
La carretera que va de Abasolo a Pénjamo tiene un tránsito intenso pues es una de las vías alternas que unen al Bajío con Guadalajara, los autobuses, claro está, los Flecha Amarilla, continuamente pasan, así que a bordo de uno de ellos llegué a la entrada de la que fuera la Hacienda de Corralejo y que ahora es productora de Tequila, la única en Guanajuato y la única que mantiene sus puertas abiertas para ver el proceso de elaboración y envasado de esa bebida espirituosa, la que asocia al mexicano en todo el mundo: el Tequila.

Caminé dos kilómetros para llegar a la Hacienda, en el horizonte se veía la Sierra de Pénjamo, lugar en donde fueran fusilados Pedro Moreno, el jalisciense que participó junto con Mina, el español, en la guerra de Independencia, ambos terminaron sus vidas en las faldas de esos cerros que vemos al fondo. Por todo el camino no había un metro cuadrado sin cultivar, mucho sorgo, algo de maíz y un campo de calabacitas que estaba en su mero punto me dejó ver, por primera vez, como es la planta, misma que aparecen en estas fotografías.

En Corralejo, al igual que en todo el Bajío y en todo el Estado de Guanajuato y en todo el centro de México se ven ya las señales de la conmemoración al Bicentenario del inicio de la guerra de Independencia y del Centenario de la Revolución, ahora que los campos están verdes destacan con su color café rojizo tan característico de la arquitectura colonial, color que se asocia fácilmente a la ciudad de Guanajuato, los señalamientos de las rutas históricas, de la llamada "Ruta 2010"

El clima en el verano, cuando anduve por allá era de lo mas agradable, solo que con un poco de calor, cosa común en Abril y Mayo, pero este año del 2009 que ha sido notoriamente distinto al resto de los años con lo del cambio climático ha hecho padecer de altas temperaturas, atípicas todas ellas a la región centro del país, lo cual no quiere decir que la producción haya mermado, afortunadamente hubo agua almacenada, por lo que la cosecha se dio.


Conocer los sembradíos de cerca me da una sensación de comunión con la naturaleza. Cuando vivimos en ciudades y nos enfrascamos en la rutina del día a día y no tenemos el tiempo para apreciar las cosas tan sencillas como lo es un campo bien sembrado y en plena producción nos estamos perdiendo de algo importante, pues de allí es de donde comemos, de la generosidad de la tierra aprovechada por la sabiduría ancestral de labradores y hortelanos.

Y llegamos, llegamos a la que fuera la estación del tren, el que unió al Bajío con la ciudad de México y Guadalajara desde finales del siglo XIX hasta hace unos veinte años que aun pasaban carros de pasajeros. En la actualidad esta y todas las estaciones porfirianas que siguen orgullosamente en pie están abandonadas, mostrando su esplendidez, en espera, tal vez de una nueva revolución que sea cultural y que le de el valor que todas ellas tienen.

Unos metros más adelante nos encontramos con la Hacienda de Corralejo, la cual, afortunadamente ha sido rescatada y valorada. Lo mejor de todo, que está abierta al público y puedes pasear por sus instalaciones y sorprenderte con las maravillas que guardan en su museo, todo por cortesía de los productores del Tequila Corralejo, eso lo veremos mañana.