jueves, 9 de diciembre de 2010

El monasterio de San Antonio el Grande en Xilotepec, Estado de México

Templos y conventos hemos visto ya varios en El Bable, pero esta vez veremos uno muy particular, pues es un convento vivo, y más precisamente es un monasterio y no es de aquellas magnas construcciones del siglo XVI, sino es actual, está vivo y pertenece a la Iglesia Ortodoxa, es el Monasterio de San Antonio el Grande, localizado en el municipio de Xilotepec en el Estado de México.

Cuando me contaron de la existencia de un templo en el que el culto es el Ortodoxo me nació el interés por conocerlo, tuve la oportunidad de hacerlo en la última visita que hice a Xilo, no imaginé que el lugar encerrara tanta belleza y, sobre todo, que fuera atendido con calma, paciencia y que, de entrada me ofrecieran un café al estilo turco, para luego pasar a la sala y allí esperar al Abad, el Padre Sergio, el cual me hizo una explicación de lo más interesante en torno al culto que se lleva en el rito Ortodoxo.

Su vestimenta negra se debe a que de ese modo están representando la inexistencia en el mundo material ya que el interés que tienen es primordialmente la adoración a Dios y la vida espiritual, diré que apenas habían pasado cinco minutos de estar frente al Abad y ya me irradiaba de esa paz y espiritualidad que solo los seres afortunados tienen. Me comentó que su larga barba y cabello, también lago y un poco desaliñado es debido a que el tiempo lo dedican al rezo, la oración, y el afeite lo que hace es quitarles ese tiempo valioso que mejor se lo dedican a Dios, una idea que me hizo reflexionar durante un buen tiempo.

El rito Ortodoxo es, escencialmente, el mismo que el Romano, ese que yo conozco, la diferencia escencial está en el momento de la comunión, la cual se hace con un pan, fabricado de un modo especial, que se ofrece al igual que el vino, pues ellos realizan la comunión tanto con el pan y el vino, manteniendo vigente la idea original. Conversamos casi una hora, me fue aclarando cada duda que iba surgiendo en torno a la visión Ortodoxa del culto a Cristo y luego pedí me dejara entrar al templo, no solo me dejó, sino que me acompañó para mostrarme todo el recinto, con su debida explicación.

Imagínate, me dijo, que estuvieras como en un antiguo estadio, y estas rodeado por mucha gente que te motiva a hacer mejor lo que hace, a los primeros que ves son toda esa gente que está, en círculo viendo el espectáculo, hay gradas y más alto ves, más gente hay, esa es la idea que se conserva en el decorado del templo, quizá la comparación no sea la más atinada, pero sí nos da la idea. Así pues, tenemos al primer grupo de santos que aparecen en ese primer nivel, una de las reglas que mantenmos -seguía diciendo- es que cada ícono que ves, debe tener su cartel con el nombre del santo representado, son tantos que debemos saber muy bien quién es. Hay un segundo nivel, está a la par de las ventanas, esos son mártires, y arriba, en la bóveda se van plasmando las doce escenas más representativas de la vida de Nuestro Señor y su madre, la Virgen María.

Cada escena, cada rostro, cara trazo van formando un conjunto si bien saturado, de una belleza muy especial. Rostros que reflejan una paz, escenas de gozo, nada de sufrimientos, agonías o martirios, simplemente gozo, luz, paz, tranquilidad.... todo eso era lo que sentía al ir admirando cada una de las representaciones, doce, recuerdo me dijo.

La Anunciación, la Exaltación de la Cruz, la Dormición, la Anunciación, el Nacimiento de Jesús, la Epifanía, la Transfiguración, el Nacimiento de María, la Presentación en el Templo y muchas escenas más hasta completar 12, los Evangelistas también están presentes en los cuatro ángulos de la bóveda, alargada en este caso. Los santos de mayor tradición: San Jorge, San Sergio, Santa Olga, Santa Sofía, San Pedro, San Pablo, y muchos, muchos más.

Y allí, en uno de los ángulos, la imagen por todos nosotros conocida, la de Nuestra Señora de Guadalupe pero con ciertos detalles que la dejan en el justo medio del culto Romano y del Ortodoxo. Me comentó que no es una Advocación que se venere en el mundo Ortodoxo, pero que, respetuosos de las tradiciones en México, decidieron incluirla en su abundante iconografía dibujada en paredes y techos del templo de San Antonio Abad, es decir, San Antonio el Grande.

Fue una visita muy afortunada la que tuve al recinto, salí inundado de paz, fui invitado para regresar el domingo siguiente y participar de la misa que antes del mediodía tienen, solo que, dada su ubicación un tanto cuanto lejana de la población y la carencia de servicio público me fue imposible, hubiera sido una experiencia única. Pero como el hubiera no existe, mejor te dejo unas cuantas fotografías más para que te des una idea de la magistralidad que en esos trazos existen allí. Si tú sueles visitar templos y conoces las más representativas imagenes de las Advocaciones Marianas, seguro conoces el cuadro de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, si le pones atención verás que es el único que en el rito Romano existe en donde aparecen caracteres de letras griegas, como los que aquí, por todos lados aparecen.













4 comentarios:

  1. Que gusto tremendo encontrar este blog donde se anuncia la existencia de nuestro monasterio, muchas gracias por el la atención que nos han concedido y Dios bendiga a todos y cuantos hallan participado en la elaboración de esta reseña y a todos cuantos a través de ella contemplen algo de nuestra espiritualidad; oh! Por cierto el Abad es el Padre Andrés, no el padre Sergio, no pasa nada, solo quería aclararlo, Dios los bendiga. Subdiácono Dimitri.

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  2. ¡Qué interesante! ...me ha picado la curiosidad. Tendré que hacer un viaje, por lo pronto virtual, para conocer mas.

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  3. Precioso relato; exactamente donde esta este monasterio? que camino tomar para ir ahi? muy pronto tratare de visitarle y escuchar una misa en este maravilloso lugar sacro: WCZ

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  4. muero e ganas x ir al monasterio al parecer es muy interesante

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