martes, 7 de diciembre de 2010

Mecapaloxochicuahuitl, el árbol de las manitas

De este árbol había oído hablar desde hace tiempo pero no lo había visto aun hasta hace un par de años que llegué por primera vez, y por casualidad, a un pueblo en el Estado de México llamado Villa del Carbón, era el inicio de la primavera y ese árbol, ejemplar único, que encontré en la plaza principal de la población tenía una buena cantidad de flores, así, efectivamente, como manitas en las que se ven perfectamente los cinco petalos que al ser delgados y terminar en picos, dan la idea de una mano y afiladas uñas. Era la época en que aun no cargaba cámara fotográfica para todos lados así que con la idea me quedé y hace un par de meses que fui a Xilotepec, aproveché la oportunidad para llegar a Villa del Carbón con la única finalidad de fotografíar al árbol de la manita. (Evito escribir el complicadísimo nombre que tiene en la leguna original, el náhuatl).

Se dice que Moctezuma II, el Xocoyotzin, tenía un espléndido jardín que por mucho superaba a los jardines europeos y el árbol de la manita tenía especial importancia. Cuando se construyó lo que actualmente es el Palacio Nacional, se incluyó en su jardín uno de esos árboles. Hasta donde sé no hay muchas referencias durante el período colonial de la existencia del árbol dentro del Palacio, aunque sí se sabe que en tiempos de Carlos III botánicos españoles los incluyeron en el catálogo que vinieron a realizar, pues la noticia de su existencia se dio desde los primeros evangelizadores, Sahagún, entre otros. Pasada la guerra por la Independencia y los convulsivos años treinta, cuatenta y cincuenta del siglo XIX, la Condesa Paula Kolonitz, una de las 85 personas que formaban el séquito de la pareja imperial Carlota y Maximiliano, llegó en avanzada a la ciudad de México para hacer las supervisiones necesarias para que todo estuviera dispuesto para la entrada triunfal de los nuevos Emperadores y ella, describe lo que era la ciudad en ese entonces y, específicamente, sobre el árbol de la manita, lo siguiente:

"...Por otra parte, nada faltaba a nuestro alojamiento. Las estancias eran grandes, altas, cada una con su balcón. A veces me sentaba frente a mi escritorio para gozar del espectáculo. Igual que montes cortándome la vista surgían las cúpulas de las iglesias recubiertas de suntuosos mosaicos, que brillaban a los rayos del sol. Las ventanas de mi amiga daban a un huertito lleno de rarísimas plantas entre las cuales se encontraba el árbol de la manita, que debe su nombre a la forma y al color de sus flores, semejantes a una mano. Este árbol es casi único en su género. Otro pequeño ejemplar se encuentra en el jardín de la familia Escandón en Tacubaya. Gradísimo era el deleite que nos ofrecían los graciosos colibríes, volando frente a la ventana y yendo de flor en flor..." (1)

Medio siglo después, en pleno porfiriato, el árbol de la manita seguía en Palacio Nacional, eran los tiempos en que Ives de Limantour fungía como Secretario de Hacienda y como cada primavera el árbol se cuajaba de manitas lánguidas y de afiladas uñas, se comenzó a difundir la idea de que eran las manos de Limantour las que por allí crecían, con el consabido doble sentido que implicaba el que siendo él el regidor de los dineros, y con aquello de que el que "parte y comparte"... y fue así que se mandó cortar el árbol de las manitas en Palacio Nacional. Hay toda una historia también de los que existieron, o aun existen, en Toluca, pero esa, esa es otra historia... Cabrá anotar que las fotos las tomé a finales de septiembre, la floración del árbol ya había terminado y no había una sola, como quiera, gracias a los dibujos legados por Alejandro de Humboldt podemos ver como son esas manitas.
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Fuente:
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1.- Klonitz, Paula. Un viaje a México en 1864. Lecturas Mexicanas No. 41. FCE, México 1984.

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