresco el pulque de su tinacal, en brevísimo tiempo. Además, su proximidad á las estaciones de Irolo y Ometusco, le permiten usar los ferrocarriles Mexicano é Interoceánico que se juntan en la primera de aquéllas.

   Habitan la hacienda como 1.800 almas, muchas de ellas peones que se ocupan en las faenas agrícolas de la misma y que se proveen, como podrían hacerlo en cualquier población importante, de cuanto necesitan, en la bien surtida tienda y almacén de la finca. Los edificios construidos en ella son muy notables y todos fueron edificados con ladrillo, siguiendo planos de buen gusto moderno, como puede verse en los grabados que ilustran estas páginas; especialmente la casa habitación, la tienda y el precioso templo católico, que podría figurar dignamente como parroquia en cualquier ciudad.

   Otro edificio de mérito es el tinacal donde, como se sabe, sufre la fermentación el jugo del maguey, llamado aguamiel, en recipientes apropiados, hasta hacerse pulque y ponerse en condiciones de entregarlo al consumo.  


Fuente:

Figueroa Domenech, J. Guía general descriptiva de la República Mexicana. Tomo II. Ramón de S. N. Araluce, México, 1899. pp. 318-322

jueves, 16 de mayo de 2019

La ex hacienda de Jaltepec, San José del Rincón, Estado de México

   En el artículo anterior vimos la interesante descripción que en 1899 se hizo de una próspera hacienda en la parte occidental del Estado de México, colindante con el de Michoacán, llamada La Providencia. Al andar en búsqueda de imágenes de la hacienda, topé con otra que, por sus características podemos datar de ese periodo de bonanza en las haciendas mexicanas que fue el porfiriato, concretamente la última década del XIX. Se trata de la hacienda de Jaltepec que fuera propiedad del mismo dueño, Juan de la Fuente Parrés.

    "Como antecedente cabe apuntar que los mazahuas de la zona ya trabajaban la fibra a baja escala por lo menos desde 1876. Las escobetas manufacturadas con la raíz extraída y beneficiada en San Felipe del Progreso eran, hacia 1889, "muy apreciadas" en la ciudad de México. Originario del poblado asturiano de Niembro, Juan de la Fuente Parrés emigró a la ciudad de México hacia 1876. Se tiene noticia de que fue editor de obras literarias, entre las cuales destacó la primera edición de Los bandidos de Río Frío.

    De esa frma y con el único fin de llevar a cabo la explotación del zacatón, hacia 1892, de la Fuente compró la hacienda de Tierra Quemada, a la que nombró Providencia, al mismo tiempo que instaló en la cabecera municipal un taller para beneficiar la raíz.

    Conforme vio incrementar sus ganancias en la Providencia, de la Fuente fue adquiriendo los terrenos de algunas otras haciendas vecinas y anexándolas a ésta. Tal fue el caso de la Purísima, San Miguel Agua Bendita, San Nicolás y Jaltepec, hasta lograr un latifundio de dimensión considerable, mismo que llegó a poseer una superficie de poco más de 20,204 hectáreas y un valor fiscal de 605,960 pesos.

    En 1819 el negocio fundado por de la Fuente Parrés tocó fondo: la exiguas explotaciones se vieron suspendidas, por lo que el taller de beneficio instalado en San Felipe del Progreso tuvo que cerrar sus puertas. El fundador y dueño de la Providencia no volverá a experimentar la bonanza ya que murió en febrero de 1920". (1)




Fuente:

Romero Ahedo, Juan Israel. La memoria agraria mexicana en imágenes: Cuatro ensayos. Registro Nacional Agrario. México, 2002, pp. 154-159

miércoles, 15 de mayo de 2019

La hacienda de La Providencia, San José del Rincón, Estado de México


LA PROVIDENCIA. — Hacienda de cereales y zacatón.- 
Propietario: D. JUAN DE LA FUENTE PARRES 

  Si para dar idea á nuestros lectores de la importancia que en el Estado de México tienen las haciendas de campo á que hemos aludido, necesitamos describir alguna de las principales, justo es que empecemos por La Providencia, la más valiosa, sin duda, por las cuantiosas cosechas de cereales que produce, por lo esmeradamente atendida que se encuentra y, sobre todo, porque en ella nació y tiene su foco principal una tan productiva industria cual es el preparado de la raíz de zacatón.

   Hállase la hacienda enclavada en términos del distrito de Ixtlahuaca y comprende aproximadamente ochenta kilómetros cuadrados de terreno, en magníficas praderas, feraces colinas y bosques tupidos de árboles seculares, por entre los que corren multitud de arroyos que para el agricultor tienen una importancia capital, porque ellos llevan la vida y el verdor á sus campos y aseguran sus cosechas.

   Dejando el ferrocarril en la estación Flor de María, de la línea del Nacional Mexicano, se llega por un buen camino que atraviesa el antiguo pueblo de San Felipe del Obraje, hoy justamente llamado del Progreso, y por medio de fincas lozanas y paisajes bellísimos, á los terrenos de La Providencia. Desde mucho antes distingue el viajero el alegre caserío de la hacienda: la hermosa casa habitación con sus amplias arcadas, la iglesia ojival, construida de piedra blanca y con airosa torre de tres cuerpos; la casa escuela sostenida por el propietario Sr. Parres, el cuartel de gendarmes, los graneros, los almacenes para el zacatón y otras varias dependencias, todas edificadas con piedra y material, en estilo moderno y de buen gusto.

   Rodean este grupo de construcciones los grandes plantíos de cebada, maíz y trigo, cercados con fuerte valla de alambre cuyos postes pintados de blanco revelan el cuidado que allí se pone hasta en los más pequeños detalles para dar bonito aspecto á la propiedad. En aquellos fértiles campos se cosechan anualmente millares de cargas de los mencionados granos, cuyas siembras no se pierden nunca porque están al abrigo de los hielos por un fenómeno bien extraño, comprobado muchas veces.

   Más allá se perciben las lomas y los ribazos, salpicados con el zacatón cuya verde cabellera de hierbas oculta un tesoro en sus raíces, y por último, limitan el horizonte los umbríos bosques donde crece el ocote, el encino, el oyamel y otros gigantes de las selvas, por los que corre el misterioso hilo eléctrico que une telefónicamente la hacienda á la ciudad de México; línea la más extensa tal vez del país y que alcanza á 200 kilómetros.

   Los ganados vacunos y lanares, pastan en los prados animando el paisaje, mientras numerosos peones practican las labores en la generosa tierra, arando unos, con los aparatos modernos tan diferentes del rutinario arado de madera, y arrancando otros con soberano esfuerzo, la mata de zacatón que se adhiere al suelo tenazmente; y si es época de trilla, allá vemos también humear la máquina de vapor y oímos rechinar la trilladora mecánica, símbolos del progreso introducido al fin en la moderna agricultura.

   La producción de esta hacienda modelo se divide en tres clases: la pecuaria, cuyos ganados merinos dan á las fábricas de tejidos del país un contingente anual de quinientas á ochocientas arrobas de lana de superior calidad; la agrícola, que ya hemos dicho produce millares de cargas de maíz, de trigo y de cebada, así como legumbres, frutas y maderas que se explotan siguiendo un inteligente método de replantación; y finalmente, la preparación del zacatón, laboriosa contra lo que suele creerse, cuyas dificultades empiezan al arrancar la raíz del suelo y continúan en la delicada operación de fumigarla ó sea hacerla inhalaciones de azufre para que adquiera ese hermoso color amarillo barnizado sin el cual no puede entregarse á los mercados.

   Vacilamos en asegurar cuál sea de estas tres producciones la que mayores rendimientos alcanza para el Sr. Parres; pero nos inclinamos á creer que la más importante de ellas es el zacatón, que se exporta en fardos á los Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania, donde se convierte en escobillas, cepillos y otros múltiples objetos que con dicha raíz se fabrican. Sabemos, sí, que de todo el zacatón mexicano, es la marca de la hacienda La Providencia la preferida en el extranjero y la que mayor precio alcanza.

   No es menor de medio millón de pesos el capital empleado por D. Juan de la Fuente Parres en su negociación agrícola, cantidad distribuida con talento y método en todo lo útil y en nada superfluo.
Par a concluir diremos que es el Sr. Parres la providencia de aquellas buenas y numerosas familias que pueblan la hacienda: se ha constituido necesariamente en autoridad que gobierna únicamente haciendo el bien, proporcionándoles todos los beneficios de la vida civilizada, entre ellos el de la educación, que reciben los niños de los peones en una escuela admirablemente surtida de útiles y textos e idóneamente dirigida.

  Lamentamos carecer de vistas fotográficas de La Providencia, para ilustrar nuestra breve descripción, dando á nuestros lectores más aproximada idea de las bellezas que encierra; y terminamos con nuestras felicitaciones al Sr. Juan de la Fuente Parres, cuya actividad, inteligencia y sacrificios se ven recompensados con el éxito obtenido.

Nota: En la actualidad los vestigios de esta hacienda corresponden al municipio de San José del Rincón, Estado de México.

Fuente:

Figueroa Domenech, J. Guía general descriptiva de la República Mexicana. Tomo II. Ramón de S. N. Araluce, México, 1899. pp. 318-322

jueves, 9 de mayo de 2019

La Hacienda de Cuautengo, descripción de 1899

Hacienda de Cuautengo.
Propietario: D. Manuel Sánchez Navarro.
Otumba, Estado de México.

   La gran riqueza de las haciendas de campo, de los Estados de Hidalgo, Tlaxcala, México y algunas del de Puebla, consiste en la producción de pulque, la bebida nacional, que equivale, como industria, al vino en España y á la cerveza en Alemania; y entre esas haciendas ocupa principal lugar la de Cuautengo del Sr. Manuel Sánchez Navarro, por su considerable producción. 

    Se encuentra situada esta propiedad y su anexa llamada Xochihuacán, de menor importancia que la primera, en el distrito y municipalidad de Otumba, Estado de México, y miden juntas una extensión aproximada de 110 caballerías, ó sean 4.800 hectáreas poco más ó menos, de terreno apropiado, no sólo para el maguey de pulque, sino para cereales, de los cuales se cosechan anualmente buenas cantidades de cebada, maíz y trigo.

   Las plantaciones de magueyes cuentan alrededor de 50.000 plantas desarrolladas y muchas en explotación, que producen al día, en los tinacales de la finca, cincuenta y cinco cargas, ó sean 35.640 litros de pulque de superior calidad, reputado en el mercado de México como uno de los más finos que se elaboran en el país. Los plantíos se renuevan continuamente y se aumentan de tal modo que en pocos años más se conseguirá tal vez duplicar la producción Comprendiendo el propietario de tan valiosa hacienda el porvenir que a la misma está reservado, emprendió grandes obras y mejoras en edificios, desmontes, etc., que llevó á cabo, distinguiéndose particularmente por su gran utilidad el tendido de una vía férrea de trocha angosta, desde la finca á la estación de Otumba, en un recorrido de 10 kilómetros, que andan las plataformas en la dirección indicada sin tiro alguno, pues se aprovechó el desnivel del terreno para construir la vía, siempre encuesta abajo.

   Por ella se conducen á la estación de ferrocarril todos los productos de la hacienda y claro está que constituye la obra, si bien más costosa, más útil, por lo que abarata y apresura los transportes. En el trayecto de esta vía hubo la necesidad de construir un puente de Hierro con pilares de piedra, de gran costo y solidez, del cual publicamos aquí un fotograbado.

   Entre los edificios de la finca son notables los tinacales, las trojes y la casa habitación.


Fuente:

Figueroa Domenech, J. Guía general descriptiva de la República Mexicana. Tomo II. Ramón de S. N. Araluce, México, 1899. pp. 318-322