miércoles, 16 de marzo de 2016

De chile, dulce y manteca en el atrio de la Catedral de Cuernavaca

   Con la tradicional frase muy mexicana de "chile, dulce y manteca" nos estamos refiriendo a que hay de todo. Esto lo aclaro para los extranjeros que llegan a este Bable, y la frase tiene su origen en una de las exquisiteces de la culinaria de nuestro país que son los tamales, los cual se hacen en distintas variedades: dulces y salados; en hace tiempo había unos sumamente pesados para digerir pues estaban preparados con manteca de cerdo. De ahí la frase que da cuenta de la variedad de tamales (se dice que en México hay más de cien tipos distintos de tamales), se acuñó  el concepto para definir algo que presenta muchas variedades.

   En la arquitectura se usa la palabra ecléctico cuando hay variedades de estilos conjuntos en una sola obra, quizá el interior de la Catedral entre en esa clasificación pero lo dudo pues en esos años setenta, cuando fue iniciada la restauración una dirección, un enfoque de estilo parece ser que no existió, todo se hizo en torno a una modernidad y a ciertas teorías de liberación.

   Hagamos a un lado la filosofía y vamos a ver este conjunto de estilos: un vestigio del medieval europeo en el templo del convento (hoy Catedral), un colorido barroco en la capilla del Tercer Orden, un... ¿herreriano? ¿toscano? en la otra capilla, que es la que vemos en la siguiente fotografía; luego un neogótico en la capilla del carmen y, dentro de ella el más puro de los neoclásicos. Es decir, de chile, de dulce y de manteca, sin lugar a dudas.








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