Mostrando entradas con la etiqueta Homosexualidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Homosexualidad. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de enero de 2016

La novela costumbrista en México, el caso de Chucho el ninfo.

  La novela costumbrista en México prosperó mucho especialmente luego de la guerra de Independencia a lo largo del siglo XIX, era una forma de entretenimiento que, casi siempre se hacía en forma de "entregas", así semana a semana aparecía el siguiente episodio, de esa manera la gente que sabía leer tenía la oportunidad de hacer una amena lectura en familia o ante amigos que disfrutaban de aventuras, que se regocijaban ante la mordacidad de los escritores que describían las escenas de sucesos algunas veces inventados, otras tomados de la realidad, aunque un poco exagerados, pero siempre basados en algo que en el momento acontecía, de ese modo captaban la atención del público que compraba una suscripción a cada entrega y al finalizar encuadernaban los fascículos para formar un libro y conservarlo. Y es en 1871 que se publica una novela de nombre sumamente curioso llamada Chucho el Ninfo, dentro de la colección La linterna mágica. La novela se anuncia así: "Con datos auténticos, debido a indiscreciones femeniles (de las que el autor se huelga)." y es de allí que extraigo este episodio que para quienes gustamos de la historia y costumbres del México decimonónico, nos recreamos con la descripción de una procesión en el año de 1840, la de la Virgen de la Merced. Cabe mencionar que esta novela está considerada como la primera escrita en México que aborda el tema gay veladamente.

   En todo el trayecto que se percibía de la calle se veían criados regando y barriendo con desusado esmero: atravesando la calle pendían de acera á acera cordeles colgados de tápalos y mascadas; y de trecho en trecho, especialmente en los cruceros de las bocacalles, arcos de tule adornados con zempazochitl. No había puerta, balcón ó ventana en donde no estuviera colgada una cortina, y de las azoteas de algunas casas pendían gallardetes y bandillas de todos colores, que agitados por el viento de la tarde, presentaban una orla movible y deslumbrante que completaba aquel agradable conjunto abigarrado de cortinas y adornos. El entusiasmo religioso se hacía más palpable en las panaderías de la carrera de la procesión, porque veinte ó treinta hombres que vivían en una cautividad voluntaria, sentían, tal vez en virtud de su pobre condición, el espíritu de cuerpo, é interrumpían gozosísimos la monotonía de su vida árida y triste, con aquella fiesta anual, que si no los sacaba do su amasijo, los sacaba por lo menos de sus casillas.

   En esa época el panadero era un esclavo, un hombre vendido á la sórdida avaricia de un gachupín tirano y especulador que no recibía trabajadores, sino cuando estos, tal vez para pagar una deuda de honor, vendían á vil precio su trabajo y su libertad de muchos días, y aun de años enteros; por este medio el patrón se hacía de esclavos á quienes imponía su voluntad despótica. Estos esclavos para quienes todos los días del año eran lo mismo, no vacilaban, en acercándose las fiestas de la Merced, en imponerse una nueva y crecida cuota y en reempeñarse en mas, con tal de celebrar dignamente á la Inmaculada Patrona la Santísima Virgen de la Merced.

  Generalmente inventaban que un ángel de carne y hueso descendiera por unos cordeles, desde la azotea de la panadería hasta colocarse sobre la cabeza de la divina Imagen para bañarla de flores. El segundo punto del programa era quemar algunos miles de cohetes, arrojar algunas arrobas de flores deshojadas y de obleas, y por último, regalar al pueblo también algunos miles de piezas de pan arrojadizas. 

   Después del segundo repique, ya los balcones, azoteas, puertas y ventanas, estaban coronadas de gente; y las bocacalles todas que convergían á las calles de la carrera de la procesión, estaban obstruidas por multitud de carruajes; además, todas las banquetas estaban llenas de concurrentes y en algunas partes había largos estrados formados de sillas y bancas que se alquilaban á los que venían de lejos á ver pasar la procesión. Todo lo cual se comprenderá fácilmente si tenemos en cuenta que en ese día se cerraban las oficinas y el comercio, y qué la procesión de la Merced conmovía, sin excepción, á los doscientos mil habitantes de la capital y aun á algunos otros más de los pueblos vecinos.

   Por el centro de las calles discurrían á paso lento los jóvenes amantes, los pollos vecinos de otros barrios, los oficiales de la guarnición vestidos de gala, y en fin, el sexo feo haciendo un aleteo en masa, husmeando pollas y gallinas y deleitando la vista con la triple hilera de palmitos frescos y rozagantes. Entonces las gentes se veían unas á otras, y como en virtud de la unidad de pensamiento religioso no había un solo pollo á quien le diera vergüenza andar en la procesión, ni á quien le ocurriera llamar idolatría á la adoración de la Imagen, ni mucho menos quien se atreviera á burlarse de aquel acto piadoso y de aquella costumbre inveterada, había una animación en aquel conjunto y tal homogeneidad, que el acto tenía mucho de solemne y de grandioso.

   El tercer repique difundía por los aires un rumor colosal producido por más de cincuenta mil voces: había llegado el momento; la procesión iba á salir. Abría la marcha una escuadra de batidores armados con los relucientes instrumentos de zapa, instrumentos que por entonces sabían más de procesiones que de trabajos de paralelas, de asalto y otros no únicos rudos.

   Algunos de estos gastadores que en la mente del ministro de la guerra fueron desde su creación hombres robustos y de aspecto imponente, llevaban barbas postizas, porque desde entonces no hemos concebido ni el aire marcial ni la elegancia del soldado, sino al través de los figurines franceses, pero nunca en las líneas puras de la raza azteca. Después de estos aparentemente feroces guerreros, venían las archicofradías con sus estandartes, los hermanos y el acompañamiento de faroles adornados con penachos de cristal en hilos y con almendras y prismas colgantes, que producían un ruido particular al chocar con los vidrios planos de los faroles.

   Venían después en número considerable niñas vestidas de indias, y niños de polleros, carboneros y vendedores de bateas, jaulas, &c. Esta costumbre era una manifestación pública de que los padres consideraban ya á los indios también como hijos de Dios y herederos de su gloria después de la bula de Su Santidad que se dignó declararlos racionales desde Roma.

   Venían atrás niñas vestidas con trajes blancos y coronadas de flores, y á quienes todo el mundo convenía en llamar almas gloriosas. Multitud de niños seguían también la procesión vestidos de ángeles. Estos ángeles de procesión, en lo general, bien poco tenían de apocalípticos, ni mucho menos de aéreos, ni de poéticos; pero eran admitidos como tales ángeles, si ceñían su frente con una cinta, en la que se colgaban relumbrones y dijes, cinta que sostenía una gran pluma que nacía en el cerebro del inocente.

   Ajustaban el cuerpo del ángel con un corpiño chillante y le ponían una tunicela con el indispensable respingo de un lado, para que le dejase ver su escuálida pierna ligada con cintas rojas. Las alas, que ni eso les faltaba á los angelitos, eran de papel ó de hoja delata, pues en las hojalaterías de entonces, se alquilaban á la par que tinas, calentadoras y faroles, alas para ángel; artículo que, según la opinión de los hojalateros modernos, está por los suelos, si a que por eso de los tales hojalateros se pueda decir que se les han caído las alas.

   Entre el numeroso séquito de ángeles, indios, indias y cautivos, que era la especialidad de esta procesión, pues como se sabe, la redención de cautivos fue el gran asunto de la orden; entre esta variedad de gremios, decíamos, descollaban los tres Reyes Magos, reproducción paródica y carnavalesca de aquellos que guiados por la estrella llegaron á la cuna del Salvador. Estos tres Reyes Magos hacían su segunda exhibición, pues fueron los precursores de las fiestas en el víctor. Este víctor era el convite del anuncio del novenario y tenía por objeto repartir las invitaciones impresas en el vecindario, pero que por mayor pompa se hacía esto sacando un gran carro fantástico en el que eran conducidos la imagen de la Virgen, San Miguel y el diablo, muchos cautivos, un homónimo en muchacho de San Pedro Nolasco, otro de San Ramón Nonato y otros de varios santos mercedarios.

   Este carro era precedido por los tres reyes, por algunos moros á caballo y seguido de una música militar y de cien muchachos armados de cañaverales y de banderas, que gritaban hasta alborotar todo el vecindario: ¡Viva Nuestra Señora de la Merced!

   Los mismos tres reyes se exhibían en la procesión algunas veces el mismo carro como en el víctor. Concurrían y formaban parte de la procesión, todos los religiosos de la orden y de las órdenes hermanas; asistían los padres de los Colegios de Portacoéli, San Ángel, Merced de las Huertas, San Juanico, San Pablo, San Ramón y los padres dominicos.

   En lugar preferente, y ya cerca de la Ilustre Archicofradía  y de la comunidad iba San Juan Bautista. Este era un niño muy hermoso, muy blanco y muy gordo, desnudo y muy güero, muy rizado y medio cubierto solamente con una piel de borrego, blanca como el armiño. Llevaba una cruz dorada con el lema ecce agnus dei iba conduciendo con un cordón de seda al Cordero Pascual. Pero como en la raza lanar de aquí (y con total exclusión del sagrado símbolo) no estén arraigadas ciertas costumbres piadosas, al borrego de San Juan había que obligarlo mal de su grado, á andar en la procesión conservando, hasta donde es posible en un borrego, la circunspección debida.

   De esta circunspección estaba encargado un criado, que en toda la carrera, y era larga, tenía la misión de empujar á la irrespetuosa oveja por el cuarto trasero. Junto á San Juan Bautista, iba su mamá, pero vestida y gozándose en la desnudez de su santo. Traía el estandarte de la orden un padre caracterizado, y las borlas que pendían del estandarte, eran sostenidas por el secretario y otra persona de distinción. Venían luego los hermanos de la Archicofradía, con casaquín blanco y azul: En seguida venia el gran palio, conducido por ocho hermanos y bajo el cual marchaba el sacerdote revestido, conduciendo al Divinísimo, y después en unas enormes andas, cargadas por treinta y dos cargadores, la milagrosa imagen de la Virgen de la Merced, ostentando un riquísimo manto azul bordado de oro y perlas. La imagen llevaba el cabello suelto, aunque á juzgar por el traje y la corona, estaba vestida de gran lujo. La cabellera tardó bien poco en desaparecer, bajo una capa de flores deshojadas y obleas, que le habían echado adrede desde las azoteas, que estaban coronadas de gente preparadas millares de personas con pañuelos llenos de flores, y pendientes de un cordel por un ángulo los arrojaban con fuerza, tirando en seguida del cordel, de manera que figurase un petardo que poblara el aire con una lluvia de flores.

   Esta operación repetida cincuenta veces en un corto trecho, llegaba á nublar el aire, á interceptar la luz, á oscurecer la calle en pleno día. Detrás de la Virgen, venia una música militar y en seguida un batallón vestido de gala y marchando al paso regular con arma al hombro: después de la tropa y á los lados de la columna caminaban más de dos mil curiosos. Pasaba la procesión y no por esto se acababa la diversión en las calles de la Merced, pues que para prolongar los regocijos, los panaderos se entretenían en arrojar, desde las azoteas, tortas de pan al pueblo, que se amotinaba ostentando una hambre que no tenía; pero que á pan tirado nunca le hizo gesto, y menos en días de atragantarse á la divino.


Fuente:

Facundo. Historia de Chucho el Ninfo. Ignacio Cumplido editor e impresor. México, 1871.

domingo, 16 de septiembre de 2012

"Pánico social" en Hermosillo, lo sucedido en el Cristal White en 1931

Comenzaré diciendo que la foto no corresponde a lo sucedido en Hermosillo, Sonora, sino que es el resultado de una de las tantas redadas, tan recurrentes, en la ciudad de México en los años 30, 40 y 50. Lo que ahora nos ocupa es una nota, por demás atractiva, que encontré en una recopilación que el diario El Universal hizo en 1987, de los sucesos más notorios ocurridos en el país en años anteriores. Con esto corroboramos que el ya mítico "Baile de los 41" no fue un hecho aislado.

Un baile de afeminados.
En el "Cristal White" de Hermosillo, se registró un tremendo escándalo social. - Locales montados a todo lujo. - Enorme pánico.

Hermosillo, son. 30 de junio de 1931.-

En el "Cristal White" se registró un tremendo escándalo social con motivo de la aprehensión de numerosos afeminados que estaban en compañía de jóvenes de la mejor sociedad del puerto, de boleros, empleados públicos, y estudiantes normalistas.

Ha sido tan grande el escándalo que la prensa local no ha querido publicar los nombres de los jóvenes que estaban en compañía de los afeminados. Únicamente dan información en el sentido que fueron aprehendidos.

En oficinas policíacas todos declararon cínicamente  que tenían relaciones con los jóvenes depravados que estaban en su compañía. El Cristal White, que es uno de los lugares más conocidos de esta ciudad, estaba montado a todo lujo con hermosísimos gobelinos, pieles de Damasco, finas ropas de cama y tenían en existencia desde el aristocrático Champaña y el Henesy hasta el vil aguardiente.

Entre los aprehendidos hay un tal Ismael Flores que se hacía pasar por María Pavlovich. El señor Ruiz, que estaba entre la concurrencia, salió huyendo inmediatamente hacia Cajeme, dictándose orden de aprehensión en su contra pues se hacía pasar indebidamente como agente confidencial del Ministerio Público.

También fueron aprehendidos dos jóvenes deportistas del team de béisbol de Cajeme, que se encontraban de paseo en esta ciudad.

Este descubrimiento ha causad un enorme pánico social, principalmente entre las familias cuyos miembros se hayan comprometidos.

El Corresponsal.-
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Con esta nota lo que comprobamos son dos cosas, una el amarillismo de la prensa que exalta a estos hechos como algo que causa "pánico social"... ¿pánico de qué?, me pregunto. Por el otro lo cerrado y mojigato de la provinciana mentalidad de los gloriosos años treinta del pasado siglo XX.

Fuente:

Hemeroteca El Universal. Tomo I. Editorial Cumbre. México, 1987.

lunes, 30 de abril de 2012

Una historia de niños y de perros en el México colonial

La discusión, suele suceder, está en que si fue en 1916 o en 1924 que se instituyó la celebración del Día del Niño en México, unos dice que fue en Tlaltoyucan (Wikipedia dixit basado en Diario de Xalapa dixit) y la mayoría lo refiere como acción del maestro Vasconcelos durante su gestión en el Ministerio de la Educación en tiempos de don Álvaro Obregón. Hoy la prensa nacional y los reporteros de la televisión darán cuenta, una vez más, como año con año lo hacen, de los números reprobables y siempre crecientes de niños trabajando, de niños explotados. Soluciones no se plantearán y, lamentablemente, la estadística seguirá siempre a la alza en esa materia... y estamos en tiempos electorales. 

 Lo que vemos es un grabado de Theodore de Bry (1528-1598) que además fue "orfebre y editor belga, incursionó también en la cartografía. Nació en la ciudad de Lieja en donde se educó y creció, luego viaja alrededor de Europa visitando ciudades como Estrasburgo, Amberes, Londres y Fráncfort; fue un europeo adelantado a su época tan igual como Erasmo". Nunca estuvo en el Nuevo Mundo, se dedicó a recrear escenas de los relatos que conquistadores y sacerdotes hacían en sus escritos como es la que ahora vemos, que se basa en algo que fray Bartolomé de las Casas denunció en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, en la cual anotó: 

 "... una muger teniendo en sus brazos a su hijo de un año vio que los españoles echaban los perros bravos a muchas personas, y previó que luego sufriría esta muerte horrible; por evitarla tomó una soga, ató su niño a un pie de esa misma madre y se ahorcó de una viga. Los perros llegaron bien pronto en ocasión que un fraile pasaba por allí, bautizó al niño colgado, pero no pudo liberarlo por que los lebreles hicieron presa y lo destrozaron..." (Lebreles son los perros de caza, tipo galgos o afganos). Y también De las Casas relaciona esto:

 "... Otro español fue a caza de venados en eta reyno de Yucatán (o no me acuerdo bien si en una provincia de Nueva España). Notó que sus perros tenían hambre y sin más motivo cortó los brazos a un muchacho indio y los dio a comer a sus perros; cuando los vio cebados con carne humana, les dio el cuepecito del infeliz joven..." (1)

 Y el asunto de los perros y su introducción al continente Americano tiene una serie de tintes de dramatismo intenso, como lo sucedido en los mercados de México y más al sur, en Centroamérica, en lo que ahora conocemos como Panamá: "La llegada de los españoles al continente derivó en la imposición de las normas morales y religiosas, parte de las cuales exigía el traslado del perro a un ámbito puramente terrenal, pues todo concepto religioso ligado a él implicaba el deseo de preservar las antiguas costumbres. En el centro de México, a mediados del siglo XVI existían mercados en los cuales la gente pagaba más por un perro que por una vaca ante la indignación de clérigos (Benavente, 1944). Existen también relatos en los cuales se indican de qué alternativas se valían los indios para conservar las tradiciones  a pesar de la imposición española, por ejemplo, poner figuras de perro en el entierro hechas con palma, en vez de colocar animales verdaderos".

 "Los conquistadores españoles utilizaron al perro como represor hacia los indios americanos en especial los que practicaban la homosexualidad. Olivas Tur (2000) narra ésto diciendo: López de Gómara cuenta que Nuñez de Balboa era propietario de un perro de nombre "Becerillo", el cual era una fiera y formaba parte de la represión y violencia hacia los indios. su hijo "Leoncico"fue partícipe de la tortura a la cual se le conocía con el nombre de "aperrear" así, nos cuenta el cronista, en la derrota al cacique Pacra, Nuñez de Balboa echó a los alanos (gran danés) para que lo despedazaran y sus restos después fueron quemados. De igual manera aperreó a cincuenta jóvenes homosexuales y después los quemó". (2)

Cuanta cosa encontramos, sea por el día del niño o por que se tiene la idea de que es el acompañante ideal, un perro, para un niño... y para concluir vemos que incluso en los altares de los templos Católicos existen los perros que, por nobleza han sido incluidos en las iconografías de los santos... ver para creer.

Fuentes:

1.- Obras de Bartolomé de las Casas. Tomo 1. Moreau Impresores, París. 1822.

2.- Valdez Azúa, Raul. Mendoza España, Velia. El perro como legado cultural. Revista electrónica de Bolivia. www.aqueobolivia.com

Para ver más de Theodore de Bry, entra aquí:
http://www.infoamerica.org/museo/expo_bry/bry000.htm

Para ver a los perros que están en los altares, entra aquí:
http://vamonosalbable.blogspot.mx/2011/01/perros-que-aparecen-en-los-altares.html

Y aquí:
http://vamonosalbable.blogspot.mx/2009/02/domini-canis-los-perros-de-dios.html

Pero en los altares no solo ves perros, es toda una fauna la que allí se representa:
http://vamonosalbable.blogspot.mx/2009/08/la-fauna-en-los-altares.html

martes, 9 de noviembre de 2010

De poluciones, emparedamientos y desvíos


Para concluir con esta, digamos, trilogía de desvíos sexuales y de casos escandalosos en el pasado, relacionados todos ellos al aspecto sexual, hoy seguiremos analizando uno de los documentos que, a mi juicio, es bastante interesante y que lo puedes leer en la red, al final de este artículo te podré el enlace para que, si estos temas te agradan, lo leas completo. Es de un estudiante de la Licenciatura en Historia de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, desconozco su antiguedad, pues no aparece ninguna fecha en lo que él publicó. Como quiera cuenta con una nutrida bibliografía la cual, en algunos casos es posible leerlos virtualmente.


Sucede que a resultas del caso de Cotita de la Encarnación, uno de sus amigos, un sastre mestizo de 19 años avecindado en el barrio de San Gregorio en la ciudad de México, de nombre Gerónimo Calbo; fue partícipe, o víctima, del juicio que a lo largo de un año se les llevó a cabo por la Santa Inquisición y, a fuerza de tormentos, que creo era ese en donde los estiran simultaneamente de brazos y piernas y luego les inyectan varios litros de agua directamente en la garganta, fueron, sino todos, algunos de ellos, los sométicos, que fueron "cantando" de quienes, cuando y como sucedieron los encuentros.


Una de esas "cantadas" las hizo el mestizo en referencia, Gerónimo Calbo, fue la que seguramente llamó más la atención, pues refería que uno de sus encuentros había sido con un religioso de la Compañía de Jesús de nombre Matheo. Claro es que al oir el relato mientras que aplicaban los tormentos, seguro que le dejaron algo de aliento para que contara todo lo sucedido y así fue. Resulta que él vivía con sus tías y en una ocasión adquirió el Tabardillo, que era una de las maneras en que se denominaba al Tifus en la Edad Media, su padecimiento era tal, que las tías llevaron al padre Matheo para que le diera el Santo Sacramento... durante la confesión al preguntarle que si tenía que arrepentirse de algo dijo que sí, fue entonces que relató haber cometido el "pecado nefando" con un indio panadero que trabajaba en la panadería que sus tías tenían precisamente en la casa donde vivía.


Cuando le cuenta de haber cometido ese pecado, el padre, según se relata, aprovechó la ocasión para tocar a Gerónimo, no solo del pecho y los brazos sino un poco más allá... y sí, cosas de la vida, se recupera de la enfermedad y comienzan los encuentros. "Y habiendo entrado este testigo, y el dicho padre Matheo en su celda, cerro la puerta de ella, y lo hizo sentar, y empezó a jugar con este, tentándole la cara, abrazándolo y besándolo y lo hizo... acostarse sobre su cama, y cometió el pecado nefando, sirviendo este de mujer, encargándole el secreto después, le dio unas tablilas de chocolate, y un real..." (1)


Leyendo todo esto encuento una forma, por demás barroca, en que se le denominaba a la masturbación, pues se le decía polución procurada... hoy leí, por mera casualidad en Excélsior, una nota en que se decía que la polución en la ciudad México se había reducido notoriamente en las últimas tres décadas y dan como referencia el récord de más de 250 inversiones térmicas en tan solo un año -no recuerdo cual- comparándolo con las escasas inversiones que ahora se dan... todo bien hasta allí, pero el uso de la palabra polución confundiendo el término inglés polution, como que nos lleva a un nuevo debate sobre la lengua, con ñ y ll y sin ellas también, solo que polución no tiene nada que ver con la contaminación.


En fin, volvamos al tema de los desvíos y aberraciones, ahora encontramos en el mismo jugoso documento que ampliamente te recomiendo leer, en el cual se hace una referencia a lo escrito por Asunción Lavrín sobre la vida licenciosa de una monja: "Antonia de San José, del convento de Jesús María, quién mantuvo relaciones sexuales con el agustino fray Pedro Velázquez, de cuya unión nació una criatura cuyo destino se desconoce. El escándolo se hizo público en diciembre de 1693, y dio como resultado el emparedamiento perpetuo de la inclupada. Respecto al monje, la causa ocasionó una controversia entre la orden agustina y el arzobispo Francisco Aguilar y Seijas en cuanto al medio de castigarlo; causa que fue llevada hasta el Consejo de Indias. El resultado fue un juicio privado que llevó a fray Pedro a la cárcel de su orden en Guatemala". (2)

Así es, así fue, precisamente, la vida cotidiana en el siglo XVII... interesante ¿no lo crees?

Fuente:

1.- Morales González, Luis. Sodomía en la Nueva España: El proceso de 1657-1658.
http://www.disisex.org/documentos-disidencia-sexual/iii-encuentro/10/luis-morales-gonzalez.pdf

2.- Lavrín, Asunción. Historia de la vida cotidiana en México. Tomo II. FCE. México, 2005.

Enlaces:

La nota que leí en Excelsior no la encuento en versión electrónica, pero que te parece esto:

http://www.idrc.ca/es/ev-31594-201-1-DO_TOPIC.html

Al parecer esta es la nota de Excelsior pero no aparece allí lo que vi en la edición impresa en torno a la polución (entiéndase contaminación).

http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=683331

lunes, 8 de noviembre de 2010

De sométicos y nefandos, una historia de homosexualidad en el México colonial

Una moderna Cotita de la Encarnación. La fotografía fue tomada del libro, -dato pendiente-

Hace muchos años, cuando la televisión se transmitía en blanco y negro había un programa en donde un extraño personaje aparecía, hablaba mucho, movía continuamente las manos, en ellas enormes anillos se veían. Su peluquín era por demás notorio, la ceja se veía finamente depilada y la bufanda o gazné llamaba la atención, en resumen, toda su imagen era llamativa. En efecto, se trataba de Salvador Novo. Escritor, ensayista, poeta, crítico que supo vivir su diversidad mucho antes que el término se hubiera implementado.

Es gracias a él que muchas de las historias que nos hablan de la vida cotidiana, de las liviandades, de los deseos y calenturas de muchas gentes en épocas anteriores se fueron rescatando y si no rescatando si difundiendo para darnos cuenta de que, como reza el dicho “nada es nuevo bajo el sol”. Una vez, cuando comenzaba a implementarse el correo electrónico en México, un amigo me hizo llegar un texto por demás particular salido de la pluma de Novo: “Las locas y la inquisición”. Allí leí por segunda ocasión la palabra somético, esa que los franciscanos utilizaron para definir la sodomía, es decir, la relación sexual de hombre con hombre, eso que ahora incluso ya está aprobado y legislado.


En el Códice Ramírez (creo) es donde aparece esta escena, que si bien no es una práctica somética, sino una lavativa, bien nos da una idea relacionada al tema de este artículo. Foto tomada de Arqueología Mexicana.

Leí en ese documento la historia de Cotita de la Encarnación, cosa sucedida en 1658; un 6 de noviembre para ser más precisos, es decir, hace tres siglos y medio; para ser más puntuales. Cotita terminaría su vida entre gritos, insultos y siendo parte de un auténtico espectáculo, ese que, lamentablemente, se convirtió en cosa de diversión y entretenimiento para los novohispanos: las ejecuciones públicas, en este caso la quema de catorce personas cuyo pecado, el pecado nefando, había sido comprobado. Habían confesado todos ellos ser sométicos y practicar la sodomía.

“La mañana de aquél día –narra el cronista– la población entera de la ciudad se concentra en la ruta que lleva al “brasero de San Lázaro”. Atestigua burlona y soez el paso de la cuerda compuesta por 12 aterrorizados mocetones –indios y mulatos– y dos adultos –un español magro de piel blanquísima y un mulato sobrado de carnes–, ensogados todos ellos por el cuello y los tobillos. El mulato gordo encabeza la procesión quizás por ser el “alcahuete mayor”. Sus pupilos lo llaman “la Señora Grande” mientras que para su numerosa clientela es simplemente Cotita. Cotita de la Encarnación. Era Cotita –describe el cronista– el más aseado y limpio del grupo, representaba unos cuarenta años y acostumbraba vestir como indio. La “Señora Grande” ofrecía la “mercancía”, la contrataba y concertaba el encuentro de las parejas en sitios previamente establecidos. Aseguraba discreción y pulcritud. Camino a una muerte crudelísima, los 14 sométicos (contracción esdrujulizada de “sodomitas”) marchaban como autómatas detrás de la guardia a caballo de la Inquisición. Vestían sambenitos (sacos de paño amarillo con cruces encarnadas adelante y atrás) llevando en la mano un enorme cirio verde apagado. Durante el trayecto eran objeto de la befa y el escarnio del populacho”. (1)

Salvador Novo en su juventud, foto tomada, seguramente a finales de los años veinte del pasado siglo.

Partiendo de las ideas que dominaban en la España salida un siglo antes del oscurantismo de la Edad Media, el perfil que todo hombre debería tener era el de valiente, virtuoso, humilde, caritativo, piadoso, capaz de soportar el sufrimiento y dispuesto a dar la vida por su rey. En cambio la mujer debería ser virtuosa, devota y sumisa. Consecuentemente la diversidad ni siquiera estaba pensada, mucho menos contemplada. A casi un siglo de instalada la Inquisición en México, cosa que sucedió en noviembre de 1571, fue el 27 de septiembre de 1657 cuando recibió noticia del que sería el caso más sonado pues “Juana Herrera lavaba ropas junto a un muro, fuera de la ciudad en la vecindad de San Lázaro, dos muchachos con gran prisa la llamaron e insistieron en que “fuera a ver a varios hombres jugando como perros”. Juana se levantó y caminó cierta distancia desde donde estaba lavando sus ropas que llegó a un grupo de sauces. Bajo uno de ellos Juana vio a dos hombres, ambos sin pantalones, uno encima del otro, cometiendo el pecado nefando”. (2)

Escudo de la Santa Inquisición, foto tomada en el Museo Nacional del Virreinato en Tepotzotlán, Estado de México.

Oro puro era entregar a los investigadores, jueces e inquisidores del Tribunal del Santo Oficio una denuncia de eso que se consideraba “contra natura, contra Dios y contra el Rey”… esto me remite al origen de la palabra fuck, la cual, bien sabemos que en la actualidad se hace uso y abuso –de la palabra- especialmente en el cine norteamericano, pues el origen de la misma va relacionado a cundo el rey mismo autorizaba a sus vasallos a tener relaciones sexuales, así pues, Fornication Under Consent of the King (fornicación bajo el consentimiento del rey). Volviendo al caso de Cotita de la Encarnación encontramos que: “Uno de los inquilinos de la casa, un indígena llamado Tomás de Santiago, describió a Cotita como un hombre afeminado que cuando caminaba movía sus caderas de un lado a otro, que llevaba en la frente un melindre, un pañuelo que se ponían las mujeres en la cintura, que llevaba muchas cintas de colores que caían de las aberturas de las mangas de su chaqueta blanca, que no solo se sentaba en el suelo con ademán mujeril, sino que podía preparar tortillas, guisar, lavar ropa, además cuando algunos jóvenes la visitaban los saludaba individualmente como mi alma, mi vida o mi amor”. (3)

Un señorito en el Guanajuato de finales del siglo XIX, estupenda fotografía de un personaje desconocido, captada por la lente de Romualdo García, tomada del libro que relata su vida de Ediciones La Rana.

Un largo año duró el proceso que Cotita y demás personas tuvieron que enfrentar, seguramente fue enfocado a él todo tipo de tormentos y de excesos, bien sabemos que los que practicaban los tormentos eran personas no precisamente sanas mentalmente. “Poco más de un año duró el proceso contra los diez y nueve detenidos quienes confesaron sin necesidad de ser torturados, catorce de ellos fueron sentenciados a ser quemados y otro, Lucas Matheo, mestizo de quince años de edad, fue condenado a doscientos azotes y vendido por seis años. Se revisaron sus cuerpos por cirujanos y se confiscaron sus bienes”. (4) Los nombres de ellos quedaron consignados en las actas inquisitoriales:

Juan Galindo de la Vega, Cotita de la Encarnación; Miguel Gerónimo, La Zangarrina; Juan Martín, indígena, La Martina de los Cielos; Alonso, mestizo, La Conchita; Bernabé, sastre español, La Luna; Sebastián Pérez, español, La Rosas; Un negro, llamado La Morossa; Miguel de Urbina; Joseph Durán; Simón de Chaves; Nicolás de Pisa; Cristóbal de Vitoria; Gerónimo Calbo; Benito de Cuebas; Domingo de la Cruz; Matheo Gaspar; Juan de Ycita.

Escultura de Adonis del más puro neoclasicismo, tomada en el Museo de San Carlos. En España al acto somético se le denomina “griego”… pura asociación de ideas.

Así, en el Diario de Guijo, se puede leer la siguiente nota: “Justicia de 14 personas por el pecado de la sodomía. Martes 6 de noviembre de 1658, a las once horas del día, sacaron de la Real Cárcel desta Corte a quince hombres, los catorce para que muriesen quemados y el uno, por ser muchacho, le dieron doscientos azotes, y vendido a un mortero por seis años; todos por haber cometido unos contra otros el pecado de sodomía, muchos años, así residiendo en esta ciudad donde tenían casas con todo aliño donde recibían y se llamaban por los nombres que usan las mujeres públicas, así de rengue como de aire…” (5)

“La cuerda de sométicos sigue por la calle del Reloj (hoy Argentina) pasa luego frente a la casa de la marquesa de Villamayor y toma vía recta hasta la albarrada de San Lázaro. Cotita fue el primero en pasar y enseguida uno a uno sus pupilos, “hasta que acabaron con todos a eso de las 8 de la noche”. Los alguaciles del Santo Oficio se encargaron de atizar los fogones hasta el amanecer, en medio de un alegre jolgorio popular. La muerte de “Cotita tuvo cola por sus revelaciones. Para lograrlas había sido obligada a presenciar los tormentos aplicados a sus “niñas”. Agua en la nariz, estiramiento del cuerpo hasta la dislocación de las extremidades y sentadillas sobre braseros al rojo vivo. Cotita hablará hasta por los codos. Dictará los nombres de por lo menos medio centenar de clientes de la más alta jerarquía novohispana. Cuentan las lenguas de doble filo que figuraban en tal relación personajes de la corte virreinal e incluso uno que otro bizarro general del Rey. Los legajos del proceso correrán la misma suerte que los sométicos, para quienes el sapientísimo Fray Bernardino de Sahagún reservaba adjetivos como abominables, nefandos y detestables”. (6)

En la Inglaterra del siglo XVII no eran quemados, sino ahorcados aquellos que practicaban el “vicio nefando”.

Fuentes:

1.- Rebolledo Ayerdi, Antiuy. Noticias del Pasado III. El Sur Acapulco. Diario electrónico. 28 de abril, 3005.

2.- Garza Carvajal, Federico. Quemando mariposas. Laertes, España. 2002. Citado por Luis Morales González en Sodomía en la Nueva España: el proceso de 1657-1658.

3.- Morales González, Luis. Sodomía en la Nueva España: el proceso de 1657-1658.

4.- Morales González, Luis. Sodomía…

5.- Guijo, Gregorio. Diario 1648-1664. Editorial Porrúa, México, 1952.

6.- Rebolledo Ayerdi, Antiuy. Noticias del Pasado…

sábado, 6 de noviembre de 2010

El baile de los 41 cumplió ya su Centenario y apenas nos acordamos


Hace poco te decía del desabrido Bicentenario, pues bien, no creo podamos ponerle calificativo alguno al Centenario. En lo personal ese festejo no me atrae y la historia de ese período nunca ha sido de mi agrado, con ello no quiero decir que no sea interesante, tiene sus cosas, algunas buenas, como lo bueno que hizo don Porfirio, algunas malas, como la caída de las haciendas y su ahora ya, perdida irreparable, creo que eso lo hemos visto a lo largo de una buena cantidad de artículos... pues bien, dentro de las cosas que sucedieron antes del inicio de la Revolución y que en buena medida nos deja ver una de las razones por las cuales estalló el movimiento es lo acontecido un 17, ya amaneciendo el 18 de noviembre de 1901 en una calle llamada de la Paz y que ahora se llama Ezequiel Montes, en la Colonia Tabacalera, precisamente a un par de cuadras de lo que es ahora el Monumento a la Revolución. En la foto vemos a Ignacio de la Torre y Mier, alias Nachito.

Sabemos bien que las haciendas desde que fueron creadas, desde la entrega de las encomiendas y luego las estancias, fueron cayendo en manos de pocas personas, eso siguió por siglos, aun luego de la Independencia los latifundios siguieron prosperando, asi tenemos que una de las acaudaladas familias, sobresalientes en el porfiriato, Torre y Mier, contaban con diez de ellas, una tan solo con 16mil hectáreas para cultivar azúcar, eran los tiempos en que aun Cuba y Puerto Rico no sobresalían en la producción del endulzante, asi que, lo que el estado de Morelos producía era una enorme riqueza, misma que no llegaba a manos de los que cultivaban la tierra, como era el caso de la familia de Emiliano Zapata.

Ignacio de la Torre y Mier, el personaje del que nos ocuparemos este día nació el 25 de julio de 1866, fue uno de los seis hijos del matrimonio de Isidoro de la Torre y Gil con Luis Mier y Terán Celis, que a su vez, esta última, era la hija de Gregorio Mier y Terán y María de Celis. Dentro de las diez haciendas propiedad de la familia se encontraba la de Santiago Tenextepango en Morelos y San Nicolás Peralta en el Estado de México. Al parecer las de Tiacaque, Nanacamilpa y Cuatlapanga eran también propiedad de la familia, la cual era una de las que concentraba los grandes capitales "En el centro del país, el capital se concentró en las siguientes firmas mercantiles: en la de la familia Bermejillo, la de Manuel Escandón, Gregorio Mier y Terán, la casa Martínez del Río, Juan Antonio Beistegui, Cayetano Rubio, Jecker-Torre y Compañía, entre otras". (1)


La fortuna de Ignacio de la Torre y Mier y Terán sigue creciendo, sus relaciones también. El 16 de enero de 1888 casó con la hija predilecta de Porfiro Díaz, Amada, misma que tuvo con su primera esposa, Delfina Orega. Los privilegios de ser "el yerno del suegro", como se le denominaba eran tales que al poco tiempo apareció en la XVI Legislatura en la Cámara de Diputados del Estado de México, esto sucedió en 1892, más adelante fue candidato o, en todo caso, pre candidato para ocupar la gobernatura de ese estado, cosa que no sucedió debido a su vida "licenciosa", pues eran más que conocidas sus tendencias abiertamente homosexuales.

Es entonces que se da el hecho que acaparó la atención de toda la ciudad de México y que fue el mayor escándalo a finales del siglo XIX y principios del XX. "La ciudad de México era entonces mucho más tranquila y, generalmente, despues de las ocho de la noche, las casas estaban en silencio. De ahí que a uno de los gendarmes de la Colonia Tabacalera le llamara la atención que de un elegante carruaje bajara una pareja vestida con mucha ostentación. ¡Que extraña se ve esa mujer!, pensó, por lo que se acercó a esa lujosa casa de donde salía el sonido de una orquesta. Con mucha curiosidad el gendarme se acercó a la fiesta y vio que poco a poco iban llegando más carruajes. De pronto se dio cuenta de lo que estaba pasando. Las mujeres que llegaban no eran más que jóvenes disfrazados. El oficial avisó a la Comandancia y llegó hasta la casa con otros policías e hicieron una redada. Eran 42 hombres los que participaban en el baile, de los cuales la mitad estaban vestidos de mujer. Además, había una mujer, aunque nunca se supo quién era". (2)

Ese escandalo de "lagartijos" como se les denominó, colmó durante mucho tiempo los comentarios de todos los habitantes de la ciudad y fue cuando se acuñó la asociación del número 41 con la homosexualidad, pero, ¿por que 41 si en la fiesta había 42 personas? Pues así como ahora, antes, las relaciones políticas hacían maravillas, el 42 era ni más ni menos que el yerno del suegro, es decir, el esposo de Amada, la hija de don Porfirio Díaz, por lo tanto, su nombre desapareció del listado y la historia registró solamente a 41 participantes del baile, los cuales, por cierto, tuvieron un escarmiento fuerte, pues fueron enviados, los que no pudieron pagar las multas (entiéndase mordidas), o mover sus influencias con los altos mandos, y fueron a dar a la lejana Yucatán, es decir al Valle Nacional a realizar trabajos forzados. La prensa de la época lo reportó así: "La noche del domingo fue sorprendido por la policía, en una casa accesoria de la 4a. calle de la Paz, un baile que 41 hombres solos verificaban vestidos de mujer. Entre algunos de esos individuos fueron reconocidos los pollos que diariamente se ven pasar por Plateros. Éstos vestían elegantísimos trajes de señoras, llevaban pelucas, pechos postizos, aretes, choclos bordados y en las caras tenían pintadas grandes ojeras y chapas de color. Al saberse la noticia en los boulevares, se han dado toda clase de comentarios y se censura la conducta de dichos individuos. No damos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo grado asquerosos". (3)


El incidente no llegó a más para Ignacio de la Torre, en su lujosa casa de afrancesado estilo en el Paseo de la Reforma, justo donde ahora se levanta el edificio de la Lotería Nacional, siguieron dándose las fiestas, al parecer en el ala derecha de la mansión. Don Porfirio, sabedor de las tendencias, cuando su yerno realizaba viajes al extranjero ponía a los embajadores a cuidar de sus actos. Y sucede que en 1906, cuando se organizaban los festejos que conocemos ahora como Fiestas del Centenario, sabedor de la Torre de la cantidad de invitados ilustres que habría, decidió contratar un caballerango, el cual le mantuviera sus corceles en perfectas condiciones para que, llegado el Centenario, lucieran en todo su esplendor, esta actividad cayó en un ranchero de la hacienda de Anenecuilco: Emiliano Zapata.

"Así surgió Emiliano Zapata a la vida pública. Al asumir su puesto, contrató los servicios de un abogado que a final de cuentas no hizo ningún trámite y sólo le quitó el dinero. Acudió después a otro abogado que tenía fama de oposicionista, y con ello lo catalogaron como alborotador, por lo cual el 11 de febrero de 1910 lo “engancharon” en el noveno regimiento de infantería, con sede en Cuernavaca. Afortunadamente para él, un hacendado enormemente rico y de ribete yerno de Porfirio Díaz –Ignacio de la Torre y Mier- se vio en la necesidad de conseguir un caballerango experimentado para que le cuidara sus animales en la ciudad de México. Se acercaban las fiestas conmemorativas del primer centenario de la Independencia; de todos los países del mundo llegarían a México invitados importantísimos y el señor de la Torre y Mier no podía permitir que sus caballos carecieran de la atención necesaria para lucirlos ante tan distinguidas personas. Consecuentemente, gestionó y obtuvo que Emiliano Zapata fuera dado de baja en el regimiento y así pudiera pasar a la capital a encargarse de sus caballerizas. Mucho se ha discutido acerca de si Emiliano Zapata presenció o no el ostentoso derroche de las fiestas del centenario. Como quiera que haya sido, poco después de la fastuosa celebración regresó a Anenecuilco, libre ya para reintegrarse a su mundo habitual. Sus amigos lo notaron abatido, desconcertado e intratable. Cuando le preguntaron qué sucedía, Zapata no pudo contenerse: -En México los caballos de los ricos viven mejor que nosotros- estalló". (4)


El desenlace de la historia no es en nada agradable, estallada la Revolución a de la Torre le expropian su fabulosa mansión, luego es encarcelado. Hasta Lecumberri iba puntualmente su esposa, Amada Díaz, la cual, con los pocos contactos que le quedaban buscó la manera de sacarlo de allí, fue entonces que, estando Emiliano Zapata en la ciudad de México y encabezando ya su movimiento de Tierra y Libertad, se apiada de su ex patrón y lo saca, al poco tiempo Ignacio se refugia en Nueva York en donde, pasados algunos meses, el 1 de abril de 1918 muere, dejando en serios problemas a su fiel esposa pues, en su testamento dejó propiedades, bienes y riquezas que ya no tenía, además de las deudas contraídas, mismas que pasaron a responsabilidad de su no amada Amada.

Como la historia del Baile de los 41 no es de todos conocida, aun con el paso de ya 109 años de que sucedió, la UNAM ha tenido a bien reeditar un libro que sobre las costumbres porfirianas y, especificamente, el sonado caso será bueno coseguir Los 41: novela crítico social de Eduardo A. Castrejón. Si tu vives en el DF o a donde llegue la señal de TV UNAM, para el aniversario de este acontecimiento no te puedes perder "Los 41". Una película documental de Luis Chapital. Estreno nacional: viernes 19 de noviembre a la 22 horas por el canal cultural de los universitarios.

Ya para terminar, que mejor que regodearnos con lo escrito por Salvador Novo, no sobre Igancio de la Torre y Mier, sino de otro que también participó en el sonado escandalo: Toña la Maromera. "Regresó [refiriéndose a Antonio Adalid] a México en plena, alegre juventud -y en pleno, opulento porfirismo. Era la época en que los exquisitos aristócratas celebraban fiestas: auqneu privadas, sin duda trascendidas a la murmuración y el escándalo de una pacata ciudad pequeña: la época, en fin, del famoso baile de los 41. Antonio era el alma de aquells fiestas: Toña la Maromera, como recordaba que le apodaban por su afición a una caricia que debe de haber sido entonces poco ordinaria, o que Antonio pacticaría con mayor europea destreza o predilección..." (5)

No cabe duda que al escarbar en la historia del Centenario, es decir, del antes, durante y después de la Revolución nos iremos encontrando con una serie de historias que, como la "nana Tancha" decía en ese famoso comercial: esa, esa es otra historia...


Fuentes:

1.- González Orea, Tayra. Métodos de financiamiento agrícola en México. Documento en internet. http://www.economia.unam.mx/cladhe/registro/ponencias/135_abstract.pdf

2.- Loeza, Guadalupe. El baile de los 41. Suplemento del Ángel en Reforma. Enero 2010. Solo se puede ver por suscripción, pero lo puedes leer completo en el siguente sitio:
http://www.anodis.com/nota/15369.asp

3.- Hernández Cabrera, Miguel. Isla Ternura, México, 2002, aparece en Wikipedia.
Baile de los cuarenta y uno

4.- Contreras, José A. El verdadero Zapata. Página electrónica.
http://www.joseacontreras.net/mexico/historia/el_verdadero_zapata.htm

5.- Novo, Salvador. La estatua de sal. FCE, México. 2008

Enlaces:

Para ver la reseña del libro del Baile de los 41, entra aquí:

http://www.cultura.unam.mx/index.html?tp=articulo&id=1880&ac=mostrar&Itemid=193&ct=301

Para ver algunas fotos de la Hacienda de Peralta, entra aquí:

http://cabezasdeaguila.blogspot.com/2010/07/hacienda-de-santa-juana-municipio-de.html