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lunes, 9 de abril de 2018

De cuando una hacienda cañera fue rifada. San Diego de Atihuayan.

  A lo largo de estos casi diez años de diaria publicación en El Bable, el tema de Haciendas ha sido recurrente. En él he encontrado todo tipo de información, más allá de la historia de sus propietarios y vicisitudes, de costumbres, tradiciones, eventos un poco raros o insólitos, de personajes que en alguna de ellas vivió, pero esta vez topamos con algo por demás sorprendente: la rifa de una hacienda. (Foto de Juan Pablo Pantoja)

  Esta rifa debe verificarse por el último sorteo del mes de Diciembre del presente año de la lotería de Nuestra Señora de Guadalupe, siempre que se haya vendido el número competente de billetes: de lo contrario se avisará al público.
   La hacienda nombrada San Diego Atihuayan, situada en la jurisdicción de Cuernavaca a veinte leguas al sur de México y el dueño de ella lo será el que tenga el número igual al que en la mencionada lotería de Guadalupe salga premiado con los 3,000 pesos.
   Otro premio de 8,000 pesos fuertes le será entregado al que posea el número igual al que en dicha lotería de Guadalupe salga premiado con 500 pesos.
   Otros dos premios de 3,000 pesos cada uno también les serán entregados a los que igualmente tengan los números iguales a los que en la referida lotería de Guadalupe sean premiados con 200 pesos.
   Otros tres premios de 2,000 pesos cada uno se darán a los que tengan los números iguales a los que en la repetida lotería salgan premiados con 100 pesos.
   La hacienda deberá entregarse al que se la saque libre de alcabalas y de todo otro gravamen pues aunque reconoce 39,000 pesos al 5 por 100 y 8,000 a censo redimible y al rédito de 2 1/2 por 100 se le exhibirán al contado los 47,000 pesos que montan los gravámenes para que se verifique el que la reciba enteramente libre.
   El Sr. D. Felipe Neri del Barrio, ha tenido la bondad de presentarse a salir responsable del cumplimiento de todo lo ofrecido, y será quien entregue los premios a los que tengan derecho a ellos, Los billetes para esta rifa valen 17 pesos, y se expenden en México en los estanquillos de las calles más públicas, y en los departamentos, en las administraciones de tabaco.
   No puede ser más lisonjera la perspectiva de esta rifa, la primera que se verifica en la república de un valor que suficiente, para que con la cortedad de 17 pesos, se haga la fortuna de una o más familias.

Fuente:

Diario del Gobierno, No. 1613, T. XIV, sábado 28 de septiembre de 1839. Imprenta de I. Cumplido, México.

viernes, 22 de julio de 2016

De cruces de marcaje del siglo XVII y XVIII en Cuernavaca, Morelos

   A distancia estamos visitando Cuernavaca pues, cuando anduve por allí no me percaté de que sobrevive entre los muchos pueblos que fueron de indios y que en la actualidad se han integrado a la ciudad mantienen una vieja tradición asociada a las cruces atriales que, para ser precisos son las cruces de marcaje que delimitan los terrenos dados a cada pueblo. Habíamos ya comentado sobre el altépetl que era la organización social en el México prehispánico y si algo no había en ellos era la cordialidad entre unos y otros. De ahí (creo yo) que nos venga ese modo que tenemos en México de ser excesivamente localistas que nos lleva al extremo de pensar solamente en nuestra ciudad (si lo sabré yo que cada que hago una presentación debo de adaptar mi discurso a cosas locales de la población en donde me encuentre) y ya que estamos en una ciudad nos interesa solamente lo que ocurre en un barrio o colonia en específico y el extremo llega a que, cuando hablamos de un barrio nos interesa solamente la calle en la que vivimos...

   Esto lo vieron claramente los franciscanos, primeros evangelizadores en México, y fue así que, al congregar a los pueblos indígenas bajo el concepto de "pueblo de indios", asignaron un territorio para cada comunidad, territorio que quedaba marcado con cruces, algunas monumentales, como las que vimos en la calle Leyva en el centro de Cuernavaca. Esta vez veremos a través de Street Finder las cruces que han sobrevivido o que han sido reemplazadas (no lo sé) en los distintos pueblos que conforman Cuernavaca.

  Esta es la capilla de San Dieguito, vemos en lo alto una cuz, quizá era una de esas cruces de marcaje que, para protegerla de la barbarie (es decir la nueva "civilización") la colocaron en lo alto. Según el libro que anteriormente comenté (no tengo el título) existe una cruz del siglo XVII. Se trata de Acapantzingo.

  Estamos ahora en el pueblo de Chamilpa, aquí veremos claramente lo que fueron las cruces de marcaje, las que delimitaban el territorio del pueblo, tampoco sé si son las originales o han sido sustituidas, lo interesante aquí es que nos dice cuál era su función. Eran cinco, construidas en el siglo XVII. El templo está dedicado a San Lorenzo.






  Ahora estamos en el pueblo de Ocotepec, allí también hay cinco cruces, fueron instaladas en el siglo XVII, ignoro si son las originales, y leo en la página oficial de Ayuntamiento de Cuernavaca que las cinco cruces representan las cinco llagas. Esto hace mucho sentido pues la región tuvo fuerte presencia franciscana, para ellos, incluso llegan a ser el otro escudo de la orden. En este pueblo es en el único que he encontrado referencias sobre las cinco cruces en páginas de la red. Pero, al buscarlas en Street Finder solamente pude ubicar una, además de la que ahora vemos.


  En el pueblo de San Antón Analco hay una cruz, justo en el ángulo de su antigua capilla. Se dice que solamente hubo una, quiero pensar que es la misma.

  Ahora estamos en Santa María Ahuacatitlán, aquí, de acuerdo al libro que vi, hay 6 cruces, esto rompe la teoría de las cinco llagas... solamente pude localizar una en el mapa satelital.

  Por último, se menciona que en el pueblo de Ahuatepec hay tres cruces, datan del siglo XVIII. Esto hacen 21 cruces, adicionales a las que vimos anteriormente, que fueron 9, podemos afirmar que hay 30 cruces, algunas del tipo atrial (las menos) y la mayoría del tipo marcaje.

jueves, 21 de julio de 2016

De Cuernavaca y sus cruces atriales del siglo XVI

    El tema lo he acariciado mucho y creo es el momento ideal para compartirlo públicamente pues estamos iniciando las tan ansiadas vacaciones que muchos tendrán y podrán ejercer el noble oficio de turista. Pero, si queremos ser buenos turistas es necesario documentarnos antes de que comience le tourné (el tour, el viaje, el recorrido, el paseo, etc.) para optimizar nuestros tiempos. Así pues, si tienes en proyecto pasar unos días por Cuernavaca, no pierdas el tiempo en el tema del Cuau, sino ve algo extraordinario que la ciudad guarda: sus cruces atriales.

  En Cuernavaca sobreviven nueve cruces atriales, del siglo XVI (luego veremos las de los siglos XVII). Quizá solamente sean ocho pues hubo una que no encontré. Algunos datos de las cruces los obtuve de un libro que lamentablemente olvidé anotar su nombre y autor, era una guía turística ya vieja, que encontré en una biblioteca cercana a la Catedral, los otros a fuerza de caminar y de preguntar por la calle sobre el paradero de las cruces.

  Las primeras tres se localizan en la Catedral, una está al centro del atrio-jardín que tiene por límites la capilla del Tercer Orden y la Capilla Abierta, es la que veremos en la siguiente fotografía, la otra está empotrada, no la pude ver pues estaba en trabajo de restauración la portada lateral de la Catedral, es la que vemos en la imagen blanco y negro. Una más, en la fotografía anterior, está en la pared norte, es decir, también en la lateral.

   Desconozco si hubo (o hay) más cruces en la Catedral, solamente vi estas tres, las empotradas me recordó mucho las cruces Pasionarias que vi en Tepeapulco, Hidalgo. Como no conozco cabalmente la ciudad de "la eterna primavera", se me hizo un poco complicado entender su distribución, y orientarme por sus múltiples pueblos, todos de nombre náhuatl: Acapantizngo, Amatitlán, Ocotepec, Analco, etc. Ahora entiendo que, ante el crecimiento poblacional la que originalmente fueron numerosos pueblos de indios, ahora están todos integrados en una ciudad: Cuernavaca. 

   En el pueblo, ahora barrio de Cuernavaca, de nombre Tlaltenango, dicen que hay tres cruces, una de ellas es la que vemos en la imagen, es la primera que veo que fue pintada, para saber más de este barrio, entra aquí.

   La otra cruz está en la barda perimetral de la parroquia, no la pude ver pues fui al lugar exactamente el día que comenzaba su fiesta, eran tal la cantidad de puestos que no la vi, ahora, usando la tecnología de Street Finder, la podemos apreciar en tan singular ubicación.

  A este barrio no fui, la imagen la ubiqué en el blog que menciono, se trata de la cruz atrial que sobrevive en Tetela del Monte, en el atrio del templo de los Santos Reyes.

  Hasta aquí hemos visto unas cruces atriales que bien podríamos catalogar de "normales", en el sentido de que están o estaban en el centro del atrio, como ombligo. Recordamos que los atrios fueron cementerios originalmente, y que allí estaban con sus curces. Cementerios que luego se volvieron atrios. Recordamos también que encuentro una fuerte relación entre el Altépetl y el significado de la Cruz Atrial como punto de referencia. Todo esto lo menciono por lo siguiente: 

   En el mencionado libro decían de unas cruces que se localizan sobre una calle, la de Francisco Leyva, me pareció curioso que no estuvieran ubicadas dentro de un templo, así que fui a en busca de la calle, me dieron la indicación que por el rumbo de la terminal de autobuses, no la principal, sino la del Pullman de Morelos, y de por ahí me mandaron hasta... donde se localiza esta: en mitad de la calle mencionada, entre Cuautemotzin y González Bocanegra.

   Por demás extraño que una cruz atrial no esté en su lugar: un atrio, sino en plena calle. Al ver la placa que al igual que la cruz sobreviven a la intemperie y a los humanos, se alcanza a leer que es franciscana y del siglo XVI, también que fue desplazada de su lugar original, además, que está catalogada por INAH.




   Y las sorpresas no terminan ahí, justo en la esquina de Leyva y Cuautemotzin está otra cruz, también del siglo XVI, sobre la calle... ¿por qué?

   Pues creo que esto viene a confirmar la teoría de que las cruces las había de diferentes tipos, digamos que las del cementerio, las propiamente atriales, las empotradas y estas que marcaban los límites del barrio.





domingo, 10 de abril de 2016

La Colonización en México, o como se hace mala una idea buena: Hacienda de Barreto, Tlaltizapán, Morelos

  Hoy que se está recordando el aniversario luctuoso (asesinato) de Emiliano Zapata, 97 años; seguimos en el estado de Morelos, embelesados con sus haciendas azucareras y la abundante historia de todas ellas... que son un buen montón. Y hoy llegamos a una, de la que no hay fotografías ni actuales ni de lo que fue en su momento de producción pero que guarda una historia poco difundida, quizá por el desenlace nada grato de una pretendida colonización europea promovida por un presidente que -dicen- fue puesto por Porfirio Díaz, luego de su primer mandato, para evitar aquello de la reelección y que, luego del los 4 años de Manuel González, su compadre, en la silla presidencial, don Porfirio se quedó en la silla hasta 1911...

    Vamos por partes y, primero veamos lo que encontré sobre Tlaltizapán, otro de los sitios que tengo pendientes de conocer y espero hacerlo este año. "Edificaciones históricas, religiosidad, gente con memorias de lucha y bellezas naturales que cautivan son la invitación que Tlaltizapán de Zapata ofrece para todos aventureros y amantes de la diversión, cultura y tradición. La tribu indígena de los Tlahuica huyó de los enfrentamientos entre otras culturas y se estableció en Tlaltizapan, el nombre del lugar se deriva del náhuatl y significa  “sobre tierra blanca”. Después, con la llegada de los españoles, la “tierra blanca” formó parte del Marquesado del Valle de Oaxaca. En ese entonces, las mezclas raciales fueron entre indígenas y esclavos negros, de ahí, se derivó el color de piel que abundó en la región".

  "Se dice que los colonizadores derrumbaron la pirámide que existía y encima de las ruinas edificaron la iglesia de San Miguel Arcángel, pero antes de construir el templo mayor, hubo una colonización religiosa en un pequeño lugar conocido como la iglesia para indios donde se veneraban  a San Marcos. En 1549, Tlaltizapán fue una estancia de yeguas que perteneció a Hernán Cortés;  el colonizador tenía una casa exclusiva para el encierro y domesticación de estos animales y para 1550, el sitio se convirtió en un criadero de caballos pura sangre y  ambas actividades fueron posibles por la abundancia de vegetación, pero sobre todo por la gran cantidad de agua que había en la zona. Durante la Revolución, Tlaltizapán se volvió un suelo de lucha, pues la estancia del general Emiliano Zapata en la zona y el asentamiento de su cuartel son los máximos ejemplos de la importancia que tuvo esa etapa para el pueblo". (Tomado del Diario de Morelos.)

  Así que ese es el antecedente que tenemos del lugar en donde se localiza la hacienda de Barreto. Continuamos con lo ocurrido durante la presidencia de Manuel González, que fue de 1880 a 1884. En algún momento González promovió de nueva cuenta, la colonización europea que ya desde tiempos de Antonio López de Santa Anna no había funcionado del todo bien, tampoco funcionó cuando en el Segundo Imperio se trató de crear la Villa Carlota en Yucatán y esta vez se promovía la inmigración de 500 italianos para ser "depositados" en la Hacienda de Barreto. Quién da cuenta de ello es "Salvador Quevedo y Zubieta, un intelectual afín a Díaz, comenzó una campaña de desprestigio dirigida a González, aduciendo que a raíz de perder su brazo derecho, el presidente había desarrollado un gran apetito sexual, y que había mandado traer de Circasia, Rusia a una mujer que se hospedaba en su hacienda de Chaping". (Tomado de Wikipedia.)

  Salvador Quevedo escribe, cuando estaba en España, a donde se retiró cuando González fungía como Presidente de la República y desde allá comenzó a escribir artículos en contra de él, acusándolo de corrupto, de enriquecimiento y de todo lo que le fue posible, en algún momento le dicen que sus artículos bien podían ser un libro que relatara la Historia de México en los años en que Manuel González gobernaba, es así como Salvador Quevedo y Zubieta publica "El general González y su gobierno en México : anticipo a la historia". Y de esa obra extraigo tan solo uno de los artículos, con el cual te darás una idea del modo en que lo acusaba:

La colonización pigmea.

   Viendo ó sabiendo el ministro Pacheco que la mayor parte de esa corriente humana desprendida hacia América de las diversas naciones de Europa, correspondía a Italia, en su deseo de terciar en la competencia de inmigración establecida entre los Estados Unidos y la República Argentina, dijo para sus adentros, no sin que tuviera resonancia en el público: ¡Italianos, a mí!... . A decir verdad, aquel hombre tenía en su aspecto algo de italiano. Rubio, cari-largo, con la tez salpicada de pintas parduzcas como un campesino de la Sienna, con la expresión triste e inmóvil de un pastor de la campiña romana atacado por la malaria, Guido Renni le hubiera tomado para modelo de un Santo Cristo. Siendo ranchero, pinto, hijo legítimo de la Tierra caliente, había nacido para emparentar con la raza de Maquiavelo y del dogo Dandolo como nuestros capulines nacen a tanta distancia parientes de las cerezas de Europa. Al llamar á los italianos, obedecía, pues, a una ley de afinidad, y desde aquel punto su historia política se hizo italiana, y su nombre ha quedado en los anales del Gobierno de Manuel González confundido con apellidos trasalpinos terminados en í. Eran los de los empresarios italianos que se presentaron para agenciar la proyectada colonización. Fulcheri, director de un café y restaurant muy conocido de la capital, fue el principal empresario en México, y en Italia un Rovati, comerciante de Génova. En Octubre de 1881 había el primero presentado al Ministerio de Fomento un proyecto de contrato de colonización, firmado no por él, sino por un tal Francisco Rizzo a quien se le dio cualquier gaga porque saliese a ostentar el bulto en un negocio ajeno, proyecto que el supuesto contratista hacía preceder de la siguiente solemne exposición al ministro Pacheco:

  "Francisco Rizzo, ante Ud. expone: Que convencido de la utilidad que a la República Mexicana vendría si sus fértiles é inmensas comarcas estuviesen pobladas por gente que se dedicara especialmente a la agricultura, fuente principal de la riqueza de las naciones más avanzadas en la civilización, desde hace tiempo me he dedicado exclusivamente al estudio de las colonias agrícolas que, por cuenta de sus gobiernos, han establecido las Repúblicas del Nuevo Continente”.

   Y luego formulaba los términos de su contrato, según el cual: "Rizzo se obligaba a traer al puerto de Veracruz 200 familias de colonos italianos cuyo número fuese de 500 personas por lo menos”. Según esa cláusula "Rizzo recibiría por indemnización de gastos de viaje y manutención de los colonos hasta su llegada a Veracruz sesenta pesos» por cada colono de ambos sexos (!) mayor de doce años; y treinta pesos por los mayores de 5 que no llegaran a 12 años”. Item más: "recibiría una prima de quince pesos por cada colono mayor de 12 años y de diez por menores de 12 y mayores de 5 años, Item más: "Un premio de cinco pesos por colono si se les hacía llegar a México dentro del plazo de cuatro meses después del contrato”. De todas esas cantidades, se comprometía el Gobierno a pagar veinticinco mil pesos al desembarcar los colonos y el resto un mes después. (*)

  "El contrato fue aprobado en los términos propuestos. Así, calculando por término medio, á $50 colono, por los menores de edad que pudieran ser traídos, añadiendo la prima de $12 por cada uno y el premio de $ 5, resultaba el Gobierno comprometiéndose a pagar por quinientos italianos: Por su conducción a nuestras costas $ 25,000; por pago de prima 6,000; por pago de premio 2,500. Agréguese la obligación que se imponía el Gobierno de proporcionar d los colonos veinticinco centavos diarios durante el primer año de su permanencia en el país, y resultará un gasto de S 125 diarios que hacen al año $ 45,625, cantidad que sumada al anterior total significaba el gasto directo de setenta y nueve mil ciento veinticinco pesos.

  "Esos no eran más que los gastos directos; faltaban los indirectos o por hacerse fuera del contrato para establecimiento de la colonia. Y el ministro Pacheco tomó la palabra en acuerdo de Estado para decir como el héroe de una novela de Carlos Díckens: “quiero más”. Y se le dio”

(*) Diario Oficial del Gobierno mexicano. Número correspondiente al 5 de Octubre de 1881". (1)

  En los capítulos siguientes, Quevedo cuenta una historia más bien trágica, de cómo fue la llegada de esos italianos enganchados, no en Italia, sino en Nueva York, y cómo es que llegan a Veracruz y de allí son llevados hasta su destino en Barreto, tiempo en el cual esa zona era considerada, en tiempos de lluvias, como un peligroso pantano. La colonia no prospera y pocos inmigrantes se queda, algunos logran huir del lugar y se van a otras partes de México, muchos mueren... una verdadera tragedia. Eso que ves en la parte derecha es lo que queda de la Hacienda Azucarera de Barreto.

Fuente:

1.- Quevedo y Zubieta, Salvador. Manuel González y su gobierno en México. Establecimiento Tipográfico en Montealegre. 1885. pp 44-48

sábado, 9 de abril de 2016

Haciendas azucareras del porfiriato en Morelos 2a. parte

  Creo que si eres de los que llegan a El Bable frecuentemente este tema, el de las haciendas azucareras (prefiero ese nombre al de ingenios) te ha causado el mismo impacto que a mi, al ver por primera vez una de ellas, la de Coahuixtla, y luego, profundizando un poco en el tema, al ir descubriendo otra, otra y otra más, el encanto que logra en la mente es grande. Y para engrandecerlo más aun, seguiremos ahondando en el tema, siempre de la mano de Domenech.

HACIENDAS DE SANTA BÁRBARA CALDERÓN, HOSPITAL Y RANCHO NUEVO Propietario: D. Vicente Alonso. Despacho: San Agustín, 6. —México, D.F.

  "En diferentes lugares de esta obra hemos procurado demostrar cuán fácil sería imprimir á la industria azucarera mexicana un considerable aumento y perfección en sus productos, preparándola para el brillante porvenir que la espera, sin duda alguna, dadas las condiciones del suelo y clima de que disfrutan grandes regiones de la República; y aquí nos ocupamos de las principales haciendas del Estado de Morelos, como punto de apoyo de nuestra tesis y comprobación de lo que hemos asegurado. Entre los más activos industriales propietarios que á dicha explotación agrícola se dedican y á quien tal vez mayor progreso la misma debe, figura el caballero español D. Vicente Alonso, con sus hermosas fábricas y grandes haciendas del Distrito de Cuautla, que pasamos á reseñar brevemente.

  "Esta hacienda y fábrica de azúcar fueron fundadas en remotos tiempos, allá por los años últimos del siglo XVI, por D. Fernando Calderón de Vargas, que obtuvo los terrenos en virtud de Real Cédula de Felipe II, fecha 12 de Mayo de 1582, en la cual se mandaba adjudicárselos sin perjuicio de los indios ni de otra persona. Su extensión actual alcanza á 25 caballerías próximamente, ó sea poco más de mil hectáreas, dedicadas en su mayor parte al cultivo de la caña de azúcar, con fértiles terrenos y abundancia de agua. La fábrica se compone de varios edificios destinados á la maquinaria, á casa habitación y capilla. En el dedicado á la fabricación de azúcar de purga, hay los aparatos necesarios para la anual producción de 50.000 panes y la destilación de cuatro mil barriles de aguardiente, que es por término medio la que se obtiene en esta hacienda. La fuerza motriz de las máquinas es el vapor, á excepción del trapiche ó molino de cana que se mueve a beneficio de una potente caída de agua. (Hacienda de Calderón hoy.)

Hacienda del Hospital


   Radica esta propiedad, como la anterior, en el Distrito de Cuautla y colinda con ella, pero es de mayores proporciones, pues mide alrededor de doce mil hectáreas (277 caballerías). Fue fundada, en tiempos antiguos, por la Comunidad de San Hipólito y cuenta, como la de Calderón, con una fábrica de azúcar de purga que produce anualmente iguales ó aproximadas cantidades que aquélla; una buena casa-habitación y una capilla. 

  "Sus cultivos son de caña dulce y arroz, pero tienen poca importancia con relación á las dimensiones de su terreno, por ser éste casi todo de secano, regularmente llano, con algunos cerros de poca elevación y algo de monte bajo. Trata su propietario de irrigar la mayor parte de estos campos con una corriente de agua extraída del río Cuautla, para lo cual tiene ya solicitado en la Secretaría de Fomento una concesión de mil litros por segundo. Una vez obtenida ésta, procederá sin demora alguna á la construcción del canal respectivo, con cuyo beneficio bien puede calcularse que se triplicará la producción agrícola de esta hacienda. (Hacienda del Hospital, hoy.)

 Hacienda de Rancho Nuevo

  "La hacienda de Rancho Nuevo es la mayor de las que posee el Sr. Vicente Alonso, también situada en el Distrito de Cuautla y alcanzando sus extensos límites á la jurisdicción de los de Jojutla y Jonacatepec. Puede decirse que a ella presta el propietario su preferente atención, pues ha llevado á cabo en la misma costosas obras de riego que duraron cinco años y exigieron un gasto de 300.000 Pesos. Cuenta una extensión mayor de 35.000 hectáreas en terrenos quebrados, abundando los cerros y las barrancas; sin embargo, posee magníficos llanos como los de Chinameca y Amatepec

  "Para la irrigación de estos terrenos obtuvo el Sr. Alonso, de la Secretaría de Fomento, una concesión de 1.560 litros de agua por segundo del río Cuautla, que han sido tomados en el punto denominado Segundo paso de las Iguanas y son conducidos por un canal abierto, cuya longitud es de 27 kilómetros próximamente; habiendo en el trayecto más de 2.500 metros de túnel, revestidos en su cuarta parte. Las obras de fábrica consisten principalmente en el acueducto que cruza la barranca de La Cuera, de 36 metros 50 centímetros de elevación sobre su fondo y de 20 metros de ancho. La sección del canal es de 3 metros. Otras obras también notables son el acueducto de Zacapalco y las alcantarillas que suman 40 metros de sólidas construcciones. El agua conducida por el canal á que nos venimos refiriendo, se proyecta llevarla hasta Amatepec, no llegando hoy más que hasta Rancho Nuevo, donde al beneficio de este riego se cultivaron ya en este año (1899) 2.000 tareas de caña dulce y arroz.

  "Actualmente se construyen los edificios necesarios para la hacienda, trojes, casa habitación, etc., y muy pronto la importancia de esta propiedad será muy grande, dedicándola principalmente á la cría y engorda de ganado, á cuya industria, una vez regados sus campos, se prestará admirablemente. El cultivo de arroz se multiplicará también porque los ensayos verificados han dado resultados brillantes y todo hace esperar una época de gran prosperidad para la Hacienda de Rancho Nuevo, confirmando las previsiones de su propietario D. Vicente Alonso, que con la mirada fija en el porvenir no vaciló en erogar 300.000 pesos en las obras á que nos hemos referido, con pleno convencimiento de que en la irrigación de aquellos fértiles campos se encerraba el secreto de una grandiosa explotación agrícola. (La hacienda de Rancho Nuevo la conocemos mejor con el nombre de San Juan de Chinameca, donde trabajaba Emiliano Zapata.)

  "HACIENDA SANTA INÉS.- Propietaria: Sra. Viuda de D. Benito Arena, Cuautla.

   Linda esta hacienda azucarera con la Municipalidad de Cuautla y tiene estación del Ferrocarril Interoceánico (ramal de Morelos) cuya vía penetra hasta la bodega del Ingenio por medio de un pequeño desvío. Pertenece á la Sra. Soledad Toriello, viuda de Arena, que reside en México, calle Donceles, n.° 21, y ha sido provista últimamente de modernos aparatos para la fabricación, contando con un magnífico trapiche movido por agua y un remoledor de bagazo movido por vapor.

   "Es muy notable su buen sistema de defecación, practicándose en los caldos la evaporación al vacío por medio del triple efecto, para lo cual posee entre dichos aparatos un hermoso tacho al vacío de gran cabida. La limpia se verifica por medio de filtros de carbón animal y ácido sulfuroso, y por último, la solidificación tiene lugar en centrífugas del más moderno sistema.

  "También en este Ingenio se quema directamente el bagazo por medio de dos hornos al estilo de los mejores que se emplean en la isla de Cuba. Hay siete estufas para secar el azúcar en dos ó tres días, con capacidad de 2.000 arrobas cada una, así como grandes bodegas para almacenarla. La producción de este Ingenio es considerable: alcanza en cada zafra á 150.000 arrobas de azúcar y 75.000 de miel, siendo aquélla de muy buena calidad y de blancura notable. La extensión de los campos que constituyen la hacienda es de 2.583 hectáreas, casi todas de regadío, y que producen caña de la mejor que se conoce en la comarca. Cuenta con 550 mulas y 300 bueyes para las labores agrícolas y más de 100 carros para el transporte de los productos" (1).  (Algo sobre el que fue el administrador de la hacienda de Santa Inés, antes de ser propiedad de D. Benito Arena, aquí.)

  No son todas las haciendas que hay en Morelos las que hemos incluido en estos post, la lista es larga, la que vemos en la imagen es la de Casasano, está la de La Concepción, la Hacienda de San Carlos Borromeo. La Hacienda San Antonio El Puente. La de San Jacinto Ixtoluca no era azucarera, sino minera. La de Santa Cruz Vistalegre, sí era azucarera. San Gabriel de las Palmas. La de San José Vista Hermosa.

   La ex hacienda de Santa Clara de Montefalco es actualmente un escuela del Opus Dei. Abundante es la historia que guardan las haciendas azucareras, hay una que, además, se le ha cubierto con el manto de leyenda asociado a Hernán Cortés, la de San Antonio Atlacomulco. La Hacienda de Xochimancas. La hacienda de Barreto, que sirviera para alojar a los migrantes italianos. La Hacienda de Ticumán. La Hacienda de Guadalupe. La Hacienda de Tenextepango, otra de las propiedades de Ignacio de la Torre, cuya casa bien vale la pena conocer, no la de la hacienda, sino la que tenía en la CDMX. Hacienda de Tenango, Ex-haciendas de molienda de caña en Oacalco, Apanquetzalco, Atlihuayán, estas tres, en Oaxtepec.  En el municipio de Tlaltizapan hay otras Haciendas Azucareras, la de San Francisco y la de San Miguel Treinta, En Tlayacapan está la ex Hacienda de San Nicolás, conocida también como de Pantitlán. Hacienda de Apanquetzalco, la de Chicomocelo, Y muchas, muchas más...

Fuente:

1.- Guía general descriptiva de la República Mexicana. Tomo II. J. Figueroa Domenech. Ramón de Araluce. Barcelona, 1890. pp. 385-393. (Disponible en la Biblioteca Digitalizada de la UANL, en la Biblioteca de Madrid y en Cervantes Virtual.)