viernes, 17 de junio de 2011

Gabriel Ferry, francés que pasó por el mar de Cortés, 1835.

Eugene Louis Gabriel Ferry de Bellemare fue una francés que llegó a México en 1831, contaba 21 años, su padre vivía ya en la nueva nación, la cual había abierto sus puertas a inversionistas y visitantes, los que, durante trescientos años de vida colonial no tuvieron acceso a no ser aquellos que fueran súbditos de la Corona española. Se dice que descendía de una familia acaudalada, razón por la cual pudo viajar por México. En uno de sus viajes llega a Pichilingue, en las inmediaciones de La Paz y de aquí sigue rumbo a lo que era la remota frontera norte en ese entonces: San Francisco.


Gabriel Ferry fue el nombre que utilizó para escribir sus anécdotas vividas en México, dándonos con ello la oportunidad de conocer como era la vida cotidiana pues, muy al estilo del romanticismo propio del siglo XIX, en donde las descripciones del entorno en las que se van desarrollando las escenas son largas y detalladas. Las obras escritas basándose en sus aventuras por México las hace a modo de novelas, usando los personajes que conoció y dando muchas referencias de la guerra de Independencia. De lo que vio o recreó de Baja California no lo he podido encontrar pero hay un cierto misterio en lo sucedido luego de su llegada a Pichilingue:


"Ya fuera por su cuenta o siguiendo dictados familiares de índole mercantil, viajó al puerto de San Blas, enclavado en el actual estado de Nayarit y lugar de vieja prosapia colonial donde se embarcó en la goleta Guadalupe. Sabemos de su paso por Pichilingue, puerto cercano a La Paz, y luego su visita al pequeño poblado que era entonces San Francisco, en la Nueva California, frontera extrema de la República Mexicana. No sabemos si el trayecto Pichilingue-San Francisco lo realizó en barco (muy probablemente) o a caballo (muy difícilmente), ni como regresó a la Antigua California, pero sí tenemos noticias de que se embarcó en algún puerto de esa provincia para cruzar el mar de Cortés y desembarcar en Guaymas..." (1)


Quizá el puerto al que se refiere es el de Loreto, pero no hay dato seguro, el caso es saber que las novelas de Gabriel Ferry llegaron a tener tal éxito en Francia, que se dieron hasta tres reimpresiones de ellas; y, en buena medida fueron sus relatos sobre Sonora y sus riquezas las que motivaron la pretendida invasión de Gaston de Raousset-Boulbon, aquél que quería independizar a la República de Sonora y ser él su dirigente.


Fueron muchos los franceses que llegaron a México en esa época y dieron cuenta de lo que vieron: Cyprien Combier, Eugene Duflot de Mofras, Victor Adolphe Malte-Brun, Paul Duplessis, Isidore Löwenstern y Gustave Aymard, entre otros. De allí que se piense que, en buena medida, sus aventuras y descripciones de las riquezas que veían y las posibilidades de explotación fueron gestando la idea de una invasión a México, cosa que sucedió años después.


El final de Gabriel Ferry es trágico, ya que muere ahogado cuando el barco en el que viajaba se incendia.

Fuente:


1.- Juan Domingo Vidargas del Moral. El primer francés en el noroeste de México. Los relatos de Gabriel Ferry. IIH-UNAM.
http://www.iih.unam.mx/publicaciones/revistas/boletin/pdf/bol88/bol8803.pdf

jueves, 16 de junio de 2011

Una penosa travesía por el mar de Cortés en 1768

Al ver esta impresionante vista de Puerto Escondido en las cercanías de Loreto, foto que tomé, por cierto, del álbum de Cindy & Dick Metler, no pensamos que hace ya casi dos siglos y medio sucedió una muy penosa visita, realizada obligadamente por los jesuitas de Sonora y Sinaloa que habían sido expulsados, al igual que todos los jesuitas en los territorios de la Corona española, incluidos los de ultramar a consecuencia de la Pragmática Sanción en la que Carlos III decide expulsar a todos los Jesuitas de sus dominios, esto se dio en el decreto del 2 de abril de 1767. Para junio ya se tenía el aviso en la Nueva España y el 25 de ese mes comenzó a ejecutarse la orden de expulsión; fueron tres días en los que como rehenes fueron tomados y enviados sin pertenencia alguna a Veracruz, el destino de la mayoría sería Italia, muchos murieron en el camino y los que vivían en las apartadas regiones del noroeste del territorio novohispano tardarían un poco más en entrarse. Para el 25 de agosto fueron notificados los jesuitas de las misiones de Sonora, para el 2 de noviembre eran concentrados en Guaymas además de los religiosos de Sonora, los de Sinaloa, 51 en total.


Esta es una recreación virtual de lo sucedido en Mátape, la imagen viene del National Park Service en Tumacacori. Penosísimas serían las condiciones en que se concentraron, en calidad de rehenes a los jesuitas de esa región, su prisión se prolongó desde el 2 de septiembre hasta el 22 de mayo del siguiente año, 1768; los jesuitas de la península de Baja California ya habían salido rumbo a Veracruz, esto desde febrero de 1768. La idea original era concentrarlos a todos, tanto los de Sonora, Sinaloa y California, pero las circunstancias no lo permitieron. Vendría luego una de las más penosas travesías por el mar de Cortés, para luego seguir sufriendo al cruzar el territorio de la Nueva España desde San Blas en el Pacífico hasta Veracruz a donde llegaron el 12 de marzo, tuvieron que esperar 3 meses para salir rumbo a España, la travesía les llevó 44 días hasta que finalmente desembarcaron en Cádiz el 10 de julio de 1769. Luego serían distribuidos a distintos puntos de la geografía europea. 21 de ellos murieron en el camino desde Sonora. Y su travesía por el mar de Cortés fue así:


"Levaron anclas rumbo a Baja California el 22 de mayo por la mañana, casi a los nueve meses de haber empezado su encierro en Guaymas. Estuvieron tres días al garete por falta de viento, pero en los días siguientes el viento fue tan fuerte que el viento les quebró el primer mástil. Para el día 4 de junio el barco había sido arrastrado a siete días de su destino.


No podían tomar las comidas sin sentir asco, pues les causaba naucias; les daban de alimento sopas de galletas con tasajo descompuesto y comido de gusanos, con algunos garbanzos con gorgojos cocidos en agua nauseabunda. Solo el 11 de junio lograron llegar a Puerto Escondido, allí repararon los daños y colocaron un nuevo mástil. Los padres aprovecharon para mandar a que se lavasen sus ropas a Loreto, población ubicada a cinco horas de camino. El día 15 llegaron indios en canoas para ver a los padres, ya que las misiones de la península californiana estaban abandonadas desde el día 4 de febrero de 1768. Los visitó igualmente un misionero franciscano de los que habían venido para reemplazar a los jesuitas en las misiones de California, lo hizo también un oficial español de apellido Zomera, que tenía un hermano en la Compañía de Jesús, y que tal vez por solidaridad les proporcionó algunas gallinas, limones y toronjas, lo que les vino muy bien con el Escorbuto.


En este punto los visitó también el gobernador Gaspar de Portolá y les señaló que no había carne ni para ellos. No les permitieron tampoco bajar a tierra, el calor les hacía la vida insportable, y los enfermos se asaban en los pequeños compartimentos. En sus testimonios de Middendorff señala que cundía el hambre , y la poca carne que había estaba plagada de gusanos y cucarachas. 24 padres estaban muy enfermos. La autoridad actuaba como si el decreto de expulsión no recomendara el buen trato a los religiosos. El día 26, Zomera les mandó dos vacas y siete costales de maíz, lo que obligó al gobernador Portolá enviara mil libras de carne seca y diese permiso para que los enfermos bajasen a tierra y permanecieran en una ramada vigilados por soldados. El día 30 permitieron que también los padres sanos pudieran dormir en tierra, lo que aprovecharon para bañarse, cosa que al parecer tanta falta les hacía.


El día 2 de julio sintieron un fuerte terremoto que los asustó. Los padres pidieron que les llevaran hojas de maguey, pues eran buenas contra el escorbuto. Con un jarabe de maguey cocido, dice el padre Middendorff, se quitan las manchas pardas de la piel, el cansancio y los dolores de los huesos producido por dicha enfermedad. El día 6 de julio algunos soldados que habían visto la condición en que se encontraban los jesuitas, les mandaron desde Loreto camisas y pañuelos.

Mientras tanto en Matanchel el visitador
José de Gálvez y Gallardo, [marqués de Sonora], impaciente, daba ordenes para que se procediera inmediatamente a la partida desde California al puerto de San Bals. El 15 de julio salieron del puerto, pero no tuvieron viento suficiente para navegar. El día 19 comenzó una tormenta y entre vientos y calmas lograron, el último día del mes, avistar Cabo San Lucas..." (1)


Lastimosa fue, en verdad, la partida de los jesuitas de Sonora y Sinaloa, a lo largo del camino, una vez desembarcados en San Blas, tuvieron alguna asistencia, especialmente en conventos de otras Ordenes religiosas que encontraban en el camino, tal es el caso en Salamanca, [Guanajuato] en donde durmieron en las instalaciones de los padres Agustinos el 15 de enero de 1768, la llegada de estos abatido padres a Veracruz fue el 12 de marzo, luego tuvieron que esperar largos tres meses, fueron testigos, entre otras cosas, de la llegada de un franciscano de nacionalidad francesa que venía a la Nueva España no a evangelizar, sino a hacer observaciones astronómicas, y su camino era precisamente recorrer los mismos pasos que semanas antes habían recorrido los jesuitas embarcados en Guaymas. Era Jean Baptiste Le Chappe, el que venía precisamente a San José del Cabo a ver y medir el tránsito de venus; pero esa, dijo la nana Pancha, esa es otra historia...


Las fotos que aparecen en donde no es especifica su autoría son de Chuck Jalaty y Valinico.


Fuente:


1.- Montané Martí, Julio César. En torno a la expulsión de los jesuitas en Sonora. Dentro del libro Seis expulsiones y un adiós: despojos y exclusiones en Sonora. Coordinador: Aarón Grajeda Bustamante. Plaza&Valdés. México, 2003.

Si te interesa el tema del tránsito de Venus observado en San José del Cabo en 1769, entra aquí:


martes, 14 de junio de 2011

El camino a la Misión de San Javier en la Sierra de la Giganta

Ya pasaron tres años de que conocí esta parte de la península de Baja California y quedé impactado de la belleza del lugar, especialmente del color rojizo de la tierra y de las montañas, a medida que más avanzábamos dentro de la Sierra de la Giganta los colores se volvían más intensos y el paisaje más espectacular, cuando llegamos a la misión jesuita de San Javier concluimos que algo que más engrandecía ese recorrido era hacer los 30 kilómetros en casi hora y media debido a las condiciones de la carretera, llegar allí era una auténtica experiencia. La foto que vemos viene de "Los Cometas" una pareja que hizo este recorrido hace 9 años. Las cosas han cambiado un poco.

Si partimos de la definición del turismo y analizamos bien lo de explotar racionalmente los recursos, los atractivos que cada lugar tiene será bueno pensar que si bien ahora se pueden llevar más turistas a que conozcan la magnífica misión de San Javier, hemos perdido la espectacularidad del camino, es decir, el camino es el mismo, ahora pavimentado, pero la experiencia de sentirse en otro siglo cuando uno se introduce en ese entorno ya no existe más. Entonces si ponemos en la balanza de la racionalidad, que tan bueno fue crear esta carretera pavimentada. (La fotografía es de José Luis Puga).


Se dijo que la apertura de esta carretera llevaría más turistas a la zona, por lo tanto mejorarían las condiciones de vida de la gente que por allá vive, eso no sé si se logró, creo que la carretera no se terminó completamente, pues solían hacerse ceremonias de inauguración de diez kilómetros y luego otra cuando venían los siguientes 10, el protagonismo como que, en ocasiones no nos deja información clara y más bien confunde y uno se imagina que hubo muchas obras, pero, no nos metamos en politiquerías pues eso, la verdad, no es lo mío, lo que si veremos es la visión que tuvo Fernando Jordán cuando visitó, por segunda ocasión la misión de San Javier, enclavada en la grandiosa Sierra de la Giganta. (La foto es de Cabonauta).


La Misión de San Francisco Javier está situada a 40 kilómetros de Loreto, sobre la sierra y ya en la pendiente del océano Pacífico. Se llega a ella por un camino que permite el paso de coches hasta donde empiezan las estribaciones de la abrupta sierra de La Giganta. El resto se hace a lomo de bestia, por una vereda que asciende sobre el terreno empinado y pedregoso. Los loretanos sueñan con tener un camino carretero que una San Javier con la vieja capital californiana, y desde hace años trabajan por lograrlo. Desgraciadamente el paso de la sierra es difícil y muy pobres los presupuestos territoriales para la construcción de caminos. Sin embargo, el entusiasmo es mucho y es posible que en poco años se haya logrado abrir un paso transitable entre los murallones de roca que forman la elevada y desnuda sierra de La Giganta.


Esta fotografía y la anterior la tomé de uno de los varios blogs que he encontrado de ciclistas que vienen de otros países y se maravillan al hacer el extenuante recorrido de la península, no había nombre del autor, o tal vez no lo encontré, eran españoles y su blog tiene un particular nombre: "El país de los topes". Por cierto, la foto anterior es antes de llegar a San Javier, en donde está la desviación hacia San José de Comondú, un trayecto que también lo recorrí y que es algo en verdad impactante hacerlo, debes ser experto en manejar y demasiado aventurero para meterte en esas apartadísimas lejanías. Pero bueno, sigamos con lo que Fernando Jordán escribió para la revista Impacto en 1951 y que luego se tradujo en el libro Mar Roxo de Cortés.


San Francisco Javier fue antiguamente un pueblo, porque de otro modo no se explicaría ahí la presencia de tan soberbia misión; pero en la actualidad la población se reduce a una ranchería de doce o catorce familias, que viven espantosamente aisladas y siempre faltas de artículos de primera necesidad. Tal vez, al construirse el camino a Loreto (con su continuación hasta la llanura de Santo Domingo) se componga un tanto la situación económica de este lugar, pues será el paso y la escala obligada de los camiones que deberán traer los productos de la región agrícola de Santo Domingo al puerto de Loreto, el más cercano para ser utilizado como embarcadero. [Fernando Jordán se mató en 1956, hasta 1973 se inauguró la Carretera Transpeninsular, y el trazo se hizo rodeando la sierra de La Giganta, San Javier siguió siendo un camino de terracería hasta 2010. La fotografía es de Gabriel Moreno].


"La misión de San Francisco Javier es una de las más antiguas de la Baja California. Fue construida por los padres Salvatierra y Piccolo en 1699, y terminada, a juzgar por una inscripción que se ve sobre el muro de la fachada, en 1757. Está en perfecto estado de conservación y tiene aun su altar original de madera recubierta de oro y algunos santos de la época. Algunos de sus cuadros, sin embargo, han desaparecido, entre ellos el famoso Murillo, que se sabe lucía en uno de los muros. Estos tesoros perdidos quedaron en poder de los turistas estadounidenses que recorrieron las misiones en el siglo pasado. [La fotografía del camino ya pavimentado en su más cerrada curva es de Gabriel Moreno].



"En San Javier la gente es tan pobre y honrada como en los demás pueblos del territorio, pero indudablemente es todavía más perezosa. A pesar de que la misión representa el principal punto de apoyo del pueblo, los nativos la tienen absolutamente abandonada. Lo que levantara el padre Salvatierra en menos de 50 años, no han podido conservarlo en el transcurso de los restantes 200 años, a pesar de que esta conservación representa una milésima parte del trabajo que requirió la construcción formidable de esta obra arquitectónica, toda hecha de piedra labrada. [Esa foto que nos muestra la impresionante coloración de la sierra de La Giganta es de Gabriel Moreno].


Esta era la experiencia que vivías antes de que se terminara la carretera a San Javier, en este punto, hay un espectacular mirador que nos deja ver en mitad de la sierra, al fondo, la Isla El Carmen, la foto es de Memo Flores. Continuamos con Jordán: "Todo lo que sustenta la economía local y significativa vida en San Javier se basa en las obras de los jesuitas. Además de la misión y los estanques, están los canales de riego (todavía en servicio) y los centenarios olivos, que siguen rindiendo fruto año con año. Nada nuevo ha sido construido, porque la iniciativa y el trabajo no son dotes que caractericen a los nativos de este lugar, el cual, sin embargo, flota y se percibe todo esfuerzo civilizador de los misioneros que conquistaran las Californias en los siglos XVII y XVIII." (1)


Viendo esa foto de Memo Flores me acuerdo mucho de cuando hice el recorrido, La Giganta tiene algo que la hace muy especial, muy distinta a las demás serranías en la península, aquí todo es café rojizo, fresco en el invierno y un calor insoportable en el verano y pasar en estos rumbos al menos una noche, nos da la oportunidad de observar el cielo más estrellado que te puedas imaginar. Pero como esa es otra historia, esa te la cuento en este enlace:




Y para ver más de la sierra de La Giganta, entra aquí:




Y con este enlace terminamos, por ahora, de disfrutar y tratar de entender mejor los profundos sentimientos que Fernando Jordán tenía hacia toda la Baja California, sur y norte, y si te interesa leer todo el libro, lo tienes en línea aquí:




lunes, 13 de junio de 2011

El Carmen, la isla de la sal en el Mar de Cortés.

De las setenta u ochenta islas grandes, medianas y chicas que hay en el mar de Cortés, una de ellas, llamada Carmen destaca por su belleza que se escribe en SINGULAR, dudo que haya en el territorio nacional alguna otra isla que contenga las coloraciones que aquí vemos. No debemos confundir con la Isla del Carmen en Campeche, ni, mucho menos, con Playa del Carmen en Quintana Roo, esta Isla es la que se ubica un poco al sur de las costas de Loreto y en ella hubo una vez explotación de sal, de ello te había contado hace un par de años, abajo te daré el enlace para que leas algo de la historia de la Isla, ahora a lo que nos enfocamos es a su particular belleza, especialmente a su coloración, misma que, cuando te vas acercando, comienzas a notar. Esta isla si la conozco, y si algo me maravilló de ella, fue ver rocas de todos los colores imaginables. Y aquí va una muestra:








Estas cuatro imágenes las he capturado usando el sistema de Google Earth. Es en verdad sorprendente ver desde las alturas como las montañas van tomando un color distinto, colores que no son los más habituales. Y si así se ve desde las alturas, nos podremos imaginar lo que veremos al estar frente a esas montañas.


Esta y las siguientes dos fotografías las tomé del álbum del sitio Mexico Hunts que organizan cacerías (http://www.mexicohunts.com/) en esa isla, la razón es que, debido a que una vez concluida la explotación de sal por parte de Cydsa, el sitio se volvió zona de reserva para salvar de la extinción al borrego cimarrón y con el fin de mantener el equilibrio de la especie, la cacería se hace en especies que han terminado su periodo de madurez, se van eliminando a los machos dominantes viejos para dar paso a los jóvenes, es una cacería racional, diría yo. Pero ve la coloración. Esa laguna como violeta es la alta concentración de sal, esta sal está al 99% de pureza.


Y aquí vemos esa coloración que tanto me llamó la atención, ve con atención como los cerros de pronto tienen tintes rojos, cobrizos, cafés, amarillos... y si comparas estas combinaciones con las que se ven desde el satélite, te darás cuenta de que son las mismas, unas gamas casi infinitas de colores. Esta toma está hecha hacia el norte, del lado izquierdo vemos la salina.


Y ahora vemos la misma playa pero en dirección norte-sur, con la salina en primer término y las montañas de colores caleidoscópicos al fondo. Las construcciones que se ven son los restos de la que fuera la empacadora de sal. Y frente a la playa las palapas que en la actualidad ofrecen servicio de hospedaje, tengo entendido que ya abrieron sus servicios, antes eran exclusivos para los cazadores, ahora, con mayor mentalidad ecológica se ofrecen para exploraciones. (Creo, hace mucho que no tengo contacto con la gente de Loreto).


Una foto de Jpm Davis, en donde vemos los restos de la que fuera la empacadora de sal, aun se pueden ver estas tolvas y todo lo demás está en ruinas y amontonados los restos del ferrocarril que facilitaba en mucho el transporte de los costales con sal.


En esta foto de José Sao vemos las ruinas de la empacadora, pero si te fijas bien, vuelven a surgir los colores intensos y variados en las montañas que conforman la Isla El Carmen, en Baja California Sur.


Y sí, en los años 30 del pasado siglo XX, cuando la salina estaba en sus años de oro, podemos apreciar aquí la costalera lista para ser embarcada, así como la vía del tren que facilitaba en mucho su transportación hacia el muelle. La foto viene del sitio http://www.californax.com/


Para leer más sobre la Isla El Carmen y la cría del cimarrón entra aquí:

http://vamonosalbable.blogspot.com/2009/02/ovis-canadensis-weemsi.html

Una visión de la Isla de la sal por J.R. Southworth, escrita en 1899:


sábado, 11 de junio de 2011

San Marcos, la isla de yeso en el mar de Cortés

Hace 15 años, cuando llegué a vivir a esta parte de la República Mexicana y oí sobre una isla de yeso, se me antojó una gran fantasía, no pensé fuera cierto, menos aun cuando me dijeron que había en otro sitio unas minas de talco. También me pareció muy enigmático el oír, de una alumna en Loreto, cuando daba clases allá, que me dijo que cerca de que en su lugar de origen había los restos de unas exploraciones en busca de petróleo aquí en la península de Baja California. Con todo esto lo que quiero decir es que, es tal la abundancia de recursos, todos dispersos a lo largo y ancho de esta península que, si bien cuesta mucho dinero explotarlos, con el plus del daño al entorno, pero que, si aplicamos la teoría aquella que aprendí en mi alma mater, la Autónoma de Guadalajara, de que "el turismo es la explotación RACIONAL de los recursos naturales", estamos, pues, ante una veta infinita que reclama ser racionalmente expuesta al mundo. La foto la tomé del álbum de Rubén Piñuelas.


Cuando vas por la Carretera Transpeninsular en dirección sur-norte, pasarás por Loreto, luego Mulegé y llegarás a Santa Rosalía; tres lugares excepcionales que, cuando tengas tiempo te recomiendo visites con calma para que te sorprendas de las cosas extraordinarias y fuera de lo común que por los rumbos abundan. Es preferible hacerlo en auto, pues los servicios de autobús no son muy frecuentes, las distancias largas y en determinadas zonas no hay servicio público de transportación. Cuando vas a mitad del camino entre Mulegé y Santa Rosalía verás a la derecha la isla de San Marcos, notarás que la parte sur se ve toda blanquecina, el resto es agreste, con la vegetación habitual del desierto, notarás un movimiento no precisamente regular, quizá veas los contendedores que están cargando lo que allí existe naturalmente: el yeso. La foto también nos la está prestando Rubén Piñuelas.


Efectivamente, sulfato de calcio que la naturaleza creó hace millones de años y que ahora se explota y seguirán haciéndolo de aquí al 2026 cuando, según los estudios de factibilidad, terminará esa veta que nos ofrece Yeso. Y, como lo venimos haciendo últimamente, nos apoyaremos una vez más en el magnífico Fernando Jordán para que nos cuente que fue lo que vio en San Marcos; la foto es del álbum de Torres: "San Marcos es una isla no muy pequeña ni muy grande. Mide seis por tres millas náuticas, con su mayor longitud de norte a sur (diez por cinco kilómetros aproximadamente), y está colocada frente a la costa baja californiana, precisamente a la caleta de San Lucas. Es totalmente estéril, excepción hecha de algunas matas de desierto que crecen en algunos puntos. Tiene agua en el subsuelo, pero es sumamente dura y nada potable. Su biogeografía no presenta interés alguno, ni su situación, y como naturalmente no presta ninguna facilidad para la vida, podría omitirse su descripción por falta de interés, a no ser porque esta isla tan estéril tiene un enorme atractivo de carácter geológico: está hecha de yeso (sulfato de calcio) en cuando menos la tercera parte de su volumen. De un yeso de calidad superior, notable por su pureza, su accesibilidad y su privilegiada situación junto al mar (situación privilegiada porque la explotación y el transporte resultan más baratos).


Una foto más del álbum de Torres y ahora Jordán nos ofrece unos datos muy interesantes, te sugiero te vayas a los enlaces que verás ligados, para que entiendas mejor esta curiosa historia. "Por el sulfato de calcio es que San Marcos está habitada y se convierte en un atractivo lugar para quien busca los sitios y las islas interesantes en el golfo de Cortés. Vive aquí una población de 260 almas sostenida exclusivamente por los trabajos de explotación del yeso, dirigidos por la Compañía Occidental Mexicana, S.A. (http://www.comsamexico.com.mx/). Antes de llegar a ese lugar había obtenido informes de que la compañía era propiedad del multimillonario Henry John Kaiser, pero, de acuerdo con los datos obtenidos en la propia isla, Kaiser es solamente un contratista de la producción.


La foto que ahora vemos corresponde a la punta norte, lugar en donde no hay explotación de yeso, esa es hacia el sur. La foto pertenece a Spudsnutbaja. "Los yacimientos de yeso constituyen, como he dicho antes, una gran parte de la isla, posiblemente algo más de la tercera parte. Son completamente superficiales y baja hasta una profundidad que no ha sido determinada porque, siendo tanto el que hay a la vista, no tiene objeto alguno investigar la cantidad de reservas, que por hoy son incalculables. Desde que la isla está en explotación se han extraído de ella un millón de toneladas de yeso, y esta enorme cantidad (100 billones de kilos de yeso) no han mermado en nada la capacidad productora y apenas si ha hecho una muesca insignificante en la blanca orografía de la isla". [A este punto será bueno recordar que Fernando Jordán recabó esta información en 1951].


"El yeso que se obtiene es de lo más puro que pueda extraerse de un yacimiento de sulfato de calcio. Las pruebas de laboratorio hechas en la propia isla determinan para este yeso una pureza de 97 por ciento. Esta calidad, la cantidad y la facilidad de obtención, son los factores que hacen de San Marcos uno de los yacimientos de yeso privilegiados en toda la América del Norte. En México, desde luego, no hay yacimiento que pueda comparársele, y aunque el yeso es abundante en la república, en ninguna parte puede obtenerse uno de igual calidad ni en la misma cantidad."


"El sulfato de calcio de la isla de San Marcos se formó hace algunos millones de años, posiblemente en un largo proceso de sedimentación y precipitación de agua de mar (lo cual no pasa de ser una hipótesis de los geólogos y paleontólogos). cuando todo lo que es la actual isla estaba bajo la superficie de lo que entonces era el golfo de California. Aunque la historia de su explotación es más reciente que su formación geológica, se ignora también la fecha de su descubrimiento por el hombre y el tiempo de los primeros trabajos. Las crónicas no dicen nada de San Marcos (acaso porque hace dos o tres siglos el yeso no se aprovechaba en gran escala) y lo único que se conoce, por relatos de la gente de la costa, es que ya a finales del siglo pasado grandes barcos veleros que navegaban desde San Francisco venían a llevarse pedazos de la isla. Esas primeras explotaciones fueron desordenadas y ocasionales. En 1890 se instaló un mejor aprovechamiento del yacimiento y se instaló un campamento casi permanente en la punta sur de la isla, dentro de una pequeña caleta que se llama Puerto Viejo. Los trabajos, por causas desconocidas, pronto se interrumpieron y el campamento quedó abandonado". (La fotografía es de J. Ricard y nos muestra también la punta norte de la isla de San Marcos).


Posteriormente, acaso a principios de siglo, algunos entusiastas, creyendo que el yeso era cal, se dispusieron a montar una tenería en la parte central de la isla, a fin de curtir en ella las pieles de los lobos marinos que abundan en cierta época en la punta norte de San Marcos. Después de haber construido algunas pilas (cuyos restos aun permanecen) deben haberse dado cuenta de que el yeso no servía para curtir, por lo cual este proyecto fue abandonado, lo mismo que las instalaciones de madera. El verdadero valor de los yacimientos de San Marcos fue dado a conocer en 1911 por el químico estadounidense Wallace Riddell. La potencialidad económica de la Baja California, su mar, sus islas, ha sido descubrimiento de los estadounidenses, aunque se sienta muy feo decirlo y reconocerlo. Riddel ensayó el sulfato de calcio, se dio cuenta de su pureza e inmediatamente se fue a Estados Unidos tratando de interesar a alguna compañía para organizar la explotación. Posiblemente de sus primeros esfuerzos se originó la actual Compañía Occidental Mexicana. [Cuando leemos la obra de Jordán notamos una cierta aberración que tenía hacia los norteamericanos; la foto que vemos de la punta norte fue tomada por un norteamericano precisamente, viene del álbum de Baznat].


Este es el pueblo de San Marcos, la foto no tiene autoría, fue tomada hace 15 años, algunos cambios seguramente habrán ocurrido a la fecha. Seguimos con Jordán: "Esta compañía inició los trabajos de instalación en la isla en abril de 1925 y para el mismo año, en septiembre, había comenzado los trabajos de explotación. Durante todo ese tiempo, la compañía ha mantenido los trabajos , exceptuando los años de 1940 a 1946 en que se vio obligada a suspenderlos por la escasez de barcos de carga durante la última guerra. El yeso de San Marcos va casi exclusivamente al extranjero. En México la industria de yeso está en pañales y poco son los consumidores . Para el mercado nacional bastan las dos compañías existentes: Yeso Universal, de Pachuca, y otra instalada en Monterrey, Nuevo León . Estas dos compañías tienen sus propios yacimientos y no necesitan traerlo de muy lejos . El de San Marcos va principalmente a Estados Unidos (donde la industria del yeso tiene la misma importancia que la del cemento), a Japón, China y Filipinas." (1)


Son muchas las islas que hay en el Mar de Cortés, con seguridad cada una de ellas guarda una historia singular. Y hoy, 11 de junio, por cierto, es el aniversario de Jacques Cousteau, el que titulara a este mar como "el acuario del mundo" y la foto satelital que vemos es la Isla Tortuga, un poco más al nor-este de San Marcos.

Fuente:


1.- Jordán, Fernando. Mar Roxo de Cortés. Biografía de un golfo. UABC-ISC. Mexicali, 2001.


Nota de El Universal sobre la isla San Marcos:


viernes, 10 de junio de 2011

La mina abandonada en Los Gavilanes, en las orillas del mar de Cortés

Seguimos viajando por el extraordinario mar de Cortés, llevamos al mejor guía que puede existir, la región la conoce a fondo, primero caminó toda la península en 1950 y luego recorrió lo que buenamente pudo del Mar Roxo de Cortés en el "Urano", su pequeño bote de vela y ahora, 60 años después seguimos emocionándonos con sus relatos. La zona la conozco medianamente, no llegué a varios puntos, como el que hoy veremos, y, lo confieso, no tenía idea de la existencia de esta mina abandonada, una más en la geografía de la Baja California, esta es de Manganeso y se encuentra abandonada. Se ubica en la parte norte de esa especie de enorme lengua que sale luego de la Sierra de la Giganta y forma la Bahía de la Concepción. La foto de la mina abandonada la tomé del álbum de Bazant.


Vemos ahora una muestra del manganeso, elemento químico utilizado para endurecer el acero, es decir, para darle más resistencia. Podrás apreciar su coloración cosa que cuando se magnifica se vuelve extraordinario. Recuerdo que por ese rumbo vi en Mulegé unos cerros que eran más o menos de ese color, por el rumbo del panteón para ser más exactos. Y al ver la península a través de los mapas satelitales a medida que te vas acercando vas notando la coloración que tiene que se antoja increíble, te recomiendo lo hagas, si tienes el Google Earth vete a la zona entre Loreto y Mulegé y entenderás mejor lo que te digo.



Esta foto la tomé del álbum de Johng650 en ella vemos la parte de la lengua que te comentaba sale de la Giganta y se va metiendo en el mar de Cortés, cuando vamos por la Transpeninsular no alcanzamos a ver esta zona, pues es cuando se mete por lo que es la orilla poniente de la Bahía de la Concepción y esta es la orilla oriental. Estamos llegando a la zona que Fernando Jordán describió así: "Recuerdo que pasamos frente a La Trinidad, el único aguaje de toda la costa entre Loreto y Mulegé, señalado sobre la playa y contra la montaña por media docena de verdes palmeras de dátil. Recuerdo también que en ese mar sin oleaje, que parecía de metal fundido, sobresalían a trechos las aletas -los pescadores les llaman "machetes"- de los tiburones, nadando muy lentos y muy confiados. Cuando uno nos pasó de cerca saqué la cámara y tomé (o creí tomar) una fotografía de su desmesurado machete cortando lentamente la superficie del agua; pero, lo que es de las imágenes entre La Trinidad y Los Gavilanes, no hay una que recuerde ni siquiera vagamente".


Esta es una foto tomada del álbum de Bazant. Seguimos con Fernando Jordán: "Los Gavilanes hacen una visión fantástica. Cualquiera creería, al verlo desde el mar, que se trata de las ruinas de una fantasiosa ciudad abandonada, al estilo de las que nos presentan en Hollywood en las películas del desierto, como aquella de La Atlántida. Cuando menos, las ruinas de Los Gavilanes parecen un sitio arqueológico recién descubierto por los antropólogos y todavía en espera de una reconstrucción. Se trata de un mineral de manganeso abandonado. Las construcciones que se ven desde el mar son muros de concreto y de piedra que acaso iban a servir para bodegas, casas y oficinas. Parece que nunca fueron terminadas, y por eso dan la impresión de construcciones en ruinas. Se levantan a trechos largos sobre las colinas cercanas a la playa y entre todas forman una especie de ciudad milenaria, abandonada y muerta. Lo único que hace reaccionar al espectador y olvidarse de las comparaciones con otros sitios arqueológicos, es la amplia casa de madera de las que fueran oficinas provisionales, y que es la única de color café en todo ese paisaje de grises".


Una foto más de Bazant de un punto cercano a la zona donde estuviera la mina de Los Gavilanes. "No conozco la historia de Los Gavilanes y como no he podido recabarla no puedo contarla aquí. Lo único que se es que sé trata de un mineral de manganeso en el que se invirtieron cientos de miles de pesos y del que se obtuvo algún rendimiento entre 1938 y 1948. Desde entonces la compañía cesó sus trabajos y abandonó el sitio. Posiblemente fue la terminación de la guerra la que causó una baja temporal en el precio del manganeso haciendo incosteables los trabajos. Actualmente sólo se encuentra ahí un velador, pero la mañana que desembarcamos no estaba y los pocos informes obtenidos nos los proporcionó su esposa, una señora que daba la única nota de vida en todo ese sitio fantasmal.


Esto que ahora vemos se llama San Nicolás, está más al sur de Los Gavilanes y más al norte de Loreto, la foto la tomé del álbum de Infobaja. Y Jordán continúa su relato así: "Los trabajos deben haberse llevado con cierta actividad, pues hay muchos caminos abiertos, amplios y todavía en buen estado entre las construcciones interrumpidas y el mineral. Se ven planchas de concreto donde debe haberse cimentado la maquinaria, ya retirada, y grandes restos de madera, mucha de la cual ha sido vendida a últimas fechas. También parece que el lugar se abandonó repentinamente, casi sin preparativos, pues aquí y allá quedan todavía, con su forma original, enormes montones de mineral de manganeso que no fue embarcado. Si a la población que trabajó y explotó el mineral de Los Gavilanes la hubieran matado repentinamente una epidemia, el fantasma de ciudad no habría quedado en forma muy distinta a la que actualmente conserva". (1)


Hay algo, no se que piensas tú, algo en la Baja California que la vuelve misteriosa, atractiva, enigmática. Esta sería una mina más que debemos agregar a las varias que se han ido abandonando, las de sal, las de oro y plata, las de cobre, las de talco, las de ónix, las de mármol, y ahora, añadimos la de manganeso...



Si el tema de la geología y los minerales te interesan, aquí la carta geológico-minera de la zona:





Para leer el artículo sobre la mina de mármol en Baja California, entra aquí:






Fuente:



Jordán Juárez, Fernando. Mar Roxo de Cortés. Biografía de un golfo. UABC-ISC. Mexicali, 2001

jueves, 9 de junio de 2011

La perla de Guadalupe Victoria

Una vez más me valgo de las imágenes que encuentro en la red, mil disculpas a la persona que las subió, en ocasiones eso molesta. No doy los créditos debido a que fue a la carrera que busqué las escenas que necesito para recrear esto que creo será interesante, especialmente para los que me leen en Guaymas pues el dato que ahora comparto tiene que ver mucho con esa población que también está en el mar de Cortés.


En ocasiones visualizamos a este mar desde el lado de la península de Baja California y olvidamos el otro lado, el que incluye a todo Sonora y buena parte de Sinaloa... o será que como ahora vivo en esta zona, soy yo quien se olvida de esos rumbos, en fin. El personaje que ahora vemos es José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, el que fuera el primer presidente de México y que lo conocemos mejor por el nombre de Guadalupe Victoria. Su presidencia fue del 10 de octubre de 1824 a marzo de 1829, su Ministro de Relaciones Exteriores durante unos meses fue Lucas Ignacio José Joaquín Pedro Alcántara Juan Bautista Francisco de Paula [aquí van solo los nombres, siguen los apellidos] Alamán y Esclada, mejor conocido como Lucas Alamán. Antes de que Guadalupe Victoria tomara el poder había ya una avanzada inglesa para comprobar dos cosas, por un lado que no se diera una intervención norteamerican a la naciente nación mexicana y por otro comprobar las riquezas mineras de nuestro país.

Ahora vemos una escena en Marfil, Guanajuato, grabado de J. Clark basado en un dibujo de Emily Elizabeth Ward, esposa del que fuera el encargado de negocios de Su Majestad, el rey de Inglaterra. Pero, vamos por partes. En 1822 el Dr. Patrick Mackezie era el agente secreto británico que estaba comprobando esas dos cosas antes mencionadas y luego, cuando México era ya una República, fue que oficialmente llegó el encargado de negocios Henry George Ward. Era la segunda vez que estaba en México, anteriormente vino en una embajada a "sondear", por así decirlo y de forma oficial lo que ya había visto Mackenzie, su primera estadía es del 11 de diciembre de 1823 al 5 de febrero de 1824; un año más tarde, en marzo de 1825, ya instalado en la presidencia de la República Mexicana Guadalupe Victoria, llegaría con las cartas credenciales para observar el país y dar cuenta a Su Majestad, Jorge IV del Reino Unido. Ward nació en 1797, contaba 28 en esa segunda llegada, la cual hizo acompañado de su esposa, Emily Elizabeth, en México nació una de sus hijas la cual fue bautizada por una de las personas más ricas del país, la señora de Regla, del Condado de Regla.


Debido a la refinada educación de H.G. Ward y de su esposa, Emily Elizabeth, contamos en la actualidad con un documento que nos deja ver cómo era la vida en México debido a que él escribió y ella dibujó los viajes que realizaron por todo el país, los cuales se enfocaron principalmente a la región minera, de allí que hicieran tal amistad con los condes de Regla. En su relato fue anotando todo lo que veía en el camino, especialmente la facilidad en comunicaciones, distancias, servicios y cualquier particularidad que iba encontrando. Todo esto se tradujo en un libro que cobró tal importancia el mismo año de su publicación en Londres que hubo la necesidad de una segunda edición. Muy al modo de la época el libro si bien tiene un titulo corto Mexico in 1827, el subtítulo es largo: by H.G. Ward, Esq. His Majesty chargé d'affaires in that country during the years 1825, 1826 and part of 1827.


El libro lo había medio leído, pero en la versión que Lecturas Mexicanas publicó en los años ochenta, cuando lo hizo resumido, ahora que mi estimado Lic. Reyes de Moctezuma, San Luis Potosí me hizo llegar la copia digitalizada de la versión original, encontré algo que me llamó la atención pues, de algún modo menciona al mar de Cortés en un detalle del cual nunca había oído al respecto, aquí la versión original, es decir, en inglés:


"... in the gulf, pearls are found in great abundance; they are mostly of a small size, and these are so common in Mexico that they are worn by the lowest orders in the streets. But California, likewise, produce pearls of the very finest quality; nor do I know any part of the world where necklaces of greater beauty may be seen than in New Spain. The pearls of Madame de Regla, of her sister the Marquesa de Guadalupe, and Madame Velasco, are all remarkable for their size; and General Victoria is in possesion of an oyster recently sent to him from Sonora, which contains a single pearl not yet entirely detached form the shell, but perfect in all its parts, and larger, I think, than any pearl that I ever recollect have seen". (1)

Curioso en verdad leer este párrafo en donde da cuenta de la abundancia de perlas que hubo en la Nueva España, curioso también ver que habían pasado ya 7 años de la consumación de la Independencia y que a la publicación del libro, en 1828 aun se le nombraba la Nueva España. Y más curioso aun ver la referencia de Madame Velasco, la cual, sin lugar a dudas se refiere a María Ignacia Javiera Rafaela Agustina Feliciana Rodríguez de Velasco y Osorio Barba Jiménez Bello de Pereyra Hernández de Córdoba Solano Salas Garfias, quién conocemos mejor como la Güera Rodríguez.


El Mar de Cortés, abundante en perlas, ahora abundante en historias.., no me queda la menor duda.


Fuente:


Ward, H.G. Mexico in 1827. Vol II. Henry Colburn. London, 1828.