martes, 10 de marzo de 2020

La Batalla de Salamanca que ocurrió hace 162 años [1858].

   Celaya seis de marzo [1858], acampado el ejército liberal a la margen izquierda del río de La Laja, y el ejército conservador en Apaseo. Contando ya con cinco mil hombres, cuarenta piezas de artillería; el general Luis Gonzaga Osollo asumió la actitud de la ofensiva, dando cuente a la capital, atacaría a Anastasio Parrodi en sus instalaciones de la Laja, bajo el siguiente plan: Casanova cargaría en masa, vigorosamente sobre el flanco izquierdo del enemigo hasta envolverlo; la brigada Mejía, desde San Miguelito, destacando una nube de tiradores, con sostenes, molestaría al frente, distrayéndolo con sus planes de defensa; en tanto la división de Miguel Miramón marcharía sobre el flanco derecho, siendo de esta manera un ataque simultaneo y con denuedo.

   Parrodi que marchaba a San Luis Potosí: advertido de los movimientos de las tropas de la Capital hacia el Bajío se volvió de la hacienda de la Pila, cerca de la ciudad de San Luis, al encuentro del enemigo, y llegó el día catorce a Celaya, donde reunidas las fuerzas de los estados coaligados, contaban con un efectivo de siete mil hombres, con treinta piezas de artillería, siendo los jefes principales, los generales Juan Nepomuceno Rocha, José María Arteaga, Manuel Doblado y Epitacio Herrera.

   El ejército liberal contaba si bien con unidades muy buenas de las tropas procedentes de Jalisco y Guanajuato; las demás fuerzas eran soldados bisoños, de movilización reciente y guardia nacional que nunca habían entrado en combate, ni siquiera al servicio de campaña además de estar al servicio de gobernadores de los estados o de agentes nombrados por éstos quienes conservaban soberanía y facultades propias, teniendo cada contingente su administración militar y económica separada faltándoles con esto unidad y cohesión perfectas. En tanto Osollo con tropas veteranas y jefes y oficiales de reconocida competencia desde luego con una solida organización militar.

   Parrodi abandona sus puestos que había logrado en las márgenes del río creyendo que Osollo se movía hacia Guanajuato, el día siete para impedir la ocupación de la plaza; pero el movimiento era falso, esto permitió a los conservadores pasar el puente de la Laja -“Tresguerras”- se adelantaron y entraron a Celaya: entonces Parrodi tuvo que replegarse a Salamanca, venciendo gran jornada el ejército liberal, hasta la noche del día ocho. Osollo toma ventaja con los movimientos realizados; al día siguiente Miramón avanza hacia Salamanca por el camino nacional, la división Casanova, siguiendo una línea diagonal a su derecha, a posesionarse de la hacienda de Cerro Gordo, donde estaban acampadas las caballerías liberales y estas al percibirlas se replegaron a Salamanca.

   Miramón avistó Salamanca inesperadamente y con precipitación salió el ejército liberal y tomó posesiones al oriente de la población y comienza el cañoneo; a los primeros tiros perece el coronel Solís de los conservadores y en el campo liberal un batallón de la brigada Zacatecas se desbanda, arroja las armas al suelo y trabajosamente se establece el orden, hasta la noche, que pasa en silencio.

   La misma noche del día nueve, el general Parrodi proviene al jefe de la caballería del ejército liberal, Mariano Morett, organizar con todas las fuerzas del arma, dos columnas a la misma altura, dos columnas a primera hora poniéndose a la cabeza el mismo Morett y de la otra el coronel José Calderón del primer cuerpo. Con las Caballerías de Guanajuato, Michoacán y Jalisco, el primer cuerpo de Lanceros y el Escuadrón de Cierra Gorda de Querétaro.

   Al amanecer del día 10 de marzo, el ejército liberal formaba en orden de batalla en el lado oriental de Salamanca con sus jefes a la cabeza. El enemigo al frente: Miramón, tenía orden de entrar en combate, tan luego que observara el impulso que la división Casanova y la brigada Mejía debían ejecutar bajo la dirección del general Osollo.

   Atronaban en el campo de batalla los disparos de las artillerías de uno y otro ejército. En la llanura que hay entre Salamanca y la hacienda de Cerro Gordo, [en la zona del arroyo Feo] formaba en la batalla la división Casanova, amagando el flanco izquierdo del campo liberal: observado esto, Parrodi ordenó a Morett cargara con toda la caballería por la izquierda sobre la división enemiga: muevénse, pues la caballería con sus jefes de columna de cada una , llevando la vanguardia Calderón; avanza en orden, como si se tratara de una parada militar, al paso, con las distancias debidas; luego arrancan al trote y al galope sucesivamente. Osollo observa, con anteojo, no pierde un punto de vista el movimiento.

   De los mil ochocientos dragones que se le vienen encima y ordena que todos los fuegos se dirijan en líneas convergentes sobre la intrépida caballería: sigue adelante a pesar de la terrible granizada de balas de cañón, metralla y fusilería; ante el peligro Calderón no se arredró, Morett titubea, retrocede y huye, lo mismo que el sostén de la infantería, mientras la columna de vanguardia alcanza la línea de batalla del enemigo, se precipita sobre el arma blanca, arrolla un batallón de infantería y desconcierta a toda la división de Blancarte; pero sin apoyo, hecha pedazos bien pronto, peleando aún, cae herido de muerte el heroico coronel Calderón, quedando tendido en el campo enemigo y prisioneros o dispersos los restos de sus valientes soldados.

   Perdida toda la caballería, se dispersó el batallón Fieles de Guanajuato y siguieron dispersándose cuerpos enteros botando al suelo las armas no quedando firmes más que el l º y 5º de línea ler. Ligero, tiradores de Guerrero, rifleros de policía y restos de la brigada Guanajuato que en número de 2800 hombres se replegaron para Irapuato, salvando 18 piezas de artillería y todos los carros del parque, en cuyo lugar se organizó la gloriosa retirada de Parrodi para Guadalajara.

   Al día siguiente Osollo ordenó se tributaran los honores de ordenanza al coronel José Calderón, asistió al funeral del valiente. El general Osollo desde que fue recogido el cadáver de Calderón, ordenó que un sacerdote, el cura de Salamanca, ejerciera ante el heroico despojo los oficios de su ministerio. El sacerdote se negó a ello, alegando que Calderón era un réprobo que estaba fuera de la Iglesia y que no debía darle cristiana sepultura.

   Osollo entonces dispuso que se fusilara al sacerdote y fuera enterrado junto con el cadáver de Calderón; ante esto y las suplicas de particulares y jefes aceptó. El ministro de Dios bendijo la tumba de héroe liberal. (Hasta aquí el extracto de los apuntes de Cambre). (1)

  Este es el mapa satelital que hoy tenemos de la zona donde ocurrió la Batalla de Salamanca. Algunos la llaman la Batalla de Arroyo Feo debido a que se libró a lo largo del mencionado paso de agua que descarga en el río Lerma.  Con tono rojizo marco parte del curso del arroyo, la zona de la batalla, como lo mencionan todos los autores que la han estudiado, va del camino real que entonces había, que es casi el mismo trazo que actualmente tiene la carretera 45, al norte la hacienda de Cerro Gordo, al sur el pueblo de Valtierrilla. El limite poniente sería la planta termoeléctrica, y el sur el río Lerma. Para aquellos buscadores de tesoros el área es una zona que no ha sido explorada adecuadamente y de seguro hay muchos vestigios, por la zona del rancho del Divisador; habrá que tener en cuenta que ese rumbo está altamente contaminado por los residuos tóxicos de la planta Techkem, la misma que fuera la Montrose hace muchos años y, hay, además la zona de aguas residuales de la CFE, esto quiere decir que hay que ir con la debida protección al lugar... y ni que decir de las vías del tren y las plantas químicas que ya no funcionan, como la que fuera de Fertimex.

Fuente:

1.- Mendoza Villagómez, Rodolfo. Cortazar. Comisión del Bicentenario. Guanajuato, 2010. pp. 55-58

lunes, 9 de marzo de 2020

Haciendas de Querétaro, segunda parte.

 En el artículo anterior di la primera parte del extracto que hice del libro sobre Querétaro que el señor Balbotín publicó en 1857, cabe aclarar que de las imágenes ninguna corresponde a ese estado, no tanto a la época pues éstas son de la última década del siglo XIX, y las uso solo para "ambientar" lo que el texto refiere.

   Si yo hubiese tenido noticias concienzudas sobre cada uno de los elementos que constituyen á las fincas rústicas, no me hubieran sido de gran trabajo los resúmenes de las clasificaciones del semoviente en sus diversas relaciones que exigen los cuadros citados; mas esa falta me ha acarreado afanes indecibles para hallar el resultado más conforme á la verdad, que era en todos casos el que debía buscar. De sentir es que un interés mal entendido haga estériles los más nobles esfuerzos hacia el adelantamiento del país que debe procurar todo buen gobierno.

   Ya se dijo en la nota anterior las pocas haciendas de criaderos de ganados que hay en el Estado, y eso en tan baja escala, que apenas bastan para las necesidades de la agricultura, el movimiento del comercio y el medio consumo de carnes en las plazas y mercados; porque la mayor parte de los ganados para el tajeo y matanza vienen de afuera. Así es que en las demás haciendas solo hay un pie de toda clase de ganados más ó menos corto, notándose que en los Distritos de San Juan del Rio y el Centro hay más de la mitad del número total de cabezas de ganado bovino, caballar, asnal, de lana y de cerda; y en el de San Pedro Tolimán sobresale el ganado de pelo, cuyo mayor número se halla en las haciendas de San Pablo y el Estorax.

   La reproducción del ganado se efectúa en lo general bajo las proporciones siguientes: de 20 á 21 por 100 el vacuno; de 15 á 16 por 100 el caballar; de 10 á 11 por 100 el asnal; de 49 á 50 por 100 el de lana; el de pelo de 80 á 81 por 100; y el de cerda de 49 á 50 por 100. Es de notarse que no está considerado el aumento ó reproducción en el número total de cabezas, ni en las demás relaciones del ganado, por no creerlo todavía en estado de servicio.

   Como la agricultura es el ramo más importante del Estado, se emplea el más grande número de animales del ganado mayor en este servicio, según se ve en el Cuadro: 17,941 bueyes, 3,953 caballos y yeguas, y 2,139 mulas, machos, burros y burras.

   Las vacas de ordeña, en número de 2,111, está su mayor parte en las haciendas y ranchos, y producen 8 pesos por cabeza anualmente, en razón de que pocas veces se ordeñan más de la tercera parte del año: de ese mismo número hay en la capital 156, y estas producen por lo menos 25 pesos cada una al año. Las 5,323 cabezas que del ganado bovino se matan anualmente, están distribuidas con tanta desigualdad en las haciendas que tienen tianguis cada ocho días, y las que sacan de ellas mismas los matanceros para el consumo de los mercados, que no es posible determinar el número correspondiente á cada finca. Su precio coman son 20 pesos, pero las de engorda llegan á valer hasta 35 y 40. Aunque el número 5,323 representa las pieles que se benefician, es preciso advertir que el mayor número de ellas se gasta en los aperos de labor de las fincas: su precio engrudo es de 3 pesos. El número de caballos y yeguas del país asciende á 13,415, habiendo solamente 20 caballos frisones en esta capital para el tiro de los carruajes particulares. El aumento ó reproducción de aquellos es de 2,213 cabezas al año, en la proporción que ya se dijo arriba, lo mismo que el número empleado en la agricultura. En cuanto á la minería, solo hay 50 que se ocupan en los minerales de Cadereita y Jalpam. En la industria se ocupan 1,933 muías, machos, burros y burras. Advertiré que en este servicio he incluido varios animales que ocupan los pobres para el tráfico de sus pequeños negocios, pues á tomar la palabra en su sentido literal, solo habría puesto las muías empleadas en la fábrica del Hércules, y algunas otras por el estilo; en el tiro ó trasporte en los caminos, 3,820; en el servicio militar, 368 caballos; en el uso particular y público dentro de la población, 2,653 caballos y muy pocas muías; y en los criaderos, 5,607. Su precio ordinario es el de 15 pesos los caballos, 10 los burros, los machos 25 y las mulas 30. (3)

  Ya he tenido ocasión de hablar en otra parte sobre las haciendas y ranchos que hay en el Estado, y de algunas circunstancias generales y particulares que les corresponden; las consideraré ahora bajo otras relaciones, según el tenor del Cuadro citado.

   De las nueve haciendas apuntadas en él, de criaderos de ganado mayor y menor, solo á cinco se les puede dar este nombre en su totalidad, porque las otras tienen bastante tierra de labor, y les convendría más bien el de mixtas; pero no habiendo esta clasificación, me ha sido indispensable colocarlas en este lugar. Las primeras son: el Estorax y San Pablo en el Distrito de Toliman; Santa Bárbara, la Nopalera y el Rincón en el de Cadereita; y de las segundas, el Ciervo que se halla en este Distrito, Ajuchitlan el Grande en el de Tolimán, Atongo y Chichimequillas, que pertenecen al de Querétaro.

   Tienen de extensión 6,595 caballerías, una fanega, con valor de 716,451 pesos. La parte cultivada del terreno son 192 caballerías, una fanega, y la utilidad que producen al año es de 91,734 pesos: tienen 662 empleados y jornaleros, ganando éstos uno y medio reales y venciendo los otros 10,847 pesos al año.

   Hay 98 haciendas y 226 ranchos de labranza; su extensión es de 13,465 caballerías, y su valor es de 4.641,690 pesos, siendo la parte cultivada de 898 caballerías 6 ½ fanegas. Los frutos que producen anualmente y sus precios, son los que siguen: maíz á un peso fanega; frijol, 12 reales fanega; trigo, 20 reales tercio; chile bueno, 3 pesos arroba; grano de cebada, 7 reales fanega; garbanzo, 18 reales fanega; lenteja, 15 reales fanega; habas, 10 reales fanega; alpiste, 10 pesos fanega: papas, 10 reales fanega; paja de cebada, tres cuartillas arroba; id. de trigo, cinco octavos arroba.
   
   El número de empleados y jornaleros es de 5,613, el precio común de los jornales es de uno y medio reales, y el importe anual de los sueldos de empleados es de 43,774 pesos. Hay 3,514 huertas, comprendidos algunos solares, que formarán la quinta parte de esta suma, cuya extensión total es de 51.799,680 varas cuadradas ú 85 caballerías, con valor de 486,433 pesos: la renta es de 24,321,65. Los frutos que producen anualmente son: alfalfa, algodón, alverjón, caña dulce, cebada verde, chile de cuatro clases, frijol, garbanzo, habas, lentejas, maíz, papas, todas las legumbres, frutas de árboles y plantas que hay en ellos ya descritos en la explicación del Cuadro séptimo, lo mismo que sus precios y valores. Hay 286 empleados y jornaleros, que ganan uno y medio reales y el sueldo de los primeros anualmente es de 7,925 pesos.

   Resulta, pues, que el valor de las fincas rústicas considerados sus terrenos solamente es de 5,844,54 pesos, más si de esto se agrega el valor de los ganados, 1.338,170 pesos el mayor, y 328.801 pesos el menor, 1,854,500 pesos de capillas, casas, obras de aguas y aperos de labor asciende el total valor de las fincas rústicas a 9,366,045 pesos.

   El número de haciendas, ranchos o huertas que pertenecen a esta corporación, su extensión, su valor, su renta anual y capitales están minuciosamente detalladas en la segunda parte del cuadro, notándose que los 470,002 pesos que las fincas de los particulares reconocen al clero secular y regular, es la que he podido averiguar, pero es indudable que ese reconocimiento monta a la mitad del total del valor de ellas, según los informes que tengo recibidos.

   Advertiré también que en los 35 ranchos que representan las tierras del común de los pueblos, van incluidos multitud de solares que tienen las municipalidades en San Juan del Río y Cadereita principalmente. Pertenecen á establecimientos de beneficencia, la hacienda de Buena Esperanza y la huerta del colegio de San Javier. (4)

Fuente:

3.- Balbontín, Juan María. Estadística del Estado de Querétaro en los años 1854 y 1855. Imprenta de Torres, México, 1857; pp. 62-65
4.- ibid pp. 99-102

domingo, 8 de marzo de 2020

Haciendas de Querétaro, primera parte.


   Interesante y curiosa es la información que encuentro esta vez en el libro de estadísticas del estado de Querétaro que se publicó a mediados del siglo XIX cuando no se tenía confianza alguna con los números que se proporcionaban al gobierno y regularmente no se daban o se daban en cantidades muy bajas pues se temía un cobro excesivo de impuestos. Esto ya lo habíamos visto cuando se trató de hacer la primera estadística en tiempos de Santa Anna, cosa que no se logró hasta la presidencia de Comonfort y el entonces ministro de Fomento y Colonización se quejaba de lo mismo, eso de que no se podía obtener información exacta por el temor de la gente.

   Lo que a continuación comparto son datos de 1855, en los que veremos una serie de detalles por demás interesantes que nos dejarán ver cuánto ha cambiado el campo y la industria mexicana, unas cosas para bien, otras para mal.

   "En el Estado de Querétaro se cuentan 107 haciendas y 226 ranchos, á saber: 

   Nada me ha costado más afanes que la reunión de las noticias sobre fincas rústicas, porque alarmados algunos propietarios con la idea de nuevos impuestos, conformes otros con el estado actual de atraso en que se hallan entre nosotros aun los conocimientos más importantes, y ensimismados muchos en sus negocios ú ocupaciones, se han negado constantemente á darme esas noticias, salvo algunas pocas excepciones, haciéndome una resistencia pasiva tanto más invencible, cuanto que no alcanzaba medios humanos para contrastarla. Desde mediados de Diciembre del año próximo pasado les puse una atenta circular á todos los propietarios de predios rústicos, en la que incluí el menor número de noticias que debían darme y yo necesitaba para un mes después, como se los hacía presente, sobre todas las fincas de que no había adquirido aún ningún conocimiento.

   Se pasaron dos meses, en cuyo tiempo solo dos señores tuvieron el comedimiento de dármelas, y viendo tal demora por parte de los demás, di paso á mandarles atentos recados con mis auxiliares á los que estaban á mi alcance, y nuevos oficios á los que se hallaban lejos: así pude recoger algunas noticias, pero siempre el mayor número se me atrancaba y entretenía con decir á los auxiliares que volviesen mañana, pasado mañana, dentro de ocho días, al día siguiente.

   En tal estado, y acortándoseme mucho el tiempo con estas demoras, di cuenta de lo que me pasaba al Exmo. Sr. Gobernador, adjuntándole una lista de los más renuentes, lista que inmediatamente mandó tras, escribir S. E. á los señores Prefectos que correspondía, para que exigiesen las noticias que yo les tenía pedidas; aun pude recoger algunas otras por este medio, viéndome en el caso de mandar á mis auxiliares que fuesen á recoger las que me faltaban á las mismas haciendas, como hice al principio en el Distrito de San Juan del Rio. Debe suponerse que con tan malas disposiciones por parte de los señores propietarios para darme dichas noticias, como tuve la honra de manifestar verbalmente al Exmo. Sr Ministro del ramo de Fomento, Colonización, Industria y Comercio, y antes bien con un empeño decidido en ocultar los valores de sus fincas, reconocimientos, cosechas, muebles, extensión de terrenos, etc., era imposible de todo punto sacar la verdad para marcar los resultados ciertos de todas las circunstancias que ellas abrazan. Sin embargo, valiéndome de vanos medios, sobre todo de la vista de ojos, para hacer las indagaciones convenientes, y trabajando cien veces más de lo que hubiera sido necesario en circunstancias menos desfavorables, como las que por desgracia se halla envuelto nuestro país, he logrado acercarme á lo cierto en cuanto me ha sido posible.

   Pues que para la mayor exactitud es indispensable la medición de los terrenos y levantamiento de planos, para determinar lo que á cada uno corresponde de extensión según sus títulos, avaluarlos conforme a las circunstancias locales, evitar los litis que se suscitan á cada instante entre los pueblos y los hacendados, ó entre estos y aquellos sobre propiedad, y sacar de una vez esos terrenos baldíos de que tanto habla y que yo no pude encontrar en ninguna parte, aun viéndome de las indagaciones más exquisitas.

   Me he visto obligado á hacer esta relación, para que se vea lo difícil que es adquirir estas y otras noticias estadísticas, aun cuando se tengan á la mano todos los recursos y auxilios necesarios, por la sola razón de que dependen de la voluntad de muchas personas que no tienen disposición para darlas. De la calidad de las tierras, su extensión y cereales que producen anualmente, se hablará en el lugar que corresponda (1).

   Aunque tengo reunidas las noticias de todas las fincas rústicas y comunidades de los pueblos del Estado, empleando los medios de que hice mérito en al explicación del Cuadro anterior al hablar sobre haciendas y ranchos, debo añadir que para rectificar la extensión y clasificación de los terrenos, y los valores que de ellos aparecen en las recaudaciones de contribuciones directas, he tenido á la vista muchos avalúos de esas mismas fincas, hechos por peritos agrimensores, en los Distritos, principalmente del centro y de San Juan del Rio. En esta virtud, resultan de extensión total á los predios rústicos, incluidas las tierras de comunidades, 20,060 caballerías, 10 fanegas, en la forma siguiente:

   La reunión de las cantidades que representan las tierras labrantías, forman las cultivadas y si A cultivo y sumando á estas los bosques, resulta la extensión total enunciada. Mas como para llegar á las 876 leguas cuadradas que tiene el Estado, faltan 15,855 caballerías, 2 fanegas, quitaré 366 caballerías que resultan de 111 ¾ de fundos de los pueblos y 254 ¼ de caminos públicos, y aún quedan sin aplicación 15,489 caballerías, 2 fanegas, que no pueden ser otra cosa sino baldíos nacionales, cuya mayor cantidad existe evidentemente en el Distrito de Jalpan, que ocupa en el mapa una tercera parte del terreno del Estado, pero que es muy expuesto determinar por cálculos aventurados, y solo se lograría este objeto poniendo en práctica los medios de que ya he hablado en otro lugar.

   En las tierras cultivadas se hace la siembra y cosecha de los cereales y frutos anotados en el Cuadro, en las proporciones que expresan, como también de los valores que estos tienen en tiempos normales.

   Hablaré en particular de algunas circunstancias notables de estos productos, y de los puntos en que tienen lugar. La alfalfa se produce en esta capital especialmente, en San Juan del Rio, y poca en el Distrito de Tolimán. La siembra del algodón hasta ahora no pasa de ensayos muy pequeños; hay en una huerta de esta capital 70 plantas de la clase de arbustos, alguna siembra en San Juan del Rio y hacienda de Chichimequillas. El alverjón solo se siembra en corta cantidad en la hacienda de la Torre, Distrito de Amealco. La caña dulce ó cañaveral, según se llama por estos pueblos, se produce especialmente y de muy buena calidad en el pueblo de Peñamiller y misión de Palmas en el Distrito de San Pedro Tolimán, y alguna en la villa de este nombre que es la cabecera. También se produce en el pueblo de Concá y otros del Distrito de Jalpam, pero tienen mucha fibra y poco jugo á causa de la feracidad del terreno, pues hay años que levantan del suelo más de cuatro varas. La cebada se produce en casi todas las haciendas del Estado que tienen riego; y el chile, de que no se siembra más que una clase, que es el ancho, en algunas de estas. El frijol en casi todas, en número de cuatro clases, que son las siguientes: el parraleño, el gamboa ó pardo chiquito, bayo grande y bayo chiquito. El garbanzo se produce en las haciendas de Jacal Grande, Junca, Chichimequillas, Atongo, la Griega y algunas otras. Habas y papas en la citada hacienda de la Torre, y la lenteja en la de Carrillo. También se siembran cosa de 10 fanegas de alpiste en la hacienda de Junca, las que producen al año de 180 á 200, y su valor se considera á razón de 20 pesos carga. El maíz se produce en casi todas las fincas rústicas del Estado en mas ó menos abundancia, según la calidad de H, tierras; porque hay algunas tan resecas, como en el Distrito de Cadereita, que pocas veces llueve, y hace siete años que no se levanta una cosecha ni siquiera mediana que cubra los gastos de la labranza. Sin embargo, como hay tierras muy fértiles en el Distrito del centro, San Juan del Río, Tolimán y Jalpam he fijado por término medio el 100 por 1 al producto anual de esta semilla. La planta de maguey es muy abundante en los Distritos de Tolimán, Cadereita y Amealco, y poco en los de San Juan del Río y centro; su número asciende á 393.750 plantas en estado de producir, cuyo valor es de 51,596 pesos.

En Amealco se hace el más rico pulque del Estado, tan blanco, gustoso y de tanto cuerpo, que se puede comparar con ventaja al de los Llanos de Apam: el maguey produce además aguamiel, pita común ó ixtle blanco, quiote, mezcal y vino de este nombre, más ó menos rectificado: del jugo de sus pencas se hace un jarabe eminentemente pectoral. El trigo se produce también en todos los Distritos, excepto Jalpam, en los enlamados de los bordos y presas adonde tienen la costumbre de sembrarlo, y en las haciendas que tienen bastante riego, como Bravo, la Llave, Chichimequillas, Atongo y Balvanera. Es de buena calidad, y su producto anual está calculado de 25 por 1. El número de árboles frutales que se ha calculado haber en las huertas del Estado, contándolos materialmente en muchas de esta capital y de San Juan del Rio, es de 55,761, cuya mayor parte se compone de aguacates, limares, manzanos, duraznos, limones y naranjos. —Las clases y nombres de sus frutos son los siguientes: Limas de dos clases, dulces y agridulces; limones de dos clases, agrios y dulces; perones ó manzanas de tres clases, dulces, agridulces y cristalinos; chabacanos de dos clases damascos y chabacanos propiamente dichos; peras de tres clases, de San Juan, bergamotas y chinches; chirimoyas, aguacates, papayas, ciruelas, injertos de ciruela y chabacano, granadas corrientes, granadas de china; duraznos de tres clases, priscos, amarillos y melocotones; naranjas de dos clases, agrias y de china; tejocote, higos de dos clases, blancos y negros; cidras, guayabas de dos clases, amarillas y color de rosa; limones reales de dos clases, agrios y dulces; capulines, moras, zapote blanco, toronjas, membrillos de dos clases, agrios y dulces. (2)

Fuente:

1.- Balbontín, Juan María. Estadística del Estado de Querétaro en los años 1854 y 1855. Imprenta de Torres, México, 1857; pp. 37-40

2.- ibid pp. 48-53

sábado, 7 de marzo de 2020

La hacienda de La Mocha, Cortazar, Guanajuato, un inventario de bienes. 1892

    Cuando vamos por la carretera 45, saliendo de Celaya, rumbo oriente, luego de pasar junto al emblemático puente Tresguerras, en donde ahora está un trébol, del lado sur vemos un puente que tiene más de un siglo, quizá siglo y medio de haber sido construido, se le conoce como el de La Mocha, quizá sea debido al nombre del arroyo que lo cruza o tal vez se deba a la hacienda que se llamaba precisamente La Mocha pero eso no lo puedo afirmar pues al buscar la relación de haciendas que da Pedro González en su libro publicado en 1904 sobre el Estado de Guanajuato no encuentro que en Celaya o Cortazar estuviera localizada una hacienda con ese nombre. Tampoco en Tarimoro o en Salvatierra.

   En la actualidad existe una comunidad rural que lleva el nombre de La Mocha, está en el municipio de Cortazar, en el mapa lo vemos ubicado con marca roja y está distante del puente de la primera fotografía, además de que ese puente está al oriente de Celaya y la comunidad es al sur-oeste. Así que me queda la duda si el documento que a continuación comparto se refiere a esa Mocha... creo que sí pues al ver la descripción que hacen de la hacienda, menciona que uno de los corrales está junto al cerro y ese cerro, lo anota el referido Pedro González (que es quien mejor conoció a detalle la geografía guanajuatense) como el cerro de la Mocha. 

   Un poco al norte de la comunidad de La Mocha, está la de Galeras, quizá ahí estuvieron las trojes que se anotan en el documento. Lo interesante de este caso es que podemos ver los costos de cada implemento agrícola y como estaba conformada la hacienda hacia 1892. Por si te interesa tener la referencia, esta sería: AHMC. PN. 1892, José Reynoso. f. 262-263.







viernes, 6 de marzo de 2020

El ambulantaje, tan antiguo como nunca lo hemos imaginado.

   Sobre el ambulantaje, siendo que lo tenemos tan integrando en todas nuestras poblaciones, podríamos escribir todo un libro, lo cual no es el caso en este día sino tomando en cuenta el tema, veremos las palabras que están (o estaban) asociadas al tema. Son muchas y a cual más interesante, comenzamos por la que define la mercancía que se vende, normalmente, en el ambulantaje: Barilla o VARILLA. f. Conjunto de mercancías de un buhonero o gorgotero. Así lo definió el Diccionario de Autoridades en 1726.

Así, pues, al identificar la palabra Barilla, esta nos lleva a varios conceptos y, sobre todo, palabras ya en desuso:

BUHONERO. s. m. El tendéro que en una cesta grande, que trahe colgada del pescuezo, anda por las calles vendiendo cosas de poco valór: como son agujas, alfiléres, dedáles, cuchillos, tixeras, y otras semejantes.

GORGOTERO. s. m. El buhonero que anda vendiendo cosas menúdas

   Ojo, no están mal escritas, conservo la ortografía del siglo XVIII, cuando fueron escritas, entre 1726 y 17129.

   Y, como en este mundo una cosa nos lleva a la otra, recordamos que, entre otras cosas y, entre otras palabras, si bien la Barilla, se refería a lo que hoy entendemos como mercería, igual nos refería a ciertas chucherías:

CHUCHERIA. s. f. Cosa de poca importáncia, pero pulída, y delicada, que mueve à curiosidad ò gusto. Tambien son chucherías las cosas de comer delicadas y de no mucha costa.

                            
La Barilla tiene dos significados, uno de ellos es:

BARRILLA. s. f. Hierba delgada, que apénas sale de la tierra, cuyas hojitas relúcen como plata, las quales se cogen, y quemadas, de su ceniza se forma un género de piedra, que sirve para el vidro, y tambien para el xabón. Háila con abundáncia en el Réino de Murcia.

La otra:

«Y ese prieto que se acaba de sentar, á quien le nombran el barillero, pues con el pretexto de vender chácharas se junta con los caminantes y los introduce bonitamente á las emboscadas que él ó sus aparceros tienen dispuestas» (Astucia, tom. I, cap. 12, p. 225). «Unos versos de mi puño y letra con mi firma, que copié de unos versos que había comprado á un barillero» (Id., tom. II, cap. 1, página 12). «Una tabla entera de botes de pomadas rancias que compraba á los barilleros» (Id., tom. II, cap. 5, p. 129). «D. Jacobo ha sido alternativamente impresor, varillero, ayudante del alcaide de la cárcel, por cierto mal negocio; después jicarero, encargado de pulquería, y últimamente ha sentado plaza de arbitrista» (FACUNDO, Ensalada de Pollos, tomo I, cap. 1). «El surtidor especial de la servidumbre de la casa era un varillero. Este varillero se llamaba Angulo» (Id., Gentes, tomo I, cap. 14).

Nos queda pendiente saber sobre las chácharas... 

   Los buhoneros surcaban los caminos incesantemente; se trataba de comerciantes más o menos honrados que practicaban, sobre todo, el trueque. Sus mercancías procedían a veces de las ferias de los pueblos y a veces también de robos. Los buhoneros mejor situados contaban con un burro o un caballo y transportaban en él todo tipo de utensilios, tejidos v encajes. Adoptaban siempre los mismos itinerarios, lo que les permitía establecer vínculos entre las familias que les confiaban sus mensajes. En su siguiente paso por el pueblo traían la respuesta que les habían encargado transmitir. (Seguir leyendo, aquí.)


jueves, 5 de marzo de 2020

La consolidación de las haciendas mexicanas en el periodo Novohispano

   La consolidación y primer apogeo de las haciendas transcurrió entre mediados del siglo XVII y el final de la etapa colonial. Durante ese tiempo, gran parte de la organización económica y social del país,  y no solo la del sector agrario, giró en torno de las haciendas, constituyendo toda una forma de vida que integraba elementos rurales y urbanos, individuales y colectivos, civiles y religiosos, no obstante este lugar hegemónico que alcanzaron y que las llevó a su primera etapa de apogeo, las hacienda nunca nominaron de todo a las comunidades indígenas, ni tampoco dejaron de pasar por momentos críticos, aunque estos jamás pusieron en peligro el sistema como tal.

   La falta de capital y de liquides desembocó en constantes hipotecas y la abundancia de estas, aunadas a administraciones deficientes y a los múltiples pagos entregados a la iglesia (diezmos, censos, capellanías, obras pías), provocaron la quiebra de muchas haciendas o un frecuente cambio de propietario. Eventuales crisis agrícolas y de mercado (como el de la minería), orillaron a muchas de ellas a poner sus tierras menos productivas bajo el sistema de arrendamiento y a parecería, o bien a vivir momentos de involución o autarquía, sobre todo en la región del norte. Sus espacios comerciales se ampliaron cada vez más, y fueron especialmente lucrativos de los de aquellas haciendas que abastecían los centros urbanos mineros. Sin embargo, lo precario de los caminos y de los medios de transporte así como las fuertes restricciones a las exportaciones novohispanas impuestas por la Corona, les impidieron llegar más allá de un mercado regional.

   No obstante las limitaciones establecidas por el gobierno español respecto de las propiedades agrícolas de la iglesia, la mayoría de las órdenes religiosas y numerosos clérigos llegaron a poseer gran cantidad de haciendas. Estas adquisiciones fueron por medio de la compra, pero más comúnmente por las donaciones testamentarias hechas por devotos feligreses, y a través de embargos por hipotecas vencidas, ya que entonces las instituciones eclesiásticas eran la principal fuente de crédito. Destacaban por su enorme extensión, optima administración y elevada productividad las haciendas de la Compañía de Jesús. Al decretarse en 1767 la expulsión de los jesuitas, sus bienes fueron incautados y puestos a remate, con lo cual sus latifundios quedaron desmembrados y pasaron a manos de ricos hacendados seglares.

   En 1804 el gobierno de los borbones asestó otro golpe a los bienes eclesiásticos, solo que esta vez no se redijo a los de una comunidad sino a los de todas, ni tampoco redundó en beneficio de otros hacendados sino más bien en su perjuicio. Una real cédula ordenó entonces entregar a la Real Hacienda el capital que se extrajera de la venta de los bienes raíces de la Iglesia, así como el capital líquido que esta poseía. Como dicho circulante estaba invertido en préstamos hipotecarios a miles de hacendados, además de mineros, obrajeros y comerciantes, estos quedaban obligados a redimirlos en un plazo menor al estipulado originalmente. La aplicación de esta cédula, conocida como “consolidación de vales reales”, no pudo ser radical y se prolongó hasta 1809. Durante todos esos años se desató en contra del gobierno metropolitano una airada protesta y una constante resistencia por parte de los afectados, que no solo era la iglesia sino también los principales grupos económicos del Virreinato, los cuales para entonces ya estaban conformados mayoritariamente por criollos. El sistema crediticio se derrumbó y el sector agrícola entró en una grave crisis, y junto con él, las relaciones entre la Iglesia y el Estado y los de la Colonia con la Metrópoli. La gota derramó el vaso, y al año siguiente la Nueva España se incendiaba con una guerra de independencia.


Fuente:

Rendón Gracini, Ricardo. Haciendas de México. Fomento Cultural Banamex. México, 1997. pp. 35-56

martes, 3 de marzo de 2020

Festividades y tradiciones en municipios del estado de Guanajuato.

   En la exposición que recién concluyó en el Archivo Histórico del Poder Ejecutivo del Estado de Guanajuato tuve la oportunidad de enterarme de varias de las fiestas tradicionales más arraigadas en algunas de las poblaciones del estado. Cabe anotar que ni son todas las que están, ni están todas las que son; como quiera, nos da una buena idea de lo mucho que nos falta por visitar en la zona. Dejo las imágenes de los textos para que tengas una mejor idea de lo que ocurre en cada localidad.